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La hora de los Blazers

5 Dic

En Portland se han repetido dos tópicos en las últimas temporadas. Al inicio de las mismas, la idea de que había una plantilla joven y prometedora llena de posibilidades. La segunda, en playoffs, que el equipo no había cumplido las expectativas. Este año puede ser diferente.

La victoria de los Portland Trail Blazers sobre los Indiana Pacers vale mucho más que su marcador, 106 a 102. Este resultado es además una confirmación y a la vez una declaración de intenciones. Los Blazers ya no son un conjunto que ha sorprendido con un buen inicio de campaña. Los de Oregon se afianzan como aspirantes a todo. Una sensación confirmada tras su victoria posterior sobre Oklahoma City Thunder por 111 a 104.

La franquicia de Portland lidera la Conferencia Oeste con un registro de 16  victorias y 3 derrotas, con tan sólo una derrota más que el líder del Este, los Indiana Pacers. Tras empezar la liga con 2 victorias y 2 derrotas en los primeros cuatro partidos, el equipo ha ganado 14 de sus 15 últimos enfrentamientos (incluyendo una racha de 11 triunfos consecutivos). Es el segundo mejor inicio de su historia.

Considerando que los Blazers no se han clasificado para los playoffs las dos últimas temporadas, y que mantienen el núcleo principal del bloque de la campaña pasada, lo fácil sería considerar su inicio de temporada como una sorpresa anecdótica que se va a diluir a medida que avance la Liga Regular.

Sin embargo, un análisis de sus partidos jugados hasta ahora nos muestra que pueden ser algo más que una revelación pasajera. Han salido victoriosos de sus enfrentamientos contra los dos equipos más en forma hasta ahora, San Antonio Spurs e Indiana Pacers. Aún no han perdido contra ningún rival del Este, si bien es cierto que no han jugado contra los vigentes campeones, los Miami Heat.

Máxima explotación de sus titulares

Bajo la disciplina del entrenador Terry Stotts, elegido mejor entrenador del Oeste del mes de noviembre, el conjunto de Portland es uno de los más anotadores de la liga con 108 puntos sobre 100 posesiones, el tercer mejor registro de la presente temporada. De sus 19 partidos, sólo en 5 no ha llegado a la centena de puntos. Y en ninguno se ha quedado por debajo de los 90.

¿Cual es la clave de la espectacular mejora de un equipo que mantiene a sus 4 titulares más productivos de la temporada pasada? La llegada de sólidos reservas con capacidad anotadora demostrada como Mo Williams o Dorell Wright ha contribuído aunque los números digan lo contrario. Si la campaña pasada los titulares sumaban 81,9 puntos por partido y sus compañeros de banquillo apenas 36, este año el quinteto inicial está en 81,8, pero la producción de los reservas ha bajado hasta los 27,5.

Los Blazers de Stotts exprimen al máximo a su quinteto titular, que permanece en pista una cantidad de minutos muy alta, casi exagerada. Lamarcus Aldridge, 37, 2 minutos de media la presente temporada y 37,7 la pasada, Damian Lillard 36,7 esta campaña y 38,6 la anterior, Wesley Matthews, 34,1 ésta y 34,8 la previa, y Nico Batum que está en 35,8 este año por 38,5 del pasado. El recién llegado Robin Lopez, que ocupa el lugar de J.J. Hickson, juega 30 minutos por partido.

Terry Stotts conoció las mieles del éxito el año 2012, cuando los Dallas Mavericks se proclamaron campeones de la NBA. Stotts no era el primer entrenador sino un ayudante, pero se ocupaba directamente de los sistemas ofensivos de un equipo altamente eficiente en ataque. Y por eso los Blazers fueron a buscar a este exjugador del Estudiantes durante la primera temporada de la Liga ACB, la 1983-84.

De tres en tres

Stotts ha encontrado la piedra filosofal de su juego en el lanzamiento de media y larga distancia. Su ataque es diverso, con múltiples anotadores que se alejan del aro para lanzar, lo cual hace más difícil la actuación de las defensas rivales. Los Blazers lanzan 23 triples por partido (octavos de la liga), con un alto grado de efectividad: Matthews 50%, Lillard 39,7, Batum 40%, Mo Williams 38,6% y Dorell Wright 34,6%. En conjunto, firman un 41% de acierto. Y aún falta por debutar el lesionado C.J. McCollum, un rookie que durante su periplo universitario se distinguió como un gran tirador.

El ataque del equipo de Portland esquiva por sistema la pintura, a excepción de las penetraciones de Lillard. Incluso el ala pívot LaMarcus Aldridge, su máximo anotador con 23,5 puntos por partido, se muestra más cómodo buscándose la vida desde la media distancia que partiéndose el pecho contra los interiores luchando por conseguir una buena posición dentro de la zona. Muy claros tienen que estar los dos puntos para que un jugador de los Blazers que no sea Lopez, Freeland o Thomas Robinson se aventure en esa tierra ignota.

