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Marc Gasol, el último pívot clásico

18 May

El baloncesto es, como la energía, una esencia en continua transformación. El juego en la NBA es cada vez más rápido y vistoso, al gusto de los espectadores. Y los grandes pívots que antes desempeñaban un papel clave se están convirtiendo en especialistas. Aunque haya algunos que se resisten a aceptarlo.

 En nuestro deporte existe un axioma que se tomaba como verdad absoluta hasta la aparición de los Bulls de Michael Jordan: no hay equipo campeón sin un pívot dominante. La historia de la NBA está llena de ejemplos que demuestran la veracidad de esta afirmación, y con las excepciones justas para confirmarla.

 La lista se inicia con los Minneapolis Lakers de George Mikan, y sigue con los Boston Celtics de Bill Rusell, o de la pareja Kevin McHale – Robert Parish (sin olvidarnos del sexto hombre Bill Walton), Los Angeles Lakers de Wilt Chamberlain, Kareem Abdul Jabbar o Shaquille O’Neal, los New York Knicks de Willis Reed, los Filadelfia 76ers de Moses Malone, los Houston Rockets de Olajuwon o los San Antonio Spurs de David Robinson y Tim Duncan.

 Michael Jordan guió a los Bulls a 6 campeonatos de la NBA sin necesidad de un gran pívot dominante. Aunque en los tres últimos tenían en la plantilla a Dennis Rodman, uno de los más grandes reboteadores de la historia del baloncesto. Y en los tres primeros al versátil Horace Grant. La sombra de “Air” ha oscurecido hasta tal punto a sus compañeros que da la impresión que ganó los anillos él solito.

 Hasta que llega Lebron James, con su físico y polivalencia, para darle una vuelta de tuerca más a los conceptos del baloncesto. Y el “small ball” se pone de moda. Equipos pequeños, veloces, hiperactivos, que pasan la pista a toda velocidad en ataques vertiginosos. Un ritmo sin pausas que deja fuera de juego a los pívots clásicos, los de la vieja escuela.

 El líder de la vieja escuela

 Pero como los galos de Asterix, no todos han sucumbido a esta moda. Y entre los resistentes, existe un líder claro, por encima de los siete pies (2,13) de estatura. Pesado, imposible de mover una vez ha ganado la posición. Como si hubiera echado raíces. Duro en defensa y sólido en el rebote. Con buenos fundamentos, productivo en ataque y excelente visión de juego. La columna vertebral que aguanta a su equipo en momentos difíciles y da coherencia a su juego. Marc Gasol.

 Ha sido el primer europeo en ganar el premio al mejor defensor de la temporada. Un galardón que algunos no han entendido, y así lo han manifestado públicamente. Como Lebron James (él también optaba a esta distinción) o el tres veces ganador Dwight Howard (otra muestra de inteligencia por su parte, compartiendo vestuario con el hermano de Marc, Pau, que es quien debía pasarle la pelota y abrirle huecos tras la lesión de Kobe Bryant).

 Otro ejemplo de las discrepancias entorno de la relevancia de su papel lo hallamos en que el mediano de los Gasol no figura en el primer quinteto defensivo de la temporada de la NBA. El mejor defensor individual ha sido relegado al segundo quinteto. El premio al jugador surge de una votación entre periodistas. El cinco ideal se configura a partir de los votos de todos los entrenadores de la competición.

 Por suerte para Marc, en Memphis si que le valoran como se merece. Para su socio en la pintura Zach Randolph, es el mejor pívot de la NBA. Y el propietario del equipo, Robert Pera, ha lanzado a través de su cuenta de twiter una campaña de promoción de su asalariado, capaz de hacer posible lo imposible con total normalidad y sin aparente esfuerzo. Un Chuck Norris del siglo XXI.

