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¿Aún interesa el Slam Dunk?

14 Mar

Los mates son una de las jugadas preferidas de los aficionados al baloncesto. Animan los partidos. Sin embargo, el concurso del All Star de la NBA ya no levanta las mismas pasiones. A pesar de los múltiples intentos por buscar nuevos alicientes.

A principios de marzo, Magic Johnson ofrecía a Lebron James un millón de dólares por participar en el concurso de mates de la NBA. Técnicamente, la suma no era para la estrella de los Heat, sino para el ganador de la cita. Magic ya daba por descontada la victoria de Lebron.

Para acabar de animar la fiesta, el portal de internet sex.com (supongo que no hace falta aclarar nada sobre sus contenidos) ofrecía a Kobe Bryant 5 millones de dólares para causas benéficas por enfrentarse a Lebron James en la próxima edición del concurso de mates del Fin de Semana de las Estrellas de la NBA.

El escolta de los Lakers ya participó una vez en el concurso, el año 1997. Lo ganó, estableciendo el récord que aún conserva de vencedor más joven. Tenía 18 años. Desde entonces no ha vuelto a participar. Lebron James nunca ha participado como profesional. La última competición de este tipo en la que tomó parte fue en 2003, en el equivalente del All Star para jugadores de Instituto.

El verdadero trasfondo de la cuestión no es si Kobe es mejor que Lebron, o viceversa, sino la deserción de las estrellas de la liga de este certamen. Un hecho que le resta interés año tras año, a pesar de los esfuerzos del departamento de márketing de la Liga para mantenerlo vivo.

El mejor inicio posible

En 1984, el primer concurso de mates de la NBA contó, entre otros participantes, con los mejores matadores del momento: Julius Erving (Doctor J), Larry Nance (The High-Ayatolla of Slamola), Dominique Wilkins (The Human Highlight Film), Darrell Griffith (Doctor Dunkenstein), Orlando Woolridge y Clyde Drexler (The Glide).

La nómina de 1985 aún fue mejor. A los Erving, Nance, Wilkins, Griffith, Woolridge y Drexler se unieron un tal Michael “Air” Jordan y otro especialista con muelles en las piernas, Terence Stanbury. La victoria fue para Wilkins. En 1986 asistimos al primer experimento. Ganó Spud Webb. No hizo los mejores mates (de hecho, fueron justitos), pero sólo medía 1,70 de altura.

 Jordan participó y venció en las ediciones de 1987 y 1988. La segunda, enfrentándose de nuevo a Dominique Wilkins en el duelo más deseado por los aficionados. Wilkins volvería a ganar en 1990, pero ya sin la competencia de Jordan. En 1989 no participaron ninguno de los dos, y ganó Kenny “Sky” Walker (jugador con un paso fugaz por la ACB, en Granollers).

Se agota el modelo

En la década de los 90 del siglo pasado empieza la lenta agonía del concurso. Las grandes estrellas dejan paulatinamente de acudir. Por miedo a las lesiones o por considerar que han agotado el repertorio de saltos y arabescos. Jugadores secundarios y jóvenes promesas ocupan su lugar.

 El elenco de ganadores de los 90 es el siguiente: Dee Brown (inflando la cámara de aire de sus zapatillas y tapándose los ojos en su último mate) en 1991, Cedric Ceballos (machacando con los ojos vendados) en 1992, Harold Minner (más conocido como Baby Jordan, fue en lo único que emuló al modelo) en 1993 y 1995, Isaiah Rider (lo tenía todo para ser una estrella, lástima de su carácter) en 1994, Brent Barry en 1996 (el único jugador de raza blanca que ha ganado la competición), y el ya citado Kobe Bryant en 1997. En 1998 y 1999 no se celebró.

Hasta que llegamos al año 2000. No es que las estrellas volvieran a participar. Es que las jóvenes promesas estuvieron brillantísimas. La final, que enfrentó a Vince Carter, Steve Francis y Tracy McGrady , fue de un nivel increíble. Los mates del ganador, Vince Carter, han pasado a la historia de la NBA, pero la actuación de sus dos rivales también fue memorable. Junto con la edición de 1988, posiblemente los dos mejores concursos de la historia de la liga.

