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NBA 2015-16: Cuentas pendientes y últimas oportunidades

21 Oct

Llega una nueva temporada de la NBA cargada de historias interesantes. Cada equipo, de hecho, tiene la suya. Explicarlas todas sería demasiado extenso, así que he hecho mi selección personal. No todos los equipos citados son candidatos al anillo, pero seguro que todos ellos darán mucho de que hablar.

Los Golden State Warriors se proclamaron campeones de la NBA el año 2015 sublimando el concepto de small ball que había llevado a los Miami Heat a ganar 2 anillos de campeones bajo la batuta de Lebron James. Esta temporada el equipo californiano empieza el curso como uno de los favoritos a ganar el título (en su caso a revalidarlo).

Los finalistas que cayeron ante el talento y puntería de Stephen Curry y Klay Thompson, y la polivalencia y entrega de Andre Iguodala y Draymond Greene fueron unos diezmados Cleveland Cavaliers en el primer curso tras el retorno de Lebron al que fuera su primer equipo en la liga. A lo largo del verano han lamido sus heridas y ahora aguardan ansiosos para saldar la cuenta que tienen pendiente. No es lo mismo afrontar las finales con James rodeado de fieles secundarios que arropado por primeras espadas como los lesionados Kyrie Irving, Kevin Love o Anderson Varejao.

En Ohio están convencidos que sólo la ausencia de estos jugadores claves les dejaron sin su merecido premio. La mayoría de manágers generales de la NBA les da la razón, situándoles como máximos favoritos de este año. Lebron quiere ganar un campeonato en su estado natal. Y cuando a King James se le mete algo entre ceja y ceja, no hay quien le disuada de ello. El número 1 de la NBA tiene las cosas claras, y una de ellas es que quiere que Tristan Thompson siga en su equipo.

Las conversaciones de la renovación del contrato del ala pívot canadiense, un seguro de vida en el rebote, se alargaron mucho, casi un año, por la diferencia entre las pretensiones económicas del jugador (94 millones de dólares por 5 temporadas) y la oferta de la franquicia (80 millones). Ni la intervención de Lebron a través de las redes sociales consiguió acelerar la resolución de unas negociaciones que no llegaron a buen puerto hasta pocos días antes de empezar la liga regular: 82 millones por 5 temporadas.

Rose y sus rodillas

La gran amenaza en el camino de los Cavaliers para ganar la plaza reservada en la final de la NBA a un equipo del Este serán los Chicago Bulls, a los que eliminaron de los pasados play-offs en la semifinal de Conferencia. Los Bulls aspirarán a todo siempre y cuando Derrick Rose pueda completar una temporada libre de lesiones.

El curso baloncestístico 2011-12 del base estuvo repleto de molestias y pequeñas lesiones hasta que en el primer partido de los play-offs se dañó de gravedad los ligamentos de la rodilla izquierda. La campaña siguiente la pasó recuperándose. Reapareció la temporada 2013-14, pero sólo pudo disputar 10 partidos antes que el menisco de la otra rodilla, la derecha, le dejara fuera de combate.

Tras pasar nuevamente por el quirófano, reapareció la temporada pasada. Otra que no pudo completar. Jugó 46 partidos hasta que un desgarro en el menisco de la rodilla derecha le obligó a operarse de nuevo en febrero del 2015. Regresó a tiempo para jugar los 5 últimos encuentros de liga regular y los 12 de su equipo en play-offs, sucumbiendo ante las huestes de Lebron.

Derrick Rose necesita culminar una temporada entera para dejar atrás el fantasma de las lesiones. Y acallar las persistentes voces que le situan como un jugador en declive por sus problemas físicos. Debe dejar atrás su preocupación y miedo a romperse para centrarse en su mejor juego, olvidando de paso su ansiedad de demostrar a todos que realmente está recuperado, que vuelve a ser el de siempre.

Los Bulls necesitan de su talento y liderazgo para conducirlos hasta un título que añoran desde 1998, desde la época gloriosa de Michael Jordan. Para ganar un anillo ficharon a Pau Gasol, renovaron a Jimmy Butler, se hicieron con los derechos de Nikola Mirotic y seleccionaron en el draft del año pasado a Doug McDermott y en el de éste a Bobby Portis. Pero siempre contando con Rose.

El base ya ha dado el primer susto antes de empezar la liga regular. Rose se ha perdido la mayor parte de la pretemporada por una fractura en la cara, más concretamente en el orbital izquierdo, que le obligó a pasar una vez más por el quirófano. La mala noticia es que el jugador franquicia de los Bulls ya se ha lesionado incluso antes de empezar los partidos oficiales. La buena es que no ha sido en ninguna de sus dos rodillas.

Se agota el crédito de Phil Jackson

Los Knicks de Nueva York son una franquicia de un gran mercado televisivo, dueña de un pasado histórico con momentos de gloria, pero atrapada en un presente para olvidar. El hombre elegido por el propietario James Dolan para sacarla del pozo es Phil Jackson, aunque no como entrenador sino como responsable ejecutivo. El entrenador 6 veces campeón con los Bulls y 5 con los Lakers era jugador de los Knicks las dos temporadas que ganaron la competición, 1970 y 1973, aunque en la primera de las dos una lesión no le dejó jugar.

