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Ricky Rubio quiere un contrato de estrella en la NBA

6 Oct

Ricky Rubio jugará su cuarta temporada en los Timberwolves de Minnesota, la última del contrato que firmó en su desembarco en la NBA. Las negociaciones para ampliarlo se hallan en punto muerto por la distancia que separa al jugador, que quiere un contrato que le reconozca un estatus de estrella, y a su equipo, que no tiene tan claro que Rubio lo valga.

El anterior director deportivo, David Kahn, tenía preparada para Rubio una renovación por el máximo que el convenio colectivo de la liga permite. Y eso es lo que solicitó para su representado el agente de Rubio, Dan Fegan: un contrato de 5 temporadas y por un montante superior a los 80 millones de dólares. Pero la nueva gerencia de los Wolves no comparte las ideas de Kahn.

Flip Saunders, accionista, director deportivo y entrenador del equipo, y el mánager general Milt Newton son partidarios de ofrecer al base del Masnou una renovación por 4 temporadas por una cantidad que superaría los 40 millones de dólares (pero no demasiado).  Ambos directivos mantienen reuniones periódicas con Fegan, pero las posturas de ambas partes siguen alejadas.

La primera fecha límite es el 31 de octubre. Si para ese día no hay acuerdo, los Timberwolves perderían sus opciones de renovar el contrato de Ricky Rubio. En ese panorama, se plantea el escenario de la “qualifying offer”, la oferta que el equipo de Minnesota podría realizar a su base para que permaneciese en la franquicia una temporada más (y sólo una).

Si el jugador coge los 6.723.724 dólares que le pondrán sobre la mesa se convertirá en agente libre el verano del 2016, pudiendo aceptar directamente a partir de ese momento cualquier propuesta que le llegue. Si rechaza el dinero de su actual equipo será agente libre restringido este próximo verano. En este segundo caso, en Minnesota  tendrían el derecho de igualar cualquier oferta de otras franquicias que aceptase Rubio para mantener al jugador en su plantilla (un equivalente del derecho de tanteo).

La franquicia desearía no llegar a este punto, sabedora que es más provechoso para ella un acuerdo en lugar de dejar su destino en manos de otros. Es lo que les ha pasado a los Houston Rockets con Chandler Parsons, al que han perdido cuando los Dallas Mavericks le han hecho una oferta fuera de las previsiones económicas de la franquicia de Houston. Los Timberwolves confían en llegar a un acuerdo con el base, aunque no tienen prisa en hacerlo.

Milt Newton, el mánager general, dijo que  “vamos a enfocar la situación de la misma manera que lo hicimos con Kevin Love (quien por cierto ha acabado marchándose ). Haremos lo mejor para el equipo, y si llegamos a un acuerdo pronto, mejor. Y si no, no hay necesidad de apresurarse”. La razón de esta calma era la existencia de un plan B. Los Timberwolves estaban interesados en sumar a su plantilla a Eric Bledsoe, a quien sí le ofrecieron el máximo que el actual convenio colectivo en vigor les permite.

Bledsoe, alternativa fallida

Los Wolves habrían puesto sobre la mesa una propuesta de 63 millones de dólares por cuatro años de servicios a Bledsoe. Sin embargo, no podían hacerlo de forma directa y necesitaban la colaboración del actual equipo del agente libre restringido, los Phoenix Suns. La plantilla de Minnesota sobrepasa en 6 millones de dólares el límite salarial. La franquicia debería traspasar jugadores hasta conseguir estar 14,7 millones (lo que cobraría Bledsoe en su primer año de contrato) por debajo de dicho límite.

Para cerrar la operación, debería haber sido el equipo de Arizona el que le firmase el nuevo contrato a Bledsoe y luego enviarlo a Minnesota a cambio de los jugadores que le cederían los Wolves (lo que se llama un “sign-and-trade”). Los Suns se hallaban 15 millones por debajo del límite salarial, así que económicamente estaban en condiciones de aceptar el trato. Pero no estaban de acuerdo.

