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NBA: Los Lakers siguen gafados con las lesiones

27 Nov

Si la temporada pasada de Los Angeles Lakers fue horrible, ésta aún presenta peores expectativas, con una plantilla limitada y mermada por una plaga de lesiones que hace años que dura. Kobe Bryant está demasiado solo.

Kobe Bryant anotó 44 puntos ante los Golden State Warriors, su mejor anotación de la presente temporada. Y lo hizo en 31 minutos y 22 segundos, el tiempo que estuvo en pista en los tres primeros cuartos. Su entrenador Byron Scott decidió reservar a su veterana estrella de 36 años durante los últimos 12 minutos de partido.

No es la primera vez que el escolta ve el último cuarto desde el banquillo después de una anotación estratosférica en los tres primeros. En diciembre del 2005 Phil Jackson le hizo descansar el período final, justo cuando Kobe llevaba 62 puntos en su casillero particular. Él solo había anotado más puntos que todo el equipo rival, los Dallas Mavericks.

Pero un detalle clave marca la diferencia entre esas dos noches. Incluso entre estos dos equipos de los Lakers. En el 2005 ante los Mavericks los californianos ya habían sentenciado el encuentro. El 16 de noviembre contra los Warriors el ahora segundo equipo de Los Angeles daba por perdido el enfrentamiento en su propia pista (115-136).

Kobe venía de firmar su peor partido en lo que se refiere a su acierto de cara a la canasta contraria. El escolta sólo había sido capaza de transformar uno de sus catorce lanzamientos a canasta en la derrota previa ante los Spurs (80-93), su actuación más negativa de los 1.154 partidos hasta aquel momento en que había tirado más de 10 veces. En su descargo, diremos que el veterano de 36 años jugó mermado por los efectos de un virus, y aún así contribuyó en otros aspectos del juego para acabar con 9 puntos, 4 rebotes, 6 asistencias y 2 tapones.

Colistas del Oeste

Los Lakers de la temporada 2014-15 serán probablemente uno de los que peor recuerdo dejen en la mente de sus aficionados. Un equipo que ya ha batido un registro negativo en la historia de la franquicia. Con tan sólo 1 triunfo (ante Charlotte Hornets) en sus primeros 10 partidos, ninguna otra formación anterior en la historia del conjunto de Los Angeles había empezado tan mal una temporada.

Tras este mal inicio, el retorno del hasta entonces lesionado Nick Young pareció que iba a romper la mala racha. Los californianos fueron capaces de encadenar 2 triunfos consecutivos (Atlanta Hawks, Houston Rockets). Pero fue un espejismo y las derrotas volvieron. Nunca hasta ahora sus aficionados habían visto un sólo triunfo en sus 8 primeros partidos en casa, ni en los tiempos en que jugaban en Minnesota.

El equipo lleva un registro de 3 victorias y 12 derrotas tras perder ante los Grizzlies (93-99), siendo el peor del Oeste por detrás de unos Oklahoma City Thunder (4-12) que despegarán cuando recuperen a sus estrellas lesionadas, Kevin Durant y Russell Westbrook, y unos Minnesota Timberwolves en fase de reconstrucción (casi eterna) que no aspiran a nada (3-10).

El margen de mejora de los Lakers es más limitado que el de los Thunder, porque los californianos ya tienen en pista todo su escaso arsenal. No les quedan balas extras en la recámara. Los jugadores que dirigen Byron Scott muestran una capacidad anotadora más o menos correcta (101,4 puntos por partido), pero naufragan en defensa siendo el conjunto que encaja más puntos de la NBA (110,8 por encuentro).

Esta grave crisis no ha surgido de la nada, sino que se ha venido gestando desde hace años. Desde que Jerry Buss fue cediendo responsabilidades a su hijo Jim en la gestión deportiva de los Lakers. Parte de los problemas del equipo nace de las malas decisiones del gestor, de las que ya hemos hablado en alguna ocasión. Pero otra parte es debida a la mala suerte en forma de lesiones.

Las continuas lesiones de los Lakers

En el draft del 2005 Jim Buss impuso su criterio para elegir a Andrew Bynum, un pívot con tanta calidad como inmadurez. Con lo que nadie contaba era con la fragilidad de sus rodillas. Ambos factores han precipitado que el que fuera considerado un candidato a estrella de la NBA se encuentre ahora sin equipo con tan sólo 27 años.

La importancia de este hecho quedó minimizada por los éxitos del equipo con Phil Jackson como entrenador, Kobe Bryant de estrella y la llegada de Pau Gasol. Los Lakers sumaron los dos últimos anillos de su historia (por ahora): 2009 y 2010. Hasta que el Maestro Zen dejó el banquillo de los Lakers el verano del 2011.

Mike Brown fue el hombre elegido para enterrar el triángulo ofensivo en los Lakers. Y ciertamente lo enterró. El problema es que metió en la misma fosa el buen juego y las aspiraciones de éxito. Fue cesado tras poco más de un año en el cargo y después de perder 4 de los 5 primeros partidos de la temporada 2012-13. Con los aficionados reclamando el retorno de Jackson y el veterano entrenador postulándose para volver, el elegido fue Mike D’Antoni.

El siguiente proyecto del “joven” Bush fue la segunda entrega de los Cuatro Fantásticos con Bryant, Pau Gasol, Dwight Howard y Steve Nash. La primera (Shaquille O’Neal, Kobe Bryant, Karl Malone y Gary Payton) había llegado a las Finales de la NBA antes de descomponerse de mala manera. Pero en este caso el refrán acertó: segundas partes no son buenas. El equipo volvió a descomponerse de mala manera por las tensiones entre Howard y Kobe, y no pasó de la primera ronda de playoffs.

