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NBA: Los Lakers siguen gafados con las lesiones

27 Nov

Si la temporada pasada de Los Angeles Lakers fue horrible, ésta aún presenta peores expectativas, con una plantilla limitada y mermada por una plaga de lesiones que hace años que dura. Kobe Bryant está demasiado solo.

Kobe Bryant anotó 44 puntos ante los Golden State Warriors, su mejor anotación de la presente temporada. Y lo hizo en 31 minutos y 22 segundos, el tiempo que estuvo en pista en los tres primeros cuartos. Su entrenador Byron Scott decidió reservar a su veterana estrella de 36 años durante los últimos 12 minutos de partido.

No es la primera vez que el escolta ve el último cuarto desde el banquillo después de una anotación estratosférica en los tres primeros. En diciembre del 2005 Phil Jackson le hizo descansar el período final, justo cuando Kobe llevaba 62 puntos en su casillero particular. Él solo había anotado más puntos que todo el equipo rival, los Dallas Mavericks.

Pero un detalle clave marca la diferencia entre esas dos noches. Incluso entre estos dos equipos de los Lakers. En el 2005 ante los Mavericks los californianos ya habían sentenciado el encuentro. El 16 de noviembre contra los Warriors el ahora segundo equipo de Los Angeles daba por perdido el enfrentamiento en su propia pista (115-136).

Kobe venía de firmar su peor partido en lo que se refiere a su acierto de cara a la canasta contraria. El escolta sólo había sido capaza de transformar uno de sus catorce lanzamientos a canasta en la derrota previa ante los Spurs (80-93), su actuación más negativa de los 1.154 partidos hasta aquel momento en que había tirado más de 10 veces. En su descargo, diremos que el veterano de 36 años jugó mermado por los efectos de un virus, y aún así contribuyó en otros aspectos del juego para acabar con 9 puntos, 4 rebotes, 6 asistencias y 2 tapones.

Colistas del Oeste

Los Lakers de la temporada 2014-15 serán probablemente uno de los que peor recuerdo dejen en la mente de sus aficionados. Un equipo que ya ha batido un registro negativo en la historia de la franquicia. Con tan sólo 1 triunfo (ante Charlotte Hornets) en sus primeros 10 partidos, ninguna otra formación anterior en la historia del conjunto de Los Angeles había empezado tan mal una temporada.

Tras este mal inicio, el retorno del hasta entonces lesionado Nick Young pareció que iba a romper la mala racha. Los californianos fueron capaces de encadenar 2 triunfos consecutivos (Atlanta Hawks, Houston Rockets). Pero fue un espejismo y las derrotas volvieron. Nunca hasta ahora sus aficionados habían visto un sólo triunfo en sus 8 primeros partidos en casa, ni en los tiempos en que jugaban en Minnesota.

El equipo lleva un registro de 3 victorias y 12 derrotas tras perder ante los Grizzlies (93-99), siendo el peor del Oeste por detrás de unos Oklahoma City Thunder (4-12) que despegarán cuando recuperen a sus estrellas lesionadas, Kevin Durant y Russell Westbrook, y unos Minnesota Timberwolves en fase de reconstrucción (casi eterna) que no aspiran a nada (3-10).

El margen de mejora de los Lakers es más limitado que el de los Thunder, porque los californianos ya tienen en pista todo su escaso arsenal. No les quedan balas extras en la recámara. Los jugadores que dirigen Byron Scott muestran una capacidad anotadora más o menos correcta (101,4 puntos por partido), pero naufragan en defensa siendo el conjunto que encaja más puntos de la NBA (110,8 por encuentro).

Esta grave crisis no ha surgido de la nada, sino que se ha venido gestando desde hace años. Desde que Jerry Buss fue cediendo responsabilidades a su hijo Jim en la gestión deportiva de los Lakers. Parte de los problemas del equipo nace de las malas decisiones del gestor, de las que ya hemos hablado en alguna ocasión. Pero otra parte es debida a la mala suerte en forma de lesiones.

Las continuas lesiones de los Lakers

En el draft del 2005 Jim Buss impuso su criterio para elegir a Andrew Bynum, un pívot con tanta calidad como inmadurez. Con lo que nadie contaba era con la fragilidad de sus rodillas. Ambos factores han precipitado que el que fuera considerado un candidato a estrella de la NBA se encuentre ahora sin equipo con tan sólo 27 años.

La importancia de este hecho quedó minimizada por los éxitos del equipo con Phil Jackson como entrenador, Kobe Bryant de estrella y la llegada de Pau Gasol. Los Lakers sumaron los dos últimos anillos de su historia (por ahora): 2009 y 2010. Hasta que el Maestro Zen dejó el banquillo de los Lakers el verano del 2011.

