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Lebron James deja a los Warriors sin la gloria de una temporada histórica

21 Jun

Los Cleveland Cavaliers se han proclamado campeones de la NBA de la temporada 2015-16, superando a los Golden State Warriors en las finales por 4 victorias a 3. Lebron James y los suyos han privado a los Golden State Warriors del título que necesitaban para postularse como uno de los mejores equipos de la historia de la NBA. Stephen Curry y sus secuaces han hecho una temporada fabulosa, pero no han sabido redondearla ganando la gran final de la Liga.

El equipo de la Bahía de San Francisco empezó el curso de manera fulgurante, con 24 victorias en sus 24 primeros partidos, estableciendo una nueva mejor marca para un principio de liga regular (el anterior récord era de 15 triunfos). Y eso que su entrenador Steve Kerr estaba de baja por una operación de espalda. Luke Walton, el segundo de a bordo, cogió los mandos y la buena actuación de sus jugadores le ha permitido dar el salto a entrenador jefe de Los Angeles Lakers a partir de la siguiente temporada.

Su jugador franquicia, Stephen Curry, se convirtió en la gran sensación de la NBA, amenazando con quitarle el título de rey a Lebron James. Con una puntería asombrosa desde la línea de 3 puntos (45,4%) para un jugador que lanzaba tantas veces como él (11,2 intentos por noche), le sobraron partidos de esta primera fase de la competición para batir el récord de triples, que él mismo había establecido el curso previo. De los 286 de la temporada 2014-15 a los 402 de esta 2015-16.

Superar la marca de los Bulls

Los hombres de Steve Kerr tenían en mente, tras su gran comienzo de competición, batir un registro histórico. Los Chicago Bulls de la temporada 1995-96, con Michael Jordan al frente en la pista y Phil Jackson en el banquillo, habían ganado 72 de los 82 partidos de la Liga Regular. Una marca que parecía inalcanzable…hasta ahora. Los Warriors, tras haber ganado las finales del 2015, querían pasar a la historia. Y una forma de hacerlo era batiendo el récord de uno de los grandes equipos de todos los tiempos.

Todo estaba a su favor. Dos hombres frágiles como Curry y el pívot australiano Andrew Bogut se mantenían a salvo de lesiones serias. Sus compañeros, también. Ninguno de los jugadores importantes de la rotación del equipo ha jugado menos de 65 partidos de Liga Regular. Los astros parecían alineados con los de Oakland hasta el último partido antes del inicio de los play-off. En la última jornada, los Warriors necesitaban un triunfo en casa ante unos Memphis Grizzlies sin Marc Gasol (lesionado) para sumar su victoria número 73 y conseguir su primer objetivo de superar a los Bulls de 1995-96.

Y lo hicieron con una exhibición de Curry, autor de 46 puntos (10 de 19 en triples) en apenas 30 minutos en pista. Era la tercera vez en el curso que conseguía esta anotación, que ni mucho menos fue la más alta de la temporada. En octubre había anotado 53, y en febrero 51 en dos ocasiones. De los 79 partidos en los que participó en la fase regular, en 40 llegó a los 30 puntos o los sobrepasó (su media anotadora fue de 30,1 puntos por partido). Pero Curry no fue el único que se salió aquella noche.

La intromisión de Kobe

En una pista no muy lejana, el Staples Center de Los Angeles, Kobe Bryant ponía fin a su larga carrera en la NBA,  20 temporadas vistiendo la camiseta de los Lakers en las que ganó 5 anillos de campeón. Una leyenda viva del baloncesto que decidió despedirse a lo grande, estableciendo el tope de anotación individual de la Liga Regular 2015-16 con 60 puntos. Ningún otro jugador de la historia de la Liga había anotado tantos puntos en su último partido profesional.

La gesta de Kobe acaparó minutos de televisión, portadas en la prensa y comentarios en las redes sociales, restando a los Golden State Warriors gran parte de su merecido protagonismo. No todos los días se establece un récord de victorias de la NBA, pero es algo que puede volver a pasar. Sin embargo, por mucho que Kobe Bryant siempre haya querido superar a Michael Jordan (que se retiró tres veces), estaba clara que la estrella de los Lakers sólo viviría una última noche. Y además, gloriosa.

Y llegaron los play-offs. El rival en primera ronda fueron los Houston Rockets en lo que debía ser un paseo para los vigentes campeones de la NBA. Y de hecho lo fue (4-1), pero Curry sufrió un esguince de tobillo en el primer partido de la eliminatoria que le obligó a descansar los dos siguientes. En el cuarto volvió, pero sufrió una distensión en los ligamentos de su rodilla derecha que le dejó fuera de juego hasta el cuarto partido de la serie de segunda ronda contra los Portland Trail Blazers (4-1).

Los puntos débiles de los Warriors, al descubierto

En las finales del Oeste les tocó emparejarse contra los Oklahoma City Thunder. Su entrenador, Billy Donovan, es un debutante en la NBA pero tiene una larguísima y brillante carrera en la NCAA (dos veces campeón, y consecutivas, del March Madness, con la Florida liderada por los NBA Al Horford, Joakim Noah y Corey Brewer, y con el ahora jugador de los Warriors Marreese Speights de novato en la segunda). Donovan diseccionó a la perfección el juego de su rival y halló la manera de plantarles cara.