Aquella temporada, la 2012-13, estuvo plagada de lesiones. Dwight Howard jugó todo el año con dolores o en su espalda o en su hombro izquierdo, Steve Nash se perdió 32 partidos, Pau Gasol 33. Para acabarlo de arreglar Bryant se rompió el tendón de Aquiles en el tramo final de la Liga Regular, en su titánico esfuerzo casi en solitario para meter a los Lakers en la lucha por el anillo.

La temporada pasada se convirtió en un funeral el 17 de diciembre. Tras perderse los primeros 19 partidos de la liga regular acabando de recuperarse de la lesión de la temporada anterior, Kobe Bryant reapareció el 8 de diciembre. Pero en su sexto encuentro se volvió a romper. Una fractura en la rodilla le impidió volver a jugar en todo el curso. La plaga de lesiones del año anterior volvió a repetirse, con Steve Nash casi inédito y los fichajes secundarios de la temporada cayendo uno tras otro. Pau Gasol , que se mantuvo relativamente sano, se dedicó a hacer buenas estadísticas en su último año de contrato. El equipo no entró en playoffs por sexta vez en su historia.

La temporada 2014-15 no pinta mucho mejor que las dos anteriores. Steve Nash, decidido a cumplir su último año de contrato antes de retirarse, se resintió durante la pretemporada de sus problemas de espalda transportando unas bolsas de viaje y optó por colgar las botas antes de lo previsto. La cara ilusionante del equipo, el ala pívot rookie Julius Randle (número 6 del draft), se fracturó la tibia en el primer partido de la temporada y será baja para todo el campeonato.

Y ahora Xavier Henry, ya recuperado de su lesión de rodilla del curso pasado, ha pasado por el quirófano tras romperse el tendón de Aquiles. Otra baja de larga duración para unos Lakers que tampoco podrán contar con Ryan Kelly hasta finales de diciembre por una lesión muscular y que tienen a Carlos Boozer entre algodones.

Kobe coge las riendas

Ante esta situación, Kobe Bryant ha asumido el papel de salvador. Tal vez su orgullo y las limitaciones de la plantilla le impidan hacer otra cosa. Pero lo cierto es que la superestrella ya no está en su mejor momento. Y asumir tanta responsabilidad no hace más que dejarle en evidencia.

Bryant anota 26,4 puntos de media lanzando a canasta casi 24 veces por partido, más del doble de lo que lo hacen Carlos Boozer (11,8), Jordan Hill (11,2) y Nick Young (11). El escolta asume el 28% de los lanzamientos a canasta de un equipo que tiene 14 jugadores en plantilla. El problema es que su porcentaje en lanzamientos de campo es del 37,9%, con un 28,6% en particular desde la línea de 3 puntos.

Hasta ahora su peor temporada en acierto de cara a canasta había sido su año de rookie (1996-97) con un porcentaje del 41,7%. Respecto a los triples, no es su peor año pero casi. La temporada 1998-99 firmó un 26,7%, la 2001-02 un 25% y la 2013-14 un 18,8%. Claro que esta última no debería contar. Tras una larga lesión, Kobe sólo jugó 6 partidos antes de volver a romperse. Prácticamente cuando se le empezaba a calentar la muñeca.

Por cierto, la lesión que arrastraba el jugador franquicia de los Lakers al inicio de esa temporada, una rotura del tendón de Aquiles, se produjo cuando Bryant asumió todo el protagonismo empeñado en meter a toda costa al equipo. Este año está haciendo lo mismo, aunque su reto también podría ser superar a Michael Jordan como tercer máximo anotador en la historia de la NBA. Sólo está a 196 puntos de su objetivo. Por su bien y el del baloncesto, esperemos que esta vez se lo tome con más calma. No se merece una retirada por la puerta de atrás como Steve Nash.

Artículo publicado en http://www.encancha.com, noviembre 2014

NBA: El dinero no compra anillos de campeón

19 May

En un marco tan competitivo como el del deporte, el dinero puede ser una buena herramienta que ayude en el camino hacia el éxito. Sin embargo, por si mismo no garantiza el triunfo. En este artículo repasamos la relación  entre los últimos campeones de la NBA y sus presupuestos. Porque el dinero tal vez compre la felicidad, pero no los títulos.

Ya tenemos a los cuatro semifinalistas de la NBA. En el Oeste, San Antonio Spurs y Oklahoma City Thunder luchan por ser campeones del Oeste. En el otro lado del cuadro, Indiana Pacers y Miami Heat compiten por el título del Este. Los ganadores optarán al premio gordo, los anillos de campeones de la NBA.

Ninguno de estos cuatro equipos es el que tiene la plantilla más cara (en cuestión de salarios) de la liga norteamericana. Este honor le corresponde a los Brooklyn Nets (102,5 millones de dólares), que han sido eliminados en segunda ronda por los Heat. El segundo equipo que más ha gastado en jugadores esta temporada son los Knicks de Nueva York (88,2 millones), y ni siquiera se han clasificado para los playoffs. Cierran el podio de los “espléndidos” los vigentes campeones, Lebron James y amigos (80,7).

Respecto al resto de semifinalistas de la presente campaña, Oklahoma es el doceavo de la lista con un gasto en nóminas de jugadores de poco más de 70 millones, los Pacers de Indiana ocupan el puesto 16 con 67,2 millones y, como ya dijimos en el artículo anterior, los Spurs de San Antonio ocupan el veinteavo lugar en gasto con 63,1 millones. El equipo que menos se gastará este año en recompensar el esfuerzo de sus obreros cualificados de pista son los Sixers de Filadelfia (no creo que este dato sea una sorpresa) con un presupuesto de 52,2 millones de dólares.

