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NBA 2015-16: Cuentas pendientes y últimas oportunidades

21 Oct

Llega una nueva temporada de la NBA cargada de historias interesantes. Cada equipo, de hecho, tiene la suya. Explicarlas todas sería demasiado extenso, así que he hecho mi selección personal. No todos los equipos citados son candidatos al anillo, pero seguro que todos ellos darán mucho de que hablar.

Los Golden State Warriors se proclamaron campeones de la NBA el año 2015 sublimando el concepto de small ball que había llevado a los Miami Heat a ganar 2 anillos de campeones bajo la batuta de Lebron James. Esta temporada el equipo californiano empieza el curso como uno de los favoritos a ganar el título (en su caso a revalidarlo).

Los finalistas que cayeron ante el talento y puntería de Stephen Curry y Klay Thompson, y la polivalencia y entrega de Andre Iguodala y Draymond Greene fueron unos diezmados Cleveland Cavaliers en el primer curso tras el retorno de Lebron al que fuera su primer equipo en la liga. A lo largo del verano han lamido sus heridas y ahora aguardan ansiosos para saldar la cuenta que tienen pendiente. No es lo mismo afrontar las finales con James rodeado de fieles secundarios que arropado por primeras espadas como los lesionados Kyrie Irving, Kevin Love o Anderson Varejao.

En Ohio están convencidos que sólo la ausencia de estos jugadores claves les dejaron sin su merecido premio. La mayoría de manágers generales de la NBA les da la razón, situándoles como máximos favoritos de este año. Lebron quiere ganar un campeonato en su estado natal. Y cuando a King James se le mete algo entre ceja y ceja, no hay quien le disuada de ello. El número 1 de la NBA tiene las cosas claras, y una de ellas es que quiere que Tristan Thompson siga en su equipo.

Las conversaciones de la renovación del contrato del ala pívot canadiense, un seguro de vida en el rebote, se alargaron mucho, casi un año, por la diferencia entre las pretensiones económicas del jugador (94 millones de dólares por 5 temporadas) y la oferta de la franquicia (80 millones). Ni la intervención de Lebron a través de las redes sociales consiguió acelerar la resolución de unas negociaciones que no llegaron a buen puerto hasta pocos días antes de empezar la liga regular: 82 millones por 5 temporadas.

Rose y sus rodillas

La gran amenaza en el camino de los Cavaliers para ganar la plaza reservada en la final de la NBA a un equipo del Este serán los Chicago Bulls, a los que eliminaron de los pasados play-offs en la semifinal de Conferencia. Los Bulls aspirarán a todo siempre y cuando Derrick Rose pueda completar una temporada libre de lesiones.

El curso baloncestístico 2011-12 del base estuvo repleto de molestias y pequeñas lesiones hasta que en el primer partido de los play-offs se dañó de gravedad los ligamentos de la rodilla izquierda. La campaña siguiente la pasó recuperándose. Reapareció la temporada 2013-14, pero sólo pudo disputar 10 partidos antes que el menisco de la otra rodilla, la derecha, le dejara fuera de combate.

Tras pasar nuevamente por el quirófano, reapareció la temporada pasada. Otra que no pudo completar. Jugó 46 partidos hasta que un desgarro en el menisco de la rodilla derecha le obligó a operarse de nuevo en febrero del 2015. Regresó a tiempo para jugar los 5 últimos encuentros de liga regular y los 12 de su equipo en play-offs, sucumbiendo ante las huestes de Lebron.

Derrick Rose necesita culminar una temporada entera para dejar atrás el fantasma de las lesiones. Y acallar las persistentes voces que le situan como un jugador en declive por sus problemas físicos. Debe dejar atrás su preocupación y miedo a romperse para centrarse en su mejor juego, olvidando de paso su ansiedad de demostrar a todos que realmente está recuperado, que vuelve a ser el de siempre.

Los Bulls necesitan de su talento y liderazgo para conducirlos hasta un título que añoran desde 1998, desde la época gloriosa de Michael Jordan. Para ganar un anillo ficharon a Pau Gasol, renovaron a Jimmy Butler, se hicieron con los derechos de Nikola Mirotic y seleccionaron en el draft del año pasado a Doug McDermott y en el de éste a Bobby Portis. Pero siempre contando con Rose.

