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NBA: Lebron James y la guerra de los refrescos

10 Jun

Los Miami Heat han conseguido volver de San Antonio con un empate a 1 en las Finales de la NBA y el factor campo a su favor. Lebron James, clave en este resultado, fue protagonista de forma involuntaria de un choque entre los dos gigantes de los refrescos, Coca Cola y PepsiCo.

Las Finales de la NBA de este año están dejando un buen número de imágenes que pasarán a la posteridad. Si en las semifinales del Este el soplido de Lance Stephenson a la oreja de Lebron James dio la vuelta al mundo, en el primer partido de la Final entre los Spurs y los Heat el rey de la NBA volvió a ser protagonista.

 Durante el enfrentamiento inaugural de las Finales de la NBA entre San Antonio Spurs y Miami Heat el aire acondicionado no funcionó en el AT&T Center de San Antonio, Tejas. Al considerable esfuerzo físico de un partido de estas características vino a sumarse una altísima temperatura sobre la pista. La estrella de Miami fue el jugador que más acusó esta averia. Tras pedir dos tiempos muertos para poder respirar un poco (uno en el tercer cuarto y otro en el cuarto), abandonó el juego de forma definitiva a 4 minutos del final con rampas en las dos piernas.

La deshidratación que sufrió Lebron James durante esta primera cita de la finales desencadenó una batalla en las redes sociales dentro de la eterna guerra comercial entre Coca Cola y Pepsi Cola.  Los Heat encajaron un parcial de 16 a 3 con su líder en el banquillo. Y sus aficionados echaron la culpa de la derrota final por 110 a 95 a Gatorade, bebida isotónica oficial de la NBA desde 1984. Los mensajes empezaron a acumularse en twitter, hasta que la marca propiedad del grupo PepsiCo contraatacó con una argumentación de peso. Recordó a los enfadados seguidores de Miami que Lebron James tiene firmado un contrato con su competencia, Powerade (propiedad de Coca Cola).

 

El partido fue el más comentado de la temporada en twitter, con 3,2 millones de mensajes. Gran parte de ellos tuvieron que ver con las rampas de Lebron. Aprovechando la ocasión, desde la cuenta de Gatorade se publicaron tuits sacando pecho, con una cierta ironia, sobre las virtudes de su producto respecto al de su rival. Mensajes como “la persona con calambres no era cliente nuestro, nuestros atletas resisten el calor” o “le estábamos esperando en la banda, pero él prefiere beber otra cosa”. Mientras tanto, la cuenta de la competencia permanecía en silencio ante la tormenta que se le venía encima.

Finalmente Gatorade se disculpó y borró de su timeline los mensajes de la discordia. Queda la duda de si lo hizo como ejemplo de buena praxis o para evitar que la situación se volviese en su contra. Porque Lebron James se hidrató durante el partido, sin dejar de beber en el banquillo. Y lo más curioso es que no consumía Powerade, sino la otra. Eso si, antes le había arrancado las etiquetas a los envases para no hacer publicidad del rival de su patrocinador (según informa ESPN).

Para colmo de coincidencias, la estrella de la NBA que ejerce de principal promocionador (previo pago, claro) del refresco istónico de PepsiCo, además de Paul George de los Pacers, es Dwayne Wade, compañero de Lebron en los Heat. La batalla entre sus respectivas marcas no se ha trasladado a la relación entre los dos jugadores, en una guerra que Gatorade empieza a perder. Tras dominar el mercado durante decadas, con una cuota cercana al 80%, el producto de Coca Cola empieza a comerle terreno. El año pasado la presencia de Powerade rebajó la cuota de mercado de Gatorade hasta el 69,5%.

Lebron calla bocas en el segundo partido 

Para cerrar el episodio de las rampas Lebron James volvió a la carga en el siguiente partido, picado por las críticas injustas que le acusaban de “blandengue”. Se fue hasta los 35 puntos y los 10 rebotes. Y lo más importante, además de que el aire acondicionado funcionase correctamente, es que los Heat se llevaron el triunfo del AT&T Center por 96 a 98 robándole la ventaja de campo a los Spurs. En estos dos primeros partidos de la final las estadísticas indican que el equipo de Florida aventaja en 11 puntos al de San Antonio mientras James está en pista, y cede de 24 cuando su estrella se sienta.

Más allá de la anécdota de los calambres y este pequeño altercado entre dos gigantes comerciales, el episodio demuestra la importancia de Lebron James en los esquemas de su equipo. Su ausencia del juego durante la mayor parte del último cuarto del primer encuentro desequilibró (y de que manera) un partido hasta entonces igualado. El peso de Lebron en los Heat va más allá del que por lógica debe tener el mejor jugador del mundo respecto a sus compañeros, y no se refiere solamente a su anotación.

Porque Erik Spoelstra, entrenador del equipo de Florida, ha diseñado un sistema de juego ofensivo que se sustenta principalmente por la presencia de su estrella en pista. Es algo más complejo que el habitual “pelotas a la figura y el resto a bloquearle para que tire cómodo y atentos al rebote para dársela otra vez”. Es una concepción casi filosófica del juego del baloncesto que propone una deconstrucción de los principios básicos que han marcado este deporte durante décadas. 