El curso pasado, primero de Jackson al mando y con Derek Fisher como su extensión en el banquillo, el equipo se quedó en unos míseros 17 triunfos. Un desastre, no obstante, digerible dentro de un proceso de reconstrucción. Este año no se le perdonará un balance similar. Y menos cuando Fisher ha comparado el estado de los Knicks ahora mismo con el de los Atlanta Hawks de la pasada temporada. Los Hawks cerraron la liga regular con 60 victorias. ¿Serán capaces de hacer lo mismo en Nueva York?

Para arropar a Carmelo Anthony se ha contratado al escolta Arron Afflalo, al baluarte defensivo en la zona Robin Lopez, y se le ha dado una oportunidad al fallido número 2 del draft del 2011, el ex de los Timberwolves de Minnesota Derrick Williams. En el draft se ha elegido al talentoso base Jerian Grant (su tio Horace jugó para Phil Jackson en los tres primeros títulos ganados por los Bulls) y al letón Kristaps Porzingis, procedente del Baloncesto Sevilla (la elección del letón, por cierto, fue silbada por los aficionados neoyorquinos durante la ceremonia del draft).

La gran pregunta es si el triángulo ofensivo seguirá funcionando o es otro sistema que pertenece al pasado, enterrado por el small ball. Carmelo Anthony es un jugador capaz de generar desequilibrios como primera opción de esta táctica, pero necesita compañeros que sepan desarrollarlo. José Calderón tiene asignado un rol muy claro: base veterano. Porque sus competidores en la posición o son recién llegados o encaran su segundo año en la NBA.

La última carga de los Spurs

Cada temporada los que escribimos sobre NBA decimos que puede ser la última de los Spurs de San Antonio. En esta lo diremos una vez más, y probablemente acertaremos (ya va tocando). Al menos de los Spurs tal y como los conocemos desde que hace 13 años el entrenador Greg Popovich completó su guardia pretoriana: Tim Duncan, Tony Parker y Manu Ginobili. Este verano pasado Duncan y Ginobili estuvieron a un paso de retirarse, el próximo pocos dudan que lo harán.

Y sin embargo, como el prestigitador que te engaña haciéndote creer que la bolita está en su mano derecha cuando hace rato que la tiene en la izquierda, Popovich ya tiene a punto el relevo. En un verano brillante de la gerencia de la franquicia, se ha renovado a la pieza angular del nuevo proyecto Kawhi Leonard, y a su escudero desde los triples Daniel Green.

Se ha traído al sustituto de Duncan, el ex de los Blazers LaMarcus Aldridge, el agente libre más codiciado del mercado. Y se han conseguido los servicios de un veterano de solvencia contrastada, el ala pivot David West, que no quiere retirarse sin su anillo. El grueso de la plantilla permanece, con las bajas destacadas de Tiago Splitter, un Cory Joseph que no pasó de tercer base, un Marco Belinelli a la sombra de Green y Ginobili, y el gladiador Aron Baynes.

La recta final de Kobe

Otro que puede vivir su último curso como profesional en la NBA es Kobe Bryant. El jugador franquicia de los Lakers, en su último año de contrato con el equipo de Los Angeles, ya tiene 37 años. La próxima será su temporada número 20 en la NBA. Y desde que se lesionase en el tramo final de la Liga regular del 2012-13, las lesiones no le han respetado. Tras su inicial rotura del tendón de Aquiles, sólo pudo disputar 6 partidos de la liga 2013-14 antes de caer víctima  de una fractura de rodilla. La temporada siguiente, en enero, una lesión de hombro le obligó a pasar por el quirófano. Cualquier otro se habría retirado. Pero cualquier otro no es Kobe Bryant.

Para esta temporada que empieza los Lakers le han buscado una buena escolta a su estrella de referencia, mejor que la de los años anteriores. En el draft del 2015 eligieron a D’Angelo Russell, un base con futuro de estrella. En el del curso anterior, un ala pívot con espíritu de depredador en la zona, Julius Randle. El jugador tuvo la mala suerte de lesionarse en el primer partido de la liga regular de la temporada, en su debut en partido oficial. Y ha aprovechado el tiempo que no ha podido jugar para, además de recuperarse, fortalecer su físico y pulir su juego. Ademas de los rookies, dos veteranos de garantias se han sumado también a la plantilla californiana.

Uno es el tirador Louis Williams, un cañonero que junto a Nick Young puede descargar a Kobe de responsabilidades en ataque. Y la otra es Roy Hibbert, la torre de 2,18 que tras un mal final de etapa en los Indiana Pacers busca relanzar su carrera. La franquicia ha incorporado a otro veterano, un jugador que ya pasó por los Lakers, pero en este caso aún no se sabe si es una buena o una mala noticia. Se trata del impredecible Metta World Peace, El Jugador De Baloncesto Antes Conocido Como Ron Artest. Si está centrado, será un peligro para los rivales. Si no lo está, lo será para los Lakers.

Nervios en Oklahoma

Los Thunder de Oklahoma City han ido construyendo una plantilla joven que debe dejar ya de considerarse con proyección para empezar a dar frutos. Kevin Durant y Rusell Westbrook son los líderes de uno de los equipos de la NBA que más pagará en salarios esta temporada, con Enes Kanter y Serge Ibaka devastando en la pintura mientras Steven Adams les relevará haciendo el trabajo sucio. Por fuera, DJ Augustine y Dion Waiters darán minutos de calidad mientras Durant y Westbrook descansen.