El base ya ha dado el primer susto antes de empezar la liga regular. Rose se ha perdido la mayor parte de la pretemporada por una fractura en la cara, más concretamente en el orbital izquierdo, que le obligó a pasar una vez más por el quirófano. La mala noticia es que el jugador franquicia de los Bulls ya se ha lesionado incluso antes de empezar los partidos oficiales. La buena es que no ha sido en ninguna de sus dos rodillas.

Se agota el crédito de Phil Jackson

Los Knicks de Nueva York son una franquicia de un gran mercado televisivo, dueña de un pasado histórico con momentos de gloria, pero atrapada en un presente para olvidar. El hombre elegido por el propietario James Dolan para sacarla del pozo es Phil Jackson, aunque no como entrenador sino como responsable ejecutivo. El entrenador 6 veces campeón con los Bulls y 5 con los Lakers era jugador de los Knicks las dos temporadas que ganaron la competición, 1970 y 1973, aunque en la primera de las dos una lesión no le dejó jugar.

El curso pasado, primero de Jackson al mando y con Derek Fisher como su extensión en el banquillo, el equipo se quedó en unos míseros 17 triunfos. Un desastre, no obstante, digerible dentro de un proceso de reconstrucción. Este año no se le perdonará un balance similar. Y menos cuando Fisher ha comparado el estado de los Knicks ahora mismo con el de los Atlanta Hawks de la pasada temporada. Los Hawks cerraron la liga regular con 60 victorias. ¿Serán capaces de hacer lo mismo en Nueva York?

Para arropar a Carmelo Anthony se ha contratado al escolta Arron Afflalo, al baluarte defensivo en la zona Robin Lopez, y se le ha dado una oportunidad al fallido número 2 del draft del 2011, el ex de los Timberwolves de Minnesota Derrick Williams. En el draft se ha elegido al talentoso base Jerian Grant (su tio Horace jugó para Phil Jackson en los tres primeros títulos ganados por los Bulls) y al letón Kristaps Porzingis, procedente del Baloncesto Sevilla (la elección del letón, por cierto, fue silbada por los aficionados neoyorquinos durante la ceremonia del draft).

La gran pregunta es si el triángulo ofensivo seguirá funcionando o es otro sistema que pertenece al pasado, enterrado por el small ball. Carmelo Anthony es un jugador capaz de generar desequilibrios como primera opción de esta táctica, pero necesita compañeros que sepan desarrollarlo. José Calderón tiene asignado un rol muy claro: base veterano. Porque sus competidores en la posición o son recién llegados o encaran su segundo año en la NBA.

La última carga de los Spurs

Cada temporada los que escribimos sobre NBA decimos que puede ser la última de los Spurs de San Antonio. En esta lo diremos una vez más, y probablemente acertaremos (ya va tocando). Al menos de los Spurs tal y como los conocemos desde que hace 13 años el entrenador Greg Popovich completó su guardia pretoriana: Tim Duncan, Tony Parker y Manu Ginobili. Este verano pasado Duncan y Ginobili estuvieron a un paso de retirarse, el próximo pocos dudan que lo harán.

Y sin embargo, como el prestigitador que te engaña haciéndote creer que la bolita está en su mano derecha cuando hace rato que la tiene en la izquierda, Popovich ya tiene a punto el relevo. En un verano brillante de la gerencia de la franquicia, se ha renovado a la pieza angular del nuevo proyecto Kawhi Leonard, y a su escudero desde los triples Daniel Green.

Se ha traído al sustituto de Duncan, el ex de los Blazers LaMarcus Aldridge, el agente libre más codiciado del mercado. Y se han conseguido los servicios de un veterano de solvencia contrastada, el ala pivot David West, que no quiere retirarse sin su anillo. El grueso de la plantilla permanece, con las bajas destacadas de Tiago Splitter, un Cory Joseph que no pasó de tercer base, un Marco Belinelli a la sombra de Green y Ginobili, y el gladiador Aron Baynes.

La recta final de Kobe

Otro que puede vivir su último curso como profesional en la NBA es Kobe Bryant. El jugador franquicia de los Lakers, en su último año de contrato con el equipo de Los Angeles, ya tiene 37 años. La próxima será su temporada número 20 en la NBA. Y desde que se lesionase en el tramo final de la Liga regular del 2012-13, las lesiones no le han respetado. Tras su inicial rotura del tendón de Aquiles, sólo pudo disputar 6 partidos de la liga 2013-14 antes de caer víctima  de una fractura de rodilla. La temporada siguiente, en enero, una lesión de hombro le obligó a pasar por el quirófano. Cualquier otro se habría retirado. Pero cualquier otro no es Kobe Bryant.

