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Pau Gasol seguirá en los Lakers (segunda parte)

9 Ene

Cuando parecía cantado que Pau Gasol haría las maletas rumbo a Cleveland, las exigencias de Los Lakers dieron al traste con un trato prácticamente cerrado. Como decía en un articulo anterior, Gasol seguirá en Los Lakers…por ahora. El cupón de descuento de Andrew Bynum se lo quedaron los Chicago Bulls.

La operación entre Lakers y Cavaliers, que no cuajó, consistía básicamente en un cambio de cromos. Los Lakers cedían a su máximo reboteador y segundo mejor anotador en estos momentos a cambio de un exLaker que se ha pasado la temporada anterior en blanco, en esta había sido apartado de su equipo y con,  al parecer, un nulo interés por recuperar su nivel.

Así presentada, esta operación parecía carecer de toda lógica. Y desde un punto de vista puramente deportivo, no la tenía. La explicación hay que buscarla en la contabilidad. El interés de los californianos por recuperar al mismo jugador del que se libraron hace dos veranos en el trueque que les proporcionó los servicios de Dwight Howard radicaba en una peculiaridad del contrato de Bynum.

El pívot arrastra un largo historial de lesiones en las rodillas. Tras una temporada en blanco (su año en los Sixers), los Cavaliers no se fiaban de un jugador con muy mala fama respecto a su motivación y su interés por el baloncesto. Así que le firmaron 12 millones de dólares por temporada en un contrato no garantizado. Si le cortaban antes del 7 de enero la cantidad a pagar era “sólo” de 6 millones.

En Cleveland confiaban en que esta amenaza serviría de estímulo para que Bynum se esforzara en recuperar el nivel mostrado en su etapa en Los Lakers. Nada más lejos de la realidad. Este número 10 del draft del 2005, del que se esperaba que algún día llegase a ser un pívot dominante, se ha quedado por el camino. Toda la NBA tenía claro que iba a ser cortado.

La operación ahorro

Y llegado este punto es cuando se despierta el interés de los Lakers por su exjugador. Los Cavaliers, con una plantilla integrada por jugadores jóvenes, no sobrepasan el tope salarial. Algo que sí le ocurre al equipo de Los Angeles, cuyas nóminas suman un total de 78.672.819 dólares, casi 7 millones por encima del límite de las tasas. De mantener su estructura salarial, los californianos deberán pagar 11 millones a final de temporada en concepto de impuesto de lujo.

Enviando los 19,2 millones de sueldo de Gasol a los Cavaliers y recibiendo los 6 millones de Bynum (porque todos teníamos claro que el jugador no seguiría con contrato el 8 de enero) los sueldos de los Lakers quedarían por debajo de la cantidad máxima permitida. Y el equipo se ahorraría unos 11 millones de penalización (al difunto Jerry Buss eso nunca le preocupó, aunque parece que a su hijo Jim si). Y eso en el corto plazo.

Porque la franquicia tiene una larga tradición de sobrepasar los topes salariales. Lo cual, bajo una clausula del nuevo convenio que será efectiva a partir de la siguiente temporada, encarece la multa a pagar. Para hacerse una idea, los 11 millones de esta pasarían a ser 18 la siguiente. Y este encarecimiento se mantendría hasta que los Lakers cerrasen una temporada por debajo de este límite.

El acuerdo parecía fácil entre las dos franquicias. Los Cavaliers ya se habían interesado por Pau Gasol antes de que Howard anunciase su marcha a los Rockets. Lo veían como la pieza que les faltaba para acompañar a Kyrie Irving hasta los playoffs. El base dio el susto con un golpe en la rodilla en mitad de las conversaciones, pero por suerte la cosa no fue seria. Una lesión de su estrella hubiera enfriado el interés del equipo de Cleveland en absorber un salario elevado sin la esperanza de entrar en la lucha por el anillo.