En Oklahoma empieza a haber urgencia de resultados. Desde el año 2008, que sus dos estrellas comparten vestuario, el equipo ha jugado una final de la NBA (2012, derrotados 4 a 1 por los Miami Heat de Lebron) y dos finales de la Conferencia Oeste (2011, 2014). Un buen balance para la mayoría de franquicias. Insuficiente para un Kevin Durant  al que a sus 27 años empieza a escocerle no tener aún su anillo. Un Durant que, como ya explicamos en un artículo anterior, trabajó duramente con un estadístico personal para mejorar su juego. El objetivo de esta mejora no era anotar más, sino convertirse en un jugador determinante para ganar títulos.

La franquicia no dispone de un gran mercado que complemente sus ingresos como los Lakers. Y para mantener algunas piezas debe renunciar a otras. La renovación de Ibaka les dejó sin margen para contentar a James Harden, al que traspasaron para poder obtener algo a cambio. La marcha de la barba más famosa de la liga dejó un hueco en la posición de escolta que aún no han conseguido llenar del todo. Con Reggie Jackson se volvió a repetir la historia. Sus pretensiones económicas amenazaban con lastrar las operaciones de las temporadas siguientes, y fue traspasado a cambio de Kanter. Al menos así reforzaban otro de sus puntos flacos, la posición de cinco.

Su problema es que el jugador que acaba contrato este año no es otro que Kevin Durant. A la estrella no le van a faltar ofertas, y todas por el máximo que permite el convenio. Más allá de que en Oklahoma superen al resto de franquicias en la puja, queda pendiente el tema deportivo. Durant renovará si está convencido que los Thunder pueden ser campeones de la NBA. Si no, se marchará. Y si el se va, Westbrook y Ibaka tendrán menos alicientes para renovar unos contratos que acaban el 30 de junio del 2017. Antes hemos citado el caso de los Spurs, que han mantenido a sus jugadores importantes aún sin ofrecerles el máximo y han atraído a agentes libres de peso. ¿Que diferencia hay entre ambos equipos? 5 campeonatos de la NBA.

Artículo publicado en http://www.encancha.com, octubre 2015

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NBA: Los Lakers siguen gafados con las lesiones

27 Nov

Si la temporada pasada de Los Angeles Lakers fue horrible, ésta aún presenta peores expectativas, con una plantilla limitada y mermada por una plaga de lesiones que hace años que dura. Kobe Bryant está demasiado solo.

Kobe Bryant anotó 44 puntos ante los Golden State Warriors, su mejor anotación de la presente temporada. Y lo hizo en 31 minutos y 22 segundos, el tiempo que estuvo en pista en los tres primeros cuartos. Su entrenador Byron Scott decidió reservar a su veterana estrella de 36 años durante los últimos 12 minutos de partido.

No es la primera vez que el escolta ve el último cuarto desde el banquillo después de una anotación estratosférica en los tres primeros. En diciembre del 2005 Phil Jackson le hizo descansar el período final, justo cuando Kobe llevaba 62 puntos en su casillero particular. Él solo había anotado más puntos que todo el equipo rival, los Dallas Mavericks.

Pero un detalle clave marca la diferencia entre esas dos noches. Incluso entre estos dos equipos de los Lakers. En el 2005 ante los Mavericks los californianos ya habían sentenciado el encuentro. El 16 de noviembre contra los Warriors el ahora segundo equipo de Los Angeles daba por perdido el enfrentamiento en su propia pista (115-136).

Kobe venía de firmar su peor partido en lo que se refiere a su acierto de cara a la canasta contraria. El escolta sólo había sido capaza de transformar uno de sus catorce lanzamientos a canasta en la derrota previa ante los Spurs (80-93), su actuación más negativa de los 1.154 partidos hasta aquel momento en que había tirado más de 10 veces. En su descargo, diremos que el veterano de 36 años jugó mermado por los efectos de un virus, y aún así contribuyó en otros aspectos del juego para acabar con 9 puntos, 4 rebotes, 6 asistencias y 2 tapones.

Colistas del Oeste

Los Lakers de la temporada 2014-15 serán probablemente uno de los que peor recuerdo dejen en la mente de sus aficionados. Un equipo que ya ha batido un registro negativo en la historia de la franquicia. Con tan sólo 1 triunfo (ante Charlotte Hornets) en sus primeros 10 partidos, ninguna otra formación anterior en la historia del conjunto de Los Angeles había empezado tan mal una temporada.

Tras este mal inicio, el retorno del hasta entonces lesionado Nick Young pareció que iba a romper la mala racha. Los californianos fueron capaces de encadenar 2 triunfos consecutivos (Atlanta Hawks, Houston Rockets). Pero fue un espejismo y las derrotas volvieron. Nunca hasta ahora sus aficionados habían visto un sólo triunfo en sus 8 primeros partidos en casa, ni en los tiempos en que jugaban en Minnesota.

El equipo lleva un registro de 3 victorias y 12 derrotas tras perder ante los Grizzlies (93-99), siendo el peor del Oeste por detrás de unos Oklahoma City Thunder (4-12) que despegarán cuando recuperen a sus estrellas lesionadas, Kevin Durant y Russell Westbrook, y unos Minnesota Timberwolves en fase de reconstrucción (casi eterna) que no aspiran a nada (3-10).

