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Llega la hora de la verdad en los Lakers

20 Dic

El desarrollo de esta temporada de Los Angeles Lakers tiene tintes de drama y comedia a partes iguales. Empezó siendo un sainete con el cambio de entrenador (Brown por D’Antoni). Pero como la cosa parece que se alarga, hemos saltado del sainete, pieza teatral de carácter jocoso de un solo acto, a un culebrón. Y ojo, que los seriales pueden durar varias temporadas.

La situación del equipo californiano se explica por una convulsión interna que debe ser contemplada en su totalidad para abarcar su verdadera dimensión. Una triple crisis de dirección, banquillo y jugadores, que se retroalimentan unas a otras. La crisis perfecta.

Por una parte, tenemos un cambio en la dirección del equipo. Jerry Buss compró Los Angeles Lakers en 1979, construyendo un bloque campeón en la década siguiente. Ahora, cerca de los 80 años, ha delegado el día a día del equipo en su hijo Jim Buss. Suya fue la decisión de fichar a Mike Brown como entrenador tras la marcha de Phil Jackson. Y suya la de reemplazarlo por D’Antoni cuando los aficionados querian el retorno del Maestro Zen. Jackson es la pareja sentimental de Jeanie Buss, hija del propietario del equipo.  Por tanto, el y Jim Buss vendrían a ser en la práctica cuñados.

Las relaciones entre Jim Buss y Phil Jackson no son nada buenas. Hasta el punto de ser una de las claves para que el sustituto elegido de Mike Brown fuera D’Antoni. La mala relación entre los “cuñados” ha llevado a Jim Buss a hacer una limpieza en el personal del equipo. Todos los sospechosos de simpatizar con el técnico han perdido su trabajo en los Lakers. Un proceso que empezó cuando el heredero (ojo, Jeanie también lo es) tomó las riendas de la franquicia el año 2010, y en el que se hizo servir el lockout para justificar algunos despidos. A todo esto, D’Antoni tiene uno de los peores récords de victorias-derrotas de un entrenador de los Lakers.

Y en medio de estas convulsiones, los jugadores. Con un cambio de liderazgo en ciernes. Kobe Bryant ya es todo un veterano. Dwight Howard no es solamente el nuevo pívot titular, sino su sucesor, a partir de la próxima temporada (o la otra, que hablamos de Kobe). Un Howard, por cierto, que sólo tiene contrato para esta temporada y aún no ha renovado (aunque en los Lakers den por hecho que lo hará).

Bryant está fustrado por la marcha del equipo. Y harto de que le señalen como un egoísta que se dedica solo a anotar mientras el equipo suma derrota tras derrota. Tal vez  si él hace tantos puntos es porque los demás no son capaces de asumir esta carga. Y mientras tanto, Andrew Bynum, un excompañero traspasado a los Sixers, le acusa de frenar su progresión acaparando demasiado la pelota. Pero el escolta es intocable en los Lakers, y nadie de dentro del equipo le acusará de nada.

Los rivales de los Lakers han rescatado el Hack-a-Shaq, y se dedican a hacer faltas a Dwight Howard, sabiendo que su porcentaje de tiros libres es pésimo. Por cierto, los tiros libres dependen, además de la habilidad innata, de la forma física y de la mecanización de una secuencia de movimientos. Y ambas cosas se entrenan. Pero claro, mejor no decirle nada al pívot, no sea que se enfade y decida no renovar.

Con Nash que prácticamente no ha jugado por lesión, sólo nos queda Pau Gasol, desplazado por D’Antoni de su lugar habitual de juego en estos últimos años, la pintura, y reconvertido en tirador exterior, cosa que no ha sido nunca. Y señalado como el responsable de los males del equipo. El catalán se ha convertido en el centro de una discusión mediática en la que han sobrado titulares y faltado coherencia.

Primero Kobe Bryant le espetó a Gasol que dejara de llorar y se pusiera las pilas, para días después decir que el alapivot es clave en el equipo y no se puede prescindir de su juego. Magic Johnson, patrimonio de Los Lakers, primero pedía su traspaso a Atlanta a cambio de Josh Smith para luego reivindicar su figura y reclamar a D’Antoni que le vuelva a hacer jugar en la pintura. La tendinitis en ambas rodillas del ala pívot, además de mantenerle fuera de las pistas, le ha permitido alejarse de los focos del debate. Y es que el equipo se ha mostrado igual de discreto sin su participación que con ella. Igual resulta que no todo era culpa suya.

Y llegamos al punto de no retorno, al momento en que la situación se hará irreversible, para lo bueno o para lo malo. La solución o el fiasco. Y ese punto coincidirá con un retorno, que se presume imminente, a no ser que surjan nuevas complicaciones médicas. El de Steve Nash a las pistas. D’Antoni aún puede decir que su proyecto está cojo sin el base, que es el que debe trasladar su concepto de juego a la pista. Un vez vuelva, el entrenador no tendrá más excusas. Y si el equipo no gana toda la tensión acumulada estallará. Con las tres crisis entrelazadas entre si, resulta imposible predecir la magnitud del estallido.