La falta de valentía de los Lakers

La franquicia angelina quería reducir sus costes salariales. Y de paso, eliminar un foco de tensión en la plantilla ante un jugador que no se adapta al sistema de juego del entrenador y que arrastra demasiados problemas físicos. A pesar de que sea el “brother” de Kobe Bryant. La estrella mostrará su disgusto si traspasan a su colega del alma, pero no se plantará. Acaba de renovar, con 35 años, por dos temporadas más a razón de 24 millones de dólares por cada una de ellas.

Pero he aquí que a Mitch Kupchak, general mánager del equipo, le entró miedo. Cerrar la operación así tal cual era admitir que se tiraba la temporada, gritar a los cuatro vientos que Los Lakers hacían tanking para colocarse cara al draft, cargarse de un plumazo la tradición y el prestigio de la segunda franquicia con más Finales de la NBA ganadas.

Y Kupchak, para guardar las apariencias, intenta nadar y guardar la ropa. Sube sus exigencias y pide, además de Bynum, a Dion Waiters y/o una primera ronda de draft. El escolta, número 4 del draft del 2012,  es el segundo mejor anotador de los Cavaliers con 15 puntos por partido y uno de los pilares en su proyecto de futuro. El ejecutivo no evalua bien la situación, no está en situación de exigir. El principal interesado en el trato son los Lakers, y no los Cavaliers, con más ofertas interesantes sobre la mesa.

Bynum  acabó siendo despedido en Chicago a cambio de Luol Deng, dos elecciones en primera ronda de draft muy protegidas (en ningún caso corresponderían a una de las 10 primeras elecciones) y dos segundas rondas. Todas estas opciones de draft provienen de otros equipos  a través de cambios pasados realizados por unos Cavaliers que así protegen sus posibilidades de crecimiento futuro.

¿Y ahora qué?

El 20 de febrero se cerrará el mercado de traspasos en la NBA. Hasta esa fecha, la situación de Pau Gasol seguirá generando rumores, tal y como viene ocurriendo las últimas temporadas. No esperéis un artículo sobre cada uno de ellos. Colapsaríamos la red. Así que informaré sólo sobre noticias provenientes de fuentes altamente fiables o hechos consumados.

Si para esa fecha no ha sido traspasado, lo más probable es que acabe la temporada y empiece un verano muy movido. Veo difícil que siga en los Lakers. Primero, tendría que aceptar una rebaja muy considerable de su sueldo (suponiendo que le ofrezcan esa posibilidad). Y seguro que recibe ofertas mejores de otros equipos. Y segundo tendría que producirse la salida del entrenador Mike d’Antoni. No tiene mucho sentido quedarte en un sitio en el que el jefe quiere echarte. No esperéis que vuelva a España. Por poco que le paguen, será el doble de lo que cobraría en la ACB.

Y antes de que alguno me pregunte por la posibilidad de la amnistía (que seguro que sale el tema), lo aclararé. La amnistía es una figura del convenio vigente en la NBA que permite a un equipo cortar a un jugador sin que el salario del despedido cuente para el tope salarial. Los Lakers no pueden amnistiar a Pau Gasol. Porque ya amnistiaron en su día a Metta World Peace, y durante la vigencia del convenio cada equipo sólo puede amnistiar a un único jugador.

El antaño primer equipo de Los Angeles es el tercer peor del Oeste, con 14 victorias y 22 derrotas. Han ganado uno de sus 10 últimos partidos. Perdieron de forma consecutiva contra tres de los peores conjuntos de la NBA, Utah Jazz, 76ers de Filadelfia y Milwaukee Bucks. Si lo que quieren es “tankear”, no les hace falta librarse de Gasol para ello.  Por cierto, de jugar en el Este con este registro rozarían las plazas de play offs. Pero ese es tema para otro artículo.

 

artículo publicado en http://www.encancha.com, enero 2014

Los Lakers “low cost” esperan a Kobe Bryant

21 Nov

Kobe Bryant ya ha recibido el alta médica de su grave lesión en el tendón de Aquiles de la pierna izquierda.  El sábado 16 de noviembre se reincorporó a los entrenamientos del equipo,  en una sesión suave dedicada en su mayor parte a ensayos de jugadas sin rival. El martes 19 ya participó en una sesión con contacto. Aunque la vuelta de la estrella de los Lakers estaba prevista para mediados-finales de diciembre, cuando tras la sesión del martes le preguntaron si podría jugar en noviembre, el escolta respondió que si, que sería posible.