Los promedios de Bledsoe del pasado ejercicio, tras llegar traspasado desde Los Angeles Clippers, fueron de 17,5 puntos,  5,5 asistencias, 4,7 rebotes y 1,6 recuperaciones en 43 partidos. A media liga regular sufrió una lesión de menisco en su rodilla derecha que le hizo pasar por el quirófano, pero volvió antes del final de la misma. El 9 de diciembre cumplirá 25 años, así que es un jugador joven con muchas temporadas por delante de previsible buen rendimiento.

En su franquicia creen que tiene potencial de All-Star y por tanto esperaban recibir a cambio de él o un jugador que ya lo haya sido o al que como mínimo se le vean muchas posibilidades de serlo.  Kevin Love encajaba en ese perfil, pero ahora está en los Cavaliers. Andrew Wiggins también daría la talla, pero ha sido la moneda de cambio por Love. Es el futuro de los Wolves y por eso es intocable. La opción de utilizar rondas de draft para redondear el trato tampoco valía: los Suns van bien servidos.

Bledsoe, como Ricky, empezaba su último año de contrato. Las negociaciones con los Suns para renovarlo estaban encalladas después que los Phoenix Suns le ofrecieran al base 48 millones por 4 temporadas, lo mismo que ha recibido Kyle Lowry por renovar con los Toronto Raptors y lejos de los 90 millones por 5 temporadas de Kyrie Irving en los Cavaliers. La proposición no hizo feliz al base, quien aspiraba a un contrato máximo.

El movimiento de los Timberwolves ha llevado a los Suns a variar su posición. Con la certeza que el jugador firmaría a finales de septiembre la qualifying offer de su franquicia (3,7 millones por una temporada) para convertirse en agente libre sin restricciones a la conclusión de esta temporada que empezará en breve, el equipo de Arizona subió su apuesta. No llegó hasta el máximo, pero si a una cantidad que Bledsoe ha aceptado (70 millones de dólares por 5 temporadas) obligando de rebote a un replanteamiento de la situación en Minnesota.

Los Timberwolves dudan de Ricky

La oferta por Bledsoe, y su cuantía, reflejan la línea de pensamiento de los Wolves. Ricky es un buen jugador, pero no es un base élite aún. El intento de fichar al jugador de los Suns revela la amenaza que pesa sobre Rubio: acabar convirtiéndose en el segundo base del equipo como primer escenario, e incluso ser incluido en un posible traspaso para hacerse con otro primer base que tendría las espaldas bien cubiertas por Maurice Williams y la posibilidad de que el rookie Zach Lavine diera el salto a esta posición

Flip Saunders verbalizó estas dudas públicamente en una entrevista al Star Tribune de Minnesota.  Para empezar, le quitó galones al director de juego catalán: “¿El equipo de Ricky? Este es el equipo de todos.”  Siguió sembrando la incertidumbre sobre la titularidad del jugador: “No tengo ni idea de quien será titular en los Wolves y seguramente no la tenga hasta una o dos semanas después de comenzar la pretemporada”. Saunders también abrió una puerta a la continuidad del base J.J. Barea, que parecía que iba a ser cortado en breve. Tal vez como precaución a la espera de ver como evolucionan las conversaciones con Rubio

Rubio se ha revelado como un excelente pasador a lo largo de sus tres temporadas en la NBA, con un promedio de 8.1 asistencias por partido (8,6 asistencias en su último año). A pesar de perder bastantes balones, su alto número de pases de canasta lo compensa, dejando su ratio de asistencias por cada pérdida de pelota en 2,79. También ha destacado como defensor, aportando 2,3 recuperaciones de pelota por encuentro.

Pero el ex del Joventut de Badalona y del F.C. Barcelona sigue sin mejorar en su punto débil, la anotación. Tras promediar 10,6 y 10,7 puntos en sus dos primeras temporadas, en esta última su aportación ha bajado hasta los 9,5 puntos. A pesar de que este año ha mejorado sus porcentajes de lanzamientos de campo en general (38’1%) y ha recuperado el de triples respecto la temporada anterior (33,1%), sigue demasiado alejado del mínimo que en la NBA se espera de un base (Bledsoe, por ejemplo, estuvo en el 47,7% en lanzamientos de campo).

