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La maldición de los Blazers

23 Jul

Víctor Claver ha jugado los últimos partidos de su primera temporada NBA en la liga de verano de Las Vegas. Su balance global del curso baloncestístico en los Portland Trail Blazers no puede calificarse de bueno, pero eso es algo común en muchos jugadores debutantes. La adaptación a un baloncesto mucho más físico, menos táctico y con más ritmo, con más partidos comprimidos en menos tiempo, no es fácil para todo el mundo.

El valenciano ha disputado 49 de los 82 partidos de la Liga Regular (el equipo de Portland no se clasificó para los playoffs). En 16 jugó de salida, no tanto por sus méritos sino para cubrir bajas de los habituales del cinco titular. Sus números han sido discretos: 3,8 puntos y 2,4 rebotes con 16,6 minutos de media por partido. Lo mismo que su relevancia en el juego del equipo: sacrificio atrás y poco protagonismo en ataque.

Claver no sólo ha debutado en la NBA. También lo ha hecho en la Liga de Desarrollo, la competición “menor”. Los Blazers, tras un inicio de temporada en que el rookie pasó una serie de partidos sin ni siquiera vestirse de corto por decisión técnica, lo enviaron durante una semana en diciembre a los Idaho Stampede. El valenciano jugó 4 partidos con el equipo filial en los que su estadística mejoró (9 puntos y 7 rebotes en 33,8 minutos de media por partido).

El primer español en debutar en la NBA lo hizo, precisamente, en el equipo de Portland. Fernando Martín aterrizó en el equipo de Oregon en el verano de 1986, abriendo un camino que luego han seguido otros. El pívot no tuvo demasiada suerte. Para Mike Schuler (elegido mejor entrenador de la liga justamente esa temporada) , Martín era poco más que una nota exótica, y no le dio demasiados minutos. Entre eso y las lesiones sólo jugó 146 minutos a lo largo de 24 partidos (unos 6 minutos de media). Y cuando acabó la temporada Fernando Martín regresó al Real Madrid.

Veinte años después Sergio Rodríguez cogía el relevo. El canario estuvo tres temporadas en la franquícia de Oregon. En la primera le costó entrar en la rotación, porque el entrenador Nate McMillan no estaba contento con sus capacidades defensivas. Tuvo sus noches brillantes, pero no demostró regularidad en su juego, desempeñando el papel de base suplente con unos números poco destacados. Tras una temporada a caballo entre los Sacramento Kings y los New York Knicks, volvía a la ACB española fichando por el Real Madrid.

La experiencia de Rudy Fernández

Rudy Fernández coincidió en los Blazers con Rodríguez durante la temporada 2008-09, la última del “Chacho” en Oregon. Parecía que el mallorquín iba a triunfar en el equipo. En su primera temporada batió el récord de triples en liga regular de un jugador debutante (159 anotados), y fue seleccionado para el partido de rookies contra sophomores del All Star. El fin de semana de las estrellas también participó en el concurso de mates (luciendo en su primera acción la camiseta de Fernando Martín en la NBA, un bonito gesto).

Sin embargo, en su segunda temporada una lesión de espalda le obligó a pasar por el quirófano. Su principal problema, sin embargo, no fue físico. Tras su acierto en el lanzamiento exterior del año anterior su entrenador, Nate McMillan, lo encasilló como un especialista en el triple. Rudy quedó confinado al territorio más allá de la linea de 3 puntos, limitándose a esperar que le llegase la pelota para armar el brazo y lanzar. Y eso mató su juego alegre y descarado.

Luego llegaron las declaraciones desafortunadas rebelándose contra su destino, sus agentes abriendo la boca más de la cuenta, las multas de la NBA, una tercera temporada que se le hizo muy larga, y el enturbiamiento de sus relaciones con la directiva del equipo que, a pesar de todo y para disgusto del escolta, ejecutó la opción de alargar un año más su relación contractual cuando el balear casi tenía las maletas a punto para volver a España.

A pesar de la renovación, Rudy no volvió a vestir la camiseta de los Blazers, ya que fue traspasado a los Mavericks antes del principio de la temporada. Los tejanos a su vez lo enviaron a los Denver Nuggets. Así que Fernández, desencantado de la mejor liga del mundo, cumplió el año de contrato que le quedaba como un profesional para volverse a la ACB como jugador del Real Madrid (en el que ya había jugado durante el cierre patronal de la NBA hasta diciembre de 2011, antes de viajar a Denver).

Otros rookies ACB en Oregon

Los Blazers también han acogido a novatos procecentes de la ACB, aunque no nacidos en España. El último caso lo tenemos en Joel Freeland, rookie junto con Claver. El pívot inglés aún ha tenido menos protagonismo que el valenciano, y también pasó por la liga de desarrollo (2 partidos). Al exjugador de Gran Canaria y Unicaja le quedan dos temporadas de contrato garantizado para intentar impresionar a su entrenador.

