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Los retos de Adam Silver, el nuevo jefe de la NBA

6 Feb

El quinto comisionado de la historia de la NBA ha empezado el ejercicio de su cargo con la liga saneada y una posición hegemónica a nivel mundial que nadie discute. Y viene con ideas en mente acerca de los cambios necesarios para mantener su status. En este artículo analizamos algunas de estas posibles variaciones.

Adam Silver tomó las riendas de la NBA en sustitución de David Stern el 1 de febrero,  justo cuando se cumplían 30 años de la toma de posesión del que ahora se jubilaba. El saliente y el entrante son dos personalidades opuestas que, sin embargo, se han complementado muy bien durante los últimos 22 años.

Silver, un abogado licenciado en las universidades de Duke y Chicago, entró a trabajar como ayudante del comisionado de la NBA en 1992. El 2006 fue elevado a la categoría de segundo al mando de la Liga. Si Stern era un directivo a la antigua usanza, con un fuerte personalismo y un duro e hiriente sarcasmo, su sucesor es un ejecutivo moderno, de bajo perfil personal, dialogante y buscador de consensos, que se distinguió durante la negociación del último convenio colectivo.

Otra muestra de la modernidad del nuevo comisionado de la Liga es su apoyo total al uso de estadísticas avanzadas. Fruto de su afición al beisbol, Silver es un ferviente creyente en la utilidad de este tipo de analítica del juego. Partidario de abrir estos datos a todos los aficionados, se adivina su mano tras la remodelación esta temporada del apartado de estadística de la web de la NBA.

Cuando Stern se convirtió en el cuarto comisionado en la historia de la NBA, se encontró con una liga en bancarrota e infiltrada por el fantasma de las drogas. Stern limpió los vestuarios de estupefacientes y devolvió los números negros a los balances poniendo la liga en manos de las estrellas (primero, Magic Johnson y Larry Bird, luego Michael Jordan), concebidas como instrumentos de marketing para atraer público y anunciantes.

Para saber a qué retos se enfrenta Adam Silver al principio de su mandato, recurriremos a los globos sonda que ha lanzado antes de tomar posesión de forma oficial del cargo. Así sabremos los temas que Silver identifica como problemáticos.

REDUCCIÓN DE LA DURACIÓN DE LOS PARTIDOS

A la NBA parece preocuparle la duración de los partidos, que considera excesiva.  Según fuentes de varios equipos, el mismo Silver habría propuesto, de forma informal en reuniones a lo largo de las dos últimas temporadas, reducir el tiempo de juego de los partidos de 48 a 40 minutos, y las prórrogas de 5 minutos a 3.

Para acortar, ya ha limitado las presentaciones de equipos y otros rituales prepartidos, y ha establecido un mayor control sobre el cumplimiento de los tiempos muertos. A los anunciantes les gusta que la transmisión tenga una duración más o menos fija, y no debe ser demasiado larga para que los ajetreados espectadores puedan seguirla en su totalidad. Dos horas parece ser el minutaje adecuado.

A la Liga, además de la extensión en el tiempo de sus enfrentamientos, le inquieta el alargamiento de sus minutos finales, a la manera del baloncesto NCAA, cuando el resultado está ajustado. La NBA ya ha avanzado en este camino con una modificación de la reglamentación de las faltas intencionadas en los dos últimos minutos de partido.

Sobre este tema hay que seguir los cambios introducidos en la D-League, campo de pruebas de futura reglamentación NBA. El objetivo en esta competición es reducir los encuentros a una duración de 2 horas, lo que complace a los anunciantes. Para ello la liga de formación ha reducido el número y extensión de los tiempos muertos (decisión no viable en la NBA para no perder publicidad) y ha prohibido los tiempos muertos consecutivos. También se plantea reducir el descanso entre partes (las marcas asumen que los espectadores hacen zapping, así que esta decisión no supondría un problema).

REPLANTEAMIENTO DE LAS DIVISIONES

Mirando la clasificación de la NBA, a fecha de 27 de enero, sólo tres equipos del Oeste (y uno de ellos los Lakers) tenían peor registro que el octavo clasificado del Este. Lo cual implicaba que cuatro equipos de la Conferencia más potente se quedarían fuera de los playoffs a pesar de haber hecho más méritos que sus rivales del Este, en la que hace años que se van colando equipos en la lucha por los anillos con un balance de victorias inferior al 50%.

Este año esa diferencia es aún mucho más exagerada. Mientras que los ocho privilegiados del Oeste presentaban todos un balance ganador, sólo cinco equipos del Este tenían más triunfos que derrotas. Y gracias a que los Toronto Raptors (22-21)  había encontrado su juego tras un mal noviembre (5-9) y que los Chicago Bulls (22-21) arreglaron en enero (10-3) un pésimo diciembre (5-10).

Modificar el sistema de conferencias  supondría un cambio drástico del calendario (los equipos se enfrentan más veces durante la liga regular contra los de su misma división que contra los de la otra mitad de la NBA), pero con la mejora de los medios de transporte sería asumible.

Los aficionados agradeceríamos que en la lucha por los anillos participasen los 16 mejores equipos de la liga, sin importar de qué parte de los Estados Unidos sean. Pero como no se puede empezar la casa por el tejado, lo primero que revisarán serán las divisiones, en la próxima  reunión del Comité de Competición.

