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Lebron James deja a los Warriors sin la gloria de una temporada histórica

21 Jun

Los Cleveland Cavaliers se han proclamado campeones de la NBA de la temporada 2015-16, superando a los Golden State Warriors en las finales por 4 victorias a 3. Lebron James y los suyos han privado a los Golden State Warriors del título que necesitaban para postularse como uno de los mejores equipos de la historia de la NBA. Stephen Curry y sus secuaces han hecho una temporada fabulosa, pero no han sabido redondearla ganando la gran final de la Liga.

El equipo de la Bahía de San Francisco empezó el curso de manera fulgurante, con 24 victorias en sus 24 primeros partidos, estableciendo una nueva mejor marca para un principio de liga regular (el anterior récord era de 15 triunfos). Y eso que su entrenador Steve Kerr estaba de baja por una operación de espalda. Luke Walton, el segundo de a bordo, cogió los mandos y la buena actuación de sus jugadores le ha permitido dar el salto a entrenador jefe de Los Angeles Lakers a partir de la siguiente temporada.

Su jugador franquicia, Stephen Curry, se convirtió en la gran sensación de la NBA, amenazando con quitarle el título de rey a Lebron James. Con una puntería asombrosa desde la línea de 3 puntos (45,4%) para un jugador que lanzaba tantas veces como él (11,2 intentos por noche), le sobraron partidos de esta primera fase de la competición para batir el récord de triples, que él mismo había establecido el curso previo. De los 286 de la temporada 2014-15 a los 402 de esta 2015-16.

Superar la marca de los Bulls

Los hombres de Steve Kerr tenían en mente, tras su gran comienzo de competición, batir un registro histórico. Los Chicago Bulls de la temporada 1995-96, con Michael Jordan al frente en la pista y Phil Jackson en el banquillo, habían ganado 72 de los 82 partidos de la Liga Regular. Una marca que parecía inalcanzable…hasta ahora. Los Warriors, tras haber ganado las finales del 2015, querían pasar a la historia. Y una forma de hacerlo era batiendo el récord de uno de los grandes equipos de todos los tiempos.

Todo estaba a su favor. Dos hombres frágiles como Curry y el pívot australiano Andrew Bogut se mantenían a salvo de lesiones serias. Sus compañeros, también. Ninguno de los jugadores importantes de la rotación del equipo ha jugado menos de 65 partidos de Liga Regular. Los astros parecían alineados con los de Oakland hasta el último partido antes del inicio de los play-off. En la última jornada, los Warriors necesitaban un triunfo en casa ante unos Memphis Grizzlies sin Marc Gasol (lesionado) para sumar su victoria número 73 y conseguir su primer objetivo de superar a los Bulls de 1995-96.

Y lo hicieron con una exhibición de Curry, autor de 46 puntos (10 de 19 en triples) en apenas 30 minutos en pista. Era la tercera vez en el curso que conseguía esta anotación, que ni mucho menos fue la más alta de la temporada. En octubre había anotado 53, y en febrero 51 en dos ocasiones. De los 79 partidos en los que participó en la fase regular, en 40 llegó a los 30 puntos o los sobrepasó (su media anotadora fue de 30,1 puntos por partido). Pero Curry no fue el único que se salió aquella noche.

La intromisión de Kobe

En una pista no muy lejana, el Staples Center de Los Angeles, Kobe Bryant ponía fin a su larga carrera en la NBA,  20 temporadas vistiendo la camiseta de los Lakers en las que ganó 5 anillos de campeón. Una leyenda viva del baloncesto que decidió despedirse a lo grande, estableciendo el tope de anotación individual de la Liga Regular 2015-16 con 60 puntos. Ningún otro jugador de la historia de la Liga había anotado tantos puntos en su último partido profesional.

La gesta de Kobe acaparó minutos de televisión, portadas en la prensa y comentarios en las redes sociales, restando a los Golden State Warriors gran parte de su merecido protagonismo. No todos los días se establece un récord de victorias de la NBA, pero es algo que puede volver a pasar. Sin embargo, por mucho que Kobe Bryant siempre haya querido superar a Michael Jordan (que se retiró tres veces), estaba clara que la estrella de los Lakers sólo viviría una última noche. Y además, gloriosa.

Y llegaron los play-offs. El rival en primera ronda fueron los Houston Rockets en lo que debía ser un paseo para los vigentes campeones de la NBA. Y de hecho lo fue (4-1), pero Curry sufrió un esguince de tobillo en el primer partido de la eliminatoria que le obligó a descansar los dos siguientes. En el cuarto volvió, pero sufrió una distensión en los ligamentos de su rodilla derecha que le dejó fuera de juego hasta el cuarto partido de la serie de segunda ronda contra los Portland Trail Blazers (4-1).

Los puntos débiles de los Warriors, al descubierto

En las finales del Oeste les tocó emparejarse contra los Oklahoma City Thunder. Su entrenador, Billy Donovan, es un debutante en la NBA pero tiene una larguísima y brillante carrera en la NCAA (dos veces campeón, y consecutivas, del March Madness, con la Florida liderada por los NBA Al Horford, Joakim Noah y Corey Brewer, y con el ahora jugador de los Warriors Marreese Speights de novato en la segunda). Donovan diseccionó a la perfección el juego de su rival y halló la manera de plantarles cara.

Russell Westbrook puso en evidencia la defensa de Curry. Una carencia que el base compensó con su anotación en ataque, algo que no ha podido hacer en las Finales frente a los Cleveland Cavaliers. Y dos pívots rocosos y batalladores como Steven Adams y Enes Kanter aprovecharon la falta de centímetros y quilos de sus contrincantes, grandes apóstoles del “small ball”, para hacerse amos de los rebotes y cerrar su pintura a las penetraciones rivales. En definitiva, los Warriors sobrevivieron a una serie que se alargó hasta su máximo de 7 partidos, pero a costa de exponer sus problemas cuando el juego se vuelve más físico.

Aún así, en esta eliminatoria Curry batió dos nuevos récords de la NBA. El primero, en posesión de Reggie Miller, de partidos seguidos de play-off anotando al menos un triple. El alero de los Indiana Pacers lo había dejado en 44. Al final de esta temporada está en 58, y puede seguir subiendo la siguiente. El segundo, el de más triples anotados en una sola eliminatoria de play-off, que ha pasado de los 28 de Ray Allen a los 32 del prodigio de unos Warriors que se convirtieron en el décimo equipo de la historia en remontar un 3 a 1 adverso en una ronda por el título.

