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NBA: Lebron James – Stephen Curry, la madre de todas las batallas

31 May

A partir del 4 de junio, Golden State Warriors (mejor equipo de la liga regular) y Cleveland Cavaliers (segundo mejor del Este) se disputarán el honor de ser el mejor equipo de baloncesto de la NBA. Con dos estrellas frente a frente, Lebron James contra Stephen Curry. Un éxito seguro en lo que se refiere al espectáculo…y a las audiencias de televisión.

En la sede central de la NBA los ejecutivos están radiantes, más contentos que un niño con zapatos nuevos (yo prefería un helado de chocolate, pero el dicho popular habla de zapatos). Este año tienen la final soñada, el duelo entre dos grandes estrellas de impacto mundial que casualmente nacieron en el mismo hospital, el Akron General Medical Center, aunque con 38 meses y 14 días de diferencia. Y cada una con su historia épica detrás. El duelo lo tiene todo para interesar a los espectadores, para conseguir unas audiencias de televisión de escándalo.

Cleveland es una ciudad pequeña (a escala norteamericana), pero Lebron James es una estrella global que atrae seguidores de todo el mundo. Los Warriors no son de Los Angeles, el gran mercado televisivo del Oeste, pero están lo bastante cerca como para interesar a su público. Además, practican un juego agradecido de ver y tienen a un líder con aureola de buen chico, Stephen Curry. Y con una preciosa hija, Riley, que llena de ternura las ruedas de prensa postpartido, para tormento de los periodistas serios que esperan una respuesta a sus preguntas.

James, el fruto de la evolución en el baloncesto

James ejemplifica la versión 2.0 del rey de la NBA. Su presencia dio por cerrada la etapa de búsqueda del sucesor de Michael Jordan. Y no porque fuera él. James es un nuevo prototipo de jugador cuyas raíces no emanan del astro de los Bulls, sino de hombres como Oscar Robertson, Magic Johnson o Paul Pressey. Jugadores cuya altura y/o técnica individual les permitía transgredir las posiciones clásicas en la pista.

Oscar Robertson es el primer gran base alto de la historia (1,96). Su irrupción en los años 60 del pasado siglo supuso una revolución. En la temporada 1961-62 se convirtió en el único jugador hasta el momento capaz de cerrar la liga regular con unos promedios de triple doble: 30,8 puntos, 11,4 rebotes y 12,5 asistencias por partido.

Dos décadas más tarde Magic Johnson recogió el testigo de Robertson. El base de los Lakers, de 2,06 de altura, acabó su periplo profesional jugando de ala-pívot de forma regular, algo que había hecho durante su carrera por necesidades puntuales del equipo. Coincidió en la NBA con Paul Pressey, el primer “point-forward” o alero distribuidor del baloncesto norteamericano.

Estos tres jugadores fueron capaces de integrar en su juego las prestaciones básicas de las diversas posiciones clásicas del juego en el camino hacia el jugador completo. Una senda por la que también han transitado Dirk Nowitzki y Pau Gasol, entre otros hombres altos con buena muñeca desde el exterior y una movilidad poco común en jugadores de su talla.

Lebron James es el último paso hacia el jugador total, por delante de Kevin Durant y Paul George. La estrella de los Cleveland Cavaliers anota, rebotea, dirige, intimida, recupera balones…En definitiva, es capaz de casi todo en una pista de baloncesto. Con uno de los físicos más imponentes en una competición en la que el atleticismo ha ido adquiriendo cada vez mayor preponderancia respecto a la técnica, Lebron puede jugar de base, escolta, alero y ala-pívot. Incluso de pívot si es necesario, pero en este caso anda limitado por la desventaja de centímetros (mide 2,03) respecto a sus rivales.

La nostalgia luce la camiseta de los Warriors

Stephon Curry, por su parte, es todo lo contrario de James. Desde su 1,91 de altura y una constitución física poco musculada, parece endeble cada vez que se empareja con un rival. Pero lo compensa con una técnica exquisita. Curry es un jugador “vintage”, la reivindicación del añorado baloncesto de los 80, la demostración que para jugar a baloncesto lo mejor es saber jugar a baloncesto (aunque parezca un contrasentido), que se aprende a jugar sobre el parquet y no en el gimnasio en interminables sesiones de pesas. Debo ser un romántico, pero me emociona ver moverse a la estrella de los Warriors sobre el parquet.

Curry es la traslación al baloncesto del mejor boxeador de todos los tiempos, Muhammad Alí. El lema del más grande, como él mismo se calificaba, era “vuela como una mariposa, pica como una avispa”. Alí, más ligero que sus oponentes del peso pesado, les hipnotizaba con su juego de pies alrededor del ring pero cuando dejaba ir una de sus manos el impacto era demoledor. Lo mismo que Curry. El base de los Warriors es hábil en el bote, rápido en el quiebro, mortal con su paso atrás para coger distancia (el mismo recurso que usan los boxeadores, en su caso para dejar fuera de distancia al contrario después de pegar). Y cuando suelta la muñeca, el directo a la mandíbula suele traducirse en tres puntos para los suyos.

El hijo de Dell Curry, un buen lanzador de tres puntos que jugó 16 temporadas en la NBA después de ser elegido con el número 15 de la primera ronda por los Utah Jazz en el draft de 1986, ha heredado la muñeca de la familia. Como su hermano pequeño, Seth. Pero Stephen le ha unido un bote excelente de pelota y una gran capacidad corporal para romper la cintura a sus rivales (las carencias de su padre y su hermano). Juega haciendo honor a la premisa de los tiradores natos: el siguiente tiro entrará aunque hayas fallado todos los anteriores. En una época de atletas, él es un virtuoso.

