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Lebron James deja a los Warriors sin la gloria de una temporada histórica

21 Jun

Los Cleveland Cavaliers se han proclamado campeones de la NBA de la temporada 2015-16, superando a los Golden State Warriors en las finales por 4 victorias a 3. Lebron James y los suyos han privado a los Golden State Warriors del título que necesitaban para postularse como uno de los mejores equipos de la historia de la NBA. Stephen Curry y sus secuaces han hecho una temporada fabulosa, pero no han sabido redondearla ganando la gran final de la Liga.

El equipo de la Bahía de San Francisco empezó el curso de manera fulgurante, con 24 victorias en sus 24 primeros partidos, estableciendo una nueva mejor marca para un principio de liga regular (el anterior récord era de 15 triunfos). Y eso que su entrenador Steve Kerr estaba de baja por una operación de espalda. Luke Walton, el segundo de a bordo, cogió los mandos y la buena actuación de sus jugadores le ha permitido dar el salto a entrenador jefe de Los Angeles Lakers a partir de la siguiente temporada.

Su jugador franquicia, Stephen Curry, se convirtió en la gran sensación de la NBA, amenazando con quitarle el título de rey a Lebron James. Con una puntería asombrosa desde la línea de 3 puntos (45,4%) para un jugador que lanzaba tantas veces como él (11,2 intentos por noche), le sobraron partidos de esta primera fase de la competición para batir el récord de triples, que él mismo había establecido el curso previo. De los 286 de la temporada 2014-15 a los 402 de esta 2015-16.

Superar la marca de los Bulls

Los hombres de Steve Kerr tenían en mente, tras su gran comienzo de competición, batir un registro histórico. Los Chicago Bulls de la temporada 1995-96, con Michael Jordan al frente en la pista y Phil Jackson en el banquillo, habían ganado 72 de los 82 partidos de la Liga Regular. Una marca que parecía inalcanzable…hasta ahora. Los Warriors, tras haber ganado las finales del 2015, querían pasar a la historia. Y una forma de hacerlo era batiendo el récord de uno de los grandes equipos de todos los tiempos.

Todo estaba a su favor. Dos hombres frágiles como Curry y el pívot australiano Andrew Bogut se mantenían a salvo de lesiones serias. Sus compañeros, también. Ninguno de los jugadores importantes de la rotación del equipo ha jugado menos de 65 partidos de Liga Regular. Los astros parecían alineados con los de Oakland hasta el último partido antes del inicio de los play-off. En la última jornada, los Warriors necesitaban un triunfo en casa ante unos Memphis Grizzlies sin Marc Gasol (lesionado) para sumar su victoria número 73 y conseguir su primer objetivo de superar a los Bulls de 1995-96.

Y lo hicieron con una exhibición de Curry, autor de 46 puntos (10 de 19 en triples) en apenas 30 minutos en pista. Era la tercera vez en el curso que conseguía esta anotación, que ni mucho menos fue la más alta de la temporada. En octubre había anotado 53, y en febrero 51 en dos ocasiones. De los 79 partidos en los que participó en la fase regular, en 40 llegó a los 30 puntos o los sobrepasó (su media anotadora fue de 30,1 puntos por partido). Pero Curry no fue el único que se salió aquella noche.

La intromisión de Kobe

En una pista no muy lejana, el Staples Center de Los Angeles, Kobe Bryant ponía fin a su larga carrera en la NBA,  20 temporadas vistiendo la camiseta de los Lakers en las que ganó 5 anillos de campeón. Una leyenda viva del baloncesto que decidió despedirse a lo grande, estableciendo el tope de anotación individual de la Liga Regular 2015-16 con 60 puntos. Ningún otro jugador de la historia de la Liga había anotado tantos puntos en su último partido profesional.

La gesta de Kobe acaparó minutos de televisión, portadas en la prensa y comentarios en las redes sociales, restando a los Golden State Warriors gran parte de su merecido protagonismo. No todos los días se establece un récord de victorias de la NBA, pero es algo que puede volver a pasar. Sin embargo, por mucho que Kobe Bryant siempre haya querido superar a Michael Jordan (que se retiró tres veces), estaba clara que la estrella de los Lakers sólo viviría una última noche. Y además, gloriosa.

Y llegaron los play-offs. El rival en primera ronda fueron los Houston Rockets en lo que debía ser un paseo para los vigentes campeones de la NBA. Y de hecho lo fue (4-1), pero Curry sufrió un esguince de tobillo en el primer partido de la eliminatoria que le obligó a descansar los dos siguientes. En el cuarto volvió, pero sufrió una distensión en los ligamentos de su rodilla derecha que le dejó fuera de juego hasta el cuarto partido de la serie de segunda ronda contra los Portland Trail Blazers (4-1).

Los puntos débiles de los Warriors, al descubierto

En las finales del Oeste les tocó emparejarse contra los Oklahoma City Thunder. Su entrenador, Billy Donovan, es un debutante en la NBA pero tiene una larguísima y brillante carrera en la NCAA (dos veces campeón, y consecutivas, del March Madness, con la Florida liderada por los NBA Al Horford, Joakim Noah y Corey Brewer, y con el ahora jugador de los Warriors Marreese Speights de novato en la segunda). Donovan diseccionó a la perfección el juego de su rival y halló la manera de plantarles cara.

Russell Westbrook puso en evidencia la defensa de Curry. Una carencia que el base compensó con su anotación en ataque, algo que no ha podido hacer en las Finales frente a los Cleveland Cavaliers. Y dos pívots rocosos y batalladores como Steven Adams y Enes Kanter aprovecharon la falta de centímetros y quilos de sus contrincantes, grandes apóstoles del “small ball”, para hacerse amos de los rebotes y cerrar su pintura a las penetraciones rivales. En definitiva, los Warriors sobrevivieron a una serie que se alargó hasta su máximo de 7 partidos, pero a costa de exponer sus problemas cuando el juego se vuelve más físico.

Aún así, en esta eliminatoria Curry batió dos nuevos récords de la NBA. El primero, en posesión de Reggie Miller, de partidos seguidos de play-off anotando al menos un triple. El alero de los Indiana Pacers lo había dejado en 44. Al final de esta temporada está en 58, y puede seguir subiendo la siguiente. El segundo, el de más triples anotados en una sola eliminatoria de play-off, que ha pasado de los 28 de Ray Allen a los 32 del prodigio de unos Warriors que se convirtieron en el décimo equipo de la historia en remontar un 3 a 1 adverso en una ronda por el título.

