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Joel Embiid, ¿tras los pasos de Greg Oden en la NBA?

22 Jun

El draft de la NBA del 2014 ha añadido un  elemento  que hasta ahora le faltaba. Anda sobrado de talento, como vengo repitiendo desde noviembre. Tiene emoción, por la incertidumbre de un número 1 competido. Y ahora, además, tiene drama. El que se cierne sobre el futuro de la carrera de un joven jugador.

En noviembre todo hacía suponer que este iba a ser el draft de Andrew Wiggins. Este joven alero canadiense, hijo de un exjugador de la NBA, llegaba a la NCAA siendo uno de los deportistas más populares de los EUA, la promesa que todo el mundo quería ver. Demasiadas expectativas, demasiados minutos de fama para un chaval recién salido del instituto. En resumen, demasiado “hype”.

Era una misión casi imposible responder a tanta fama con una actuación al alcance de todo lo que cientos de páginas de prensa y internet habían dicho de él. Y Wiggins no ha cumplido. ¿Es por ello un mal jugador? Todo lo contrario. Simplemente, aún no ha llegado al límite del potencial que se le prevé. Una temporada en el baloncesto universitario en los Jayhawks de Kansas no ha sido suficiente para lograrlo.

Los dos principales candidatos a hacerle sombra eran otros dos freshman, el alero Jabari Parker y el ala pívot Julius Randle. Parker, también hijo de exjugador NBA, tuvo un principio de temporada arrollador, con unos promedios anotadores excepcionales para un debutante. Las limitaciones en el juego de Duke, que carecía de jugadores altos de buen nivel, obligaron a su entrenador Mike Krzyzewski a ponerlo de 4. Ha rendido, pero esa no es su posición.  Sus números fueron bajando al tiempo que caían las opciones de Duke de hacer una temporada acorde a su historia. Y el equipo cayó en su primer partido del torneo nacional ante la modesta Mercer.

Julius Randle también se mostró dominador en la parte inicial de la temporada, un coloso bajo los tableros. Su fuerza física y juego de pies hacían a este zurdo un jugador imparable cuando decidía encarar canasta. Sus números individuales fueron bajando a medida que sus compañeros exteriores subieron de nivel y se pusieron a su altura. Hasta que cayeron en la gran final de marzo ante la sorprendente Connecticut…y con Randle anulado por la defensa rival. Y para acabar de arreglarlo, en las mediciones oficiales previas al draft se quedó algo bajito para su posición. Y eso si que es grave.

Embiid explota antes de lo previsto

Y  mientras tanto en Kansas se había producido una eclosión inesperada, la del pivot camerunés de 2,13 Joel Embiid. Todos haciendo cola para ver a Wiggins, y resulta que el “bueno” era uno de los reservas de su equipo. Tras unas pocas semanas, desplazó a Tarik Black del cinco titular y le discutía al que todos apuntaban como futuro número 1 del draft el liderazgo del equipo. Técnicamente aún estaba verde, pero lo compensaba con su potencia atlética y su gran coordinación. Al jugador de los Jayhawks se le esperaba, pero no tan pronto.

Joel Embiid es otro ejemplo más de una historia bien conocida por los aficionados al baloncesto. La del joven talento africano, sobrado de centímetros, que empieza jugando al futbol. Hasta que algún cazatalentos le echa el ojo, le convence de su errónea elección de deporte y se lo lleva a estudiar a los Estados Unidos. En el caso de este pívot al que han llegado a comparar con el gran Hakeem Olajuwon, su descubridor y mentor ha sido el NBA Luc Richard Mbah a Moute.

 

Pero cuando llegó la fase clave de la temporada NCAA, la de los torneos de conferencia y luego la Locura de Marzo, Embiid desapareció. Una fractura por estrés en su espalda le obligó a perderse los partidos más importantes de la temporada. Mientras en Kansas rezaban por su recuperación y apremiaban a Wiggins a tomar los galones que en teoría le correspondían, jugaban al despiste con la fecha de un retorno del pívot…que nunca se produjo. El equipo que entrena Bill Self cayó eliminado en la segunda ronda del cuadro completo ante Stanford.

