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NBA: No es fácil la vida en el otro lado

12 Dic

Es duro dar el salto de la pista a los despachos. Esta semana hemos tenido dos ejemplos en dos figuras históricas de la NBA, Magic Johnson y Phil Jackson. Atrapados en equipos perdedores, no han podido reaccionar de la misma forma en que lo hacían cuando pisaban el parquet.

Magic Johnson ha sorprendido esta semana con unas declaraciones en las que reclamaba que Los Angeles Lakers apostasen de forma clara y descarada por el tanking (perder partidos a posta para conseguir más posibilidades de una buena elección en el draft de la NBA). “Espero que los Lakers pierdan todos los partidos, porque si vas a perder, pierde de verdad. Y no bromeo”.

Uno de los mejores bases de la historia de a NBA y uno de los grandes iconos históricos de la franquicia angelina explicaba que “si vas a perder, tienes que perder a conciencia, porque no te puedes quedar en el medio. O eres muy bueno o tienes que ser malo para conseguir una buena elección del draft”. Y por si alguien se había perdido sus palabras, se ratificó via twitter:

Magic Johnson fue uno de los grandes valedores del fichaje de Byron Scott, uno de sus camaradas en la pista en los años del glorioso “showtime”, como entrenador de los Lakers. Magic, que tanto criticó a Mike Brown y Mike D’Antoni por los pésimos resultados del equipo, no ha hecho lo mismo con Scott.

La antigua estrella y exitoso hombre de negocios cree que la camada de novatos que este año se presentará al draft será incluso mejor que la del pasado. El problema es que los Lakers, a raíz del fichaje de Steve Nash, deberán ceder su elección de primera ronda de este año…a no ser que elijan entre los 5 primeros.

Si no quieren depender de la suerte, deberían quedar últimos o penúltimos de la Liga Regular. Los 76ers y los Pistons llevan ventaja ahora mismo en esta carrera, mientras que Knicks, Wolves, Jazz y Hornets también están en la pugna. Tampoco hay que olvidar los efectos secundarios de caer tan abajo en el orgullo de una franquicia ganadora.

Y finalmente, tenemos a Kobe Bryant, peleado con el verbo perder. El actual jugador franquicia, no obstante, se mostró bastante lúcido ante la situación: “Habla desde el punto de vista de un propietario. Creo que los aficionados, o parte de ellos, son lo bastante inteligentes para entender sus palabras como las de un propietario. Así lo he hecho yo”.

Kobe afirmó que “Magic es uno de los jugadores más competitivos de todos los tiempos. Él no quiere perder. Desde el razonamiento de un propietario, su idea es conseguir buenas elecciones y poder utilizar esta ventaja para hacer cambios y conseguir un equipo competitivo”. La estrella de los Lakers negó el tanking por parte de los jugadores, aunque no puso la mano en el fuego por los ejecutivos.

El clima en el equipo no es el mejor. En un entrenamiento esta semana, Nick Young tuvo la osadía de decirle a Kobe tras anotarle una canasta que “nadie en el mundo puede defenderme”. Y el macho alfa del equipo fue a por él para demostrarle lo contrario. Kobe se encendió tanto que acusó al resto de sus compañeros de ser blandos en la pista. Al final de la sesión, el escolta se marchó gritándole al general mánager Mitch Kupchak que “creo que estos capullos no están haciendo una mierda”. Así de crudo.

El Gusano hurga en la manzana

El ambiente en los Knicks de Nueva York también está sumamente enrarecido. El equipo ha sumado el peor inicio de liga de su historia, y la relación entre Carmelo Anthony y Tim Hardaway Jr vivió un episodio público de tensión (aunque luego ellos afirmaran que se llevan bien). En la derrota ante los Brooklyn Nets del 2 de diciembre, Hardaway le gritó a Melo “coge ese rebote” y el jugador franquicia del equipo le respondió que le iba a dar una paliza en el vestuario.

Anthony decidió tomarse el miércoles 10 de diciembre la noche libre ante los Spurs, en la décima derrota seguida de su equipo. El alero lleva un tiempo con un dolor en la rodilla izquierda que no acaba de desaparecer ni disminuir. La duda ahora es si el jugador aguantará toda la temporada o decidirá pasar antes por el quirófano para resolver el problema. Lo cual sería un mazazo para los Knicks.