Los Warriors empiezan las Finales con buen pie

Y llegaron las Finales, el momento esperado de la coronación, cuando la franquicia californiana debía culminar su temporada histórica con un anillo como el que ganaron los Bulls de Michael Jordan. Los dos primeros duelos contra las huestes de Lebron se resolvieron con dos palizas de campeonato. Nunca antes la diferencia conjunta de dos primeros partidos de una final de la NBA había sido tan abultada. Curry y Klay Thompson no estaban finos, pero el resto de sus compañeros sí. La segunda unidad, liderada por Andre Iguodala, Shaun Livingston y Leandro Barbosa, hizo estragos en la defensa rival. En el 2 a 0, los Warriors rompieron el duelo con Curry en el banquillo y ningún base en pista (Thompson, Barbosa, Iguodala, Harrison Barnes y Draymond Greene).

Los Cavaliers venían de perder la final de la Liga 2014-15, aunque en aquella ocasión las lesiones de Kevin Love y Kyrie Irving habían dejado demasiado sólo a Lebron James. Una sombra de duda sobre el triunfo final de los Warriors el año 2015. Jugadores que la temporada pasada habían estado en pista muchos minutos como el base Mathew Dellavedova y el pívot Timofey Mozgov en esta prácticamente no han participado. Así que, con muchos más recursos que en el pasado, la franquicia de Ohio hizo sus ajustes.

En los dos primeros partidos de la serie los movimientos y cortes sin balón de los jugadores rivales les habían masacrado con canastas demasiado fáciles. Y el excesivo celo en el marcaje sobre Curry había provocado errores defensivos que también les habían costado muchos puntos. A partir del tercer partido de la serie todo eso desapareció, y ahora los que parecían estar estáticos en su ataque eran los Warriors, que debían crear sus superioridades y tiros librados a través del bote de un Curry que no estaba fino.

El entrenador de los Cavaliers, el debutante (y exjugador) Tyronn Lue, planteó un ataque con tres ejes: buscar un emparejamiento favorable para Lebron James gracias a los bloqueos directos librándole del marcaje de Iguodala, conceder libertad a Kyrie Irving para explotar las carencias defensivas de Curry o masacrar a los hombres altos contrarios tras bloqueo de un compañero, y buscar la superioridad en el poste bajo de Kevin Love ante rivales más bajos.  De los tres, sólo falló Love, que tras una temporada completa jugando como tirador en la esquina para abrir el campo a sus compañeros no se ha adaptado a su nuevo rol.

La sanción a Green, decisiva

Los de Ohio ganaron el tercer partido, el primero que jugaban en casa, con una claridad meridiana. Fue el primer gran partido en la serie de un Irving que por fin conseguía un buen porcentaje de acierto en sus lanzamientos. Pero perdieron el cuarto, lo que les dejaba con un 3 a 1 en contra en las eliminatorias, una desventaja que ningún equipo había remontado con anterioridad en unas finales. Hasta ahora. Porque de nuevo los elementos de aliaron contra el equipo de Oakland.

A lo largo de la temporada el versátil interior Draymond Green ha dejado ir discretas pataditas. En la serie contra los Thunder alcanzó en sus partes nobles a Steven Adams en dos partidos. Y todos los focos recayeron sobre él. Así que cuando en el cuarto partido contra los Cavaliers, en un rifirrafe con Lebron, le dejó ir primero una patadita desde el suelo y luego un codazo entre las piernas, la NBA lo sancionó con un partido de suspensión.

Green, además de lo que aporta en ataque, es la clave de la defensa de los Warriors cuando juegan con un quinteto pequeño. Porque cuando se producen cambios en los bloqueos, es capaz de emparejarse con cualquier rival, ya sea el base o el pívot, y contenerlo con un mínimo de garantías. Y en el quinto partido, sin Green, Kerr apostó por Bogut. El australiano había sido importante por su juego mano a mano con Curry, y en el primer cuarto del segundo duelo por su intimidación en defensa. Tras una primera mitad igualada, el pívot se lesionó la rodilla en el tercer cuarto, quedando fuera de juego para el resto de la final. En el otro bando, Lebron y Irving sentenciaron, convirtiéndose además en la primera pareja de jugadores de un equipo en superar los 40 puntos en un mismo partido de una final.

Con 3 a 2 en la última serie por el título, los Cavaliers se vinieron arriba mientras que a los Warriors les cayó el peso de un posible fracaso sobre los hombros. Los partidos se volvieron cada vez más físicos, un terreno donde los californianos no se desenvuelven bien, y para colmo de males ni Curry ni Klay Thompson conseguían igualar el rendimiento que habían ofrecido en la Liga Regular. James y Irving se hicieron dueños del juego minuto a minuto hasta llevar a los suyos a un anillo histórico tras unos partidos que han reproducido los estereotipos clásicos que ejemplificaron las finales Lakers – Pistons de finales de los 80: Oeste vistoso, Este duro y efectivo.

El tercer anillo de campeón de su carrera es además histórico para Lebron James (presente en 6 Finales consecutivas), que cumple la palabra que dio en su vuelta a Ohio de hacer campeón al equipo de su estado. Histórico porque es el primer jugador en liderar a todos los participantes en una serie de play-off en puntos (29,7), rebotes (11,3), asistencias (8,9), recuperaciones (2,6) y tapones (12,3), firmando además un triple doble en el partido decisivo (27 puntos, 11 rebotes, 11 asistencias).

Histórico también porque es el segundo en ser MVP de unas finales con dos equipos diferentes, en su caso Heat y Cavaliers. El otro en conseguirlo fue Kareem Abdul Jabbar (Bucks y Lakers). Y histórico porque rompe una larga sequia de la ciudad de Cleveland. Ningún equipo de las grandes ligas de esta ciudad había ganado un título desde que lo hicieran los Browns de la NFL el año 1964.

 

Artículo publicado en http://www.encancha.com, junio 2016

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Warriors y Sixers, dos formas diferentes de hacer historia en la NBA

27 Nov

Estos dos equipos son las dos caras opuestas de una misma moneda, el ying y el yang de la NBA. Mientras los primeros representan la excelencia, los segundos se empeñan en adentrarse en un túnel que no parece tener final.

Los Golden State Warriors 2015-16 han entrado de lleno en la lucha por convertirse en uno se los mejores equipos de la historia de la NBA. El primer paso para afianzar su candidatura ha sido batir el récord del mejor inicio de una temporada con 16 victorias por ninguna derrota. La marca anterior de 15-0 era compartida por dos conjuntos, los Washington Capitols de la temporada 1948-49 y los Houston Rockets de la 1993-94.