Los Warriors empiezan las Finales con buen pie

Y llegaron las Finales, el momento esperado de la coronación, cuando la franquicia californiana debía culminar su temporada histórica con un anillo como el que ganaron los Bulls de Michael Jordan. Los dos primeros duelos contra las huestes de Lebron se resolvieron con dos palizas de campeonato. Nunca antes la diferencia conjunta de dos primeros partidos de una final de la NBA había sido tan abultada. Curry y Klay Thompson no estaban finos, pero el resto de sus compañeros sí. La segunda unidad, liderada por Andre Iguodala, Shaun Livingston y Leandro Barbosa, hizo estragos en la defensa rival. En el 2 a 0, los Warriors rompieron el duelo con Curry en el banquillo y ningún base en pista (Thompson, Barbosa, Iguodala, Harrison Barnes y Draymond Greene).

Los Cavaliers venían de perder la final de la Liga 2014-15, aunque en aquella ocasión las lesiones de Kevin Love y Kyrie Irving habían dejado demasiado sólo a Lebron James. Una sombra de duda sobre el triunfo final de los Warriors el año 2015. Jugadores que la temporada pasada habían estado en pista muchos minutos como el base Mathew Dellavedova y el pívot Timofey Mozgov en esta prácticamente no han participado. Así que, con muchos más recursos que en el pasado, la franquicia de Ohio hizo sus ajustes.

En los dos primeros partidos de la serie los movimientos y cortes sin balón de los jugadores rivales les habían masacrado con canastas demasiado fáciles. Y el excesivo celo en el marcaje sobre Curry había provocado errores defensivos que también les habían costado muchos puntos. A partir del tercer partido de la serie todo eso desapareció, y ahora los que parecían estar estáticos en su ataque eran los Warriors, que debían crear sus superioridades y tiros librados a través del bote de un Curry que no estaba fino.

El entrenador de los Cavaliers, el debutante (y exjugador) Tyronn Lue, planteó un ataque con tres ejes: buscar un emparejamiento favorable para Lebron James gracias a los bloqueos directos librándole del marcaje de Iguodala, conceder libertad a Kyrie Irving para explotar las carencias defensivas de Curry o masacrar a los hombres altos contrarios tras bloqueo de un compañero, y buscar la superioridad en el poste bajo de Kevin Love ante rivales más bajos.  De los tres, sólo falló Love, que tras una temporada completa jugando como tirador en la esquina para abrir el campo a sus compañeros no se ha adaptado a su nuevo rol.

La sanción a Green, decisiva

Los de Ohio ganaron el tercer partido, el primero que jugaban en casa, con una claridad meridiana. Fue el primer gran partido en la serie de un Irving que por fin conseguía un buen porcentaje de acierto en sus lanzamientos. Pero perdieron el cuarto, lo que les dejaba con un 3 a 1 en contra en las eliminatorias, una desventaja que ningún equipo había remontado con anterioridad en unas finales. Hasta ahora. Porque de nuevo los elementos de aliaron contra el equipo de Oakland.

A lo largo de la temporada el versátil interior Draymond Green ha dejado ir discretas pataditas. En la serie contra los Thunder alcanzó en sus partes nobles a Steven Adams en dos partidos. Y todos los focos recayeron sobre él. Así que cuando en el cuarto partido contra los Cavaliers, en un rifirrafe con Lebron, le dejó ir primero una patadita desde el suelo y luego un codazo entre las piernas, la NBA lo sancionó con un partido de suspensión.

Green, además de lo que aporta en ataque, es la clave de la defensa de los Warriors cuando juegan con un quinteto pequeño. Porque cuando se producen cambios en los bloqueos, es capaz de emparejarse con cualquier rival, ya sea el base o el pívot, y contenerlo con un mínimo de garantías. Y en el quinto partido, sin Green, Kerr apostó por Bogut. El australiano había sido importante por su juego mano a mano con Curry, y en el primer cuarto del segundo duelo por su intimidación en defensa. Tras una primera mitad igualada, el pívot se lesionó la rodilla en el tercer cuarto, quedando fuera de juego para el resto de la final. En el otro bando, Lebron y Irving sentenciaron, convirtiéndose además en la primera pareja de jugadores de un equipo en superar los 40 puntos en un mismo partido de una final.

Con 3 a 2 en la última serie por el título, los Cavaliers se vinieron arriba mientras que a los Warriors les cayó el peso de un posible fracaso sobre los hombros. Los partidos se volvieron cada vez más físicos, un terreno donde los californianos no se desenvuelven bien, y para colmo de males ni Curry ni Klay Thompson conseguían igualar el rendimiento que habían ofrecido en la Liga Regular. James y Irving se hicieron dueños del juego minuto a minuto hasta llevar a los suyos a un anillo histórico tras unos partidos que han reproducido los estereotipos clásicos que ejemplificaron las finales Lakers – Pistons de finales de los 80: Oeste vistoso, Este duro y efectivo.

El tercer anillo de campeón de su carrera es además histórico para Lebron James (presente en 6 Finales consecutivas), que cumple la palabra que dio en su vuelta a Ohio de hacer campeón al equipo de su estado. Histórico porque es el primer jugador en liderar a todos los participantes en una serie de play-off en puntos (29,7), rebotes (11,3), asistencias (8,9), recuperaciones (2,6) y tapones (12,3), firmando además un triple doble en el partido decisivo (27 puntos, 11 rebotes, 11 asistencias).

Histórico también porque es el segundo en ser MVP de unas finales con dos equipos diferentes, en su caso Heat y Cavaliers. El otro en conseguirlo fue Kareem Abdul Jabbar (Bucks y Lakers). Y histórico porque rompe una larga sequia de la ciudad de Cleveland. Ningún equipo de las grandes ligas de esta ciudad había ganado un título desde que lo hicieran los Browns de la NFL el año 1964.

 

Artículo publicado en http://www.encancha.com, junio 2016

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NBA 2015-16: Cuentas pendientes y últimas oportunidades

21 Oct

Llega una nueva temporada de la NBA cargada de historias interesantes. Cada equipo, de hecho, tiene la suya. Explicarlas todas sería demasiado extenso, así que he hecho mi selección personal. No todos los equipos citados son candidatos al anillo, pero seguro que todos ellos darán mucho de que hablar.