Sólo para jóvenes

No volvió a sonar la flauta hasta el 2006. Nate Robinson era la nueva versión de Spud Webb, el matador bajito. Aunque este base de 1,75 si que hacía mates de auténtico mérito. Ganó tres veces la competición de 4 participaciones entre 2006 y 2010. En 2009 derrotó en la final a Dwight Howard, en una versión baloncestística del mito bíblico de David contra Goliat. El ahora pívot de los Lakers concursó en tres ocasiones como jugador de los Magic, ganando en el 2008 (sin la participación de “Kriptonita” Robinson).

A pesar de estos destellos momentaneos, la dinámica no ha cambiado. La NBA utiliza el concurso como plataforma para lanzar jóvenes jugadores. Con unos lo consiguió. Para otros sólo fue un éxito fugaz. Desmond Mason, Jason Richardson (en 2 ocasiones), Fred Jones, Josh Smith, Gerald Green, Blake Griffin, Jeremy Evans y finalmente Terrence Ross  completan la lista de vencedores. A muchos de ellos cuesta ponerles una cara. Respecto a las figuras consagradas, sólo aparecen cámara de video en mano para grabar y poner cara de pasmados.

Un mate, dentro del entorno de un partido de baloncesto, es una jugada espectacular, vigorizante, que puede valer más de 2 puntos. Levanta el ánimo de un equipo decaído y le hace reaccionar, o hunde definitivamente a un contrario al que le tienes comida la moral.

Pero fuera de contexto tiene mucho de espectáculo circense. La capacidad de salto del ser humano y la permanencia en el aire tienen un límite. Y tras cientos de mates, hasta la creatividad de los especialistas se agota. Así que mejor organizarlo bien, porque el público se acaba cansando de ver siempre los mismos números. Y más si le sisan la actuación de sus artistas preferidos.

Youtube supone un problema adicional. Hay mucho matador fuera de la NBA que cuelga sus videos. Con mates que luego copian los profesionales, reforzando más la sensación de ir a remolque por falta de originalidad. La solución, que vuelvan a concursar los mejores.

 

publicado en http://www.encancha.com

 

La sucesión de Michael Jordan

3 Ene

A lo largo de casi dos décadas prensa y aficionados le han buscado un sucesor a Michael Jordan. Ya fuera con el jugador en activo o retirado. No hace falta que busquemos más. Porque hemos encontrado el candidato perfecto, y porque se nos acaban los aspirantes con la llegada de una nueva generación de aficionados que tendrá nuevos ídolos.  Nos vamos haciendo viejos.

En el draft de 1995, los Sixers eligieron en tercera posición (la misma en que fue elegido Jordan en el draft de 1984) al escolta de 1,98 metros de altura (igual que MJ) Jerry Stackhouse, formado en la Universidad de North Carolina (otro punto de coincidencia). Desde el primer momento se pretendió comparar a “Stack”, un anotador puro, con el inigualable 23 de los Bulls. Este escolta no culminó el reto, pero supo soportar la presión. Su larga carrera como profesional aún dura (con 38 años, esta temporada juega en los Brooklyn Nets), teniendo un papel destacado en muchas temporadas como sexto hombre.

Otros no fueron tan afortunados. En la temporada 1991-92 Harold Miner destacaba en la Universidad de Southern California. La revista Sports Illustrated le nombró mejor jugador universitario del año por delante de Shaquille O’Neal y el miembro del primer (y auténtico) Dream Team Christian Laettner. Se afeitaba la cabeza, jugaba con el número 23 y su capacidad de salto era impresionante. Asi que empezaron a llamarle “Baby Jordan”.

Los Miami Heat le eligieron en la primera ronda del draft de 1992, con el número 12. Miner firmó un contrato de 7 millones de dólares con los Heat, y otro publicitario de por vida con Nike USA por valor de otros 14 millones. En las tres temporadas que jugó en Florida ganó dos veces el concurso de mates de la NBA (años 1993 y 1995, en el de 1994 no participó por una lesión de rodilla), pero no dio la talla como jugador. Luego fue traspasado a los Cleveland Cavaliers, y tampoco logró hacerse un hueco.