Los Capitols jugaban por aquel entonces en la BAA (Basketball Association of America), precedente de una NBA que se constituyó la temporada siguiente (1949-50) con la fusión de esta competición y la NBL (National Basketball League). En aquel curso de su fugaz existencia (1946-51) en que consiguieron hacer historia les entrenaba el mítico Red Auerbach, quien a su vez luego ganaría 9 campeonatos en 10 años (1957, 1959, 1960, 1961, 1962, 1963, 1964, 1965, 1966) dirigiendo desde el banquillo a los Boston Celtics.

El equipo de Washington también es recordado por haber tenido en sus filas a Earl Lloyd, el primer afroamericano que jugó con contrato profesional. Volviendo a la temporada 1949-50, no se puede decir que consiguieran cerrarla con un éxito a la altura de su marca. Cayeron en las finales de la Liga ante los Minneapolis Lakers del entonces todopoderoso George Mikan.

Los Rockets de 1993-94 si que fueron campeones. La retirada temporal del entonces rey de la Liga, el jugador de los Chicago Bulls Michael Jordan, para probar suerte como jugador profesional de beisbol, les facilitó las cosas. Su marca inicial de temporada va más allá del 15-0. Tras su derrota en el dieciseisavo encuentro, encadenaron otra racha de 8 victorias más para plantarse en 23-1, el mejor principio de temporada de la historia para equipos con una derrota.

Con el paso de los partidos la franquicia tejana se fue enfriando hasta acabar la Liga Regular con un registro de 58-24, segundo mejor del Oeste por detrás de los 63-19 de los Seattle Supersonics. Ya en los play-off se deshicieron de los Portland Trail Blazers en primera ronda (3-1), de los Phoenix Suns en la segunda (4-3) y de los Utah Jazz en la final del Oeste (4-1) antes de superar a los Knicks de Nueva York en la gran final de la NBA (4-3). Hakeem Olajuwon, su jugador franquicia, fue elegido MVP de la Liga Regular y de las Finales, y galardonado con el premio de mejor defensor. Y la siguiente temporada, los Rockets revalidaron su título de campeones mientras Jordan seguía bateando.

Curry no está solo

Los Warriors de este curso baloncestístico tienen una figura clara: Stephen Curry. El base es el máximo anotador de la liga con un promedio en estos 16 partidos de 32,1 puntos, con un 51,2% de acierto en los tiros de campo (43,1% en los triples) y un 93,8% en los tiros libres. Además, captura 5,1 rebotes, reparte 5,9 asistencias y figura en el TOP 5 de recuperaciones de balón con 2,6 robos por noche. En esta increíble racha, Curry ha sumado 78 triples. Si se mantiene la proyección acabará los 82 partidos de Liga regular con 399, 113 aciertos por encima del récord que él mismo marcó la temporada pasada.

Y todo ello, sin tener un físico atlético y musculado como los que ahora se estilan. Sus armas son otras: una velocidad endiablada de piernas y manos, un bote de balón de malabarista, un tiro certero y una confianza por las nubes. Un jugador vintage, propio de los años 80, que triunfa en el siglo XXI. Pero Curry es sólo la punta del Iceberg. El equipo de la Bahía de San Francisco es mucho más que su tirador.

Klay Thompson y Harrison Barnes ejercen de escuderos de Curry en anotación con 30 puntos por noche entre los dos. En la plantilla hay dos “chicos para todo” indispensables para el buen juego del equipo. Andre Iguodala, el MVP de las últimas finales ganadas por los Warriors, aporta 9,1 puntos, 4,6 rebotes y 4,2 asistencias en su papel de sexto hombre. En el quinteto titular, lo que está haciendo Draymond Green es para quitarse el sombrero: 12,7 puntos, 7,8 rebotes y  6,6 asistencias de media.

Unas cifras de escándalo

Con el entrenador Steve Kerr de baja indefinida tras dos operaciones de espalda este verano, el técnico interino Luke Walton ha sabido hacerse con las riendas del grupo. Walton, ganador de dos anillos como jugador secundario de los Lakers (2009, 2010), es hijo del gran pívot de los años 70-80 Bill Walton. A sus órdenes, el equipo ha pasado de los 100 puntos en todos sus compromisos. Ha anotado siempre más triples que su rival (41% de acierto global desde la distancia), y suma más minutos ganando de 15 o más (167, ningún otro conjunto llega a los 100) que yendo por debajo en el marcador (149).

No puede decirse que los actuales campeones de la NBA hayan tenido un calendario extraordinariamente fácil que les haya ayudado a establecer su marca. Han jugado dos veces contra New Orleans Pelicans, Los Angeles Clippers, Memphis Grizzlies y Denver Nuggets, y una contra Houston Rockets, Sacramento Kings, Detroit Pistons, Minnesota Timberwolves, Brooklyn Nets, Toronto Raptors, Chicago Bulls y Los Angeles Lakers. Equipos de todos los niveles a los que han superado con tanta claridad que su en teoría mejor quinteto (Curry, Thompson, Barnes, Iguodala y Green) sólo ha coincidido en pista 62 de los 768 minutos posibles.

Tras la exhibición que han protagonizado en este arranque de liga, a los Warriors se les empieza a exigir que sean capaces de batir la marca de 72 victorias por 10 derrotas establecida por los Chicago Bulls (ahora sí, con Michael Jordan) la temporada 1995-96. Antes de llegar a ese registro, les quedan dos hitos en el camino. El 23-1 de los Rockets del que hemos hablado antes, y la racha de 33 victorias consecutivas de Los Angeles Lakers de la temporada 1971-72. Ahora mismo, sumando sus 4 triunfos seguidos en las pasadas finales, Curry y compañía hace 20 partidos que no conocen la derrota.

Kobe no levanta cabeza

Los Golden State Warriors establecieron su marca histórica ante unos Los Angeles Lakers en horas bajas. Muy bajas. Walton, que acostumbra a poner en la pista a su quinteto de lujo en el último cuarto, lo hizo de salida ante otro de los equipos californianos para sentenciar lo antes posible. Y lo consiguió. El 111-77 que quedó en el marcador al final de los 48 minutos refleja claramente la diferencia de nivel entre ambos conjuntos.

La otrora victoriosa franquicia de Los Angeles era tras este encuentro el peor equipo del Oeste y segundo peor de la NBA con tan sólo 2 victorias en 14 partidos tras haber caído derrotados en 8 de sus últimos 9 compromisos. Y con su mejor jugador de la última década, Kobe Bryant, viviendo momentos de auténtico bochorno. Ante los Warriors, el ahora alero anotó 4 puntos tras convertir sólo 1 de sus 14 tiros de campo, igualando una de las peores noches de su carrera (la temporada anterior frente a los Spurs acabó con el mismo porcentaje de acierto).