El dinero no siempre compra la felicidad, ni el éxito. Esta frase ha sido cierta en la NBA desde las finales del 2011. Los Dallas Mavericks, con el presupuesto en jugadores más alto de la temporada (91,5 millones), se impusieron 4 a 2 en la última y definitiva ronda de los playoffs a los Miami Heat, onceavos en gasto ( 68,8 millones para la plantilla en el primer año del Big Three: Lebron, Wade, Bosh). El incremento del coste del equipo de Florida desde entonces hasta ahora responde básicamente a la subida de sueldo progresiva de su trío de estrellas.

Una mejora merecida (aunque ya estaba firmada de antemano), porque los Heat fueron campeones las dos temporadas siguientes (2012 y 2013). Aún así, se mantuvieron como el tercer equipo en la lista de pagadores (con unos totales de 75,3 y 81,5 millones, respectivamente). Derrotaron en la primera final a uno de los presupuestos de la zona media-baja (Oklahoma City Thunder, 59,5 millones para sus jugadores) y en la segunda al noveno de la lista (San Antonio Spurs, 69,6 millones).

Previamente al triunfo de los Mavericks, los Lakers se habían proclamado campeones dos temporadas consecutivas. Sólo en la segunda de ellas partían como el equipo más caro de la competición. La temporada 2008-09 figuraban como los quintos de la lista, un puesto por detrás del ganador de la temporada anterior, los Celtics. Los de Boston tampoco fueron el equipo que mejor pagó a sus jugadores el año en que conquistaron su último anillo hasta la fecha. Eran los sextos, dos lugares por delante del otro finalista, los Lakers.

Los campeones del 2007, 2005 y 2003 fueron los Spurs de San Antonio, un equipo sin sobrecostes salariales en forma de impuesto de lujo porque es reacio a traspasar el tope salarial. Con esta política difícilmente llegarán al lugar de honor del ránking de pagadores. El año 2006 ganaron los Heat de Shaquille O’Neal y Dwayne Wade, con un montante en nóminas muy inferior al de su rival en la final, los Dallas Mavericks (60,7 contra 98,5 millones). Y el 2004 se proclamó campeón un equipo de gladiadores, los Pistons, con un presupuesto muy reducido (53,9 millones) y con uno de los mejores anotadores peor pagados de la Liga, Richard Hamilton (6,5 millones).

Los sueldos de las estrellas

Por lo que se refiere a salarios individuales y logros colectivos, el MVP de la liga regular 2014 ha sido Kevin Durant, 11 en la lista de los mejor pagados esta temporada (18,8 millones). Su principal rival por el galardón fue Lebron James (19 millones), que le precede en la lista empatado con el también jugador de los Heat Chris Bosh.

Dwayne Wade figura en la treceava posición del ránking individual con un sueldo de 18,5 millones, Russell Westbrook es el 24 con 14,7 millones y Roy Hibbert el 29 gracias a su nómina de 14,3 millones anuales. Son los únicos 6 jugadores, en los 4 conjuntos semifinalistas, que figuran entre los 30 que más cobran esta temporada. Nótese que no hay ninguno de los Spurs.

Kobe Bryant será el mejor pagado de esta temporada, con 30,5 millones, aunque las lesiones no le han permitido justificar su sueldo. Su ausencia ha sido clave para que Pau Gasol (19,3 millones) y los Lakers acabasen la liga regular como el sexto peor equipo de la NBA. Los Mavericks de Dirk Nowitzki (22,7 millones) plantaron cara a los Spurs en primera ronda. Los Knicks de Amar’e Stoudamire (21,7) y Carmelo Anthony (21,5) no han entrado en playoffs. Los Nets de Joe Johnson (21,5) cayeron en segunda ronda ante los Heat y los Rockets de Dwight Howard (20,5) en primera contra los Blazers.

Lebron James ha sido el MVP de las últimas dos finales disputadas, y que ganó su equipo. Tan sólo en la última figuraba en el TOP 10 (8, precedido por Chris Bosh y seguido por Dwayne Wade) de los mejor pagados. En el 2011 el mejor jugador de las finales fue Dirk Nowitzki, también fuera de las primeras posiciones de este ránking (le mejoraron el contrato la siguiente temporada).

Kobe Bryant fue el jugador más destacado en los dos últimos anillos de los Lakers (2009 y 2010). En el segundo de ellos era el jugador que más cobraba (23 millones) y en el primero el cuarto. En el campeonato ganado por los Celtics el MVP fue Paul Pierce, que no figuraba entre los 10 primeros de una lista liderada por su compañero Kevin Garnett (23,7 millones). En los años anteriores tampoco hubo coincidencia entre sueldo y rendimiento en el momento cumbre del año baloncestístico. Ni Tony Parker (Spurs, 2007), ni Dwayne Wade (Heat, 2006), ni Tim Duncan (Spurs, 2005 y 2003) ni Chauncey Billups (Pistons, 2004) figuraban en el TOP 10 de sueldos.

En el caso de los jugadores, esta anomalía tiene una explicación lógica, amparada en el convenio colectivo firmado entre la NBA y el sindicato de jugadores. Los elegidos en el draft tienen un salario de entrada determinado en función de la posición en que son escogidos, y con unos incrementos anuales máximos preestablecidos. Los que no entran en draft empiezan en niveles económicos mucho más bajos.

A medida que los afortunados jóvenes consiguen sobrevivir más años en la jungla de la Liga, y van mejorando su rendimiento, crecen sus posibilidades de firmar contratos más sustanciosos. En especial cuando pasan a ser agentes libres, con total control sobre su destino y libertad para firmar con el mejor postor. Este momento suele llegar poco antes de los 30 años, en plena madurez de juego. Mientras tanto, las franquicias han sacado todo el jugo que han podido, y a un coste por debajo del mercado, a las jóvenes estrellas.