El séquito del hijo pródigo de Ohio

El duelo de estilos entre estas dos estrellas viene acompañado de la historia de redención de James. Nacido en Akron, Ohio, fue elegido en el draft por el equipo de su estado, los Cleveland Cavaliers. Y lo llevó hasta las finales del 2007, en las que cayeron ante los Spurs de San Antonio. Su salida de los Cavs para irse a los Miami Heat fue, sin embargo, desafortunada. No por el hecho de marcharse, sino por la escenificación que la acompañó. Convirtió su decisión en un espectáculo televisivo, lo que ofendió a muchos de sus seguidores.

Cuatro temporadas después, con cuatro finales jugadas y dos ganadas, Lebron volvió a casa como el hijo pródigo. En su primera liga después del retorno, ha llevado el equipo de nuevo a la final. Y lo ha hecho a pesar de las adversidades. A pesar de la grave lesión de Kevin Love en la primera ronda de los play-offs contra los Boston Celtics. A pesar de los problemas de tobillo, cadera y rodilla de Kyrie Irving a partir de las semifinales del Este contra los Chicago Bulls. James ha vuelto para ganar, para devolver la ilusión que se llevó.

El polivalente jugador no está solo en su empeño. La larga semana de descanso desde que acabaron las finales de conferencia hasta que la madrugada del 4 al 5 de junio (horario español) de inicio la Gran Final de la NBA le irá muy bien a Kyrie Irving para reponerse (que no recuperarse totalmente) de la plaga de lesiones y molestias que arrastra. El base es un auténtico jugón, un creador de juego inteligente que además posee un buen tiro. Tanto que a los Bulls fue capaz de meterle 25 puntos en el quinto partido jugando cojo. Contra los Hawks sólo jugó el primer y último encuentros de los cuatro de la serie.

Como en cualquier buen relato bíblico o historia de superación que se precie, hay un pecador arrepentido. J.R. Smith destacaba más en los Knicks por los escándalos que por su juego. El escolta apuró hasta el último trago la vida nocturna de Nueva York, y su rendimiento en la pista se resintió. En Cleveland, una ciudad mucho más modesta y tranquila, con menos distracciones, se ha centrado de nuevo en el baloncesto. Con él llegó desde Nueva York Iman Shumpert, un jugador que ha mejorado mucho sus prestaciones en los play-offs

Todo campeón tiene su lado oscuro, el malvado que se ensucia las manos para que los demás puedan lucirse. En los Spurs fue Bruce Bowen, en los Pistons y los Bulls, Dennis Rodman. En los Cavaliers ese papel corresponde a Matthew Dellavedova. El será, o intentará serlo, el secante de Curry. El base australiano ya asumió el papel de villano en las finales del Este contra los Hawks, quienes le acusaron de ser un jugador sucio. Dellavedova desquició a Al Horford, la estrella rival, quien tras un choque entre ambos en el tercer partido de la serie le lanzó un codazo que le costó la expulsión.

Los genes de Thompson y la dieta de Green

Curry, por su parte, también puede presumir de tener una buena escolta. Él no es el único del equipo cuyo progenitor cobra la pensión de la NBA. Klay Thompson, el otro integrante junto con el base de los “Splash Brothers”, es hijo del número 1 del draft de 1978 Mychal Thompson. Nacido en las islas Bahamas, fue el primer jugador no nacido en los Estados Unidos en ser elegido en la mejor posición del draft. Estuvo 13 temporadas en la liga y ya en sus años finales, como reserva de Kareem Abdul Jabbar en Los Angeles Lakers, ganó 2 anillos de campeón. Su hijo buscará ahora el primero. El padre era ala-pívot, el hijo escolta. Y muy peligroso para el rival. No sólo por su capacidad anotadora, sino por su excelente labor defensiva. Este jugador es la demostración que se puede destacar en ambos aspectos a la vez. Los días de descanso le irán muy bien para recuperarse del rodillazo en la oreja que recibió de Trevor Ariza en la final del Oeste, y que le ocasionó una conmoción.

Otra de las piezas claves de los Warriors es el ala-pívot Draymond Green. Fue un jugador clave en la posición de alero alto en la Michigan State de la NCAA que entrena Tom Izzo. Pero en la NBA las exigencias para su posición son muy diferentes. Debo confesar que yo no le veía, con su físico sobredimensionado, adaptándose a la velocidad del juego de los profesionales. Tras su año rookie, Green debió pensar lo mismo porque cuando inició su segunda pretemporada había rebajado su peso de 112,5 kilos a 104. Ahora es una de las piezas centrales de la defensa de los de Steve Kerr, y un triplista fiable presto a aprovechar las oportunidades que se generan tras los dobles marcajes sobre Curry.

Harrison Barnes es el alero titular de los Warriors. Formado en la Universidad de North Carolina, en sus años universitarios se le echaba en cara que tras bote siempre salía hacia el mismo lado para buscar su tiro, el derecho. Y a pesar de que todos sus rivales lo sabían, era imparable. En el equipo de Oakland es el cuarto hombre, y lo ha asumido sin problemas. Sobre él o Green recaerá la tarea más ingrata de la final, pero a la vez la más decisiva: frenar a Lebron James, si es que ello es posible. El as en la manga del equipo es la presencia en el banquillo de Andre Iguodala, otro excelente defensor con un físico extraordinario que ya amargó a James Harden en las finales del Oeste y que dará un respiro a sus compañeros cuando la fatiga o las personales así lo requieran.