En la previa que hacíamos de esta temporada, citábamos a Bryant como una de las 6 historias que más iban a centrar la atención. Hasta el momento lo está consiguiendo. Es el líder en anotación de los suyos (15,2 puntos por noche), aunque con un acierto en el lanzamiento muy bajo (31,1% global, 19,5% en los triples). Kobe necesita lanzar 16 veces a canasta para sumar 15 puntos. Su mejor noche fue ante los Dallas Mavericks (7 de 15), pero sin superar nunca el 50% de lanzamientos anotados.

El 5 veces ganador de la NBA tan pronto dice, literalmente, que “apesta”, como especula tras una noche no tan mala con seguir un año más (acaba contrato a final de temporada). Y mientras tanto, Nick Young explota: “No podemos dejar que una persona determine todo. Tenemos que jugar como equipo. Esto no puede ser como un videojuego en el que juegas con tu jugador favorito. Tenemos que compartir el balón”. Tres años seguidos de lesiones parece que han mermado el físico de la estrella de la liga. El problema es que tal vez su cerebro no se haya dado cuenta. O no quiera aceptarlo.

El otro récord de los Sixers

Los Warriors de Curry no son el único equipo de la NBA que en estos momentos encadena una serie de 16 partidos seguidos con un mismo resultado. El problema de los Sixers de Filadelfia es que su racha es de un signo absolutamente contrario a la de los invictos líderes de la clasificación. La franquicia de la Ciudad del Amor Fraternal aún no sabe que es ganar esta temporada, y está a sólo 2 pasos de pasar a la historia.

El curso 2009-10 los Nets, entonces aún en Nueva Jersey, perdieron sus 18 primeros encuentros. Los Sixers pueden batir su registro. De hecho, pocos dudan que lo conseguirán. Lo lamentable es que los de Filadelfia son reincidentes. El año pasado ya empezaron la liga regular encajando 17 derrotas seguidas. Ninguna franquicia en la historia de la competición ha encadenado dos inicios tan malos.

Sumando a su mala racha actual los partidos perdidos en el final de la temporada pasada (no ganan desde el 25 de marzo del 2015), la franquicia hace 26 partidos que no gana, igualando la peor serie en la historia de todas la grandes ligas de los Estados Unidos. Otros cuatro equipos vivieron la mala época que ahora pasan los Sixers.

Los primeros, en beisbol, fueron los Louisville Colonels a finales del siglo XIX. Los segundos en conseguirlo fueron los Tampa Bay Buccaneers de la NFL la temporada 1976-77. Ya en la NBA, los siguientes en unirse al grupo fueron los Cleveland Cavaliers del 2010-11, el primer año post-Lebron James. Y los últimos, los propios Sixers hace 2 temporadas. Lo dicho antes, reincidentes.

Las maniobras de la gerencia del equipo de Filadelfia me tienen maravillado hace unas cuantas temporadas. El listado de los traspasos realizados por el equipo en estos últimos años es demoledor. En este artículo de agosto del 2014 os ponía en antecedentes. Para actualizar lo que decía entonces, añadir que Joel Embiid sigue sin debutar. Y que traspasaron al base Michael Carter-Williams, mejor rookie de la NBA de la temporada 2014-15, a los Milwaukee Bucks a cambio de tan solo una primera ronda del draft del 2015.

En este último draft los Sixers eligieron al pivot (si, otro más) Jahlil Okafor. Por el momento el campeón universitario con Duke está siendo la alegría de los seguidores de su equipo. De los cinco jugadores que más veces han sido titulares, 2 son rookies (Okafor y el base TJ McConnell) y los otros 3 son de segundo año (Nerlens Noel, Nik Stauskas, Jerami Grant).

Sólo un jugador de la plantilla supera los 30 años (Carl Landry, 32). El resto no pasan de los 25. Así no es estraño que en Filadelfia tengan el segundo equipo de la Liga que menos gasta en salarios, poco más de 57 millones de dólares. El primero son unos Portland Trail Blazers en un declarado proyecto de limpieza y reconstrucción, con poco menos de 40 millones y medio.

Ante este desolador panorama, no resulta nada rara la campaña que han lanzado los seguidores de la universidad de Duke para intentar sacar a su ídolo, Okafor, de este pozo sin fondo en que parece haber caído, #savejahlil. Por el bien del jugador, espero que tengan éxito. Porque la mejora de los Sixers parece lejana mientras el propietario Joshua Harris siga dejando hacer a su general manager, Sam Hinkie.

 

Artículo publicado en http://www.encancha.com, noviembre 2015.

Los Warriors, campeones de la NBA en las finales de Andre Iguodala

18 Jun

Ni Lebron James ni Stephen Curry. El jugador más decisivo de la final de la NBA fue Andre Iguodala. Su defensa sobre la estrella de los Cavaliers ha sido una de las claves para que los Warriors hayan ganado estas finales.

Los Golden State Warriors, tras su variación táctica del cuarto partido, no han dejado escapar a su presa y se han impuesto en los dos siguientes, el primero en casa y el segundo en Cleveland. Lebron James ha demostrado que es el jugador de mayor rendimiento en estos momentos de la NBA, pero la falta de más apoyos de sus compañeros ha hecho vanos sus esfuerzos. Probablemente con la ayuda de los lesionados Kyrie Irving, Kevin Love y Anderson Varejao la historia hubiera sido distinta.

Pero lo indiscutible es que los Warriors han sumado el cuarto campeonato de su historia (1947, 1956, 1975 y 2015, los dos primeros cuando la franquicia residía en Filadelfia y el tercero en San Francisco). Y que la maldición de Cleveland se mantiene. Ningún equipo de la ciudad se ha proclamado campeón en una de las grandes ligas profesionales desde que los Cleveland Browns ganaron la NFL el año 1964.

La noche de Curry

En el quinto partido de las finales asistimos por fin al esperado duelo de estrellas. Lebron James había brillado prácticamente cada noche (en su actuación más floja “solo” metió 20 puntos), pero Stephen Curry no había empezado bien la serie. Sus dos primeros encuentros fueron flojos, con un mal porcentaje en los triples. En el último cuarto del tercer partido por fin vislumbramos al verdadero Curry, con 17 puntos (y 5 triples) en esos 12 minutos, aunque los Warriors perdieran. En el cuarto partido, con los californianos controlando el ritmo de juego, se volvió a ver más suelto al base. Y en el quinto, en el quinto simplemente fue él.

