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El adiós de Kobe Bryant

14 Abr

Con el adiós de Kobe Bryant no solo se va una estrella de la NBA, también queda aparcado un modelo de jugador y se entierra definitivamente a otro mito, Michael Jordan. Porque la última gran estrella de los Lakers de Los Angeles era también el último de los jugadores que se postularon como herederos del jugador franquicia de los Chicago Bulls que reinó con mano de hierro en la NBA durante los años 90 del siglo XX. El adolescente que creció mirando los vídeos de Air Jordan se retira sin haber conseguido su sueño: le ha faltado un anillo de campeón para igualar a su ídolo.

Su última noche en activo ha estado a la altura de su leyenda. El jugador franquicia de Los Lakers estas últimas 20 temporadas dijo adios anotándoles 60 puntos a los Utah Jazz en la victoria por 101 a 96, con una estadística de 22 de 50 en los tiros de campo y 10 de 12 en los libres. Ningún otro jugador en las últimas 30 temporadas havia llegado a esta cifra de lanzamientos.

En sus 42 minutos en pista Kobe ha llegado a acaparar casi el 60% de los puntos (101) y de los tiros a canasta (85) de su equipo para convertirse, a sus 37 años, en el jugador de más edad que anota 60 puntos en un partido. Kobe ha llegado a esta cifra 6 veces en su carrera, con un tope de 81 puntos, el 22 de enero del 2006 ante los Toronto Raptors. En aquella ocasión “solo” lanzó 46 veces.

Los Lakers han entrado en el último minuto del encuentro 4 puntos abajo, 92 a 96. Y Kobe Bryant, en una despedida perfecta, ha recordado viejos tiempos por última vez liderando de forma espectacular la remontada. En estos 60 segundos le ha dado tiempo de anotar un triple, dos tiros libres, una canasta de dos puntos y dar la asistencia a Jordan Clarkson para anotar la última canasta de la noche, antes de ser sustituido a 4 segundos del final para recibir su última ovación como jugador de baloncesto. La despedida perfecta.

 

Predestinado a jugar en la NBA

Kobe nació el 23 de agosto de 1978 en Filadelfia. Su padre, Joe “Belly” Bryant, jugaba entonces en los Sixers de la NBA. Seis años después, la familia se mudó a Italia donde Joe siguió desarrollando su carrera como profesional del baloncesto. Fue en esta época cuando el pequeño de la casa se aficionó al futbol y se hizo seguidor del Milan.

El año 1991 los Bryant volvieron a los Estados Unidos. Kobe empezó a despuntar como jugador de baloncesto en el instituto Lower Merion, y decidió dar el salto a profesionales el año 1996, sin pasar por la Universidad. Los Charlotte Hornets lo seleccionaron en el draft con el número 13, y cedieron sus derechos a los Lakers a cambio del pivot Vlade Divac.

Bryant aterriza en la NBA en los últimos años gloriosos de Jordan, que se retiró por segunda vez (la primera fue el 6 de octubre de 1993; el 18 de marzo de 1995, después de probar suerte como profesional del beisbol, volvió a la liga) después de ganar su sexto anillo de campeón el año 1998 (aún volvería una tercera vez, el año 2001, para jugar dos temporadas con los Washington Wizards).

La Liga, la prensa y los aficionados buscaban hacía tiempo un sucesor para el mito de los Bulls. Algunos pasaron sin pena ni gloria, como Harold Miner, más conocido como Baby Jordan. Otros cuajaron buenas carreras en la NBA, como Jerry Stackhouse, Vince Carter o Tracy McGrady. Ninguno se acercó tanto a la leyenda como Kobe Bryant.

 

Toda una vida en los Lakers

Durante sus primeros años en la franquicia californiana de púrpura y oro Bryant se vio obligado a convivir con otro gran ego, el del pivot Shaquille O’Neal. Fueron campeones de la NBA 3 años seguidos, entre el 2000 y el 2002, pero la relación entre ambos se volvió insostenible. O’Neal fue traspasado a los Miami Heat el año 2004, tras el fracaso de la primera versión de los 4 Fantásticos de los Lakers (Kobe, Saquille, Karl Malone y Gary Payton). El pivot ganó otro anillo de campeón la misma temporada de su traspaso con la franquicia de Miami.