La etapa de Phil Jakcson como ejecutivo del equipo del Madison Square Garden ha empezado de una forma nada gloriosa. La cadena de deportes ESPN se hacía eco de una supuesta rebelión del vestuario en contra de la implantación del triángulo como pilar de su juego ofensivo. Por el momento, parece que los jugadores apuntan bajo, contra el entrenador Derek Fisher.

El Maestro Zen no se quedó callado, y sin alzar la voz respondió a sus jugadores con dureza: “Hablamos de mentalidad perdedora, no de habilidad o talento”. El 11 veces ganador de la NBA como entrenador afirmó que “obviamente estamos decepcionados. Creo que los chicos entienden lo que pretendemos hacer. Por suerte, se están mostrando más receptivos. Hay un poco de resistencia a la disciplina, el orden y el cambio de cultura”.

El mismo Phil Jackson que consiguió encauzar al “enfant terrible” del baloncesto de los años 90 Dennis Rodman no puede ahora hacerse con las riendas del equipo.”El Gusano” ha afirmado, para poner un poco más de salsa en el guiso, que “aprendí el sistema en unos quince minutos cuando estuve en Chicago. No es difícil. Es un triángulo”. El ala pívot tampoco perdió la ocasión de enviarle un dardo envenenado a Carmelo Anthony: “Todo el mundo tenía su oportunidad de tocar balón y tirar. Ahora parece que la pelota llega a Carmelo y ahí acaba todo”.

Magic y Phil, dos ganadores en la pista, dos monstruos a los que nada se les resistía en el parquet, no pueden ahora con el peso de su maletín de ejecutivo. Y añoran los tiempos en los que sus decisiones tenían efecto inmediato, en forma de canasta o victoria. En los que sólo importaba el partido que estabas jugando, el rival que tenías delante. Aquellos tiempos en que noche tras noche, no había planificación estratégica más allá de los cuatro cuartos. Aquellas noches en que tenías a tu enemigo delante y todo, para bien o para mal, se resolvía en 48 minutos.

Artículo publicado en http://www.encancha.com, diciembre 2014

Los retos de Adam Silver, el nuevo jefe de la NBA

6 Feb

El quinto comisionado de la historia de la NBA ha empezado el ejercicio de su cargo con la liga saneada y una posición hegemónica a nivel mundial que nadie discute. Y viene con ideas en mente acerca de los cambios necesarios para mantener su status. En este artículo analizamos algunas de estas posibles variaciones.

Adam Silver tomó las riendas de la NBA en sustitución de David Stern el 1 de febrero,  justo cuando se cumplían 30 años de la toma de posesión del que ahora se jubilaba. El saliente y el entrante son dos personalidades opuestas que, sin embargo, se han complementado muy bien durante los últimos 22 años.

Silver, un abogado licenciado en las universidades de Duke y Chicago, entró a trabajar como ayudante del comisionado de la NBA en 1992. El 2006 fue elevado a la categoría de segundo al mando de la Liga. Si Stern era un directivo a la antigua usanza, con un fuerte personalismo y un duro e hiriente sarcasmo, su sucesor es un ejecutivo moderno, de bajo perfil personal, dialogante y buscador de consensos, que se distinguió durante la negociación del último convenio colectivo.

Otra muestra de la modernidad del nuevo comisionado de la Liga es su apoyo total al uso de estadísticas avanzadas. Fruto de su afición al beisbol, Silver es un ferviente creyente en la utilidad de este tipo de analítica del juego. Partidario de abrir estos datos a todos los aficionados, se adivina su mano tras la remodelación esta temporada del apartado de estadística de la web de la NBA.

Cuando Stern se convirtió en el cuarto comisionado en la historia de la NBA, se encontró con una liga en bancarrota e infiltrada por el fantasma de las drogas. Stern limpió los vestuarios de estupefacientes y devolvió los números negros a los balances poniendo la liga en manos de las estrellas (primero, Magic Johnson y Larry Bird, luego Michael Jordan), concebidas como instrumentos de marketing para atraer público y anunciantes.