El MVP de la liga regular acabó el duelo con 37 puntos (7 de 13 en triples), 7 rebotes y 4 asistencias. Y los campeones del Oeste se impusieron a los del Este por 104 a 91, dejando la serie a su favor por 3 victorias a 2. Lebron James hizo otro partido monstruoso con 40 puntos, 14 rebotes y 11 asistencias, su segundo triple doble de estas finales. Pero la irrupción de Curry lo descompensó todo. Porque hasta ahora Lebron se había bastado para igualar la aportación anotadora conjunta de Curry y el otro “Splash Brother”, Klay Thompson. Con el base igualándole en anotación, los 12 puntos del otro hermano cayeron como una losa sobre los Cavaliers.

Los dos entrenadores mantuvieron la incógnita sobre sus cincos iniciales hasta el último momento. Steve Kerr perseveró en su apuesta por un equipo pequeño, con Andre Iguodala de titular en lugar de su pívot Andrew Bogut. El jugador más alto en pista de los Warriors, y pívot en funciones, fue Draymond Green: 2 metros pelados.  David Lee (2,05) estuvo 9 minutos en pista, Festus Ezeli (2,10) 3 en el inicio del último cuarto, y Bogut no jugó. David Blatt mantuvo su esquema clásico de inicio con Tristan Thompson (2,05) y Timofey Mozgov (2,15), pero el gigante se fue al banquillo tras 5 minutos de juego. Para entonces el equipo de casa había desarbolado la defensa de los de Cleveland con contraataques o rápidos cortes hacia canasta.

Prescindiendo del ruso, los de Ohio renunciaban a su segundo mejor anotador en estas finales. Lebron James, ya fuera de forma directa anotando personalmente o indirecta asistiendo a un compañero, fue responsable de 70 de los 91 puntos de su equipo. En los Warriors, Curry hizo 37 y pasó para otros 9 (5 de Iguodala, 2 de Barnes y 2 de Thompson). Draymond Green consiguió 16 puntos (además de 9 rebotes y 6 asistencias), Andre Iguodala 14 (y 8 rebotes, 7 asistencias y 3 recuperaciones) y Leandrinho Barbosa 13, además de los ya mencionados 12 de Klay Thompson. A los Cavaliers, los 19 de Tristan Thompson (y 10 rebotes) y los 14 de J.R. Smith se les quedaron cortos.

Con la entrada en pista precisamente de J.R. Smith por el gigante a los 5 minutos de partido, los del Este igualaron el marcador. Pasando también a modo “small ball” le acabaron de ceder el ritmo del encuentro a su rival, aunque se mantenían igualados en anotación. Smith, con 14 puntos antes del descanso, parecía por fin decidido a tener su gran noche en las finales. En Ohio es lo que esperaban de él para decantar la final a su favor, una noche tonta del tirador. Aún siguen esperando. Tras anotar su última canasta en juego en el tercer minuto del segundo cuarto, el escolta falló todos sus lanzamientos posteriores. Los primeros 24 minutos de juego acabaron con un marcador de 51 a 50. Una proyección de 100 puntos que difícilmente podrían mantener los visitantes.

En el tercer cuarto los Cavaliers se aplicaron en defensas de 2 contra 1 sobre Curry. El base, con una buena lectura de juego, se dedicó a asistir a sus compañeros. Además del MVP de la liga regular, en este período anotaron para los Warriors Greene, Iguodala, Klay Thompson, Harrison Barnes y un Barbosa que jugó unos excelentes minutos saliendo de refresco del banquillo.

Lebron James, por su parte, con una defensa que le negaba las aproximaciones a canasta, y sin demasiada energía para forzarlas, falló 5 de sus 6 intentos de canasta. Dellavedova sumó un triple. Suerte tuvo su equipo del tremendo trabajo de Tristan Thompson en la pintura. El ala pívot sumó 10 puntos en el cuarto, insuficientes para evitar que los de casa abrieran brecha (73-67), pero indispensables para evitar la rendición.

En el cuarto definitivo Blatt mantuvo 4 minutos en pista a Mozgov. Los Warriors hicieron daño con el bloqueo y continuación entre el hombre al que marcaba el ruso y Curry. Aún así, Lebron se multiplicaba en ataque.  Buscando bloqueos para quitarse de encima a Iguodala y quedarse en el cambio con Klay Thompson o Draymond Greene, la estrella de los Cavaliers fue responsable directa de los 17 primeros puntos de su equipo en este período (12 suyos y 5 tras asistencias a Iman Shumpert y Tristan Thompson).

En el bando rival Curry no estaba tan sólo gracias a la colaboración de Barnes, Greene y su “hermano” Klay. En los 5 últimos minutos la figura de los Cavaliers estaba exhausta. Andre Iguodala conectó 5 puntos seguidos y Curry remató la faena con 11 de los últimos 12 puntos de su equipo. El parcial en este tramo final del encuentro fue de 19 a 7. Blatt no pudo evitar la derrota ni recurriendo al hack-a-shaq sobre un Iguodala negado en los tiros libres (1 de 7 en estos minutos para un 2 de 11 total).

Cuando ser el mejor no es suficiente

En la rueda de prensa posterior al quinto partido, Lebron James se mostró confiado ante los periodistas de las posibilidades de su equipo para remontar la serie. “Tengo fe porque soy el mejor jugador del mundo. Así de simple”. Posiblemente sea cierto y en estos momentos no haya en todo el planeta un jugador más dotado para el baloncesto que Lebron. Pero este deporte es un juego de equipo. Y los Warriors son mejor equipo que estos mermados Cavaliers. Los de Oakland ganaron por 97 a 105 para proclamarse campeones de la NBA por 4 victorias a 2.

James estuvo en pista 47 minutos y se quedó a una asistencia del triple doble: 32 puntos (pero 13 de 33 en el tiro), 18 rebotes, 9 asistencias. Blatt se olvidó del experimento del quinto partido y volvió a darle minutos (33) a Timofey Mozgov, que acabó con 17 puntos, 12 rebotes y 4 tapones. Tristan Thompson le secundó en la pintura con 15 puntos y 13 rebotes. El naufragio estuvo en los exteriores. J.R. Smith sumó 19 puntos, pero 15 de ellos llegaron en el último cuarto con la situación muy cuesta arriba para los suyos. Entre Smith, Shumpert, Dellavedova y James Jones aportaron 33 puntos en una serie de 7 de 29 en los tiros de campo (4 de 16 en triples). Suerte de las faltas que les concedieron (15 de 21 en tiros libres). Por cierto, hablando de Smith, impresionante la forma en la que se desplaza por el pabellón antes y después de los partidos.

