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Los retos de Adam Silver, el nuevo jefe de la NBA

6 Feb

El quinto comisionado de la historia de la NBA ha empezado el ejercicio de su cargo con la liga saneada y una posición hegemónica a nivel mundial que nadie discute. Y viene con ideas en mente acerca de los cambios necesarios para mantener su status. En este artículo analizamos algunas de estas posibles variaciones.

Adam Silver tomó las riendas de la NBA en sustitución de David Stern el 1 de febrero,  justo cuando se cumplían 30 años de la toma de posesión del que ahora se jubilaba. El saliente y el entrante son dos personalidades opuestas que, sin embargo, se han complementado muy bien durante los últimos 22 años.

Silver, un abogado licenciado en las universidades de Duke y Chicago, entró a trabajar como ayudante del comisionado de la NBA en 1992. El 2006 fue elevado a la categoría de segundo al mando de la Liga. Si Stern era un directivo a la antigua usanza, con un fuerte personalismo y un duro e hiriente sarcasmo, su sucesor es un ejecutivo moderno, de bajo perfil personal, dialogante y buscador de consensos, que se distinguió durante la negociación del último convenio colectivo.

Otra muestra de la modernidad del nuevo comisionado de la Liga es su apoyo total al uso de estadísticas avanzadas. Fruto de su afición al beisbol, Silver es un ferviente creyente en la utilidad de este tipo de analítica del juego. Partidario de abrir estos datos a todos los aficionados, se adivina su mano tras la remodelación esta temporada del apartado de estadística de la web de la NBA.

Cuando Stern se convirtió en el cuarto comisionado en la historia de la NBA, se encontró con una liga en bancarrota e infiltrada por el fantasma de las drogas. Stern limpió los vestuarios de estupefacientes y devolvió los números negros a los balances poniendo la liga en manos de las estrellas (primero, Magic Johnson y Larry Bird, luego Michael Jordan), concebidas como instrumentos de marketing para atraer público y anunciantes.

Para saber a qué retos se enfrenta Adam Silver al principio de su mandato, recurriremos a los globos sonda que ha lanzado antes de tomar posesión de forma oficial del cargo. Así sabremos los temas que Silver identifica como problemáticos.

REDUCCIÓN DE LA DURACIÓN DE LOS PARTIDOS

A la NBA parece preocuparle la duración de los partidos, que considera excesiva.  Según fuentes de varios equipos, el mismo Silver habría propuesto, de forma informal en reuniones a lo largo de las dos últimas temporadas, reducir el tiempo de juego de los partidos de 48 a 40 minutos, y las prórrogas de 5 minutos a 3.

Para acortar, ya ha limitado las presentaciones de equipos y otros rituales prepartidos, y ha establecido un mayor control sobre el cumplimiento de los tiempos muertos. A los anunciantes les gusta que la transmisión tenga una duración más o menos fija, y no debe ser demasiado larga para que los ajetreados espectadores puedan seguirla en su totalidad. Dos horas parece ser el minutaje adecuado.

A la Liga, además de la extensión en el tiempo de sus enfrentamientos, le inquieta el alargamiento de sus minutos finales, a la manera del baloncesto NCAA, cuando el resultado está ajustado. La NBA ya ha avanzado en este camino con una modificación de la reglamentación de las faltas intencionadas en los dos últimos minutos de partido.

Sobre este tema hay que seguir los cambios introducidos en la D-League, campo de pruebas de futura reglamentación NBA. El objetivo en esta competición es reducir los encuentros a una duración de 2 horas, lo que complace a los anunciantes. Para ello la liga de formación ha reducido el número y extensión de los tiempos muertos (decisión no viable en la NBA para no perder publicidad) y ha prohibido los tiempos muertos consecutivos. También se plantea reducir el descanso entre partes (las marcas asumen que los espectadores hacen zapping, así que esta decisión no supondría un problema).

REPLANTEAMIENTO DE LAS DIVISIONES

Mirando la clasificación de la NBA, a fecha de 27 de enero, sólo tres equipos del Oeste (y uno de ellos los Lakers) tenían peor registro que el octavo clasificado del Este. Lo cual implicaba que cuatro equipos de la Conferencia más potente se quedarían fuera de los playoffs a pesar de haber hecho más méritos que sus rivales del Este, en la que hace años que se van colando equipos en la lucha por los anillos con un balance de victorias inferior al 50%.