Russell Westbrook puso en evidencia la defensa de Curry. Una carencia que el base compensó con su anotación en ataque, algo que no ha podido hacer en las Finales frente a los Cleveland Cavaliers. Y dos pívots rocosos y batalladores como Steven Adams y Enes Kanter aprovecharon la falta de centímetros y quilos de sus contrincantes, grandes apóstoles del “small ball”, para hacerse amos de los rebotes y cerrar su pintura a las penetraciones rivales. En definitiva, los Warriors sobrevivieron a una serie que se alargó hasta su máximo de 7 partidos, pero a costa de exponer sus problemas cuando el juego se vuelve más físico.

Aún así, en esta eliminatoria Curry batió dos nuevos récords de la NBA. El primero, en posesión de Reggie Miller, de partidos seguidos de play-off anotando al menos un triple. El alero de los Indiana Pacers lo había dejado en 44. Al final de esta temporada está en 58, y puede seguir subiendo la siguiente. El segundo, el de más triples anotados en una sola eliminatoria de play-off, que ha pasado de los 28 de Ray Allen a los 32 del prodigio de unos Warriors que se convirtieron en el décimo equipo de la historia en remontar un 3 a 1 adverso en una ronda por el título.

Los Warriors empiezan las Finales con buen pie

Y llegaron las Finales, el momento esperado de la coronación, cuando la franquicia californiana debía culminar su temporada histórica con un anillo como el que ganaron los Bulls de Michael Jordan. Los dos primeros duelos contra las huestes de Lebron se resolvieron con dos palizas de campeonato. Nunca antes la diferencia conjunta de dos primeros partidos de una final de la NBA había sido tan abultada. Curry y Klay Thompson no estaban finos, pero el resto de sus compañeros sí. La segunda unidad, liderada por Andre Iguodala, Shaun Livingston y Leandro Barbosa, hizo estragos en la defensa rival. En el 2 a 0, los Warriors rompieron el duelo con Curry en el banquillo y ningún base en pista (Thompson, Barbosa, Iguodala, Harrison Barnes y Draymond Greene).

Los Cavaliers venían de perder la final de la Liga 2014-15, aunque en aquella ocasión las lesiones de Kevin Love y Kyrie Irving habían dejado demasiado sólo a Lebron James. Una sombra de duda sobre el triunfo final de los Warriors el año 2015. Jugadores que la temporada pasada habían estado en pista muchos minutos como el base Mathew Dellavedova y el pívot Timofey Mozgov en esta prácticamente no han participado. Así que, con muchos más recursos que en el pasado, la franquicia de Ohio hizo sus ajustes.

En los dos primeros partidos de la serie los movimientos y cortes sin balón de los jugadores rivales les habían masacrado con canastas demasiado fáciles. Y el excesivo celo en el marcaje sobre Curry había provocado errores defensivos que también les habían costado muchos puntos. A partir del tercer partido de la serie todo eso desapareció, y ahora los que parecían estar estáticos en su ataque eran los Warriors, que debían crear sus superioridades y tiros librados a través del bote de un Curry que no estaba fino.

El entrenador de los Cavaliers, el debutante (y exjugador) Tyronn Lue, planteó un ataque con tres ejes: buscar un emparejamiento favorable para Lebron James gracias a los bloqueos directos librándole del marcaje de Iguodala, conceder libertad a Kyrie Irving para explotar las carencias defensivas de Curry o masacrar a los hombres altos contrarios tras bloqueo de un compañero, y buscar la superioridad en el poste bajo de Kevin Love ante rivales más bajos.  De los tres, sólo falló Love, que tras una temporada completa jugando como tirador en la esquina para abrir el campo a sus compañeros no se ha adaptado a su nuevo rol.

La sanción a Green, decisiva

Los de Ohio ganaron el tercer partido, el primero que jugaban en casa, con una claridad meridiana. Fue el primer gran partido en la serie de un Irving que por fin conseguía un buen porcentaje de acierto en sus lanzamientos. Pero perdieron el cuarto, lo que les dejaba con un 3 a 1 en contra en las eliminatorias, una desventaja que ningún equipo había remontado con anterioridad en unas finales. Hasta ahora. Porque de nuevo los elementos de aliaron contra el equipo de Oakland.

A lo largo de la temporada el versátil interior Draymond Green ha dejado ir discretas pataditas. En la serie contra los Thunder alcanzó en sus partes nobles a Steven Adams en dos partidos. Y todos los focos recayeron sobre él. Así que cuando en el cuarto partido contra los Cavaliers, en un rifirrafe con Lebron, le dejó ir primero una patadita desde el suelo y luego un codazo entre las piernas, la NBA lo sancionó con un partido de suspensión.

Green, además de lo que aporta en ataque, es la clave de la defensa de los Warriors cuando juegan con un quinteto pequeño. Porque cuando se producen cambios en los bloqueos, es capaz de emparejarse con cualquier rival, ya sea el base o el pívot, y contenerlo con un mínimo de garantías. Y en el quinto partido, sin Green, Kerr apostó por Bogut. El australiano había sido importante por su juego mano a mano con Curry, y en el primer cuarto del segundo duelo por su intimidación en defensa. Tras una primera mitad igualada, el pívot se lesionó la rodilla en el tercer cuarto, quedando fuera de juego para el resto de la final. En el otro bando, Lebron y Irving sentenciaron, convirtiéndose además en la primera pareja de jugadores de un equipo en superar los 40 puntos en un mismo partido de una final.

Con 3 a 2 en la última serie por el título, los Cavaliers se vinieron arriba mientras que a los Warriors les cayó el peso de un posible fracaso sobre los hombros. Los partidos se volvieron cada vez más físicos, un terreno donde los californianos no se desenvuelven bien, y para colmo de males ni Curry ni Klay Thompson conseguían igualar el rendimiento que habían ofrecido en la Liga Regular. James y Irving se hicieron dueños del juego minuto a minuto hasta llevar a los suyos a un anillo histórico tras unos partidos que han reproducido los estereotipos clásicos que ejemplificaron las finales Lakers – Pistons de finales de los 80: Oeste vistoso, Este duro y efectivo.