Por los Warriors Curry anotó 25 puntos, compensando su pobre 3 de 11 en triples con 6 rebotes, 8 asistencias y 3 recuperaciones. Andre Iguodala sumó los mismos puntos además de 5 rebotes y 5 asistencias. Draymond Green, quien se acordó de todos aquellos que le dijeron que nunca podría jugar en la NBA (como reconocí en el artículo de previa, yo tampoco lo veía muy claro), se marcó un triple doble: 16 puntos, 11 rebotes y 10 asistencias. Y saliendo del banquillo, Festus Ezeli y Shaun Livingston contribuyeron cada uno con 10 puntos más. Los Cavaliers dominaron el rebote (56 a 39), pero perdieron claramente en el balance de pérdidas/recuperaciones (16/3 por 9/11 de sus rivales).

A propósito de Ezeli, hay que reconocer que Steve Kerr es, en el fondo, un romántico. El ganador de 5 anillos como jugador (3 con los Bulls, 2 con los Spurs) y ahora uno en su temporada de debut como entrenador jefe ha destrozado el axioma de que los equipos campeones se construyen alrededor de un pívot dominante, pero no ha querido eliminar del baloncesto a los reyes de la zona. Su hombre alto jugó un total de 11 minutos muy productivos en el principio del segundo cuarto y el final del tercero.

En casa y ante su público, las huestes de Lebron empezaron mandando en el marcador, aunque fue un espejismo. Blatt puso a Mozgov a defender a Iguodala. El experimento concedió mucho espacio al alero visitante para atacar desde la media distancia, y provocó grandes desequilibrios defensivos. Los Cavaliers ganaban, pero porque los Warriors fallaban sus lanzamientos libres de marca desde el exterior. Una mala racha que no iba a durar toda la noche. Tres canastas seguidas de Curry le mostraron el camino a su equipo. Iguodala se sumó a la fiesta y las diferencias se dispararon hasta el 15 a 28 con que acabó el primer cuarto.

En los segundos 12 minutos la franquicia de Ohio consiguió trabar el juego y bajar el ritmo a pesar de que los californianos volvieron a jugar con 5 “pequeños”. Iniciaron una remontada culminada en el inicio del tercer cuarto, cuando para deleite de su parroquia los Cavaliers se avanzaban 47 a 45 de la mano del dominio en la pintura de Mozgov y Tristan Thompson. El ruso, además, fue un muro infranqueable en defensa en esta fase del partido.

Pero dos errores defensivos de los de Blatt dieron aire a sus rivales. Curry, objeto de constantes 2 contra 1 defensivos, se dedicó a buscar al compañero mejor situado. En defensa, los de Kerr cerraron su aro con ayudas sobre Mozgov o faltas contundentes para evitarle puntos fáciles. Los Cavaliers, que han tenido problemas en el lanzamiento exterior durante todas las finales, se colapsaron en ataque. Hasta el final de este tercer cuarto, sólo anotaron 4 de sus 17 tiros de campo. Con tantas facilidades, los del Oeste llegaron a tener hasta 15 puntos de margen.

El encuentro se rompió de forma definitiva en el último cuarto. Lebron James y Mozgov  sumaban en ataque y J.R. Smith parecía despertar anotando un triple. Los Cavaliers estaban a 7 puntos, de nuevo en el partido. Y entonces llegaron los 4 triples con los que el conjunto de Oakland construyó un parcial de 4 a 12. Kerr sentó a Iguodala para evitar que Blatt ordenase una lluvia de faltas sobre él. A 1:20 del final los Warriors ganaban de 12, y todos daban la final por sentenciada. Buenos, todos no. Ya con todo perdido y sin presión alguna, JR Smith consiguió tres triples más que alargaron la agonía de los suyos haciéndoles creer que aún tenían posibilidades. Tras maquillar su estadística personal  y poner a su equipo a 4 puntos faltando 33 segundos, a los Cavaliers se les acabó el acierto.

Un MVP inesperado pero lógico

Cuando empezaron las finales de la NBA, la apuesta fácil era situar como jugador más valioso a Lebron James o Stephen Curry en función de que equipo se llevase el título. La estrella de los Cavaliers ha estado a un nivel supremo en cuanto a números personales (a pesar de su mal porcentaje en el tiro), pero se ha tenido que conformar por segunda temporada consecutiva con el subcampeonato. Curry ha tenido chispazos, momentos de gran brillantez, pero sólo un partido completo a nivel de MVP, el quinto.

Los 11 votantes del premio podían optar por ser rompedores, y otorgar el galardón al mejor jugador del equipo perdedor. Sólo ha pasado una vez en la historia de la NBA. Fue en 1969. Los Boston Celtics ganaron su undécimo anillo en trece temporadas a costa de Los Angeles Lakers. El MVP fue para el angelino Jerry West con unos promedios de 37,9 puntos, 4,7 rebotes y 7,4 asistencias por noche. La media de Lebron James  ha sido de 35,8 puntos, 13,3 rebotes y 8,8 asistencias, siendo el único jugador de la historia en liderar las estadísticas de unas finales en estas tres categorías. Cuatro de los periodistas y analistas con derecho de voto se decantaron por él.

Los otros siete eligieron al jugador más decisivo del equipo campeón. Y éste no fue Curry,  ni un Klay Thompson  que no ha brillado en estas finales (algo de mérito tendrá su defensor principal, Iman Shumpert). El principal responsable en la pista del triunfo de los Warriors fue Andre Iguodala, el primer MVP de unas finales que no ha sido titular en todos los partidos de la serie. Los números del alero no son tan espectaculares como los de su rival: 16,3 puntos, 5,8 rebotes y 4 asistencias por partido. Pero su contribución sí. La decisión del técnico Steve Kerr de incluirlo en el quinteto titular a partir del cuarto encuentro varió por completo el desarrollo de las finales. Su defensa sobre Lebron ha sido modélica.

Es imposible evitar que el Rey de la Liga anote, pero la labor de Iguodala fue hacerle fallar el máximo número de tiros posibles y que aunque anotase, cada canasta le supusiera un desgaste físico que a la larga le dejase sin aire. Con el jugador de los Warriors en pista, James anotó el 38,1% de sus tiros. Con Iguodala en el banquillo mejoró hasta un 44%. Por segundo año consecutivo, el MVP de la Final ha sido el defensor de Lebron (en el 2014 fue Kahwi Leonard, de los Spurs de San Antonio). Lo cual, en el fondo, no deja de ser un reconocimiento más a los méritos de la estrella de los Cavaliers.