Esta pronta eliminación no supuso un lastre para las posibilidades del joven africano en el draft. Más bien al contrario. Su ausencia había pesado más que la presencia de Wiggins. Punto para él. La duda era como se recuperaría de su inoportuna lesión de espalda. Una incógnita que la agencia que le representa se encargó de despejar con una sesión preparatoria abierta a todos los ojeadores de los equipos de la NBA y los medios, y que ya os mostramos en un artículo anterior. El camino de Embiid hacia el número 1 quedaba despejado.

Los Cavaliers, el equipo que elegirá en primera posición, cumplieron el guión previsto y le invitaron para hacer un entrenamiento privado. Tras la sesión de trabajo, fuentes de la franquicia manifestaron que el jugador les había gustado pero no les había convencido por completo. Era una forma educada de empezar a negociar, tanto con los representantes del jugador como con otros conjuntos de la NBA interesados en hacer un canje. Embiid apuntaba a número 1.

Hasta que la semana previa el draft el jugador volvió a lesionarse. Otra fractura por estrés, pero en esta ocasión en su pie derecho. Una lesión que le ha obligado a pasar por el quirófano y que le mantendrá de baja entre 4 y 6 meses. Embiid no podrá realizar el entrenamiento que tenía concertado con los Milwaukee Bucks, ni estar presente este jueves en la gran noche del draft, ni jugar la liga de verano con el equipo que le seleccione. Ya veremos si llega a tiempo de empezar la temporada.

Embiid, fuera de la lucha por el número 1

Si la lesión de espalda tenía cierta importancia, el efecto de la del pie es devastador para las esperanzas del camerunés.  Baste recordar los problemas que sufrió Yao Ming en sus pies, y que le obligaron a retirarse. Espalda y pies son las dos zonas más sensibles para un pívot, las que soportan más duramente los rigores de su peso. Y a Embiid, en su corta carrera, ya le han fallado las dos.

El caso de Greg Oden está aún demasiado reciente como para olvidarlo. Teniendo en cuenta que los Cavaliers ya parecieron equivocarse eligiendo en primer lugar del último draft a Anthony Benett, es difícil que vuelvan a arriesgarse a no ser que tengan apalabrado el traspaso del pívot a otra franquicia dispuesta a jugársela.

A Greg Oden, uno de los fichajes de Miami Heat para este curso que ha acabado, ya le dediqué parte de un artículo en pretemporada . Completaré lo dicho entonces con un par de datos más. Tras tres temporadas en blanco, Oden ha participado en 23 partidos con los Heat, en los que ha estado pista 212 minutos (una media de 9,2). Tres de ellos han sido en playoffs,  con un tiempo total en pista de 7 minutos. Y ninguno de ellos fue en las Finales contra los Spurs. Queda claro que está muy lejos de ser un jugador determinante.

Y con los problemas físicos de Embiid, y la corta estatura (para un ala pívot NBA) de Randle, el camino vuelve a abrirse para Andrew Wiggins, con Parker como único rival de importancia. Aunque el canadiense no debería descuidarse. Porque hay otro talento internacional que está subiendo muchos enteros de cara a la gran noche. Se trata del base-escolta australiano  de 1,98 Dante Exum.

A pesar de venir de la lejana Oceanía, Exum tiene algunos lazos con la NBA.  Su padre, Cecil Exum,  es norteamericano y llegó a jugar en la NCAA. Y no lo hizo en un equipo cualquiera, sino en Carolina del Norte. Tuvo el honor de formar parte del mítico equipo de los Tar Heels que ganó el “March Madness” de 1982, con nombres tan ilustres en sus filas como Michael Jordan, James Worthy y Sam Perkins. Elegido en novena ronda del draft de 1984 por los Denver Nuggets, no llegó a debutar. Y emigró a Australia, donde desarrolló su carrera baloncestística. Y donde nació su hijo.

Exum no ha jugado en NCAA, sino que salta a la NBA directamente del baloncesto de formación de su país. Lo cual tal vez no sea una desventaja, tal como hemos visto por lo expuesto anteriormente en los casos de Wiggins, Parker y Randle. A nivel internacional participó en el campeonato del mundo sub-19 del 2013, en el que le hizo un traje en cuartos a España.