Este año esa diferencia es aún mucho más exagerada. Mientras que los ocho privilegiados del Oeste presentaban todos un balance ganador, sólo cinco equipos del Este tenían más triunfos que derrotas. Y gracias a que los Toronto Raptors (22-21)  había encontrado su juego tras un mal noviembre (5-9) y que los Chicago Bulls (22-21) arreglaron en enero (10-3) un pésimo diciembre (5-10).

Modificar el sistema de conferencias  supondría un cambio drástico del calendario (los equipos se enfrentan más veces durante la liga regular contra los de su misma división que contra los de la otra mitad de la NBA), pero con la mejora de los medios de transporte sería asumible.

Los aficionados agradeceríamos que en la lucha por los anillos participasen los 16 mejores equipos de la liga, sin importar de qué parte de los Estados Unidos sean. Pero como no se puede empezar la casa por el tejado, lo primero que revisarán serán las divisiones, en la próxima  reunión del Comité de Competición.

Los campeones de División ganan plaza de forma automática para los playoffs y pasan como cabezas de serie delante del resto de equipos que no lo son aunque hayan finalizado la liga regular con un peor balance de victorias y derrotas. Silver, al que no le gusta este privilegio, manifestó respecto a esta forma de agrupar los equipos que “el objetivo era fomentar rivalidades y ahora no estoy seguro que eso esté ocurriendo”.

En un primera fase lo más probable es que realineen algunos equipos para potenciar rivalidades y darle así una última oportunidad a esta forma de organizar los equipos. Pero si no obtienen los resultados esperados, podéis apostar que no les temblará el pulso para abolirlas.

HACER UN DRAFT MENOS ALEATORIO

Un repaso a las plantillas de esta temporada, y a los fichajes y movimientos efectuados por algunos equipos, revela motivaciones ocultas. Coinciden demasiadas franquicias con equipos nada competitivos. Si unimos este dato a las opiniones de los expertos en baloncesto universitario de que el draft del 2014 será de calidad excepcional, es imposible no pensar en el tanking (tirar la temporada para conseguir una mejor elección de rookies).

El problema es la mala imagen que la NBA proyecta. Los tramposos, los que hacen las cosas mal a posta, tienen premio. Hasta 1984, los dos peores equipos se jugaban a cara o cruz las dos primeras elecciones.  Precisamente hasta el año en que llegaron a la liga Olajuwon y Jordan, pocos meses después de la toma de posesión del comisionado David Stern. Aquella temporada también hubo fundadas sospechas de tanking.

Stern modificó de forma progresiva el draft hasta su forma actual, en que un sorteo entre los equipos que no juegan playoffs determina las 3 primeras opciones de elegir. Con más posibilidades para los peores equipos, pero no tantas como para ser una garantía de nada. Eso si, el equipo con menos victorias se asegura como poco ser el cuarto en escoger jugador (este año ésa será una posición excelente).

Y ahora de nuevo coincide un cambio en el máximo dirigente de la NBA con una camada de novatos de gran talento. El enfoque del nuevo comisionado para resolver el problema es radicalmente opuesto al de Stern. Si su antecesor apostó por el azar controlado, Silver pretende establecer un patrón fijo de 30 años, alternando elecciones altas con bajas. Una secuencia como la siguiente:

1, 30, 19, 18 ,7, 6, 25, 23, 14, 11, 2 ,29, 20, 17, 8, 5, 26, 22, 15, 10, 3, 28, 21, 16, 9, 4, 27, 24, 13, 12.

Con este sistema los equipos sabrían exactamente sus opciones en el draft. Se evitarían los malos ciclos de franquicias atrapadas durante años en las elecciones medias-altas (del 20 al 30), y los golpes de fortuna exagerados, con plantillas renovadas después de encadenar varias elecciones bajas. Y sería inútil dejarse perder, puesto que tu lugar en el draft está marcado. Así que si perder no sirve, solo queda ir a ganar.