Para saber a qué retos se enfrenta Adam Silver al principio de su mandato, recurriremos a los globos sonda que ha lanzado antes de tomar posesión de forma oficial del cargo. Así sabremos los temas que Silver identifica como problemáticos.

REDUCCIÓN DE LA DURACIÓN DE LOS PARTIDOS

A la NBA parece preocuparle la duración de los partidos, que considera excesiva.  Según fuentes de varios equipos, el mismo Silver habría propuesto, de forma informal en reuniones a lo largo de las dos últimas temporadas, reducir el tiempo de juego de los partidos de 48 a 40 minutos, y las prórrogas de 5 minutos a 3.

Para acortar, ya ha limitado las presentaciones de equipos y otros rituales prepartidos, y ha establecido un mayor control sobre el cumplimiento de los tiempos muertos. A los anunciantes les gusta que la transmisión tenga una duración más o menos fija, y no debe ser demasiado larga para que los ajetreados espectadores puedan seguirla en su totalidad. Dos horas parece ser el minutaje adecuado.

A la Liga, además de la extensión en el tiempo de sus enfrentamientos, le inquieta el alargamiento de sus minutos finales, a la manera del baloncesto NCAA, cuando el resultado está ajustado. La NBA ya ha avanzado en este camino con una modificación de la reglamentación de las faltas intencionadas en los dos últimos minutos de partido.

Sobre este tema hay que seguir los cambios introducidos en la D-League, campo de pruebas de futura reglamentación NBA. El objetivo en esta competición es reducir los encuentros a una duración de 2 horas, lo que complace a los anunciantes. Para ello la liga de formación ha reducido el número y extensión de los tiempos muertos (decisión no viable en la NBA para no perder publicidad) y ha prohibido los tiempos muertos consecutivos. También se plantea reducir el descanso entre partes (las marcas asumen que los espectadores hacen zapping, así que esta decisión no supondría un problema).

REPLANTEAMIENTO DE LAS DIVISIONES

Mirando la clasificación de la NBA, a fecha de 27 de enero, sólo tres equipos del Oeste (y uno de ellos los Lakers) tenían peor registro que el octavo clasificado del Este. Lo cual implicaba que cuatro equipos de la Conferencia más potente se quedarían fuera de los playoffs a pesar de haber hecho más méritos que sus rivales del Este, en la que hace años que se van colando equipos en la lucha por los anillos con un balance de victorias inferior al 50%.

Este año esa diferencia es aún mucho más exagerada. Mientras que los ocho privilegiados del Oeste presentaban todos un balance ganador, sólo cinco equipos del Este tenían más triunfos que derrotas. Y gracias a que los Toronto Raptors (22-21)  había encontrado su juego tras un mal noviembre (5-9) y que los Chicago Bulls (22-21) arreglaron en enero (10-3) un pésimo diciembre (5-10).

Modificar el sistema de conferencias  supondría un cambio drástico del calendario (los equipos se enfrentan más veces durante la liga regular contra los de su misma división que contra los de la otra mitad de la NBA), pero con la mejora de los medios de transporte sería asumible.

Los aficionados agradeceríamos que en la lucha por los anillos participasen los 16 mejores equipos de la liga, sin importar de qué parte de los Estados Unidos sean. Pero como no se puede empezar la casa por el tejado, lo primero que revisarán serán las divisiones, en la próxima  reunión del Comité de Competición.

Los campeones de División ganan plaza de forma automática para los playoffs y pasan como cabezas de serie delante del resto de equipos que no lo son aunque hayan finalizado la liga regular con un peor balance de victorias y derrotas. Silver, al que no le gusta este privilegio, manifestó respecto a esta forma de agrupar los equipos que “el objetivo era fomentar rivalidades y ahora no estoy seguro que eso esté ocurriendo”.

En un primera fase lo más probable es que realineen algunos equipos para potenciar rivalidades y darle así una última oportunidad a esta forma de organizar los equipos. Pero si no obtienen los resultados esperados, podéis apostar que no les temblará el pulso para abolirlas.