Cuatro plantillas, cuatro situaciones diferentes

Y esto nos devuelve al punto de partida, los cuatro semifinalistas de esta temporada. Miami Heat es el que más se gasta en fichas porque su trío básico ha alcanzado este punto de su carrera. Lebron James, Bosh y Wade consumen 56,7 de los 80,7 millones que el equipo de Florida gasta en sueldos. Si el trío lo desea, se puede marchar este verano o alargar sus contratos (hasta un máximo de 2 temporadas más). La decisión es de los jugadores, y no del equipo.

Los Thunder son un conjunto joven, pero sus jugadores claves se acercan al cénit de sus carreras, económicamente hablando. La franquicia ya ha cerrado las primeras renovaciones de contrato de sus piezas básicas. Durant tiene sueldo de estrella. Westbrook y Ibaka han extendido su vínculo con el equipo hace poco (en el verano del 2012) por unas buenas cantidades. Para no descompensar el presupuesto, en Oklahoma se vieron obligados a traspasar a James Harden.

Los Pacers se hallan inmersos en ese mismo proceso.  En el mismo verano de 2012 firmaron sus nuevos contratos Roy Hibbert y George Hill. El salario de Paul George subirá la próxima temporada hasta los 15,8 millones (y seguirá aumentando progresivamente) desde los 3,3 que está cobrando ahora. Lance Stephenson acaba contrato y su sueldo actual no llega al millón. Querrá mejorar, sin duda, y pretendientes no le van a faltar. El equipo de Indiana probablemente deberá elegir entre él y Evan Turner, sobre el que tiene una opción para el curso 2014-15 por 8,7 millones.

Los Spurs son una rareza. Porque sus estrellas aceptan cobrar menos para mantener el bloque. Tim Duncan renovó en el 2012 (vaya ajetreo de firmas la de aquel verano) por tres temporadas a cambio de 30 millones de dólares en total. Seguramente su edad (36 años) ayudó en la rebaja, pero aún así llama la atención la drástica reducción de su sueldo. Venía de cobrar unos 20 millones por temporada desde el curso 2007-08. Ginobili este último verano también se rebajó el sueldo a la mitad (de 14 millones por temporada a 14,5 por dos años). Estas rebajas permitieron renovar a Daniel Green, Boris Diaw y Tiago Splitter, y mantener el nivel del equipo.

En definitiva, y como bien sabemos todos los aficionados a las ligas de fantasía (en mi caso, el supermánager de la ACB), la plantilla más cara o los jugadores que más cobran no garantizan el éxito. Ejemplos recientes en la NBA, los actuales Nets o los Lakers de los Fantastic Four. La falta de presupuesto es un problema, pero lo mismo puede serlo su exceso. Porque al final, lo más importante no es la cantidad de dinero de que se dispone sino como se gestiona. Eso, y la capacidad con presupuestos reducidos para descubrir el talento que a otros se les pasa por alto. Es lo que se llama hacer de la necesidad virtud.

 

Publicado en http://www.encancha.com, mayo 2014

Los Angeles Lakers: las causas de un batacazo épico

24 Abr

Este último curso baloncestístico será recordado durante mucho tiempo en Los Angeles (aunque sus protagonistas directos preferirían olvidarlo). Intentaré acercaros a las causas de un fracaso difícil de superar en este artículo tan largo como la lista de despropósitos de los Lakers.

La temporada 2013-14 de Los Angeles Lakers sólo puede calificarse como desastrosa. El equipo ha marcado el peor balance de victorias y derrotas en la liga regular de la historia de la franquicia desde que esta parte de la temporada consta de 82 partidos. Sus 27 victorias por 55 derrotas les dejan con un porcentaje de triunfos del 32,9%, el segundo peor de sus 66 años de historia superado sólo por el 26,4% (19-53) de la temporada 1957-58 cuando los Lakers aún jugaban en Minneapolis.

Para saber cómo ha llegado el equipo a esta situación tenemos que remontarnos al final de la temporada 2012-13. La segunda versión de los Fantastic Four acabó en decepción. Los problemas físicos de unos y otros impidieron a Kobe Bryant, Pau Gasol, Steve Nash y Dwight Howard coincidir demasiados partidos en pista. La falta de química entre Bryant y Howard fue una rémora para el grupo.

La llegada de Mike D’Antoni al banquillo para relevar tras tan sólo 5 partidos a Mike Brown no solucionó nada. Kobe Bryant, con 34 años, elevó su juego hasta niveles inauditos en su larga carrera para meter al equipo en play offs. Y lo pagó rompiéndose el tendón de Aquiles al final de la liga regular. Tras la estampida de Howard que certificó el fracaso de un proyecto a corto plazo, los Lakers tenían que decidir hacía donde iba su futuro.

Los contratos de Kobe Bryant y Pau Gasol expiraban el 1 de julio del 2014. El de Steve Nash caduca un año más tarde, pero en el verano del 2013 no estaba claro si los problemas físicos del base le iban a permitir llegar en activo hasta esa fecha. Así que se decidió hacer una reconstrucción para la temporada 2014-15, intentando aprovechar las posibilidades de un draft a priori tan talentoso como el del 2014. La temporada 2013-14 se planteaba por lo tanto como un paréntesis en que simplemente se debía cumplir el expediente sin caer en el ridículo (objetivo no superado). Y bajo esta premisa se fichó.

Unos fichajes baratos

Con Bryant y Gasol absorbiendo casi 50 millones de dólares del presupuesto para nóminas, se aligeró gastos amnistiando a Metta World Peace. Las grandes apuestas de la temporada 2013-14 fueron Chris Kaman (con un sueldo de 3,2 millones) y Nick Young (cobrando poco más de 1 millón). Kaman, un pívot veterano descontento con los minutos de que disponía en los Mavericks, fue fichado para apuntalar el juego interior mientras Gasol estuviera en el banquillo. Y Young, un escolta cuya carrera había discurrido mayoritariamente en equipos secundarios, fue contratado para liderar la anotación de la segunda unidad de los Lakers.