Con el alta firmada, es cuestión que el escolta alcance la forma y el ritmo necesarios para aguantar dignamente en la cancha y a partir de ahí mejorar con minutos de juego. La cuestión es si el equipo de Los Angeles será conservador y esperará el tiempo necesario para recuperar una versión buena del jugador, o si lo lanzarán a los leones apenas Bryant consiga un estado físico mínimamente aceptable .

Eso dependerá de los objetivos marcados para esta temporada. En estos momentos los Lakers no entrarían en la lucha por el título, pero están lo bastante cerca para que el retorno de un Kobe Bryant en su mejor nivel les consiga la séptima u octava plaza del Oeste (como ya hizo la liga pasada antes de lesionarse). ¿Vale la pena la lucha para caer previsiblemente en primera ronda de playoffs, o es preferible optar a una mejor elección en un buen draft?

Kobe seguro que elegiría los playoffs, pero está por ver si la gerencia del equipo opina igual. Y más teniendo en cuenta que Bryant está en su último año de contrato, igual que Pau Gasol. Esto daría a los Lakers, en caso de no renovar a ambos jugadores o hacerlo a la baja, un buen margen económico para afrontar una remodelación a fondo, con estrellas de la liga (ojo a ver que hacen este verano Lebron James y Carmelo Anthony) y jóvenes prometedores del draft.

Unos fichajes muy baratos

El verano ha sido decepcionante para los aficionados angelinos. Se marchó Dwight Howard y no se trajo a ninguna estrella para reemplazarle. A un público acostumbrado al glamour le han debido parecer muy poca cosa los fichajes de Nick Young, Chris Kaman, Xavier Henry, Wesley Johnson, Jordan Farmar, Shawne Williams y la llegada de los rookies Ryan Kelly y Elias Harris. Todos ellos fichajes de bajo coste.

Con unas finanzas lastradas por los casi 30 millones y medio de dólares del contrato de Kobe Bryant y los 19 de Pau Gasol, los 9 de Nash y los casi 8 del amnistiado Metta World Peace (que han quedado rebajados a poco más de 6 tras la firma del jugador por los Knicks), los Lakers han buscado jugadores “low cost” para no pagar un impuesto de lujo excesivo (aunque se lo podrían permitir gracias a su contrato con Time Warner que les reporta  unos 150 millones de dólares por temporada hasta julio del 2031) .

Chris Kaman es el que más cobra de los recién llegados, aunque su contrato no sea de una cuantía desmesurada. Tres millones de sueldo para un veterano como el pívot es una cantidad ajustada en el mercado de la liga profesional. La nómina del resto de nuevos jugadores con experiencia NBA ronda el millón, y los dos rookies se quedan en la mitad de esta cifra. Y sólo Nick Young y Elias Harris han firmado por más de una temporada. Con las adquisiciones de la plantilla de los Lakers, y viendo como se habían reforzado los equipos en el Oeste, los playoffs parecían una utopía.

Las estrellas bajo mínimos

Las cosas aún se complicaron más con los problemas físicos en el inicio de temporada de los dos jugadores que debían tirar del equipo ante la baja de La Mamba Negra. Pau Gasol promedia 13 puntos por partido, el registro más bajo en su ya larga carrera en los Estados Unidos. Empezó la temporada con una afección pulmonar, tras la que luego se le presentó una lesión muscular en el pie izquierdo (aún así, no se ha perdido ningún partido). La pasión de su entrenador Mike D’Antoni de alejarlo cada vez más del aro tampoco ayuda a mejorar sus estadísticas.