El tercer anillo de campeón de su carrera es además histórico para Lebron James (presente en 6 Finales consecutivas), que cumple la palabra que dio en su vuelta a Ohio de hacer campeón al equipo de su estado. Histórico porque es el primer jugador en liderar a todos los participantes en una serie de play-off en puntos (29,7), rebotes (11,3), asistencias (8,9), recuperaciones (2,6) y tapones (12,3), firmando además un triple doble en el partido decisivo (27 puntos, 11 rebotes, 11 asistencias).

Histórico también porque es el segundo en ser MVP de unas finales con dos equipos diferentes, en su caso Heat y Cavaliers. El otro en conseguirlo fue Kareem Abdul Jabbar (Bucks y Lakers). Y histórico porque rompe una larga sequia de la ciudad de Cleveland. Ningún equipo de las grandes ligas de esta ciudad había ganado un título desde que lo hicieran los Browns de la NFL el año 1964.

 

Artículo publicado en http://www.encancha.com, junio 2016

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El adiós de Kobe Bryant

14 Abr

Con el adiós de Kobe Bryant no solo se va una estrella de la NBA, también queda aparcado un modelo de jugador y se entierra definitivamente a otro mito, Michael Jordan. Porque la última gran estrella de los Lakers de Los Angeles era también el último de los jugadores que se postularon como herederos del jugador franquicia de los Chicago Bulls que reinó con mano de hierro en la NBA durante los años 90 del siglo XX. El adolescente que creció mirando los vídeos de Air Jordan se retira sin haber conseguido su sueño: le ha faltado un anillo de campeón para igualar a su ídolo.

Su última noche en activo ha estado a la altura de su leyenda. El jugador franquicia de Los Lakers estas últimas 20 temporadas dijo adios anotándoles 60 puntos a los Utah Jazz en la victoria por 101 a 96, con una estadística de 22 de 50 en los tiros de campo y 10 de 12 en los libres. Ningún otro jugador en las últimas 30 temporadas havia llegado a esta cifra de lanzamientos.

En sus 42 minutos en pista Kobe ha llegado a acaparar casi el 60% de los puntos (101) y de los tiros a canasta (85) de su equipo para convertirse, a sus 37 años, en el jugador de más edad que anota 60 puntos en un partido. Kobe ha llegado a esta cifra 6 veces en su carrera, con un tope de 81 puntos, el 22 de enero del 2006 ante los Toronto Raptors. En aquella ocasión “solo” lanzó 46 veces.

Los Lakers han entrado en el último minuto del encuentro 4 puntos abajo, 92 a 96. Y Kobe Bryant, en una despedida perfecta, ha recordado viejos tiempos por última vez liderando de forma espectacular la remontada. En estos 60 segundos le ha dado tiempo de anotar un triple, dos tiros libres, una canasta de dos puntos y dar la asistencia a Jordan Clarkson para anotar la última canasta de la noche, antes de ser sustituido a 4 segundos del final para recibir su última ovación como jugador de baloncesto. La despedida perfecta.

 

Predestinado a jugar en la NBA

Kobe nació el 23 de agosto de 1978 en Filadelfia. Su padre, Joe “Belly” Bryant, jugaba entonces en los Sixers de la NBA. Seis años después, la familia se mudó a Italia donde Joe siguió desarrollando su carrera como profesional del baloncesto. Fue en esta época cuando el pequeño de la casa se aficionó al futbol y se hizo seguidor del Milan.

El año 1991 los Bryant volvieron a los Estados Unidos. Kobe empezó a despuntar como jugador de baloncesto en el instituto Lower Merion, y decidió dar el salto a profesionales el año 1996, sin pasar por la Universidad. Los Charlotte Hornets lo seleccionaron en el draft con el número 13, y cedieron sus derechos a los Lakers a cambio del pivot Vlade Divac.

Bryant aterriza en la NBA en los últimos años gloriosos de Jordan, que se retiró por segunda vez (la primera fue el 6 de octubre de 1993; el 18 de marzo de 1995, después de probar suerte como profesional del beisbol, volvió a la liga) después de ganar su sexto anillo de campeón el año 1998 (aún volvería una tercera vez, el año 2001, para jugar dos temporadas con los Washington Wizards).

La Liga, la prensa y los aficionados buscaban hacía tiempo un sucesor para el mito de los Bulls. Algunos pasaron sin pena ni gloria, como Harold Miner, más conocido como Baby Jordan. Otros cuajaron buenas carreras en la NBA, como Jerry Stackhouse, Vince Carter o Tracy McGrady. Ninguno se acercó tanto a la leyenda como Kobe Bryant.

 

Toda una vida en los Lakers

Durante sus primeros años en la franquicia californiana de púrpura y oro Bryant se vio obligado a convivir con otro gran ego, el del pivot Shaquille O’Neal. Fueron campeones de la NBA 3 años seguidos, entre el 2000 y el 2002, pero la relación entre ambos se volvió insostenible. O’Neal fue traspasado a los Miami Heat el año 2004, tras el fracaso de la primera versión de los 4 Fantásticos de los Lakers (Kobe, Saquille, Karl Malone y Gary Payton). El pivot ganó otro anillo de campeón la misma temporada de su traspaso con la franquicia de Miami.