Esta es una flaqueza demasiado importante para acceder a la élite de los bases NBA. Ricky Rubio ya recibió críticas de la prensa local a principios del 2014 por esta debilidad. A pesar de haber trabajado en ello durante los dos últimos veranos, no se le ha visto una mejora significativa más allá de un lanzamiento de media distancia tras bote que debería prodigar más.

Durante la preparación de la selección española para el pasado Mundial, tuve la ocasión de preguntarle a Ricky por su tiro, y por si el entrenamiento específico iba a dar resultados durante dicha competición. La respuesta del base fue reveladora: el equipo no necesitaba un base que anotase sino uno que distribuyese el juego. Y a eso se dedicó durante la competición que organizó la Federación Española de Baloncesto.

Una respuesta, por otra parte, en consonancia con la progresión de sus estadísticas en la NBA. En la temporada 2013-14 se ha registrado un descenso en su número de lanzamientos a canasta por partido. Me temo que Rubio ha perdido la confianza en su tiro, y sólo mira a canasta cuando lo ve totalmente claro o no tiene más remedio. Está empezando a renunciar a intentar aquello en lo que no destaca tal vez porque duda de una progresión positiva.

Ante su fracaso en conseguir fichar a Bledsoe, en Minnesota han decidido darle una nueva oportunidad a Rubio. Y para ayudarle a mejorar han fichado al exjugador Mike Penberthy (un año en los Lakers y experiencia como profesional en Alemania, Venezuela y Italia) como entrenador de tiro. Ricky ya trabajó este verano una semana en California junto con el nuevo miembro del cuerpo técnico de los Wolves.

El base se enfrenta esta temporada a un momento crucial de su carrera: negociar un segundo contrato que establezca su estatus en la liga. Ya ha dejado claro que tiene un hueco en la NBA, y que puede jugar minutos de calidad dirigiendo un equipo. Lo que debe demostrar es si puede ser el timonel titular de un equipo con aspiraciones. Toda la NBA, y no solo Minnesota, le estará mirando ya que si no prolonga su actual contrato puede salir al mercado el próximo verano. Exhibir una buena capacidad anotadora con unos porcentajes aceptables le situaría en mejor posición para obtener el sueldo y el reconocimiento que ahora se le niega.

Will Miller, sin problemas en el tiro

Si Rubio tiene problemas cuando mira a canasta, el sophomore de la Universidad de Mount Saint Mary’s Will Miller no los comparte. El alero ya dejó muestras de su clase en el partido de los “First Four” de la Locura de Marzo, en que anotó siete triples para Mount Saint Mary’s ante Albany. Ahora, preparando la temporada que empieza en poco más de un mes, ha anotado 100 tiros de 3 puntos en 5 minutos en una serie de tiro brutal: sólo ha fallado 14 (si, he sido tan “freaky” como para contarlos) . Su porcentaje de acierto ha sido del 87,7%. A la espera de que en breve comiencen los partidos del baloncesto universitario (ya haré la previa, pero os anticipo que nos espera una temporada magnífica), aquí os dejo el vídeo de la demostración de Miller.

artículo publicado en http://www.encancha.com, octubre 2014

NBA: Redención en Miami

21 Oct

No son Sonny Crockett y Ricardo Tubbs, los dos protagonistas de la serie de los 80 “Corrupción en Miami”. Pero algo tienen en común. Si los dos policías crearon tendencia en la moda, estos dos jugadores estaban llamados a hacerlo en la NBA. Por diversos motivos no lo consiguieron. Ahora, tienen su última oportunidad para conseguirlo.

Los Miami Heat han hecho este verano dos apuestas en las que se juegan poco y pueden ganar mucho. El hecho de que los vigentes campeones tengan un bloque bien consolidado, y con Dwayne Wade en perfecto estado de salud, elimina sus posibles urgencias a la hora de incorporar jugadores a su plantilla.

Los de Rick Spoelstra han fichado al pivot Greg Oden y al alero Michael Beasley. Para ambos jugadores puede ser su última oportunidad de hacerse un hueco en la NBA. Mientras Oden tiene contrato garantizado (por el mínimo, poco más de 1 millón de dólares),  Beasley deberá ganarse un hueco en la liga durante la pretemporada con un contrato por una temporada sin garantizar. Y es que para cada uno de ellos, el punto de partida es diferente.