La segunda época gloriosa de Kobe Bryant en los Lakers coincide con la llegada de Pau Gasol, el 1 de febrero del 2008, encadenando un subcampeonato y dos campeonatos más, los de los años 2009 y 2010. La siguiente temporada fue la última de Phil Jackson, el técnico que había llevado al jugador franquicia de los Lakers a ganar cinco anillos tras haber conseguido 6 con Michael Jordan en los Bulls.También fue el inicio de la decadencia de la estrella y el equipo.

El substituto de Jackson en el banquillo, Mike Brown, no dio la talla. Los rumores de traspaso de Pau Gasol fueron constantes a lo largo de la temporada. A pesar de ello, el entonces aún primer equipo de Los Angeles llegó a las semifinales de la Conferencia Oeste. La temporada siguiente se fichó a Dwight Howard y Steve Nash para completar con Kobe y Gasol la segunda versión de los 4 Fantasticos. El experimento fue un fracaso absoluto.

Mike D’Antoni no mejoró el trabajo de Brown como entrenador. Howard jugó tocado gran parte de la temporada, y nunca llegó a entenderse con Kobe, ni fuera ni dentro de la pista. Nash también sufrió problemas físicos, y nunca se adaptó a los sistemas de juego de los Lakers. Las lesiones tampoco respetaron a Gasol. Y Kobe, en solitario, asumió el esfuerzo de clasificar a la franquícia para los play off.

Lo consiguió, si, pero a costa de romperse el tendón de Aquiles en el tramo final de la Liga Regular y no jugar durante 9 meses. Fue la primera de una serie de lesiones que le han perseguido estas últimas temporadas, y que le hicieron empezar a plantearse seriamente que su tiempo se estaba acabando. La retirada definitiva, finalmente, ha llegado el miércoles 13 de abril del 2016, con los Lakers firmando la peor temporada de su historia: 17 victorias y 65 derrotas.

Kobe se va tras 20 temporadas en la NBA, con 5 anillos de campeón (a 1 de Jordan) y 2 oros olímpicos (los mismos que Jordan), siendo el tercer máximo anotador histórico en liga regular tras Kareem Abdul Jabbar y Karl Malone, y el segundo con más presencias en el Partido de las Estrellas (18, por 19 de Kareem). Ha sido MVP de las Finales en dos ocasiones, los años 2009 y 2010, y una vez MVP de la Liga Regular, la temporada 2007-08.

La estrella de los Lakers se retira habiendo cobrado 303 millones de dólares, sólo en sueldos de su equipo. Según Forbes, sumándole los ingresos por publicidad Kobe habría ganado unos 680 millones de dólares en estos 20 años (el cuarto deportista que más ha ingresado tras Tiger Woods, Michael Schumacher y Floyd Mayweather). Lo suficiente para no preocuparse el resto de su vida.

 

Artículo publicado en http://www.encancha.com, abril 2016

Las Torres Asimétricas de los Houston Rockets

7 Nov

En pleno apogeo del small ball personificado en los Miami Heat de Lebron James, algunos visionarios buscan alternativas. Los Houston Rockets parecían querer recuperar las Torres Gemelas de los años 80. Pero las apariencias engañan.

Cuando se menciona los Houston Rockets es difícil que no te vengan a la cabeza las “Torres Gemelas”, Hakeem Olajuwon (2,13) Y Ralph Sampson (2,24). Con estos dos jugadores el equipo tejano llegó a la Final de la NBA en 1986, después de eliminar a los Lakers de Magic Johnson, Kareem Abdul Jabbar, James Worthy y Byron Scott en la Final del Oeste. En la lucha por los anillos cayeron ante otro equipo de leyenda, los Celtics de Larry Bird, Dennis Johnson, Danny Ainge, Kevin McHale, Robert Parish y Bill Walton.

La sociedad se inició en 1984, cuando Olajuwon fue seleccionado con el número 1 del draft. Los Rockets la dieron por liquidada en 1988. Las rodillas de Sampson empezaban a dar sintomas de agotamiento, tras sólo 5 temporadas en la NBA. Así que la franquicia lo traspasó a los Golden State Warriors. La carrera del ala pívot más alto de la historia empezó su decadencia, viviendo su última etapa de tan sólo 8 partidos en la ACB en Málaga, durante la temporada 91-92.

Ya es curioso que los aficionados más veteranos asociemos la época dorada de los Rockets a estos dos gigantes, y no a los dos anillos consecutivos ganados en los años 1994 y 95, aún con Olajuwon y con permiso de Michael Jordan que había decidido probar suerte como jugador profesional de beisbol. Es una de las características de las utopías, que con la nostalgia de los años mejoran como los buenos vinos. Otra de sus peculiaridades es que siempre acaban volviendo.