 En estos playoffs Marc Gasol ha aumentado su rendimiento ante la canasta contraria respecto a sus números de liga regular. En la serie contra los Clippers promedió 17,3 puntos. Contra los Thunder, ha aportado 19,4 por noche. Es el jugador de su equipo que más minutos permanece en pista. Lidera a los Grizzlies en tapones, mientras que es el segundo en la lista de anotadores, de reboteadores y de pasadores.

 Pero su importancia va más allá de los números. Su presencia en el centro de la zona de los Grizzlies determina la actitud defensiva de sus compañeros, y las jugadas de sus rivales. Siempre atento a la ayuda antes las penetraciones de los jugadores contrarios, éstos dudan a la hora de encarar el aro. Y por cada lanzamiento exterior que se juegan por miedo a Marc, aumentan las posibilidades de fallo. Y de rebote defensivo.

 Cuando en febrero los Grizzlies traspasaron a su entonces líder anotador Rudy Gay, muchos interpretaron (entre ellos el que firma este artículo) que estaban tirando sus opciones esta temporada a cambio de una rebaja en la estructura salarial. El tiempo nos ha demostrado que nos equivocábamos. Sin Gay, el equipo se ha centrado en su verdadero punto fuerte, el juego interior. Y ha descubierto la mejor versión de Mike Conley, el base titular más infravalorado de la Liga.

 Por primera vez en su historia, la franquicia de Memphis ha llegado a una Final de Conferencia. La baja de Westbrook ha sobrecargado de trabajo y minutos a Kevin Durant. Y los Oklahoma City Thunder han pagado el agotamiento de su estrella en los últimos cuartos de los partidos de una serie muy igualada, yéndose de vacaciones mucho antes de lo que esperaban. En primera ronda ante los Clippers los Grizzlies ya se beneficiaron de la lesión de Blake Griffin. ¿La suerte de los campeones?

 Y ahora, las Finales de Conferencia

 El rival de los Grizzlies en el campeonato de la Conferencia Oeste, y último obstáculo antes de la gran Final de la NBA, serán los San Antonio Spurs. Los tejanos han acabado con la bonita aventura de los Golden State Warriors en los playoffs de esta temporada. Un dato para los amantes de la numerologia, los cuatro campeonatos de los de Popovich han llegado en año impar…como éste.

 Volviendo a los Warriors, Stephen Curry nos ha dejado momentos inolvidables, secundado por Klay Thompson. El rookie Harrison Barnes ha demostrado una solidez en su juego propia de un veterano. Jarret Jack ha tenido buenos minutos saliendo desde el banquillo. Siempre nos quedará la incógnita de saber que hubiera pasado si David Lee no se hubiera lesionado. Tal vez la próxima temporada podamos averiguarlo si otro pívot de la vieja escuela, Andrew Bogut, se mantiene sano.

 En el Este, los Heat de Miami pasaron a la final de Conferencia después de deshacerse de los Bulls. El equipo de Chicago no pudo recuperar a los lesionados Deng y Hinrich, y se descartó la probablemente apresurada reaparición de su estrella Derrick Rose. Aún así, dieron una lección de coraje y competitividad, jugando por encima de sus posibilidades, liderados por un Nate Robinson sin contrato para la próxima temporada y por un prometedor Jimmy Butler. Lástima que Carlos Boozer se sumó tarde a la fiesta.

 La otra semifinal del Este aún está abierta a la hora de escribir estas líneas. Los New York Knicks han salvado la primera pelota de partido ante los Pacers, el equipo del otro gigante que se resiste al cambio de época, Roy Hibbert. Ahora la serie se traslada a Indiana, donde los Knicks no conocen la victoria esta temporada. Deberían ganar el próximo para jugárselo todo a una carta en un séptimo partido en el Madison Square Garden.