La segunda época gloriosa de Kobe Bryant en los Lakers coincide con la llegada de Pau Gasol, el 1 de febrero del 2008, encadenando un subcampeonato y dos campeonatos más, los de los años 2009 y 2010. La siguiente temporada fue la última de Phil Jackson, el técnico que había llevado al jugador franquicia de los Lakers a ganar cinco anillos tras haber conseguido 6 con Michael Jordan en los Bulls.También fue el inicio de la decadencia de la estrella y el equipo.

El substituto de Jackson en el banquillo, Mike Brown, no dio la talla. Los rumores de traspaso de Pau Gasol fueron constantes a lo largo de la temporada. A pesar de ello, el entonces aún primer equipo de Los Angeles llegó a las semifinales de la Conferencia Oeste. La temporada siguiente se fichó a Dwight Howard y Steve Nash para completar con Kobe y Gasol la segunda versión de los 4 Fantasticos. El experimento fue un fracaso absoluto.

Mike D’Antoni no mejoró el trabajo de Brown como entrenador. Howard jugó tocado gran parte de la temporada, y nunca llegó a entenderse con Kobe, ni fuera ni dentro de la pista. Nash también sufrió problemas físicos, y nunca se adaptó a los sistemas de juego de los Lakers. Las lesiones tampoco respetaron a Gasol. Y Kobe, en solitario, asumió el esfuerzo de clasificar a la franquícia para los play off.

Lo consiguió, si, pero a costa de romperse el tendón de Aquiles en el tramo final de la Liga Regular y no jugar durante 9 meses. Fue la primera de una serie de lesiones que le han perseguido estas últimas temporadas, y que le hicieron empezar a plantearse seriamente que su tiempo se estaba acabando. La retirada definitiva, finalmente, ha llegado el miércoles 13 de abril del 2016, con los Lakers firmando la peor temporada de su historia: 17 victorias y 65 derrotas.

Kobe se va tras 20 temporadas en la NBA, con 5 anillos de campeón (a 1 de Jordan) y 2 oros olímpicos (los mismos que Jordan), siendo el tercer máximo anotador histórico en liga regular tras Kareem Abdul Jabbar y Karl Malone, y el segundo con más presencias en el Partido de las Estrellas (18, por 19 de Kareem). Ha sido MVP de las Finales en dos ocasiones, los años 2009 y 2010, y una vez MVP de la Liga Regular, la temporada 2007-08.

La estrella de los Lakers se retira habiendo cobrado 303 millones de dólares, sólo en sueldos de su equipo. Según Forbes, sumándole los ingresos por publicidad Kobe habría ganado unos 680 millones de dólares en estos 20 años (el cuarto deportista que más ha ingresado tras Tiger Woods, Michael Schumacher y Floyd Mayweather). Lo suficiente para no preocuparse el resto de su vida.

 

Artículo publicado en http://www.encancha.com, abril 2016

Warriors y Sixers, dos formas diferentes de hacer historia en la NBA

27 Nov

Estos dos equipos son las dos caras opuestas de una misma moneda, el ying y el yang de la NBA. Mientras los primeros representan la excelencia, los segundos se empeñan en adentrarse en un túnel que no parece tener final.

Los Golden State Warriors 2015-16 han entrado de lleno en la lucha por convertirse en uno se los mejores equipos de la historia de la NBA. El primer paso para afianzar su candidatura ha sido batir el récord del mejor inicio de una temporada con 16 victorias por ninguna derrota. La marca anterior de 15-0 era compartida por dos conjuntos, los Washington Capitols de la temporada 1948-49 y los Houston Rockets de la 1993-94.

Los Capitols jugaban por aquel entonces en la BAA (Basketball Association of America), precedente de una NBA que se constituyó la temporada siguiente (1949-50) con la fusión de esta competición y la NBL (National Basketball League). En aquel curso de su fugaz existencia (1946-51) en que consiguieron hacer historia les entrenaba el mítico Red Auerbach, quien a su vez luego ganaría 9 campeonatos en 10 años (1957, 1959, 1960, 1961, 1962, 1963, 1964, 1965, 1966) dirigiendo desde el banquillo a los Boston Celtics.

El equipo de Washington también es recordado por haber tenido en sus filas a Earl Lloyd, el primer afroamericano que jugó con contrato profesional. Volviendo a la temporada 1949-50, no se puede decir que consiguieran cerrarla con un éxito a la altura de su marca. Cayeron en las finales de la Liga ante los Minneapolis Lakers del entonces todopoderoso George Mikan.

Los Rockets de 1993-94 si que fueron campeones. La retirada temporal del entonces rey de la Liga, el jugador de los Chicago Bulls Michael Jordan, para probar suerte como jugador profesional de beisbol, les facilitó las cosas. Su marca inicial de temporada va más allá del 15-0. Tras su derrota en el dieciseisavo encuentro, encadenaron otra racha de 8 victorias más para plantarse en 23-1, el mejor principio de temporada de la historia para equipos con una derrota.

Con el paso de los partidos la franquicia tejana se fue enfriando hasta acabar la Liga Regular con un registro de 58-24, segundo mejor del Oeste por detrás de los 63-19 de los Seattle Supersonics. Ya en los play-off se deshicieron de los Portland Trail Blazers en primera ronda (3-1), de los Phoenix Suns en la segunda (4-3) y de los Utah Jazz en la final del Oeste (4-1) antes de superar a los Knicks de Nueva York en la gran final de la NBA (4-3). Hakeem Olajuwon, su jugador franquicia, fue elegido MVP de la Liga Regular y de las Finales, y galardonado con el premio de mejor defensor. Y la siguiente temporada, los Rockets revalidaron su título de campeones mientras Jordan seguía bateando.