La versión B de los Splash Brothers

Una curiosidad de la serie es que el base de los Cavaliers Kyrie Irving ha compartido vestuario con la versión mala de los “Splash Brothers” de los Warriors, los otros hermanos: Seth Curry (2014) y Mychel Thompson (2011-12). Los cuatro miembros de la hermandad nacieron en 1988 y 1990, pero con los roles cambiados. Stephen es el mayor de los Curry mientras que Klay es el menor de los Thompson. Los hermanos de las estrellas del equipo californiano no coincidieron en Cleveland, pero si lo acabaron haciendo la temporada 2013-14 en la NBDL. Y precisamente en el equipo filial del campeón del Oeste, los Santa Cruz Warriors.

Nos espera una serie a priori apasionante, en que el Rey verá como una serie de jovencitos imberbes intenta echarle del trono. La segunda de la historia en la que se enfrentan dos entrenadores debutantes en la competición, Steve Kerr y David Blatt. La primera fue en 1947, en la primera temporada de la liga. Y entonces no tuvo mérito, ya que todos los técnicos eran “rookies”. En la NBA suspiran por que la Final se decida en el último segundo del último minuto del séptimo partido. Que la tensión y la emoción se mantengan hasta el momento final. Ojalá sea así. Como aficionados nos lo merecemos.

Artículo publicado en http://www.encancha.com, mayo 2015

NBA: Los hermanos Gasol ya están de vacaciones

17 May

Chicago Bulls y Memphis Grizzlies han caído en el sexto partido de las semifinales de sus respectivas conferencias. Ha sido el último partido de la temporada NBA para Pau y Marc Gasol. Repasemos porqué los dos hermanos no han llegado más lejos en los play-offs.

Los Chicago Bulls de Pau Gasol partían a principio de temporada como uno de los dos grandes favoritos de la Conferencia Este para jugar las Finales de la NBA. El otro eran los Cleveland Cavaliers de Lebron James, Kyrie Irving y Kevin Love. Todos los pronósticos daban por hecho que ambos equipos protagonizarían una final de la Conferencia Este apasionante. Los vaticinios acertaron, pero sólo a medias. Hubo un duelo a muerte entre los dos aspirantes, pero no fue por la disputa del honor de proclamarse campeones de su conferencia.

La temporada irregular de Bulls y Cavs les condenó a un enfrentamiento prematuro en play-offs. Los de Cleveland, por ejemplo sufrieron a principios de enero una racha de 6 partidos perdidos seguidos. La ausencia por lesión de 2 semanas de Lebron les sirvió de excusa para esta sucesión de malos resultados aunque su registro en esos momentos era de 19 victorias y 20 derrotas. A partir de ese momento enderezaron el rumbo (34-9), pero no lo suficiente como para atrapar a los sorprendentes líderes del Este, los Atlanta Hawks.

El equipo del mayor de los Gasol, al contrario de su verdugo en los play-offs, empezó la temporada con un nivel más que correcto. Todo se le complicó a partir del día de Reyes. Hasta ese momento, habían ganado 25 partidos de los 35 que habían jugado. Desde del 7 de enero al 4 de febrero sólo vencieron en 4 de 14. Tras rehacerse en febrero (7-3), en marzo volvieron a flojear (8-7) lastrados por las lesiones simultáneas de Derrick Rose y Jimmy Butler. Así que quedaron terceros en su conferencia por detrás de Hawks y Cavaliers.

Las carencias de los Bulls

En la serie ante las huestes de Lebron, que podría finiquitar la época de Tom Thibodeau en el banquillo de los Bulls, se han podido ver las costuras por las que se descosía el equipo de Chicago: una interior y otra exterior. Y eso a pesar de la baja por lesión en los Cavaliers de Kevin Love y los graves problemas físicos de un Kyrie Irving muy tocado. La interior ha sido la poca producción en puntos de los hombres altos del equipo. Más allá de Pau Gasol, los pívots de Thibodeau no han sido unos anotadores fiables.

La lesión del catalán expuso las carencias de sus compañeros y la poca visión de su entrenador. Expuso las carencias porque Joakim Noah es un especialista defensivo, con buena visión de juego pero con muchas carencias de definición. Taj Gibson es un gran atleta, un buen acabador de jugadas pero con problemas en la creación de sus propias oportunidades. La poca visión del técnico, porque el mismo había desactivado la alternativa a Gasol. Nikola Mirotic hizo un excelente mes de marzo aprovechando los tiros extra por las lesiones de Rose y Butler. Cuando estos volvieron, Thibodeau se olvidó del montenegrino. Y para cuando lo necesitó de nuevo, el buen momento de Mirotic era historia.

La segunda costura del traje de los Bulls que se desgarró no fue otra que la principal, la que aguantaba toda su estructura: Derrick Rose. El base, tras su calvario con las lesiones que le han tenido casi dos temporadas en blanco, tenía ganas de demostrar que volvía a ser aquel jugador que ganó el MVP de la Liga Regular 2010-11. Con sus rodillas recuperadas, el problema ha sido que le ha faltado fondo físico. A lo largo del curso Rose ha tenido problemas para hilvanar dos partidos seguidos con buenos porcentajes en el tiro. Su secuencia de lanzamientos en los partidos “Back to back” (dos noches seguidas jugando) o en noches alternas (con un día de descanso entre medio) así lo revela. Su porcentaje de tiro esta temporada ha sido de los peores de su carrera, lastrado precisamente por esos fallos.