Las dos torres

Y eso pasó este verano, con el fichaje de Dwight Howard por los Rockets y el interés de la franquicia de Houston en renovar al turco Omer Asik (poco más de 5 millones de dólares de sueldo esta temporada, pero casi 15 la siguiente). Empezaron los rumores de que la idea era hacerlos jugar juntos. Dos centers puros compartiendo un espacio reducido, dos gigantes en la zona. Una herejía en los tiempos del small ball.

Una vez empezada la liga regular, se han confirmado los rumores. Ambos jugadores saltan de inicio. Sin embargo, las cosas no son como nos las imaginábamos. No se trata de una nueva versión de las “Torres Gemelas”, sino simplemente un cinco titular con dos pívots a la vez. El binomio no funciona porque en realidad no es tal.

Howard y Asik son dos cincos puros, efectivos y letales en las proximidades del aro, pero que pierden toda su efectividad cuando las suelas de sus zapatillas dejan de estar en contacto con la pintura. Una diferencia de concepto respecto a la pareja Olajuwon – Sampson, en que el “bajito” era el pívot que jugaba de espaldas a canasta y el alto se podía buscar la vida de cara al aro.

Howard es el jugador mejor pagado de la franquicia de los Rockets. Sin embargo, no es el jugador franquicia (ese honor le corresponde a Harden). Para mantener el equilibrio, han llegado a un acuerdo tácito. El pívot no discute el reinado del escolta, siempre y cuando éste no se inmiscuya en su condado particular, las proximidades del aro. Ni él, ni ninguno de sus compañeros.

La zona tiene un dueño

Cuando coinciden en pista Howard y Asik, el ex de los Lakers ocupa los espacios de juego preferentes, las mejores posiciones para recibir y encarar la canasta. El turco merodea por los alrededores de la zona, procurando no estorbar las opciones de su compañero y atento a rebañar los balones que queden sueltos. El juego entre pívots no existe. Porque uno es un finalizador que con el balón en las manos no ve más que el aro, y al otro simplemente no le llega la pelota.

Ambos jugadores, más allá de saltar de inicio en el primer y tercer cuartos, no coinciden la mayor parte del tiempo en la pista. Cuando Asik se sienta, Howard sigue manteniendo su reino de taifas particular en la zona. Si no es que sale a hacer un bloqueo para jugar una posible continuación, sigue colapsando las posiciones privilegiadas de las vías interiores del ataque de los Rockets. No se agazapa esperando su oportunidad, sino que se hace visible en todo momento. Y sus compañeros se buscan la vida mayoritariamente desde el triple y la media distancia.

Cuando Howard descansa y es sustituido por Asik, entonces es como si el equipo jugara sin pívot en ataque, excepto a la hora de hacer bloqueos. Porque el turco sigue siendo casi tan invisible para sus compañeros como cuando compartía espacios en la pintura con su socio. Con la zona libre, el resto de jugadores de los Rockets pueden penetrar libremente y quitarse el mono de pintura.

Este esquema de juego ha hecho variar la tipologia de ala-pivots de la plantilla. Adios a los 4 poderosos físicamente que parecían buscar la liga pasada como Patrick Patterson (que fue traspasado a media temporada a cambio de Thomas Robinson, quien a su vez fue enviado a los Blazers al final de temporada a cambio de los derechos de dos jugadores del Barça, Papanikolaou y Todorovic) y Terrence Jones.

Jones y sus actuales compañeros de posición Greg Smith y Donatas Motejiunas disponen de muy pocos minutos de juego. El modelo de este año es un alero alto y polivalente, más hábil que potente, que suponga una amenaza desde el exterior y que sea capaz de penetrar. Los Rockets tienen dos jugadores perfectos para desempeñar este papel. Como titular, el indispensable hombre orquesta Chandler Parsons. Y saliendo del banquillo, el israelí Omri Caspi.

El gran mérito del entrenador Kevin McHale es haber conseguido un ataque equilibrado a pesar de la presencia acaparadora de su pívot estrella. Harden es el máximo anotador de los Rockets con 25 puntos por partido. Howard se va a los 17. Tras ellos se ha establecido un cuarteto con una anotación media entre los 16 y los 10 puntos (Jeremy Lin, Chandler Parsons, Francisco Garcia y Omri Caspi). Ahora McHale debería mejorar el aprovechamiento ofensivo de su segundo pívot. Asik no llega a los 6 puntos de media.