Curry no está solo

Los Warriors de este curso baloncestístico tienen una figura clara: Stephen Curry. El base es el máximo anotador de la liga con un promedio en estos 16 partidos de 32,1 puntos, con un 51,2% de acierto en los tiros de campo (43,1% en los triples) y un 93,8% en los tiros libres. Además, captura 5,1 rebotes, reparte 5,9 asistencias y figura en el TOP 5 de recuperaciones de balón con 2,6 robos por noche. En esta increíble racha, Curry ha sumado 78 triples. Si se mantiene la proyección acabará los 82 partidos de Liga regular con 399, 113 aciertos por encima del récord que él mismo marcó la temporada pasada.

Y todo ello, sin tener un físico atlético y musculado como los que ahora se estilan. Sus armas son otras: una velocidad endiablada de piernas y manos, un bote de balón de malabarista, un tiro certero y una confianza por las nubes. Un jugador vintage, propio de los años 80, que triunfa en el siglo XXI. Pero Curry es sólo la punta del Iceberg. El equipo de la Bahía de San Francisco es mucho más que su tirador.

Klay Thompson y Harrison Barnes ejercen de escuderos de Curry en anotación con 30 puntos por noche entre los dos. En la plantilla hay dos “chicos para todo” indispensables para el buen juego del equipo. Andre Iguodala, el MVP de las últimas finales ganadas por los Warriors, aporta 9,1 puntos, 4,6 rebotes y 4,2 asistencias en su papel de sexto hombre. En el quinteto titular, lo que está haciendo Draymond Green es para quitarse el sombrero: 12,7 puntos, 7,8 rebotes y  6,6 asistencias de media.

Unas cifras de escándalo

Con el entrenador Steve Kerr de baja indefinida tras dos operaciones de espalda este verano, el técnico interino Luke Walton ha sabido hacerse con las riendas del grupo. Walton, ganador de dos anillos como jugador secundario de los Lakers (2009, 2010), es hijo del gran pívot de los años 70-80 Bill Walton. A sus órdenes, el equipo ha pasado de los 100 puntos en todos sus compromisos. Ha anotado siempre más triples que su rival (41% de acierto global desde la distancia), y suma más minutos ganando de 15 o más (167, ningún otro conjunto llega a los 100) que yendo por debajo en el marcador (149).

No puede decirse que los actuales campeones de la NBA hayan tenido un calendario extraordinariamente fácil que les haya ayudado a establecer su marca. Han jugado dos veces contra New Orleans Pelicans, Los Angeles Clippers, Memphis Grizzlies y Denver Nuggets, y una contra Houston Rockets, Sacramento Kings, Detroit Pistons, Minnesota Timberwolves, Brooklyn Nets, Toronto Raptors, Chicago Bulls y Los Angeles Lakers. Equipos de todos los niveles a los que han superado con tanta claridad que su en teoría mejor quinteto (Curry, Thompson, Barnes, Iguodala y Green) sólo ha coincidido en pista 62 de los 768 minutos posibles.

Tras la exhibición que han protagonizado en este arranque de liga, a los Warriors se les empieza a exigir que sean capaces de batir la marca de 72 victorias por 10 derrotas establecida por los Chicago Bulls (ahora sí, con Michael Jordan) la temporada 1995-96. Antes de llegar a ese registro, les quedan dos hitos en el camino. El 23-1 de los Rockets del que hemos hablado antes, y la racha de 33 victorias consecutivas de Los Angeles Lakers de la temporada 1971-72. Ahora mismo, sumando sus 4 triunfos seguidos en las pasadas finales, Curry y compañía hace 20 partidos que no conocen la derrota.

Kobe no levanta cabeza

Los Golden State Warriors establecieron su marca histórica ante unos Los Angeles Lakers en horas bajas. Muy bajas. Walton, que acostumbra a poner en la pista a su quinteto de lujo en el último cuarto, lo hizo de salida ante otro de los equipos californianos para sentenciar lo antes posible. Y lo consiguió. El 111-77 que quedó en el marcador al final de los 48 minutos refleja claramente la diferencia de nivel entre ambos conjuntos.

La otrora victoriosa franquicia de Los Angeles era tras este encuentro el peor equipo del Oeste y segundo peor de la NBA con tan sólo 2 victorias en 14 partidos tras haber caído derrotados en 8 de sus últimos 9 compromisos. Y con su mejor jugador de la última década, Kobe Bryant, viviendo momentos de auténtico bochorno. Ante los Warriors, el ahora alero anotó 4 puntos tras convertir sólo 1 de sus 14 tiros de campo, igualando una de las peores noches de su carrera (la temporada anterior frente a los Spurs acabó con el mismo porcentaje de acierto).

En la previa que hacíamos de esta temporada, citábamos a Bryant como una de las 6 historias que más iban a centrar la atención. Hasta el momento lo está consiguiendo. Es el líder en anotación de los suyos (15,2 puntos por noche), aunque con un acierto en el lanzamiento muy bajo (31,1% global, 19,5% en los triples). Kobe necesita lanzar 16 veces a canasta para sumar 15 puntos. Su mejor noche fue ante los Dallas Mavericks (7 de 15), pero sin superar nunca el 50% de lanzamientos anotados.

