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Los retos de Adam Silver, el nuevo jefe de la NBA

6 Feb

El quinto comisionado de la historia de la NBA ha empezado el ejercicio de su cargo con la liga saneada y una posición hegemónica a nivel mundial que nadie discute. Y viene con ideas en mente acerca de los cambios necesarios para mantener su status. En este artículo analizamos algunas de estas posibles variaciones.

Adam Silver tomó las riendas de la NBA en sustitución de David Stern el 1 de febrero,  justo cuando se cumplían 30 años de la toma de posesión del que ahora se jubilaba. El saliente y el entrante son dos personalidades opuestas que, sin embargo, se han complementado muy bien durante los últimos 22 años.

Silver, un abogado licenciado en las universidades de Duke y Chicago, entró a trabajar como ayudante del comisionado de la NBA en 1992. El 2006 fue elevado a la categoría de segundo al mando de la Liga. Si Stern era un directivo a la antigua usanza, con un fuerte personalismo y un duro e hiriente sarcasmo, su sucesor es un ejecutivo moderno, de bajo perfil personal, dialogante y buscador de consensos, que se distinguió durante la negociación del último convenio colectivo.

Otra muestra de la modernidad del nuevo comisionado de la Liga es su apoyo total al uso de estadísticas avanzadas. Fruto de su afición al beisbol, Silver es un ferviente creyente en la utilidad de este tipo de analítica del juego. Partidario de abrir estos datos a todos los aficionados, se adivina su mano tras la remodelación esta temporada del apartado de estadística de la web de la NBA.

Cuando Stern se convirtió en el cuarto comisionado en la historia de la NBA, se encontró con una liga en bancarrota e infiltrada por el fantasma de las drogas. Stern limpió los vestuarios de estupefacientes y devolvió los números negros a los balances poniendo la liga en manos de las estrellas (primero, Magic Johnson y Larry Bird, luego Michael Jordan), concebidas como instrumentos de marketing para atraer público y anunciantes.

Para saber a qué retos se enfrenta Adam Silver al principio de su mandato, recurriremos a los globos sonda que ha lanzado antes de tomar posesión de forma oficial del cargo. Así sabremos los temas que Silver identifica como problemáticos.

REDUCCIÓN DE LA DURACIÓN DE LOS PARTIDOS

A la NBA parece preocuparle la duración de los partidos, que considera excesiva.  Según fuentes de varios equipos, el mismo Silver habría propuesto, de forma informal en reuniones a lo largo de las dos últimas temporadas, reducir el tiempo de juego de los partidos de 48 a 40 minutos, y las prórrogas de 5 minutos a 3.

Para acortar, ya ha limitado las presentaciones de equipos y otros rituales prepartidos, y ha establecido un mayor control sobre el cumplimiento de los tiempos muertos. A los anunciantes les gusta que la transmisión tenga una duración más o menos fija, y no debe ser demasiado larga para que los ajetreados espectadores puedan seguirla en su totalidad. Dos horas parece ser el minutaje adecuado.

A la Liga, además de la extensión en el tiempo de sus enfrentamientos, le inquieta el alargamiento de sus minutos finales, a la manera del baloncesto NCAA, cuando el resultado está ajustado. La NBA ya ha avanzado en este camino con una modificación de la reglamentación de las faltas intencionadas en los dos últimos minutos de partido.

Sobre este tema hay que seguir los cambios introducidos en la D-League, campo de pruebas de futura reglamentación NBA. El objetivo en esta competición es reducir los encuentros a una duración de 2 horas, lo que complace a los anunciantes. Para ello la liga de formación ha reducido el número y extensión de los tiempos muertos (decisión no viable en la NBA para no perder publicidad) y ha prohibido los tiempos muertos consecutivos. También se plantea reducir el descanso entre partes (las marcas asumen que los espectadores hacen zapping, así que esta decisión no supondría un problema).

REPLANTEAMIENTO DE LAS DIVISIONES

Mirando la clasificación de la NBA, a fecha de 27 de enero, sólo tres equipos del Oeste (y uno de ellos los Lakers) tenían peor registro que el octavo clasificado del Este. Lo cual implicaba que cuatro equipos de la Conferencia más potente se quedarían fuera de los playoffs a pesar de haber hecho más méritos que sus rivales del Este, en la que hace años que se van colando equipos en la lucha por los anillos con un balance de victorias inferior al 50%.