Mike Brown fue el hombre elegido para enterrar el triángulo ofensivo en los Lakers. Y ciertamente lo enterró. El problema es que metió en la misma fosa el buen juego y las aspiraciones de éxito. Fue cesado tras poco más de un año en el cargo y después de perder 4 de los 5 primeros partidos de la temporada 2012-13. Con los aficionados reclamando el retorno de Jackson y el veterano entrenador postulándose para volver, el elegido fue Mike D’Antoni.

El siguiente proyecto del “joven” Bush fue la segunda entrega de los Cuatro Fantásticos con Bryant, Pau Gasol, Dwight Howard y Steve Nash. La primera (Shaquille O’Neal, Kobe Bryant, Karl Malone y Gary Payton) había llegado a las Finales de la NBA antes de descomponerse de mala manera. Pero en este caso el refrán acertó: segundas partes no son buenas. El equipo volvió a descomponerse de mala manera por las tensiones entre Howard y Kobe, y no pasó de la primera ronda de playoffs.

Aquella temporada, la 2012-13, estuvo plagada de lesiones. Dwight Howard jugó todo el año con dolores o en su espalda o en su hombro izquierdo, Steve Nash se perdió 32 partidos, Pau Gasol 33. Para acabarlo de arreglar Bryant se rompió el tendón de Aquiles en el tramo final de la Liga Regular, en su titánico esfuerzo casi en solitario para meter a los Lakers en la lucha por el anillo.

La temporada pasada se convirtió en un funeral el 17 de diciembre. Tras perderse los primeros 19 partidos de la liga regular acabando de recuperarse de la lesión de la temporada anterior, Kobe Bryant reapareció el 8 de diciembre. Pero en su sexto encuentro se volvió a romper. Una fractura en la rodilla le impidió volver a jugar en todo el curso. La plaga de lesiones del año anterior volvió a repetirse, con Steve Nash casi inédito y los fichajes secundarios de la temporada cayendo uno tras otro. Pau Gasol , que se mantuvo relativamente sano, se dedicó a hacer buenas estadísticas en su último año de contrato. El equipo no entró en playoffs por sexta vez en su historia.

La temporada 2014-15 no pinta mucho mejor que las dos anteriores. Steve Nash, decidido a cumplir su último año de contrato antes de retirarse, se resintió durante la pretemporada de sus problemas de espalda transportando unas bolsas de viaje y optó por colgar las botas antes de lo previsto. La cara ilusionante del equipo, el ala pívot rookie Julius Randle (número 6 del draft), se fracturó la tibia en el primer partido de la temporada y será baja para todo el campeonato.

Y ahora Xavier Henry, ya recuperado de su lesión de rodilla del curso pasado, ha pasado por el quirófano tras romperse el tendón de Aquiles. Otra baja de larga duración para unos Lakers que tampoco podrán contar con Ryan Kelly hasta finales de diciembre por una lesión muscular y que tienen a Carlos Boozer entre algodones.

Kobe coge las riendas

Ante esta situación, Kobe Bryant ha asumido el papel de salvador. Tal vez su orgullo y las limitaciones de la plantilla le impidan hacer otra cosa. Pero lo cierto es que la superestrella ya no está en su mejor momento. Y asumir tanta responsabilidad no hace más que dejarle en evidencia.

Bryant anota 26,4 puntos de media lanzando a canasta casi 24 veces por partido, más del doble de lo que lo hacen Carlos Boozer (11,8), Jordan Hill (11,2) y Nick Young (11). El escolta asume el 28% de los lanzamientos a canasta de un equipo que tiene 14 jugadores en plantilla. El problema es que su porcentaje en lanzamientos de campo es del 37,9%, con un 28,6% en particular desde la línea de 3 puntos.

Hasta ahora su peor temporada en acierto de cara a canasta había sido su año de rookie (1996-97) con un porcentaje del 41,7%. Respecto a los triples, no es su peor año pero casi. La temporada 1998-99 firmó un 26,7%, la 2001-02 un 25% y la 2013-14 un 18,8%. Claro que esta última no debería contar. Tras una larga lesión, Kobe sólo jugó 6 partidos antes de volver a romperse. Prácticamente cuando se le empezaba a calentar la muñeca.

Por cierto, la lesión que arrastraba el jugador franquicia de los Lakers al inicio de esa temporada, una rotura del tendón de Aquiles, se produjo cuando Bryant asumió todo el protagonismo empeñado en meter a toda costa al equipo. Este año está haciendo lo mismo, aunque su reto también podría ser superar a Michael Jordan como tercer máximo anotador en la historia de la NBA. Sólo está a 196 puntos de su objetivo. Por su bien y el del baloncesto, esperemos que esta vez se lo tome con más calma. No se merece una retirada por la puerta de atrás como Steve Nash.

Artículo publicado en http://www.encancha.com, noviembre 2014

Los Angeles Lakers: las causas de un batacazo épico

24 Abr

Este último curso baloncestístico será recordado durante mucho tiempo en Los Angeles (aunque sus protagonistas directos preferirían olvidarlo). Intentaré acercaros a las causas de un fracaso difícil de superar en este artículo tan largo como la lista de despropósitos de los Lakers.