 

publicado en http://www.encancha.com, junio 2014

Anthony Bennett, una temporada para olvidar

14 Mar

Sobre un número 1 del draft recaen unas expectativas difíciles de cumplir. Una presión que no todos los elegidos soportan. Y cuando el juego y las cifras no acompañan, empieza a sonar la palabra maldita: fiasco. Es lo que le ha pasado a Anthony Bennett esta temporada.

Los Cavaliers han anunciado que Anthony Bennett, número 1 del último draft, estará al menos 3 semanas de baja a causa de una lesión de rodilla. Dado lo avanzado de la temporada en que nos hallamos, lo más probable es que si el equipo de Cleveland no se clasifica  para los play offs no fuercen el retorno de su promesa para preservar  su carrera.

A lo largo del presente curso ha surgido el debate acerca de si Bennett es el peor número 1 del draft de la historia. Por los números de su primera temporada en la NBA lo parece, con una media de 4,1 puntos y 2,9 rebotes en 13 minutos en pista y sin el impacto real en el juego de su equipo que se espera de una elección tan alta.

El canadiense ostenta la marca de ser la primera elección de un draft que más ha tardado en llegar a los 10 puntos en un partido. No lo consiguió hasta el 28 de enero ante los Pelicans (15), cuando ya había disputado 33 enfrentamientos (3 veces más que cualquier otro número 1). Lo más frecuente es conseguirlo la misma noche del debut como profesional.

Bennett sólo ha anotado en dobles figuras en 6 de sus 51 partidos (2 de forma consecutiva). No sumó su primer doble doble (en puntos y rebotes) hasta el 11 de febrero ante los Kings (19 puntos, 10 rebotes).  Una semana más tarde repetía el logro, por última vez, ante los Sixers  (10 puntos y 11 rebotes). En sus 7 primeros partidos en la NBA, su acierto en los lanzamientos de campo fue bajísimo (1 de 21 global).

 

Pero detrás de los fríos números hay siempre unos motivos. Antes de linchar a nadie, hay que escuchar sus argumentos. La estrella de la Universidad de Nevada Las Vegas (UNLV) se lesionó el hombro izquierdo en el tramo final de su única temporada NCAA. Una vez finalizada, pasó por el quirófano. Cuando se presentó a la pretemporada con los Cavaliers, había engordado 10 kilos (su peso habitual, sobre 2,03 de altura, son 108 kilos). Y por si fuera poco, le detectaron asma, alergia a los cambios de estación y apnea del sueño.

La otra justificación a su bajo rendimiento viene dada por la posición que ocupa. El natural de Ontario no es ni un alero ni un ala-pívot. Demasiado bajito para dominar en la pintura a los interiores, y demasiado lento para desbordar por velocidad a los aleros. Si dar el salto a profesionales ya es complicado para cualquiera, para los jugadores sin una posición bien definida la adaptación es mucho más difícil. O el equipo se amolda a su juego (lo que no ha pasado) o deben superar un proceso  más o menos largo de reubicación en la pista.

Tampoco han ayudado lo más mínimo las comparaciones que empezaron a establecerse desde el primer día con  Larry Johnson, “la abuelita”. El rocoso alero, número 1 del draft de 1991, también provenía de UNLV y, como Bennett, era un jugador entre dos mundos. Johnson supo explotar a la perfección su fuerza ante los aleros y su movilidad y tiro exterior ante los interiores. Los paralelismos entre los puntos de partida de ambos jugadores eran demasiado evidentes como para que no se tomase a uno como referencia del otro.

 

No he visto jugar a todos los números 1 de la historia. La lista de los que recuerdo haber visto vestidos de corto llega sin interrupciones hasta Mychal Thompson, elegido el 1978, y más allá podría incluir a Bill Walton (1974) y Kareem Abdul Jabbar (1969). Así que fijaré el límite en el mítico pívot de los Lakers  (y los Bucks) para esta comparativa con el último rey del draft.

De los 45 jugadores comprendidos entre Bennett y el gran Kareem , quince ganaron el premio al mejor rookie en su debut. A más de una veintena los podría calificar como estrellas sin que demasiados de mis lectores discrepasen de mi criterio. Muchos de ellos superaron los 20 puntos de media ya en su primera temporada profesional. Sólo 8 además del canadiense no llegaron a una media de 10 puntos por partido en su primer año NBA.