Es la oportunidad de Carmelo Anthony de quitarse el sambenito de encima de ser un buen jugador incapaz de hacer campeón a su equipo. Lástima que Melo ha perdido el acierto cara a canasta de la recta final de la Liga Regular. Y que J.R. Smith también ha bajado escandalosamente sus prestaciones, inmerso en un debate público sobre sus juergas nocturnas. Y que Iman Shumpert tampoco ve aro.Y que Jason Kidd lleva 9 partidos (desde el 23 de abril) sin anotar un punto. Si remontan será un gran guión cinematográfico, una conmovedora historia de superación. Lástima que hablamos de Nueva York y no de Hollywood.

 

publicado en www.encancha.com, mayo 2013

¿Aún interesa el Slam Dunk?

14 Mar

Los mates son una de las jugadas preferidas de los aficionados al baloncesto. Animan los partidos. Sin embargo, el concurso del All Star de la NBA ya no levanta las mismas pasiones. A pesar de los múltiples intentos por buscar nuevos alicientes.

A principios de marzo, Magic Johnson ofrecía a Lebron James un millón de dólares por participar en el concurso de mates de la NBA. Técnicamente, la suma no era para la estrella de los Heat, sino para el ganador de la cita. Magic ya daba por descontada la victoria de Lebron.

Para acabar de animar la fiesta, el portal de internet sex.com (supongo que no hace falta aclarar nada sobre sus contenidos) ofrecía a Kobe Bryant 5 millones de dólares para causas benéficas por enfrentarse a Lebron James en la próxima edición del concurso de mates del Fin de Semana de las Estrellas de la NBA.

El escolta de los Lakers ya participó una vez en el concurso, el año 1997. Lo ganó, estableciendo el récord que aún conserva de vencedor más joven. Tenía 18 años. Desde entonces no ha vuelto a participar. Lebron James nunca ha participado como profesional. La última competición de este tipo en la que tomó parte fue en 2003, en el equivalente del All Star para jugadores de Instituto.

El verdadero trasfondo de la cuestión no es si Kobe es mejor que Lebron, o viceversa, sino la deserción de las estrellas de la liga de este certamen. Un hecho que le resta interés año tras año, a pesar de los esfuerzos del departamento de márketing de la Liga para mantenerlo vivo.

El mejor inicio posible

En 1984, el primer concurso de mates de la NBA contó, entre otros participantes, con los mejores matadores del momento: Julius Erving (Doctor J), Larry Nance (The High-Ayatolla of Slamola), Dominique Wilkins (The Human Highlight Film), Darrell Griffith (Doctor Dunkenstein), Orlando Woolridge y Clyde Drexler (The Glide).

La nómina de 1985 aún fue mejor. A los Erving, Nance, Wilkins, Griffith, Woolridge y Drexler se unieron un tal Michael “Air” Jordan y otro especialista con muelles en las piernas, Terence Stanbury. La victoria fue para Wilkins. En 1986 asistimos al primer experimento. Ganó Spud Webb. No hizo los mejores mates (de hecho, fueron justitos), pero sólo medía 1,70 de altura.

 Jordan participó y venció en las ediciones de 1987 y 1988. La segunda, enfrentándose de nuevo a Dominique Wilkins en el duelo más deseado por los aficionados. Wilkins volvería a ganar en 1990, pero ya sin la competencia de Jordan. En 1989 no participaron ninguno de los dos, y ganó Kenny “Sky” Walker (jugador con un paso fugaz por la ACB, en Granollers).

Se agota el modelo

En la década de los 90 del siglo pasado empieza la lenta agonía del concurso. Las grandes estrellas dejan paulatinamente de acudir. Por miedo a las lesiones o por considerar que han agotado el repertorio de saltos y arabescos. Jugadores secundarios y jóvenes promesas ocupan su lugar.

 El elenco de ganadores de los 90 es el siguiente: Dee Brown (inflando la cámara de aire de sus zapatillas y tapándose los ojos en su último mate) en 1991, Cedric Ceballos (machacando con los ojos vendados) en 1992, Harold Minner (más conocido como Baby Jordan, fue en lo único que emuló al modelo) en 1993 y 1995, Isaiah Rider (lo tenía todo para ser una estrella, lástima de su carácter) en 1994, Brent Barry en 1996 (el único jugador de raza blanca que ha ganado la competición), y el ya citado Kobe Bryant en 1997. En 1998 y 1999 no se celebró.