Las finales, un éxito en televisión

Las previsiones más optimistas de la NBA respecto a las audiencias televisivas de los partidos entre los Warriors y los Cavaliers no se han quedado cortas. Las finales han superado muy claramente los registros de los últimos años. La transmisión de la ABC de los dos primeros partidos fue vista en el 12,9% de los hogares de los Estados Unidos de América. En el tercero el rating subió hasta el 13,7% mientras que en el cuarto llegó hasta el 13,9%. El quinto rompió por dos décimas la barrera de los 14 puntos (14,2%). Eso equivale a 20 millones y medio de telespectadores.

Es la mejor cifra de espectadores desde el quinto y último partido de las finales del 2004 entre los Detroit Pistons y Los Angeles Lakers. En Cleveland, el porcentaje de seguimiento de este encuentro llegó hasta el 42,5% mientras que en la más poblada zona de San Francisco la cifra fue del 33,6%. Unos índices espectaculares teniendo en cuenta que a la misma hora HBO estaba pasando el capítulo final de la quinta temporada de un exitazo como “Juego de Tronos”.

La progresión no se detuvo, y en el sexto y último partido el porcentaje de hogares en Norteamérica enganchados al baloncesto subió hasta el 15,9%, 23,3 millones de telespectadores (más casi otro millón en el canal de internet de la ESPN). En Oakland/San Francisco el seguimiento fue del 40,7% mientras que en Cleveland subió hasta el 42%. Unas cifras nunca conseguidas por la ABC, que tiene los derechos de esta competición desde el año 2003. La media de espectadores por partido de toda la serie ronda los 20 millones, una cifra no alcanzada desde la última final que ganó Michael Jordan en 1998. Aquellas finales tuvieron un rating medio del 18,9% mientras que el de este año ha sido de un 13,9%. Jordan sigue siendo mucho Jordan.

Artículo publicado en http://www.encancha.com, junio del 2015

Dellavedova y Iguodala le roban el protagonismo a Lebron y Curry en las finales de la NBA

13 Jun

Dos secundarios se han convertido en las piezas claves de las finales, más allá de las actuaciones de las estrellas. Lebron James y Stephen Curry se han visto obligados a agradecer los triunfos de sus equipos a Matthew Dellavedova y Andre Iguodala.

Las Finales de la NBA, después de dos partidos en Oakland que se resolvieron con victoria de los Golden State Warriors en el primero y de los Cleveland Cavaliers en el segundo, se desplazaron hasta Cleveland, El tercer partido, ganado por los Cavaliers con un resultado de 96 a 91, fue el primero de la serie que no se resolvió en una prórroga. Los locales consiguieron el triunfo al tiempo que uno de sus jugadores alcanzaba la categoría de héroe. Lebron James anotó 40 puntos, capturó 12 rebotes y repartió 8 asistencias en los 46 minutos que estuvo en pista, pero él no fue el héroe. James llegó hasta un total de 123 puntos en los tres primeros duelos, batiendo el récord anterior en unas finales logrado en 1967 por Rick Barry (122), casualmente jugador de los Warriors.

El hombre del partido fue Matthew Dellavedova. El base realizó una defensa asfixiante sobre Stephen Curry, al que anuló mientras tuvo piernas. Además, anotó 20 puntos ante las facilidades de la defensa rival que no le tomó en serio. Dellavedova lo dio todo en la pista, en una demostración de coraje que enardeció a sus compañeros. No hubo pelota suelta por la que no se lanzase al suelo. Tal fue su desgaste que tras el partido, con “calambres severos”, tuvo que ser trasladado en ambulancia al hospital para recibir tratamiento.

Al inicio del encuentro Lebron James se dedicó a castigar en ataque a Harrison Barnes, al que el entrenador de los Warriors Steve Kerr se empeña en mantener como titular. El alero tuvo una noche negada, y no sólo en defensa: 0 de 8 en tiros de campo. Su sustituto, Andre Iguodala, frenó mucho mejor a un Lebron que renunció a los tiros de media distancia que falló en los dos partidos previos para entrar a canasta. Aún así, tampoco tuvo un buen porcentaje: (12 de 28 en tiros de 2, 2 de 6 en triples).

Los Cavaliers volvieron a imponer su estilo de juego, con ataques largos y rápidas transiciones defensivas para dormir el partido y no dejar correr a su contrincante. En el tercer cuarto se vio por primera vez a uno de los dos equipos tambalearse en esta serie. James anotó 13 puntos en estos 10 minutos y Dellavedova 10 más ante un rival desbordado en defensa. En la pintura local, el ruso Timofey Mozgov se convirtió en un baluarte inexpugnable, cerrando su aro a los lanzamientos visitantes. Los Cavaliers consiguieron 20 puntos de ventaja frente a un contrincante al borde del KO.

En el último cuarto Kerr presentó su primer ajuste de las finales. El técnico de los Warriors puso en pista un quinteto con un sólo pivot, un David Lee inédito en los dos partidos interiores, escoltado por 4 tiradores: Stephon Curry, Klay Thompson, Andre Iguodala i Leandro Barbosa. Lee abría juego y luchaba por el rebote mientras sus compañeros fusilaban desde el exterior a unos Cavaliers que se iban quedando sin piernas a cada segundo que pasaba. Por fin apareció el Curry que ha sido elegido MVP de la liga anotando 17 de sus 27 puntos (y 5 de sus 7 triples) en estos 10 minutos finales.

Los Warriors, a tres puntos de los de casa, tuvieron 2 ataques para empatar el encuentro hasta que Dellavedova y Lebron James se combinaron para poner tierra de por medio con un alley-hoop marca de la casa. A 2:40 del final un triple de Curry dejaba a los visitantes sólo un punto abajo con Lebron exhausto, pero Dellavedova volvió a salir al rescate con un 2+1 increible. Y tras un triple de Lebron para abrir más hueco, el australiano se volvió a tirar al suelo como un poseso para capturar un balón suelto a media pìsta que Curry había perdido ante la presión del Rey James. Un mal pase de Curry permitó a la estrella de los Cavaliers anotar el 92 a 83 que los del Oeste ya no pudieron remontar.

Kerr enseña sus cartas

El entrenador de los Golden State Warriors Steve Kerr es de los que creen que el cuarto partido es el que marca el punto de inflexión en una serie al mejor de siete. En el cuarto de la semifinal del Oeste contra los Memphis Grizzlies introdujo la variante defensiva de situar a su pívot Andrew Bogut sobre el escolta Tony Allen que desquició al equipo de Marc Gasol. En el cuarto de las finales contra los Cavaliers introdujo la variación que permitió a los Warriors recuperar su estilo y su mejor juego.