En las semifinales del Este contra los Cavaliers Derrick Rose ha pretendido asumir el liderato de su equipo. Y más a partir de la lesión de Pau Gasol. Pero a diferencia de Lebron James, que anota cuando ve que su equipo más lo necesita y genera para sus compañeros (que le pregunten al cojo Irving, a Iman Shumpert o a Matthew Dellavedova), Rose acapara todo el juego sin dejar espacio libre para Butler, el tercer pilar ofensivo de los Bulls junto con Gasol. Rose empieza los partidos metiendo sus tiros. A medida que se cansa falla cada vez más, pero sigue tirando como en el quinto de la serie. O se diluye como en el sexto. Si los de dentro no meten y los de fuera se anulan entre sí, la derrota de Chicago en esta serie parecía inevitable.

Los Warriors no solo atacan

El Oeste se presentaba a principio de temporada no como un duelo al sol entre dos pistoleros sino como la pelea alocada de una cantina en día de cobro, con muchos gallitos peleándose por la dama. San Antonio Spurs y Oklahoma City Thunder (lástima de lesiones) parecían los candidatos más claros a jugar la Final de esta conferencia, con Los Angeles Clippers casi al mismo nivel y los Grizzlies y los Houston Rockets medio peldaño más abajo, con los Portland Trail Blazers aspirando a romper de una vez su habitual bajón de forma en play-offs (sin conseguirlo) y con la incógnita de los Golden State Warriors, un equipo de juego preciosista y entrenador novato (la receta típica para no llegar lejos en la lucha por el título).

Pero la sorpresa mayúscula ha sido que los Warriors han demostrado a lo largo de la Liga regular ser mucho más sólidos en defensa de lo que se les suponía. No sólo han sido el equipo de la NBA que más puntos ha metido en esta primera fase de la competición (110 de media), sino que además han sido el sexto del Oeste que menos ha encajado. Esta última estadística tiene su trampa, porque el equipo del debutante Steve Kerr juega ataques más rápidos que la mayoría de sus rivales. En sus partidos hay más puntos que en los del resto.

Si relacionamos los puntos encajados con el número de posesiones, resulta que el equipo californiano es el más eficiente en defensa de los 30 que participan en la Liga. Si relacionamos también los puntos anotados con las posesiones, resulta que los Warriors son los segundos más eficientes tan sólo con una décima menos que Los Angeles Clippers (109,8 y 109,7). Este sí que hubiera sido un duelo entre auténticos pistoleros si los Houston Rockets no lo hubiesen impedido.

Así que en la semifinal del Oeste los Grizzlies se encontraban ante un doble reto: frenar a uno de los mejores ataques de la liga y superar a la mejor defensa del campeonato. Los de Memphis empezaron la serie, además, sin su base titular Mike Conley. Y decidieron jugar a atacar. Craso error. El primer encuentro, disputado a un ritmo altísimo, se convirtió en una sucesión inacabable de 1×1 en la que los de California se llevaron la mejor parte.

El retorno de Mike Conley en el segundo partido cambió el panorama. Los Grizzlies bajaron el ritmo del juego y cargaron el peso ofensivo sobre sus mejores anotadores, los pívots Marc Gasol y Zach Randolph. Por fuera, con la reincorporación del base por fin tenían a alguien capaz de aprovechar los dobles marcajes sobre los jugadores altos. Kerr demostró su bisoñez como técnico renunciando al small ball (Harrison Barnes y Draymond Green de aleros) e intentó detener a su rival poniendo también dos hombres altos en pista. Con ello sólo consiguió ralentizar más la velocidad de su equipo. Los de Memphis ganaron dos partidos seguidos y tomaron la iniciativa.

La trampa de Steve Kerr

Pero en el cuarto partido llegó el giro inesperado que ha provocado las prontas vacaciones del mediano de los Gasol. Una innovación sugerida por el entrenador ayudante Ron Adams tras la derrota en el segundo partido, pero que los Warriors no se atrevieron a implantar hasta que se vieron contra las cuerdas perdiendo el tercero. Tony Allen es el especialista defensivo de los Grizzlies, el hombre encargado de secar a Klay Thompson. Pero el alero se comporta en ataque casi como un pívot, anotando la mayoría de sus puntos en la pintura.

Así que la idea era que lo marcase Andrew Bogut. Más que marcarlo, flotarlo descaradamente esperándolo cerca del aro por si quería penetrar pero regalándole todos los tiros exteriores que quisiera tomar. La misma táctica que el Panathinaikos utilizó en los cuartos de final de la Euroliga 2010-11 contra los bases del F. C. Barcelona Ricky Rubio y Víctor Sada, el mismo concepto: si tienes que dejar tirar a alguien, asegúrate que sea el peor tirador del equipo contrario.

Y la táctica funcionó. Allen vio el aro cuadrado mientras Bogut reforzaba la defensa de sus compañeros sobre los pívots de Memphis. Lo que Allen ganaba en defensa lo regalaba en ataque. Y las dudas se cernieron sobre el entrenador de Memphis Dave Joerger: ¿debía sentar a Allen para anular la táctica renunciando al concurso de su mejor secante defensivo o debía excluirlo de la circulación de la pelota para atacar abiertamente 4 contra 5?