Los conceptos al uso indican que el base principalmente dirige y ordena, los tiradores anotan desde fuera y los pívots hacen valer sus kilos y sus centímetros en la pintura. Un concepto ortodoxo de baloncesto como el que practican los Spurs. Se ha ido matizando a lo largo de la historia de nuestro deporte con la presencia de los bases “jugones”, los cuatros abiertos y los treses reboteadores, pero sin romper definitivamente con esta disposición de juego.

Los antecedentes del Small Ball

Don Nelson, entrenador de los Golden State Warriors entre 1988 y 1995, dio un aviso de lo que podía deparar el futuro. El técnico unió en pista un trío de bajitos compuesto por el base Tim Hardaway, el escolta Mitch Ritchmond y el alero Chris Mullin (“Run TMC”), a los que llegaba a sumar incluso al escolta lituano Sarunas Marciulionis. ¿Y de pivot puro? Pues ni tenía ni quería tenerlo más allá de las aportaciones puntuales del simpático Manute Bol (2,31), taponador en defensa y triplista en ataque. La táctica era correr, penetrar y tirar. Así, sin más.

Aquellos Warriors ofrecieron un gran espectáculo que los aficionados más veteranos aún recordamos, a pesar de que el trío sólo permaneció unido dos temporadas (1989-90, 1990-91). Pero la trascendencia en títulos del experimento fue nula. En 1991 cayeron en las semifinales del Oeste ante Los Lakers. La noticia fue que llegasen hasta ellas eliminando en primera ronda a los Spurs de David Robinson con Tom Tolbert, exjugador del CB Canarias de la ACB (temporada 1988-89, 26,7 puntos y 8,4 rebotes de media en 17 partidos jugados) en el papel de cinco.

La estrategia de Nelson llegó a su cénit cuando Tolbert, que medía dos metros pelados, sorprendió al equipo de San Antonio subiendo la pelota en ataque como si fuera un base. Aunque tras pasar la linea de medio campo, la daba rápidamente. Con un reglamento NBA más estricto que el actual en las reglas defensivas, David Robinson estaba casi obligado a salir a marcarlo si no quería ser sancionado con defensa ilegal. Y eso dejaba la pintura libre y el camino despejado para el trio de anotadores de los Warriors.

 

Papeles invertidos en los Heat

El sistema actual de los Heat recoge aquellos principios formulados por Nelson (quien también ideó la idea del point forward o alero creador de juego en torno a Paul Pressey en los Milwaukee Bucks) y los radicaliza más aún. Los pivots ni siquiera pisan la pintura. Spoelstra ha puesto de titulares como 4 y 5 en los últimos partidos a Rashard Lewis y Chris Bosh.

 Casi la mitad de los lanzamientos (19 de 41) de la pareja en los dos primeros choques de la final han sido triples, y el resto fueron mayoritariamente de media distancia o penetraciones llegando con bote desde el exterior. El jugador interior suplente con más minutos es Chris Andersen, el único con presencia exclusiva en ataque dentro de la zona. Sólo ha mirado 6 veces a canasta en estos 2 duelos, ya que sus funciones básicas son bloquear y rebotear.

La idea es clara. Los interiores salen para que los exteriores entren. Dwayne Wade y Lebron James generan de forma individual el desequilibrio que da lugar a las opciones de canasta de los de Florida. El escolta está sacando partido de su superioridad física sobre Ginobilli o Green para llegar hasta debajo de canasta. James explota su mayor velocidad ante Boris Diaw para penetrar. Ante Kahwi Leonard, usa su lanzamiento de media distancia para obligarle a salir y abrirle espacios para acabar llegando igualmente hasta la zona.

Lebron, la clave de todo

Las estadísticas de los dos partidos de la serie final disputados hasta ahora vuelven a servirnos para ilustrar la importancia del “Rey James” en este sistema táctico. El 40% de los puntos del equipo de Miami dentro de la zona son obra directa de James o fruto de una de sus asistencias. Con Lebron en pista, el 47% de los lanzamientos a canasta de los Heat se producen en la pintura. Cuando la estrella está en el banquillo este porcentaje baja hasta el 30%. Pero la importancia de Lebron en los esquemas de Spoelstra no se limita al aspecto ofensivo. Es aún mayor en defensa.

Su físico le permite emparejarse con interiores rivales, resistiendo sin demasiados problemas el cuerpo a cuerpo contra los mastodontes de la liga. Y este hecho permite al técnico de Miami dar una vuelta de tuerca más a su planteamiento ofensivo, alineando al jugador más determinante de la liga como ala pívot para sumar a su batería exterior a Ray Allen sin sufrir demasiado en la protección de su aro. Con Chris Bosh jugando de cinco, todos los jugadores en pista se situan en ataque fuera de la línea de 3 puntos. Y los rivales se quedan sin referencias defensivas claras. Eso es lo que le pasó a Indiana Pacers en las semifinales del Este.