De entre estos ocho,  algunos pueden aducir en su descargo las lesiones que marcan (o marcaron) su trayectoria profesional. Casos como los de Greg Oden (draft de 2007, Blazers) y Pervis Ellison (draft de 1989, Kings).  Bennet podría acogerse en parte a esta excepción. Oden, además, con la peculiaridad que estaba llamado a ser un especialista defensivo, el “Bill Rusell” del siglo XXI. Los otros seis “rookies malditos” son Andrew Bogut (2005, Bucks), Kwame Brown (2001, Wizards), Michael Olowakandi (1998, Clippers), Kent Benson (1977, Bucks), Doug Collins (1973, 76ers) y Larue Martin (1972, Blazers).

 

El australiano Andrew Bogut ha subido sus promedios en sus siguientes campañas como profesional, consolidándose como un pívot polivalente y un buen jugador de equipo, aunque propenso a lesionarse. No ha llegado al status de estrella, pero es una pieza muy importante en los Warriors. Nadie puede discutir su gran clase técnica y su capacidad de aportar en múltiples facetas del juego.

El número 1 de Kwame Brown no tiene justificación, se mire como se mire. Michael Jordan, entonces ejecutivo de los Washington Wizards, se encaprichó de este jugador de high school, y lo eligió por delante de Tyson Chandler, Pau Gasol, Eddy Curry, Joe Johnson, Zach Randolph o Tony Parker. En sus 13 temporadas en la NBA y tras pasar por 7 equipos (Wizards, Lakers, Grizzlies, Pistons, Bobcats, Warriors y 76ers) ha ganado casi 64 millones de dólares sin demostrar nada sobre el parquet. Michael Jordan cometió un error de cálculo. Lo de los otros 6 directivos restantes que le firmaron un contrato casi podría considerarse delito.

Michael Olowakandi nunca llegó a demostrar que los Clippers no se equivocaron al elegirlo por delante de Mike Bibby, Antawn Jamison, Vince Carter, Dirk Nowitzki o Paul Pierce. En su primera temporada sólo pudo jugar 45 partidos. Cuatro años más tarde, cuando parecía que despegaba con unos promedios decentes (sin más) para un número 1, aparecieron de nuevo las lesiones. Su juego volvió a caer para no subir nunca más. En España fue más famoso por su romance con la presentadora de televisión Paula Vázquez que por su juego.

Kent Benson, un pivot de 2,08, consiguió maquillar sus estadísticas durante los años centrales de su carrera en los Pistons. No lo suficiente como para alcanzar el nivel de Bogut, pero si lo justo para ir consiguiendo nuevos contratos. Se benefició de ser el pívot de los Hoosiers de Indiana de Bobby Knight, que ganaron el título nacional de la NCAA de 1976 (fue elegido mejor jugador del torneo) sin perder ningún partido durante toda la temporada.

Doug Collins no pasó de los 10 puntos de promedio en su primera temporada por culpa de una lesión (sólo jugó 25 partidos). En los 7 años posteriores se reveló como un escolta de gran eficacia anotadora, rondando una media de 20 puntos por partido en muchas de ellas. Una grave lesión de rodilla, que le hizo la vida imposible durante sus dos últimas temporadas en activo, le obligó a una retirada prematura, pasando a ser entrenador jefe de su equipo de siempre, los 76ers. Como universitario formó parte de la selección olímpica norteamericana que perdió la final ante la URSS de los Juegos de Munic en 1972.

 

Según los analistas del momento, LaRue Martin podría haber saltado directamente a profesional desde el instituto por sus grandes cualidades físicas y técnicas. El pivot de 2,11 prefirió pasar tres temporadas en la Universidad de Loyola. En su último año en la NCAA promedió 18,7 puntos y 17,6 rebotes, y fue capaz de parar a Bill Walton en un partido. En el draft precedió a Bob McAdoo (2) y Julius Erving (12). Pero en la NBA su rendimiento bajó totalmente. Jugó 4 temporadas con una media global de 5,3 puntos y 4,6 rebotes por partido. En 1976, con 25 años, colgó las botas. Por cierto, superó la barrera de los 10 puntos en su cuarta actuación.