Para esta temporada que empieza los Lakers le han buscado una buena escolta a su estrella de referencia, mejor que la de los años anteriores. En el draft del 2015 eligieron a D’Angelo Russell, un base con futuro de estrella. En el del curso anterior, un ala pívot con espíritu de depredador en la zona, Julius Randle. El jugador tuvo la mala suerte de lesionarse en el primer partido de la liga regular de la temporada, en su debut en partido oficial. Y ha aprovechado el tiempo que no ha podido jugar para, además de recuperarse, fortalecer su físico y pulir su juego. Ademas de los rookies, dos veteranos de garantias se han sumado también a la plantilla californiana.

Uno es el tirador Louis Williams, un cañonero que junto a Nick Young puede descargar a Kobe de responsabilidades en ataque. Y la otra es Roy Hibbert, la torre de 2,18 que tras un mal final de etapa en los Indiana Pacers busca relanzar su carrera. La franquicia ha incorporado a otro veterano, un jugador que ya pasó por los Lakers, pero en este caso aún no se sabe si es una buena o una mala noticia. Se trata del impredecible Metta World Peace, El Jugador De Baloncesto Antes Conocido Como Ron Artest. Si está centrado, será un peligro para los rivales. Si no lo está, lo será para los Lakers.

Nervios en Oklahoma

Los Thunder de Oklahoma City han ido construyendo una plantilla joven que debe dejar ya de considerarse con proyección para empezar a dar frutos. Kevin Durant y Rusell Westbrook son los líderes de uno de los equipos de la NBA que más pagará en salarios esta temporada, con Enes Kanter y Serge Ibaka devastando en la pintura mientras Steven Adams les relevará haciendo el trabajo sucio. Por fuera, DJ Augustine y Dion Waiters darán minutos de calidad mientras Durant y Westbrook descansen.

En Oklahoma empieza a haber urgencia de resultados. Desde el año 2008, que sus dos estrellas comparten vestuario, el equipo ha jugado una final de la NBA (2012, derrotados 4 a 1 por los Miami Heat de Lebron) y dos finales de la Conferencia Oeste (2011, 2014). Un buen balance para la mayoría de franquicias. Insuficiente para un Kevin Durant  al que a sus 27 años empieza a escocerle no tener aún su anillo. Un Durant que, como ya explicamos en un artículo anterior, trabajó duramente con un estadístico personal para mejorar su juego. El objetivo de esta mejora no era anotar más, sino convertirse en un jugador determinante para ganar títulos.

La franquicia no dispone de un gran mercado que complemente sus ingresos como los Lakers. Y para mantener algunas piezas debe renunciar a otras. La renovación de Ibaka les dejó sin margen para contentar a James Harden, al que traspasaron para poder obtener algo a cambio. La marcha de la barba más famosa de la liga dejó un hueco en la posición de escolta que aún no han conseguido llenar del todo. Con Reggie Jackson se volvió a repetir la historia. Sus pretensiones económicas amenazaban con lastrar las operaciones de las temporadas siguientes, y fue traspasado a cambio de Kanter. Al menos así reforzaban otro de sus puntos flacos, la posición de cinco.

Su problema es que el jugador que acaba contrato este año no es otro que Kevin Durant. A la estrella no le van a faltar ofertas, y todas por el máximo que permite el convenio. Más allá de que en Oklahoma superen al resto de franquicias en la puja, queda pendiente el tema deportivo. Durant renovará si está convencido que los Thunder pueden ser campeones de la NBA. Si no, se marchará. Y si el se va, Westbrook y Ibaka tendrán menos alicientes para renovar unos contratos que acaban el 30 de junio del 2017. Antes hemos citado el caso de los Spurs, que han mantenido a sus jugadores importantes aún sin ofrecerles el máximo y han atraído a agentes libres de peso. ¿Que diferencia hay entre ambos equipos? 5 campeonatos de la NBA.

Artículo publicado en http://www.encancha.com, octubre 2015

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La picaresca de los pasaportes “cotonou” en Europa

29 Sep

En este artículo me apartaré de mi negociado habitual, el baloncesto de los EUA, para tratar un tema candente: los pasaportes “cotonou”. No es una posibilidad nueva, pero las malas prácticas en su uso han puesto el punto de mira sobre ellos.