Peor pinta tiene el caso de Steve Nash. Tras jugar los 6 primeros partidos, su espalda le ha impedido seguir el ritmo. Hasta el punto que el base canadiense está meditando seriamente retirarse. Los Lakers han afirmado que esperan que no lo haga, que creen que Nash aún puede ser muy útil. Pero por lo bajini van pensando en los casi 10 millones de dólares que se ahorrarán la próxima temporada si el jugador cuelga las botas.

Pero para sorpresa de todos, de alguna manera el equipo va funcionando, con 5 victorias en 12 partidos. Y de los 5 triunfos, dos en los partidos con mayor carga moral disputados hasta ahora. En el partido inaugural de la temporada, los Lakers vencieron a los Clippers en el duelo entre los dos equipos de Los Angeles. Y en su visita a Houston, los californianos se impusieron a  los Rockets del “prófugo” Dwight Howard con un triple en el último segundo de Steve Blake.

El base es uno de los que está tirando del carro, con una mejora inesperada en sus prestaciones. Ha pasado de los 7,3 puntos y 3,8 asistencias de promedio de la temporada pasada a los casi 10 puntos y 7,3 asistencias de la presente. Blake ha encadenado cuatro partidos consecutivos repartiendo más de 10 asistencias, por primera vez en su carrera en la NBA. En sus tres temporadas anteriores en los Lakers nunca había tenido una noche de dobles dígitos en pases de canasta.

Jodie Meeks lidera el equipo en anotación con una media de 13,7 puntos. En tan sólo 2 de los 12 partidos no ha llegado a la decena. Su porcentaje de triples es del 49,2%. La temporada pasada, aportaba 7,9 puntos con un 35,7% de acierto desde la línea de 3 puntos. Son sus mejores números en sus 5 años como profesional.

El rendimiento de Jordan Hill ha dado un vuelco desde que Mike D’Antoni lo ha incluido en el cinco inicial en detrimento de Chris Kaman. De 6,3 puntos y 6,6 rebotes en 16 minutos ha pasado a 18,8 puntos y 12 rebotes en 30 minutos en pista. Y aportando la garra, el músculo y la fiereza que jugadores más técnicos como Gasol y Kaman no dan. En un equipo sin estrellas que solventen situaciones complicadas, este factor físico puede decantar algún partido a lo largo de la temporada.

El ascenso de Hill puede ser uno de los puntos de conflicto de la plantilla. Kaman dejó los Mavericks porque en su opinión se merecía más minutos de juego. Promedió 20,7, su peor registro en la NBA. Este año aún está menos tiempo en pista, 17,3. Y lo que es peor, con la titularidad de Hill parece que su estancia sobre el parquet aún va a disminuir más.

Blake, Meeks y Hill no son los únicos que han dado un paso adelante. Xavier Henry y Wesley Johnson también han tenido sus noches de inspiración, y los números de Jordan Farmar como base suplente son más que aceptables. D’Antoni saca provecho prácticamente de casi todos los jugadores de su roster, a excepción del papel testimonial de los dos rookies y de Robert Sacre, agitador habitual de toallas en el banquillo. ¡Incluso Shawne Williams ha sido titular en 5 ocasiones!

La baja de Kobe Bryant ha permitido repartir entre el resto de la plantilla sus más de 20 tiros por partido, generándose un ataque más coral que cuando no corre busca el pase extra para mejorar sus opciones de lanzamiento. Siete  jugadores de los Lakers aportan entre 8 y 13,4 puntos de promedio. Y la noche en que todos ellos, por una conjunción astral, andan finos, los californianos se presentan como un equipo temible.

Su retorno puede variar esta distribución del peso ofensivo, pero no va a incomodar a los jugadores afectados. Porque todos asumen que este es el equipo de Bryant. “Es el macho alfa. Dice a todo el mundo donde debe ir, consigue que todos estemos en el lugar adecuado, y nos da confianza que nuestro líder vaya a volver pronto”, explicó Jodie Meeks.