Este año esa diferencia es aún mucho más exagerada. Mientras que los ocho privilegiados del Oeste presentaban todos un balance ganador, sólo cinco equipos del Este tenían más triunfos que derrotas. Y gracias a que los Toronto Raptors (22-21)  había encontrado su juego tras un mal noviembre (5-9) y que los Chicago Bulls (22-21) arreglaron en enero (10-3) un pésimo diciembre (5-10).

Modificar el sistema de conferencias  supondría un cambio drástico del calendario (los equipos se enfrentan más veces durante la liga regular contra los de su misma división que contra los de la otra mitad de la NBA), pero con la mejora de los medios de transporte sería asumible.

Los aficionados agradeceríamos que en la lucha por los anillos participasen los 16 mejores equipos de la liga, sin importar de qué parte de los Estados Unidos sean. Pero como no se puede empezar la casa por el tejado, lo primero que revisarán serán las divisiones, en la próxima  reunión del Comité de Competición.

Los campeones de División ganan plaza de forma automática para los playoffs y pasan como cabezas de serie delante del resto de equipos que no lo son aunque hayan finalizado la liga regular con un peor balance de victorias y derrotas. Silver, al que no le gusta este privilegio, manifestó respecto a esta forma de agrupar los equipos que “el objetivo era fomentar rivalidades y ahora no estoy seguro que eso esté ocurriendo”.

En un primera fase lo más probable es que realineen algunos equipos para potenciar rivalidades y darle así una última oportunidad a esta forma de organizar los equipos. Pero si no obtienen los resultados esperados, podéis apostar que no les temblará el pulso para abolirlas.

HACER UN DRAFT MENOS ALEATORIO

Un repaso a las plantillas de esta temporada, y a los fichajes y movimientos efectuados por algunos equipos, revela motivaciones ocultas. Coinciden demasiadas franquicias con equipos nada competitivos. Si unimos este dato a las opiniones de los expertos en baloncesto universitario de que el draft del 2014 será de calidad excepcional, es imposible no pensar en el tanking (tirar la temporada para conseguir una mejor elección de rookies).

El problema es la mala imagen que la NBA proyecta. Los tramposos, los que hacen las cosas mal a posta, tienen premio. Hasta 1984, los dos peores equipos se jugaban a cara o cruz las dos primeras elecciones.  Precisamente hasta el año en que llegaron a la liga Olajuwon y Jordan, pocos meses después de la toma de posesión del comisionado David Stern. Aquella temporada también hubo fundadas sospechas de tanking.

Stern modificó de forma progresiva el draft hasta su forma actual, en que un sorteo entre los equipos que no juegan playoffs determina las 3 primeras opciones de elegir. Con más posibilidades para los peores equipos, pero no tantas como para ser una garantía de nada. Eso si, el equipo con menos victorias se asegura como poco ser el cuarto en escoger jugador (este año ésa será una posición excelente).

Y ahora de nuevo coincide un cambio en el máximo dirigente de la NBA con una camada de novatos de gran talento. El enfoque del nuevo comisionado para resolver el problema es radicalmente opuesto al de Stern. Si su antecesor apostó por el azar controlado, Silver pretende establecer un patrón fijo de 30 años, alternando elecciones altas con bajas. Una secuencia como la siguiente:

1, 30, 19, 18 ,7, 6, 25, 23, 14, 11, 2 ,29, 20, 17, 8, 5, 26, 22, 15, 10, 3, 28, 21, 16, 9, 4, 27, 24, 13, 12.

Con este sistema los equipos sabrían exactamente sus opciones en el draft. Se evitarían los malos ciclos de franquicias atrapadas durante años en las elecciones medias-altas (del 20 al 30), y los golpes de fortuna exagerados, con plantillas renovadas después de encadenar varias elecciones bajas. Y sería inútil dejarse perder, puesto que tu lugar en el draft está marcado. Así que si perder no sirve, solo queda ir a ganar.