Los Spurs le pueden oponer un quinteto compuesto por Tim Duncan como hombre alto, Boris Diaw, Kahwi Leonard, Daniel Green o Manu Ginobilli, y Tony Parker, que puede variar a Diaw o incluso Leonard jugando de cuatro, y Ginobilli y Green simultaneamente en pista cuando Miami presenta su versión más pequeña. En los minutos finales del segundo partido que acabó con el triunfo de los Heat, Gregg Popovich mantuvo la primera versión ante el cinco de tamaño “mini” de su contrario (Bosh, James, Allen, Wade y Mario Chalmers). Y la víctima del desequilibrio, el que pagó los platos rotos, fue Duncan, al que el esquema rival sacó de sus posiciones preferidas.

Con 93 a 92 Lebron James penetra a canasta. Los Spurs saben que esa va a ser la opción elegida por los Heat para anotar y todos sus jugadores están esperándole con un pie dentro de la zona, para cerrarse sobre él. Pero como si se tratase de un juego de muñecas rusas, Lebron conoce las intenciones de sus rivales, y cuando Duncan da un paso hacia adelante dobla el balón a Bosh, solo en la esquina (un calco de la última jugada del quinto partido de semifinales contra Pacers, pero entonces el lanzamiento no entró). El ala pivot de los Spurs no tiene piernas para rectificar y llegar a impedir un triple mortal.

En el siguiente ataque de los de Florida, 93 a 96 en el marcador, Green (que ha entrado por Leonard) se abalanza sobre James cuando este suelta la pelota, empeñado en impedir que reciba de nuevo. Bosh encara a Duncan más allá de la línea de tres puntos. Le rompe la cintura fácilmente y cuando llega la ayuda de Diaw hace una asistencia para una fácil canasta de Wade bajo canasta. Ninguno de estos 5 puntos son de Lebron James, pero no hubieran sido posibles sin él en la cancha.

 

publicado en http://www.encancha.com, junio 2014

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NBA: Lance Stephenson, potencia sin control en la final del Este

3 Jun

La semifinal de la NBA entre Miami Heat y Indiana Pacers nos ha dejado una serie de imágenes que serán recordadas a lo largo de los años. Y todas ellas con un mismo protagonista, un Lance Stephenson empeñado en desquiciar a los Heat. Al final, el único desquiciado fue él mismo.

Una vez acabado el sexto partido de la serie, consumada la derrota de los Pacers ante los Miami Heat en la Final de la Conferencia Este, los periodistas preguntaron a Paul George si creía que el equipo debía ofrecer un nuevo contrato a Lance Stephenson, que queda libre a final de temporada. A pesar de que luego matizara sus declaraciones remitiendo el tema a los ejecutivos de la franquicia de Indiana, sus primeras palabras fueron contundentes: “No lo sé”.

La actuación de Lance Stephenson ha sido uno de los puntos de interés de esta serie al mejor de siete partidos. Y no tanto por sus buenos números (14 puntos, 5,8 rebotes y 5 asistencias de media) como por sus palabras y algunas actitudes dentro de la pista. El escolta, a la búsqueda de un nuevo contrato acorde a su valor (su salario anual no llega al millón de dólares), ha vivido sobremotivado las semifinales de la NBA contra los Heat. Su necesidad de reivindicarse ante los ejecutivos de los Pacers y de llamar la atención de los del resto de equipos le ha provocado momentos de descontrol.

En la víspera del partido inicial de la serie entre Pacers y Heat la primera víctima de sus ataques fue Dwayne Wade. Más concretamente una de sus articulaciones: “la rodilla de D. Wade le va a crear problemas, así que tenemos que ser superagresivos y hacerle correr. Le diremos al entrenador que tenemos que hacerle correr para que se le hinche la rodilla. Hay que hacer todo lo posible para facilitarnos los partidos”.

Las rodillas de Wade ya le habían dado problemas en las finales de la NBA del 2012 y 2013. Esta temporada, su entrenador Erik Spoelstra le ha dosificado con la menor media de minutos en pista de su carrera, 32,9 por partido (y jugando sólo 54 de los 82 partidos de la liga regular) para que el escolta de 32 años llegase sano a los playoffs. Pero en este caso llovía sobre mojado, y no solo por el historial de lesiones de Wade.

Stephenson y su rival ya habían vivido momentos de tensión durante el enfrentamiento entre sus equipos de liga regular en abril, con el liderato del Este en juego. Ambos jugadores fueron sancionados con una técnica, y finalmente el escolta de los Pacers fue expulsado en el último cuarto tras mirar desafiante a su rival (la expulsión por esa acción aislada parece exagerada, pero suponemos que los árbitros valoraron la actuación del jugador durante todo el partido).

 

Tras el incidente anterior, Stephenson manifestó que “sólo es baloncesto. Si me cruzo con Wade en la calle, no iré a por él. Sólo es baloncesto, y jugamos duro. Ambos tenemos nuestro objetivo y ninguno de los dos le dará facilidades al otro. No tengo problemas con ellos, pero en la pista no hay amigos”. Su defensa sobre el escolta de los Heat durante la serie final reafirma sus palabras.