Lo que no sabemos es si Mike D’Antoni pensará lo mismo. Con Kobe fuera, Nash pensando en la retirada, y Pau Gasol que nunca ha sido de los que critican abiertamente a sus entrenadores, maneja el equipo a su antojo. Nadie discute sus sistemas. Pero todo el mundo tiene claro que este es el equipo de Kobe. Con su vuelta, habrá otro gallo en el gallinero que llevará la voz cantante.

publicado en http://www.encancha.com, noviembre 2013

Las Torres Asimétricas de los Houston Rockets

7 Nov

En pleno apogeo del small ball personificado en los Miami Heat de Lebron James, algunos visionarios buscan alternativas. Los Houston Rockets parecían querer recuperar las Torres Gemelas de los años 80. Pero las apariencias engañan.

Cuando se menciona los Houston Rockets es difícil que no te vengan a la cabeza las “Torres Gemelas”, Hakeem Olajuwon (2,13) Y Ralph Sampson (2,24). Con estos dos jugadores el equipo tejano llegó a la Final de la NBA en 1986, después de eliminar a los Lakers de Magic Johnson, Kareem Abdul Jabbar, James Worthy y Byron Scott en la Final del Oeste. En la lucha por los anillos cayeron ante otro equipo de leyenda, los Celtics de Larry Bird, Dennis Johnson, Danny Ainge, Kevin McHale, Robert Parish y Bill Walton.

La sociedad se inició en 1984, cuando Olajuwon fue seleccionado con el número 1 del draft. Los Rockets la dieron por liquidada en 1988. Las rodillas de Sampson empezaban a dar sintomas de agotamiento, tras sólo 5 temporadas en la NBA. Así que la franquicia lo traspasó a los Golden State Warriors. La carrera del ala pívot más alto de la historia empezó su decadencia, viviendo su última etapa de tan sólo 8 partidos en la ACB en Málaga, durante la temporada 91-92.

Ya es curioso que los aficionados más veteranos asociemos la época dorada de los Rockets a estos dos gigantes, y no a los dos anillos consecutivos ganados en los años 1994 y 95, aún con Olajuwon y con permiso de Michael Jordan que había decidido probar suerte como jugador profesional de beisbol. Es una de las características de las utopías, que con la nostalgia de los años mejoran como los buenos vinos. Otra de sus peculiaridades es que siempre acaban volviendo.

Las dos torres

Y eso pasó este verano, con el fichaje de Dwight Howard por los Rockets y el interés de la franquicia de Houston en renovar al turco Omer Asik (poco más de 5 millones de dólares de sueldo esta temporada, pero casi 15 la siguiente). Empezaron los rumores de que la idea era hacerlos jugar juntos. Dos centers puros compartiendo un espacio reducido, dos gigantes en la zona. Una herejía en los tiempos del small ball.

Una vez empezada la liga regular, se han confirmado los rumores. Ambos jugadores saltan de inicio. Sin embargo, las cosas no son como nos las imaginábamos. No se trata de una nueva versión de las “Torres Gemelas”, sino simplemente un cinco titular con dos pívots a la vez. El binomio no funciona porque en realidad no es tal.

Howard y Asik son dos cincos puros, efectivos y letales en las proximidades del aro, pero que pierden toda su efectividad cuando las suelas de sus zapatillas dejan de estar en contacto con la pintura. Una diferencia de concepto respecto a la pareja Olajuwon – Sampson, en que el “bajito” era el pívot que jugaba de espaldas a canasta y el alto se podía buscar la vida de cara al aro.

Howard es el jugador mejor pagado de la franquicia de los Rockets. Sin embargo, no es el jugador franquicia (ese honor le corresponde a Harden). Para mantener el equilibrio, han llegado a un acuerdo tácito. El pívot no discute el reinado del escolta, siempre y cuando éste no se inmiscuya en su condado particular, las proximidades del aro. Ni él, ni ninguno de sus compañeros.

La zona tiene un dueño

Cuando coinciden en pista Howard y Asik, el ex de los Lakers ocupa los espacios de juego preferentes, las mejores posiciones para recibir y encarar la canasta. El turco merodea por los alrededores de la zona, procurando no estorbar las opciones de su compañero y atento a rebañar los balones que queden sueltos. El juego entre pívots no existe. Porque uno es un finalizador que con el balón en las manos no ve más que el aro, y al otro simplemente no le llega la pelota.