El punto oscuro de este sistema es que las futuras estrellas NBA también sabrían de antemano cual sería su destino. Y podrían decidir estar más o menos tiempo en la universidad en función de sus preferencias. La función igualadora entre conjuntos que se supone tiene el draft peligraría. Aunque sea a costa de los derechos de estos futuros trabajadores (serán millonarios, pero siguen siendo asalariados), que seguirán sin poder elegir su “primera empresa”.

Sin embargo, pasará mucho tiempo antes de que modificaciones de este tipo puedan aplicarse. Al menos, 10 temporadas, hasta que se hayan consumado todos los cambios pendientes entre las franquicias. Y quien sabe, igual para entonces ha hay otro comisionado.

ELEVAR LA EDAD DE INGRESO DE LOS JUGADORES

Adam Silver habría revelado después de tomar posesión del cargo que una de sus prioridades es elevar un año más la edad mínima de acceso a la NBA, pasándola de los 19 actuales hasta los 20. Un empeño heredado de su predecessor David Stern, a quien tampoco le gustaban los “one and done” de la NCAA.

Con el sistema actual se pone en duda el compromiso de las futuras estrellas con las Universidades que los reclutan. Y condiciona el sistema de trabajo de los equipos, que no pueden construir proyectos de crecimiento a medio plazo (en la liga universitaria no existe el largo plazo ya que la carrera de sus jugadores se limita a 4 temporadas activas).

Una opción sería volver a los viejos tiempos, y permitir la entrada de jugadores en la liga con 18 años, al salir del instituto. Así, el que fuera a la Universidad no lo haría por obligación. Pero a la NBA no le gusta esta opción. Así que su solución es elevar la edad de ingreso. Una idea a la que se oponen los jugadores. Sea cual sea la resolución del tema, no podrá abordarse hasta la negociación del siguiente convenio colectivo. El vigente no caduca hasta el 2017.

PUBLICIDAD EN LAS CAMISETAS

La Junta de Gobernadores (los propietarios, para entendernos) debe ratificar un primer acuerdo para introducir publicidad en las camisetas de los jugadores. De forma muy tímida en este primera tentativa, pero publicidad. David Stern se oponía a esta medida y pretendía hacer cambiar de decisión a los dueños de los equipos. Desconozco la postura de Silver al respecto. Tal vez a final de temporada la sepamos. Y para la siguiente, las camisetas ya no estarán tan “limpias”.

publicado en http://www.encancha.com, febrero 2014

NBA: El adios de David Stern

1 Feb

David Stern se jubila. Después de 30 años como comisionado de la NBA, Stern pasará el testigo a su segundo de a bordo, Adam Silver. Asumió el cargo en un momento crítico de la Liga, y ahora la deja saneada y con el futuro bien asegurado.

El 1 de febrero 1984, cuando David Stern fue nombrado comisionado de la  NBA, la competición tenia graves problemas, económicos y deportivos. En el aspecto financiero, la liga estaba casi en quiebra. En el deportivo, las drogas (y no me refiero al dopaje, más o menos consentido durante mucho tiempo) campaban a sus anchas en los vestuarios de los diferentes equipos. Un artículo de “Los Angeles Times” publicado en 1982 aseguraba que el 75% de los jugadores de entonces eran drogadictos. Probablemente exageraba el porcentaje, pero la presencia de cocaína y heroína era innegable. Y claro, esta mala fama aún hacía más difícil encontrar patrocinadores para reflotar el negocio.

Como buen especialista en marketing, Stern sabía que el producto necesitaba un buen lavado de cara para salir adelante. Limpió los vestuarios de camellos y adictos expulsándolos de la competición. Algunos acabaron jugando en Europa (Michael Ray Richardson). Especialmente sonado fue el caso de los Houston Rockets, con dos positivos de cocaína (uno era Mitchel Wiggins, cuyo hijo Andrew es uno de los candidatos a ser el número 1 del draft del 2014). Y una vez aseada la liga, tocaba promocionarla usando a sus estrellas como ganchos publicitarios.