Esta estratagema de los Warriors dejó además al descubierto la más grave de las carencias de los Grizzlies: su excesiva dependencia de la anotación interior ante la falta de un anotador exterior fiable más allá de Mike Conley y los breves minutos de Vince Carter. La ausencia por lesión del perro de presa de los de Joerger en el quinto partido y sus apenas 5 minutos en el sexto antes de resentirse no cambiaron el panorama. Los de Steve Kerr cerrados en su pintura, atosigando a Marc y a Randolph antes de recibir, cuando intentaban botar o girarse y cuando tiraban. Negándoles espacio hasta para respirar.

El entrenador de los Grizzlies probó a sacar a uno de los dos fuera de la pintura para amenazar desde la media distancia mientras le dejaba más espacios libres a su compañero. Sólo consiguió disminuir su capacidad para controlar el rebote ofensivo. Los Warriors pudieron correr. Si el conjunto de Oakland corre, Stephen Curry está en su salsa. Y si Curry funciona, su equipo funciona. Es como un reloj de maquinaria suiza engrasado a base de triples. El base anotó 26 canastas de 3 puntos en esta eliminatoria de las 68 de los Warriors. Entre todos los jugadores de los Grizzlies sólo sumaron 25.

Marc Gasol es agente libre este verano. En sus manos está cambiar de equipo o seguir en Memphis. Ofertas no le van a faltar siendo como es uno de los mejores cincos de la NBA. Tal vez ha llegado el momento de valorar si la progresión de los Grizzlies ha llegado hasta lo más alto o si al equipo le queda margen (y ganas) de mejora. Porque si no es así, ha llegado el momento para Marc de dar el salto al siguiente nivel, el de aquellos que luchan por ganar un anillo de campeones, el de los que no tienen miedo a asumir grandes retos, el de los que prefieren pensar en la gloria sin miedo al fracaso. El nivel de su hermano Pau.

Artículo publicado en http://www.encancha.com, mayo 2015

Los Estados Unidos no encuentran rival en el Mundial

15 Sep

Los Estados Unidos han acabado imponiéndose en el que debía ser el Mundial de España. Y en lugar del cambio de hegemonía mundial que debía servir para despedir a la generación dorada del baloncesto español, hemos asistido a la constatación que la distancia entre la NBA y la FIBA ha crecido.

La selección de los Estados Unidos se ha proclamado campeona del Mundial de Baloncesto del 2014, disputado en España. Hasta ahí, lo previsible. En la final derrotó a Serbia. Este es el detalle inesperado. Hasta para los propios americanos, que deseaban una final contra los anfitriones para rebajar los humos a un rival que les había plantado cara en las dos últimas finales olímpicas.

El planteamiento de esta competición por parte de la organización fue muy tramposo. Es el primero que recuerdo en que los equipos discurren por dos caminos paralelos sin la posibilidad que los de un lado del cuadro se crucen con los del otro. El motivo era evidente: negar un posible cruce entre España y Estados Unidos antes de la final del torneo. Este detalle que pretendía favorecer a la selección local la acabó perjudicando, ya que en su lado cayeron las selecciones más potentes.

Así, el equipo yanqui quedó encuadrado en un grupo en la primera fase que incluía a los combinados de Turquía (98-77), República Dominicana (106-71), Nueva Zelanda (98-71), Ucrania (95-71) y Finlandia (114-55). En octavos su rival fue México (86-63), en cuartos de deshizo de Eslovenia (119-76), en las semifinales superó a Lituania (96-68) y en la final barrió a Serbia (129-92). Mientras, España peleó en su grupo contra Francia (88-64), Serbia (89-73), Brasil (82-63), Egipto (91-54) e irán (90-60). En octavos Senegal (89-56) no fue un obstáculo, pero Francia la eliminó en cuartos (52-65).

Un equipo sin grandes estrellas

La selección norteamericana que entrena Mike Krzyzewski empezó con mal pie su preparación. A las bajas ya conocidas de Lebron James, Carmelo Anthony, Chris Paul o Kobe Bryant se unieron las de Russell Westbrook, Blake Griffin y Kevin Love (pendiente de un traspaso, no quiso arriesgar). En el último partido de la primera fase de entrenamientos se lesionó gravemente el que había de ser uno de sus jugadores clave, Paul George (será baja probablemente para toda la temporada NBA). Este percance conllevó la retirada de Kevin Durant por miedo a lesionarse mientras negociaba un importante contrato publicitario (Nike le pagará cerca de 300 millones de dólares repartidos entre las 10 próximas temporadas).

Y así “Coach K” hizo su selección. Y su trampa. Porque para todos aquellos que no son seguidores de la NBA, la selección USA parecía un conjunto de segundo nivel. Su gran estrella era James Harden, jugador franquicia de un equipo de segunda fila en el Oeste (Houston Rockets). Su jugador más conocido, Derrick Rose, llevaba dos temporadas prácticamente en blanco por dos graves lesiones de rodilla. La mayoría de sus componentes eran jóvenes de equipos secundarios en la NBA (sólo Mason Plumlee llegó a segunda ronda de playoffs con los Nets) y con poca experiencia internacional .

Pero para los habituales de la Liga Norteamericana, éste era un equipo con un gran potencial. Con una solidez interior poco habitual en los equipos anteriores en los que se impuso el esquema de juego del “small ball” en torno a Lebron y Carmelo. Con unos tiradores exteriores demoledores para aprovechar las cerradas defensas rivales entorno a los pívots (40,1% de acierto final en triples). Y en la dirección, un Kyrie Irving llamado a ser el mejor base de la NBA en poco tiempo (Stephen Curry ha ejercido más como escolta).