Unas rodillas demasiado frágiles

Greg Oden fue el número 1 del draft del 2007, por delante de Kevin Durant. Pero una vez más el gafe de los Portland Trail Blazers, el equipo que le eligió, hizo de las suyas. El equipo de Oregon había elegido en el número 2 del draft de 1984 a Sam Bowie, por delante de un tal Michael Jordan. El pívot era un buen jugador, pero sus continuas lesiones le impidieron rendir al  nivel esperado. Mientras, MJ ganó 6 anillos de campeón. Con Oden se repitió la historia.

Las lesiones empezaron incluso antes de debutar como profesional. En el verano posterior al draft sufrió una microfractura en su rodilla derecha. Su paso por el quirófano le impidió jugar durante su primera temporada. En la segunda, jugó 61 partidos hasta que en febrero de 2009 se le salió la rótula de su rodilla izquierda.  De la tercera temporada sólo llego a disputar 21 partidos, hasta que a principios de diciembre del 2009 la rótula de su rodilla izquierda volvió a romperse.

Sus rodillas de cristal le han impedido volver a jugar un partido oficial desde entonces. En noviembre del 2010 sufrió una recaída en su rodilla izquierda. Una resonancia magnética reveló una lesión en el cartílago de la maltrecha rodilla. Tras una nueva operación se perdió toda la temporada 2010-11. En el año 2011 la rodilla que le dio problemas no fue la izquierda, sino la otra. Finalmente, en febrero del 2012 se sometió a un artroscopia en su rodilla derecha para limpiar restos óseos.

A pesar de todo este historial de lesiones, los Blazers no se rindieron fácilmente. Por no admitir que habían tropezado de nuevo en la misma piedra, una vez expiró su primer contrato con el equipo al acabar la temporada 2010-11 le ofrecieron renovar por una temporada más. Aunque su sueldo quedó considerablemente reducido (“sólo” cobró 1,5 millones de dólares). Finalmente, el  15 de marzo de 2012 el equipo de Portland le despidió.

El pívot anunció que no jugaría la temporada 2012-13 para recuperarse totalmente de sus problemas físicos. Y para apartarse de los focos mediáticos, que se fijaban tanto en sus altibajos anímicos, fruto de un carácter perfeccionista, como en su flirteo con el alcohol como escapatoria de sus problemas. Y este verano, tras recibir el alta médica y despertar el interés de Dallas Mavericks, New Orleans Pelicans,  Atlanta Hawks y Sacramento Kings, Oden se incorporaba a las huestes del rey Lebron.

En la década que hace que veo partidos NCAA de forma regular, no recuerdo a ningún pívot tan dominante en defensa como el recién llegado a los Heat. Un hombre con una ética de trabajo ejemplar. Como ejemplo, su única temporada en Ohio State (2006-07). La empezó tarde, convaleciente de una lesión en su muñeca  derecha. Lanzaba los tiros libres con su mano mala, la izquierda. Y aún así su acierto estaba por encima del 50%. Si finalmente consigue volver, aunque sea a la mitad de su potencial, Miami habrá acertado. Y sólo tiene 25 años.

Cabeza Loca

Michael Beasley cumplirá 25 años en enero. Los Miami Heat eligieron en el número 2 del draft del 2008 a este alero de 2,08 con perfil de superestrella. Durante su temporada NCAA en Kansas State, el también conocido como “B-Easy” había dejado muestras de su gran clase, acreditando unos números de 26,2 puntos y 12,4 rebotes por partido.

Este jugador a medio camino entre la posición de alero y la de alapívot consiguió 866 puntos y 408 rebotes, la tercera y segunda mejor marca conseguida por un novato universitario. Con 28, batió también el récord para un freshman en dobles-dobles que hasta entonces poseía Carmelo Anthony.  Los números de sus dos primeras temporadas en los Heat no fueron malos (13,9 puntos y 5,4 rebotes la 2008-09, 14,8 y 6,4 la siguiente), pero si su actitud.