La temporada 2013-14 de Los Angeles Lakers sólo puede calificarse como desastrosa. El equipo ha marcado el peor balance de victorias y derrotas en la liga regular de la historia de la franquicia desde que esta parte de la temporada consta de 82 partidos. Sus 27 victorias por 55 derrotas les dejan con un porcentaje de triunfos del 32,9%, el segundo peor de sus 66 años de historia superado sólo por el 26,4% (19-53) de la temporada 1957-58 cuando los Lakers aún jugaban en Minneapolis.

Para saber cómo ha llegado el equipo a esta situación tenemos que remontarnos al final de la temporada 2012-13. La segunda versión de los Fantastic Four acabó en decepción. Los problemas físicos de unos y otros impidieron a Kobe Bryant, Pau Gasol, Steve Nash y Dwight Howard coincidir demasiados partidos en pista. La falta de química entre Bryant y Howard fue una rémora para el grupo.

La llegada de Mike D’Antoni al banquillo para relevar tras tan sólo 5 partidos a Mike Brown no solucionó nada. Kobe Bryant, con 34 años, elevó su juego hasta niveles inauditos en su larga carrera para meter al equipo en play offs. Y lo pagó rompiéndose el tendón de Aquiles al final de la liga regular. Tras la estampida de Howard que certificó el fracaso de un proyecto a corto plazo, los Lakers tenían que decidir hacía donde iba su futuro.

Los contratos de Kobe Bryant y Pau Gasol expiraban el 1 de julio del 2014. El de Steve Nash caduca un año más tarde, pero en el verano del 2013 no estaba claro si los problemas físicos del base le iban a permitir llegar en activo hasta esa fecha. Así que se decidió hacer una reconstrucción para la temporada 2014-15, intentando aprovechar las posibilidades de un draft a priori tan talentoso como el del 2014. La temporada 2013-14 se planteaba por lo tanto como un paréntesis en que simplemente se debía cumplir el expediente sin caer en el ridículo (objetivo no superado). Y bajo esta premisa se fichó.

Unos fichajes baratos

Con Bryant y Gasol absorbiendo casi 50 millones de dólares del presupuesto para nóminas, se aligeró gastos amnistiando a Metta World Peace. Las grandes apuestas de la temporada 2013-14 fueron Chris Kaman (con un sueldo de 3,2 millones) y Nick Young (cobrando poco más de 1 millón). Kaman, un pívot veterano descontento con los minutos de que disponía en los Mavericks, fue fichado para apuntalar el juego interior mientras Gasol estuviera en el banquillo. Y Young, un escolta cuya carrera había discurrido mayoritariamente en equipos secundarios, fue contratado para liderar la anotación de la segunda unidad de los Lakers.

El resto de incorporaciones de pretemporada de la franquicia aún fueron menos ilusionantes para sus aficionados. Se recuperó a Jordan Farmar tras dos temporadas en los Nets (aún de Nueva Jersey) y otra en el Anadolu Efes turco. Y se apostó por tres jugadores que habían dado muestras de talento en la NCAA, pero que no habían explotado en la NBA: Xavier Henry, Wesley Johnson y Shawne Williams. Ninguno de los cuatro superaba el sueldo de Young. Los dos rookies de la temporada fueron Ryan Kelly y Elias Harris. Williams y Harris han sido cortados antes del final de la liga regular (Williams fue repescado temporalmente a causa de las lesiones). Y a excepción de Nick Young, que tiene la opción de prolongar su contrato, todos firmaron por una temporada.

Con este roster inicial quedaba claro que el peso del equipo lo debían llevar las estrellas supervivientes de la temporada anterior, y los recién llegados asumirían un rol muy complementario a excepción tal vez de Young. Su misión era acompañar al trío compuesto por Nash, Kobe y Pau, que eran los que marcarían las posibilidades reales del equipo. La corta duración de los contratos de la mayoría de jugadores, en lugar de subir la competitividad en pista del bloque, ha acentuado su descomposición en el tramo final de la liga regular (como veremos más adelante) ante la ausencia de las tres figuras.

La plaga de lesiones

El esquema inicial de Los Lakers se desmoronó al tiempo que lo hacía la salud de sus piezas básicas. Kobe Bryant, tras pasar por el quirófano a mediados de abril, reaparecía el 8 de diciembre ante los Raptors. El equipo no estaba entre los ocho mejores del Oeste, pero tenía a tiro los playoffs. Nueve días después, el 17 de diciembre, la estrella de la franquicia se fracturó la rodilla izquierda ante los Grizzlies en su sexto partido. Tras meses de especulaciones sobre un posible retorno a las canchas esta misma temporada, en marzo los Lakers confirmaban que Bryant no volvería a jugar hasta después del verano.