Se entiende por pasaporte “cotonou” aquel perteneciente a un país no comunitario pero que da derecho a su propietario a integrarse en el marco laboral de la Unión Europea bajo las mismas disposiciones legales que los naturales de este espacio geográfico. En el caso del baloncesto, su poseedor no es considerado extracomunitario. Esto abre la puerta trasera a que los equipos puedan fichar a más jugadores extranjeros “de facto” de los que la regulación permite.

En esta supercopa de la Liga Endesa hemos asistido a un baile de este tipo de pasaportes a cual más inverosímil. El récord lo tiene el Laboral Kutxa, con tres nuevas nacionalidades bastante discutibles a cargo de tres de sus fichajes para esta temporada que acaba de empezar.

Doron Perkins, un veterano del baloncesto europeo tras haber jugado en Alemania, Bèlgica, Israel, Italia, Ucrania, Grecia, Turquia y España (también ha pasado por Japón y China), es ahora ciudadano de Costa de Marfil. El base, de 31 años y nacido en Anchorage (Alaska, Estados Unidos de Amèrica), ya recibió una oferta de nacionalización para integrarse en la selección rusa en agosto del 2009 antes de fichar por el Maccabi de Tel Aviv. En aquella ocasión la rechazó.

Ryan Gomes, de 32 años y natural de Waterbury (Connecticut, EUA), llega a Vitoria después de 8 temporadas en la NBA (Celtics, Timberwolves, Clippers y Thunder) y otra en Alemania. Antes de aterrizar en España le ha dado tiempo de conseguir la nacionalidad de Cabo Verde por gentileza de unos bisabuelos originarios de aquel país.

El más joven de los tres es el pivot Colton Iverson, de 25 años y nacido en Yankton, Dakota del Sur (EUA). Con un aspecto de irlandés de pura cepa, y tras una temporada en el Besiktas turco, jugarà este año en la Liga Endesa sin ocupar plaza de extranjero gracias a su flamante pasaporte de Guinea-Bissau.

El equipo vasco no ha sido el único que ha buscado esta vía para incrementar el número de jugadores no europeos de su plantilla. En las filas del Real Madrid el alero K.C. Rivers, de 27 años y originario de Charlotte (North Carolina, EUA), es desde ya compatriota de Colton Iverson. Podían haber sido más, pero los trámites para conseguir renacionalizar a Gustavo Ayón y Facundo Campazzo no fructiticaron. Eso provocó el descarte de Marcus Slaughter para la competición.

Ante esta avalancha de nacionalizaciones, la ACB decidió ampliar el plazo de inscripción de jugadores. Hasta poco antes del inicio de las semifinales de la Supercopa no se supo que jugadores iban a ocupar las 2 plazas de extracomunitarios de cada uno de estos dos equipos. El organismo que rige el baloncesto profesional español se convirtió de esta manera en complice de la situación, perjudicando a los otros dos participantes en el primer torneo oficial de la temporada: Barcelona y Valencia.

Los intereses gubernamentales

Este tejemaneje no es nuevo. Lo que ha llamado la atención ha sido la acumulación de casos en este momento puntual. La nacionalización de Serge Ibaka el año 2011 como español provocó de rebote la concesión al entonces ala pívot del F.C. Barcelona C. J. Wallace del pasaporte congoleño, país de origen de Ibaka. Como en los casos hasta ahora citados, este documento permite a su poseedor disputar competiciones europeas sin ocupar plaza de extracomunitario.

Volviendo al caso de Ibaka, al pivot de los Oklahoma City Thunder se le concedió la nacionalidad española por carta de naturaleza que se otorga discrecionalmente por Real Decreto en base a circunstancias excepcionales y que da lugar a un expediente para cada caso en particular. La excepcionalidad del aún congoleño que llamó la atención del Gobierno español no era otra que su buen nivel deportivo, así sin más. Pero entonces nadie en España se escandalizó.

Episodios como el de Ibaka no son extraños en el mundo del deporte en general. Los políticos son especialistas en sacar el máximo rédito posible de los éxitos deportivos. En atletismo, por ejemplo es una práctica habitual de los gobiernos de Qatar i Bahrein. Volviendo al baloncesto, me viene a la cabeza la nacionalización exprés de J.R. Holden por parte de Vladimir Putin para liderar la selección rusa en el Eurobasket de España del 2007. En la final de este torneo Rusia derrotó a España y su última canasta fue obra del base ruso-americano (59-60).