El foco de atención de Stephenson se desplazó hacia la gran estrella rival, Lebron James, a partir del tercer enfrentamiento de la Final del Este. Durante la primera parte de este duelo James le hizo algunos comentarios al jugador de los Pacers para picarlo (lo que se conoce como “trash talk”). Tras la derrota de su equipo por 99 a 87, con la serie 2 a 1 para los Heat, Stephenson dijo a la prensa que “suelen decirme cosas, decirme que harán algo que me saque de mis casillas. Y ahora él lo está intentando. Creo que es una debilidad por su parte y haré lo que pueda para explotarla”.

La respuesta de Lebron James vino en dos partes. La primera, ante la prensa: “No soy de los que pican, pero puedo hacerlo. Nunca empiezo, pero si lo hago soy capaz de mantenerme centrado. Ganar es lo más importante. Tengo claro cual es el principal objetivo”. Y la segunda en la pista. Nuevo triunfo de Miami (102-90) que ponía la serie 3 a 1 para los de Florida, y a los Pacers contra las cuerdas, con 32 puntos, 10 rebotes y 5 asistencias de King James.

Tras este cuarto partido Paul George, el principal encargado de defender a James durante toda la serie, criticó la actitud de su compañero: “Lo hace sobre el hombre equivocado. Va por el mal camino. A Lebron le da igual, esas cosas le estimulan”. Stephenson no entendió el mensaje: “No me importa como se sienta Lebron. Estoy preparado para cualquier reto. Me encanta cuando la gente me pone a prueba”.

Así que decidió subir la intensidad del desafío, entrando en terreno peligroso como un camión sin frenos y cuesta abajo. En el quinto enfrentamiento, además de mantener un bronco duelo físico con Wade, se introdujo en el corrillo en que Spoelstra, el entrenador rival, daba instrucciones a Mario Chalmers y Norris Cole. Se tiró al suelo de forma descarada en un contacto con James, consiguiendo únicamente ser multado con 15.000 dólares por un “flopping” tan burdo. Y para culminar el esperpento, la imagen que ha dado la vuelta al mundo. Viendo que no conseguía descentrar al número 1 del baloncesto mundial en estos momentos, le sopló a la oreja.

 

La espiral llegó a su máxima expresión en el sexto y definitivo partido. Stephenson asumió el marcaje directo de su némesis. Los codos volaron. Los Pacers se adelantaron 2 a 9, pero Lebron despertó con 3 fáciles entradas a canasta, para desesperación de su defensor. Con las pulsaciones a 1000 por hora, James halló el momento para desequilibrar a su rival.

La estrella de los Heat le puso la mano en la cara a Stephenson intentando evitar un triple que acabo entrando. Una acción disimulada que los árbitros no vieron. Pero que hizo mella en su rival. Stephenson perdió los nervios y la partida en una reacción poco disimulada alejada de la pelota, devolviéndo el toque a James.

Y Lebrón pudo presentarse como la víctima, centrando todos los focos y la atención arbitral sobre el escolta con tres cuartos aún por jugarse. Una falta flagrante del escolta sobre Norris Cole en el siguiente cuarto acabó con la voluntad belicosa del jugador de los Pacers.

 

Tras quedar fuera de la lucha por los anillos, Stephenson demostró que es un hombre sincero. Volviendo a las declaraciones que hemos citado antes sobre Wade, el jugador de los Pacers fue capaz de dejar su actitud agresiva una vez acabado el partido. Cuando dijo “solo es baloncesto y jugamos duro (…), no tengo problemas con ellos”, era verdad. Y no tuvo ningún problema en abrazarse con los jugadores rivales (incluyendo a Lebron James ) y aceptar deportivamente la derrota en un mensaje publicado en su cuenta de instagram.

El small ball aniquila a los Pacers

Llegados a este punto, lo fácil sería culpar a las distracciones provocadas por Lance Stephenson de la derrota de los Pacers. Nada más lejos de la realidad. La victoria de los Heat se explica por motivos puramente tácticos derivados de su disposición sobre la pista y de la incapacidad del equipo de Indiana para contrarrestarla de forma adecuada. Cuando el entrenador de Miami Rick Spoelstra alineó un cinco pequeño en pista, su rival Frank Vogel mantuvo su quinteto de confianza en pista, sin acertar en los ajustes.

La serie quedó rota tras las victorias de los de Florida en el tercer y cuarto partidos, que dejaron el marcador global en un 3 a 1 favorable a los Heat. El héroe del tercer duelo fue Ray Allen, que cosió a triples a los Pacers (4) en el último cuarto. Durante la racha, sus compañeros en pista son Dwayne Wade, Norris Cole, Lebron James y Chris Bosh, y sus rivales son Roy Hibbert, David West, Paul George, Lance Stephenson y C.J.Watson/George Hill.

Parece lógico pensar que, dado que Lebron ejercía de ala pívot, el encargado de su defensa fuera David West. Pero como era un emparejamiento desfavorable a su equipo, Vogel encomendó esta tarea a Paul George. Con Hibbert defendiendo a Bosh, Stephenson sobre Wade y los bases controlando a Cole, sólo quedaba un jugador libre: Ray Allen Y el veterano se fue a la línea de tres, alli donde West no podía cogerle, para anotar sus dos primeros triples del período y empezar a firmar la sentencia de los Pacers.