El comisionado se encontró con una hornada de jugadores excepcionales, recien llegados a la liga. Pero la suerte puso en sus manos algo especial, que supo explotar a conciencia: la rivalidad entre Magic Johnson y Larry Bird, dos jugadores dotados de un gran carisma personal. Se podría haber decantado por Olajuwon y Ewing, pero las finales las jugaban Lakers y Celtics. No sólo era un enfrentamiento individual, sino de dos conceptos. Por Magic, la alegría y el espectáculo, el famoso showtime. Por los Celtics de Bird, el control, la sobriedad y la eficacia. Una reedición de la primera gran rivalidad de la NBA entre dos jugadores que representaban los mismos arquetipos, Wilt Chamberlain y Bill Rusell.

Los años 90 pertenecen a Michael Jordan y sus Chicago Bulls. Seis anillos en ocho años. Los más recordados son los dos últimos, ganados en unas épicas finales contra los Utah Jazz. Otra contraposición de dos ideas. El juego de bloque de los Jazz contra la genialidad individual de Jordan. No es que el equipo de Utah no tuviera individualidades (el duo Stockton-Malone, y Byron Rusell como el villano defensivo que perseguia a la estrella rival), ni que MJ jugase solo (Pippen, Kukoc, Kerr, Rodman…), pero esa era la idea que había que difundir.

En los tres títulos de los Lakers de los años 2000, 2001 y 2002, era muy difícil vender un gran duelo como gancho. Primero, porque el rival de las finales fue distinto en los tres títulos. Y segundo, porque los enemigos de verdad compartían vestuario, Shaquille O’Neal y Kobe Bryant. Una relación que se fue envenenando con los años y que acabó explotando tras la derrota en las finales del 2004.

El draft del 2003 parecía que iba a marcar el inicio de una nueva rivalidad con la llegada de Lebron James y Carmelo Anthony. Stern puso al departamento de marketing a trabajar. Pero ni los Cleveland Cavaliers de Lebron daban la talla en lo deportivo ni Carmelo Anthony en lo tocante al carisma personal de una estrella. Y mientras tanto, ganaban la liga los antipáticos Spurs de San Antonio de Tim Duncan (el jugador con más clase y menos encanto mediático de la historia) y los Lakers de Kobe Bryant (odiado y respetado por los aficionados al 50%). Y las audiencias de televisión se resentían….

El año 2007 llegó Kevin Durant a la liga. Lebron James por fin tenía un rival de su talla. Los Oklahoma City Thunder empezaron a construir un equipo campeón con Durant de estrella, y James dejó los Cavaliers para fichar por el proyecto ganador de los Miami Heat. Un proceso que culmina con los dos equipos jugándose el campeonato en las finales del 2012.

La temporada pasada la lesión de Russell Westbrook apartó al equipo de Oklahoma de una nueva final. Lebron James pudo ocupar el trono de rey que la NBA le tenía reservado tras ganar su segundo anillo. Y Kevin Durant vio su estrella palidecer. Pero fue una experiencia de la que extrajo valiosas enseñanzas que aplica esta temporada.

Con Russell Westbrook de nuevo lesionado a finales de diciembre, el jugador franquicia de los Thunder ha puesto el listón muy alto este enero en la lucha por el MVP de la Liga Regular. Ha llevado a su equipo hasta el liderato del Oeste. Tras anotar en dobles figuras en todos los encuentros que ha disputado en la presente temporada, ha pasado de los 30 puntos en sus últimos 12 partidos jugados. Contra los Warriors se fue hasta los 54. Su promedio anotador del primer mes del 2014 es de 36,6 puntos por partido.

Stern se marcha tranquilo porque sabe que se lo deja todo atado y bien atado a su sucesor, Adam Silver. Tras dos cierres patronales, ahora hay un convenio colectivo en vigor hasta el 2017, que ha contentado a los propietarios de los equipos más modestos económicamente hablando (y que fueron los más intransigentes durante las negociaciones del último acuerdo entre patronal y jugadores). Y vuelve a tener una buena rivalidad en la pista para atraer espectadores. Ha cerrado el círculo.

 

publicado en http://www.encancha.com, enero 2014

NCAA: ¿Un sueldo para los jugadores universitarios?