El resto de incorporaciones de pretemporada de la franquicia aún fueron menos ilusionantes para sus aficionados. Se recuperó a Jordan Farmar tras dos temporadas en los Nets (aún de Nueva Jersey) y otra en el Anadolu Efes turco. Y se apostó por tres jugadores que habían dado muestras de talento en la NCAA, pero que no habían explotado en la NBA: Xavier Henry, Wesley Johnson y Shawne Williams. Ninguno de los cuatro superaba el sueldo de Young. Los dos rookies de la temporada fueron Ryan Kelly y Elias Harris. Williams y Harris han sido cortados antes del final de la liga regular (Williams fue repescado temporalmente a causa de las lesiones). Y a excepción de Nick Young, que tiene la opción de prolongar su contrato, todos firmaron por una temporada.

Con este roster inicial quedaba claro que el peso del equipo lo debían llevar las estrellas supervivientes de la temporada anterior, y los recién llegados asumirían un rol muy complementario a excepción tal vez de Young. Su misión era acompañar al trío compuesto por Nash, Kobe y Pau, que eran los que marcarían las posibilidades reales del equipo. La corta duración de los contratos de la mayoría de jugadores, en lugar de subir la competitividad en pista del bloque, ha acentuado su descomposición en el tramo final de la liga regular (como veremos más adelante) ante la ausencia de las tres figuras.

La plaga de lesiones

El esquema inicial de Los Lakers se desmoronó al tiempo que lo hacía la salud de sus piezas básicas. Kobe Bryant, tras pasar por el quirófano a mediados de abril, reaparecía el 8 de diciembre ante los Raptors. El equipo no estaba entre los ocho mejores del Oeste, pero tenía a tiro los playoffs. Nueve días después, el 17 de diciembre, la estrella de la franquicia se fracturó la rodilla izquierda ante los Grizzlies en su sexto partido. Tras meses de especulaciones sobre un posible retorno a las canchas esta misma temporada, en marzo los Lakers confirmaban que Bryant no volvería a jugar hasta después del verano.

Steve Nash se había fracturado el peroné en noviembre del 2012. La lesión no curó bien dejándole un nervio pinzado, y tras jugar los 5 primeros partidos de esta temporada se resintió con dolores en el pie y la espalda. Hasta el 4 de febrero no volvió a saltar a la pista, y sólo pudo aguantar 4 enfrentamientos antes de volver a la enfermería. No jugó de nuevo hasta el 21 de marzo, para dar por concluida su temporada el 8 de abril. En total, 15 partidos disputados. Con 40 años, ha anunciado que piensa cumplir el año que le queda (no quiere renunciar a sus 9,7 millones de dólares y está en su perfecto derecho, no obligó a nadie a firmarle el contrato).

Pau Gasol ha sido el miembro del trío básico con más salud, aunque eso no quiere decir que se haya librado de lesiones de toda índole. Empezó la competición con problemas respiratorios, luego tuvo molestias en un tobillo y una muñeca, en febrero se lastimó un abductor para acabar con el vértigo que se le originó el 23 de marzo y que le impidió disputar 12 de los últimos 13 partidos de la liga regular. El catalán ha disputado 60 partidos esta temporada (no es una mala cifra), pero habría que preguntarse en que condiciones ha saltado a la pista en alguno de ellos.

Las lesiones de los jugadores principales han venido acompañadas de las del resto de compañeros. Durante una fase de la competición los Lakers se quedaron sin un base puro porque además de Nash, Steve Blake y Jordan Farmar también estaban fuera de combate. Xavier Henry ha acabado con problemas en la muñeca y la rodilla derechas que le obligaran a pasar por el quirófano este verano. Y todas ellas sumadas a los percances habituales para los profesionales de este deporte. Ningún miembro de la plantilla ha disputado los 82 partidos de la Liga regular. Wesley Johnson se ha acercado mucho (79), seguido por Jodie Meeks (77) y Jordan Hill (72). Son los tres únicos que han participado en al menos 70 encuentros.

El colmo del esperpento llegó el 6 de febrero, en un triunfo ante los Cavaliers (108-119) que rompía una racha de 7 derrotas. Los Lakers se presentaron al encuentro con tan sólo 8 jugadores disponibles, pero durante el enfrentamiento perdieron a Nick Young (pequeña fractura de la rótula izquierda) y Jordan Farmar. Al inicio del último cuarto, Chris Kaman fue eliminado por personales. Y a 3:30 del final, Robert Sacre cometía su sexta falta. Los Lakers no se quedaron con 4 jugadores en pista porque la NBA tiene una regla que permite al infractor seguir en el juego, pero castiga a su equipo con una técnica por cada personal posterior a la quinta que se le señale (acumulable con los lanzamientos de tiros libres de la falta).

 

El entrenador

Mike D’Antoni se ha llevado la peor parte de las críticas a los Lakers por su nefasta temporada. Debemos reconocer que tiene gran parte de la culpa, aunque no toda. En todo caso, su continuidad para la próxima campaña está justificadamente en el aire (algunos rumores lo situan en el baloncesto universitario de los USA). D’Antoni es un entrenador que casualmente dio con la pócima mágica del buen baloncesto en los Phoenix Suns la temporada 2004-05, pero que ha sido incapaz de repetir la receta en los Knicks y ahora en California.

Si el italo-americano puede aducir las lesiones y la personalidad de las estrellas a sus órdenes como excusa para su fracaso en el  desarrollo de su modelo ofensivo basado en la cooperación en la pista y la circulación de balón, sólo la primera de estas razones le puede servir para ayudar a justificar el colapso defensivo de los Lakers. Con 109,2 puntos encajados de media sus hombres han sido los segundos peores defensores de la Liga, por delante únicamente de un equipo diseñado a conciencia para perder, los Sixers (109,9).