El 5 veces ganador de la NBA tan pronto dice, literalmente, que “apesta”, como especula tras una noche no tan mala con seguir un año más (acaba contrato a final de temporada). Y mientras tanto, Nick Young explota: “No podemos dejar que una persona determine todo. Tenemos que jugar como equipo. Esto no puede ser como un videojuego en el que juegas con tu jugador favorito. Tenemos que compartir el balón”. Tres años seguidos de lesiones parece que han mermado el físico de la estrella de la liga. El problema es que tal vez su cerebro no se haya dado cuenta. O no quiera aceptarlo.

El otro récord de los Sixers

Los Warriors de Curry no son el único equipo de la NBA que en estos momentos encadena una serie de 16 partidos seguidos con un mismo resultado. El problema de los Sixers de Filadelfia es que su racha es de un signo absolutamente contrario a la de los invictos líderes de la clasificación. La franquicia de la Ciudad del Amor Fraternal aún no sabe que es ganar esta temporada, y está a sólo 2 pasos de pasar a la historia.

El curso 2009-10 los Nets, entonces aún en Nueva Jersey, perdieron sus 18 primeros encuentros. Los Sixers pueden batir su registro. De hecho, pocos dudan que lo conseguirán. Lo lamentable es que los de Filadelfia son reincidentes. El año pasado ya empezaron la liga regular encajando 17 derrotas seguidas. Ninguna franquicia en la historia de la competición ha encadenado dos inicios tan malos.

Sumando a su mala racha actual los partidos perdidos en el final de la temporada pasada (no ganan desde el 25 de marzo del 2015), la franquicia hace 26 partidos que no gana, igualando la peor serie en la historia de todas la grandes ligas de los Estados Unidos. Otros cuatro equipos vivieron la mala época que ahora pasan los Sixers.

Los primeros, en beisbol, fueron los Louisville Colonels a finales del siglo XIX. Los segundos en conseguirlo fueron los Tampa Bay Buccaneers de la NFL la temporada 1976-77. Ya en la NBA, los siguientes en unirse al grupo fueron los Cleveland Cavaliers del 2010-11, el primer año post-Lebron James. Y los últimos, los propios Sixers hace 2 temporadas. Lo dicho antes, reincidentes.

Las maniobras de la gerencia del equipo de Filadelfia me tienen maravillado hace unas cuantas temporadas. El listado de los traspasos realizados por el equipo en estos últimos años es demoledor. En este artículo de agosto del 2014 os ponía en antecedentes. Para actualizar lo que decía entonces, añadir que Joel Embiid sigue sin debutar. Y que traspasaron al base Michael Carter-Williams, mejor rookie de la NBA de la temporada 2014-15, a los Milwaukee Bucks a cambio de tan solo una primera ronda del draft del 2015.

En este último draft los Sixers eligieron al pivot (si, otro más) Jahlil Okafor. Por el momento el campeón universitario con Duke está siendo la alegría de los seguidores de su equipo. De los cinco jugadores que más veces han sido titulares, 2 son rookies (Okafor y el base TJ McConnell) y los otros 3 son de segundo año (Nerlens Noel, Nik Stauskas, Jerami Grant).

Sólo un jugador de la plantilla supera los 30 años (Carl Landry, 32). El resto no pasan de los 25. Así no es estraño que en Filadelfia tengan el segundo equipo de la Liga que menos gasta en salarios, poco más de 57 millones de dólares. El primero son unos Portland Trail Blazers en un declarado proyecto de limpieza y reconstrucción, con poco menos de 40 millones y medio.

Ante este desolador panorama, no resulta nada rara la campaña que han lanzado los seguidores de la universidad de Duke para intentar sacar a su ídolo, Okafor, de este pozo sin fondo en que parece haber caído, #savejahlil. Por el bien del jugador, espero que tengan éxito. Porque la mejora de los Sixers parece lejana mientras el propietario Joshua Harris siga dejando hacer a su general manager, Sam Hinkie.

 

Artículo publicado en http://www.encancha.com, noviembre 2015.

NBA 2015-16: Cuentas pendientes y últimas oportunidades

21 Oct

Llega una nueva temporada de la NBA cargada de historias interesantes. Cada equipo, de hecho, tiene la suya. Explicarlas todas sería demasiado extenso, así que he hecho mi selección personal. No todos los equipos citados son candidatos al anillo, pero seguro que todos ellos darán mucho de que hablar.

Los Golden State Warriors se proclamaron campeones de la NBA el año 2015 sublimando el concepto de small ball que había llevado a los Miami Heat a ganar 2 anillos de campeones bajo la batuta de Lebron James. Esta temporada el equipo californiano empieza el curso como uno de los favoritos a ganar el título (en su caso a revalidarlo).

Los finalistas que cayeron ante el talento y puntería de Stephen Curry y Klay Thompson, y la polivalencia y entrega de Andre Iguodala y Draymond Greene fueron unos diezmados Cleveland Cavaliers en el primer curso tras el retorno de Lebron al que fuera su primer equipo en la liga. A lo largo del verano han lamido sus heridas y ahora aguardan ansiosos para saldar la cuenta que tienen pendiente. No es lo mismo afrontar las finales con James rodeado de fieles secundarios que arropado por primeras espadas como los lesionados Kyrie Irving, Kevin Love o Anderson Varejao.

En Ohio están convencidos que sólo la ausencia de estos jugadores claves les dejaron sin su merecido premio. La mayoría de manágers generales de la NBA les da la razón, situándoles como máximos favoritos de este año. Lebron quiere ganar un campeonato en su estado natal. Y cuando a King James se le mete algo entre ceja y ceja, no hay quien le disuada de ello. El número 1 de la NBA tiene las cosas claras, y una de ellas es que quiere que Tristan Thompson siga en su equipo.