16 Oct

La discusión acerca de si los deportistas universitarios deben cobrar o no, lejos de apagarse, ha ganado en intensidad. Así que volvemos sobre el que puede ser uno de los temas centrales de la temporada que en breve comienza. El mes pasado os hablaba del debate que una temporada más tenía lugar acerca de si los deportistas  universitarios debían cobrar o no por jugar. Pero a diferencia de otros años, el debate ha ido a más con nuevas aportaciones a favor y en contra. Por lo que parece, esta vez la cosa si va en serio, y podríamos asistir a algunos cambios de importancia.

El entrenador de Duke, Mike Krzyzewski, pidió una nueva definición del amateurismo, después de reunirse con el presidente de la NCAA, Mark Emmert, y se mostró optimista ante los cambios que se avecinan en el deporte universitario de los Estados Unidos. En el bando opuesto, el entrenador de Syracuse Jim Boeheim se mostró contrario a cambiar nada en este sentido. “Es la sugerencia más estúpida hecha nunca”. Una opinión compartida por los directores atléticos de las 351 universidades de la Division I.

El venerable entrenador respondía a las quejas de Chris Webber. El exjugador NBA se lamentaba de que la Universidad de Michigan aún vendiera su camiseta por 75 dólares sin darle una parte a él. Para Boeheim, Webber ya obtuvo suficiente recompensa con una educación gratuita. Y gracias a su paso por Michigan pudo labrarse una carrera en la NBA. El técnico recordó que existe un sistema de ayudas para los jugadores que tengan problemas económicos durante su estancia en el campus.

Unas ayudas a las que se acogió en su día Jalen Rose, compañero de Webber en Michigan. Rose propone un sueldo semestral de 2500 dólares para los deportistas de la NCAA. Sobre la idea de que la beca ya es suficiente pago, el ahora analista de la ESPN dijo que “te la has ganado, y te están pagando. No es un regalo. Si estuvieras jugando en cualquier otro lugar, no podrían tenerte becado. Así que te has ganado lo que tienes”.

La lucha llega a los tribunales

La NCAA tiene un frente abierto en los juzgados, tras la demanda de un grupo de exjugadores encabezados por Charles O’Bannon. Reclaman su parte de los ingresos conseguidos gracias a los videojuegos y objetos promocionales (camisetas, gorras, etc..), obtenidos incluso después de su salida del baloncesto universitario. En el caso del futbol americano, la empresa de videojuegos EA (Electronic Arts) ya perdió una demanda.

En el pleito de O’Bannon, EA y la licenciataria del merchandising, CLC (Collegiate Licensing Company) ya han llegado a un acuerdo con los abogados del exjugador de UCLA, dejando sola ante el peligro a una NCAA que ha manifestado públicamente que piensa llegar hasta el Tribunal Supremo si es necesario. Porque lo que ahora está en el punto de mira son los multimillonarios ingresos por televisión, que suponen el 80% de lo que recauda el deporte universitario.

Esta demanda ya provocó que la temporada pasada se dejaran de vender las camisetas de Louisville en apoyo de Kevin Ware tras fracturarse la pierna derecha en cuartos de final del March Madness. Los Cardinals habían renunciado a los derechos económicos sobre ella para que nadie pudiera decir que se lucraban con la desgracia ajena. Adidas, la fabricante, se comprometía a hacer donaciones al fondo de becas, con lo que la universidad obtenía de todas formas sus ingresos.

Todo ello sin el permiso explícito de Ware, motivo por el que tuvieron que ser retiradas de la venta. Porque si el jugador lesionado no daba su consentimiento, tanto la marca deportiva como la universidad podrían ser denunciadas por uso indebido de su nombre. Y si éste consentía, según la estricta normativa NCAA se arriesgaba a no volver a jugar nunca más un partido de la liga universitaria.

La pugna con la NBA

Después de dos artículos sobre el tema, supongo que debería tomar partido. Pero se me hace muy difícil. Mi alma de purista se muestra contraria a establecer un salario para los deportistas amateurs. Pero mi mente lógica se exclama ante la hipocresía que rodea el deporte universitario. Así que expondré algunos de los principales argumentos y sus contradicciones.