En el baloncesto femenino tenemos un caso muy similar al de Holden: el de Becky Hammon, que está temporada se estrenará como asistente de Popovich en los San Antonio Spurs. Nacida en Dakota del Sur, consiguió la nacionalidad rusa en el 2008 para integrarse en dicha selección. El combinado español femenino también tiene su Ibaka: Sancho Lyttle.

El pasaporte, una mercancía más

Es un fenómeno antiguo y ampliamente documentado el de conceder la nacionalidad a deportistas de élite. Algunos luego han participado con su nueva bandera en competiciones internacionales. Así a bote pronto, y centrándonos de nuevo en el baloncesto español, me vienen a la cabeza Clifford Luyk, Wayne Brabender, Juan Domingo de la Cruz, Chicho Sibilio, Chechu Biriukov, Steve Trumbo, Mike Smith, Chuck Kornegay, Brad Oleson o Nicola Mirotic.

En la mayoría de estos casos la obtención de la nacionalidad española se produjo en base a dos supuestos: su arraigo en el país después de un determinado tiempo de residencia o sus lazos familiares, fruto de unos antepasados de origen español. Una vía al alcance de cualquier persona, deportista o no. Nada que decir en su contra. Otra posibilidad sería tener un conyuge español (así lo hizo Kornegay). Esta vía funcionó hasta que se hizo público algún caso flagrante de matrimonio de conveniencia  (el más sonado el de Rashard Griffith).

Lo más escandaloso de los casos que han confluído en esta Supercopa es que no parece existir ninguna base real para la concesión de estas nacionalidades. Ni el arraigo en un país que dudo que hayan visitado, ni la existencia de lazos familiares razonablemente próximos de raíces africanas, ni mucho menos el deseo de estos jugadores de integrarse en la selección de la bandera que abrazan.

El pasaporte es en estos casos un mero producto que se compra y se vende con el fin de obtener la ventaja, saltándose las disposiciones legales que afectan al común de las personas, de no ocupar unas plazas de extranjero limitadas en número por la reglamentación de la mayoría de competiciones de ámbito europeo.

¿Clubes o empresas?

El origen de este lío nace en la especial consideración que tiene el deporte a nivel profesional. Por una parte es una empresa y, como tal, debería poder integrarse en el marco de contratación laboral genérico del entorno en el que opera. Pero por otro lado un club deportivo tiene un componente simbólico muy fuerte. Es la expresión de la “tribu” formada por sus seguidores, y debe tener elementos de identificación fáciles de distinguir para sus aficionados.

La forma más evidente de conseguirlo es con la composición de la plantilla. Una buena presencia de “chicos de la casa que sienten los colores” permite a la parroquía local creer que existen unos valores compartidos entre todos ellos. Cuando esta sintonía se quiebra, aparecen las dos palabras malditas: “mercenarios” y “peseteros”. Como si un deportista profesional no pudiera ganarse la vida de la forma que más le convenga.

La Ley Bossman, que aplicaba la libre circulación de trabajadores en Europa al ámbito deportivo, fue el primer ataque a esta concepción simbólica de los equipos. Ya nadie se extraña por una alineación de un equipo de futbol con once extranjeros. En la ACB, tras unos pasos en esa dirección, se llegó a un equilibrio sustentado en el acuerdo de los cupos entre patronal y sindicato de jugadores. Un acuerdo que puede tener los días contados tras la reclamación que hizo la Unión Europea, que lo considera ilegal, el pasado mes de abril.

La segunda via de ataque ha sido la de los pasaportes “cotonous”. La hipocresía mantenida a todos los niveles hasta ahora ha permitido llegar al abuso descarado de este mercado de compra y venta de nacionalidades, que por cierto no es estático. El centro de la trama se ha movido  desde los paises del este de Europa y los surgidos de la desintegración de Yugoslavia hasta el continente africano. Supongo que allí los trámites deben ser más ágiles, menos exigentes las contrapartidas y, sobre todo, más baratos.

El falso espejo de la NBA

¿Qué salida tiene la situación? Podríamos reflejarnos en el modelo de la NBA, la liga profesional de baloncesto más importante del mundo. Los equipos pueden fichar a quien quieran sin mirar su pasaporte. Y sin embargo, la cosa tiene su trampa. Porque en un deporte cada vez más físico los deportistas afroamericanos tienen una ventaja considerable por sus condiciones atléticas innatas. Así que lo más normal es que copen la mayoría de los puestos de trabajo disponibles.