 

pubicado en http://www.encancha.com, diciembre 2012

El Principio KISS

14 Nov

ImagenEl principio KISS (del inglés Keep It Short and Simple[]: «Manténgalo breve y simple») es un acrónimo que recomienda el uso de instrucciones sencillas y comprensibles, rechazando lo enrevesado e innecesario. Este término, idéntico a la palabra en inglés para beso, también se conoce por Keep It Simple, Stupid, «Mantenlo simple, estúpido». Y por él parece que apuestan en los Lakers. Simplificación de sistemas. Tal vez los californianos hayan consultado la wikipedia como yo.

Instantes finales del partido entre los Utah Jazz y los Angeles Lakers, con el partido decidido a favor de los locales. Cuarta derrota de la temporada en cinco partidos para los californianos. Kobe Bryant en el banquillo con cara de pocos amigos. Muy pocos amigos. Y en eso se le cruza su entrenador, Mike Brown. Y aparece La Mirada.

(http://www.youtube.com/watch?v=Mb-x9NuO_Og&feature=youtu.be)

 El técnico sabía lo que significaba el gesto. Era su fin. El tercer despido más rapido de un técnico en la historia de la NBA (5 partidos, el récord es de Dolph Schayes, destituido la primera noche).  No es el primer entrenador despedido por uno o varios de sus jugadores. En los mismos Lakers Magic Johnson ya lo hizo con Paul Westhead en 1981. Y lo mismo se dice de Mike D’Antoni la temporada pasada, despedido de los Knicks por sus diferencias con la estrella del equipo, Carmelo Anthony (según comentan los mentideros el entrenador quería traspasar al jugador).

 Precisamente D’Antoni es otro de los protagonistas de esta historia. Su nombre, junto con el de Jerry Sloan, sonaba para ocupar el cargo vacante. Hasta que desde el equipo se filtra que están pensando en sacar de su retiro al mítico Phil Jackson. Con Bernie Bickerstaff ejerciendo de entrenador accidental del equipo de Los Angeles y ganando dos partidos seguidos en casa, los seguidores locales corean el nombre del Maestro Zen desde las gradas. “We want Phil, we want Phil”. Y en una decisión fulminante, sin ni siquiera entrevistarse personalmente con el elegido, los Lakers anuncian que su nuevo entrenador es….Mike D’Antoni.

 Brown destacaba como un técnico especialista en defensa. Para esta temporada se le fichó como asistente a Eddie Jordan, un especialista ofensivo en ataques tipo Princeton, combinativos y de movimiento constante y coordinado de los jugadores. Y los Lakers este año ni atacaban ni defendían. Las ocho derrotas de la pretemporada podían considerarse anecdóticas. Las cuatro de la Liga Regular ya no.

 La gerencia de los Lakers, vista la escasa capacidad de los jugadores para asimilar el nuevo estilo de ataque (o eso, o le han hecho la cama muy bien a Mike Brown), ha preferido no arriesgar con otro sistema elaborado como el triángulo ofensivo del venerable Phil Jackson (además de las supuestas peticiones astronómicas de Jackson en cuestión de dinero, gestión del equipo, porcentaje en acciones…). Y se han quedado con D’Antoni y su sistema vistoso, rápido y simple.

 El base coge la pelota y corre. El resto le acompañan. Opción A: El base juega bloqueo y continuación con el pivot. Canasta. Opción B: el base penetra y dobla a un tirador. Canasta. Los Phoenix Suns de D’Antoni (2003-2008) jugaban a un ritmo endiablado, con posesiones de menos de 10 segundos. Tenian un Steve Nash en plenitud de facultades, unos tiradores mortales (Joe Johnson, Quentin Richardson en su año tonto, Leandro Barbosa), un cuatro bajito pero saltarín y rápido (Shawn Marion) y un pivot demoledor (Amar’e Stoudemire). La versión primigenia del “small ball” que se está poniendo de moda.

 Aquellos Suns son el equipo que más provecho ha obtenido de una jugada tan básica como el bloqueo y continuación. Y no solo eso. Dwight Howard fue la temporada pasada el jugador de la liga más resolutivo en situaciones de continuación. Y he aquí otra de las claves del fichaje de D’Antoni. Dwight Howard acaba contrato a final de temporada, y los Lakers esperan renovarle para que recoja el testigo de Kobe Bryant como líder del equipo. Así que mejor que esté a gusto con el nuevo entrenador.

 Los Knicks ficharon a D’Antoni para trasplantar su idea de juego a Nueva York, y no lo consiguió. Posiblemente no tenía las piezas necesarias. En los Lakers podría pasarle lo mismo. Pero seguramente habrá aprendido de la experiencia. Cambiará su estilo para amoldarse a sus piezas…y no volverá a pensar en traspasar a su estrella. ¿Pero que pasa con la palabra maldita? DEFENSA. El técnico no brilla en este concepto. Por eso ha pedido que le fichen a Nate McMillan (el exentrenador de Portland Trail Blazers) como asistente.