 

En el siguiente enfrentamiento los Heat no pudieron contar con los servicios del lesionado Chris Andersen, y optaron por utilizar un equipo “bajito” de salida, con Rashard Lewis de cuatro titular (bastante abierto en ataque) y Chris Bosh en funciones de cinco. Y la jugada les salió tan redonda que mantuvieron el planteamiento el resto de la Final del Este. Marcado por Hibbert, Bosh se dedicó a sacar al gigante de la zona y a tirar desde media distancia. Anotó 17 de sus 25 puntos antes del descanso.

En los tres partidos anteriores de la Final de Conferencia Bosh había anotado un global de 27 puntos (9 en cada uno de ellos), sin hallar la manera de superar a Hibbert en la pintura. En el quinto partido se fue hasta los 20 puntos, y en el sexto y último volvió a sumar 25. Las piezas acabaron de encajar cuando Rashard Lewis recuperó la confianza en su tiro tras una temporada aciaga (18 puntos en el quinto enfrentamiento y 13 en el sexto).

La derrota de Miami en el quinto partido tiene una explicación clara: los problemas de faltas de Lebron James, clave en el desarrollo del “small ball” de los Heat. Paul George fue el jugador más destacado de aquella noche por los Pacers con 37 puntos. Pero 31 de ellos llegaron después de que la estrella de Miami cometiese su quinta falta en el tercer cuarto. Y aún así, la franquicia de Florida tuvo un lanzamiento para ganar, un triple de Chris Bosh desde la esquina tras pase de James a 4 segundos del final que no entró.

Los Pacers no pudieron sacar rendimiento a su mayor altura en ataque para compensar sus problemas defensivos. El equipo hubiera podido variar su configuración en pista, pero me temo que Frank Vogel se hallaba en un callejón sin salida. Tras los problemas de juego de final de liga regular y principio de play offs, el técnico se había encomendado a su guardia pretoriana para reconducir la situación. George Hill, Lance Stephenson, Paul George, David West y Roy Hibbert han acaparado el tiempo en pista, con C.J. Watson y Luis Scola como únicos suplentes habituales pero sin demasiados minutos de importancia.

Tan solo en el tercer cuarto del sexto partido, con su equipo 30 abajo, el entrenador de los Pacers puso en pista un cinco pequeño con Hill, Stephenson, George, Chris Copeland y West. No funcionó. Tal vez con Evan Turner por Copeland el experimento podría haber dado otro resultado, pero el polivalente jugador arrastraba las consecuencias de una amigdalitis. Quien sabe, tal vez la próxima temporada les funcione. Aunque antes deben decidir si le ofrecen la renovación a Lance Stephenson.

 

publicado en http://www.encancha.com, junio 2014

NBA: El dinero no compra anillos de campeón

19 May

En un marco tan competitivo como el del deporte, el dinero puede ser una buena herramienta que ayude en el camino hacia el éxito. Sin embargo, por si mismo no garantiza el triunfo. En este artículo repasamos la relación  entre los últimos campeones de la NBA y sus presupuestos. Porque el dinero tal vez compre la felicidad, pero no los títulos.

Ya tenemos a los cuatro semifinalistas de la NBA. En el Oeste, San Antonio Spurs y Oklahoma City Thunder luchan por ser campeones del Oeste. En el otro lado del cuadro, Indiana Pacers y Miami Heat compiten por el título del Este. Los ganadores optarán al premio gordo, los anillos de campeones de la NBA.

Ninguno de estos cuatro equipos es el que tiene la plantilla más cara (en cuestión de salarios) de la liga norteamericana. Este honor le corresponde a los Brooklyn Nets (102,5 millones de dólares), que han sido eliminados en segunda ronda por los Heat. El segundo equipo que más ha gastado en jugadores esta temporada son los Knicks de Nueva York (88,2 millones), y ni siquiera se han clasificado para los playoffs. Cierran el podio de los “espléndidos” los vigentes campeones, Lebron James y amigos (80,7).

Respecto al resto de semifinalistas de la presente campaña, Oklahoma es el doceavo de la lista con un gasto en nóminas de jugadores de poco más de 70 millones, los Pacers de Indiana ocupan el puesto 16 con 67,2 millones y, como ya dijimos en el artículo anterior, los Spurs de San Antonio ocupan el veinteavo lugar en gasto con 63,1 millones. El equipo que menos se gastará este año en recompensar el esfuerzo de sus obreros cualificados de pista son los Sixers de Filadelfia (no creo que este dato sea una sorpresa) con un presupuesto de 52,2 millones de dólares.

El dinero no siempre compra la felicidad, ni el éxito. Esta frase ha sido cierta en la NBA desde las finales del 2011. Los Dallas Mavericks, con el presupuesto en jugadores más alto de la temporada (91,5 millones), se impusieron 4 a 2 en la última y definitiva ronda de los playoffs a los Miami Heat, onceavos en gasto ( 68,8 millones para la plantilla en el primer año del Big Three: Lebron, Wade, Bosh). El incremento del coste del equipo de Florida desde entonces hasta ahora responde básicamente a la subida de sueldo progresiva de su trío de estrellas.