Hasta que llegamos al año 2000. No es que las estrellas volvieran a participar. Es que las jóvenes promesas estuvieron brillantísimas. La final, que enfrentó a Vince Carter, Steve Francis y Tracy McGrady , fue de un nivel increíble. Los mates del ganador, Vince Carter, han pasado a la historia de la NBA, pero la actuación de sus dos rivales también fue memorable. Junto con la edición de 1988, posiblemente los dos mejores concursos de la historia de la liga.

Sólo para jóvenes

No volvió a sonar la flauta hasta el 2006. Nate Robinson era la nueva versión de Spud Webb, el matador bajito. Aunque este base de 1,75 si que hacía mates de auténtico mérito. Ganó tres veces la competición de 4 participaciones entre 2006 y 2010. En 2009 derrotó en la final a Dwight Howard, en una versión baloncestística del mito bíblico de David contra Goliat. El ahora pívot de los Lakers concursó en tres ocasiones como jugador de los Magic, ganando en el 2008 (sin la participación de “Kriptonita” Robinson).

A pesar de estos destellos momentaneos, la dinámica no ha cambiado. La NBA utiliza el concurso como plataforma para lanzar jóvenes jugadores. Con unos lo consiguió. Para otros sólo fue un éxito fugaz. Desmond Mason, Jason Richardson (en 2 ocasiones), Fred Jones, Josh Smith, Gerald Green, Blake Griffin, Jeremy Evans y finalmente Terrence Ross  completan la lista de vencedores. A muchos de ellos cuesta ponerles una cara. Respecto a las figuras consagradas, sólo aparecen cámara de video en mano para grabar y poner cara de pasmados.

Un mate, dentro del entorno de un partido de baloncesto, es una jugada espectacular, vigorizante, que puede valer más de 2 puntos. Levanta el ánimo de un equipo decaído y le hace reaccionar, o hunde definitivamente a un contrario al que le tienes comida la moral.

Pero fuera de contexto tiene mucho de espectáculo circense. La capacidad de salto del ser humano y la permanencia en el aire tienen un límite. Y tras cientos de mates, hasta la creatividad de los especialistas se agota. Así que mejor organizarlo bien, porque el público se acaba cansando de ver siempre los mismos números. Y más si le sisan la actuación de sus artistas preferidos.

Youtube supone un problema adicional. Hay mucho matador fuera de la NBA que cuelga sus videos. Con mates que luego copian los profesionales, reforzando más la sensación de ir a remolque por falta de originalidad. La solución, que vuelvan a concursar los mejores.

 

publicado en http://www.encancha.com

 

La magia de los All Star

14 Feb

Este fin de semana la NBA celebra el Fin de Semana de las Estrellas, una brillante idea promocional típica de las ligas profesionales estadounidenses. Los mejores jugadores de la competición enfrentándose en un partido. Un programa que se completa con otras actividades para promocionar estrellas emergentes. El márketing al servicio del baloncesto.

El partido de las Estrellas es una tradición que nace casi con la misma NBA. Haskell Cohen, director de Relaciones Públicas de la liga, tuvo la idea de trasladar un formato que funcionaba en la MLB (Major League de Beisbol) a la incipiente competición de baloncesto (su primera temporada oficial fue la 1949-50). Maurice Podoloff, presidente de la Liga, apoyó la propuesta y el presidente de los Boston Celtics, Walter Brown, cedió el Boston Garden para su plasmación. Y así, el 2 de marzo de 1951 se jugó el primer partido de las estrellas de la NBA.