Steve Nash se había fracturado el peroné en noviembre del 2012. La lesión no curó bien dejándole un nervio pinzado, y tras jugar los 5 primeros partidos de esta temporada se resintió con dolores en el pie y la espalda. Hasta el 4 de febrero no volvió a saltar a la pista, y sólo pudo aguantar 4 enfrentamientos antes de volver a la enfermería. No jugó de nuevo hasta el 21 de marzo, para dar por concluida su temporada el 8 de abril. En total, 15 partidos disputados. Con 40 años, ha anunciado que piensa cumplir el año que le queda (no quiere renunciar a sus 9,7 millones de dólares y está en su perfecto derecho, no obligó a nadie a firmarle el contrato).

Pau Gasol ha sido el miembro del trío básico con más salud, aunque eso no quiere decir que se haya librado de lesiones de toda índole. Empezó la competición con problemas respiratorios, luego tuvo molestias en un tobillo y una muñeca, en febrero se lastimó un abductor para acabar con el vértigo que se le originó el 23 de marzo y que le impidió disputar 12 de los últimos 13 partidos de la liga regular. El catalán ha disputado 60 partidos esta temporada (no es una mala cifra), pero habría que preguntarse en que condiciones ha saltado a la pista en alguno de ellos.

Las lesiones de los jugadores principales han venido acompañadas de las del resto de compañeros. Durante una fase de la competición los Lakers se quedaron sin un base puro porque además de Nash, Steve Blake y Jordan Farmar también estaban fuera de combate. Xavier Henry ha acabado con problemas en la muñeca y la rodilla derechas que le obligaran a pasar por el quirófano este verano. Y todas ellas sumadas a los percances habituales para los profesionales de este deporte. Ningún miembro de la plantilla ha disputado los 82 partidos de la Liga regular. Wesley Johnson se ha acercado mucho (79), seguido por Jodie Meeks (77) y Jordan Hill (72). Son los tres únicos que han participado en al menos 70 encuentros.

El colmo del esperpento llegó el 6 de febrero, en un triunfo ante los Cavaliers (108-119) que rompía una racha de 7 derrotas. Los Lakers se presentaron al encuentro con tan sólo 8 jugadores disponibles, pero durante el enfrentamiento perdieron a Nick Young (pequeña fractura de la rótula izquierda) y Jordan Farmar. Al inicio del último cuarto, Chris Kaman fue eliminado por personales. Y a 3:30 del final, Robert Sacre cometía su sexta falta. Los Lakers no se quedaron con 4 jugadores en pista porque la NBA tiene una regla que permite al infractor seguir en el juego, pero castiga a su equipo con una técnica por cada personal posterior a la quinta que se le señale (acumulable con los lanzamientos de tiros libres de la falta).

 

El entrenador

Mike D’Antoni se ha llevado la peor parte de las críticas a los Lakers por su nefasta temporada. Debemos reconocer que tiene gran parte de la culpa, aunque no toda. En todo caso, su continuidad para la próxima campaña está justificadamente en el aire (algunos rumores lo situan en el baloncesto universitario de los USA). D’Antoni es un entrenador que casualmente dio con la pócima mágica del buen baloncesto en los Phoenix Suns la temporada 2004-05, pero que ha sido incapaz de repetir la receta en los Knicks y ahora en California.

Si el italo-americano puede aducir las lesiones y la personalidad de las estrellas a sus órdenes como excusa para su fracaso en el  desarrollo de su modelo ofensivo basado en la cooperación en la pista y la circulación de balón, sólo la primera de estas razones le puede servir para ayudar a justificar el colapso defensivo de los Lakers. Con 109,2 puntos encajados de media sus hombres han sido los segundos peores defensores de la Liga, por delante únicamente de un equipo diseñado a conciencia para perder, los Sixers (109,9).

En diciembre, durante una racha de 6 derrotas, sus rivales llegaron a la centena de puntos en cinco ocasiones. Tras dos partidos de respiro el equipo volvió a las andadas a principios de año permitiendo a sus contrincantes anotarles 100 puntos o más en 16 partidos consecutivos de los que sólo ganaron 2. Esta fue su racha más larga, pero no la única (hay una de 11 y otra de 9 posteriores). Hasta llegar a unos meses de marzo y abril encajando cifras desmesuradas (el tope son los 145 de los Rockets el 8 de abril).

 

Los de D’Antoni pasaban de defender para dedicarse a atacar (promedio de 103 puntos), con lo que por lo menos los partidos eran entretenidos. La mayoría de sus jugadores (11 de 15) no tienen contrato garantizado para la siguiente temporada, y el equipo se deshizo ante la necesidad de sus jugadores de exhibirse. Como declaró Kent Bazemore, “cada vez que saltas a la pista es un casting. Probablemente haya muchos equipos mirándote”. La principal víctima de esta situación fue la defensa.