Una mejora merecida (aunque ya estaba firmada de antemano), porque los Heat fueron campeones las dos temporadas siguientes (2012 y 2013). Aún así, se mantuvieron como el tercer equipo en la lista de pagadores (con unos totales de 75,3 y 81,5 millones, respectivamente). Derrotaron en la primera final a uno de los presupuestos de la zona media-baja (Oklahoma City Thunder, 59,5 millones para sus jugadores) y en la segunda al noveno de la lista (San Antonio Spurs, 69,6 millones).

Previamente al triunfo de los Mavericks, los Lakers se habían proclamado campeones dos temporadas consecutivas. Sólo en la segunda de ellas partían como el equipo más caro de la competición. La temporada 2008-09 figuraban como los quintos de la lista, un puesto por detrás del ganador de la temporada anterior, los Celtics. Los de Boston tampoco fueron el equipo que mejor pagó a sus jugadores el año en que conquistaron su último anillo hasta la fecha. Eran los sextos, dos lugares por delante del otro finalista, los Lakers.

Los campeones del 2007, 2005 y 2003 fueron los Spurs de San Antonio, un equipo sin sobrecostes salariales en forma de impuesto de lujo porque es reacio a traspasar el tope salarial. Con esta política difícilmente llegarán al lugar de honor del ránking de pagadores. El año 2006 ganaron los Heat de Shaquille O’Neal y Dwayne Wade, con un montante en nóminas muy inferior al de su rival en la final, los Dallas Mavericks (60,7 contra 98,5 millones). Y el 2004 se proclamó campeón un equipo de gladiadores, los Pistons, con un presupuesto muy reducido (53,9 millones) y con uno de los mejores anotadores peor pagados de la Liga, Richard Hamilton (6,5 millones).

Los sueldos de las estrellas

Por lo que se refiere a salarios individuales y logros colectivos, el MVP de la liga regular 2014 ha sido Kevin Durant, 11 en la lista de los mejor pagados esta temporada (18,8 millones). Su principal rival por el galardón fue Lebron James (19 millones), que le precede en la lista empatado con el también jugador de los Heat Chris Bosh.

Dwayne Wade figura en la treceava posición del ránking individual con un sueldo de 18,5 millones, Russell Westbrook es el 24 con 14,7 millones y Roy Hibbert el 29 gracias a su nómina de 14,3 millones anuales. Son los únicos 6 jugadores, en los 4 conjuntos semifinalistas, que figuran entre los 30 que más cobran esta temporada. Nótese que no hay ninguno de los Spurs.

Kobe Bryant será el mejor pagado de esta temporada, con 30,5 millones, aunque las lesiones no le han permitido justificar su sueldo. Su ausencia ha sido clave para que Pau Gasol (19,3 millones) y los Lakers acabasen la liga regular como el sexto peor equipo de la NBA. Los Mavericks de Dirk Nowitzki (22,7 millones) plantaron cara a los Spurs en primera ronda. Los Knicks de Amar’e Stoudamire (21,7) y Carmelo Anthony (21,5) no han entrado en playoffs. Los Nets de Joe Johnson (21,5) cayeron en segunda ronda ante los Heat y los Rockets de Dwight Howard (20,5) en primera contra los Blazers.

Lebron James ha sido el MVP de las últimas dos finales disputadas, y que ganó su equipo. Tan sólo en la última figuraba en el TOP 10 (8, precedido por Chris Bosh y seguido por Dwayne Wade) de los mejor pagados. En el 2011 el mejor jugador de las finales fue Dirk Nowitzki, también fuera de las primeras posiciones de este ránking (le mejoraron el contrato la siguiente temporada).

Kobe Bryant fue el jugador más destacado en los dos últimos anillos de los Lakers (2009 y 2010). En el segundo de ellos era el jugador que más cobraba (23 millones) y en el primero el cuarto. En el campeonato ganado por los Celtics el MVP fue Paul Pierce, que no figuraba entre los 10 primeros de una lista liderada por su compañero Kevin Garnett (23,7 millones). En los años anteriores tampoco hubo coincidencia entre sueldo y rendimiento en el momento cumbre del año baloncestístico. Ni Tony Parker (Spurs, 2007), ni Dwayne Wade (Heat, 2006), ni Tim Duncan (Spurs, 2005 y 2003) ni Chauncey Billups (Pistons, 2004) figuraban en el TOP 10 de sueldos.

En el caso de los jugadores, esta anomalía tiene una explicación lógica, amparada en el convenio colectivo firmado entre la NBA y el sindicato de jugadores. Los elegidos en el draft tienen un salario de entrada determinado en función de la posición en que son escogidos, y con unos incrementos anuales máximos preestablecidos. Los que no entran en draft empiezan en niveles económicos mucho más bajos.