En 1976, en el All Star de Denver de la rival de la NBA, la ABA, se celebró el primer concurso de mates de la historia. Julius Erving asombró saltando desde la línea de tiros libres. Poco después esta liga desaparecía, y Doctor J se convirtió en la estrella de los 76ers. Cuando en 1984 la NBA organizó su partido de las estrellas en Denver, decidió revivir aquel momento mágico, aunque no todo salió igual. Erving, ya veterano, quedó segundo, por detrás de un pletórico Larry Nance y su mate con dos pelotas (de baloncesto). No obstante, el concurso gustó tanto que se decidió incluirlo cada año en el programa de actos. Había nacido el All Star Week End, o Fin de Semana de las Estrellas.

Dos años más tarde, en 1986, se incorporó un nuevo concurso para deleite de los aficionados: la competición de triples. Aquella primera cita del All Star de Dallas nos ha dejado una de las imágenes legendarias de la historia de estos fines de semana. Larry Bird, en la final, lanza su último balón desde el carrito de la esquina. Con la pelota aún en el aire, levanta el dedo índice de su mano derecha, en señal de victoria. Él sabe que la pelota va a entrar. Y que aquel lanzamiento le da el triunfo. Por cierto, el balón tricolor que cierra cada uno de los cinco carritos del concurso es otro guiño hacia la ABA, pues así era el balón oficial de la competición. La NBA no adoptó la línea de 3 puntos hasta la desaparición de su competidora.

No todos los añadidos al partido de las Estrellas han funcionado. En 1984 también se introdujo el Legends Classic, un partido que sacaba de su retiro a viejas glorias de la Liga para hacerles reverdecer laureles y recibir el homenaje de los aficionados por un día. El año 1994 fue sustituido por el desafío de los Rookies, que en su formato inicial enfrentaba un equipo de debutantes contra otro de sophomores (jugadores de segundo año).

 La fórmula ha sido retocada, y ahora juegan mezclados los de primer y segundo año, en dos equipos dirigidos este año por dos viejas glorias, Shaquille O’Neal y Charles Barkley. Las viejas leyendas, por su parte, han encontrado su lugar en el Celebrity Game o Partido de los famosos, que reúne a exjugadores de la NBA y jugadoras de la WNBA con personajes de la farándula tales como actores, cantantes, presentadores de televisión, e incluso deportistas de otras especialidades, como es el caso este año del velocista Usain Bolt. Viejas glorias y jugadoras de la WNBA también están presentes en el concurso de tiro por equipos, en el que compiten junto a jugadores de la NBA en activo (4 equipos compuestos por un NBA, un exNBA y una WNBA).

Y finalmente nos queda el concurso de habilidades, una competición que permite a los bases demostrar su técnica individual y su rapidez al superar una serie de obstáculos y pruebas dentro de la pista de baloncesto bajo el escrutinio objetivo del cronómetro.

El All Star nos ha dejado momentos míticos de la historia de la NBA. En función de la edad, cada uno de nosotros tendrá sus preferidos. Yo tengo dos. Ambos tienen el componente triste de un adiós. Y ambos incorporan el último rugido de una fiera que quiere salir de la arena por la puerta grande.

Magic Johnson, base de los Lakers, anunció al mundo que era seropositivo en noviembre del 1991. Como esto sucedió con la liga ya empezada, su nombre figuraba en las papeletas en que los aficionados escogían a los titulares del All Star (entonces aún no funcionaba internet como ahora). Y lo eligieron. Sin haber disputado ningún partido de liga regular, jugó el All Star de 1992. Anotó 25 puntos y repartió 13 asistencias. Fue el MVP. Su equipo, el Oeste, ganó por 153 a 113. Y tras su último triple, a 14 segundos del final, el resto de jugadores se fundieron con él en un abrazo.