Pero el fallo capital del aún entrenador de Los Lakers ha sido no saber reconducir sus malas relaciones con Pau Gasol de la temporada 2012-13. Tal como ocurrió entonces, los reproches no se han quedado en la discreción del vestuario y han saltado a las pantallas de televisión y a las páginas de los diarios. Un error imperdonable teniendo en cuenta que el de Sant Boi era la única estrella que le quedaba más o menos sana a D’Antoni. Quizás el entrenador era consciente del interés del equipo en traspasar al ala pívot y se dedicó a tensar la cuerda, pero eso no ayudó a motivar a aquel que debía tirar del carro.

Pau Gasol se quejaba de que los sistemas ofensivos de su técnico le alejaban demasiado del aro y no le dejaban explotar sus cualidades. D’Antoni, por su parte, acusaba al catalán de no jugar duro. Gasol, en su último año de contrato, dejaba entrever que si los Lakers querían retenerle debían cambiar de entrenador. La llegada de Kent Bazemore y Marshon Brooks en la segunda mitad de la liga regular provocó el último episodio público de sus divergencias por las críticas de Pau respecto al excesivo protagonismo y minutos que D’Antoni otorgaba en su opinión a los dos recién llegados. El ala pívot creía que daba una imagen de falta de disciplina.

La gerencia

Jerry Buss convirtió a Los Lakers en una máquina de hacer dinero. Tras su muerte el 18 de febrero del 2013, se ha convertido en el campo de batalla de dos de sus herederos, sus hijos Jim y Jeannie (por cierto, la pareja de Phil Jackson). Jim ha asumido la gestión deportiva, hasta el momento sin grandes resultados. La temporada pasada, con el público del Staples Center reclamando el retorno de Phil Jackson, y con el técnico dejándose querer, fichó a Mike D’Antoni. La relación con su cuñado no es nada buena.

Sus fichajes de principio de temporada forman parte del plan de reconstrucción que tiene en mente, y que ejecutará el director general Mitch Kupchak. Por el momento, sólo 3 (Kobe, Nash y Robert Sacre) de los 15 jugadores de la plantilla tienen contrato en vigor para la próxima temporada, además de Nick Young que tiene una opción firmada de decidir si se queda o se va. Sabiendo que eran incorporaciones de corta duración, no se ha gastado mucho dinero en construir un equipo sin margen para superar los contratiempos de la competición. Y cuando éstos han  llegado, no ha sabido (o no ha querido) reforzar de forma adecuada la plantilla.

Un año más, Pau Gasol ha estado en el mercado. Y un año más ha acabado la competición en Los Angeles. Es muy difícil traspasar a un jugador con un sueldo de 19,3 millones de dólares, pero la franquicia estuvo a punto de conseguirlo. Y además, en una buena operación desde el punto de vista económico con los Cavaliers (traspaso por Bynum, que podía ser cortado a “bajo coste” aligerando el apartado salarial). El problema es que cerrar el traspaso de tu mejor jugador en activo implicaba reconocer abiertamente que los Lakers hacían tanking. La gerencia intentó nadar y guardar la ropa al pretender incluir a Dion Waiters en el intercambio, lo que dio al traste con el trueque.

En lugar de la operación anterior, la gerencia envió a Steve Blake a los Warriors a cambio de Kent Bazemore (otro que debe pasar por el quirófano este verano) y Marshon Brooks. Mientras que el segundo ha aceptado un rol totalmente secundario, Bazemore asumió muchas responsabilidades ofensivas dando pie a un episodio más de la guerra entre Gasol y D’Antoni. La otra incorporación permanente ya empezada la temporada ha sido la de Kendall Marshall. El base, por los menos, ha recuperado algunos guarismos en asistencias que no se veían en Los Angeles desde la época de Magic Johnson.

 

¿Y ahora qué?

La renovación de Kobe Bryant es el primer movimiento de futuro del equipo. Seguramente el precio sea excesivo (48,5 millones de dólares por las dos próximas temporadas para un jugador que tendrá 36 años cuando vuelva a disputar un partido oficial), pero era un paso indispensable para la reconstrucción del bloque. Kobe es el gancho para atraer estrellas a Los Angeles (tal como hizo Wade en Miami con Lebron y Bosh).

 Las figuras son egoístas y quieren ganar anillos, no pasarse unos años en blanco en un proyecto de futuro incierto. Bryant es su garantía de que vale la pena ir a Los Lakers. Además, su edad le configura como un jugador próximo a dar el relevo. El primero que llegue puede ser el siguiente referente del equipo con más glamour de la NBA. Otro aliciente es los californianos tendrán una buena elección en primera ronda del draft por su mala clasificación de este año, lo que asegura la llegada de talento “barato”.

Los Lakers se han preparado a conciencia para este verano, y tendrán mucha masa salarial libre para fichar. Por dinero no será, a pesar de ser candidatos a pagar el recargo del impuesto de lujo para equipos reincidentes (aquellos que han superado el tope salarial en cuatro de las últimas 5 temporadas). El primer nombre de su lista parecía ser Carmelo Anthony, viendo como sus esfuerzos en los Knicks son en balde. La llegada de Phil Jackson a la presidencia del equipo de Nueva York puede evitar la salida del jugador (una nueva afrenta entre cuñados).