A medida que los afortunados jóvenes consiguen sobrevivir más años en la jungla de la Liga, y van mejorando su rendimiento, crecen sus posibilidades de firmar contratos más sustanciosos. En especial cuando pasan a ser agentes libres, con total control sobre su destino y libertad para firmar con el mejor postor. Este momento suele llegar poco antes de los 30 años, en plena madurez de juego. Mientras tanto, las franquicias han sacado todo el jugo que han podido, y a un coste por debajo del mercado, a las jóvenes estrellas.

Cuatro plantillas, cuatro situaciones diferentes

Y esto nos devuelve al punto de partida, los cuatro semifinalistas de esta temporada. Miami Heat es el que más se gasta en fichas porque su trío básico ha alcanzado este punto de su carrera. Lebron James, Bosh y Wade consumen 56,7 de los 80,7 millones que el equipo de Florida gasta en sueldos. Si el trío lo desea, se puede marchar este verano o alargar sus contratos (hasta un máximo de 2 temporadas más). La decisión es de los jugadores, y no del equipo.

Los Thunder son un conjunto joven, pero sus jugadores claves se acercan al cénit de sus carreras, económicamente hablando. La franquicia ya ha cerrado las primeras renovaciones de contrato de sus piezas básicas. Durant tiene sueldo de estrella. Westbrook y Ibaka han extendido su vínculo con el equipo hace poco (en el verano del 2012) por unas buenas cantidades. Para no descompensar el presupuesto, en Oklahoma se vieron obligados a traspasar a James Harden.

Los Pacers se hallan inmersos en ese mismo proceso.  En el mismo verano de 2012 firmaron sus nuevos contratos Roy Hibbert y George Hill. El salario de Paul George subirá la próxima temporada hasta los 15,8 millones (y seguirá aumentando progresivamente) desde los 3,3 que está cobrando ahora. Lance Stephenson acaba contrato y su sueldo actual no llega al millón. Querrá mejorar, sin duda, y pretendientes no le van a faltar. El equipo de Indiana probablemente deberá elegir entre él y Evan Turner, sobre el que tiene una opción para el curso 2014-15 por 8,7 millones.

Los Spurs son una rareza. Porque sus estrellas aceptan cobrar menos para mantener el bloque. Tim Duncan renovó en el 2012 (vaya ajetreo de firmas la de aquel verano) por tres temporadas a cambio de 30 millones de dólares en total. Seguramente su edad (36 años) ayudó en la rebaja, pero aún así llama la atención la drástica reducción de su sueldo. Venía de cobrar unos 20 millones por temporada desde el curso 2007-08. Ginobili este último verano también se rebajó el sueldo a la mitad (de 14 millones por temporada a 14,5 por dos años). Estas rebajas permitieron renovar a Daniel Green, Boris Diaw y Tiago Splitter, y mantener el nivel del equipo.

En definitiva, y como bien sabemos todos los aficionados a las ligas de fantasía (en mi caso, el supermánager de la ACB), la plantilla más cara o los jugadores que más cobran no garantizan el éxito. Ejemplos recientes en la NBA, los actuales Nets o los Lakers de los Fantastic Four. La falta de presupuesto es un problema, pero lo mismo puede serlo su exceso. Porque al final, lo más importante no es la cantidad de dinero de que se dispone sino como se gestiona. Eso, y la capacidad con presupuestos reducidos para descubrir el talento que a otros se les pasa por alto. Es lo que se llama hacer de la necesidad virtud.

 

Publicado en http://www.encancha.com, mayo 2014

Finales NBA: El día que Lebron afinó la puntería

22 Jun

El séptimo y definitivo partido de las finales de la NBA del 2013 entre los Miami Heat y los San Antonio Spurs estuvo lleno de nervios, fallos e imprecisiones, como no podía ser de otra manera. Si en los anteriores enfrentamientos uno de los dos equipos siempre tenía algo que ganar, en este los dos conjuntos se lo jugaban todo a una carta, sin red de seguridad. O la alegría más absoluta o el sabor amargo de la derrota. Sin términos medios.

Durante el primer cuarto Lebron James seguía intentando anotar acercándose a la pintura, pero Leonard y Diaw no se lo permitían. Los Spurs tampoco estaban acertados cara a canasta, pero las acciones de Duncan y el trabajo en el rebote ofensivo de un Leonard sensacional les daban aire. Dos triples consecutivos de Battier permitieron a los Heat cerrar este período con dos puntos de ventaja, 18 a 16.

El segundo cuarto comenzó con un nuevo triple de Batier, pero los Spurs recortaron diferencias. No era la noche de Chris Bosh en ataque (acabó el partido con 0 puntos), y sus problemas de faltas le enviaron al banquillo. Los dos equipos defendían con intensidad, lo que eliminó la circulación de balón. Así que el partido entró en una fase de guerra de guerrillas en la que cada uno hacía la guerra por su cuenta. Dwayne Wade sostenía el marcador de los Heat.

Lebron cambia de táctica

En una serie tan larga como ésta, es difícil que los equipos se guarden alguna sorpresa para última hora. Los ases ya están todos sobre la mesa. Y sin embargo, a Miami aún le quedaba uno bajo la manga. A 5:32 para el descanso Lebron James, libre de marca, anotó un triple. Tres minutos después, otra vez solo, anotó otro desde la esquina. Y los Heat cambiaron su planteamiento. Durante todas las series, su gran estrella no había encontrado el camino para penetrar a canasta. Ya no lo iba a buscar más. A partir de ahora, James era un tirador.