El margen de mejora de los Lakers es más limitado que el de los Thunder, porque los californianos ya tienen en pista todo su escaso arsenal. No les quedan balas extras en la recámara. Los jugadores que dirigen Byron Scott muestran una capacidad anotadora más o menos correcta (101,4 puntos por partido), pero naufragan en defensa siendo el conjunto que encaja más puntos de la NBA (110,8 por encuentro).

Esta grave crisis no ha surgido de la nada, sino que se ha venido gestando desde hace años. Desde que Jerry Buss fue cediendo responsabilidades a su hijo Jim en la gestión deportiva de los Lakers. Parte de los problemas del equipo nace de las malas decisiones del gestor, de las que ya hemos hablado en alguna ocasión. Pero otra parte es debida a la mala suerte en forma de lesiones.

Las continuas lesiones de los Lakers

En el draft del 2005 Jim Buss impuso su criterio para elegir a Andrew Bynum, un pívot con tanta calidad como inmadurez. Con lo que nadie contaba era con la fragilidad de sus rodillas. Ambos factores han precipitado que el que fuera considerado un candidato a estrella de la NBA se encuentre ahora sin equipo con tan sólo 27 años.

La importancia de este hecho quedó minimizada por los éxitos del equipo con Phil Jackson como entrenador, Kobe Bryant de estrella y la llegada de Pau Gasol. Los Lakers sumaron los dos últimos anillos de su historia (por ahora): 2009 y 2010. Hasta que el Maestro Zen dejó el banquillo de los Lakers el verano del 2011.

Mike Brown fue el hombre elegido para enterrar el triángulo ofensivo en los Lakers. Y ciertamente lo enterró. El problema es que metió en la misma fosa el buen juego y las aspiraciones de éxito. Fue cesado tras poco más de un año en el cargo y después de perder 4 de los 5 primeros partidos de la temporada 2012-13. Con los aficionados reclamando el retorno de Jackson y el veterano entrenador postulándose para volver, el elegido fue Mike D’Antoni.

El siguiente proyecto del “joven” Bush fue la segunda entrega de los Cuatro Fantásticos con Bryant, Pau Gasol, Dwight Howard y Steve Nash. La primera (Shaquille O’Neal, Kobe Bryant, Karl Malone y Gary Payton) había llegado a las Finales de la NBA antes de descomponerse de mala manera. Pero en este caso el refrán acertó: segundas partes no son buenas. El equipo volvió a descomponerse de mala manera por las tensiones entre Howard y Kobe, y no pasó de la primera ronda de playoffs.

Aquella temporada, la 2012-13, estuvo plagada de lesiones. Dwight Howard jugó todo el año con dolores o en su espalda o en su hombro izquierdo, Steve Nash se perdió 32 partidos, Pau Gasol 33. Para acabarlo de arreglar Bryant se rompió el tendón de Aquiles en el tramo final de la Liga Regular, en su titánico esfuerzo casi en solitario para meter a los Lakers en la lucha por el anillo.

La temporada pasada se convirtió en un funeral el 17 de diciembre. Tras perderse los primeros 19 partidos de la liga regular acabando de recuperarse de la lesión de la temporada anterior, Kobe Bryant reapareció el 8 de diciembre. Pero en su sexto encuentro se volvió a romper. Una fractura en la rodilla le impidió volver a jugar en todo el curso. La plaga de lesiones del año anterior volvió a repetirse, con Steve Nash casi inédito y los fichajes secundarios de la temporada cayendo uno tras otro. Pau Gasol , que se mantuvo relativamente sano, se dedicó a hacer buenas estadísticas en su último año de contrato. El equipo no entró en playoffs por sexta vez en su historia.

La temporada 2014-15 no pinta mucho mejor que las dos anteriores. Steve Nash, decidido a cumplir su último año de contrato antes de retirarse, se resintió durante la pretemporada de sus problemas de espalda transportando unas bolsas de viaje y optó por colgar las botas antes de lo previsto. La cara ilusionante del equipo, el ala pívot rookie Julius Randle (número 6 del draft), se fracturó la tibia en el primer partido de la temporada y será baja para todo el campeonato.

Y ahora Xavier Henry, ya recuperado de su lesión de rodilla del curso pasado, ha pasado por el quirófano tras romperse el tendón de Aquiles. Otra baja de larga duración para unos Lakers que tampoco podrán contar con Ryan Kelly hasta finales de diciembre por una lesión muscular y que tienen a Carlos Boozer entre algodones.

Kobe coge las riendas

Ante esta situación, Kobe Bryant ha asumido el papel de salvador. Tal vez su orgullo y las limitaciones de la plantilla le impidan hacer otra cosa. Pero lo cierto es que la superestrella ya no está en su mejor momento. Y asumir tanta responsabilidad no hace más que dejarle en evidencia.

Bryant anota 26,4 puntos de media lanzando a canasta casi 24 veces por partido, más del doble de lo que lo hacen Carlos Boozer (11,8), Jordan Hill (11,2) y Nick Young (11). El escolta asume el 28% de los lanzamientos a canasta de un equipo que tiene 14 jugadores en plantilla. El problema es que su porcentaje en lanzamientos de campo es del 37,9%, con un 28,6% en particular desde la línea de 3 puntos.