Los Golden State Warriors se proclamaron campeones de la NBA el año 2015 sublimando el concepto de small ball que había llevado a los Miami Heat a ganar 2 anillos de campeones bajo la batuta de Lebron James. Esta temporada el equipo californiano empieza el curso como uno de los favoritos a ganar el título (en su caso a revalidarlo).

Los finalistas que cayeron ante el talento y puntería de Stephen Curry y Klay Thompson, y la polivalencia y entrega de Andre Iguodala y Draymond Greene fueron unos diezmados Cleveland Cavaliers en el primer curso tras el retorno de Lebron al que fuera su primer equipo en la liga. A lo largo del verano han lamido sus heridas y ahora aguardan ansiosos para saldar la cuenta que tienen pendiente. No es lo mismo afrontar las finales con James rodeado de fieles secundarios que arropado por primeras espadas como los lesionados Kyrie Irving, Kevin Love o Anderson Varejao.

En Ohio están convencidos que sólo la ausencia de estos jugadores claves les dejaron sin su merecido premio. La mayoría de manágers generales de la NBA les da la razón, situándoles como máximos favoritos de este año. Lebron quiere ganar un campeonato en su estado natal. Y cuando a King James se le mete algo entre ceja y ceja, no hay quien le disuada de ello. El número 1 de la NBA tiene las cosas claras, y una de ellas es que quiere que Tristan Thompson siga en su equipo.

Las conversaciones de la renovación del contrato del ala pívot canadiense, un seguro de vida en el rebote, se alargaron mucho, casi un año, por la diferencia entre las pretensiones económicas del jugador (94 millones de dólares por 5 temporadas) y la oferta de la franquicia (80 millones). Ni la intervención de Lebron a través de las redes sociales consiguió acelerar la resolución de unas negociaciones que no llegaron a buen puerto hasta pocos días antes de empezar la liga regular: 82 millones por 5 temporadas.

Rose y sus rodillas

La gran amenaza en el camino de los Cavaliers para ganar la plaza reservada en la final de la NBA a un equipo del Este serán los Chicago Bulls, a los que eliminaron de los pasados play-offs en la semifinal de Conferencia. Los Bulls aspirarán a todo siempre y cuando Derrick Rose pueda completar una temporada libre de lesiones.

El curso baloncestístico 2011-12 del base estuvo repleto de molestias y pequeñas lesiones hasta que en el primer partido de los play-offs se dañó de gravedad los ligamentos de la rodilla izquierda. La campaña siguiente la pasó recuperándose. Reapareció la temporada 2013-14, pero sólo pudo disputar 10 partidos antes que el menisco de la otra rodilla, la derecha, le dejara fuera de combate.

Tras pasar nuevamente por el quirófano, reapareció la temporada pasada. Otra que no pudo completar. Jugó 46 partidos hasta que un desgarro en el menisco de la rodilla derecha le obligó a operarse de nuevo en febrero del 2015. Regresó a tiempo para jugar los 5 últimos encuentros de liga regular y los 12 de su equipo en play-offs, sucumbiendo ante las huestes de Lebron.

Derrick Rose necesita culminar una temporada entera para dejar atrás el fantasma de las lesiones. Y acallar las persistentes voces que le situan como un jugador en declive por sus problemas físicos. Debe dejar atrás su preocupación y miedo a romperse para centrarse en su mejor juego, olvidando de paso su ansiedad de demostrar a todos que realmente está recuperado, que vuelve a ser el de siempre.

Los Bulls necesitan de su talento y liderazgo para conducirlos hasta un título que añoran desde 1998, desde la época gloriosa de Michael Jordan. Para ganar un anillo ficharon a Pau Gasol, renovaron a Jimmy Butler, se hicieron con los derechos de Nikola Mirotic y seleccionaron en el draft del año pasado a Doug McDermott y en el de éste a Bobby Portis. Pero siempre contando con Rose.

El base ya ha dado el primer susto antes de empezar la liga regular. Rose se ha perdido la mayor parte de la pretemporada por una fractura en la cara, más concretamente en el orbital izquierdo, que le obligó a pasar una vez más por el quirófano. La mala noticia es que el jugador franquicia de los Bulls ya se ha lesionado incluso antes de empezar los partidos oficiales. La buena es que no ha sido en ninguna de sus dos rodillas.

Se agota el crédito de Phil Jackson

Los Knicks de Nueva York son una franquicia de un gran mercado televisivo, dueña de un pasado histórico con momentos de gloria, pero atrapada en un presente para olvidar. El hombre elegido por el propietario James Dolan para sacarla del pozo es Phil Jackson, aunque no como entrenador sino como responsable ejecutivo. El entrenador 6 veces campeón con los Bulls y 5 con los Lakers era jugador de los Knicks las dos temporadas que ganaron la competición, 1970 y 1973, aunque en la primera de las dos una lesión no le dejó jugar.

El curso pasado, primero de Jackson al mando y con Derek Fisher como su extensión en el banquillo, el equipo se quedó en unos míseros 17 triunfos. Un desastre, no obstante, digerible dentro de un proceso de reconstrucción. Este año no se le perdonará un balance similar. Y menos cuando Fisher ha comparado el estado de los Knicks ahora mismo con el de los Atlanta Hawks de la pasada temporada. Los Hawks cerraron la liga regular con 60 victorias. ¿Serán capaces de hacer lo mismo en Nueva York?

Para arropar a Carmelo Anthony se ha contratado al escolta Arron Afflalo, al baluarte defensivo en la zona Robin Lopez, y se le ha dado una oportunidad al fallido número 2 del draft del 2011, el ex de los Timberwolves de Minnesota Derrick Williams. En el draft se ha elegido al talentoso base Jerian Grant (su tio Horace jugó para Phil Jackson en los tres primeros títulos ganados por los Bulls) y al letón Kristaps Porzingis, procedente del Baloncesto Sevilla (la elección del letón, por cierto, fue silbada por los aficionados neoyorquinos durante la ceremonia del draft).