En diciembre, durante una racha de 6 derrotas, sus rivales llegaron a la centena de puntos en cinco ocasiones. Tras dos partidos de respiro el equipo volvió a las andadas a principios de año permitiendo a sus contrincantes anotarles 100 puntos o más en 16 partidos consecutivos de los que sólo ganaron 2. Esta fue su racha más larga, pero no la única (hay una de 11 y otra de 9 posteriores). Hasta llegar a unos meses de marzo y abril encajando cifras desmesuradas (el tope son los 145 de los Rockets el 8 de abril).

 

Los de D’Antoni pasaban de defender para dedicarse a atacar (promedio de 103 puntos), con lo que por lo menos los partidos eran entretenidos. La mayoría de sus jugadores (11 de 15) no tienen contrato garantizado para la siguiente temporada, y el equipo se deshizo ante la necesidad de sus jugadores de exhibirse. Como declaró Kent Bazemore, “cada vez que saltas a la pista es un casting. Probablemente haya muchos equipos mirándote”. La principal víctima de esta situación fue la defensa.

Pero el fallo capital del aún entrenador de Los Lakers ha sido no saber reconducir sus malas relaciones con Pau Gasol de la temporada 2012-13. Tal como ocurrió entonces, los reproches no se han quedado en la discreción del vestuario y han saltado a las pantallas de televisión y a las páginas de los diarios. Un error imperdonable teniendo en cuenta que el de Sant Boi era la única estrella que le quedaba más o menos sana a D’Antoni. Quizás el entrenador era consciente del interés del equipo en traspasar al ala pívot y se dedicó a tensar la cuerda, pero eso no ayudó a motivar a aquel que debía tirar del carro.

Pau Gasol se quejaba de que los sistemas ofensivos de su técnico le alejaban demasiado del aro y no le dejaban explotar sus cualidades. D’Antoni, por su parte, acusaba al catalán de no jugar duro. Gasol, en su último año de contrato, dejaba entrever que si los Lakers querían retenerle debían cambiar de entrenador. La llegada de Kent Bazemore y Marshon Brooks en la segunda mitad de la liga regular provocó el último episodio público de sus divergencias por las críticas de Pau respecto al excesivo protagonismo y minutos que D’Antoni otorgaba en su opinión a los dos recién llegados. El ala pívot creía que daba una imagen de falta de disciplina.

La gerencia

Jerry Buss convirtió a Los Lakers en una máquina de hacer dinero. Tras su muerte el 18 de febrero del 2013, se ha convertido en el campo de batalla de dos de sus herederos, sus hijos Jim y Jeannie (por cierto, la pareja de Phil Jackson). Jim ha asumido la gestión deportiva, hasta el momento sin grandes resultados. La temporada pasada, con el público del Staples Center reclamando el retorno de Phil Jackson, y con el técnico dejándose querer, fichó a Mike D’Antoni. La relación con su cuñado no es nada buena.

Sus fichajes de principio de temporada forman parte del plan de reconstrucción que tiene en mente, y que ejecutará el director general Mitch Kupchak. Por el momento, sólo 3 (Kobe, Nash y Robert Sacre) de los 15 jugadores de la plantilla tienen contrato en vigor para la próxima temporada, además de Nick Young que tiene una opción firmada de decidir si se queda o se va. Sabiendo que eran incorporaciones de corta duración, no se ha gastado mucho dinero en construir un equipo sin margen para superar los contratiempos de la competición. Y cuando éstos han  llegado, no ha sabido (o no ha querido) reforzar de forma adecuada la plantilla.

Un año más, Pau Gasol ha estado en el mercado. Y un año más ha acabado la competición en Los Angeles. Es muy difícil traspasar a un jugador con un sueldo de 19,3 millones de dólares, pero la franquicia estuvo a punto de conseguirlo. Y además, en una buena operación desde el punto de vista económico con los Cavaliers (traspaso por Bynum, que podía ser cortado a “bajo coste” aligerando el apartado salarial). El problema es que cerrar el traspaso de tu mejor jugador en activo implicaba reconocer abiertamente que los Lakers hacían tanking. La gerencia intentó nadar y guardar la ropa al pretender incluir a Dion Waiters en el intercambio, lo que dio al traste con el trueque.

En lugar de la operación anterior, la gerencia envió a Steve Blake a los Warriors a cambio de Kent Bazemore (otro que debe pasar por el quirófano este verano) y Marshon Brooks. Mientras que el segundo ha aceptado un rol totalmente secundario, Bazemore asumió muchas responsabilidades ofensivas dando pie a un episodio más de la guerra entre Gasol y D’Antoni. La otra incorporación permanente ya empezada la temporada ha sido la de Kendall Marshall. El base, por los menos, ha recuperado algunos guarismos en asistencias que no se veían en Los Angeles desde la época de Magic Johnson.

 

¿Y ahora qué?

La renovación de Kobe Bryant es el primer movimiento de futuro del equipo. Seguramente el precio sea excesivo (48,5 millones de dólares por las dos próximas temporadas para un jugador que tendrá 36 años cuando vuelva a disputar un partido oficial), pero era un paso indispensable para la reconstrucción del bloque. Kobe es el gancho para atraer estrellas a Los Angeles (tal como hizo Wade en Miami con Lebron y Bosh).

 Las figuras son egoístas y quieren ganar anillos, no pasarse unos años en blanco en un proyecto de futuro incierto. Bryant es su garantía de que vale la pena ir a Los Lakers. Además, su edad le configura como un jugador próximo a dar el relevo. El primero que llegue puede ser el siguiente referente del equipo con más glamour de la NBA. Otro aliciente es los californianos tendrán una buena elección en primera ronda del draft por su mala clasificación de este año, lo que asegura la llegada de talento “barato”.