El punto oscuro de este sistema es que las futuras estrellas NBA también sabrían de antemano cual sería su destino. Y podrían decidir estar más o menos tiempo en la universidad en función de sus preferencias. La función igualadora entre conjuntos que se supone tiene el draft peligraría. Aunque sea a costa de los derechos de estos futuros trabajadores (serán millonarios, pero siguen siendo asalariados), que seguirán sin poder elegir su “primera empresa”.

Sin embargo, pasará mucho tiempo antes de que modificaciones de este tipo puedan aplicarse. Al menos, 10 temporadas, hasta que se hayan consumado todos los cambios pendientes entre las franquicias. Y quien sabe, igual para entonces ha hay otro comisionado.

ELEVAR LA EDAD DE INGRESO DE LOS JUGADORES

Adam Silver habría revelado después de tomar posesión del cargo que una de sus prioridades es elevar un año más la edad mínima de acceso a la NBA, pasándola de los 19 actuales hasta los 20. Un empeño heredado de su predecessor David Stern, a quien tampoco le gustaban los “one and done” de la NCAA.

Con el sistema actual se pone en duda el compromiso de las futuras estrellas con las Universidades que los reclutan. Y condiciona el sistema de trabajo de los equipos, que no pueden construir proyectos de crecimiento a medio plazo (en la liga universitaria no existe el largo plazo ya que la carrera de sus jugadores se limita a 4 temporadas activas).

Una opción sería volver a los viejos tiempos, y permitir la entrada de jugadores en la liga con 18 años, al salir del instituto. Así, el que fuera a la Universidad no lo haría por obligación. Pero a la NBA no le gusta esta opción. Así que su solución es elevar la edad de ingreso. Una idea a la que se oponen los jugadores. Sea cual sea la resolución del tema, no podrá abordarse hasta la negociación del siguiente convenio colectivo. El vigente no caduca hasta el 2017.

PUBLICIDAD EN LAS CAMISETAS

La Junta de Gobernadores (los propietarios, para entendernos) debe ratificar un primer acuerdo para introducir publicidad en las camisetas de los jugadores. De forma muy tímida en este primera tentativa, pero publicidad. David Stern se oponía a esta medida y pretendía hacer cambiar de decisión a los dueños de los equipos. Desconozco la postura de Silver al respecto. Tal vez a final de temporada la sepamos. Y para la siguiente, las camisetas ya no estarán tan “limpias”.

publicado en http://www.encancha.com, febrero 2014

Adam Morrison, “Born too late”

30 Jul

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Adam Morrison puede pasar a la historia de la NBA como un gran fiasco, otra de las decisiones fallidas de Michael Jordan desde los despachos. Y sin embargo, Morrison es mucho más que un error de MJ. A la mayoria de aficionados a la NBA su nombre no les sonará. Más allá de ser un número 3 de draft del 2006, por detrás de Bargnani i LaMarcus Aldridge y por delante de Brandon Roy, Rudy Gay o Rajon Rondo. Otra estrella universitaria que no consiguió triunfar como profesional.

Pero esta es una imagen injusta. Para los que le vimos en su etapa universitaria, para los que disfrutamos de su última temporada de absoluta locura anotadora en Gonzaga, Morrison es mucho más que eso. Un inadaptado al tiempo que le ha tocado vivir con un encanto “vintage”, una voz disonante en el coro, el eco de un baloncesto y una época que no volverá.

Un proyecto de estrella NBA que no cuajó

Los Bobcats lo escogieron para que fuera su jugador franquicia, pero el alero de 2,03 nunca cumplió las expectativas. El buen ojo de Michael Jordan como ejecutivo volvió a quedar en entredicho, en su primera selección en un draft para el equipo de Charlotte. Lo mismo que pasó en su día cuando, siendo directivo de los Washington Wizards, eligió con el número 1 a Kwame Brown.

Tras un debut como rookie con unos números correctos, aunque no de estrella (11,8 puntos por partido), una grave lesión en su rodilla izquierda le mantuvo apartado de las pistas toda su segunda temporada como profesional. Y para cuando volvió, los Bobcats creyeron que su momento ya había pasado. Así que durante su tercera temporada regular lo traspasaron a Los Angeles Lakers.