La gran pregunta es si el triángulo ofensivo seguirá funcionando o es otro sistema que pertenece al pasado, enterrado por el small ball. Carmelo Anthony es un jugador capaz de generar desequilibrios como primera opción de esta táctica, pero necesita compañeros que sepan desarrollarlo. José Calderón tiene asignado un rol muy claro: base veterano. Porque sus competidores en la posición o son recién llegados o encaran su segundo año en la NBA.

La última carga de los Spurs

Cada temporada los que escribimos sobre NBA decimos que puede ser la última de los Spurs de San Antonio. En esta lo diremos una vez más, y probablemente acertaremos (ya va tocando). Al menos de los Spurs tal y como los conocemos desde que hace 13 años el entrenador Greg Popovich completó su guardia pretoriana: Tim Duncan, Tony Parker y Manu Ginobili. Este verano pasado Duncan y Ginobili estuvieron a un paso de retirarse, el próximo pocos dudan que lo harán.

Y sin embargo, como el prestigitador que te engaña haciéndote creer que la bolita está en su mano derecha cuando hace rato que la tiene en la izquierda, Popovich ya tiene a punto el relevo. En un verano brillante de la gerencia de la franquicia, se ha renovado a la pieza angular del nuevo proyecto Kawhi Leonard, y a su escudero desde los triples Daniel Green.

Se ha traído al sustituto de Duncan, el ex de los Blazers LaMarcus Aldridge, el agente libre más codiciado del mercado. Y se han conseguido los servicios de un veterano de solvencia contrastada, el ala pivot David West, que no quiere retirarse sin su anillo. El grueso de la plantilla permanece, con las bajas destacadas de Tiago Splitter, un Cory Joseph que no pasó de tercer base, un Marco Belinelli a la sombra de Green y Ginobili, y el gladiador Aron Baynes.

La recta final de Kobe

Otro que puede vivir su último curso como profesional en la NBA es Kobe Bryant. El jugador franquicia de los Lakers, en su último año de contrato con el equipo de Los Angeles, ya tiene 37 años. La próxima será su temporada número 20 en la NBA. Y desde que se lesionase en el tramo final de la Liga regular del 2012-13, las lesiones no le han respetado. Tras su inicial rotura del tendón de Aquiles, sólo pudo disputar 6 partidos de la liga 2013-14 antes de caer víctima  de una fractura de rodilla. La temporada siguiente, en enero, una lesión de hombro le obligó a pasar por el quirófano. Cualquier otro se habría retirado. Pero cualquier otro no es Kobe Bryant.

Para esta temporada que empieza los Lakers le han buscado una buena escolta a su estrella de referencia, mejor que la de los años anteriores. En el draft del 2015 eligieron a D’Angelo Russell, un base con futuro de estrella. En el del curso anterior, un ala pívot con espíritu de depredador en la zona, Julius Randle. El jugador tuvo la mala suerte de lesionarse en el primer partido de la liga regular de la temporada, en su debut en partido oficial. Y ha aprovechado el tiempo que no ha podido jugar para, además de recuperarse, fortalecer su físico y pulir su juego. Ademas de los rookies, dos veteranos de garantias se han sumado también a la plantilla californiana.

Uno es el tirador Louis Williams, un cañonero que junto a Nick Young puede descargar a Kobe de responsabilidades en ataque. Y la otra es Roy Hibbert, la torre de 2,18 que tras un mal final de etapa en los Indiana Pacers busca relanzar su carrera. La franquicia ha incorporado a otro veterano, un jugador que ya pasó por los Lakers, pero en este caso aún no se sabe si es una buena o una mala noticia. Se trata del impredecible Metta World Peace, El Jugador De Baloncesto Antes Conocido Como Ron Artest. Si está centrado, será un peligro para los rivales. Si no lo está, lo será para los Lakers.

Nervios en Oklahoma

Los Thunder de Oklahoma City han ido construyendo una plantilla joven que debe dejar ya de considerarse con proyección para empezar a dar frutos. Kevin Durant y Rusell Westbrook son los líderes de uno de los equipos de la NBA que más pagará en salarios esta temporada, con Enes Kanter y Serge Ibaka devastando en la pintura mientras Steven Adams les relevará haciendo el trabajo sucio. Por fuera, DJ Augustine y Dion Waiters darán minutos de calidad mientras Durant y Westbrook descansen.

En Oklahoma empieza a haber urgencia de resultados. Desde el año 2008, que sus dos estrellas comparten vestuario, el equipo ha jugado una final de la NBA (2012, derrotados 4 a 1 por los Miami Heat de Lebron) y dos finales de la Conferencia Oeste (2011, 2014). Un buen balance para la mayoría de franquicias. Insuficiente para un Kevin Durant  al que a sus 27 años empieza a escocerle no tener aún su anillo. Un Durant que, como ya explicamos en un artículo anterior, trabajó duramente con un estadístico personal para mejorar su juego. El objetivo de esta mejora no era anotar más, sino convertirse en un jugador determinante para ganar títulos.

La franquicia no dispone de un gran mercado que complemente sus ingresos como los Lakers. Y para mantener algunas piezas debe renunciar a otras. La renovación de Ibaka les dejó sin margen para contentar a James Harden, al que traspasaron para poder obtener algo a cambio. La marcha de la barba más famosa de la liga dejó un hueco en la posición de escolta que aún no han conseguido llenar del todo. Con Reggie Jackson se volvió a repetir la historia. Sus pretensiones económicas amenazaban con lastrar las operaciones de las temporadas siguientes, y fue traspasado a cambio de Kanter. Al menos así reforzaban otro de sus puntos flacos, la posición de cinco.

Su problema es que el jugador que acaba contrato este año no es otro que Kevin Durant. A la estrella no le van a faltar ofertas, y todas por el máximo que permite el convenio. Más allá de que en Oklahoma superen al resto de franquicias en la puja, queda pendiente el tema deportivo. Durant renovará si está convencido que los Thunder pueden ser campeones de la NBA. Si no, se marchará. Y si el se va, Westbrook y Ibaka tendrán menos alicientes para renovar unos contratos que acaban el 30 de junio del 2017. Antes hemos citado el caso de los Spurs, que han mantenido a sus jugadores importantes aún sin ofrecerles el máximo y han atraído a agentes libres de peso. ¿Que diferencia hay entre ambos equipos? 5 campeonatos de la NBA.