La NBA ha pasado de ser una liga para blancos (siguiendo la política de segregación racial vigente en los Estados Unidos hasta los años 60 del pasado siglo) a una competición con mayoría de jugadores de color. Hasta los años 80 se aplicó una directiva no escrita en ningún documento (haberla plasmado negro sobre blanco hubiera supuesto una condena por discriminación racial) según la cual cada franquicia debía tener al menos un jugador blanco, aunque no jugase ni un minuto.

La no existencia de cupos raciales en la liga norteamericana ha provocado que la competición coloque a cada uno en su lugar, en función de su calidad y condiciones. En una aplicación de la famosa selección de las especies, los jugadores de raza blanca que se han merecido un contrato en la NBA lo han conseguido, y los que no han dejado su lugar a otro más capacitado, sea de la raza que sea. Pero la mayoria siguen siendo norteamericanos.

La abolición de los cupos en la ACB podría provocar una criba entre los jugadores españoles. Los mejor dotados obtendrían su contrato, y serían pagados conforme a su calidad. Otros muchos, desgraciadamente, quedarían fuera. Claro que puestos a acabar con limitaciones, también se podría abrir del todo el marco de contratación y eliminar la protección que existe en Europa para los jugadores comunitarios.

Como aspecto positivo colateral, acabaríamos con otra práctica igual de vergonzante: fichar a un jugador sabiendo que no va a saltar a la pista ni un minuto, sólo para llegar al número mínimo de pasaportes españoles exigidos (como el caso de Unai Calbarro en Baskonia). De todas maneras, aunque la eliminación de cupos parezca la solución más lógica (y fácil de aplicar), no creo que sea la más acertada.

Recuerdo que la aplicación a rajatabla de la doctrina Bossman por parte de la patronal baloncestística no pretendía una mejora cualitativa de la competición, sino un abaratamiento generalizado de los sueldos de los jugadores. Y provocó el desconcierto de muchos aficionados ante unas plantillas que pasaron a serles emocionalmente ajenas. Pienso que repetir el experimento provocaría los mismos resultados. Sería lo mismo que matar moscas a cañonazos.

Sinceramente, no se me ocurre otra solución que exigir un mayor compromiso a cambio de los pasaportes. Como la obligación de residir en el nuevo país un mínimo de días al año. O la de participar de forma ineludible en los compromisos internacionales de tu nueva selección. Pero me temo que las mafias que se lucran con este negocio, y los agentes, clubes y jugadores que se benefician no están por la labor. Así que queda aparcada. Sigamos con la hipocresia y disfrutemos del espectáculo, ya que no podemos hacer nada para cambiar la situación. ¿O tal vez si? Se aceptan sugerencias.

Publicado en http://www.encancha.com, septiembre del 2014

NBA: El dinero no compra anillos de campeón

19 May

En un marco tan competitivo como el del deporte, el dinero puede ser una buena herramienta que ayude en el camino hacia el éxito. Sin embargo, por si mismo no garantiza el triunfo. En este artículo repasamos la relación  entre los últimos campeones de la NBA y sus presupuestos. Porque el dinero tal vez compre la felicidad, pero no los títulos.

Ya tenemos a los cuatro semifinalistas de la NBA. En el Oeste, San Antonio Spurs y Oklahoma City Thunder luchan por ser campeones del Oeste. En el otro lado del cuadro, Indiana Pacers y Miami Heat compiten por el título del Este. Los ganadores optarán al premio gordo, los anillos de campeones de la NBA.

Ninguno de estos cuatro equipos es el que tiene la plantilla más cara (en cuestión de salarios) de la liga norteamericana. Este honor le corresponde a los Brooklyn Nets (102,5 millones de dólares), que han sido eliminados en segunda ronda por los Heat. El segundo equipo que más ha gastado en jugadores esta temporada son los Knicks de Nueva York (88,2 millones), y ni siquiera se han clasificado para los playoffs. Cierran el podio de los “espléndidos” los vigentes campeones, Lebron James y amigos (80,7).

Respecto al resto de semifinalistas de la presente campaña, Oklahoma es el doceavo de la lista con un gasto en nóminas de jugadores de poco más de 70 millones, los Pacers de Indiana ocupan el puesto 16 con 67,2 millones y, como ya dijimos en el artículo anterior, los Spurs de San Antonio ocupan el veinteavo lugar en gasto con 63,1 millones. El equipo que menos se gastará este año en recompensar el esfuerzo de sus obreros cualificados de pista son los Sixers de Filadelfia (no creo que este dato sea una sorpresa) con un presupuesto de 52,2 millones de dólares.