Si en los seis enfrentamientos anteriores de la serie se había mostrado totalmente ineficaz lejos de la pintura, en el momento de la verdad recuperó la confianza y el acierto fuera de la zona. La inmensa mayoría de sus canastas en este encuentro son exteriores. Y las que son interiores llegan en los dos primeros cuartos. Antes de su primer triple.

Tras una primera parte igualada, en el tercer cuarto no se rompió el marcador pero si varió la dinámica del partido. Wade y James habían asumido todo el peso del ataque local. Hasta el extremo que de los 54 puntos del equipo en el segundo y el tercer cuarto, 34 fueron obra de esta pareja, con tres triples más de Lebron James tras el descanso (estadística maquillada por sus compañeros con dos triples en el último minuto del tercer cuarto de Battier y Chalmers, sino las cifras hubieran sido 34 de 48).

De hecho, sólo Lebron James (37 puntos), Dwayne Wade (23 puntos), Shane Battier (18 puntos), Mario Chalmers (14 puntos) y Chris Andersen (3 puntos) anotaron para los Heat en este último duelo de las Finales de la NBA. Casi todos los puntos de los Heat vinieron de los jugadores exteriores. El small ball en su máxima expresión.

Por los Spurs Leonard seguía manteniendo un excelente nivel, acosando los aros en busca de rebotes (16 en total, 4 en ataque). En defensa, sin embargo, la nueva táctica de James le había pillado a contrapié, al igual que al resto del equipo. Parker no tenía la chispa de siempre, lastrado por la amenaza de una lesión muscular que podía producirse en cualquier momento (sus 10 puntos fueron todos en la primera parte). Y Daniel Green, la figura tejana en los tres primeros partidos de la serie, estaba desaparecido (acabó con 1 de 12 en lanzamientos de campo). El tercer período acabó 72 a 71 después de un triple sobre la sirena de Mario Chalmers. 

La hora de los valientes

En el último cuarto de la temporada 2012-13 de la NBA siguió la guerra de nervios. Spoelstra reclamó a los suyos la mejor defensa de la temporada. Y para ello mantuvo de salida en pista a Chris Andersen. Battier inauguró los 12 minutos finales con un nuevo triple. Los Spurs empezaban a perder balones (2 de Ginobili en esta fase, 4 en el cuarto) y los Heat abrieron una brecha de hasta 6 puntos de ventaja con James martilleando desde los 5-6 metros y Battier desde la línea de tres puntos. Pero un triple de Leonard puso el 90 a 88 en el marcador a falta de 2 minutos.

Popovich puso en pista a su cinco de gala: Parker, Ginobili, Green, Leonard y Duncan (a pesar del mal momento de los tres primeros). Spoelstra no atendió a nombres sino a rendimiento. Battier (6 de 8 en triples) siguió en pista en lugar de Ray Allen. Junto a él, Chalmers, Wade, Lebron y Bosh (decisivo en rebote y defensa en los momentos clave del sexto partido).

 Los nervios se hicieron muy presentes en la pista en forma de tiros fallados, imprecisiones y pelotas perdidas. Duncan falló un gancho para empatar a 90. Pudo remediarlo palmeando su propio rebote pero tampoco acertó. Y entonces llegó el momento del héroe que hizo los últimos méritos que necesitaba para ser elegido MVP de las Finales por segundo año consecutivo.

Lebron James con una nueva suspensión anotó el 92 a 88. En la siguiente jugada de los Spurs Ginobili entró a canasta y, muy bien cerrado por Bosh, intentó pasar la pelota a Duncan. James, muy atento, interceptó el pase. Falta rápida del ala pívot de los Spurs y dos tiros libres anotados por la figura de los Heat que prácticamente sellaban el resultado a 23 segundos del final. El marcador definitivo fue 95 a 88.

Al final del último partido de la temporada Greg Popovich abrazó muy afectuosamente a su rival de los Heat, Erik Spoelstra. Incluso bromeó con los asistentes rivales. Eso es saber encajar la derrota con estilo, a pesar de no tener práctica. Es la primera final de la NBA que pierden los Spurs.

Y Lebron cumplió su doble objetivo

En el artículo “Los antitelevisivos Spurs de San Antonio”, del dia 8 de junio, señalaba que Lebron James se enfrentaba a un doble reto. Después que los Heat perdieran el primer partido de esta serie, la estrella debía remontar tanto en lo deportivo como en lo referente a las audiencias de televisión. Del aspecto deportivo ya hemos hablado. Respecto a las audiencias, el séptimo partido de las Finales de la NBA fue seguido por una media del 17,7% de los hogares de los Estados Unidos de América, el segundo más visto de los últimos 15 años. La audiencia media de estas series ha sido la mejor de las tres finales consecutivas disputadas por los Miami Heat.

 

publicado en www.encancha.com, junio 2013

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