Freeland es una anomalia en los casos de jugadores ACB no españoles que han debutado en la NBA en los Blazers. Y no solamente porque no ha llegado al status de gran estrella del baloncesto en Europa. Es también el único de los tres que no procedía del Real Madrid.

Drazen Petrovic debutó en la NBA el año 1989, tras una temporada en el conjunto merengue (la famosa liga de Petrovic que acabó ganando el Barça). El yugoslavo, una de las grandes estrellas del momento del baloncesto FIBA junto a Arvydas Sabonis, tuvo un durísimo aterrizaje en la liga norteamericana. El entrenador Rick Adelman apenas lo utilizó. Mediada su segunda temporada, fue traspasado a los Nets, aún en New Jersey.

Chuck Daily si supo aprovechar su potencial. Petrovic volvió a promediar 20 puntos por partido. Y Adelman aprendió de la experiencia. A partir de entonces no volvió a infravalorar a los jugadores europeos. Elevó el juego de los Sacramento Kings a un nivel de espectacularidad y magia increíbles con Vlade Divac y Pedja Stojakovic en el cinco titular.

Arvydas Sabonis también acabó jugando en Portland. Como Petrovic, había vestido de blanco la temporada anterior a su debut en la NBA. El mejor pívot europeo de la historia hasta ahora (aqui os acabo de colar una opinión personal) llegó a la franquicia la campaña 1995-96, con 31 años y muy mermado de movilidad por la lesiones.

Pero seguía siendo un excelente jugador de baloncesto, medía 2,21 y la NBA ya estaba preparada para acoger jugadores europeos. Así que jugó 7 temporadas en la franquicia dando muestras de su gran clase, y dejando la incógnita de cual hubiera sido su rendimiento de haber llegado en plenitud de condiciones físicas. Hasta ahora, ha sido el único debutante ACB sin experiencia previa en la NBA que ha triunfado en los Blazers.

¿Claver en Madrid?

Aunque los precedentes de jugadores nacidos en España en los Blazers no apunten nada bueno para Claver, el alero intentará hacerse un hueco en la NBA. Fernando Martín llegó en mal momento, cuando los europeos en la liga eran una rareza. Y Rudy tuvo la mala suerte de que lo encasillaran. Tal vez el caso del valenciano tenga más similitudes con el de Sergio Rodríguez.

Ambos llegaron a los Estados Unidos siendo jugadores irregulares en la ACB, sin ser dominantes en la Liga. Hasta esta última temporada, bajo las órdenes de Pablo Laso, el base canario no ha conseguido desarrollar con regularidad su excelencia, después de haber sembrado muchas dudas sobre si su etapa en la NBA le había ayudado a crecer como jugador o por el contrario, había acabado con sus cualidades originales.

Tras años de transitar por las canchas españolas como una eterna promesa que nunca ha acabado de consolidarse, como un jugador de grandes cualidades pero sin solución de continuidad en su juego, ¿será capaz Claver de explotar finalmente en la NBA? Una cosa sí parece clara, de acuerdo con los precedentes. De seguir el camino de otros españoles que han pasado por los Blazers, cuando vuelva a Europa fichará por el Real Madrid. O al menos eso marca la estadística.

 

publicado en www.encancha.com, julio 2013

La magia de los All Star

14 Feb

Este fin de semana la NBA celebra el Fin de Semana de las Estrellas, una brillante idea promocional típica de las ligas profesionales estadounidenses. Los mejores jugadores de la competición enfrentándose en un partido. Un programa que se completa con otras actividades para promocionar estrellas emergentes. El márketing al servicio del baloncesto.

El partido de las Estrellas es una tradición que nace casi con la misma NBA. Haskell Cohen, director de Relaciones Públicas de la liga, tuvo la idea de trasladar un formato que funcionaba en la MLB (Major League de Beisbol) a la incipiente competición de baloncesto (su primera temporada oficial fue la 1949-50). Maurice Podoloff, presidente de la Liga, apoyó la propuesta y el presidente de los Boston Celtics, Walter Brown, cedió el Boston Garden para su plasmación. Y así, el 2 de marzo de 1951 se jugó el primer partido de las estrellas de la NBA.

En 1976, en el All Star de Denver de la rival de la NBA, la ABA, se celebró el primer concurso de mates de la historia. Julius Erving asombró saltando desde la línea de tiros libres. Poco después esta liga desaparecía, y Doctor J se convirtió en la estrella de los 76ers. Cuando en 1984 la NBA organizó su partido de las estrellas en Denver, decidió revivir aquel momento mágico, aunque no todo salió igual. Erving, ya veterano, quedó segundo, por detrás de un pletórico Larry Nance y su mate con dos pelotas (de baloncesto). No obstante, el concurso gustó tanto que se decidió incluirlo cada año en el programa de actos. Había nacido el All Star Week End, o Fin de Semana de las Estrellas.