Pagar un sueldo a los jugadores ataca de raíz los principios fundacionales de las ligas universitarias, competiciones en la que se miden estudiantes que representan a sus centros. Unos principios, por cierto, bastante elitistas. En un tiempo en que el acceso a la Universidad era algo limitado a determinadas clases sociales, sus miembros querían competir sin tener que mezclarse con las clases menos privilegiadas.

El deporte es una actividad extra, que complementa la vida del campus y crea sentimiento de comunidad. A la mayoría de estos deportistas ya se les recompensa por su esfuerzo con una beca. Remunerar a los deportistas los convertiría en asalariados y no en estudiantes, y rompería con las diferencias entre las competiciones NCAA y las ligas profesionales. De cantera de jugadores pasarían a ser competencia directa. ¿Cuánto tiempo resistirían el pulso?

David Stern, comisionado de la NBA, ya marcó el terreno. “Estoy muy orgulloso de nuestra liga de desarrollo (…). Oigo rumores de que a las universidades no les gusta lo que llaman como one-and-done. En la NBADL aceptamos jugadores de 18 años y les educamos mejor que en los programas universitarios en los que están”.

Aunque defendía la prohibición de jugar en la NBA a los menores de 19 años, Stern marcaba una línea roja. No sabemos en qué basaba sus palabras, porque hasta ahora todas las comparaciones entre la NCAA y la Liga de Desarrollo son contrarias a la liga filial de la NBA. Pero el comisionado lo dejó caer, por si acaso.

Una mano de obra muy barata

Pero el problema nace en la misma NCAA, que ha desvirtuado su propia competición convirtiéndola en un negocio en el que la mano de obra principal sale prácticamente gratis y sigue generando ingresos incluso después de haber abandonado la universidad.

Boeheim se muestra contrario a que los jugadores cobren. Y me parece razonable.  Pero sabiendo que el año 2012 el entrenador de Syracuse ingresó 1.800.000 dólares (y no es el que más cobra) me parece muy arriesgado por su parte negarle el pan y la sal a nadie. En un principio los entrenadores eran un profesor más. Ahora son profesionales cualificados,  y nadie se queja por ello.

Otro argumento contrario a que los jugadores cobren es que a cambio de su esfuerzo reciben una educación a la que de otra forma no tendrían acceso. Y que si no les parece bien, siempre pueden hacerse profesionales. El problema es que, en el caso del baloncesto, no pueden. Tienen vetada la entrada en la liga que mejor paga.

Como hemos dicho antes, la NBA no admite jugadores menores de 19 años, y si provienen de Estados Unidos además es obligatorio que hayan dejado el instituto como mínimo un curso antes de ingresar en la liga. Podrían irse a jugar a ligas menores o al extranjero, en clubs que no les van a pagar demasiado por su juventud y problemas de adaptación.

¿A quien le importa la educación?

La hipocresía alcanza su máximo refinamiento con las estrellas de instituto, que saben perfectamente que al año siguiente serán primera ronda de draft de la NBA. Y la universidad le ofrece una beca para un título universitario.  Ambas partes saben que esta educación será desaprovechada. Porque el jugador dará el salto a profesionales al finalizar su primer curso.

A nadie le importa demasiado el aprovechamiento escolar. El chico necesita un sitio donde pasar un año, poder entrenarse para jugar en la NBA y un buen escaparate para que las franquicias de la Liga puedan verle. Y la Universidad tiene su estrella que le reportará ingresos por entradas y camisetas, le garantizará una buena audiencia televisiva, y, con suerte, les llevará a ganar un campeonato.

Existe una normativa que penaliza a los equipos en función del comportamiento escolar de sus jugadores, el APR (Academic Progress Rate). Penaliza a las universidades cuyos deportistas no aprueban o se marchan antes de graduarse. La temporada pasada Connecticut, el entonces campeón del March Madness, quedó excluido del gran torneo nacional. Pero por el momento no ha conseguido los resultados esperados, y la normativa está siendo endurecida.