De como supere este hándicap depende el éxito o el fracaso. El título, o pasar a la historia como un nuevo desastre equiparable a los 4 Fantásticos (Shaquille O’Neal, Kobe Bryant, Karl Malone, Gary Payton, temporada 2003-2004). Porque en Los Angeles la distancia entre el éxito y el fracaso es mínima. Tanta como el diámetro de un anillo de oro y diamantes.

Publicado en http://www.encancha.com, noviembre 2012

LAKERS: RENOVARSE O MORIR

9 Oct

Después de una temporada 2011-12 llena de rumores de traspasos, y de tener a Pau Gasol más pendiente de las noticias de sus agentes que de las órdenes de su entrenador, los Lakers han culminado este verano la reestructuración que necesitaban para optar de nuevo al anillo de campeones.

El traspaso mediático ha sido el del pivot Dwight Howard, dominante en el aspecto defensivo y que aportará mucho en ataque. Los de Los Angeles han actuado con lógica, y en la operación de intercambio (en la que han participado 4 equipos) se han desprendido de Andrew Bynum y no de Gasol. Bynum es un 5 puro no compatible en pista con Howard, mientras que el de Sant Boi de Llobregat marca diferencias jugando de 4.

El otro gran fichaje del verano es el base canadiense Steve Nash, heredero natural del mítico showtime de los Lakers de los 80 (si, yo vi jugar a Magic, Scott, Worthy, Green y Kareem). Es un veterano de 38 años al que las lesiones han respetado. Aunque parece que flote sobre el parquet, se mueve a una velocidad endiablada. Y lo más importante, su juego es extremadamente generoso, lo que le evitará problemas con Kobe Bryant.

El tercer recién llegado es el menos conocido, pero será clave en el éxito o fracaso del proyecto. Eddie Jordan se incorpora al staff técnico como entrenador ayudante. Es un gran especialista en sistemas de ataque tipo Princeton (por la Universidad que entrenaba Pete Carril, su creador). Los Lakers enterrarán el kobesistema y lo cambiarán por otro basado en la movilidad del equipo, con jugadores abiertos, cortes constantes a canasta y buena ocupación de los espacios generados. Este sistema puede crear mucho espacio para el juego interior de los pivots, el bloqueo y continuación de Nash o los tiros exteriores de Kobe Bryant. Ante un claro dominio en la liga de equipos con gran nivel físico y atlético, como los Miami Heat y los Oklahoma City Thunder, los Lakers han elegido esquivar el cuerpo a cuerpo. Nadie se quedará plantado en la línea de 3 puntos hasta que le llegue la pelota. Ningún pivot vivirá en la linea de tiros libres esperando un pase. Movimiento continuo. Esa es la clave de todo. Esa, y la inteligencia de los jugadores. Por que en el baloncesto no siempre gana el mejor. El más listo siempre tiene una oportunidad.

Detrás de todos estos cambios se esconde una verdad dolorosa. Bryant ya empieza a tener una edad (34 años). Aún siendo uno de los mejores jugadores del mundo en cuanto a técnica individual y variedad de recursos (me mojaré: creo que en estos apartados no le supera nadie en estos momentos), ya no puede dominar físicamente a sus rivales como antaño. Especialmente si hablamos de Lebron James y Kevin Durant. Hay que buscar un sistema de juego que le proteja de los sobreesfuerzos. Nash subirá la pelota y le allanará el camino. Los cortes y bloqueos de sus compañeros le procuraran espacios para lanzar con comodidad. Y para que todo funcione, Bryant, con fama de jugador egoista ganada a pulso en muchos momentos de su carrera, debería doblar la pelota a sus compañeros desmarcados.

Los Lakers han potenciado su banquillo con la llegada del alapivot Antawn Jamison y el escolta Jodie Meeks. Ellos son los que deberan asumir la anotación cuando los titulares no estén en pista. Jamison es un veterano con una carrera larga y brillante al que aún le queda algo de buen baloncesto en las piernas. Meeks es un jugador que en una noche tonta jugando en la Universidad de Kentucky batió el récord anotador histórico del equipo con 54 puntos. En Los Angeles esperan que esta temporada demuestre que aquella noche no fue algo excepcional, y explote como profesional.

Para los supersticiosos, que siempre los hay, la temporada empezará con mal pie, Al menos, el del base Steven Blake. Saliendo de un parking, pisó una banda de clavos antifuga. Los cortes en la planta le harán perderse la pretemporada. Es lo que tiene vestir de amarillo en el mundo del espectaculo.

Publicado en la web http://www.encancha.com, octubre 2012

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Son historias. El deporte es sólo una excusa. Por Jorge Gérardin

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