Recibió numerosas multas junto con su compañero de correrías, el base Mario Chalmers. Ya durante la reunión para rookies de la NBA de pretemporada, ambos habían sido cazados en una habitación en compañía femenina y un fuerte olor a marihuana en el ambiente.  A lo largo de su primera etapa en Miami fue sancionado dos veces por infringir la normativa antidroga de la NBA. Llegó a ingresar en un centro de desintoxicación durante el verano del 2009.

Hartos de sus problemas e indisciplina, la franquicia de Miami lo traspasó a los Timberwolves a cambio de dos segundas rondas de draft. Beasley cumplió en la pista durante su primera temporada en Minnesota (subió su anotación hasta los 19 puntos por partido), pero en la segunda, la del último cierre patronal, sus números bajaron de forma alarmante. Una caída que ha seguido esta última temporada, tras firmar como agente libre para los Phoenix Suns.

A pesar de que aún le quedaban dos temporadas más de contrato, la franquicia de Arizona le despidió en septiembre, tanto por motivos deportivos como personales. Ni su rendimiento ni su actitud en el vestuario eran las esperadas. Y poco antes de su despido había sido detenido por posesión de marihuana (estando en Minnesota ya le había pasado lo mismo, en junio del 2011), cuando en su presentación con los Suns había asegurado que su afición a esta sustancia era cosa del pasado.

Miami vio una ocasión, y le ha dado una nueva oportunidad. Confían en que su gran amigo Mario Chalmers, ahora un jugador ya aposentado, ejerza una influencia positiva en él. Aunque la ansiedad le sigue corroyendo por dentro. En un partido de pretemporada, tras cometer unos pasos se golpeó la cabeza con el puño, necesitando atención médica para su ceja hinchada. Esta vez, por lo menos, no lo pagó con un espectador como hizo durante un partido callejero en agosto del 2011, ante la atónita mirada de Kevin Durant.

Publicado en www.encancha.com, octubre 2013

El Principio KISS

14 Nov

ImagenEl principio KISS (del inglés Keep It Short and Simple[]: «Manténgalo breve y simple») es un acrónimo que recomienda el uso de instrucciones sencillas y comprensibles, rechazando lo enrevesado e innecesario. Este término, idéntico a la palabra en inglés para beso, también se conoce por Keep It Simple, Stupid, «Mantenlo simple, estúpido». Y por él parece que apuestan en los Lakers. Simplificación de sistemas. Tal vez los californianos hayan consultado la wikipedia como yo.

Instantes finales del partido entre los Utah Jazz y los Angeles Lakers, con el partido decidido a favor de los locales. Cuarta derrota de la temporada en cinco partidos para los californianos. Kobe Bryant en el banquillo con cara de pocos amigos. Muy pocos amigos. Y en eso se le cruza su entrenador, Mike Brown. Y aparece La Mirada.

(http://www.youtube.com/watch?v=Mb-x9NuO_Og&feature=youtu.be)

 El técnico sabía lo que significaba el gesto. Era su fin. El tercer despido más rapido de un técnico en la historia de la NBA (5 partidos, el récord es de Dolph Schayes, destituido la primera noche).  No es el primer entrenador despedido por uno o varios de sus jugadores. En los mismos Lakers Magic Johnson ya lo hizo con Paul Westhead en 1981. Y lo mismo se dice de Mike D’Antoni la temporada pasada, despedido de los Knicks por sus diferencias con la estrella del equipo, Carmelo Anthony (según comentan los mentideros el entrenador quería traspasar al jugador).

 Precisamente D’Antoni es otro de los protagonistas de esta historia. Su nombre, junto con el de Jerry Sloan, sonaba para ocupar el cargo vacante. Hasta que desde el equipo se filtra que están pensando en sacar de su retiro al mítico Phil Jackson. Con Bernie Bickerstaff ejerciendo de entrenador accidental del equipo de Los Angeles y ganando dos partidos seguidos en casa, los seguidores locales corean el nombre del Maestro Zen desde las gradas. “We want Phil, we want Phil”. Y en una decisión fulminante, sin ni siquiera entrevistarse personalmente con el elegido, los Lakers anuncian que su nuevo entrenador es….Mike D’Antoni.