En el año 2003, Michael Jordan jugó su último all star con 40 años. Su discurso de despedida pasando el legado a las jóvenes estrellas, con los ojos brillantes por la emoción ( tambien había alguna  que otra lágrima), fue un momento memorable. En el partido, que se resolvió en la segunda prórroga, Jordan no estuvo fino. Anotó 9 de 27 en tiros de campo, recibió 4 tapones, incluso falló un mate. Y aún así, tuvo su momento, uno de sus tiros mágicos que podría haber dado la victoria al Este al final de la primera prórroga…si Jermaine O’Neal no hubiera cometido una innecesaria falta sobre Kobe Bryant.

Como ya dije antes, ha habido otros momentos irrepetibles a lo largo de la historia de los All Star. El baile que se marcó Shaquille O’Neal y Rudy Fernández destacando como matador en el 2009, el concurso de mates de Vince Carter del 2000 que dio nueva vida a una modalidad tocada de muerte o los duelos en esta modalidad entre Michael Jordan y Dominique Wilkins a finales de los 80, el lituano Rimas Kurtinaitis participando en el concurso de triples del 1989, los 19 triples consecutivos que anotó Craig Hodges en este misma competición en 1991…Esperemos que el futuro nos siga deparando muchos más

Postdata: Y volviendo a Michael Jordan, este domingo, coincidiendo con el Partido de las Estrellas, cumple 50 años. Circula el rumor, que desde la NBA no han desmentido, que Air podría disputar algunos minutos en el encuentro para celebrarlo. ¿Hay algo de cierto en el rumor o es otra operación de márketing de la Liga? El domingo lo sabremos.

 

Publicado en http://www.encancha.com, febrero 2013

El enero caliente de Garnett

31 Ene

Kevin Garnett tiene fama de ser uno de los jugadores más desagradables de la NBA. Es de aquellos que elevan el sentido de la palabra competitividad a extremos casi malsanos. Un jugador que deseas tener en tu equipo para no tener que enfrentarte a él. Y ha tenido un enero movidito.

El 7 de enero los Celtics se impusieron a los Knicks por 96 a 102 en el Madison Square Garden. En el transcurso del partido Carmelo Anthony y Kevin Garnett tuvieron algo más que un intercambio de palabras. El enfrentamiento se prolongó al final del tiempo reglamentario, con la estrella de los locales intentando acceder al vestuario visitante para resolver cuestiones pendientes con el ala pívot de los Celtics. Como no pudo entrar, optó por esperar en el párking del Madison la salida de los jugadores rivales. Los servicios de seguridad evitaron el encontronazo físico, pero no los insultos.

El origen del enfado de Anthony está en unas palabras de Garnett, que puso el dedo en la llaga por partida doble. Por aquellos días el jugador de los Knicks realizaba por motivos espirituales una estricta dieta alimenticia cuyo origen podemos encontrar en la Biblia, la Dieta de Daniel: “En aquellos días yo Daniel estuve afligido por espacio de tres semanas. No comí manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino, ni me ungí con ungüento, hasta que se cumplieron las tres semanas”. Una dieta vegetariana con la que el alero quería depurar su cuerpo y su mente.

Garnett, después de todo el partido calentándole los oídos a Anthony, le dijo que su mujer sabía a cereales con miel. Una frase envenenada, y no sólo por el tema dietético. El matrimonio del jugador de los Knicks pasa por momentos difíciles. El y la actriz La la Vasquez llevan dos meses separados, después de años de rumores de continuas infidelidades por parte del jugador.

El jugador de los Celtics es uno de los jugadores más versados en lo que se llama “trash talking”. Consiste en ir provocando a los jugadores rivales (antes, durante o después de los partidos) con toda clase de sutilezas verbales a fin de descentrarlos y sacarles del partido. Sus colegas le eligieron el rey de la especialidad en una votación organizada por la revista Sports Illustrated el año 2010.