Artículo publicado en http://www.encancha.com, octubre 2015

NBA: Lebron James – Stephen Curry, la madre de todas las batallas

31 May

A partir del 4 de junio, Golden State Warriors (mejor equipo de la liga regular) y Cleveland Cavaliers (segundo mejor del Este) se disputarán el honor de ser el mejor equipo de baloncesto de la NBA. Con dos estrellas frente a frente, Lebron James contra Stephen Curry. Un éxito seguro en lo que se refiere al espectáculo…y a las audiencias de televisión.

En la sede central de la NBA los ejecutivos están radiantes, más contentos que un niño con zapatos nuevos (yo prefería un helado de chocolate, pero el dicho popular habla de zapatos). Este año tienen la final soñada, el duelo entre dos grandes estrellas de impacto mundial que casualmente nacieron en el mismo hospital, el Akron General Medical Center, aunque con 38 meses y 14 días de diferencia. Y cada una con su historia épica detrás. El duelo lo tiene todo para interesar a los espectadores, para conseguir unas audiencias de televisión de escándalo.

Cleveland es una ciudad pequeña (a escala norteamericana), pero Lebron James es una estrella global que atrae seguidores de todo el mundo. Los Warriors no son de Los Angeles, el gran mercado televisivo del Oeste, pero están lo bastante cerca como para interesar a su público. Además, practican un juego agradecido de ver y tienen a un líder con aureola de buen chico, Stephen Curry. Y con una preciosa hija, Riley, que llena de ternura las ruedas de prensa postpartido, para tormento de los periodistas serios que esperan una respuesta a sus preguntas.

James, el fruto de la evolución en el baloncesto

James ejemplifica la versión 2.0 del rey de la NBA. Su presencia dio por cerrada la etapa de búsqueda del sucesor de Michael Jordan. Y no porque fuera él. James es un nuevo prototipo de jugador cuyas raíces no emanan del astro de los Bulls, sino de hombres como Oscar Robertson, Magic Johnson o Paul Pressey. Jugadores cuya altura y/o técnica individual les permitía transgredir las posiciones clásicas en la pista.

Oscar Robertson es el primer gran base alto de la historia (1,96). Su irrupción en los años 60 del pasado siglo supuso una revolución. En la temporada 1961-62 se convirtió en el único jugador hasta el momento capaz de cerrar la liga regular con unos promedios de triple doble: 30,8 puntos, 11,4 rebotes y 12,5 asistencias por partido.

Dos décadas más tarde Magic Johnson recogió el testigo de Robertson. El base de los Lakers, de 2,06 de altura, acabó su periplo profesional jugando de ala-pívot de forma regular, algo que había hecho durante su carrera por necesidades puntuales del equipo. Coincidió en la NBA con Paul Pressey, el primer “point-forward” o alero distribuidor del baloncesto norteamericano.

Estos tres jugadores fueron capaces de integrar en su juego las prestaciones básicas de las diversas posiciones clásicas del juego en el camino hacia el jugador completo. Una senda por la que también han transitado Dirk Nowitzki y Pau Gasol, entre otros hombres altos con buena muñeca desde el exterior y una movilidad poco común en jugadores de su talla.

Lebron James es el último paso hacia el jugador total, por delante de Kevin Durant y Paul George. La estrella de los Cleveland Cavaliers anota, rebotea, dirige, intimida, recupera balones…En definitiva, es capaz de casi todo en una pista de baloncesto. Con uno de los físicos más imponentes en una competición en la que el atleticismo ha ido adquiriendo cada vez mayor preponderancia respecto a la técnica, Lebron puede jugar de base, escolta, alero y ala-pívot. Incluso de pívot si es necesario, pero en este caso anda limitado por la desventaja de centímetros (mide 2,03) respecto a sus rivales.

La nostalgia luce la camiseta de los Warriors

Stephon Curry, por su parte, es todo lo contrario de James. Desde su 1,91 de altura y una constitución física poco musculada, parece endeble cada vez que se empareja con un rival. Pero lo compensa con una técnica exquisita. Curry es un jugador “vintage”, la reivindicación del añorado baloncesto de los 80, la demostración que para jugar a baloncesto lo mejor es saber jugar a baloncesto (aunque parezca un contrasentido), que se aprende a jugar sobre el parquet y no en el gimnasio en interminables sesiones de pesas. Debo ser un romántico, pero me emociona ver moverse a la estrella de los Warriors sobre el parquet.

Curry es la traslación al baloncesto del mejor boxeador de todos los tiempos, Muhammad Alí. El lema del más grande, como él mismo se calificaba, era “vuela como una mariposa, pica como una avispa”. Alí, más ligero que sus oponentes del peso pesado, les hipnotizaba con su juego de pies alrededor del ring pero cuando dejaba ir una de sus manos el impacto era demoledor. Lo mismo que Curry. El base de los Warriors es hábil en el bote, rápido en el quiebro, mortal con su paso atrás para coger distancia (el mismo recurso que usan los boxeadores, en su caso para dejar fuera de distancia al contrario después de pegar). Y cuando suelta la muñeca, el directo a la mandíbula suele traducirse en tres puntos para los suyos.

El hijo de Dell Curry, un buen lanzador de tres puntos que jugó 16 temporadas en la NBA después de ser elegido con el número 15 de la primera ronda por los Utah Jazz en el draft de 1986, ha heredado la muñeca de la familia. Como su hermano pequeño, Seth. Pero Stephen le ha unido un bote excelente de pelota y una gran capacidad corporal para romper la cintura a sus rivales (las carencias de su padre y su hermano). Juega haciendo honor a la premisa de los tiradores natos: el siguiente tiro entrará aunque hayas fallado todos los anteriores. En una época de atletas, él es un virtuoso.

El séquito del hijo pródigo de Ohio

El duelo de estilos entre estas dos estrellas viene acompañado de la historia de redención de James. Nacido en Akron, Ohio, fue elegido en el draft por el equipo de su estado, los Cleveland Cavaliers. Y lo llevó hasta las finales del 2007, en las que cayeron ante los Spurs de San Antonio. Su salida de los Cavs para irse a los Miami Heat fue, sin embargo, desafortunada. No por el hecho de marcharse, sino por la escenificación que la acompañó. Convirtió su decisión en un espectáculo televisivo, lo que ofendió a muchos de sus seguidores.