En defensa, sabedores de la importancia de los triples, son el tercer equipo que menos concede a sus rivales, 17,5, con un porcentaje de acierto del 32,9% (el segundo mejor porcentaje defensivo de la liga). Otra de las claves es su defensa interior. Robin López es un incordio para los pívots rivales, bien secundado por Joel Freeland (si quereis referencias preguntad al Pacer Roy Hibbert, al que amargaron la noche). El exjugador de la ACB (Unicaja, Gran Canaria) está teniendo protagonismo esta temporada, al menos en defensa. Todo lo contrario que Víctor Claver.

Sobre el valenciano pesa de nuevo la alargada sombra de la Liga de Desarrollo, por la que ya pasó la temporada pasada. Sólo ha saltado al parquet en 3 ocasiones, acumulando menos de 5 minutos de juego en todo lo que llevamos de temporada. En ese escaso tiempo de juego ni siquiera ha llegado a lanzar a canasta. En su caso se está cumpliendo a rajatabla la maldición de los Blazers.

Cambio de orientación en los Rockets

En un artículo anterior os expliqué que los Rockets habían desempolvado el esquema de las “Torres Gemelas” de los 80, para actualizarlo con Dwight Howard y Omer Asik. A mí me parecía un recurso más cosmético que real, porque el pívot turco tenía una escasísima participación ofensiva. Y no por falta de ganas, sino porque sus compañeros no le buscaban en absoluto.

No creo que Asik leyera el texto. No le hacía falta para darse cuenta de su situación. Impensable después del interés que en Houston habían mostrado en renovar su contrato, y el montante económico de la operación que habían firmado (5,2 millones de dólares esta temporada, y casi 15 para la siguiente). Así que el turco pidió que le traspasaran.

Los Rockets castigaron la rebeldía de su pívot sacándolo del quinteto titular a la espera de traspasarlo. Y volvieron a un esquema de juego más clásico con un 5 y un 4 en pista. El gran beneficiado ha sido Terrence Jones, que de estar prácticamente inédito ha pasado a jugar entre 20 y 30 minutos, con una media de 11,7 puntos y 8,2 rebotes por partido. Y su cuenta de resultados ha mejorado. De 4 victorias y 3 derrotas en los primeros siete enfrentamientos de la liga regular han pasado a las 8 y 4 de los 12 siguientes.

 

publicado en http://www.encancha.com, diciembre 2013

Las Torres Asimétricas de los Houston Rockets

7 Nov

En pleno apogeo del small ball personificado en los Miami Heat de Lebron James, algunos visionarios buscan alternativas. Los Houston Rockets parecían querer recuperar las Torres Gemelas de los años 80. Pero las apariencias engañan.

Cuando se menciona los Houston Rockets es difícil que no te vengan a la cabeza las “Torres Gemelas”, Hakeem Olajuwon (2,13) Y Ralph Sampson (2,24). Con estos dos jugadores el equipo tejano llegó a la Final de la NBA en 1986, después de eliminar a los Lakers de Magic Johnson, Kareem Abdul Jabbar, James Worthy y Byron Scott en la Final del Oeste. En la lucha por los anillos cayeron ante otro equipo de leyenda, los Celtics de Larry Bird, Dennis Johnson, Danny Ainge, Kevin McHale, Robert Parish y Bill Walton.

La sociedad se inició en 1984, cuando Olajuwon fue seleccionado con el número 1 del draft. Los Rockets la dieron por liquidada en 1988. Las rodillas de Sampson empezaban a dar sintomas de agotamiento, tras sólo 5 temporadas en la NBA. Así que la franquicia lo traspasó a los Golden State Warriors. La carrera del ala pívot más alto de la historia empezó su decadencia, viviendo su última etapa de tan sólo 8 partidos en la ACB en Málaga, durante la temporada 91-92.

Ya es curioso que los aficionados más veteranos asociemos la época dorada de los Rockets a estos dos gigantes, y no a los dos anillos consecutivos ganados en los años 1994 y 95, aún con Olajuwon y con permiso de Michael Jordan que había decidido probar suerte como jugador profesional de beisbol. Es una de las características de las utopías, que con la nostalgia de los años mejoran como los buenos vinos. Otra de sus peculiaridades es que siempre acaban volviendo.

Las dos torres

Y eso pasó este verano, con el fichaje de Dwight Howard por los Rockets y el interés de la franquicia de Houston en renovar al turco Omer Asik (poco más de 5 millones de dólares de sueldo esta temporada, pero casi 15 la siguiente). Empezaron los rumores de que la idea era hacerlos jugar juntos. Dos centers puros compartiendo un espacio reducido, dos gigantes en la zona. Una herejía en los tiempos del small ball.

Una vez empezada la liga regular, se han confirmado los rumores. Ambos jugadores saltan de inicio. Sin embargo, las cosas no son como nos las imaginábamos. No se trata de una nueva versión de las “Torres Gemelas”, sino simplemente un cinco titular con dos pívots a la vez. El binomio no funciona porque en realidad no es tal.

Howard y Asik son dos cincos puros, efectivos y letales en las proximidades del aro, pero que pierden toda su efectividad cuando las suelas de sus zapatillas dejan de estar en contacto con la pintura. Una diferencia de concepto respecto a la pareja Olajuwon – Sampson, en que el “bajito” era el pívot que jugaba de espaldas a canasta y el alto se podía buscar la vida de cara al aro.