Ambos jugadores, más allá de saltar de inicio en el primer y tercer cuartos, no coinciden la mayor parte del tiempo en la pista. Cuando Asik se sienta, Howard sigue manteniendo su reino de taifas particular en la zona. Si no es que sale a hacer un bloqueo para jugar una posible continuación, sigue colapsando las posiciones privilegiadas de las vías interiores del ataque de los Rockets. No se agazapa esperando su oportunidad, sino que se hace visible en todo momento. Y sus compañeros se buscan la vida mayoritariamente desde el triple y la media distancia.

Cuando Howard descansa y es sustituido por Asik, entonces es como si el equipo jugara sin pívot en ataque, excepto a la hora de hacer bloqueos. Porque el turco sigue siendo casi tan invisible para sus compañeros como cuando compartía espacios en la pintura con su socio. Con la zona libre, el resto de jugadores de los Rockets pueden penetrar libremente y quitarse el mono de pintura.

Este esquema de juego ha hecho variar la tipologia de ala-pivots de la plantilla. Adios a los 4 poderosos físicamente que parecían buscar la liga pasada como Patrick Patterson (que fue traspasado a media temporada a cambio de Thomas Robinson, quien a su vez fue enviado a los Blazers al final de temporada a cambio de los derechos de dos jugadores del Barça, Papanikolaou y Todorovic) y Terrence Jones.

Jones y sus actuales compañeros de posición Greg Smith y Donatas Motejiunas disponen de muy pocos minutos de juego. El modelo de este año es un alero alto y polivalente, más hábil que potente, que suponga una amenaza desde el exterior y que sea capaz de penetrar. Los Rockets tienen dos jugadores perfectos para desempeñar este papel. Como titular, el indispensable hombre orquesta Chandler Parsons. Y saliendo del banquillo, el israelí Omri Caspi.

El gran mérito del entrenador Kevin McHale es haber conseguido un ataque equilibrado a pesar de la presencia acaparadora de su pívot estrella. Harden es el máximo anotador de los Rockets con 25 puntos por partido. Howard se va a los 17. Tras ellos se ha establecido un cuarteto con una anotación media entre los 16 y los 10 puntos (Jeremy Lin, Chandler Parsons, Francisco Garcia y Omri Caspi). Ahora McHale debería mejorar el aprovechamiento ofensivo de su segundo pívot. Asik no llega a los 6 puntos de media.

La mejorada salud de Howard

Dwight Howard ha vuelto a ser en estos inicios de temporada el jugador dominante físicamente de sus años de Orlando, dejando atrás la imagen de fragilidad que dio en los Lakers. Parece que las secuelas de la operación de hernía discal del 2012 han desaparecido.

McHale ha reconocido que el pivot no estaba todo lo sano que les gustaría cuando en julio le firmaon un contrato de 88 millones de dólares. “Aún podía jugar, y aún es un jugador joven. Estábamos más preocupados por su espalda, y su fuerza y flexibilidad”. Su cuerpo se había descompensado tras pasar por el quirófano y necesitaba ser reequilibrado. Y ese fue el trabajo específico en el que los Rockets y el jugador se han concentrado este verano.

Howard acredita tras 5 partidos de Liga Regular 17,4 puntos y 14,6 rebotes por partido. Pero más allá de los números, ha cambiado su actitud en la pista. Siempre activo, implicado en el juego, pidiendo la pelota en ataque, y poderoso en el rebote.”Me muevo mejor. Llego a pelotas que la temporada pasaba no podía. Rebotes, tapones, todo es muy diferente”. Superman ha vuelto transformado en su nueva fuente de inspiración, el Caballero Oscuro, Batman.