Cuatro temporadas después, con cuatro finales jugadas y dos ganadas, Lebron volvió a casa como el hijo pródigo. En su primera liga después del retorno, ha llevado el equipo de nuevo a la final. Y lo ha hecho a pesar de las adversidades. A pesar de la grave lesión de Kevin Love en la primera ronda de los play-offs contra los Boston Celtics. A pesar de los problemas de tobillo, cadera y rodilla de Kyrie Irving a partir de las semifinales del Este contra los Chicago Bulls. James ha vuelto para ganar, para devolver la ilusión que se llevó.

El polivalente jugador no está solo en su empeño. La larga semana de descanso desde que acabaron las finales de conferencia hasta que la madrugada del 4 al 5 de junio (horario español) de inicio la Gran Final de la NBA le irá muy bien a Kyrie Irving para reponerse (que no recuperarse totalmente) de la plaga de lesiones y molestias que arrastra. El base es un auténtico jugón, un creador de juego inteligente que además posee un buen tiro. Tanto que a los Bulls fue capaz de meterle 25 puntos en el quinto partido jugando cojo. Contra los Hawks sólo jugó el primer y último encuentros de los cuatro de la serie.

Como en cualquier buen relato bíblico o historia de superación que se precie, hay un pecador arrepentido. J.R. Smith destacaba más en los Knicks por los escándalos que por su juego. El escolta apuró hasta el último trago la vida nocturna de Nueva York, y su rendimiento en la pista se resintió. En Cleveland, una ciudad mucho más modesta y tranquila, con menos distracciones, se ha centrado de nuevo en el baloncesto. Con él llegó desde Nueva York Iman Shumpert, un jugador que ha mejorado mucho sus prestaciones en los play-offs

Todo campeón tiene su lado oscuro, el malvado que se ensucia las manos para que los demás puedan lucirse. En los Spurs fue Bruce Bowen, en los Pistons y los Bulls, Dennis Rodman. En los Cavaliers ese papel corresponde a Matthew Dellavedova. El será, o intentará serlo, el secante de Curry. El base australiano ya asumió el papel de villano en las finales del Este contra los Hawks, quienes le acusaron de ser un jugador sucio. Dellavedova desquició a Al Horford, la estrella rival, quien tras un choque entre ambos en el tercer partido de la serie le lanzó un codazo que le costó la expulsión.

Los genes de Thompson y la dieta de Green

Curry, por su parte, también puede presumir de tener una buena escolta. Él no es el único del equipo cuyo progenitor cobra la pensión de la NBA. Klay Thompson, el otro integrante junto con el base de los “Splash Brothers”, es hijo del número 1 del draft de 1978 Mychal Thompson. Nacido en las islas Bahamas, fue el primer jugador no nacido en los Estados Unidos en ser elegido en la mejor posición del draft. Estuvo 13 temporadas en la liga y ya en sus años finales, como reserva de Kareem Abdul Jabbar en Los Angeles Lakers, ganó 2 anillos de campeón. Su hijo buscará ahora el primero. El padre era ala-pívot, el hijo escolta. Y muy peligroso para el rival. No sólo por su capacidad anotadora, sino por su excelente labor defensiva. Este jugador es la demostración que se puede destacar en ambos aspectos a la vez. Los días de descanso le irán muy bien para recuperarse del rodillazo en la oreja que recibió de Trevor Ariza en la final del Oeste, y que le ocasionó una conmoción.

Otra de las piezas claves de los Warriors es el ala-pívot Draymond Green. Fue un jugador clave en la posición de alero alto en la Michigan State de la NCAA que entrena Tom Izzo. Pero en la NBA las exigencias para su posición son muy diferentes. Debo confesar que yo no le veía, con su físico sobredimensionado, adaptándose a la velocidad del juego de los profesionales. Tras su año rookie, Green debió pensar lo mismo porque cuando inició su segunda pretemporada había rebajado su peso de 112,5 kilos a 104. Ahora es una de las piezas centrales de la defensa de los de Steve Kerr, y un triplista fiable presto a aprovechar las oportunidades que se generan tras los dobles marcajes sobre Curry.

Harrison Barnes es el alero titular de los Warriors. Formado en la Universidad de North Carolina, en sus años universitarios se le echaba en cara que tras bote siempre salía hacia el mismo lado para buscar su tiro, el derecho. Y a pesar de que todos sus rivales lo sabían, era imparable. En el equipo de Oakland es el cuarto hombre, y lo ha asumido sin problemas. Sobre él o Green recaerá la tarea más ingrata de la final, pero a la vez la más decisiva: frenar a Lebron James, si es que ello es posible. El as en la manga del equipo es la presencia en el banquillo de Andre Iguodala, otro excelente defensor con un físico extraordinario que ya amargó a James Harden en las finales del Oeste y que dará un respiro a sus compañeros cuando la fatiga o las personales así lo requieran.

La versión B de los Splash Brothers

Una curiosidad de la serie es que el base de los Cavaliers Kyrie Irving ha compartido vestuario con la versión mala de los “Splash Brothers” de los Warriors, los otros hermanos: Seth Curry (2014) y Mychel Thompson (2011-12). Los cuatro miembros de la hermandad nacieron en 1988 y 1990, pero con los roles cambiados. Stephen es el mayor de los Curry mientras que Klay es el menor de los Thompson. Los hermanos de las estrellas del equipo californiano no coincidieron en Cleveland, pero si lo acabaron haciendo la temporada 2013-14 en la NBDL. Y precisamente en el equipo filial del campeón del Oeste, los Santa Cruz Warriors.

Nos espera una serie a priori apasionante, en que el Rey verá como una serie de jovencitos imberbes intenta echarle del trono. La segunda de la historia en la que se enfrentan dos entrenadores debutantes en la competición, Steve Kerr y David Blatt. La primera fue en 1947, en la primera temporada de la liga. Y entonces no tuvo mérito, ya que todos los técnicos eran “rookies”. En la NBA suspiran por que la Final se decida en el último segundo del último minuto del séptimo partido. Que la tensión y la emoción se mantengan hasta el momento final. Ojalá sea así. Como aficionados nos lo merecemos.