La siguiente decisión en importancia es qué hacer con Pau Gasol y Mike D’Antoni. Conservar a los dos es imposible, así que Jim Buss tiene que decidir con cual de los dos se queda, si es que se queda con alguno. Kobe ha apoyado públicamente a Pau, pero la renovación de su contrato ha dejado muy poco margen económico a su amigo. Si hay oferta de los Lakers, la rebaja de sueldo será sustancial. Aunque tampoco se espera que las proposiciones que reciba de otras franquicias vayan a estar a la altura de su contrato aún vigente. El factor determinante del tema puede ser el jugador que llegue en la primera ronda del draft.

En todo caso, el horizonte está claro. Jim Buss ha prometido que si en tres o cuatro años el equipo no retoma el camino del éxito dejará las decisiones deportivas en manos de otro: “No sé si te puedes despedir a ti mismo si eres propietario del equipo…pero lo que quiero decir es que me iré”. Retomar el camino del éxito implica luchar por títulos. Por tanto, estamos hablando de plantarse de nuevo como mínimo en la final de la Conferencia Oeste. Su marcha en caso de fracaso no es garantía de nada. Si tiene el mismo criterio eligiendo ejecutivos para reemplazarle que entrenadores, la reconstrucción puede durar muchos años.

 

Publicado en http://www.encancha.com, abril 2014

El fiasco de los Lakers

1 May

Y finalmente se produjo lo inevitable, aunque no por ello menos previsible. Los Surs eliminaron a los Lakers en la primera ronda de los playoffs. Y por 4 victorias a 0. Tal vez los aficionados hubiesen esperado alguna victoria de los de Los Angeles, pero las circunstancias no han ayudado. Ahora ya podemos hacer balance de su temporada.

El históricamente primer equipo de la ciudad de Los Angeles había configurado para esta temporada 2012-13 un proyecto ilusionante, basada en un cuarteto de impacto: Kobe Bryant, Pau Gasol, Steve Nash y Dwight Howard. Los dos primeros ya estaban en el equipo, mientras que Howard venía a ser el fichaje estrella. Para consolidar el juego de bloqueo y continuación, se fichó a Nash, el mejor base posible disponible (y de paso se reforzaba una de las posiciones débiles del equipo).

El entrenador Mike Brown, tras una temporada en el equipo, no había conseguido un buen juego ofensivo más allá del kobesistema. Así que se fichó como ayudante a Eddie Jordan, un especialista en sistemas  tipo Princeton. Y todos nos pusimos a buscar cómo se jugaba a eso. La teoría dice que es un ataque basado en la movilidad constante de los jugadores, que van ocupando los espacios que sus compañeros liberan, y con continuos cortes hacia canasta. Eso dirá la teoría, porque en la práctica no lo vimos.

Tras 8 derrotas en pretemporada y 4 más en los 5 primeros partidos de la liga regular, Mike Brown se quedó sin trabajo. Phil Jackson se postuló para el cargo. Los aficionados locales le aclamaron. Pero su cuñado Jim Buss, gestor del equipo y uno de los motivos de la marcha del Maestro Zen el 2011, fichó a Mike D’Antoni en su lugar. Nueva orientación hacia un baloncesto sencillo, sin complicaciones: correr, pasar y tirar. Y además, los Lakers tenían a Nash, quien ya había brillado en Phoenix con los sistemas de D’Antoni. Carpetazo a Princeton.

Lástima que Nash se hizo viejo de golpe. Y lo de correr se convirtió en algo del pasado. Y por si fuera poco, las lesiones que le habían respetado a lo largo de su carrera se presentaron todas de golpe. El base se ha perdido 32 de los 82 partidos de la Liga Regular, y sólo ha estado disponible en los dos primeros partidos de playoffs. Ahora es cuando en los Lakers recuerdan que ya tiene 39 años, y que alguien le firmó un contrato de 3 temporadas. Su falta de ritmo y adaptación ha provocado que durante una fase de la temporada Kobe fuera el encargado de asistir a sus compañeros, pasando el base a hacer de tirador.

Un calvario de lesiones

Los Lakers han tenido muchas más lesiones de las habituales, especialmente sus interiores. Howard sólo se perdió 4 partidos de liga regular, pero muchos los ha disputado con dolor en su espalda y/o en su hombro derecho. Las rodillas y los pies de Pau Gasol le dejaron fuera de la pista en 33 citas de la liga regular. Y Jordan Hill sólo jugó 29 de esa parte de la temporada, aunque volvió a tiempo para participar de la eliminación ante los Spurs. Respecto a los bases, Steve Blake no empezó la liga por una estúpida lesión en un pie mientras salía de un parking. Mala señal. Al final de la primera parte de la temporada se había perdido 37 partidos.