HACER UN DRAFT MENOS ALEATORIO

Un repaso a las plantillas de esta temporada, y a los fichajes y movimientos efectuados por algunos equipos, revela motivaciones ocultas. Coinciden demasiadas franquicias con equipos nada competitivos. Si unimos este dato a las opiniones de los expertos en baloncesto universitario de que el draft del 2014 será de calidad excepcional, es imposible no pensar en el tanking (tirar la temporada para conseguir una mejor elección de rookies).

El problema es la mala imagen que la NBA proyecta. Los tramposos, los que hacen las cosas mal a posta, tienen premio. Hasta 1984, los dos peores equipos se jugaban a cara o cruz las dos primeras elecciones.  Precisamente hasta el año en que llegaron a la liga Olajuwon y Jordan, pocos meses después de la toma de posesión del comisionado David Stern. Aquella temporada también hubo fundadas sospechas de tanking.

Stern modificó de forma progresiva el draft hasta su forma actual, en que un sorteo entre los equipos que no juegan playoffs determina las 3 primeras opciones de elegir. Con más posibilidades para los peores equipos, pero no tantas como para ser una garantía de nada. Eso si, el equipo con menos victorias se asegura como poco ser el cuarto en escoger jugador (este año ésa será una posición excelente).

Y ahora de nuevo coincide un cambio en el máximo dirigente de la NBA con una camada de novatos de gran talento. El enfoque del nuevo comisionado para resolver el problema es radicalmente opuesto al de Stern. Si su antecesor apostó por el azar controlado, Silver pretende establecer un patrón fijo de 30 años, alternando elecciones altas con bajas. Una secuencia como la siguiente:

1, 30, 19, 18 ,7, 6, 25, 23, 14, 11, 2 ,29, 20, 17, 8, 5, 26, 22, 15, 10, 3, 28, 21, 16, 9, 4, 27, 24, 13, 12.

Con este sistema los equipos sabrían exactamente sus opciones en el draft. Se evitarían los malos ciclos de franquicias atrapadas durante años en las elecciones medias-altas (del 20 al 30), y los golpes de fortuna exagerados, con plantillas renovadas después de encadenar varias elecciones bajas. Y sería inútil dejarse perder, puesto que tu lugar en el draft está marcado. Así que si perder no sirve, solo queda ir a ganar.

El punto oscuro de este sistema es que las futuras estrellas NBA también sabrían de antemano cual sería su destino. Y podrían decidir estar más o menos tiempo en la universidad en función de sus preferencias. La función igualadora entre conjuntos que se supone tiene el draft peligraría. Aunque sea a costa de los derechos de estos futuros trabajadores (serán millonarios, pero siguen siendo asalariados), que seguirán sin poder elegir su “primera empresa”.

Sin embargo, pasará mucho tiempo antes de que modificaciones de este tipo puedan aplicarse. Al menos, 10 temporadas, hasta que se hayan consumado todos los cambios pendientes entre las franquicias. Y quien sabe, igual para entonces ha hay otro comisionado.

ELEVAR LA EDAD DE INGRESO DE LOS JUGADORES

Adam Silver habría revelado después de tomar posesión del cargo que una de sus prioridades es elevar un año más la edad mínima de acceso a la NBA, pasándola de los 19 actuales hasta los 20. Un empeño heredado de su predecessor David Stern, a quien tampoco le gustaban los “one and done” de la NCAA.

Con el sistema actual se pone en duda el compromiso de las futuras estrellas con las Universidades que los reclutan. Y condiciona el sistema de trabajo de los equipos, que no pueden construir proyectos de crecimiento a medio plazo (en la liga universitaria no existe el largo plazo ya que la carrera de sus jugadores se limita a 4 temporadas activas).

Una opción sería volver a los viejos tiempos, y permitir la entrada de jugadores en la liga con 18 años, al salir del instituto. Así, el que fuera a la Universidad no lo haría por obligación. Pero a la NBA no le gusta esta opción. Así que su solución es elevar la edad de ingreso. Una idea a la que se oponen los jugadores. Sea cual sea la resolución del tema, no podrá abordarse hasta la negociación del siguiente convenio colectivo. El vigente no caduca hasta el 2017.