Artículo publicado en http://www.encancha.com, mayo 2015

El nuevo contrato de Ricky Rubio

3 Nov

Ricky Rubio ha llegado “in extremis” a un acuerdo con los Minnesota Timberwolves para permanecer 4 años más en el equipo. Aunque la cifra a cobrar es mareante, en este artículo intentaremos situarla en su contexto. Porque en la NBA tu sueldo marca tu lugar en el escalafón.

Cuando sólo faltaban tres horas para que se cerrase el plazo en el que los equipos pueden renovar los contratos de los jugadores de sus plantillas (las 12 de la noche del 31 de octubre), Ricky Rubio y los Timberwolves llegaban a un acuerdo en virtud del cual el base del Masnou seguirá 4 temporadas más en Minnesota a cambio de un total de 56 millones de dólares.

Como ya explicamos en un artículo anterior, el agente de Rubio Dan Fegan había lanzado un órdago a las grandes a la franquicia pidiendo para su representado el contrato máximo que el actual convenio le permite: más de 80 millones a cambio de 5 temporadas. La primera oferta del equipo estaba muy lejos de las pretensiones de Ricky: unos 40 millones por 4 temporadas.

Al final han pesado más las ganas del base catalán de seguir en una estructura en la que se encuentra muy cómodo (“quiero que Minnesota sea mi hogar durante mucho tiempo”) y la certeza de asegurarse el futuro durante los próximos cuatro años que su ambición por conseguir un trato de figura en la NBA jugándoselo todo a subir su nivel de juego en su último año de contrato sin la red de seguridad de una extensión pactada del mismo.

Los contratos en la NBA no son sólo el marco de la relación entre equipos y jugadores. Son el baremo más exacto de la valoración de su juego y de la importancia que sus patronos le otorgan (aunque a veces se equivoquen en sus apreciaciones), y marcan su peso tanto en la liga en general como dentro del equipo en particular. El status de un profesional lo determina su nómina. Así que vamos a ver cómo queda Ricky a partir de ahora en estos dos marcos, el de su equipo y el del colectivo de jugadores en general.

El líder de los Wolves

Ricky Rubio se embolsará poco más de 5 millones de dólares esta temporada. Una vez entre en vigor el nuevo acuerdo con los Timberwolves, la temporada 2015-16, el base pasará a cobrar una media (porque son progresivos) de 14 millones por curso baloncestístico. Si ahora es el sexto jugador mejor pagado del equipo por detrás de Nikola Pekovic, Thaddeus Young, Kevin Martin, Anthony Bennett y Andrew Wiggins, en la siguiente temporada los adelantará a todos.

El base del Masnou, en cuanto ha estampado la firma en su nuevo contrato, ha dejado de ser una promesa. Una vez acabado su contrato de rookie, nadie le va a perdonar nada. Acabada su fase de aprendizaje, ahora es el momento de justificar cada dólar que percibe por jugar. Algo que Ricky tiene muy claro: “Te pagan más, te lo tienes que ganar. Tienes que demostrar porque te pagan este sueldo. Evidentemente que habrá más presión. Quiero ser más que un líder y subir este equipo hasta otro nivel”.

El margen que tiene Ricky para conseguir que el equipo mejore son cuatro años, los mismos que ha firmado y, casualmente, el mismo período que cubre el primer contrato de Andrew Wiggins con los Timberwolves. El mensaje de la franquicia para el base parece claro: haz que el novato funcione, que para eso te pagamos. Rubio debe liderar el crecimiento de los jóvenes jugadores sobre los que los Wolves han puesto sus esperanzas, especialmente el del número 1 del último draft.

El propietario del equipo, Glen Taylor, acabó de remachar esta idea al afirmar que “creemos que tiene una larga y exitosa carrera por delante. Es uno de los grandes cimientos de nuestra franquicia, y estamos muy contentos de mantener a Ricky aquí con un contrato largo para trabajar y crecer con el núcleo joven que tenemos”.

Rubio debe ser la espoleta que haga detonar el juego del rookie más prometedor de los últimos años, por un lado poniéndole la pelota allí donde mejor le vaya a sus cualidades y por otro asumiendo la responsabilidad hasta que Wiggins esté preparado para dar un paso adelante. Jugador franquicia y niñera, todo en uno. Claro que ser jugador franquicia de uno de los peores equipos no es una gran carta de presentación. Veamos cómo encaja el nuevo contrato de Ricky en el global de la NBA.

Otros contratos firmados este largo verano

En el juego del gato y el ratón entre Ricky Rubio y su equipo por conseguir una renovación lo más ventajosa para los intereses de cada uno, los Timberwolves exploraron otra alternativa en el mercado ofreciéndole 63 millores de dólares a Eric Bledsoe por cuatro temporadas. El base acabó renovando por 5 años con los Phoenix Suns a cambio de 70 millones. Eso son 14 millones por temporada, lo mismo que Rubio.

Otro de los bases más codiciados este verano fue el director de juego de los Toronto Raptors, Kyle Lowry. El jugador salió rápido del mercado aceptando la oferta del equipo canadiense de 48 millones a cambio de su permanencia en los Raptors durante cuatro temporadas. Haciendo la correspondiente división nos salen 12 millones de sueldo por cada una de ellas. Tanto Lowry como Bledsoe pertenecen al grupo de los bases titulares de la NBA, pero no al de las estrellas de la Liga. Bledsoe si parece tener potencial para serlo, de ahí esos 2 millones de diferencia.

La gran estrella del momento, Lebron James, firmó con los Cavaliers por dos años a cambio de un total de poco más de 42 millones de dólares (21 por año), y con la certeza de que esa cifra será mejorada cuando entre en vigor el nuevo contrato de televisión de la NBA. La marcha de Lebron James produjo un reequilibrio en el vestuario de los Miami Heat.

Chris Bosh se quedó con el bastón de mando de la franquicia de Florida cuando fue renovado con un contrato máximo de casi 119 millones de dólares en 5 temporadas (23,7 de media). Dwayne Wade firmó 31 millones a cambio de 2 años más de servicio. El sustituto de Lebron James, Luol Deng, cobrará 20 millones por lucir dos temporadas la camiseta de los Heat.