Los campeones de División ganan plaza de forma automática para los playoffs y pasan como cabezas de serie delante del resto de equipos que no lo son aunque hayan finalizado la liga regular con un peor balance de victorias y derrotas. Silver, al que no le gusta este privilegio, manifestó respecto a esta forma de agrupar los equipos que “el objetivo era fomentar rivalidades y ahora no estoy seguro que eso esté ocurriendo”.

En un primera fase lo más probable es que realineen algunos equipos para potenciar rivalidades y darle así una última oportunidad a esta forma de organizar los equipos. Pero si no obtienen los resultados esperados, podéis apostar que no les temblará el pulso para abolirlas.

HACER UN DRAFT MENOS ALEATORIO

Un repaso a las plantillas de esta temporada, y a los fichajes y movimientos efectuados por algunos equipos, revela motivaciones ocultas. Coinciden demasiadas franquicias con equipos nada competitivos. Si unimos este dato a las opiniones de los expertos en baloncesto universitario de que el draft del 2014 será de calidad excepcional, es imposible no pensar en el tanking (tirar la temporada para conseguir una mejor elección de rookies).

El problema es la mala imagen que la NBA proyecta. Los tramposos, los que hacen las cosas mal a posta, tienen premio. Hasta 1984, los dos peores equipos se jugaban a cara o cruz las dos primeras elecciones.  Precisamente hasta el año en que llegaron a la liga Olajuwon y Jordan, pocos meses después de la toma de posesión del comisionado David Stern. Aquella temporada también hubo fundadas sospechas de tanking.

Stern modificó de forma progresiva el draft hasta su forma actual, en que un sorteo entre los equipos que no juegan playoffs determina las 3 primeras opciones de elegir. Con más posibilidades para los peores equipos, pero no tantas como para ser una garantía de nada. Eso si, el equipo con menos victorias se asegura como poco ser el cuarto en escoger jugador (este año ésa será una posición excelente).

Y ahora de nuevo coincide un cambio en el máximo dirigente de la NBA con una camada de novatos de gran talento. El enfoque del nuevo comisionado para resolver el problema es radicalmente opuesto al de Stern. Si su antecesor apostó por el azar controlado, Silver pretende establecer un patrón fijo de 30 años, alternando elecciones altas con bajas. Una secuencia como la siguiente:

1, 30, 19, 18 ,7, 6, 25, 23, 14, 11, 2 ,29, 20, 17, 8, 5, 26, 22, 15, 10, 3, 28, 21, 16, 9, 4, 27, 24, 13, 12.

Con este sistema los equipos sabrían exactamente sus opciones en el draft. Se evitarían los malos ciclos de franquicias atrapadas durante años en las elecciones medias-altas (del 20 al 30), y los golpes de fortuna exagerados, con plantillas renovadas después de encadenar varias elecciones bajas. Y sería inútil dejarse perder, puesto que tu lugar en el draft está marcado. Así que si perder no sirve, solo queda ir a ganar.

El punto oscuro de este sistema es que las futuras estrellas NBA también sabrían de antemano cual sería su destino. Y podrían decidir estar más o menos tiempo en la universidad en función de sus preferencias. La función igualadora entre conjuntos que se supone tiene el draft peligraría. Aunque sea a costa de los derechos de estos futuros trabajadores (serán millonarios, pero siguen siendo asalariados), que seguirán sin poder elegir su “primera empresa”.

Sin embargo, pasará mucho tiempo antes de que modificaciones de este tipo puedan aplicarse. Al menos, 10 temporadas, hasta que se hayan consumado todos los cambios pendientes entre las franquicias. Y quien sabe, igual para entonces ha hay otro comisionado.

ELEVAR LA EDAD DE INGRESO DE LOS JUGADORES

Adam Silver habría revelado después de tomar posesión del cargo que una de sus prioridades es elevar un año más la edad mínima de acceso a la NBA, pasándola de los 19 actuales hasta los 20. Un empeño heredado de su predecessor David Stern, a quien tampoco le gustaban los “one and done” de la NCAA.

Con el sistema actual se pone en duda el compromiso de las futuras estrellas con las Universidades que los reclutan. Y condiciona el sistema de trabajo de los equipos, que no pueden construir proyectos de crecimiento a medio plazo (en la liga universitaria no existe el largo plazo ya que la carrera de sus jugadores se limita a 4 temporadas activas).

Una opción sería volver a los viejos tiempos, y permitir la entrada de jugadores en la liga con 18 años, al salir del instituto. Así, el que fuera a la Universidad no lo haría por obligación. Pero a la NBA no le gusta esta opción. Así que su solución es elevar la edad de ingreso. Una idea a la que se oponen los jugadores. Sea cual sea la resolución del tema, no podrá abordarse hasta la negociación del siguiente convenio colectivo. El vigente no caduca hasta el 2017.

PUBLICIDAD EN LAS CAMISETAS

La Junta de Gobernadores (los propietarios, para entendernos) debe ratificar un primer acuerdo para introducir publicidad en las camisetas de los jugadores. De forma muy tímida en este primera tentativa, pero publicidad. David Stern se oponía a esta medida y pretendía hacer cambiar de decisión a los dueños de los equipos. Desconozco la postura de Silver al respecto. Tal vez a final de temporada la sepamos. Y para la siguiente, las camisetas ya no estarán tan “limpias”.

publicado en http://www.encancha.com, febrero 2014

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