Ha habido otros números 1 que no han estado a la altura de lo que se esperaba de ellos, aunque su nivel no ha rayado los mínimos de los jugadores antes citados. Como el italiano Andrea Bargnani (2006), que si bien firma una buena estadística individual, ha carecido hasta ahora del carácter necesario para liderar un proyecto ganador. O Joe Smith (1995), que tras unos buenos inicios, se fue diluyendo para acabar su periplo NBA sin pena ni gloria. El base John Lucas (1976)  tuvo altibajos en su anotación, pero lo compensó con buenas cifras en asistencias. Cuando se retiró, ya con 36 años, reconoció su adicción a la cocaína y el alcohol. En la actualidad dirige un programa de rehabilitación.

Aún es pronto para evaluar si Anthony Bennett será el peor número 1 del draft. Por suerte para el jugador, aún le queda una larga carrera por delante para enmendar este flojo primer año como profesional. Si se esfuerza, le acompaña la suerte y encuentra un entrenador (en Cleveland o cualquier otro equipo) que confíe en él, cuando dentro de unos años volvamos a hacer esta comparativa su nombre no seguirá asociado a “figuras” como Kwame Brown o LaRue Martin, en mi opinión los más grandes fiascos de mi historia del draft.

 

Publicado en http://www.encancha.com, marzo 2014

NBA: Redención en Miami

21 Oct

No son Sonny Crockett y Ricardo Tubbs, los dos protagonistas de la serie de los 80 “Corrupción en Miami”. Pero algo tienen en común. Si los dos policías crearon tendencia en la moda, estos dos jugadores estaban llamados a hacerlo en la NBA. Por diversos motivos no lo consiguieron. Ahora, tienen su última oportunidad para conseguirlo.

Los Miami Heat han hecho este verano dos apuestas en las que se juegan poco y pueden ganar mucho. El hecho de que los vigentes campeones tengan un bloque bien consolidado, y con Dwayne Wade en perfecto estado de salud, elimina sus posibles urgencias a la hora de incorporar jugadores a su plantilla.

Los de Rick Spoelstra han fichado al pivot Greg Oden y al alero Michael Beasley. Para ambos jugadores puede ser su última oportunidad de hacerse un hueco en la NBA. Mientras Oden tiene contrato garantizado (por el mínimo, poco más de 1 millón de dólares),  Beasley deberá ganarse un hueco en la liga durante la pretemporada con un contrato por una temporada sin garantizar. Y es que para cada uno de ellos, el punto de partida es diferente.

Unas rodillas demasiado frágiles

Greg Oden fue el número 1 del draft del 2007, por delante de Kevin Durant. Pero una vez más el gafe de los Portland Trail Blazers, el equipo que le eligió, hizo de las suyas. El equipo de Oregon había elegido en el número 2 del draft de 1984 a Sam Bowie, por delante de un tal Michael Jordan. El pívot era un buen jugador, pero sus continuas lesiones le impidieron rendir al  nivel esperado. Mientras, MJ ganó 6 anillos de campeón. Con Oden se repitió la historia.

Las lesiones empezaron incluso antes de debutar como profesional. En el verano posterior al draft sufrió una microfractura en su rodilla derecha. Su paso por el quirófano le impidió jugar durante su primera temporada. En la segunda, jugó 61 partidos hasta que en febrero de 2009 se le salió la rótula de su rodilla izquierda.  De la tercera temporada sólo llego a disputar 21 partidos, hasta que a principios de diciembre del 2009 la rótula de su rodilla izquierda volvió a romperse.

Sus rodillas de cristal le han impedido volver a jugar un partido oficial desde entonces. En noviembre del 2010 sufrió una recaída en su rodilla izquierda. Una resonancia magnética reveló una lesión en el cartílago de la maltrecha rodilla. Tras una nueva operación se perdió toda la temporada 2010-11. En el año 2011 la rodilla que le dio problemas no fue la izquierda, sino la otra. Finalmente, en febrero del 2012 se sometió a un artroscopia en su rodilla derecha para limpiar restos óseos.