Hasta ahora su peor temporada en acierto de cara a canasta había sido su año de rookie (1996-97) con un porcentaje del 41,7%. Respecto a los triples, no es su peor año pero casi. La temporada 1998-99 firmó un 26,7%, la 2001-02 un 25% y la 2013-14 un 18,8%. Claro que esta última no debería contar. Tras una larga lesión, Kobe sólo jugó 6 partidos antes de volver a romperse. Prácticamente cuando se le empezaba a calentar la muñeca.

Por cierto, la lesión que arrastraba el jugador franquicia de los Lakers al inicio de esa temporada, una rotura del tendón de Aquiles, se produjo cuando Bryant asumió todo el protagonismo empeñado en meter a toda costa al equipo. Este año está haciendo lo mismo, aunque su reto también podría ser superar a Michael Jordan como tercer máximo anotador en la historia de la NBA. Sólo está a 196 puntos de su objetivo. Por su bien y el del baloncesto, esperemos que esta vez se lo tome con más calma. No se merece una retirada por la puerta de atrás como Steve Nash.

Artículo publicado en http://www.encancha.com, noviembre 2014

Joel Embiid, ¿tras los pasos de Greg Oden en la NBA?

22 Jun

El draft de la NBA del 2014 ha añadido un  elemento  que hasta ahora le faltaba. Anda sobrado de talento, como vengo repitiendo desde noviembre. Tiene emoción, por la incertidumbre de un número 1 competido. Y ahora, además, tiene drama. El que se cierne sobre el futuro de la carrera de un joven jugador.

En noviembre todo hacía suponer que este iba a ser el draft de Andrew Wiggins. Este joven alero canadiense, hijo de un exjugador de la NBA, llegaba a la NCAA siendo uno de los deportistas más populares de los EUA, la promesa que todo el mundo quería ver. Demasiadas expectativas, demasiados minutos de fama para un chaval recién salido del instituto. En resumen, demasiado “hype”.

Era una misión casi imposible responder a tanta fama con una actuación al alcance de todo lo que cientos de páginas de prensa y internet habían dicho de él. Y Wiggins no ha cumplido. ¿Es por ello un mal jugador? Todo lo contrario. Simplemente, aún no ha llegado al límite del potencial que se le prevé. Una temporada en el baloncesto universitario en los Jayhawks de Kansas no ha sido suficiente para lograrlo.

Los dos principales candidatos a hacerle sombra eran otros dos freshman, el alero Jabari Parker y el ala pívot Julius Randle. Parker, también hijo de exjugador NBA, tuvo un principio de temporada arrollador, con unos promedios anotadores excepcionales para un debutante. Las limitaciones en el juego de Duke, que carecía de jugadores altos de buen nivel, obligaron a su entrenador Mike Krzyzewski a ponerlo de 4. Ha rendido, pero esa no es su posición.  Sus números fueron bajando al tiempo que caían las opciones de Duke de hacer una temporada acorde a su historia. Y el equipo cayó en su primer partido del torneo nacional ante la modesta Mercer.

Julius Randle también se mostró dominador en la parte inicial de la temporada, un coloso bajo los tableros. Su fuerza física y juego de pies hacían a este zurdo un jugador imparable cuando decidía encarar canasta. Sus números individuales fueron bajando a medida que sus compañeros exteriores subieron de nivel y se pusieron a su altura. Hasta que cayeron en la gran final de marzo ante la sorprendente Connecticut…y con Randle anulado por la defensa rival. Y para acabar de arreglarlo, en las mediciones oficiales previas al draft se quedó algo bajito para su posición. Y eso si que es grave.

Embiid explota antes de lo previsto

Y  mientras tanto en Kansas se había producido una eclosión inesperada, la del pivot camerunés de 2,13 Joel Embiid. Todos haciendo cola para ver a Wiggins, y resulta que el “bueno” era uno de los reservas de su equipo. Tras unas pocas semanas, desplazó a Tarik Black del cinco titular y le discutía al que todos apuntaban como futuro número 1 del draft el liderazgo del equipo. Técnicamente aún estaba verde, pero lo compensaba con su potencia atlética y su gran coordinación. Al jugador de los Jayhawks se le esperaba, pero no tan pronto.

Joel Embiid es otro ejemplo más de una historia bien conocida por los aficionados al baloncesto. La del joven talento africano, sobrado de centímetros, que empieza jugando al futbol. Hasta que algún cazatalentos le echa el ojo, le convence de su errónea elección de deporte y se lo lleva a estudiar a los Estados Unidos. En el caso de este pívot al que han llegado a comparar con el gran Hakeem Olajuwon, su descubridor y mentor ha sido el NBA Luc Richard Mbah a Moute.

 

Pero cuando llegó la fase clave de la temporada NCAA, la de los torneos de conferencia y luego la Locura de Marzo, Embiid desapareció. Una fractura por estrés en su espalda le obligó a perderse los partidos más importantes de la temporada. Mientras en Kansas rezaban por su recuperación y apremiaban a Wiggins a tomar los galones que en teoría le correspondían, jugaban al despiste con la fecha de un retorno del pívot…que nunca se produjo. El equipo que entrena Bill Self cayó eliminado en la segunda ronda del cuadro completo ante Stanford.