La mejorada salud de Howard

Dwight Howard ha vuelto a ser en estos inicios de temporada el jugador dominante físicamente de sus años de Orlando, dejando atrás la imagen de fragilidad que dio en los Lakers. Parece que las secuelas de la operación de hernía discal del 2012 han desaparecido.

McHale ha reconocido que el pivot no estaba todo lo sano que les gustaría cuando en julio le firmaon un contrato de 88 millones de dólares. “Aún podía jugar, y aún es un jugador joven. Estábamos más preocupados por su espalda, y su fuerza y flexibilidad”. Su cuerpo se había descompensado tras pasar por el quirófano y necesitaba ser reequilibrado. Y ese fue el trabajo específico en el que los Rockets y el jugador se han concentrado este verano.

Howard acredita tras 5 partidos de Liga Regular 17,4 puntos y 14,6 rebotes por partido. Pero más allá de los números, ha cambiado su actitud en la pista. Siempre activo, implicado en el juego, pidiendo la pelota en ataque, y poderoso en el rebote.”Me muevo mejor. Llego a pelotas que la temporada pasaba no podía. Rebotes, tapones, todo es muy diferente”. Superman ha vuelto transformado en su nueva fuente de inspiración, el Caballero Oscuro, Batman.

Otra de las claves de su buen rendimiento es la buena química que mantiene con el otro divo del equipo, James Harden, y con Kevin McHale, su entrenador. Algo que no ocurrió durante su breve etapa en los Lakers con Kobe Bryant y Mike D’Antoni. Mientras la cosas sigan así, en Houston pueden soñar con reverdecer viejos laureles.

publicado en http://www.encancha.com, noviembre 2013

Lakers: Adios a los 4 Fantásticos

9 Jul

Con el anuncio de Dwight Howard de su fichaje por los Houston Rockets finaliza de forma oficial el segundo proyecto de “Los 4 Fantásticos” en Los Angeles Lakers. Y como el primero, no ha dado los frutos esperados.

En noviembre de 1961, de la imaginación de Stan Lee y plasmados por las ilustraciones de Jack Kirby, nacía un grupo de superhéroes conocidos como los 4 Fantásticos: Míster Fantástico, La Chica Invisible, La Antorcha Humana y La Cosa. Con el tiempo, la colección se convirtió en uno de los títulos de referencia del cómic.

El verano pasado Los Angeles Lakers fichaban a Dwight Howard y Steve Nash y se situaban como uno de los principales aspirantes al título. El cuarteto formado por los dos recién llegados, Pau Gasol y Kobe Bryant se antojaba formidable. Una combinación que reunía técnica, sabiduría, experiencia y capacidad atlética. A diferencia de su referente ilustrado, los de carne y hueso no completaron con éxito su misión.

A Kobe Bryant habría que atribuirle el papel de Johnny Storm, la Antorcha Humana. Porque es el que más brilla de los cuatro. Porque con un fogonazo de clase es capaz de decidir un partido. Y por su facilidad para picarse (aunque con los años ha atemperado este rasgo de su carácter). Dwight Howard sería La Cosa, la fuerza bruta en estado puro. Todo potencia, a veces sin control. Arrastrando heridas de antiguos combates, a pesar de su protección rocosa. Y como en el cómic, siempre buscándose las cosquillas mutuamente con La Antorcha.

A Pau Gasol le asignaría el papel de Míster Fantástico, el genio científico Reed Richards. No sólo por su aspecto estirado, como si fuera elástico. Sino también por su visión y inteligencia en la pista. Si él piensa, el equipo funciona. Y a Steve Nash, por desgracia, le ha caído el rol que falta en el reparto: La Chica Invisible, Sue Storm. Porque entre lesiones y falta de forma correspondiente no se le ha visto, ni cuando no jugaba ni cuando sí que lo hacía.

El enemigo por antonomasia del cuarteto ideado por Stan Lee es el Doctor Muerte. Lo fácil sería atribuirle este papel a Jim Buss, máximo directivo del equipo, o a Mike D’Antoni, el entrenador elegido por él. Sin embargo, en el fracaso de Los Lakers también han tenido mucho que ver las lesiones y la falta de química entre ellos. Igual que le pasó a su cuarteto predecesor.