No es un invento suyo, ni es algo reciente. Charles Barkley lo hacía de forma ingeniosa e incluso divertida (siempre y cuando no fueras el protagonista de sus burlas). Gary Payton era francamente desagradable. Reggie Miller y Larry Bird tampoco callaban. El mismo Michael Jordan dominaba este lance del juego. Una anécdota apócrifa cuenta que lo hacía incluso en los entrenamientos, provocando en una ocasión que Scottie Pippen le lanzara un puñetazo. Ni siquiera es exclusivo del baloncesto. En otros deportes también se practica este noble arte.

Las nuevas tecnologías son también un terreno propicio para desarrollar el “trash talking”. Ya no es necesaria la presencia de la prensa para recoger tus provocaciones a los rivales. Y de nuevo hallamos a Garnett implicado. Tras la marcha de Ray Allen de los Celtics a los Miami Heat, Rajon Rondo inició una guerra a través de twitter a la que se sumó encantando el ala pívot. Tuvo que ser Dwayne Wade el que zanjara el intercambio de forma rotunda.

Lo que diferencia a Garnett en esta práctica es su disposición a ultrapasar los límites, En noviembre de 2010 Charlie Villanueva le acusó de llamarlo “cancerígeno”. Garnett aclaró que en realidad le había dicho que era el cáncer de su equipo y de la liga. Igual de desafortunado. El jugador de los Pistons padece Alopecia Areata, una enfermedad que impide que le crezca pelo en ningún lugar de su cuerpo. Antes de serle diagnosticada esta dolencia, llegó a temerse que fuera un cáncer.

Los Knicks, en una iniciativa novedosa, decidieron blindar a su estrella respecto a futuras provocaciones verbales de otros rivales. Para ello, instalaron micrófonos adicionales alrededor de la pista para grabar todo lo que los jugadores decían en ella durante los partidos. Que se sepa, al menos, en los dos partidos siguientes al encontronazo, contra Bulls y Hornets.

El máximo responsable de la NBA, el comisionado David Stern, dio el visto bueno a la medida. Es más, le encantaría que en todas las pistas hubiera más micrófonos para que los aficionados puedan escuchar todo lo que pasa durante los partidos, tal como ocurre en la NFL. Siempre y cuando los micrófonos se centren en lo que pasa en el juego. Por tanto, nada de escuchas en el vestuario, o en los tiempos muertos (aparte del que pone la propia Liga). Eso ya sería considerado espionaje y sancionado.

El alero de los Knicks no ha sido el único rival con el que se las ha tenido Garnett. Joakim Noah, de los Chicago Bulls, le acusó de jugar sucio y sacar a pasear los codos en el partido que les enfrentó el 18 de enero. Se pasaron el enfrentamiento (nunca mejor dicho) enzarzados, y recibieron una doble técnica en el último cuarto. Entre ellos dos las rencillas vienen de su duelo en los playoffs de la Conferencia Este del 2010. En aquellos momentos, el pívot de los Bulls le acusó de ser especialmente duro con los jugadores extranjeros (Pau Gasol o Jose Manuel Calderón podrían dar fe de ello). Curiosamente, Noah tenia un póster de Garnett en su habitación cuando era un adolescente.

Garnett y Anthony volvieron a verse las caras el 24 de enero, pero esta vez en Boston. Carmelo viajó acompañado de un guardaespaldas, además de los dos miembros del equipo de seguridad de los Knicks que habitualmente acompañan al equipo en sus desplazamientos. Anthony, evidentemente, no esperaba que su protector saltase a la pista cada vez que Garnett se le acercase. Más bien era para evitar alguna reacción airada de los aficionados de los Celtics…que no se produjo. Los Knicks se tomaron la revancha ganando a los Celtics en su cancha, algo que no habían conseguido en las 6 temporadas anteriores. Y con 28 puntos de su estrella.

El fin de semana del All Star de Houston, del 15 al 17 de febrero, ambos jugadores coincidirán. Los dos serán titulares por el Este. ¿Habrán limado sus diferencias?

publicado en http://www.encancha.com, enero 2013

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