En el conjunto californiano Morrison ganó 2 anillos de campeón de la NBA, los años 2009 y 2010. Sin embargo, no hizo méritos para ello, ya que su participación en el juego del equipo fue meramente testimonial. Los Lakers no le renovaron el contrato cuando éste expiró. Hizo la siguiente pretemporada con los Washington Wizards, pero le cortaron antes de empezar la competición.

El alero probó suerte en Europa, pero tampoco le fue bien. En septiembre de 2011 fichó por el Estrella Roja de Belgrado. En noviembre, tras ocho partidos en los que lideró el equipo en anotación con 15,5 puntos de media, rescindió su contrato para intentar firmar otro en la NBA. No lo consiguió. En enero de 2012 volvió al Viejo Mundo, en las filas del Besiktas. En abril del 2012 dejó el equipo turco por falta de minutos.

El pasado verano Morrison hizo su último intento de volver a la élite del baloncesto mundial. Y afirmó que si no lo conseguía se retiraría. Jugó la Liga de Verano de la NBA con los Brooklyn Nets y Los Angeles Clippers. Hizo la pretemporada con los Portland Trail Blazers. Y de nuevo fue cortado antes de empezar la Liga Regular. Ahora Adam, con tan sólo 28 años, ha cumplido su palabra.

Estrella NCAA en Gonzaga 

Y sin embargo, apenas ocho meses antes de aquel draft del de 2006, parecía imposible que la estrella del alero pudiera apagarse nunca. Fue el 22 de Noviembre de 2005. En una de las noches mágicas de la NCAA, los Bulldogs de Gonzaga eliminaban a los Spartans de Michigan State en la semifinal del torneo de “pretemporada” de Maui por 109 a 106 después de tres prórrogas. Si hubiera sido durante el “March Madness”, estaríamos hablando de uno de los partidos míticos del baloncesto universitario.

Fue un duelo épico, glorioso, entre dos jugadores con las muñecas calientes, el punto de mira afinado, y llamando descarados a las puertas del Olimpo baloncestístico. Dos jóvenes aparentemente destinados a la grandeza. Morrison anotó 43 puntos para Gonzaga. Enfrente suyo, liderando a los Spartans, el escolta Maurice Ager (tuvo un paso fugaz y poco afortunado por el Cajasol) se fue hasta los 36 puntos. Ninguno de los dos ha alcanzado la gloria.

La fuerte vinculación de este alero de 2,03 y su “alma mater”, Gonzaga, tiene unas raíces muy profundas. Hijo de un exjugador de baloncesto reconvertido a entrenador, tuvo una infancia viajera hasta que su padre decidió cambiar de profesión. La familia se afincó en Spokane, cerca de la Universidad de Gonzaga. Y entonces Morrison se convirtió en recogepelotas del equipo de baloncesto que años antes había alumbrado un prodigio como John Stockton.

El joven Adam, a pesar de la diabetes diagnosticada cuando tenía 13 años, se convirtió en la estrella de su instituto, Mead Senior High School. Y cuando llegó la hora de dar el salto a la Universidad, Morrison tenía muy claro su destino. Quería seguir en su entorno familiar. Así que se quedó en Gonzaga.

En el año de su debut universitario promedió 11,4 puntos. Como sophomore su media subió hasta los 19 por partido. Y en su año júnior, el último antes de saltar a la NBA, explotó. Los 43 puntos contra Michigan State no fueron su tope de la temporada. Se fue hasta los 44 contra Loyola, 37 de ellos en una segunda parte de locura. Su media anotadora subió hasta los 28 puntos. Compartió el premio de mejor jugador del año con J.J. Reddick, que jugaba en Duke.

Un jugador de otro tiempo

Con un aspecto dominado por un bigote eternamente incipiente y una melena desaliñada, y un tiro exterior demoledor, no tardó en comparársele con Larry Bird. En la pista las similitudes eran evidentes, pero fuera de ella tal vez se parecía más al activista Bill Walton de sus tiempos de UCLA (casualidades de la vida, su grave lesión de rodilla llegó tras un choque con el hijo del pívot, Luke). Porque Morrison tuvo la mala suerte de nacer fuera de su época. Como la canción de las Poni-Tails, “Born too late”.