El mejor defensor de Lebron James en los tres partidos previos había sido Andre Iguodala. El alero, titular en todos sus partidos en sus 10 temporadas anteriores en la NBA, había salido desde el banquillo en todos los de la presente como relevo de Harrison Barnes. El alero titular se ha mostrado incapaz de evitar que la estrella del conjunto de Cleveland le lleve al poste bajo. Pero su entrenador no quería condenarle al banquillo para hacer sitio a Iguodala. Así que el sacrificado fue el pívot Andrew Bogut.

Los Golden State Warriors presentaron un quinteto inicial con Stephen Curry de base, Klay Thompson de escolta, Iguodala como alero, Barnes en funciones de ala pívot y Draymond Greene como pívot. Small ball en estado puro, con los cinco abiertos en muchas jugadas para negar una referencia interior a sus rivales. Los Cavaliers cargaron dentro de inicio con Timofey Mozgov y Tristan Thompson, consiguiendo un parcial inicial de 7 a 0. Kerr pidió tiempo muerto. Y cuando todos creían que iba a dar por finiquitada su apuesta, el técnico la mantuvo. Su fe y valentía le permitieron empatar las finales a dos victorias gracias al triunfo en este cuarto partido de los californianos por 82 a 103.

Los Warriors volvieron a ser el equipo de la liga regular, corriendo, anotando y, sobre todo, jugando con alegría. En el primer cuarto consiguieron 31 puntos, cuando en los otros tres primeros cuartos de la serie habían rondado los 20. Su triunfo en el partido inaugural coincidió con un buen día en ataque de Iguodala (en defensa ya se da por descontada una buena actuación). El secante de Lebron volvió a brillar en el cuarto con 22 puntos (4 de 9 en triples).

El alero no estuvo solo. Curry parece haber dado por cerrada su crisis de tiro y se fue hasta los 22 puntos con un 4 de 7 en triples. Harrison Barnes se desquitó de su pésimo partido anterior con 14 puntos y Draymond Greene hizo un poco de todo con 17 puntos, 7 rebotes y 6 asistencias. Klay Thompson bajó el nivel respecto a sus partidos anteriores, pero eligió el mejor día para hacerlo. Con la aportación extra de sus compañeros sus puntos (9) no eran tan necesarios.

Hay que destacar que el cansancio acumulado de los Cavaliers ayudó en el éxito de la estrategia de sus contrincantes. Matthew Dellavedova ni anotó (3 de 14 en tiros de campo) ni mordió como en las noches anteriores en su defensa sobre Curry. Lebron, con la constante presión de Iguodala (Kerr procuró hacerlos coincidir en pista tanto como pudo), vio bajar sus números hasta unos terrenales 20 puntos, 12 rebotes y 8 asistencias. El hombre fuerte local lanzó 22 veces a canasta, mientras que en los duelos previos lo había hecho en 38, 35 y 34 ocasiones.

La estrella dejó la imagen de la noche en el segundo cuarto. En una entrada a canasta, tras recibir un empujoncito de Bogut, se estampó contra una cámara de televisión. La milagrosa intervención de los médicos de la franquicia de Ohio cortó de raíz la hemorragia de sus cortes en la cabeza para que pudiera seguir jugando. La NBA recibió algunas críticas por no haber aplicado el reglamento de conmociones, lo que en el peor de los casos hubieran obligado a Lebron a sentarse el resto del encuentro y ser duda para el quinto. La filosofía de la liga es que las estrellas deben estar en la pista.

Los Cavaliers parecieron en condiciones de remontar en el tercer cuarto, después de que Dellavedova conectase dos triples seguidos. Frenaron en defensa durante unos minutos la velocidad ofensiva visitante y en ataque buscaron constantemente a su gigante Timofey Mozgov para aprovechar su superioridad de centímetros. El pívot ruso consiguió la proeza de firmar más puntos que Lebron, 28, a los que sumó 10 rebotes. Tristan Thompson también hizo estragos en la pintura (12 puntos, 13 rebotes). Tras cerrar la primera parte perdiendo de 12, el equipo de David Blatt llegó a ponerse 3 puntos abajo a medio minuto del final del tercer cuarto. Tiempo suficiente para que Curry anotase un triple.

El entrenador de los Cavaliers dio descanso a Lebron James al inicio del último cuarto, pero el reposo del guerrero no duró más que un par de minutos. Su equipo se había descolgado nuevamente en el marcador. Lebron volvió, pero por primera vez en las finales Barnes consiguió detenerle en un ataque. Blattt decidió jugársela con un quinteto alto, introduciendo a James Jones como escolta. Excepto Dellavedova, el resto de jugadores en pista (Lebron, Jones, Thompson y Mozgov) superaban los dos metros.

Su experimento no funcionó. Los Warriors sufrían en la pintura, pero volaban en la transición. Perdiendo de 16 probó con un quinteto pequeño sustituyendo a Thompson y Jones por Iman Shumpert y J.R. Smith. La mala noche en el tiro de los dos exteriores (4 de 21 en tiros de campo entre ambos) condenó al fracaso este último cartucho del técnico.

Esta derrota, además de dejar la serie igualada, ha abierto las primeras fracturas en el vestuario del campeón del Este. La ESPN se hizo eco de los comentarios de algunos de sus jugadores quejosos de que Blatt no contase más con sus veteranos. El entrenador de los Cavaliers se ha basado hasta ahora en una rotación de básicamente 7 hombres (con los lesionados Kyrie Irving, Kevin Love y Anderson Varejao probablemente sería más amplia), mientras Kendrick Perkins, Mike Miller, Brendan Haywood y Shawn Marion o no han jugado o lo han hecho de forma testimonial.

La otra imagen de Lebron

Este partido nos dejó otra de las imágenes de las finales. Y el protagonista también fue Lebron James. No fue su mejor noche en relación a las cámaras de televisión. En la charla de grupo previa al inicio de este cuarto encuentro, la estrella de los Cavaliers se ajustó la vestimenta. Durante unos segundos, sus atributos (por decirlo finamente) quedaron expuestos a los millones de telespectadores que en todo el mundo seguían el encuentro. Las redes sociales fueron un hervidero de mensajes y comentarios, como siempre que le ocurre algo similar a un personaje de esta trascendencia.

Publicado en http://www.encancha.com, junio del 2015

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