Las conversaciones de la renovación del contrato del ala pívot canadiense, un seguro de vida en el rebote, se alargaron mucho, casi un año, por la diferencia entre las pretensiones económicas del jugador (94 millones de dólares por 5 temporadas) y la oferta de la franquicia (80 millones). Ni la intervención de Lebron a través de las redes sociales consiguió acelerar la resolución de unas negociaciones que no llegaron a buen puerto hasta pocos días antes de empezar la liga regular: 82 millones por 5 temporadas.

Get it done!!!! Straight up. #MissMyBrother @realtristan13

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Rose y sus rodillas

La gran amenaza en el camino de los Cavaliers para ganar la plaza reservada en la final de la NBA a un equipo del Este serán los Chicago Bulls, a los que eliminaron de los pasados play-offs en la semifinal de Conferencia. Los Bulls aspirarán a todo siempre y cuando Derrick Rose pueda completar una temporada libre de lesiones.

El curso baloncestístico 2011-12 del base estuvo repleto de molestias y pequeñas lesiones hasta que en el primer partido de los play-offs se dañó de gravedad los ligamentos de la rodilla izquierda. La campaña siguiente la pasó recuperándose. Reapareció la temporada 2013-14, pero sólo pudo disputar 10 partidos antes que el menisco de la otra rodilla, la derecha, le dejara fuera de combate.

Tras pasar nuevamente por el quirófano, reapareció la temporada pasada. Otra que no pudo completar. Jugó 46 partidos hasta que un desgarro en el menisco de la rodilla derecha le obligó a operarse de nuevo en febrero del 2015. Regresó a tiempo para jugar los 5 últimos encuentros de liga regular y los 12 de su equipo en play-offs, sucumbiendo ante las huestes de Lebron.

Derrick Rose necesita culminar una temporada entera para dejar atrás el fantasma de las lesiones. Y acallar las persistentes voces que le situan como un jugador en declive por sus problemas físicos. Debe dejar atrás su preocupación y miedo a romperse para centrarse en su mejor juego, olvidando de paso su ansiedad de demostrar a todos que realmente está recuperado, que vuelve a ser el de siempre.

Los Bulls necesitan de su talento y liderazgo para conducirlos hasta un título que añoran desde 1998, desde la época gloriosa de Michael Jordan. Para ganar un anillo ficharon a Pau Gasol, renovaron a Jimmy Butler, se hicieron con los derechos de Nikola Mirotic y seleccionaron en el draft del año pasado a Doug McDermott y en el de éste a Bobby Portis. Pero siempre contando con Rose.

El base ya ha dado el primer susto antes de empezar la liga regular. Rose se ha perdido la mayor parte de la pretemporada por una fractura en la cara, más concretamente en el orbital izquierdo, que le obligó a pasar una vez más por el quirófano. La mala noticia es que el jugador franquicia de los Bulls ya se ha lesionado incluso antes de empezar los partidos oficiales. La buena es que no ha sido en ninguna de sus dos rodillas.

Se agota el crédito de Phil Jackson

Los Knicks de Nueva York son una franquicia de un gran mercado televisivo, dueña de un pasado histórico con momentos de gloria, pero atrapada en un presente para olvidar. El hombre elegido por el propietario James Dolan para sacarla del pozo es Phil Jackson, aunque no como entrenador sino como responsable ejecutivo. El entrenador 6 veces campeón con los Bulls y 5 con los Lakers era jugador de los Knicks las dos temporadas que ganaron la competición, 1970 y 1973, aunque en la primera de las dos una lesión no le dejó jugar.

El curso pasado, primero de Jackson al mando y con Derek Fisher como su extensión en el banquillo, el equipo se quedó en unos míseros 17 triunfos. Un desastre, no obstante, digerible dentro de un proceso de reconstrucción. Este año no se le perdonará un balance similar. Y menos cuando Fisher ha comparado el estado de los Knicks ahora mismo con el de los Atlanta Hawks de la pasada temporada. Los Hawks cerraron la liga regular con 60 victorias. ¿Serán capaces de hacer lo mismo en Nueva York?

Para arropar a Carmelo Anthony se ha contratado al escolta Arron Afflalo, al baluarte defensivo en la zona Robin Lopez, y se le ha dado una oportunidad al fallido número 2 del draft del 2011, el ex de los Timberwolves de Minnesota Derrick Williams. En el draft se ha elegido al talentoso base Jerian Grant (su tio Horace jugó para Phil Jackson en los tres primeros títulos ganados por los Bulls) y al letón Kristaps Porzingis, procedente del Baloncesto Sevilla (la elección del letón, por cierto, fue silbada por los aficionados neoyorquinos durante la ceremonia del draft).

La gran pregunta es si el triángulo ofensivo seguirá funcionando o es otro sistema que pertenece al pasado, enterrado por el small ball. Carmelo Anthony es un jugador capaz de generar desequilibrios como primera opción de esta táctica, pero necesita compañeros que sepan desarrollarlo. José Calderón tiene asignado un rol muy claro: base veterano. Porque sus competidores en la posición o son recién llegados o encaran su segundo año en la NBA.

La última carga de los Spurs

Cada temporada los que escribimos sobre NBA decimos que puede ser la última de los Spurs de San Antonio. En esta lo diremos una vez más, y probablemente acertaremos (ya va tocando). Al menos de los Spurs tal y como los conocemos desde que hace 13 años el entrenador Greg Popovich completó su guardia pretoriana: Tim Duncan, Tony Parker y Manu Ginobili. Este verano pasado Duncan y Ginobili estuvieron a un paso de retirarse, el próximo pocos dudan que lo harán.