 Brown destacaba como un técnico especialista en defensa. Para esta temporada se le fichó como asistente a Eddie Jordan, un especialista ofensivo en ataques tipo Princeton, combinativos y de movimiento constante y coordinado de los jugadores. Y los Lakers este año ni atacaban ni defendían. Las ocho derrotas de la pretemporada podían considerarse anecdóticas. Las cuatro de la Liga Regular ya no.

 La gerencia de los Lakers, vista la escasa capacidad de los jugadores para asimilar el nuevo estilo de ataque (o eso, o le han hecho la cama muy bien a Mike Brown), ha preferido no arriesgar con otro sistema elaborado como el triángulo ofensivo del venerable Phil Jackson (además de las supuestas peticiones astronómicas de Jackson en cuestión de dinero, gestión del equipo, porcentaje en acciones…). Y se han quedado con D’Antoni y su sistema vistoso, rápido y simple.

 El base coge la pelota y corre. El resto le acompañan. Opción A: El base juega bloqueo y continuación con el pivot. Canasta. Opción B: el base penetra y dobla a un tirador. Canasta. Los Phoenix Suns de D’Antoni (2003-2008) jugaban a un ritmo endiablado, con posesiones de menos de 10 segundos. Tenian un Steve Nash en plenitud de facultades, unos tiradores mortales (Joe Johnson, Quentin Richardson en su año tonto, Leandro Barbosa), un cuatro bajito pero saltarín y rápido (Shawn Marion) y un pivot demoledor (Amar’e Stoudemire). La versión primigenia del “small ball” que se está poniendo de moda.

 Aquellos Suns son el equipo que más provecho ha obtenido de una jugada tan básica como el bloqueo y continuación. Y no solo eso. Dwight Howard fue la temporada pasada el jugador de la liga más resolutivo en situaciones de continuación. Y he aquí otra de las claves del fichaje de D’Antoni. Dwight Howard acaba contrato a final de temporada, y los Lakers esperan renovarle para que recoja el testigo de Kobe Bryant como líder del equipo. Así que mejor que esté a gusto con el nuevo entrenador.

 Los Knicks ficharon a D’Antoni para trasplantar su idea de juego a Nueva York, y no lo consiguió. Posiblemente no tenía las piezas necesarias. En los Lakers podría pasarle lo mismo. Pero seguramente habrá aprendido de la experiencia. Cambiará su estilo para amoldarse a sus piezas…y no volverá a pensar en traspasar a su estrella. ¿Pero que pasa con la palabra maldita? DEFENSA. El técnico no brilla en este concepto. Por eso ha pedido que le fichen a Nate McMillan (el exentrenador de Portland Trail Blazers) como asistente.

De como supere este hándicap depende el éxito o el fracaso. El título, o pasar a la historia como un nuevo desastre equiparable a los 4 Fantásticos (Shaquille O’Neal, Kobe Bryant, Karl Malone, Gary Payton, temporada 2003-2004). Porque en Los Angeles la distancia entre el éxito y el fracaso es mínima. Tanta como el diámetro de un anillo de oro y diamantes.

Publicado en http://www.encancha.com, noviembre 2012

DANZAD, DANZAD MALDITOS

31 Oct

En 1969 Sydney Pollack dirigió una película sobre un concurso de baile que se celebraba en Estados Unidos durante la Gran Depresión, en los años 30 del siglo XX. La pareja que aguantaba más tiempo sin dejar de bailar se llevaba el premio final. Días de sufrimiento, agotamiento y dolor para mitigar el hambre. El título en castellano de esta cinta define a la perfección el esfuerzo de muchos jugadores de baloncesto con un sueño común, conseguir un contrato en la NBA.

A finales de junio se celebra el draft de la NBA. Las franquicias se reparten a los jugadores más prometedores. Para algunos de ellos, es la puerta de entrada a la liga. Para otros, es sólo el primer peldaño de una larga escalera. Los 30 elegidos en primera ronda saben que tienen un contrato multianual garantizado. Los que no ven salir su nombre hasta la segunda al menos saben que un equipo se ha fijado en ellos. Todos aquellos que no figuran entre los 60 seleccionados pueden buscarse un equipo en una liga menor o “overseas” (fuera de Estados Unidos), o apurar su suerte en el siguiente peldaño.