El otro cuarteto de figuras

El experimento previo con cuatro estrellas había tenido lugar la temporada 2003-2004. Karl Malone (con problemas en la rodilla durante todo el campeonato) y Gary Payton se unieron al duo Shaquille O’Neal – Kobe Bryant. Dirigidos por Phil Jackson desde el banquillo, no ganaron el título aunque llegaron a la gran final. Tras perder el anillo ante los Pistons de Detroit, el equipo se descompuso.

La guerra de egos entre O’Neal y Bryant era irreconducible. Payton nunca encajó en el triángulo ofensivo y se fue con Shaq a Miami (donde se proclamaron campeones el 2006). Karl Malone se retiró, dejando como último recuerdo la acusación que le hizo Kobe de intentar ligar con su mujer en la grada mientras el escolta estaba en la pista. Y Phil Jackson se tomó un año sabático.

Una vez acabada esta temporada, finalizaba también el contrato de Dwight Howard. Y el equipo de Los Angeles ha llegado a extremos nunca vistos para intentar retenerle. Colgaron un gran anuncio en la fachada del Staples Center suplicándole que se quedase. Para indignación de muchos aficionados que consideraron que la histórica franquicia no debía rebajarse de esa manera.

A una última reunión con él para convencerle, asistieron Jim Buss en calidad de propietario de la franquicia, los ejecutivos Mitch Kupchak y Tim Harris, el entrenador Mike D’Antoni, sus compañeros Kobe Bryant y Steve Nash, e incluso representantes de Time Warner y su sustancioso contrato con los Lakers, que podrían haber ofrecido a Howard ser la estrella de su propio programa de televisión.

Y sin embargo, no hicieron lo que posiblemente más hubiera valorado Howard. Cambiar de técnico principal. Porque el sistema de los Lakers ha evidenciado la escasa capacidad del pívot para crearse sus jugadas. Necesita que los compañeros jueguen para él. El problema es que los galones los lleva Kobe Bryant, y D’Antoni no ha cambiado las prioridades (porque no lo consideró acertado, o porque no tenía ni el peso suficiente ni el valor para hacerlo).

El Plan B de Los Lakers

La marcha de Howard a los Rockets, donde formará un temible duo con James Harden, tiene un efecto secundario muy interesante. Elimina incertidumbres entorno al futuro de Pau Gasol. Con Kobe Bryant recuperándose de una lesión, la franquicia no puede permitirse dejar descubierta otra posición clave. Aunque sea a costa de volver a desplazar al mayor de los Gasol de la posición de ala pívot de nuevo a la de pívot.

Los Lakers han empezado a moverse tras el adiós de Howard. Su primera jugada ha sido llegar a un acuerdo con Chris Kaman, que firmará un contrato de una temporada por el que percibirá poco más de tres millones de dólares. El pívot de 2,13, puede aportar una buena capacidad anotadora dentro de la zona, si las lesiones que le han perseguido en estos últimos años le respetan. No queda claro si llega para ser titular, y mantener prioritariamente a Pau Gasol como ala pívot, o para dar minutos de descanso al catalán.

El segundo movimiento de los californianos es la amnistia del contrato de Metta World Peace. El jugador tenía firmada una temporada más por un montante de poco más de 7 millones. Si MWP ficha por otro equipo, los Lakers se ahorrarán la parte de su ficha que le abone su nuevo conjunto. Lo realmente importante (y es aquí donde está el ahorro) es que ni un sólo dólar de estos 7 millones contará para el tope salarial. Por otra parte, ahora la gerencia de la franquicia debe encontrar un alero alto, ya que Earl Clark tampoco formará parte de la plantilla.

La intención de la gerencia parece ser liberar masa salarial para el próximo verano. Kobe Bryant y Pau Gasol verán finalizar sus contratos (casi 50 millones entre los dos), y al único jugador al que le quedará una temporada más en la plantilla del equipo será Steve Nash. No son el único equipo de la NBA que intenta soltar lastre. En julio del 2014 Lebron James y Carmelo Anthony tendrán la opción de quedar libres, y muchas franquicias intentarán hacerse con sus servicios. ¿Dirán ellos que no a una oferta de Los Lakers?

 Balance de la temporada de Howard con los Lakers

Howard entrará en la historia como el primer jugador que no acepta una propuesta de contrato de estrella de Los Lakers. Porque de la histórica franquicia de Los Angeles uno puede retirarse, ser traspasado o irse porque no se le renueva la vinculación, pero hasta ahora nadie les había rechazado.