PUBLICIDAD EN LAS CAMISETAS

La Junta de Gobernadores (los propietarios, para entendernos) debe ratificar un primer acuerdo para introducir publicidad en las camisetas de los jugadores. De forma muy tímida en este primera tentativa, pero publicidad. David Stern se oponía a esta medida y pretendía hacer cambiar de decisión a los dueños de los equipos. Desconozco la postura de Silver al respecto. Tal vez a final de temporada la sepamos. Y para la siguiente, las camisetas ya no estarán tan “limpias”.

publicado en http://www.encancha.com, febrero 2014

NBA: El adios de David Stern

1 Feb

David Stern se jubila. Después de 30 años como comisionado de la NBA, Stern pasará el testigo a su segundo de a bordo, Adam Silver. Asumió el cargo en un momento crítico de la Liga, y ahora la deja saneada y con el futuro bien asegurado.

El 1 de febrero 1984, cuando David Stern fue nombrado comisionado de la  NBA, la competición tenia graves problemas, económicos y deportivos. En el aspecto financiero, la liga estaba casi en quiebra. En el deportivo, las drogas (y no me refiero al dopaje, más o menos consentido durante mucho tiempo) campaban a sus anchas en los vestuarios de los diferentes equipos. Un artículo de “Los Angeles Times” publicado en 1982 aseguraba que el 75% de los jugadores de entonces eran drogadictos. Probablemente exageraba el porcentaje, pero la presencia de cocaína y heroína era innegable. Y claro, esta mala fama aún hacía más difícil encontrar patrocinadores para reflotar el negocio.

Como buen especialista en marketing, Stern sabía que el producto necesitaba un buen lavado de cara para salir adelante. Limpió los vestuarios de camellos y adictos expulsándolos de la competición. Algunos acabaron jugando en Europa (Michael Ray Richardson). Especialmente sonado fue el caso de los Houston Rockets, con dos positivos de cocaína (uno era Mitchel Wiggins, cuyo hijo Andrew es uno de los candidatos a ser el número 1 del draft del 2014). Y una vez aseada la liga, tocaba promocionarla usando a sus estrellas como ganchos publicitarios.

El comisionado se encontró con una hornada de jugadores excepcionales, recien llegados a la liga. Pero la suerte puso en sus manos algo especial, que supo explotar a conciencia: la rivalidad entre Magic Johnson y Larry Bird, dos jugadores dotados de un gran carisma personal. Se podría haber decantado por Olajuwon y Ewing, pero las finales las jugaban Lakers y Celtics. No sólo era un enfrentamiento individual, sino de dos conceptos. Por Magic, la alegría y el espectáculo, el famoso showtime. Por los Celtics de Bird, el control, la sobriedad y la eficacia. Una reedición de la primera gran rivalidad de la NBA entre dos jugadores que representaban los mismos arquetipos, Wilt Chamberlain y Bill Rusell.

Los años 90 pertenecen a Michael Jordan y sus Chicago Bulls. Seis anillos en ocho años. Los más recordados son los dos últimos, ganados en unas épicas finales contra los Utah Jazz. Otra contraposición de dos ideas. El juego de bloque de los Jazz contra la genialidad individual de Jordan. No es que el equipo de Utah no tuviera individualidades (el duo Stockton-Malone, y Byron Rusell como el villano defensivo que perseguia a la estrella rival), ni que MJ jugase solo (Pippen, Kukoc, Kerr, Rodman…), pero esa era la idea que había que difundir.

En los tres títulos de los Lakers de los años 2000, 2001 y 2002, era muy difícil vender un gran duelo como gancho. Primero, porque el rival de las finales fue distinto en los tres títulos. Y segundo, porque los enemigos de verdad compartían vestuario, Shaquille O’Neal y Kobe Bryant. Una relación que se fue envenenando con los años y que acabó explotando tras la derrota en las finales del 2004.

El draft del 2003 parecía que iba a marcar el inicio de una nueva rivalidad con la llegada de Lebron James y Carmelo Anthony. Stern puso al departamento de marketing a trabajar. Pero ni los Cleveland Cavaliers de Lebron daban la talla en lo deportivo ni Carmelo Anthony en lo tocante al carisma personal de una estrella. Y mientras tanto, ganaban la liga los antipáticos Spurs de San Antonio de Tim Duncan (el jugador con más clase y menos encanto mediático de la historia) y los Lakers de Kobe Bryant (odiado y respetado por los aficionados al 50%). Y las audiencias de televisión se resentían….