Carmelo Anthony, el segundo jugador libre este verano con más cartel, se ha llevado de los Knicks 124 millones a repartir en 5 temporadas (casi 25 anuales). Y Pau Gasol, el tercero más interesante, ha ingresado a sus 34 años en el grupo de los veteranos que pueden renunciar a salarios más elevados (ya han ganado suficiente a lo largo de su carrera) para jugar en equipos con aspiraciones sabiendo que han dejado de ser considerados jugadores franquicia. Gasol cobrará de los Bulls 22 millones repartidos en tres anualidades (7,3 cada una de promedio).

Quien sí es una estrella con todas las de la ley es Kyrie Irving. El base de los Cavaliers ha negociado una extensión de su contrato que le aportará 90 millones de dólares a repartir en 5 temporadas, unos 18 anuales (más o menos el trato al que aspiraba Rubio). Precisamente Irving fue el número 1 del draft del 2011. Aunque Ricky  fue elegido con el número 5 en el draft del 2009, no ingresó en la NBA hasta el verano del 2011. Se halla, por tanto, en el mismo punto de su carrera que los seleccionados en aquel draft.

El draft del 2011

Ricky Rubio es el noveno jugador de primera ronda de draft de los que llegaron a la NBA aquel verano que ha renovado su contrato de rookie. Si el número 1 del draft del 2011 ya ha conseguido su contrato de estrella, lo mismo podría decirse de Klay Thompson, escolta de los Golden State Warriors. El número 11 de aquel draft ha firmado una renovación de 70 millones (17,5 anuales) para seguir cuatro temporadas más en el equipo que le eligió aquella noche de junio. Son los dos triunfadores que se sitúan un peldaño por encima de sus compañeros de promoción.

Los Orlando Magic pagarán al pívot Nikola Vucevic (16 del draft) 53 millones por 4 temporadas (poco más de 13 por año). Kenneth Faried, elegido por los Denver Nuggets con el número 22, puede llegar hasta los 52 millones en 4 temporadas si consigue los incentivos firmados (13 anuales), mientras que el base de los Hornets Kemba Walker (9 del draft) se embolsará 48 millones en cuatro años (12 por temporada).

Un poco más abajo en el escalafón tenemos a los tres primeras rondas restantes. El número 12 del draft del 2011 Alec Burks ha llegado a un acuerdo con los Utah Jazz de cuatro temporadas a cambio de 42 millones (10,5 anuales). Finalmente, los gemelos Morris, Markieff (13 del draft) y Marcus (14) han renovado con los Phoenix Suns. Markieff vale 32 millones para su equipo (8 por año) y Marcus 20 (5 anuales).

Otros jugadores no han llegado a un acuerdo con sus equipos y entrarán en el mercado de los agentes libres del próximo verano. Entre ellos destacan el Spur y MVP de las últimas finales Kawhi Leonard (15 del draft), Derrick Williams de los Kings (segundo del draft),Enes Kanter de los Jazz (3 del draft), el Cavalier Tristan Thompson (4 del draft), Brandon Knight de los Bucks (8 del draft), Iman Shumpert de los Knicks (17 del draft), el Magic Tobias Harris (19 del draft),  el Thunder Reggie Jackson (24 del draft), el bicampeón con los Heat Norris Cole (28 del draft), el compañero de Leonard Cory Joseph (29 del draft) y el Bull Jimmy Butler (30 y último de la primera ronda).

Algunos de ellos no han aceptado la oferta de su equipo porque creen que valen más (Kahwi Leonard, Tristan Thompson, Tobias Harris, Reggie Jackson, Jimmy Butler) y otros no la han recibido porque la franquicia para la que juegan creen que no valen lo que cobran. De todas maneras, el sólo hecho de llegar a agotar estos primeros cuatro años ya es un mérito que no todos han conseguido (Jimmer Fredette, Nolan Smith, Marshon Brooks, Jan Vesely o Jajuan Johnson, por ejemplo).

La lista de los jugadores que ingresaron en la NBA el 2011 y han conseguido suculentos contratos no acaba aquí. La segunda ronda ha dado una par de sorpresas muy interesante. Chandler Parsons fue elegido con el número 38 (hay 30 jugadores por ronda de draft) por los Rockets. Este verano se ha marchado a los Mavericks después de que en Houston no igualaran la oferta de Dallas de 46 millones por 3 temporadas (15,3 anuales).

El último del draft, el base Isaiah Thomas (30 de la segunda ronda), protagonizó un “sign and trade” (modalidad de traspaso en que el jugador firma su nuevo contrato con su viejo equipo antes de ser traspasado) entre los Kings de Sacramento y los Phoenix Suns. El equipo de Arizona le pagará 27 millones al base repartidos entre las 4 próximas temporadas.

Ricky, clase media-alta

La buena noticia del nuevo contrato de Ricky es que lo ha firmado. Es decir, que Rubio ha recibido una oferta de los Timberwolves lo bastante buena como para aceptarla, descartando el mercado de los agentes libres. Una oferta que le situará como el jugador mejor pagado en Minnesota si es que no se produce alguna otra incorporación al equipo.

Pero comparando las cifras de su contrato con las de otras renovaciones de este curso, veremos que Ricky pertenece al grupo de los jugadores de clase reconocida, pero sin llegar aún al rango de estrella propio de un all star o de los líderes de franquicias con elevadas aspiraciones en los play offs. Sus cifras están lejos, evidentemente, de las de Lebron James, Carmelo Anthony y Chris Bosh, pero también de las de sus “coetáneos” Kyrie Irving o Klay Thompson.

Las dudas respecto a su tiro han lastrado las posibilidades de mejorar aún más sus emolumentos. De un base estrella en la NBA no se espera sólo que asista a sus compañeros (el número de asistencias depende también del acierto cara a canasta del receptor del pase, y sino que se lo pregunten a John Stockton con el infalible Karl Malone), o que recupere muchos balones. También debe ser capaz de anotar, mucho y con regularidad.

Sin embargo, hay motivos para ser optimistas de cara a próximas negociaciones. Aunque sólo sea por una estadística. Ricky Rubio es el cuarto jugador de la historia de la NBA en promediar 7 asistencias y 2 recuperaciones por partido en cada una de sus tres primeras temporadas en la NBA. Le precedieron en este logro Magic Johnson (1979-82), Isiah Thomas (1981-84) y Tim Hardaway padre (1989-92, el hijo juega ahora en los Knicks). Y los tres fueron grandes estrellas.

Artículo publicado en http://www.encancha.com, noviembre 2014

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