Los Lakers se han preparado a conciencia para este verano, y tendrán mucha masa salarial libre para fichar. Por dinero no será, a pesar de ser candidatos a pagar el recargo del impuesto de lujo para equipos reincidentes (aquellos que han superado el tope salarial en cuatro de las últimas 5 temporadas). El primer nombre de su lista parecía ser Carmelo Anthony, viendo como sus esfuerzos en los Knicks son en balde. La llegada de Phil Jackson a la presidencia del equipo de Nueva York puede evitar la salida del jugador (una nueva afrenta entre cuñados).

La siguiente decisión en importancia es qué hacer con Pau Gasol y Mike D’Antoni. Conservar a los dos es imposible, así que Jim Buss tiene que decidir con cual de los dos se queda, si es que se queda con alguno. Kobe ha apoyado públicamente a Pau, pero la renovación de su contrato ha dejado muy poco margen económico a su amigo. Si hay oferta de los Lakers, la rebaja de sueldo será sustancial. Aunque tampoco se espera que las proposiciones que reciba de otras franquicias vayan a estar a la altura de su contrato aún vigente. El factor determinante del tema puede ser el jugador que llegue en la primera ronda del draft.

En todo caso, el horizonte está claro. Jim Buss ha prometido que si en tres o cuatro años el equipo no retoma el camino del éxito dejará las decisiones deportivas en manos de otro: “No sé si te puedes despedir a ti mismo si eres propietario del equipo…pero lo que quiero decir es que me iré”. Retomar el camino del éxito implica luchar por títulos. Por tanto, estamos hablando de plantarse de nuevo como mínimo en la final de la Conferencia Oeste. Su marcha en caso de fracaso no es garantía de nada. Si tiene el mismo criterio eligiendo ejecutivos para reemplazarle que entrenadores, la reconstrucción puede durar muchos años.

 

Publicado en http://www.encancha.com, abril 2014

NBA: Buenos deseos para el 2014

2 Ene

Cada vez que que acaba un año formulamos nuestros deseos para el siguiente, y los acompañamos de todo tipo de rituales para conseguir que funcionen.  Pero toda esta diversidad puede acabar resumiéndose en un cuarteto básico: buena suerte, amor, salud y riqueza. El mismo que puede aplicarse a las peticiones de los equipos de la NBA.

QUE ME TOQUE LA LOTERÍA

Con las previsiones de excelencia para el siguiente draft ya confirmadas en el caso de algunos jugadores universitarios, son varias las franquicias que están comprando papeletas (o sea, perdiendo partidos) para tener más probabilidades matemáticas de conseguir una de las tres primeras elecciones de rookies.

Milwaukee Bucks es el conjunto con peor margen de victorias y derrotas en estos momentos, seguido de cerca por New York Knicks, Utah Jazz, Sacramento Kings, Brooklyn Nets, Orlando Magic y unos 76ers de Filadelfia que de forma sorprendente empezaron como un tiro la temporada para acabar luego confirmando los pronósticos que los situaban a la cola de la NBA. De este grupo debemos descontar a Knicks y Nets, un caso claro de desastre deportivo inesperado.

A los restantes ya los podíamos considerar candidatos a ocupar el lugar en el que están desde el primer partido de la liga regular. A este grupo le podríamos añadir los Lakers si acaban traspasando a Pau Gasol a cambio de Andrew Bynum. Porque su interés no es ganar partidos, sino conseguir un jugador franquicia, una estrella que al menos durante cuatro temporadas (el margen que les permite el primer contrato para un rookie en la liga) brille en sus filas, los haga mejorar, atraiga a otros jugadores interesantes y sirva de reclamo para aumentar el número de espectadores en las gradas.

Excepto en el caso de los Bucks (y Lakers, si finalmente se añade a la terna), el equipo con la peor plantilla de los implicados, el resto de sospechosos de tanking  tienen jugadores preparados para acompañar al mesías basquetbolístico hacía la tierra prometida de los playoffs, un  buen grupo a la espera de un líder.  Otra cosa es que estos destinos sean del agrado de las futuras estrellas.

OJALA ME DIGA QUE SÍ                                                  

A final de temporada Lebron James y Carmelo Anthony pueden ejecutar una clausula de finalización de sus respectivos contratos que les convierten en agentes libres. Carmelo ya ha afirmado que piensa hacerla efectiva mientras Lebron juega al despiste. Sus compañeros Dwayne Wade y Chris Bosh también tienen esta opción. Ellos abren el desfile de toda una serie de jugadores que saldrán al mercado este verano

Con la misma posibilidad de finalizar su contrato anticipadamente figuran Amar’e Stoudemire y Andrea Bargnani. Zach Randolph, Rudy Gay, Metta World Peace, Andrei Kirilenko y Nate Robinson son los más destacados de entre los que tienen la opción de alargar su contrato una temporada más, o por el contrario quedar libres para negociar su futuro. Tim Duncan también figura en este grupo, pero lo más probable es que si sale de los Spurs sea para retirarse.

Lance Stephenson, Luol Deng, Danny Granger, Dirk Nowitzki, Pau Gasol, Marcin Gortat y Spencer Hawes son algunos de los jugadores que acaban contrato a final de esta temporada y quedan absolutamente soberanos para decidir su destino si antes no han recibido una oferta de renovación a su gusto.

Entre la excelencia del draft del 2014 de la que ya hemos hablado, y la importancia de algunos de los jugadores que quedarán libres, se espera un verano muy movido. Muchos equipos ya han empezado a posicionarse, firmando contratos de baja cuantía y/o corta duración para disponer de un mayor margen para fichar. De lo que siembren ahora, dependerá su cosecha de sus siguientes temporadas.