Esta pronta eliminación no supuso un lastre para las posibilidades del joven africano en el draft. Más bien al contrario. Su ausencia había pesado más que la presencia de Wiggins. Punto para él. La duda era como se recuperaría de su inoportuna lesión de espalda. Una incógnita que la agencia que le representa se encargó de despejar con una sesión preparatoria abierta a todos los ojeadores de los equipos de la NBA y los medios, y que ya os mostramos en un artículo anterior. El camino de Embiid hacia el número 1 quedaba despejado.

Los Cavaliers, el equipo que elegirá en primera posición, cumplieron el guión previsto y le invitaron para hacer un entrenamiento privado. Tras la sesión de trabajo, fuentes de la franquicia manifestaron que el jugador les había gustado pero no les había convencido por completo. Era una forma educada de empezar a negociar, tanto con los representantes del jugador como con otros conjuntos de la NBA interesados en hacer un canje. Embiid apuntaba a número 1.

Hasta que la semana previa el draft el jugador volvió a lesionarse. Otra fractura por estrés, pero en esta ocasión en su pie derecho. Una lesión que le ha obligado a pasar por el quirófano y que le mantendrá de baja entre 4 y 6 meses. Embiid no podrá realizar el entrenamiento que tenía concertado con los Milwaukee Bucks, ni estar presente este jueves en la gran noche del draft, ni jugar la liga de verano con el equipo que le seleccione. Ya veremos si llega a tiempo de empezar la temporada.

Embiid, fuera de la lucha por el número 1

Si la lesión de espalda tenía cierta importancia, el efecto de la del pie es devastador para las esperanzas del camerunés.  Baste recordar los problemas que sufrió Yao Ming en sus pies, y que le obligaron a retirarse. Espalda y pies son las dos zonas más sensibles para un pívot, las que soportan más duramente los rigores de su peso. Y a Embiid, en su corta carrera, ya le han fallado las dos.

El caso de Greg Oden está aún demasiado reciente como para olvidarlo. Teniendo en cuenta que los Cavaliers ya parecieron equivocarse eligiendo en primer lugar del último draft a Anthony Benett, es difícil que vuelvan a arriesgarse a no ser que tengan apalabrado el traspaso del pívot a otra franquicia dispuesta a jugársela.

A Greg Oden, uno de los fichajes de Miami Heat para este curso que ha acabado, ya le dediqué parte de un artículo en pretemporada . Completaré lo dicho entonces con un par de datos más. Tras tres temporadas en blanco, Oden ha participado en 23 partidos con los Heat, en los que ha estado pista 212 minutos (una media de 9,2). Tres de ellos han sido en playoffs,  con un tiempo total en pista de 7 minutos. Y ninguno de ellos fue en las Finales contra los Spurs. Queda claro que está muy lejos de ser un jugador determinante.

Y con los problemas físicos de Embiid, y la corta estatura (para un ala pívot NBA) de Randle, el camino vuelve a abrirse para Andrew Wiggins, con Parker como único rival de importancia. Aunque el canadiense no debería descuidarse. Porque hay otro talento internacional que está subiendo muchos enteros de cara a la gran noche. Se trata del base-escolta australiano  de 1,98 Dante Exum.

A pesar de venir de la lejana Oceanía, Exum tiene algunos lazos con la NBA.  Su padre, Cecil Exum,  es norteamericano y llegó a jugar en la NCAA. Y no lo hizo en un equipo cualquiera, sino en Carolina del Norte. Tuvo el honor de formar parte del mítico equipo de los Tar Heels que ganó el “March Madness” de 1982, con nombres tan ilustres en sus filas como Michael Jordan, James Worthy y Sam Perkins. Elegido en novena ronda del draft de 1984 por los Denver Nuggets, no llegó a debutar. Y emigró a Australia, donde desarrolló su carrera baloncestística. Y donde nació su hijo.

Exum no ha jugado en NCAA, sino que salta a la NBA directamente del baloncesto de formación de su país. Lo cual tal vez no sea una desventaja, tal como hemos visto por lo expuesto anteriormente en los casos de Wiggins, Parker y Randle. A nivel internacional participó en el campeonato del mundo sub-19 del 2013, en el que le hizo un traje en cuartos a España.

 

publicado en http://www.encancha.com, junio 2014

NCAA: Connecticut da la gran campanada

8 Abr

La NCAA echó al cierre a su temporada con un baile en el que la cenicienta se convirtió en princesa. Connecticut culminó su gran torneo (dejó en la cuneta a Villanova, Iowa State, Michigan State y Florida) derrotando a una joven Kentucky que perdió su recién ganada madurez cuando más la necesitaba.

SEMIFINAL 1: FLORIDA 53 – CONNECTICUT 63

Desde que empezó la temporada, surgieron las comparaciones entre el actual equipo de Connecticut  con el que se proclamó campeón en 2011. En aquella ocasión, como en esta, un base llevaba el timón con mano firme. La diferencia es que en el 2011 Kemba Walker estaba peor acompañado que Shabazz Napier. Y este hecho quedó bien patente en la semifinal ante Florida.