Sin ofertas de la NBA, a Miner le quedaba la opción de dar el salto a Europa, donde había equipos interesados en él. Lástima del contrato que firmó con Nike USA. Una de las cláusulas le obligaba a jugar en la liga norteamericana, objetivo de todas las cámaras de televisión. Jugar más allá de los mares no garantizaba la repercusión mediática que la marca deportiva buscaba. . Su última oportunidad se le escapó en el verano de 1997, con una nueva lesión de rodilla en la pretemporada de los Toronto Raptors. Y así, con 25 años, “Baby Jordan” colgó las botas y desapareció para siempre de la vida pública.

A Jordan los herederos se los buscaron incluso dentro de su propia casa. Cual si de una monarquía se tratara, nadie que mejor que un príncipe para suceder a su padre el Rey. Y la prensa se fijó en los dos hijos de la estrella del baloncesto, Jeffrey y Marcus. Ninguno de los dos tenía la calidad necesaria para llegar a esas cotas. Tanta atención mediática les superó. Así que, primero Jeffrey y después Marcus, los dos jóvenes dejaron el baloncesto y se centraron en sus estudios.

Vince Carter y Tracy McGrady también parecían aspirantes sobradamente cualificados. Y estaban en el momento oportuno, con Jordan en pleno proceso de retirada. “Air” Canadá (un matador de 1,98 formado en North Carolina, ¿os suena?) dio nueva vida a un certamen, el concurso de mates, que más que en declive estaba finiquitado. Su primo McGrady es más versátil que él, pudiendo jugar en cualquiera de las tres posiciones exteriores. Sin embargo, ninguno de los dos posee la capacidad de dominar los partidos y de comerles la moral a sus rivales de Jordan, que surgía tanto de sus habilidades físicas y técnicas como de su extrema determinación mental hacia la victoria. Un hambre que los primos no tienen.

Y llegamos a Kobe Bryant, que reúne todas las condiciones físicas, técnicas y mentales. Que ha crecido viendo las jugadas de Michael Jordan, y que ha modelado su juego a imagen y semejanza suya. Que tiene como objetivo declarado superar a su modelo. Con su misma ansía enfermiza por ganar. Con su misma capacidad de dominar un partido. Y a quien Michael Jordan ha ungido como su sucesor.

Y aquí se acaba la búsqueda. No porque lo diga Jordan. Sino porque Kobe es el último candidato. El juego físico de los 90 enterró el “showtime” de los 80. Los jugadores se hicieron más voluminosos, y aumentó la intensidad de los contactos. El juego atlético de nuestros días ha alterado de nuevo los conceptos. Además de ser grandes y fuertes, los jugadores de nuestros dias se mueven, y muy rápido. Lebron James y Kevin Durant no competirán por ser los sucesores de nadie. Porque son un nuevo tipo de jugador, como en su día lo fue Jordan. Son jugadores totales, que pueden jugar por dentro y por fuera, subir la pelota o esperar a recibirla. Con una capacidad de esfuerzo más allá del límite. Y no se les puede encasillar en una posición.

A partir de ahora, el desafio será ser el nuevo Lebron o  “Durantula”. Conforme pasen las temporadas, las estrellas futuras crecerán repitiendo sus jugadas. Michael Jordan se retiró en el 2003. Pronto hará 10 años. Ya tenemos la primera generación de aficionados de la NBA que no recuerdan verle jugar en directo. Por eso no habrá más aspirantes a ser el nuevo Jordan, como no los hay a ser el nuevo Magic o el nuevo Wilt Chamberlain. Porque como pasa periódicamente, se ha producido un cambio de referentes. Ha llegado el momento de cerrar el antiguo debate para iniciar uno nuevo. Aunque se trate de Michael Jordan.

 

publicado en http://www.encancha.com

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