El año 2007 llegó Kevin Durant a la liga. Lebron James por fin tenía un rival de su talla. Los Oklahoma City Thunder empezaron a construir un equipo campeón con Durant de estrella, y James dejó los Cavaliers para fichar por el proyecto ganador de los Miami Heat. Un proceso que culmina con los dos equipos jugándose el campeonato en las finales del 2012.

La temporada pasada la lesión de Russell Westbrook apartó al equipo de Oklahoma de una nueva final. Lebron James pudo ocupar el trono de rey que la NBA le tenía reservado tras ganar su segundo anillo. Y Kevin Durant vio su estrella palidecer. Pero fue una experiencia de la que extrajo valiosas enseñanzas que aplica esta temporada.

Con Russell Westbrook de nuevo lesionado a finales de diciembre, el jugador franquicia de los Thunder ha puesto el listón muy alto este enero en la lucha por el MVP de la Liga Regular. Ha llevado a su equipo hasta el liderato del Oeste. Tras anotar en dobles figuras en todos los encuentros que ha disputado en la presente temporada, ha pasado de los 30 puntos en sus últimos 12 partidos jugados. Contra los Warriors se fue hasta los 54. Su promedio anotador del primer mes del 2014 es de 36,6 puntos por partido.

Stern se marcha tranquilo porque sabe que se lo deja todo atado y bien atado a su sucesor, Adam Silver. Tras dos cierres patronales, ahora hay un convenio colectivo en vigor hasta el 2017, que ha contentado a los propietarios de los equipos más modestos económicamente hablando (y que fueron los más intransigentes durante las negociaciones del último acuerdo entre patronal y jugadores). Y vuelve a tener una buena rivalidad en la pista para atraer espectadores. Ha cerrado el círculo.

 

publicado en http://www.encancha.com, enero 2014

¿Aún interesa el Slam Dunk?

14 Mar

Los mates son una de las jugadas preferidas de los aficionados al baloncesto. Animan los partidos. Sin embargo, el concurso del All Star de la NBA ya no levanta las mismas pasiones. A pesar de los múltiples intentos por buscar nuevos alicientes.

A principios de marzo, Magic Johnson ofrecía a Lebron James un millón de dólares por participar en el concurso de mates de la NBA. Técnicamente, la suma no era para la estrella de los Heat, sino para el ganador de la cita. Magic ya daba por descontada la victoria de Lebron.

Para acabar de animar la fiesta, el portal de internet sex.com (supongo que no hace falta aclarar nada sobre sus contenidos) ofrecía a Kobe Bryant 5 millones de dólares para causas benéficas por enfrentarse a Lebron James en la próxima edición del concurso de mates del Fin de Semana de las Estrellas de la NBA.

El escolta de los Lakers ya participó una vez en el concurso, el año 1997. Lo ganó, estableciendo el récord que aún conserva de vencedor más joven. Tenía 18 años. Desde entonces no ha vuelto a participar. Lebron James nunca ha participado como profesional. La última competición de este tipo en la que tomó parte fue en 2003, en el equivalente del All Star para jugadores de Instituto.

El verdadero trasfondo de la cuestión no es si Kobe es mejor que Lebron, o viceversa, sino la deserción de las estrellas de la liga de este certamen. Un hecho que le resta interés año tras año, a pesar de los esfuerzos del departamento de márketing de la Liga para mantenerlo vivo.

El mejor inicio posible

En 1984, el primer concurso de mates de la NBA contó, entre otros participantes, con los mejores matadores del momento: Julius Erving (Doctor J), Larry Nance (The High-Ayatolla of Slamola), Dominique Wilkins (The Human Highlight Film), Darrell Griffith (Doctor Dunkenstein), Orlando Woolridge y Clyde Drexler (The Glide).