Otra de las claves de su buen rendimiento es la buena química que mantiene con el otro divo del equipo, James Harden, y con Kevin McHale, su entrenador. Algo que no ocurrió durante su breve etapa en los Lakers con Kobe Bryant y Mike D’Antoni. Mientras la cosas sigan así, en Houston pueden soñar con reverdecer viejos laureles.

publicado en http://www.encancha.com, noviembre 2013

Adam Morrison, “Born too late”

30 Jul

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Adam Morrison puede pasar a la historia de la NBA como un gran fiasco, otra de las decisiones fallidas de Michael Jordan desde los despachos. Y sin embargo, Morrison es mucho más que un error de MJ. A la mayoria de aficionados a la NBA su nombre no les sonará. Más allá de ser un número 3 de draft del 2006, por detrás de Bargnani i LaMarcus Aldridge y por delante de Brandon Roy, Rudy Gay o Rajon Rondo. Otra estrella universitaria que no consiguió triunfar como profesional.

Pero esta es una imagen injusta. Para los que le vimos en su etapa universitaria, para los que disfrutamos de su última temporada de absoluta locura anotadora en Gonzaga, Morrison es mucho más que eso. Un inadaptado al tiempo que le ha tocado vivir con un encanto “vintage”, una voz disonante en el coro, el eco de un baloncesto y una época que no volverá.

Un proyecto de estrella NBA que no cuajó

Los Bobcats lo escogieron para que fuera su jugador franquicia, pero el alero de 2,03 nunca cumplió las expectativas. El buen ojo de Michael Jordan como ejecutivo volvió a quedar en entredicho, en su primera selección en un draft para el equipo de Charlotte. Lo mismo que pasó en su día cuando, siendo directivo de los Washington Wizards, eligió con el número 1 a Kwame Brown.

Tras un debut como rookie con unos números correctos, aunque no de estrella (11,8 puntos por partido), una grave lesión en su rodilla izquierda le mantuvo apartado de las pistas toda su segunda temporada como profesional. Y para cuando volvió, los Bobcats creyeron que su momento ya había pasado. Así que durante su tercera temporada regular lo traspasaron a Los Angeles Lakers.

En el conjunto californiano Morrison ganó 2 anillos de campeón de la NBA, los años 2009 y 2010. Sin embargo, no hizo méritos para ello, ya que su participación en el juego del equipo fue meramente testimonial. Los Lakers no le renovaron el contrato cuando éste expiró. Hizo la siguiente pretemporada con los Washington Wizards, pero le cortaron antes de empezar la competición.

El alero probó suerte en Europa, pero tampoco le fue bien. En septiembre de 2011 fichó por el Estrella Roja de Belgrado. En noviembre, tras ocho partidos en los que lideró el equipo en anotación con 15,5 puntos de media, rescindió su contrato para intentar firmar otro en la NBA. No lo consiguió. En enero de 2012 volvió al Viejo Mundo, en las filas del Besiktas. En abril del 2012 dejó el equipo turco por falta de minutos.

El pasado verano Morrison hizo su último intento de volver a la élite del baloncesto mundial. Y afirmó que si no lo conseguía se retiraría. Jugó la Liga de Verano de la NBA con los Brooklyn Nets y Los Angeles Clippers. Hizo la pretemporada con los Portland Trail Blazers. Y de nuevo fue cortado antes de empezar la Liga Regular. Ahora Adam, con tan sólo 28 años, ha cumplido su palabra.

Estrella NCAA en Gonzaga 

Y sin embargo, apenas ocho meses antes de aquel draft del de 2006, parecía imposible que la estrella del alero pudiera apagarse nunca. Fue el 22 de Noviembre de 2005. En una de las noches mágicas de la NCAA, los Bulldogs de Gonzaga eliminaban a los Spartans de Michigan State en la semifinal del torneo de “pretemporada” de Maui por 109 a 106 después de tres prórrogas. Si hubiera sido durante el “March Madness”, estaríamos hablando de uno de los partidos míticos del baloncesto universitario.

Fue un duelo épico, glorioso, entre dos jugadores con las muñecas calientes, el punto de mira afinado, y llamando descarados a las puertas del Olimpo baloncestístico. Dos jóvenes aparentemente destinados a la grandeza. Morrison anotó 43 puntos para Gonzaga. Enfrente suyo, liderando a los Spartans, el escolta Maurice Ager (tuvo un paso fugaz y poco afortunado por el Cajasol) se fue hasta los 36 puntos. Ninguno de los dos ha alcanzado la gloria.