Y sin embargo, como el prestigitador que te engaña haciéndote creer que la bolita está en su mano derecha cuando hace rato que la tiene en la izquierda, Popovich ya tiene a punto el relevo. En un verano brillante de la gerencia de la franquicia, se ha renovado a la pieza angular del nuevo proyecto Kawhi Leonard, y a su escudero desde los triples Daniel Green.

Se ha traído al sustituto de Duncan, el ex de los Blazers LaMarcus Aldridge, el agente libre más codiciado del mercado. Y se han conseguido los servicios de un veterano de solvencia contrastada, el ala pivot David West, que no quiere retirarse sin su anillo. El grueso de la plantilla permanece, con las bajas destacadas de Tiago Splitter, un Cory Joseph que no pasó de tercer base, un Marco Belinelli a la sombra de Green y Ginobili, y el gladiador Aron Baynes.

La recta final de Kobe

Otro que puede vivir su último curso como profesional en la NBA es Kobe Bryant. El jugador franquicia de los Lakers, en su último año de contrato con el equipo de Los Angeles, ya tiene 37 años. La próxima será su temporada número 20 en la NBA. Y desde que se lesionase en el tramo final de la Liga regular del 2012-13, las lesiones no le han respetado. Tras su inicial rotura del tendón de Aquiles, sólo pudo disputar 6 partidos de la liga 2013-14 antes de caer víctima  de una fractura de rodilla. La temporada siguiente, en enero, una lesión de hombro le obligó a pasar por el quirófano. Cualquier otro se habría retirado. Pero cualquier otro no es Kobe Bryant.

Para esta temporada que empieza los Lakers le han buscado una buena escolta a su estrella de referencia, mejor que la de los años anteriores. En el draft del 2015 eligieron a D’Angelo Russell, un base con futuro de estrella. En el del curso anterior, un ala pívot con espíritu de depredador en la zona, Julius Randle. El jugador tuvo la mala suerte de lesionarse en el primer partido de la liga regular de la temporada, en su debut en partido oficial. Y ha aprovechado el tiempo que no ha podido jugar para, además de recuperarse, fortalecer su físico y pulir su juego. Ademas de los rookies, dos veteranos de garantias se han sumado también a la plantilla californiana.

Uno es el tirador Louis Williams, un cañonero que junto a Nick Young puede descargar a Kobe de responsabilidades en ataque. Y la otra es Roy Hibbert, la torre de 2,18 que tras un mal final de etapa en los Indiana Pacers busca relanzar su carrera. La franquicia ha incorporado a otro veterano, un jugador que ya pasó por los Lakers, pero en este caso aún no se sabe si es una buena o una mala noticia. Se trata del impredecible Metta World Peace, El Jugador De Baloncesto Antes Conocido Como Ron Artest. Si está centrado, será un peligro para los rivales. Si no lo está, lo será para los Lakers.

Nervios en Oklahoma

Los Thunder de Oklahoma City han ido construyendo una plantilla joven que debe dejar ya de considerarse con proyección para empezar a dar frutos. Kevin Durant y Rusell Westbrook son los líderes de uno de los equipos de la NBA que más pagará en salarios esta temporada, con Enes Kanter y Serge Ibaka devastando en la pintura mientras Steven Adams les relevará haciendo el trabajo sucio. Por fuera, DJ Augustine y Dion Waiters darán minutos de calidad mientras Durant y Westbrook descansen.

En Oklahoma empieza a haber urgencia de resultados. Desde el año 2008, que sus dos estrellas comparten vestuario, el equipo ha jugado una final de la NBA (2012, derrotados 4 a 1 por los Miami Heat de Lebron) y dos finales de la Conferencia Oeste (2011, 2014). Un buen balance para la mayoría de franquicias. Insuficiente para un Kevin Durant  al que a sus 27 años empieza a escocerle no tener aún su anillo. Un Durant que, como ya explicamos en un artículo anterior, trabajó duramente con un estadístico personal para mejorar su juego. El objetivo de esta mejora no era anotar más, sino convertirse en un jugador determinante para ganar títulos.

La franquicia no dispone de un gran mercado que complemente sus ingresos como los Lakers. Y para mantener algunas piezas debe renunciar a otras. La renovación de Ibaka les dejó sin margen para contentar a James Harden, al que traspasaron para poder obtener algo a cambio. La marcha de la barba más famosa de la liga dejó un hueco en la posición de escolta que aún no han conseguido llenar del todo. Con Reggie Jackson se volvió a repetir la historia. Sus pretensiones económicas amenazaban con lastrar las operaciones de las temporadas siguientes, y fue traspasado a cambio de Kanter. Al menos así reforzaban otro de sus puntos flacos, la posición de cinco.

Su problema es que el jugador que acaba contrato este año no es otro que Kevin Durant. A la estrella no le van a faltar ofertas, y todas por el máximo que permite el convenio. Más allá de que en Oklahoma superen al resto de franquicias en la puja, queda pendiente el tema deportivo. Durant renovará si está convencido que los Thunder pueden ser campeones de la NBA. Si no, se marchará. Y si el se va, Westbrook y Ibaka tendrán menos alicientes para renovar unos contratos que acaban el 30 de junio del 2017. Antes hemos citado el caso de los Spurs, que han mantenido a sus jugadores importantes aún sin ofrecerles el máximo y han atraído a agentes libres de peso. ¿Que diferencia hay entre ambos equipos? 5 campeonatos de la NBA.

Artículo publicado en http://www.encancha.com, octubre 2015

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