Tengo la impresión de que hubiera sido feliz en Woodstock. Que hubiera estado presente en las manifestaciones contra la guerra de Vietnam. Que hubiera brillado en la NBA de los años 80 del siglo XX, no tan física. Como Walton. Morrison tuvo su momento, una frase que levantó ampollas entre los aficionados más conservadores: “Hemos tenido el 11 de septiembre, el recuento de votos Gore – Bush, una guerra en Irak, otra en Afganistan, el Huracán Katrina…¿Cómo puedes no preocuparte por quien manda en el país? Es el momento de cuestionarse las cosas. De pensar por uno mismo y manifestarse públicamente”.

Morrison es rara avis en el baloncesto norteamericano del siglo XXI. No sólo por padecer una diabetes que le obliga a medicarse con insulina. No sólo por sus inclinaciones políticas claramente de izquierdas, que le convirtieron en lector por gusto y no por obligación de Karl Marx. No sólo por su devoción hacia el Che Guevara (tenía un póster suyo en su habitación durante su estancia en Gonzaga). No sólo por su estrecha relación con su Universidad. No sólo por su bigote poco poblado y su melena descuidada. No sólo por su aspecto desgarbado y poco atlético. Sino precisamente por todo ello.

Este apasionado de la historia vuelve ahora a la Universidad. A Gonzaga, por supuesto. Se integrará en el cuadro de asistentes del técnico Mark Few. Pero Morrison no vuelve sólo para ayudar al entrenador. Su paso por la NBA no ha sido bueno en lo deportivo, pero en lo econòmico ha ganado casi 17 millones de dólares. Asi que sin la necesidad imperiosa de trabajar, se ha matriculado en el centro. Volverá a estudiar (si, otra de sus benditas rarezas). Volverá a sus debates sobre política en el autocar del equipo. Volverá a la época en que fue feliz. Volverá a casa. Él sale ganando. Y nosotros perdiendo.

publicado en www.encancha.com, julio 2013

NBA DRAFT 2013: La noche de las sorpresas

28 Jun

Anthony Bennett, al que ningún experto o analista había colocado nunca en lo más alto de las previsiones, fue finalmente el primer nombre que pronunció el comisionado David Stern la noche del draft del 2013. Los Cleveland Cavaliers convirtieron en número 1 al ala pívot de la ilustre Universidad de Nevada Las Vegas (UNLV), un canadiense de 2 metros con un físico imponente. Un jugador de 20 años capaz de anotar tanto dentro de la zona como fuera de ella, y eficaz en el rebote ofensivo.

Se le critica que esta temporada pasada ha jugado a rachas, desapareciendo en fases de los partidos. Lo mismo que le ocurre a la mayoría de chavales de su edad, y más teniendo en cuenta que sólo ha pasado un curso en la NCAA. Se le cuestiona su capacidad defensiva, pero eso es superable con entrenamiento y ganas de mejorar. En los Cavaliers seguro que le hacen trabajar duro.

Se duda de su capacidad de encajar en la posición de alero en la NBA, donde por su físico su impacto sería mayor, y se cuestionan sus posibilidades de jugar de ala pívot por su falta de centímetros para la posición. Y tal vez esta sea la gran incertidumbre, un jugador a medio camino de dos posiciones. Los más optimistas ya hablan de un nuevo Larry Johnson. Yo, cada vez que oigo esa comparación, no puedo evitar pensar en Marcus Fizer. La cara y la cruz del posible porvenir de Bennett en la NBA.

Se esperaba que el equipo de Cleveland se decantara por un pívot grande para completar un nucleo de jugadores jóvenes en el que basar un proyecto ilusionante, con Kyrie Irving de base, Dion Waiters de escolta y el también canadiense Tristan Thompson de ala pívot. Tal vez han decidido darle una oportunidad a Tyler Zeller, y confían en el retorno en plenitud de condiciones del brasileño Anderson Varejao. Lo cierto es que, con sus elecciones de draft de los últimos años han configurado una plantilla interesante y relativamente barata.