La nómina de 1985 aún fue mejor. A los Erving, Nance, Wilkins, Griffith, Woolridge y Drexler se unieron un tal Michael “Air” Jordan y otro especialista con muelles en las piernas, Terence Stanbury. La victoria fue para Wilkins. En 1986 asistimos al primer experimento. Ganó Spud Webb. No hizo los mejores mates (de hecho, fueron justitos), pero sólo medía 1,70 de altura.

 Jordan participó y venció en las ediciones de 1987 y 1988. La segunda, enfrentándose de nuevo a Dominique Wilkins en el duelo más deseado por los aficionados. Wilkins volvería a ganar en 1990, pero ya sin la competencia de Jordan. En 1989 no participaron ninguno de los dos, y ganó Kenny “Sky” Walker (jugador con un paso fugaz por la ACB, en Granollers).

Se agota el modelo

En la década de los 90 del siglo pasado empieza la lenta agonía del concurso. Las grandes estrellas dejan paulatinamente de acudir. Por miedo a las lesiones o por considerar que han agotado el repertorio de saltos y arabescos. Jugadores secundarios y jóvenes promesas ocupan su lugar.

 El elenco de ganadores de los 90 es el siguiente: Dee Brown (inflando la cámara de aire de sus zapatillas y tapándose los ojos en su último mate) en 1991, Cedric Ceballos (machacando con los ojos vendados) en 1992, Harold Minner (más conocido como Baby Jordan, fue en lo único que emuló al modelo) en 1993 y 1995, Isaiah Rider (lo tenía todo para ser una estrella, lástima de su carácter) en 1994, Brent Barry en 1996 (el único jugador de raza blanca que ha ganado la competición), y el ya citado Kobe Bryant en 1997. En 1998 y 1999 no se celebró.

Hasta que llegamos al año 2000. No es que las estrellas volvieran a participar. Es que las jóvenes promesas estuvieron brillantísimas. La final, que enfrentó a Vince Carter, Steve Francis y Tracy McGrady , fue de un nivel increíble. Los mates del ganador, Vince Carter, han pasado a la historia de la NBA, pero la actuación de sus dos rivales también fue memorable. Junto con la edición de 1988, posiblemente los dos mejores concursos de la historia de la liga.

Sólo para jóvenes

No volvió a sonar la flauta hasta el 2006. Nate Robinson era la nueva versión de Spud Webb, el matador bajito. Aunque este base de 1,75 si que hacía mates de auténtico mérito. Ganó tres veces la competición de 4 participaciones entre 2006 y 2010. En 2009 derrotó en la final a Dwight Howard, en una versión baloncestística del mito bíblico de David contra Goliat. El ahora pívot de los Lakers concursó en tres ocasiones como jugador de los Magic, ganando en el 2008 (sin la participación de “Kriptonita” Robinson).

A pesar de estos destellos momentaneos, la dinámica no ha cambiado. La NBA utiliza el concurso como plataforma para lanzar jóvenes jugadores. Con unos lo consiguió. Para otros sólo fue un éxito fugaz. Desmond Mason, Jason Richardson (en 2 ocasiones), Fred Jones, Josh Smith, Gerald Green, Blake Griffin, Jeremy Evans y finalmente Terrence Ross  completan la lista de vencedores. A muchos de ellos cuesta ponerles una cara. Respecto a las figuras consagradas, sólo aparecen cámara de video en mano para grabar y poner cara de pasmados.

Un mate, dentro del entorno de un partido de baloncesto, es una jugada espectacular, vigorizante, que puede valer más de 2 puntos. Levanta el ánimo de un equipo decaído y le hace reaccionar, o hunde definitivamente a un contrario al que le tienes comida la moral.

Pero fuera de contexto tiene mucho de espectáculo circense. La capacidad de salto del ser humano y la permanencia en el aire tienen un límite. Y tras cientos de mates, hasta la creatividad de los especialistas se agota. Así que mejor organizarlo bien, porque el público se acaba cansando de ver siempre los mismos números. Y más si le sisan la actuación de sus artistas preferidos.

Youtube supone un problema adicional. Hay mucho matador fuera de la NBA que cuelga sus videos. Con mates que luego copian los profesionales, reforzando más la sensación de ir a remolque por falta de originalidad. La solución, que vuelvan a concursar los mejores.

 

publicado en http://www.encancha.com