En julio se desarrollan las ligas de verano, una organizada por la misma NBA y otra por los Orlando Magic. Las franquicias presentan equipos con jovenes promesas, elecciones de draft, y jugadores invitados a los que quieren ver en acción. Y se hace la primera criba. Tras el parón estival, llega la pretemporada. Primero, los entrenamientos privados no oficiales, y luego en octubre los entrenamientos oficiales y los partidos de pretemporada. Para todos los aspirantes que aún no han desistido y se han buscado equipo fuera de la NBA, es la última oportunidad. Jovenes con una mala noche de draft, jugadores que hacen carrera profesional fuera de los Estados Unidos mientras esperan un contrato, o veteranos en el tramo final de su carrera se citan en unos partidos en los que son los únicos que se juegan algo.

Uno de los casos que más me han impactado este año ha sido el de Adam Morrison. Figura NCAA en la Universidad de Gonzaga, este alero de gran capacitad anotadora parecía no tener techo. El diabético que tenía un póster del Che Guevara en su habitación ha sido uno de mis jugadores universitarios preferidos. Lástima que este número 3 del draft del 2006 (seleccionado por Michael Jordan para los Bobcats) nunca se adaptó a la NBA. Una grave lesión de rodilla que le tuvo en blanco su segunda temporada profesional truncó su progresión. Ganó dos campeonatos con los Lakers (2009, 2010), aunque sin apenas jugar. En las dos últimas temporadas no encontró hueco en la liga. Y justo antes de empezar la pretemporada, quizás cansado de batallar, anunció que se retiraría si no conseguía un contrato. Los Portland Trail Blazers le cortaron el 27 de octubre.

También es llamativo el caso de Quentin Richardson. Tuvo sus mejores momentos en los increíbles Phoenix Suns del 2004-05, con Steve Nash, Joe Johnson, Shawn Marion, Amare Stoudemire y, claro està, él. Un equipo que bordaba un baloncesto alegre, ràpido, despreocupado hasta rozar lo suicida. Un equipo que nos hizo disfrutar a muchos, pero que como suele pasar no consiguió ganar nada. Y después de una temporada brillante, se apagó el juego de Richardson (las lesiones de espalda tampoco le ayudaron). Cortado por Orlando el mismo dia que Morrison, esperará un contrato de última hora, sea en breve o en plena temporada para cubrir alguna baja. Tengo la sensación que tendrà suerte.

Ike Diogu destacó en los Juegos Olímpicos de Londres este agosto. El pivot fue el jugador más destacado de la selección de Nigeria, y dio la talla ante rivales de muchísimo nivel, entre ellos la misma selección EUA. El número 9 del draft del 2005 es otro de los jugadores que no ha encontrado su sitio en la NBA. Tras probar suerte esta pretemporada con los Phoenix Suns, ha sido descartado. La temporada pasada jugó en China y Puerto Rico. Todo parece indicar que volverá a viajar de nuevo.

El caso más extremo ha sido el de Chris Douglas Roberts, que destacó en la Universidad de Memphis al lado de Derrick Rose. El base de los Bulls brillaba, pero las pelotas decisivas eran para el escolta. En tres temporadas en la NBA cuajó algunos buenos partidos (especialmente con los New Jersey Nets), pero no se asentó. En la temporada del lockout jugó en Italia. Al inicio de esta pretemporada, firmó un contrato con Los Angeles Lakers. Cortado por los angelinos el 22 de octubre, el 27 de este mismo mes, ni una semana más tarde, lo contrataban los Dallas Mavericks….para desperdirlo al dia siguiente.

Cuando se enciendan los focos y empiecen los partidos oficiales, algunos jugadores daran gracias por poder vestir la camiseta de su equipo. Han sudado sangre para conseguirla. Otros se alegraran de haber vencido al destino una temporada más. Unos pocos contemplaran el espectáculo, con un gusto amargo en la boca y una frase grabada en la cabeza: Yo debería estar ahí. Tal vez el verano que viene vuelvan a intentarlo.

publicado en http://www.encancha.com, octubre 2012

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