Dos años más tarde, en 1986, se incorporó un nuevo concurso para deleite de los aficionados: la competición de triples. Aquella primera cita del All Star de Dallas nos ha dejado una de las imágenes legendarias de la historia de estos fines de semana. Larry Bird, en la final, lanza su último balón desde el carrito de la esquina. Con la pelota aún en el aire, levanta el dedo índice de su mano derecha, en señal de victoria. Él sabe que la pelota va a entrar. Y que aquel lanzamiento le da el triunfo. Por cierto, el balón tricolor que cierra cada uno de los cinco carritos del concurso es otro guiño hacia la ABA, pues así era el balón oficial de la competición. La NBA no adoptó la línea de 3 puntos hasta la desaparición de su competidora.

No todos los añadidos al partido de las Estrellas han funcionado. En 1984 también se introdujo el Legends Classic, un partido que sacaba de su retiro a viejas glorias de la Liga para hacerles reverdecer laureles y recibir el homenaje de los aficionados por un día. El año 1994 fue sustituido por el desafío de los Rookies, que en su formato inicial enfrentaba un equipo de debutantes contra otro de sophomores (jugadores de segundo año).

 La fórmula ha sido retocada, y ahora juegan mezclados los de primer y segundo año, en dos equipos dirigidos este año por dos viejas glorias, Shaquille O’Neal y Charles Barkley. Las viejas leyendas, por su parte, han encontrado su lugar en el Celebrity Game o Partido de los famosos, que reúne a exjugadores de la NBA y jugadoras de la WNBA con personajes de la farándula tales como actores, cantantes, presentadores de televisión, e incluso deportistas de otras especialidades, como es el caso este año del velocista Usain Bolt. Viejas glorias y jugadoras de la WNBA también están presentes en el concurso de tiro por equipos, en el que compiten junto a jugadores de la NBA en activo (4 equipos compuestos por un NBA, un exNBA y una WNBA).

Y finalmente nos queda el concurso de habilidades, una competición que permite a los bases demostrar su técnica individual y su rapidez al superar una serie de obstáculos y pruebas dentro de la pista de baloncesto bajo el escrutinio objetivo del cronómetro.

El All Star nos ha dejado momentos míticos de la historia de la NBA. En función de la edad, cada uno de nosotros tendrá sus preferidos. Yo tengo dos. Ambos tienen el componente triste de un adiós. Y ambos incorporan el último rugido de una fiera que quiere salir de la arena por la puerta grande.

Magic Johnson, base de los Lakers, anunció al mundo que era seropositivo en noviembre del 1991. Como esto sucedió con la liga ya empezada, su nombre figuraba en las papeletas en que los aficionados escogían a los titulares del All Star (entonces aún no funcionaba internet como ahora). Y lo eligieron. Sin haber disputado ningún partido de liga regular, jugó el All Star de 1992. Anotó 25 puntos y repartió 13 asistencias. Fue el MVP. Su equipo, el Oeste, ganó por 153 a 113. Y tras su último triple, a 14 segundos del final, el resto de jugadores se fundieron con él en un abrazo.

En el año 2003, Michael Jordan jugó su último all star con 40 años. Su discurso de despedida pasando el legado a las jóvenes estrellas, con los ojos brillantes por la emoción ( tambien había alguna  que otra lágrima), fue un momento memorable. En el partido, que se resolvió en la segunda prórroga, Jordan no estuvo fino. Anotó 9 de 27 en tiros de campo, recibió 4 tapones, incluso falló un mate. Y aún así, tuvo su momento, uno de sus tiros mágicos que podría haber dado la victoria al Este al final de la primera prórroga…si Jermaine O’Neal no hubiera cometido una innecesaria falta sobre Kobe Bryant.

Como ya dije antes, ha habido otros momentos irrepetibles a lo largo de la historia de los All Star. El baile que se marcó Shaquille O’Neal y Rudy Fernández destacando como matador en el 2009, el concurso de mates de Vince Carter del 2000 que dio nueva vida a una modalidad tocada de muerte o los duelos en esta modalidad entre Michael Jordan y Dominique Wilkins a finales de los 80, el lituano Rimas Kurtinaitis participando en el concurso de triples del 1989, los 19 triples consecutivos que anotó Craig Hodges en este misma competición en 1991…Esperemos que el futuro nos siga deparando muchos más

Postdata: Y volviendo a Michael Jordan, este domingo, coincidiendo con el Partido de las Estrellas, cumple 50 años. Circula el rumor, que desde la NBA no han desmentido, que Air podría disputar algunos minutos en el encuentro para celebrarlo. ¿Hay algo de cierto en el rumor o es otra operación de márketing de la Liga? El domingo lo sabremos.

 

Publicado en http://www.encancha.com, febrero 2013

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