El dinero no siempre compra la felicidad, ni el éxito. Esta frase ha sido cierta en la NBA desde las finales del 2011. Los Dallas Mavericks, con el presupuesto en jugadores más alto de la temporada (91,5 millones), se impusieron 4 a 2 en la última y definitiva ronda de los playoffs a los Miami Heat, onceavos en gasto ( 68,8 millones para la plantilla en el primer año del Big Three: Lebron, Wade, Bosh). El incremento del coste del equipo de Florida desde entonces hasta ahora responde básicamente a la subida de sueldo progresiva de su trío de estrellas.

Una mejora merecida (aunque ya estaba firmada de antemano), porque los Heat fueron campeones las dos temporadas siguientes (2012 y 2013). Aún así, se mantuvieron como el tercer equipo en la lista de pagadores (con unos totales de 75,3 y 81,5 millones, respectivamente). Derrotaron en la primera final a uno de los presupuestos de la zona media-baja (Oklahoma City Thunder, 59,5 millones para sus jugadores) y en la segunda al noveno de la lista (San Antonio Spurs, 69,6 millones).

Previamente al triunfo de los Mavericks, los Lakers se habían proclamado campeones dos temporadas consecutivas. Sólo en la segunda de ellas partían como el equipo más caro de la competición. La temporada 2008-09 figuraban como los quintos de la lista, un puesto por detrás del ganador de la temporada anterior, los Celtics. Los de Boston tampoco fueron el equipo que mejor pagó a sus jugadores el año en que conquistaron su último anillo hasta la fecha. Eran los sextos, dos lugares por delante del otro finalista, los Lakers.

Los campeones del 2007, 2005 y 2003 fueron los Spurs de San Antonio, un equipo sin sobrecostes salariales en forma de impuesto de lujo porque es reacio a traspasar el tope salarial. Con esta política difícilmente llegarán al lugar de honor del ránking de pagadores. El año 2006 ganaron los Heat de Shaquille O’Neal y Dwayne Wade, con un montante en nóminas muy inferior al de su rival en la final, los Dallas Mavericks (60,7 contra 98,5 millones). Y el 2004 se proclamó campeón un equipo de gladiadores, los Pistons, con un presupuesto muy reducido (53,9 millones) y con uno de los mejores anotadores peor pagados de la Liga, Richard Hamilton (6,5 millones).

Los sueldos de las estrellas

Por lo que se refiere a salarios individuales y logros colectivos, el MVP de la liga regular 2014 ha sido Kevin Durant, 11 en la lista de los mejor pagados esta temporada (18,8 millones). Su principal rival por el galardón fue Lebron James (19 millones), que le precede en la lista empatado con el también jugador de los Heat Chris Bosh.

Dwayne Wade figura en la treceava posición del ránking individual con un sueldo de 18,5 millones, Russell Westbrook es el 24 con 14,7 millones y Roy Hibbert el 29 gracias a su nómina de 14,3 millones anuales. Son los únicos 6 jugadores, en los 4 conjuntos semifinalistas, que figuran entre los 30 que más cobran esta temporada. Nótese que no hay ninguno de los Spurs.

Kobe Bryant será el mejor pagado de esta temporada, con 30,5 millones, aunque las lesiones no le han permitido justificar su sueldo. Su ausencia ha sido clave para que Pau Gasol (19,3 millones) y los Lakers acabasen la liga regular como el sexto peor equipo de la NBA. Los Mavericks de Dirk Nowitzki (22,7 millones) plantaron cara a los Spurs en primera ronda. Los Knicks de Amar’e Stoudamire (21,7) y Carmelo Anthony (21,5) no han entrado en playoffs. Los Nets de Joe Johnson (21,5) cayeron en segunda ronda ante los Heat y los Rockets de Dwight Howard (20,5) en primera contra los Blazers.

Lebron James ha sido el MVP de las últimas dos finales disputadas, y que ganó su equipo. Tan sólo en la última figuraba en el TOP 10 (8, precedido por Chris Bosh y seguido por Dwayne Wade) de los mejor pagados. En el 2011 el mejor jugador de las finales fue Dirk Nowitzki, también fuera de las primeras posiciones de este ránking (le mejoraron el contrato la siguiente temporada).