Y llegamos a un fatídico final de temporada. Metta World Peace (o EJACCRA, El Jugador Antes Conocido Como Ron Artest) se lesionó una rodilla a finales de marzo, lo que le obligó a operarse. Cuando todos los descartaban para lo que quedaba de competición, el alero volvió a jugar 12 días después de la operación. Y en playoffs pagó la factura por estas prisas (jugó los dos primeros partidos, pero sólo aguantó 17 minutos del tercero).

Los Lakers estaban en un sprint final contra Utah Jazz y Dallas Mavericks por entrar en playoffs. Kobe Bryant se lo tomó como algo personal, elevando su rendimiento a un nivel excepcional. Tanto se exprimió por meter al equipo en la lucha por el título que en los últimos partidos de la liga regular se rompió el tendón de Aquiles. También pasó por el quirófano, pero él no volvió a tiempo para luchar por el campeonato. Era materialmente imposible.

A la lista de bajas en playoffs hay que sumar a estos dos nombres y al del ya citado Nash los del reincidente Steve Blake y el escolta Jodie Meeks. Mientras la tendencia de los Spurs era ir recuperando jugadores que poco a poco entraban en la dinámica del equipo, los Lakers perdían efectivos noche tras noche. Las cuatro estrellas del equipo sólo han coincidido en 7 de los 86 partidos oficiales disputados esta temporada por el equipo. Por cierto, los perdieron todos.

Pero las lesiones no han sido el único escollo en la azarosa travesia de los Lakers. La tripulación del barco tampoco estaba demasiado unida, con dos parejas de baile como principales centros de atención. Por un lado, Kobe Bryant, y Dwight Howard, pasado y presente contra el hipotético futuro. Y por otro lado, Pau Gasol y el entrenador D’Antoni.

Y ahora, una vez se ha acabado la temporada de los angelinos, ya podemos calificar el presente curso como un fracaso en toda regla. Se eliminó el ridículo y el bochorno con la clasificación para la lucha por el título, pero no se pudo maquillar más el desastre. La primera versión de los Cuatro Fantásticos, la de Shaquille O’Neal, Kobe Bryant, Karl Malone y Gary Payton, llegó a las Finales del 2004, cayendo ante los Detroit Pistons. Anque acabaron como el rosario de la aurora. O’Neal y Payton se fueron a los Heat. Malone se retiró tras una lesión y una disputa pública con Bryant que le acusó de coquetear con su esposa.

La continuidad de Howard

Ahora es momento de ponerse a trabajar para salir del pozo. La primera decisión atañe a Dwight Howard. El pívot queda libre de contrato el 1 de julio. La franquicia debe decidir si le presenta una oferta de renovación (como parecía ser la idea inicial cuando se le incorporó al equipo) o si, visto como han ido las cosas, se le deja marchar. Caso de presentarle la oferta, está en la mano de Howard aceptarla o no.

 Los Lakers, según marca el convenio, son el equipo que puede ofrecerle más dinero, unos 120 millones de dólares por 5 temporadas.  Aunque habría que restarle el impuesto del 10% del estado de California para ingresos millonarios. El resto de franquicias pueden poner encima de la mesa casi 90 millones en 4 temporadas.. Por otra parte, no está claro si al pívot le interesa seguir en un esquema de juego que no le ha favorecido, una vez reconducida su relación con Kobe Bryant. Tal vez cesar a D’Antoni ayudaría a que se quedara.

Por si fuera poco, a final de la próxima temporada sólo habrá un contrato en vigor, el de Steve Nash. Si Howard se queda, estaría ligado a un equipo que debe afrontar una reconstrucción. Y que sacrificó dos primeras rondas de draft a cambio del base canadiense. ¿Está el pívot dispuesto a hipotecarse en este reto, y a liderar un equipo en formación que difícilmente aspirará a ganar anillos en un corto plazo?

El tema Howard puede marcar el futuro de Pau Gasol. Los Lakers se enfrentan la próxima temporada a un impuesto por sobrepasar el tope salarial nunca visto hasta ahora (si mantienen la actual plantilla, 85 millones de dólares). La salida del pívot de Sant Boi, via traspaso o amnistia (se rescinde el contrato del jugador pagándole los 19 millones de sueldo de la temporada que le queda, pero esta cantidad no cuenta para establecer el tope salarial) aligeraría bastante esta cifra. Más la aligeraría librarse de Kobe Bryant, pero el escolta parece el único intocable junto con Jim Buss, un desastre como ejecutivo pero uno de los dueños del equipo.

Preparémonos pues para un verano movido en Los Angeles. Y quien sabe si para otra temporada difícil de olvidar. Para lo bueno o para lo malo. Con o sin Pau.

 

publicado en http://www.encancha.com, abril 2013

Llega la hora de la verdad en los Lakers

20 Dic

El desarrollo de esta temporada de Los Angeles Lakers tiene tintes de drama y comedia a partes iguales. Empezó siendo un sainete con el cambio de entrenador (Brown por D’Antoni). Pero como la cosa parece que se alarga, hemos saltado del sainete, pieza teatral de carácter jocoso de un solo acto, a un culebrón. Y ojo, que los seriales pueden durar varias temporadas.