Con un calendario favorable, podemos decir que la selección de los EUA se ha proclamado campeona del mundial sin necesidad de disputar ningún partido completo al 100%. No se ha encontrado un rival delante que les haya obligado a dar el máximo de sus posibilidades físicas y  técnicas. Tan solo Turquía, en la primera fase, les mantuvo en jaque durante 28 minutos con un tempo de juego lento, apurando sus ataques moviendo el balón hasta el último segundo, con un acierto inusual de sus tiradores, negando las transiciones rápidas norteamericanas y con Asik cerrando su pintura. A los de Krzyzewski se les atragantó el juego posicional en ataque y defensa hasta que apareció Kenneth Faried para devastar dentro de las dos zonas.

Solidez interior, defensa y el temido tercer cuarto

Faried, jugador de los Denver Nuggets, ha sido una de las claves del equipo norteamericano y una de las sorpresas agradables de este Mundial. Su nivel de actividad y entrega física no ha tenido igual, recogiendo rebotes y balones sueltos en cualquier zona de la pista. Sellando a su par en defensa o superándolo en ataque. La sociedad que ha formado con el pívot de los Pelicans Anthony Davis ha dotado al equipo norteamericano de un poderío interior imposible de superar para sus rivales.

A partir de ellos nacía el juego clásico de su equipo: rebote y contraataque, saltar y correr. Fruto de su superioridad física, es el único esquema táctico que han necesitado para desequilibrar la balanza. Saliendo del banquillo, DeMarcus Cousins ha completado la labor de este duo. Aunque ha estado a punto de hacer honor a su fama perdiendo la cabeza en algún partido (en la semifinal contra Lituania de poco no pega a Valanciunas), al final la sangre no llegó al río.

La otra clave del juego del único combinado totalmente NBA ha sido el tercer cuarto. El equipo norteamericano se ha dedicado a ir madurando los partidos para romperlos de forma definitiva en el tercer período, con las fuerzas  de los rivales muy mermadas. Podrían haberlos decantado antes, pero eso les hubiera supuesto por un lado más desgaste físico ante unos rivales más enteros  y por otra disputar menos minutos competitivos. Dejar los deberes para el cuarto final suponía correr el riesgo de una derrota inesperada. Así que su opción era la más lógica de todas las posibles.

El único partido en que se han saltado la dictadura del tercer cuarto ha sido en la final. Más por gusto que por obligación. Porque después de todo el verano preparando este partido, les apetecía jugarlo. Aunque no fuera contra el rival previsto, han aprovechado la ocasión para reivindicarse, y para volver a ampliar las distancias entre el baloncesto NBA (el suyo) y el del resto del Mundo. Después de esta final, el Océano Atlántico se ha hecho algo más ancho.

En la defensa practicada por este equipo ha predominado la actividad por encima del orden. La indudable ventaja física de la mayoría de los jugadores respecto a sus contrincantes les otorgaba un punto a su favor. Los jugadores de Coach K se han mostrado hiperactivos en su desempeño. Este exceso de celo ha provocado desorden en algunas jugadas (demasiados jugadores saltando a la vez a puntear un lanzamiento o yendo a una ayuda dejando libres a sus pares) pero a la vez ha servido para confundir a sus contrincantes que nunca sabían de donde podía salir un nuevo defensor (y el inevitable robo o tapón).

Mención aparte merece James Harden, tan brillante en ataque (máximo anotador de su equipo con 14, 2 puntos de media y segundo mejor pasador con 3,2 asistencias) como obtuso en defensa. Ha sido un coladero abriendo pasillos hacia su propia canasta que la entrega del resto ha ayudado a tapar, aunque la estadística dirá que fue el mejor “ladrón” norteamericano con 2,1 robos por partido. Como reza el dicho, hay mentiras, medias verdades y estadísticas.

Un reparto equilibrado del tiempo

Krzyzewski ha repartido los minutos entre todos sus jugadores, gracias a la superioridad de su equipo y a un calendario favorable (lo que no hizo Orenga, el seleccionador español). Kyrie Irving, su jugador más utilizado, ha estado en pista 24,3 minutos por partido. Klay Thompson (su sexto hombre) ha jugado 23,4 minutos de media, Harden 22, Faried 21,4, Stephen Curry 20,7 y Davis 19,7. Del resto, únicamente los secundarios Mason Plumlee y Andre Drummond no han llegado a los 10 minutos de promedio.

Derrick Rose ha jugado 17,1 minutos, alternando algunas acciones espectaculares con momentos de desaparición. Lo normal después de su largo período de inactividad. El base de los Bulls, más que disputar un mundial, ha hecho una puesta a punto individualizada seguida de cerca por su entrenador Tim Thibodeau (asistente de Krzyzewski) de cara a la próxima temporada NBA. Por tanto, para valorar su papel en este mes de septiembre habrá que esperar a la fase regular de la Liga Norteamericana. Ese era su verdadero objetivo.

Su compañero en la dirección del combinado estadounidense Kyrie Irving ha sorprendido a todos los que no lo conocían. Más allá de su exhibición en la final, el único partido en que se dejó ir por completo (26 puntos en 24 minutos con un 6 de 6 en triples), se ha mostrado como un director de juego sobrio, capaz de leer las alternativas defensivas de sus rivales y de dar al equipo lo que más necesitaba. Su adaptación al baloncesto FIBA ha sido sobresaliente, muy por encima de la de la mayoría de sus predecesores.