Con él, los californianos cayeron eliminados en primera ronda de playoffs (para los que se clasificaron después de una remontada heroica en la última fase de la liga regular, y a costa del tendón de Aquiles de Kobe Bryant). Howard no ha ayudado a crear una buena química de equipo, y ha jugado con problemas en el hombro gran parte de los partidos. Pero aunque el balance de la temporada es desastroso, no puedo decir que el fichaje del pívot también lo haya sido.

Porque recordemos que Howard llegó después de un traspaso a cuatro bandas entre Lakers, Orlando Magic, Filadelfia 76ers y Denver Nuggets. Junto a él los californianos recibieron a Chris Duhon y a Earl Clark (el primero testimonial, el segundo ha tenido momentos brillantes que le han valido para conseguir un buen contrato en los Cavaliers). Y a cambio el equipo de Los Angeles envió a los Sixers a Andrew Bynum.

Si a Howard se le achaca que no ha estado a la altura, Bynum ni tan siquiera ha estado. Una muy lenta recuperación de una lesión de rodilla le ha impedido disputar ni un solo minuto en la temporada 2012-13. Una recaída en noviembre dilató todo el proceso. La culpa la tuvo el principal pasatiempo del pívot: jugar a los bolos. La pregunta del millón: ¿a quién hubierais elegido, a Howard o a Bynum?

 

publicado en http://www.encancha.com, julio 2013

Esos locos bajitos

10 May

En un deporte dominado por los centímetros, en plena carrera alcista en busca de jugadores cada vez más altos que sean capaces de moverse con plena desenvoltura, aún quedan románticos apegados a la tierra, con vértigo a las alturas. Son los “locos bajitos” que no llegan al metro ochenta.

Primer partido de las semifinales del Este en Miami, entre los Heat y unoos Bulls diezmados por las lesiones. Los de Chicago, de forma sorprendente, llegan vivos y con opciones al final del partido. Y en esos momentos es cuando se agiganta la diminuta figura (dentro de una pista de baloncesto, claro está) de Nate Robinson. El base anota las dos últimas canastas de los Bulls, que le roban el factor pista a los Heat.

La recta final de la Liga Regular y estos primeros partidos de los playoffs han servido para que el menudo jugador de los Bulls de Chicago reivindique sus cualidades baloncestísticas, que no son pocas. Y haga méritos para seguir jugando en la NBA, algo que muchos le han negado por su estatura. Porque Robinson infringe una ley no escrita de la Liga, la de los seis pies (pasado al sistema métrico decimal, un metro y ochenta y tres centímetros).

Esta es la altura mínima oficiosa (que no oficial, porque no hay ningún apartado del convenio de la NBA o de la reglamentación del juego que lo especifique) que debería tener un base para hacerse con una plaza en un equipo. Para un escolta nos iríamos al metro y noventa y tres centímetros, y un alero debería rondar los 2 metros. Se espera que los interiores superen esa altura, aunque un “center” como Dios manda debe llegar a los 7 pies (2,13).

El rey de los mates

Todas las reglas tienen sus excepciones. Y en este caso se hacen mucho más evidentes entre los bases, los pequeños en un mundo lleno de gigantes. Nate Robinson, con su 1,75 de altura, hace ya 8 temporadas que lucha contra la dictadura de los centímetros. Desde que lo eligieran los Phoenix Suns en la posición 21 del draft del 2005 para mandarlo inmediatamente a los Knicks.

En Nueva York, ciudad cosmopolita acostumbrada a romper clichés, fue donde Nate vivió sus mejores años. En especial, la temporada 2008-09, en la que promedió 17,2 puntos por partido. En su período en los Knicks ganó tres veces el concurso de mates del All Star, siendo el jugador que más veces ha ganado esta competición.

Su primera victoria, en el 2006, fue polémica. Necesitó 14 intentos para realizar el mate final. En la edición del 2009 saltó por encima de su gran rival, Dwight “Superman” Howard, ganador del concurso del año anterior. Con uniforme verde, caracterizado como “Kryptonate” (para los no comiqueros, la kriptonita es un extraño mineral verde que anula todos los poderes de Superman). Su último triunfo fue en el 2010, días antes de ser traspasado a los Celtics.