La situación del equipo californiano se explica por una convulsión interna que debe ser contemplada en su totalidad para abarcar su verdadera dimensión. Una triple crisis de dirección, banquillo y jugadores, que se retroalimentan unas a otras. La crisis perfecta.

Por una parte, tenemos un cambio en la dirección del equipo. Jerry Buss compró Los Angeles Lakers en 1979, construyendo un bloque campeón en la década siguiente. Ahora, cerca de los 80 años, ha delegado el día a día del equipo en su hijo Jim Buss. Suya fue la decisión de fichar a Mike Brown como entrenador tras la marcha de Phil Jackson. Y suya la de reemplazarlo por D’Antoni cuando los aficionados querian el retorno del Maestro Zen. Jackson es la pareja sentimental de Jeanie Buss, hija del propietario del equipo.  Por tanto, el y Jim Buss vendrían a ser en la práctica cuñados.

Las relaciones entre Jim Buss y Phil Jackson no son nada buenas. Hasta el punto de ser una de las claves para que el sustituto elegido de Mike Brown fuera D’Antoni. La mala relación entre los “cuñados” ha llevado a Jim Buss a hacer una limpieza en el personal del equipo. Todos los sospechosos de simpatizar con el técnico han perdido su trabajo en los Lakers. Un proceso que empezó cuando el heredero (ojo, Jeanie también lo es) tomó las riendas de la franquicia el año 2010, y en el que se hizo servir el lockout para justificar algunos despidos. A todo esto, D’Antoni tiene uno de los peores récords de victorias-derrotas de un entrenador de los Lakers.

Y en medio de estas convulsiones, los jugadores. Con un cambio de liderazgo en ciernes. Kobe Bryant ya es todo un veterano. Dwight Howard no es solamente el nuevo pívot titular, sino su sucesor, a partir de la próxima temporada (o la otra, que hablamos de Kobe). Un Howard, por cierto, que sólo tiene contrato para esta temporada y aún no ha renovado (aunque en los Lakers den por hecho que lo hará).

Bryant está fustrado por la marcha del equipo. Y harto de que le señalen como un egoísta que se dedica solo a anotar mientras el equipo suma derrota tras derrota. Tal vez  si él hace tantos puntos es porque los demás no son capaces de asumir esta carga. Y mientras tanto, Andrew Bynum, un excompañero traspasado a los Sixers, le acusa de frenar su progresión acaparando demasiado la pelota. Pero el escolta es intocable en los Lakers, y nadie de dentro del equipo le acusará de nada.

Los rivales de los Lakers han rescatado el Hack-a-Shaq, y se dedican a hacer faltas a Dwight Howard, sabiendo que su porcentaje de tiros libres es pésimo. Por cierto, los tiros libres dependen, además de la habilidad innata, de la forma física y de la mecanización de una secuencia de movimientos. Y ambas cosas se entrenan. Pero claro, mejor no decirle nada al pívot, no sea que se enfade y decida no renovar.

Con Nash que prácticamente no ha jugado por lesión, sólo nos queda Pau Gasol, desplazado por D’Antoni de su lugar habitual de juego en estos últimos años, la pintura, y reconvertido en tirador exterior, cosa que no ha sido nunca. Y señalado como el responsable de los males del equipo. El catalán se ha convertido en el centro de una discusión mediática en la que han sobrado titulares y faltado coherencia.

Primero Kobe Bryant le espetó a Gasol que dejara de llorar y se pusiera las pilas, para días después decir que el alapivot es clave en el equipo y no se puede prescindir de su juego. Magic Johnson, patrimonio de Los Lakers, primero pedía su traspaso a Atlanta a cambio de Josh Smith para luego reivindicar su figura y reclamar a D’Antoni que le vuelva a hacer jugar en la pintura. La tendinitis en ambas rodillas del ala pívot, además de mantenerle fuera de las pistas, le ha permitido alejarse de los focos del debate. Y es que el equipo se ha mostrado igual de discreto sin su participación que con ella. Igual resulta que no todo era culpa suya.

Y llegamos al punto de no retorno, al momento en que la situación se hará irreversible, para lo bueno o para lo malo. La solución o el fiasco. Y ese punto coincidirá con un retorno, que se presume imminente, a no ser que surjan nuevas complicaciones médicas. El de Steve Nash a las pistas. D’Antoni aún puede decir que su proyecto está cojo sin el base, que es el que debe trasladar su concepto de juego a la pista. Un vez vuelva, el entrenador no tendrá más excusas. Y si el equipo no gana toda la tensión acumulada estallará. Con las tres crisis entrelazadas entre si, resulta imposible predecir la magnitud del estallido.

 

pubicado en http://www.encancha.com, diciembre 2012