No me gustaría cerrar mi comentario acerca de este equipo sin hablar del “gafe” oficial de la NBA: Rudy Gay. Su movilidad y tamaño han sorprendido (y amargado) a muchos de sus rivales. Con este título Gay, Stephen Curry y Derrick Rose se convierten en los primeros jugadores norteamericanos en ganar dos mundiales. Gay además tiene el récord de ser el jugador mejor pagado de la NBA de los que no han participado nunca en un partido del All Star (19,3 millones de dólares la próxima campaña, el onceavo sueldo de la Liga).

Criticado por mirar sólo sus números, el alero salió de los Grizzlies rumbo a los Raptors para ver como la franquicia de Memphis se convertía en un equipo temible en los playoffs. Y no fue hasta su traspaso a los Kings que los aficionados canadienses vieron como su equipo se colaba en la lucha por el anillo (aunque fuese en la temporada del tanking). No sé yo si este Mundial acabará con su mala racha en la NBA (en lo deportivo, no en lo económico). En Sacramento así lo esperan.

artículo publicado en http://www.encancha.com, septiembre 2014

NBA: Sobreviviendo a la primera ronda

5 May

Ya ha finalizado la primera ronda de los play offs. La mayoría de cabezas de serie, excepto los Denver Nuggets, Los Angeles Clippers y los Brooklyn Nets, han superado este primer escollo de la lucha por el campeonato. Unos con mayor claridad que otros. Y alguno, además, con contratiempos inesperados en forma de lesiones.

El emparejamiento de primera ronda de playoffs entre los Oklahoma City Thunder de Kevin Durant, el equipo con mejor récord en liga regular del Oeste, y los Houston Rockets fue la serie del morbo por el enfrentamiento de James Harden, la barba más famosa de la NBA y jugador franquicia de los tejanos, contra sus excompañeros de la temporada anterior.

Kevin Durant ha rendido a un nivel extraordinario con unos promedios de 32,5 puntos, 7,8 rebotes y 6 asistencias por partido. Por ponerle un pero a su actuación, su bajo porcentaje en triples, del 28,6 % e inferior al certero  41,6% que firmó en la liga regular. Los números de Harden también son buenos, aunque deslucen al compararlos con los de su rival: 26,3 puntos, 6,7 rebotes y 4,5 asistencias.

Y sin embargo, lo más trascendente de la eliminatoria fue el choque entre el base de los Thunder Russell Westbrook y el rookie (aunque fogueado convenientemente en Europa) de los Rockets Patrick Beverley en el segundo partido de la serie. Una acción que levantó polémica porque Beverley acomete sobre su rival instantes después que los árbitros hayan detenido el partido. Ambos jugadores habían convertido el enfrentamiento colectivo en algo personal, y esta jugada fue el colofón.

Westbrook se levantó con evidentes muestras de ira hacia el exjugador de Olympiakos. Se había lesionado el cartílago de su rodilla derecha. Tras pasar por el quirófano será baja hasta la siguiente temporada. Una pérdida que trastoca todos los planes trazados cuidadosamente por el equipo de Oklahoma City para ser campeones de la NBA y vengarse de la derrota en las Finales de la pasada temporada contra los Miami Heat.

Los Thunder ganaron ese partido y el posterior para ponerse 3 a 0 en la eliminatoria. Pero los Rockets fueron capaces de vencer los dos siguientes. En el sexto partido sentenciaron los de Kevin Durant, pero sin resolver la incógnita. ¿Serán capaces de superar la baja de Westbrook, a pesar del paso delante de Reggie Jackson? ¿Podrá asumir Derek Fisher la carga de trabajo extra que se le viene encima?

La mala pata de Griffin

Su rival en segunda ronda serán los Grizzlies de Marc Gasol, que han dejado fuera a Los Angeles Clippers. En un duelo muy igualado, la lesión de tobillo de Blake Griffin fue clave en el desenlace. El ala pívot pisó a su compañero Lamar Odom en un entrenamiento previo al quinto partido. Griffin disputó ese enfrentamiento, pero con signos visibles de dolor y evidentemente mermado en su juego. Y los Grizzlies se adelantaron 3 a 2, en su única victoria fuera de casa de la serie.

En el sexto partido Griffin volvió a intentarlo, pero tampoco pudo ayudar en exceso a sus compañeros. Su tobillo sólo le dio para jugar 14 minutos. Ante un equipo con tanto poder en el juego interior como el de Memphis con la pareja Gasol – Randolph, esta baja fue el factor que inclinó la eliminatoria y acabó con las aspiraciones de los mejores Clippers de la historia.

Los Warriors fuerzan su suerte

Otros que caminan sobre el filo del alambre son los Golden State Warriors. En el último cuarto del primer partido de su serie contra los Denver Nuggets el ala pívot David Lee sufría una lesión en un musculo de la cadera en una mala caída. El pronóstico inicial era que el jugador, clave por su aportación en el juego interior, no volvería a jugar en todos los playoffs.

Y sin embargo, los Warriors fueron capaces de eliminar a los Nuggets de la mano de Stephen Curry, protagonizando la gran sorpresa de la primera ronda. El base ha sido una pesadilla para todos sus defensores. En el cuarto partido de la eliminatoria anotó 22 puntos sólo en el tercer cuarto, para un total de 31. Curry ha tenido la colaboración en la pintura del pívot australiano Andrew Bogut.