En Boston duraría poco más de un año, antes de ser transferido a los Thunder. Pero en Oklahoma City no contaban con él, y le cortaron el dia de Navidad del 2011, justo antes de iniciarse la liga. Por suerte, el Día de Reyes ya tenía un nuevo equipo, los Golden State Warriors, en los que vuelve a recuperar parte del nivel mostrado en sus primeros años en los Knicks.

Esta temporada firma con los Chicago Bulls. Su papel era dar descanso a Kirk Hinrich, a la espera de la recuperación de la estrella del equipo, Derrick Rose. Con el retorno de éste, su papel pasaría a ser marginal, equiparable al del rookie Marquis Teague. Pero entre que Rose aún no ha reaparecido, y que Hinrich ha tenido sus lesiones (principalmente en febrero y marzo, y los últimos 5 partidos de playoffs), Robinson ha gozado de más protagonismo. Y lo ha aprovechado.

Los otros “enanos”

Nate Robinson no es el único caso de jugador “bajito” en la NBA. En los Kings de Sacramento ha disputado su segunda temporada como profesional Isaiah Thomas, que mide lo mismo que el base de los Bulls. En un entorno de gente más alta, más pesada y más fuerte, estos dos bases hacen gala de sus mejores armas: su habilidad en el bote, su rapidez y su astucia. Ty Lawson, John Lucas, y el fugaz Josh Akognon completan el elenco de jugadores de esta temporada en la NBA por debajo de los seis pies, aunque estos tres si llegan al metro ochenta.

Otro jugador de corta estatura que ha pasado a la historia ha sido Spud Webb. El base de los Atlanta Hawks, de metro sesenta y ocho, venció en el concurso de mates de 1986 derrotando en la final a su compañero de equipo Dominique Wilkins. Los aficionados más veteranos de nuestro país seguramente recordarán a Keith Jennings (1,70). Tras no hacerse un hueco en la NBA, hizo carrera en Europa, jugando en la ACB en el Estudiantes (donde fue rebautizado como “Conguito”) y Real Madrid.

Estos no son los únicos casos de bajitos en la NBA. Cada cierto tiempo aparece un jugador de estas características para recordar a los aficionados que no todo en el baloncesto depende de la altura. De todos los jugadores que han participado en alguno de los miles de partidos de la historia de la liga, tan sólo 24 medían 1,75 o menos. Uno de ellos es Earl Boykins, que no ha encontrado equipo para esta temporada después de haber estado presente trece años en la competición.

Boykins, o “Lentejita” según el desaparecido Andrés Montes, es el segundo jugador más bajo en la historia de la NBA con su metro y sesenta y cinco centímetros de altura. Durante su carrera ha ido dando tumbos de un equipo a otro (ha estado en diez diferentes), siendo su periodo de mayor estabilidad (y rendimiento) las tres temporadas y media que pasó en los Denver Nuggets.

El inolvidable “Mugsy”

El honor de ser el jugador más bajito en la historia de la liga se lo lleva el entrañable Tyrone “Mugsy” Bogues, con su 1,60. A pesar de su estatura, o tal vez gracias a ella, se hizo un sitio en una competición en la que disputó catorce temporadas, entre 1987 y 2001. Pasó por cuatro equipos, aunque la mayor parte de su carrera transcurrió en los Charlotte Bobcats. Como anécdota, coincidió una temporada en los Washington Bullets con Manute Bol (2,31), en aquellos momentos el jugador más alto de la historia de la NBA.

Antes de hacerse profesional, Bogues participó en el Mundial disputado en España en 1986, proclamándose campeón con Estados Unidos. Protagonizó una jugada sorprendente, robándole un balón en alto al mismísimo Arvidas Sabonis (2,20 de altura). Ya en profesionales, le puso un tapón a Patrick Ewing en 1993. Y es que, aunque fuera pequeñito, su capacidad de salto le permitía elevarse más de un metro del suelo.

Tal vez no lo hayais visto jugar, pero es posible que su cara os sea familiar. Y es que Bogues hizo sus pinitos en el cine, aunque siempre interpretándose a si mismo. Aparece en la película “Eddie”, una historia sobre los Knicks de Nueva York protagonizada por Whoopi Gooldberg, y es también uno de los jugadores a los que unos alienígenas roban sus habilidades en “Space Jam” hasta que Michael Jordan los derrota. Ambos títulos son de 1996.

publicado en http://www.encancha.com, mayo 2013

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