Los Gators abrieron el enfrentamiento con un triple de Michael Frazier (el único del equipo en toda la noche) y una defensa presionante a toda pista tras canasta o saque de fondo del rival. Si además le añadimos el dominio en el rebote (bajo ambos tableros), no es de extrañar que tras 11 minutos de juego el último número 1 superviviente dominase por 16 a 4. Ambos conjuntos se dedicaron a desactivar a la estrella rival, Nappier (12 puntos, 3 rebotes, 6 asistencias, 4 recuperaciones) en UConn y Wilbekin (4 puntos, 2 recuperaciones) en el bando contrario.

Y fue entonces cuando DeAndre Daniels (20 puntos, 10 rebotes) y Ryan Boatright (13 puntos, 6 rebotes, 3 asistencias y excepcional en la defensa sobre los bases rivales) rescataron a los de Kevin Ollie con tres triples. Connecticut no levantó el pie del acelerador hasta llegar al descanso 22 a 25, culminando un parcial de 6 a 21. En la segunda mitad la diferencia favorable a los “outsiders” llegó hasta los 9 puntos tras un triple de Napier. Patrick Young (19 puntos, 5 rebotes) y Casey Prather (15 puntos, 6 rebotes) contraatacaron para Florida, poniendo a su equipo a 3 puntos.

Daniels respondió con dos canastas consecutivas, elevando el margen de su equipo hasta los 10 puntos a 5:37 del final. Young cargó sobre sus anchas espaldas la responsabilidad del milagro, anotando 10 de los 12 últimos puntos de los Gators. Pero la habitual frialdad de Connecticut en el tramo final de los partidos (anotó en 6 de sus 9 últimas posesiones) les concedió el pase a la final. Florida volvió a perder tras 30 victorias contra el último equipo que les había derrotado, el 2 de diciembre.

 

SEMIFINAL 2: WISCONSIN 73 – KENTUCKY 74

Kentucky encarna perfectamente el concepto de equipo joven. Sólo tiene un sénior, Jarrod Polson, cuya participación en el juego es anecdótica, y 2 sophomores, Alex Poythress y Willie Cauley-Stein (lesionado). Todo el peso y el protagonismo recae principalmente sobre unos freshman hegemónicos en el cinco titular. Entre ellos, el único de los novatos estrella del año en la NCAA que ha llegado hasta la Final Four, Julius Randle. Enfrente tenían a Wisconsin, un conjunto con una mayoría de jugadores júniors (de tercer año).

Los Wildcats tuvieron éxito en un cometido indispensable para lograr la victoria. Detener a Frank Kaminsky. El pivot de Wisconsin, con un promedio de 22 puntos en sus tres partidos anteriores,  se quedó en 8 en esta semifinal con momentos destacados de Alex Poythress ejerciendo de lapa. Sam Dekker y Ben Brust (15 puntos y 4 rebotes para cada uno) compensaron este problema, bien ayudados por el novato Bronson Koenig, que anotó sus 11 puntos durante los primeros 20 minutos, compensando los problemas de personales de Traevon Jackson.

Dos triples de Brust dieron a los Badgers una ventaja de 8 mediado el primer período, ante un James Young (17 puntos, 5 rebotes) demasiado solo en Kentucky en los minutos iniciales. Cuando el resto del equipo se puso manos a la obra, redujo la distancia hasta los 4 con que se llegó al descanso. En el inicio del  segundo tiempo Kentucky impuso su exuberancia física para conseguir un parcial de 0 a 15. Wisconsin superó la crisis con buenos minutos de Duje Dukan (el hijo del ejecutivo de los Bulls y  antiguo capitán de la Yugoplastika Ivika Dukan sumó 8 puntos y 5 rebotes) para Wisconsin. Randle (16 puntos, 5 rebotes) aparecía en Kentucky. Se llegó a los tres minutos finales con empate a 69.

Alex Poythress (8 puntos, 7 rebotes) y Kaminsky anotaban para sus conjuntos. Traevon Jackson (12 puntos, 4 rebotes, 3 asistencias), explotando su mayor veteranía, le sacó a Andrew Harrison una falta en un lanzamiento triple cuando se agotaba la posesión. El base anotó dos de los tres tiros libres (el único error desde la línea de personal de su equipo en el encuentro, 19 de 20). Y eso le concedió la oportunidad a Aaron Harrison (8 puntos, 3 rebotes), el héroe del partido previo de los Wildcats ante Michigan, para volver a anotar el triple de la victoria de su equipo.

 

FINAL: CONNECTICUT 60 – KENTUCKY 54

Kevin Ollie se doctoró como entrenador llevando a Connecticut a la cuarta victoria en su historia en el March Madness en su primera participación en el torneo (aunque el año pasado ya estaba en el cargo, UConn quedó excluida por las malas notas de sus jugadores). Napier fue elegido mejor jugador de la final (22 puntos, 6 rebotes, 3 asistencias, 3 recuperaciones), pero contó con la ayuda de un gran Ryan Boatright (14 puntos, 4 rebotes, 3 asistencias, 3 recuperaciones). Kentucky, que desperdició sus opciones fallando demasiados tiros libres (su porcentaje fue del 54,2%, 13 de 24), echó en falta una mayor aportación de los gemelos Harrison.