 Curry y Bogut son dos jugadores tan talentosos como frágiles. Bogut, de hecho, tuvo que infiltrarse para poder saltar a la cancha en el último partido contra los de Denver. Y esa es la mala noticia para los de Oakland, que rezan cada partido para que sus dos figuras acaben enteros los 48 minutos. Especialmente Curry, cuyos tobillos son realmente de cristal.

Los Warriors se enfrentarán en segunda ronda a unos San Antonio Spurs frescos y descansados, que siguen recuperando efectivos (Boris Diaw ya está listo para jugar) tras barrer a unos Lakers demasiado huérfanos de Kobe Bryant. Sin el escolta, referente indiscutible del equipo de Los Angeles, los tejanos resolvieron el cruce en tan sólo 4 partidos. Un barrido en toda regla para Pau Gasol y sus compañeros, y que augura un verano movido como ya anticipamos en el artículo anterior (El fiasco de los Lakers).

La buena noticia para los Warriors es que o David Lee es Superman o los médicos del equipo unos exagerados. Porque el jugador, contra todo pronóstico, saltó a la pista en el sexto y definitivo partido contra los Nuggets. De acuerdo que no llegó a jugar ni dos minutos. Pero jugó. Se espera que vaya entrando poco a poco en la rotación en su próxima serie contra los Spurs de San Antonio, en una nueva versión de la historia del mítico Willis Reed de los Knicks.

En las finales de 1970 este pívot lideraba a los de Nueva York frente a los Lakers con actuaciones estelares. Hasta que se lesionó en el quinto partido. Los de Los Angeles apabullaron a los Knicks en el sexto partido para empatar la serie a 3. El séptimo partido se disputaba en el Madison Square Garden. Y cuando ni sus compañeros contaban con él, Reed salió a hacer el calentamiento ante la euforia del público. Fue titular y anotó las dos primeras canastas de su equipo, aunque cojeaba de forma evidente. No anotó más, ni falta que hizo. El efecto moral de su aparición fue milagroso para los suyos, y devastador para el rival.

Los Bulls luchan contra su destino

En el Este las lesiones se han quedado todas en un mismo equipo,  los Chicago Bulls. Su estrella, el base Derrick Rose, se lesionó en el primer partido de los playoffs de la temporada pasada, dinamitando las opciones de uno de los grandes aspirantes al campeonato. Aún no ha debutado esta temporada y es difícil que lo haga ahora. Joakim Noah era duda para toda la primera ronda de playoffs contra los Brooklyn Nets. Y sin embargo, no se ha perdido ni un partido, aunque  con mucho dolor y sufrimiento.

A partir del quinto enfrentamiento de la serie no pudieron contar con el base (y titular) Kirk Hinrich. Lo que les dejaba con un único director de juego de garantías, Nate Robinson, y justo después de un cuarto partido con 3 prórrogas (Robinson había conseguido 23 puntos en el último cuarto). Y para el sexto también perdieron a Luol Deng (otro titular), con meningitis.

Y aún así los Bulls llegaron vivos hasta el séptimo partido. Y no sólo eso. Fueron capaces de ganar en Brooklyn, sin Rose, Henrich ni Deng. Y con Noah de estrella y firmando una estadística de 24 puntos, 14 rebotes y 6 tapones, a pesar de su fascitis plantar y su tobillo maltrecho. El equipo ha dado una lección de coraje ante unos Nets a los cuales un proyecto campeón les ha venido demasiado grande.

En segunda ronda les esperan los temibles y sanos Miami Heat, que barrieron a los Milwaukee Bucks. Y sin apenas tiempo para lamerse las heridas. En la otra semifinal del Este los New York Knicks, que sufrieron para doblegar el orgullo de los Celtics a partir de que a Carmelo Anthony se le torciera el punto de mira, se medirán a los Indiana Pacers, que por fin volvieron a ganar un partido en Atlanta (no lo hacían desde diciembre de 2006) para eliminar a los Hawks.

En resumen, que por muy bien que hayas fichado, por muy duro que entrenes, por muy bien que juegues y por muy guapo que seas, todo eso no basta para ser campeón de la NBA. También hace falta una buena dosis de suerte. Y no sólo en un lanzamiento imposible, o en aquel tiro libre en que la pelota rebota repetidas veces en aro y tablero antes de entrar (o salirse). Especialmente necesitas los favores de la Diosa Fortuna con la salud de tus jugadores principales.

En playoff el papel de las estrellas es especialmente importante. Durante la liga regular un equipo coral, con responsabilidades repartidas y profundidad en su rotación, funciona muy bien. Pero cuando cada partido cuenta, y se acumulan las noches que pueden ser la última, es necesario alguien que asuma el liderazgo. Los Nuggets son el mejor ejemplo de este hecho. Y la baja de Gallinari no cuenta, porque no ejerce de líder.

 Las lesiones en liga regular son un contratiempo, pero en la mayoría de ocasiones tienes margen para recuperar al jugador o fichar un sustituto para paliar su baja (excepto en  casos como el de Kobe Bryant y su tendón de Aquiles). Pero en playoff, con un duelo a vida o muerte cada dos o tres días, tiempo es algo que no tienes. Cada partido de playoff supone un doble reto para los jugadores, especialmente las estrellas. Por un lado, conseguir la victoria. Y por otro, acabar los 48 minutos ileso. Porque de eso puede depender un anillo.

ProBasketballTalk | NBC Sports

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