Otras sorpresas de la noche

Las dos siguientes elecciones han ido a parar a dos jugadores sólidos, completos, trabajadores, listos para producir desde el primer momento, pero sin perfil de futuras estrellas. Orlando Magic se hizo, en otra elección sorprendente, con los derechos del atlético Victor Oladipo (debo confesar que siento debilidad por este escolta). En su tercer año en la Universidad de Indiana, la evolución de Oladipo ha sido clave en la marcha del equipo. No solo ha destacado en defensa, sino que ha culminado el contraataque de forma fulminante y además ha desarrollado su lanzamiento exterior.

La elección de Otto Porter en tercer lugar por los Washington Wizards ha sido mucho más esperada. Porter se ha formado en la universidad de Georgetown, situada en la capital de los Estados Unidos (vamos, casi un chico de la cantera). Es un alero de 2,03 capaz de hacer de todo sobre el parquet: anota, rebotea, asiste, recupera pelotas…Por si fuera poco, le precede una fama de trabajador excepcional y de persona discreta, muy poco dada a meterse en líos. El marido que toda madre querría para su hija, y más después de firmar su contrato millonario.

En el cuarto lugar nos encontramos con otra sorpresa. El primer pívot de la noche no ha sido ni Nerlens Noel ni Alex Len, dos de los jugadores que más sonaban a ocupar el primer lugar que al final ha correspondido a Bennett. Los Charlotte Bobcats de Michael Jordan han preferido al pequeño de los Zeller, Cody (su hermano Tyler está en los Cavaliers, mientras que el mayor Luke jugó la campaña pasada en los Phoenix Suns) antes que a los dos destronados. El tercero de los Zeller es un siete pies (2,13) formado en Indiana, con gran movilidad, luchador, y con buena capacidad de anotación, pero que esta temporada ha sufrido para superar a jugadores de su tamaño o mayores. ¿Acertó Jordan? Muchos de los aficionados de los Bobcats creen que no. 

En la quinta posición los Phoenix Suns eligieron al ucraniano Alex Len, un inmenso jugador de 2,16. Operado de un tobillo, se espera que esté a punto para empezar a entrenar en agosto. Sus números de esta pasada temporada en la Universidad de Maryland no le hacen justicia en absoluto. En defensa ha sido un verdadero muro ante el aro. Y en ataque, lo cierto es que sus compañeros le buscaban más bien poco. De haberlo hecho, tal vez su equipo hubiera obtenido mejores resultados. Porque Len, los raros días que le llegaban balones, solía cumplir.

La noche de los traspasos

Este draft, además de por las elecciones sorprendentes, será también recordado por la gran cantidad de cambios de jugadores que generó. Habitualmente esta ceremonia tiene mucho de mercado persa, pero lo de este año se ha llevado la palma. Hubo movimiento en las dos rondas, pero por no extendernos en exceso hablaremos sólo de los de la primera, la de los jugadores que tienen contrato garantizado.

Nerlens Noel fue finalmente elegido con el número 6 por los New Orleans Pelicans (cambio de nombre del equipo, ya no son los Hornets). El chico aún no había podido quitarse la decepción de la cara por no ser el primero del draft, pero ya se veía formando la nueva versión de las torres gemelas junto a Anthony Davis.

Hasta que se filtró un posible traspaso (los equipos aún no lo han hecho oficial) a los 76ers de Filadelfia junto con una elección de primera ronda del draft del 2014 (siempre y cuando no sea una de las cinco primeras). A cambio de Noel, los Pelicans recibirían el mejor jugador de los 76ers de la pasada temporada, el base Jrue Holiday (con un contrato de 41 millones de dólares por 4 temporadas).

Los Timberwolves de Minnesota enviaron al número 9, Trey Burke, el base con más talento de la promoción, a los Utah Jazz. A cambio los de Ricky Rubio recibieron las dos elecciones en primera ronda de los Jazz, el anotador Shabazz Muhammad (que aportará triples y defensa jugando de escolta) y el intimidador Gorgui Dieng (un pívot intimidador y ultradefensivo a quien Ricky se encargará de hacer brillar en ataque).