La fuerte vinculación de este alero de 2,03 y su “alma mater”, Gonzaga, tiene unas raíces muy profundas. Hijo de un exjugador de baloncesto reconvertido a entrenador, tuvo una infancia viajera hasta que su padre decidió cambiar de profesión. La familia se afincó en Spokane, cerca de la Universidad de Gonzaga. Y entonces Morrison se convirtió en recogepelotas del equipo de baloncesto que años antes había alumbrado un prodigio como John Stockton.

El joven Adam, a pesar de la diabetes diagnosticada cuando tenía 13 años, se convirtió en la estrella de su instituto, Mead Senior High School. Y cuando llegó la hora de dar el salto a la Universidad, Morrison tenía muy claro su destino. Quería seguir en su entorno familiar. Así que se quedó en Gonzaga.

En el año de su debut universitario promedió 11,4 puntos. Como sophomore su media subió hasta los 19 por partido. Y en su año júnior, el último antes de saltar a la NBA, explotó. Los 43 puntos contra Michigan State no fueron su tope de la temporada. Se fue hasta los 44 contra Loyola, 37 de ellos en una segunda parte de locura. Su media anotadora subió hasta los 28 puntos. Compartió el premio de mejor jugador del año con J.J. Reddick, que jugaba en Duke.

Un jugador de otro tiempo

Con un aspecto dominado por un bigote eternamente incipiente y una melena desaliñada, y un tiro exterior demoledor, no tardó en comparársele con Larry Bird. En la pista las similitudes eran evidentes, pero fuera de ella tal vez se parecía más al activista Bill Walton de sus tiempos de UCLA (casualidades de la vida, su grave lesión de rodilla llegó tras un choque con el hijo del pívot, Luke). Porque Morrison tuvo la mala suerte de nacer fuera de su época. Como la canción de las Poni-Tails, “Born too late”.

Tengo la impresión de que hubiera sido feliz en Woodstock. Que hubiera estado presente en las manifestaciones contra la guerra de Vietnam. Que hubiera brillado en la NBA de los años 80 del siglo XX, no tan física. Como Walton. Morrison tuvo su momento, una frase que levantó ampollas entre los aficionados más conservadores: “Hemos tenido el 11 de septiembre, el recuento de votos Gore – Bush, una guerra en Irak, otra en Afganistan, el Huracán Katrina…¿Cómo puedes no preocuparte por quien manda en el país? Es el momento de cuestionarse las cosas. De pensar por uno mismo y manifestarse públicamente”.

Morrison es rara avis en el baloncesto norteamericano del siglo XXI. No sólo por padecer una diabetes que le obliga a medicarse con insulina. No sólo por sus inclinaciones políticas claramente de izquierdas, que le convirtieron en lector por gusto y no por obligación de Karl Marx. No sólo por su devoción hacia el Che Guevara (tenía un póster suyo en su habitación durante su estancia en Gonzaga). No sólo por su estrecha relación con su Universidad. No sólo por su bigote poco poblado y su melena descuidada. No sólo por su aspecto desgarbado y poco atlético. Sino precisamente por todo ello.

Este apasionado de la historia vuelve ahora a la Universidad. A Gonzaga, por supuesto. Se integrará en el cuadro de asistentes del técnico Mark Few. Pero Morrison no vuelve sólo para ayudar al entrenador. Su paso por la NBA no ha sido bueno en lo deportivo, pero en lo econòmico ha ganado casi 17 millones de dólares. Asi que sin la necesidad imperiosa de trabajar, se ha matriculado en el centro. Volverá a estudiar (si, otra de sus benditas rarezas). Volverá a sus debates sobre política en el autocar del equipo. Volverá a la época en que fue feliz. Volverá a casa. Él sale ganando. Y nosotros perdiendo.

publicado en www.encancha.com, julio 2013

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