QUE LA VIRGEN ME CONSERVE LA SALUD

En los pasados playoffs, la lesión de Russell Westbrook rompió los planes de los Oklahoma City Thunder. Como la de Gallinari o Kobe Bryant al final de la liga regular quebró buena parte de las esperanzas de Denver Nuggets o Los Angeles Lakers. Por no hablar de lo que les pasó hace dos temporadas a los Chicago Bulls con Derrick Rose. Evidentemente, todas las franquicias suspiran por que sus jugadores, en especial los de más relevancia, se mantengan sanos. Este deseo llegará tarde para algunos.

El mal fario ha atacado de nuevo a Derrick Rose, que tuvo que ser operado del menisco de la rodilla derecha tras perderse toda la temporada anterior recuperándose de la lesión en los ligamentos de su otra rodilla. Una fractura en su pie dejará a Brook Lopez fuera de las pistas lo que resta de temporada, agravando la crisis de unos Nets en los que un tobillo está amargando la existencia a Deron Williams, la espalda de Kirilenko sólo le ha dejado jugar 5 partidos hasta ahora, y Paul Pierce y Jason Terry también han pasado por la enfermería

Los Nets no son el único equipo frágil. Dos de los hombres claves de los Golden State Warriors, Stephen Curry y Andrew Bogut, son especialmente proclives a lesionarse. El equipo ya perdió durante casi un mes a Andre Iguodala por una lesión muscular. Al Horford, de los Hawks, es baja indefinida operado de un desgarro del musculo pectoral. Y en los Thunder Russell Westbrook estará de baja unos dos meses, hasta después del All Star, dejando muy solo a Kevin Durant.

Marc Gasol, otro de los lesionados ilustres de lo que llevamos de temporada, se perderá dos meses de competición por un esguince de rodilla. Su hermano Pau no acaba de levantar cabeza en los Lakers, encadenando un problema físico con otro. Lo cual preocupa en un equipo que le ha firmado 48 millones de dólares por dos temporadas más a Kobe Bryant (35 años) un mes antes de que una lesión le mantenga 6 semanas fuera de juego (podríamos incluir a los californianos también en el grupo de equipos que pedirían el siguiente deseo).

LA ETERNA JUVENTUD

Los Spurs de San Antonio se presentan otro año más como candidatos al título de campeones de la NBA. Y lo hacen con su mismo núcleo básico de jugadores, un trío que acumula 104 años. De Tim Duncan (37 años) hace ya tantas temporadas que decimos que vive una segunda juventud que el tópico ha perdido todo su sentido. Aunque alguna será la última, en San Antonio esperan poder seguirle exprimiendo este año, mientras Popovich acaba de moldear a la Next Generation (Danny Green, Kawhi Leonard, Tiago Splitter).

El argentino Manu Ginobili tiene un año menos que Duncan. En las finales del año pasado contra los Heat no estuvo muy fino, y esta temporada querrá desquitarse. El otro vértice del triángulo es el más joven de los tres, Tony Parker, con “sólo” 31 años. Él está llamado a ser el nexo entre esta generación de Spurs y sus sucesores. Con los mismos años que Parker figura otro hombre clave por su entendimiento del juego, Boris Diaw, y con 33 el heterodoxo triplista Matt Boner.

Los Mavericks no tienen aspiraciones tan altas como su rival tejano, pero coinciden con él en los problemas de edad. Su jugador franquicia, Dirk Nowitzki, tiene 35 años, los mismos que el polivalente Shawn Marion y uno menos que el antaño rey de los aires Vince Carter. Con 32, a punto de entrar en la zona peligrosa, José Manuel Calderón y Samuel Dalembert.

Ambas franquicias desearían que el mito de la fuente de la eterna juventud fuera cierto. Y que aunque la leyenda diga que Ponce de León la buscó en Florida, esperan que el explorador español estuviera equivocado, y que en realidad la mítica fuente se halle ubicada algo más cerca, en Texas.

Algo parecido podrían haber deseado los Nets, con Pierce (36 años) y Garnett (37 años) en su quinteto titular, y Jason Terry (36 años) como uno de sus hombres principales de banquillo. Pero a estas alturas de liga lo más sensato que puede pedir el equipo de Brooklyn es que la temporada se acabe pronto, para dejar de hacer el ridículo lo antes posible. Un deseo que sin duda compartirían sus vecinos Knicks.

UN ANILLO DE ORO Y BRILLANTES

El objetivo confesado de unos pocos equipos en la liga es ganar la competición. Lo que para la mayoría no es más que una quimera, para algunas franquicias es casi una obligación. Los jugadores de ese selecto grupo de franquicias estarían dispuestos a casi cualquier cosa por conseguir la joya más preciada de la NBA, el anillo de campeones.

Los Heat de Miami son los vigentes campeones (llevan dos títulos consecutivos conseguidos después de disputar las tres últimas finales). Tienen a Lebron James, el jugador más determinante, en sus filas. Y le secundan dos escuderos de lujo como Dwayne Wade (con el permiso de sus castigadas rodillas) y Chris Bosh liderando un vestuario con pocos cambios respecto al de la temporada pasada.

En el Este, el único equipo que parece tener posibilidades de plantarles cara con éxito son los Pacers. El año pasado estuvieron a punto de conseguirlo. El conjunto de Indiana también ha mantenido el bloque del último año, al que suma el recuperado Danny Granger (lesionado prácticamente toda la temporada anterior) y Luís Scola. Si el último campeonato fue el el de la eclosión de Paul George, éste el que ha dado un paso adelante ha sido Lance Stephenson.

En el Oeste los sorprendentes Blazers se mantienen en la pugna con los Oklahoma City Thunder y los eternos San Antonio Spurs, un paso por delante del otro equipo de Los Angeles, Los Clippers. Otro contendiente a considerar serían los Houston Rockets. Pero, a excepción de los Spurs, no dan la misma impresión de poder mantener su solidez hasta los playoffs que sus rivales del Este. El tiempo dirá…

 

articulo públicado en http://www.encancha.com, enero 2014