Los Celtics se hicieron con el talentoso pívot canadiense Kelly Olynyk enviando a los Dallas Mavericks a su número 16 de la primera ronda, el interior de Estudiantes Lucas Nogueira. Los tejanos, a su vez, enviaron al estudiantil, junto con el fogueado (1 temporada en NBA) Jared Cunningham y una elección de segunda ronda (Mike Muscala) a los Atlanta Hawks, para hacerse con el base Shane Larkin (hijo de una leyenda del beisbol).

El de Nogueira no ha sido el único caso de transfuguismo express. Andre Roberson, alero elegido por los Timberwolves, pasó por los Warriors para acabar la noche en los Oklahoma City Thunder. En este último cambio de cromos los Thunder enviaron a los Warriors al base Archie Goodwin, quien finalmente acabó en los Phoenix Suns.

Además de Lucas Nogueira, otros jugadores de equipos ACB inscribieron su nombre entre los 60 elegidos del Draft 2013, aunque todos ellos en segunda ronda. El blaugrana Alex Abrines fue elegido el 32 por los Thunder. Su compañero Marko Todorovic fue a parar a los Blazers con el número 45. El base del Lagun Aro Raulzinho Neto acabó en los Hawks con el 47, mientras que Bojan Dubljevic, del Valencia, fue seleccionado por los Timberwolves en la penúltima posición. El griego Adetokunbo (o Antetokounmpo) aún no ha debutado en la ACB, pero tiene contrato para la próxima temporada con el CAI Zaragoza. Tras ser elegido con el número 15 de la primera ronda por los Milwaukee Bucks, no estoy seguro que lleguemos a verle en la liga española.

 

publicado en www.encancha.com, junio 2013

Los antitelevisivos Spurs de San Antonio

9 Jun

En las finales de la NBA no sólo se enfrentan dos estilos de juego diferentes. También lo hace Lebron James, una figura mediática a nivel mundial, contra los Spurs de San Antonio, uno de los equipos que menos pasión despierta en los aficionados estadounidenses. La sentencia no la dictará solamente el marcador, sino también las audiencias televisivas.

Los aficionados esperaban con expectación el principio del séptimo partido de la Final de la Conferencia Este entre Miami Heat y Indiana Pacers para saber el desenlace de un duelo épico. Mientras, una persona no podía quitarse los índices de audiencias televisivas de la cabeza. David Stern, comisionado de la NBA, seguramente habría sacrificado un dedo (como mínimo) para asegurar que los Heat jugasen la gran final.

Porque lo del Oeste ya no tenía remedio. Lakers y Clippers eliminados en primera ronda, Thunder en segunda. Ni siquiera quedaba el consuelo de los pujantes y descarados Warriors. La final del Oeste la habían jugado Spurs y Grizzlies, dos equipos de ciudades pequeñas (a escala yanqui) y sin ninguna figura mediática. El único jugador que se había acercado un poco a esa categoría había sido Tony Parker…mientras duró su matrimonio con la actriz Eva Longoria.

Y para colmo de males, el ganador del duelo fue el equipo de San Antonio. El de la oveja negra, el entrenador Greg Popovich. El mismo que el día antes de un partido televisado para todos los Estados Unidos (y muchos otros países, que la NBA es un negocio global) en Miami contra los Heat había enviado a casa a descansar a tres titulares y su sexto hombre, Tim Duncan, Tony Parker, Daniel Green y Manu Ginobili.

Eso ocurrió a finales de noviembre (ver “Las Estrellas no tienen derecho al descanso”, diciembre 2012), y los Spurs fueron castigados. Los contratos televisivos con ESPN/ABC y TNT suponen 930 millones de dólares por temporada, más o menos una quinta parte de los ingresos de la Liga. Más la difusión de imagen que suponen, lo cual va directamente ligado a las ventas de merchandising diverso, otra importante fuente de financiación. La NBA no puede olvidar ese desaire a los telespectadores, uno de los puntales del negocio.

Las malas audiencias de los Spurs

Como tampoco olvida los índices de audiencia televisivos de las cuatro finales jugadas por los tejanos. En 1999 los Spurs vencieron a los Knicks en cinco partidos. La serie fue seguida por el 11,3% de los hogares de los Estados Unidos. El año anterior, el del sexto anillo de Michael Jordan, el seguimiento había llegado a su récord histórico, 18,7%. Como excusa, siempre se puede decir que Jordan se había retirado (por segunda vez, que no última), y que fue el año del primer cierre patronal, con una temporada sensiblemente más corta.