Kobe Bryant fue el jugador más destacado en los dos últimos anillos de los Lakers (2009 y 2010). En el segundo de ellos era el jugador que más cobraba (23 millones) y en el primero el cuarto. En el campeonato ganado por los Celtics el MVP fue Paul Pierce, que no figuraba entre los 10 primeros de una lista liderada por su compañero Kevin Garnett (23,7 millones). En los años anteriores tampoco hubo coincidencia entre sueldo y rendimiento en el momento cumbre del año baloncestístico. Ni Tony Parker (Spurs, 2007), ni Dwayne Wade (Heat, 2006), ni Tim Duncan (Spurs, 2005 y 2003) ni Chauncey Billups (Pistons, 2004) figuraban en el TOP 10 de sueldos.

En el caso de los jugadores, esta anomalía tiene una explicación lógica, amparada en el convenio colectivo firmado entre la NBA y el sindicato de jugadores. Los elegidos en el draft tienen un salario de entrada determinado en función de la posición en que son escogidos, y con unos incrementos anuales máximos preestablecidos. Los que no entran en draft empiezan en niveles económicos mucho más bajos.

A medida que los afortunados jóvenes consiguen sobrevivir más años en la jungla de la Liga, y van mejorando su rendimiento, crecen sus posibilidades de firmar contratos más sustanciosos. En especial cuando pasan a ser agentes libres, con total control sobre su destino y libertad para firmar con el mejor postor. Este momento suele llegar poco antes de los 30 años, en plena madurez de juego. Mientras tanto, las franquicias han sacado todo el jugo que han podido, y a un coste por debajo del mercado, a las jóvenes estrellas.

Cuatro plantillas, cuatro situaciones diferentes

Y esto nos devuelve al punto de partida, los cuatro semifinalistas de esta temporada. Miami Heat es el que más se gasta en fichas porque su trío básico ha alcanzado este punto de su carrera. Lebron James, Bosh y Wade consumen 56,7 de los 80,7 millones que el equipo de Florida gasta en sueldos. Si el trío lo desea, se puede marchar este verano o alargar sus contratos (hasta un máximo de 2 temporadas más). La decisión es de los jugadores, y no del equipo.

Los Thunder son un conjunto joven, pero sus jugadores claves se acercan al cénit de sus carreras, económicamente hablando. La franquicia ya ha cerrado las primeras renovaciones de contrato de sus piezas básicas. Durant tiene sueldo de estrella. Westbrook y Ibaka han extendido su vínculo con el equipo hace poco (en el verano del 2012) por unas buenas cantidades. Para no descompensar el presupuesto, en Oklahoma se vieron obligados a traspasar a James Harden.

Los Pacers se hallan inmersos en ese mismo proceso.  En el mismo verano de 2012 firmaron sus nuevos contratos Roy Hibbert y George Hill. El salario de Paul George subirá la próxima temporada hasta los 15,8 millones (y seguirá aumentando progresivamente) desde los 3,3 que está cobrando ahora. Lance Stephenson acaba contrato y su sueldo actual no llega al millón. Querrá mejorar, sin duda, y pretendientes no le van a faltar. El equipo de Indiana probablemente deberá elegir entre él y Evan Turner, sobre el que tiene una opción para el curso 2014-15 por 8,7 millones.

Los Spurs son una rareza. Porque sus estrellas aceptan cobrar menos para mantener el bloque. Tim Duncan renovó en el 2012 (vaya ajetreo de firmas la de aquel verano) por tres temporadas a cambio de 30 millones de dólares en total. Seguramente su edad (36 años) ayudó en la rebaja, pero aún así llama la atención la drástica reducción de su sueldo. Venía de cobrar unos 20 millones por temporada desde el curso 2007-08. Ginobili este último verano también se rebajó el sueldo a la mitad (de 14 millones por temporada a 14,5 por dos años). Estas rebajas permitieron renovar a Daniel Green, Boris Diaw y Tiago Splitter, y mantener el nivel del equipo.

En definitiva, y como bien sabemos todos los aficionados a las ligas de fantasía (en mi caso, el supermánager de la ACB), la plantilla más cara o los jugadores que más cobran no garantizan el éxito. Ejemplos recientes en la NBA, los actuales Nets o los Lakers de los Fantastic Four. La falta de presupuesto es un problema, pero lo mismo puede serlo su exceso. Porque al final, lo más importante no es la cantidad de dinero de que se dispone sino como se gestiona. Eso, y la capacidad con presupuestos reducidos para descubrir el talento que a otros se les pasa por alto. Es lo que se llama hacer de la necesidad virtud.

 

Publicado en http://www.encancha.com, mayo 2014

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