La final registró un récord de espectadores del torneo, 79.238, en el estadio de los Dallas Cowboys de la NFL. Connecticut golpeó primero. La pareja de bases Boatright y Napier presionaban a sus rivales, Randle (10 puntos, 6 rebotes, 4 asistencias) no podía superar los 2 contra 1 en que se veía inmerso cada vez que recibía, y Brimah cerraba perfectamente el rebote en defensa, privando a los Wildcats de cualquier segunda opción. En ataque, los dos bases de los Huskies se mostraban certeros, llevando a su equipo a una ventaja de 15 puntos (30-15). Pero John Calipari no estaba dispuesto a arrojar la toalla tan pronto.

Kentucky se situó en una zona 2-3, coincidiendo con la marcha al banquillo por problemas de faltas de Boatright y un desacertado DeAndre Daniels (8 puntos, 6 rebotes, 4 de 14 en el tiro). Randle aparecía en los 2 minutos finales del primer período para acercar a Kentucky (35 a 31  al descanso). En el inicio de la segunda parte los Wildcats siguieron explotando su físico buscando penetraciones, en los mejores minutos de James Young (20 puntos, 7 rebotes). Llegaron  a ponerse a tan solo un punto, pero no aprovecharon sus oportunidades para sobrepasar a UConn en el marcador. Y con Napier en el banquillo, absolutamente colapsado por la responsabilidad, Connecticut se recompuso después de un triple de Neils Giffey.

El alero alemán anotó luego otro triple rompiendo una mala racha personal en el tiro (hasta este momento llevaba 1 de 13 en el torneo cuando había acreditado un porcentaje cercano al 50%). Napier, con las pilas cargadas, consiguió otra canasta de 3 puntos clave. Las diferencias a favor de los Huskies se estabilizaron en los 5-6 puntos mientras los Wildcats perdían demasiados balones. En los minutos finales, la sangre fría del equipo de Kevin Ollie se impuso ante una Kentucky que no supo jugar bajo presión, que ni metió sus tiros ni hizo faltas por miedo a la fiabilidad contraria en los tiros libres (10 de 10) ni apretó a los bases rivales por miedo a ser sobrepasados.

Warren Buffet, el oráculo de Omaha, se acabó ahorrando los 1.000 millones de dólares que ofrecía a aquel que acertase los vencedores de los 63 partidos del cuadro final de La Locura de Marzo. En este sentido, ya podía estar tranquilo. Nadie había hecho un pleno en la ronda de 64.  Para la próxima temporada ya ha avanzado que rebajara la dificultad del reto. No sabemos si también rebajara el premio. De los 11 millones de quinielas recogidas en la web de la cadena deportiva ESPN, sólo el 0,3%  (27.203) daban como ganador a Connecticut. La mía no es una de ellas.

 

DOUG MCDERMOTT, MEJOR JUGADOR DE LA TEMPORADA

El alero Doug McDermott, que acabó su carrera en Creighton en el quinto lugar de la lista de anotadores de la historia de la NCAA (3.150 puntos), fue elegido por unanimidad Mejor Jugador de la temporada. En su curso sénior ha sido el máximo anotador de la competición con una media de 26,7 puntos por partido y un porcentaje de acierto en el lanzamiento del 52,6% (44,9% desde la línea de 3 puntos).

McDermott figura, evidentemente, en el equipo ideal de jugadores universitarios de este año, junto con el base Shabazz Napier (Connecticut), los comboguard Sean Kilpatrick (Cincinnati) y Russ Smith (Louisville) y el alero Jabari Parker (Duke). Greg Marshall, entrenador de Wichita State (temporada de 35 victorias y 1 derrota) fue elegido como el mejor técnico. Marcus Lewis ganó el concurso de mates universitario con una actuación de altísimo nivel.

 

LOS TORNEOS MENORES

Además del March Madness, plato estrella del baloncesto universitario, se disputan tres torneos menores para equipos que no han logrado su invitación para el Gran Baile. El más importante de ellos es el NIT (National Invitational Tournement), en el que el honor de la familia Pitino quedó a salvo esta temporada. El patriarca Rick no pudo revalidar su título de campeón de la  NCAA con Louisville, pero su hijo Richard, entrenador de Minnesota, ganó el torneo de consolación en el Madison Square Garden de Nueva York derrotando en la final a Southern Methodist (65-63). Tras el partido, no se sabía quién de los dos estaba más contento, si el hijo o el padre.

El CBI (College Basketball Invitational) presenta la particularidad que la final se disputa al mejor de tres partidos. Siena se impuso por 2 victorias a 1 a Fresno State, consiguiendo su primer título a nivel nacional desde que accedió a la Division I en 1976. El sophomore Brett Bisping fue elegido mejor jugador de la final. Se rehizo de una discreta primera noche ante Fresno State (se quedó en 8 puntos) para irse hasta los 20 en los dos enfrentamientos siguientes.

Y finalmente Murray State superó a Yale (65-57) en la final del CollegeInsider.com Postseason Tournament (CTI). Jonathan Fairell y Jarvis Williams intimidaron a unos Bulldogs (5 tapones cada uno) que se quedaron en un mísero 26% de acierto en el tiro, mientras que en ataque Cameron Payne  ejerció de punta de lanza (24 puntos, 7 rebotes, 6 asistencias), bien secundado por Williams (16 puntos).