En el 2003, la serie a seis partidos en la que los Spurs se impusieron a los Nets fue la menos seguida hasta entonces, con un 6,5 % . El año 2005, contra los Pistons, Duncan no se aseguró el tercer anillo hasta ganar el séptimo partido. Y las audiencias subieron…un poco: 8,2%. En el último campeonato conseguido por los de Popovich hasta ahora, en el 2007, el rival fueron los Cleveland Cavaliers liderados por Lebron James. Barrido total. Cuatro a cero en el casillero de victorias, y 6,2% en las audiencias. Nuevo mínimo histórico. En lo que llevamos de siglo los Spurs copan el podio de las peores marcas de audiencia con sus registros del 2007, 2003 y 2005. Y los precedentes de este año no invitan al optimismo.

El segundo partido de la final de la Conferencia Oeste, contra los Grizzlies, se resolvió en una prórroga después que el equipo de Memphis remontara una desventaja de 13 puntos en el último cuarto. Más emoción imposible. Y aún así, con 4,6 millones de espectadores fue el partido menos visto de la televisión por cable (lo transmitía la ESPN) desde el quinto partido de las finales de la conferencia Oeste del 2007 (4 millones), entre Utah Jazz y…San Antonio Spurs. Para establecer una comparación, los espectadores de los segundos partidos de las finales del Oeste de 2012 y 2011 no bajaron de los 7 millones (Thunder – Spurs, Thunder – Mavericks).

Curiosamente, los Spurs son uno de los mejores equipos de la NBA en audiencia en lo que se refiere a su mercado local. Tienen unos aficionados fieles que siguen las retransmisiones de sus partidos. El problema es que el equipo no genera esta misma pasión y fidelidad entre espectadores de otras zonas de los Estados Unidos. Y claro, como San Antonio es una ciudad de las consideradas pequeñas, estas altas cifras a nivel regional quedan muy diluidas en la audiencia final.

El reto de Lebron James

En la Final de la Conferencia Este, finalmente, se impusieron los Miami Heat para regocijo de Stern. Y el séptimo partido de la serie, ofrecida por la cadena de cable TNT, fue el enfrentamiento de la NBA más visto de la temporada, tanto en la televisión por cable como en abierto, con 11,5 millones de espectadores. El pase de los Heat a la final de la NBA es el tercer programa más visto de la TNT en sus 29 años de historia. La audiencia media de esta serie ha sido del 5,2%, lo que equivale a unos 8,4 millones de norteamericanos por noche.

En la temporada pasada, el séptimo partido de la final del Este entre los Heat y los Celtics también marcó récords de audiencia. Llegó hasta el 7,7%, el más alto de la historia de la NBA para un partido en televisión de cable (o sea, no en abierto sino de pago), con más de 13 millones de espectadores. Los partidos cuarto y sexto de la serie también establecieron hitos en audiencia, ayudando a convertir los playoffs de la NBA del 2012 en los más vistos de la historia de la ESPN.

En la gran Final entre Heat y Spurs Lebron James debe afrontar dos desafíos. Por una parte, ganar su segundo anillo. Y por la otra, conseguir que el maleficio de las audiencias televisivas de los de San Antonio no le arrastre de nuevo. Superar los índices de Michael Jordan se antoja una quimera (las 6 finales de los Bulls figuran entre las 10 más vistas de la historia de la NBA desde 1976, monopolizando los 4 primeros lugares del ránking), pero no llegar al 10% sería un durísimo revés.

Para empezar, el partido que abrió las Finales (con victoria de los Spurs 88 a 92) fue seguido por el 10,6 por ciento de los hogares americanos. Mirándolo de forma positiva, es la tercera mejor marca para un primer partido de una serie final desde 2004. Sin embargo, está por debajo del partido inaugural de la pasada temporada entre Heat y Thunder (11,8%, para una media en los 5 partidos del 10,1%). James se enfrenta a una doble remontada. Contra los rivales, y ante la audiencia.

 

publicado en www.encancha.com, junio 2013

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