Howard es el jugador mejor pagado de la franquicia de los Rockets. Sin embargo, no es el jugador franquicia (ese honor le corresponde a Harden). Para mantener el equilibrio, han llegado a un acuerdo tácito. El pívot no discute el reinado del escolta, siempre y cuando éste no se inmiscuya en su condado particular, las proximidades del aro. Ni él, ni ninguno de sus compañeros.

La zona tiene un dueño

Cuando coinciden en pista Howard y Asik, el ex de los Lakers ocupa los espacios de juego preferentes, las mejores posiciones para recibir y encarar la canasta. El turco merodea por los alrededores de la zona, procurando no estorbar las opciones de su compañero y atento a rebañar los balones que queden sueltos. El juego entre pívots no existe. Porque uno es un finalizador que con el balón en las manos no ve más que el aro, y al otro simplemente no le llega la pelota.

Ambos jugadores, más allá de saltar de inicio en el primer y tercer cuartos, no coinciden la mayor parte del tiempo en la pista. Cuando Asik se sienta, Howard sigue manteniendo su reino de taifas particular en la zona. Si no es que sale a hacer un bloqueo para jugar una posible continuación, sigue colapsando las posiciones privilegiadas de las vías interiores del ataque de los Rockets. No se agazapa esperando su oportunidad, sino que se hace visible en todo momento. Y sus compañeros se buscan la vida mayoritariamente desde el triple y la media distancia.

Cuando Howard descansa y es sustituido por Asik, entonces es como si el equipo jugara sin pívot en ataque, excepto a la hora de hacer bloqueos. Porque el turco sigue siendo casi tan invisible para sus compañeros como cuando compartía espacios en la pintura con su socio. Con la zona libre, el resto de jugadores de los Rockets pueden penetrar libremente y quitarse el mono de pintura.

Este esquema de juego ha hecho variar la tipologia de ala-pivots de la plantilla. Adios a los 4 poderosos físicamente que parecían buscar la liga pasada como Patrick Patterson (que fue traspasado a media temporada a cambio de Thomas Robinson, quien a su vez fue enviado a los Blazers al final de temporada a cambio de los derechos de dos jugadores del Barça, Papanikolaou y Todorovic) y Terrence Jones.

Jones y sus actuales compañeros de posición Greg Smith y Donatas Motejiunas disponen de muy pocos minutos de juego. El modelo de este año es un alero alto y polivalente, más hábil que potente, que suponga una amenaza desde el exterior y que sea capaz de penetrar. Los Rockets tienen dos jugadores perfectos para desempeñar este papel. Como titular, el indispensable hombre orquesta Chandler Parsons. Y saliendo del banquillo, el israelí Omri Caspi.

El gran mérito del entrenador Kevin McHale es haber conseguido un ataque equilibrado a pesar de la presencia acaparadora de su pívot estrella. Harden es el máximo anotador de los Rockets con 25 puntos por partido. Howard se va a los 17. Tras ellos se ha establecido un cuarteto con una anotación media entre los 16 y los 10 puntos (Jeremy Lin, Chandler Parsons, Francisco Garcia y Omri Caspi). Ahora McHale debería mejorar el aprovechamiento ofensivo de su segundo pívot. Asik no llega a los 6 puntos de media.

La mejorada salud de Howard

Dwight Howard ha vuelto a ser en estos inicios de temporada el jugador dominante físicamente de sus años de Orlando, dejando atrás la imagen de fragilidad que dio en los Lakers. Parece que las secuelas de la operación de hernía discal del 2012 han desaparecido.

McHale ha reconocido que el pivot no estaba todo lo sano que les gustaría cuando en julio le firmaon un contrato de 88 millones de dólares. “Aún podía jugar, y aún es un jugador joven. Estábamos más preocupados por su espalda, y su fuerza y flexibilidad”. Su cuerpo se había descompensado tras pasar por el quirófano y necesitaba ser reequilibrado. Y ese fue el trabajo específico en el que los Rockets y el jugador se han concentrado este verano.

Howard acredita tras 5 partidos de Liga Regular 17,4 puntos y 14,6 rebotes por partido. Pero más allá de los números, ha cambiado su actitud en la pista. Siempre activo, implicado en el juego, pidiendo la pelota en ataque, y poderoso en el rebote.”Me muevo mejor. Llego a pelotas que la temporada pasaba no podía. Rebotes, tapones, todo es muy diferente”. Superman ha vuelto transformado en su nueva fuente de inspiración, el Caballero Oscuro, Batman.

Otra de las claves de su buen rendimiento es la buena química que mantiene con el otro divo del equipo, James Harden, y con Kevin McHale, su entrenador. Algo que no ocurrió durante su breve etapa en los Lakers con Kobe Bryant y Mike D’Antoni. Mientras la cosas sigan así, en Houston pueden soñar con reverdecer viejos laureles.

publicado en http://www.encancha.com, noviembre 2013

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