A pesar de todo este historial de lesiones, los Blazers no se rindieron fácilmente. Por no admitir que habían tropezado de nuevo en la misma piedra, una vez expiró su primer contrato con el equipo al acabar la temporada 2010-11 le ofrecieron renovar por una temporada más. Aunque su sueldo quedó considerablemente reducido (“sólo” cobró 1,5 millones de dólares). Finalmente, el  15 de marzo de 2012 el equipo de Portland le despidió.

El pívot anunció que no jugaría la temporada 2012-13 para recuperarse totalmente de sus problemas físicos. Y para apartarse de los focos mediáticos, que se fijaban tanto en sus altibajos anímicos, fruto de un carácter perfeccionista, como en su flirteo con el alcohol como escapatoria de sus problemas. Y este verano, tras recibir el alta médica y despertar el interés de Dallas Mavericks, New Orleans Pelicans,  Atlanta Hawks y Sacramento Kings, Oden se incorporaba a las huestes del rey Lebron.

En la década que hace que veo partidos NCAA de forma regular, no recuerdo a ningún pívot tan dominante en defensa como el recién llegado a los Heat. Un hombre con una ética de trabajo ejemplar. Como ejemplo, su única temporada en Ohio State (2006-07). La empezó tarde, convaleciente de una lesión en su muñeca  derecha. Lanzaba los tiros libres con su mano mala, la izquierda. Y aún así su acierto estaba por encima del 50%. Si finalmente consigue volver, aunque sea a la mitad de su potencial, Miami habrá acertado. Y sólo tiene 25 años.

Cabeza Loca

Michael Beasley cumplirá 25 años en enero. Los Miami Heat eligieron en el número 2 del draft del 2008 a este alero de 2,08 con perfil de superestrella. Durante su temporada NCAA en Kansas State, el también conocido como “B-Easy” había dejado muestras de su gran clase, acreditando unos números de 26,2 puntos y 12,4 rebotes por partido.

Este jugador a medio camino entre la posición de alero y la de alapívot consiguió 866 puntos y 408 rebotes, la tercera y segunda mejor marca conseguida por un novato universitario. Con 28, batió también el récord para un freshman en dobles-dobles que hasta entonces poseía Carmelo Anthony.  Los números de sus dos primeras temporadas en los Heat no fueron malos (13,9 puntos y 5,4 rebotes la 2008-09, 14,8 y 6,4 la siguiente), pero si su actitud.

Recibió numerosas multas junto con su compañero de correrías, el base Mario Chalmers. Ya durante la reunión para rookies de la NBA de pretemporada, ambos habían sido cazados en una habitación en compañía femenina y un fuerte olor a marihuana en el ambiente.  A lo largo de su primera etapa en Miami fue sancionado dos veces por infringir la normativa antidroga de la NBA. Llegó a ingresar en un centro de desintoxicación durante el verano del 2009.

Hartos de sus problemas e indisciplina, la franquicia de Miami lo traspasó a los Timberwolves a cambio de dos segundas rondas de draft. Beasley cumplió en la pista durante su primera temporada en Minnesota (subió su anotación hasta los 19 puntos por partido), pero en la segunda, la del último cierre patronal, sus números bajaron de forma alarmante. Una caída que ha seguido esta última temporada, tras firmar como agente libre para los Phoenix Suns.

A pesar de que aún le quedaban dos temporadas más de contrato, la franquicia de Arizona le despidió en septiembre, tanto por motivos deportivos como personales. Ni su rendimiento ni su actitud en el vestuario eran las esperadas. Y poco antes de su despido había sido detenido por posesión de marihuana (estando en Minnesota ya le había pasado lo mismo, en junio del 2011), cuando en su presentación con los Suns había asegurado que su afición a esta sustancia era cosa del pasado.

Miami vio una ocasión, y le ha dado una nueva oportunidad. Confían en que su gran amigo Mario Chalmers, ahora un jugador ya aposentado, ejerza una influencia positiva en él. Aunque la ansiedad le sigue corroyendo por dentro. En un partido de pretemporada, tras cometer unos pasos se golpeó la cabeza con el puño, necesitando atención médica para su ceja hinchada. Esta vez, por lo menos, no lo pagó con un espectador como hizo durante un partido callejero en agosto del 2011, ante la atónita mirada de Kevin Durant.

Publicado en www.encancha.com, octubre 2013

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