La convención anual de la NCAA será en enero. La dirección del organismo universitario espera poder aprobar alguna de las propuestas que salgan de ella en su reunión de abril, y organizar un encuentro con representantes de todos los centros universitarios en verano. La duda está entre intentar mantener las apariencias y hacer retoques estéticos, o admitir que la evolución de las competiciones universitarias exigen un cambio radical de modelo. ¿Se atreverán?

 

publicado en www.encancha.com, octubre 2013

El dopaje en la NBA

21 Feb

La pasada semana la NBA anunciaba la suspensión del jugador de los Orlando Magic Hidayet Turkoglu por 20 partidos. El alero turco ha dado positivo de metanolona, un esteroide sintético, en un control antidopaje que le fue practicado el pasado mes de diciembre.

 Turkoglu es el octavo jugador de la NBA suspendido después de un positivo por esteroides en uno de los controles de la liga. Los otros siete son Don McLean (año 2000), Matt Geiger (2001), Soumaila Samake (2002), Lindsey Hunter (2007), Darius Miles (2008), Rashard Lewis (2009)  y O.J. Mayo (2011). Ninguno de ellos ha dado un segundo positivo. Una vez cumplida su sanción, el alero podría reaparecer con los Magic el 27 de marzo, para disputar los 11 últimos partidos de liga regular.

Esta misma temporada, el director general de la Agencia Mundial Antidopaje, David Howman, había advertido a la NBA de la existencia de lagunas en su programa de detección de productos dopantes. Como por ejemplo el de no realizar ninguna prueba específica para determinar el uso de la hormona de crecimiento humana, la sustancia de moda en nuestros días,  a pesar de estar prohibida.

El nuevo convenio colectivo de diciembre del 2011 abría la puerta a un test de este tipo. Una comisión neutral de expertos científicos debería presentar unas recomendaciones, asumibles tanto por la NBA como por el sindicato de jugadores, para introducir los análisis de sangre, aunque sólo para detectar esta hormona. Este grupo de expertos tenía dos años para hacer su trabajo, aunque esperan que esté a punto para la temporada 2013-14. Aunque no lo parezca, es un avance. Por ahora sólo se hacen controles de orina.

Una normativa opaca

El convenio vigente de la NBA no está aún colgado en la red. Para conseguir acceder a él via la página web del sindicato de jugadores, es necesario estar acreditado. Asi como los detalles económicos del mismo rápidamente se hicieron públicos, no ha pasado lo mismo en lo referido al dopaje. Así que echaremos mano de declaraciones en ruedas de prensa, filtraciones y informaciones a cuenta gotas de medios acreditados.

Según el marco aprobado en 2011, por norma general todos los jugadores de la NBA están sujetos a cuatro controles cada temporada (entre el 1 de octubre y el 30 de junio) y 2 fuera de temporada (entre el 1 de julio y el 30 de septiembre, y sólo para la detección de productos dopantes).

 Los controles son programados de forma aleatoria por el “National Center for Drug Free Sport” (que realiza esta misma función en la NFL, la MLB y el deporte universitario norteamericano), sin previo aviso a los jugadores y sin ningún tipo de control o supervisión por parte de la NBA o el sindicato de jugadores. La limitación es que los controles no podrán realizarse tras los partidos en el pabellón. Las muestras son enviadas a un laboratorio de Montreal que cuenta con la aprobación de la Agencia Mundial Antidopaje.

 Un primer positivo en sustancias dopantes se castiga con 20 partidos de suspensión. El segundo, con 45, y a los que reinciden por tercera vez se les expulsa de la liga. En cambio, un primer positivo en drogas adictivas como por ejemplo la cocaína, el speed, la heroína o el LSD supone la expulsión inmediata. Aunque luego algunos, como fue el caso de Chris Andersen, puedan ser readmitidos. Para la marihuana, los castigos son mucho menos severos.

¿Por qué esta disparidad de criterios entre uno y otro tipo de sustancias? Cuando David Stern fue nombrado comisionado de la NBA, a principios de los años 80 del siglo pasado,  la liga tenía un grave problema de drogadicción. Incluso había camellos en algún vestuario. El nuevo comisionado cortó de raíz el problema, y varios jugadores fueron expulsados. Y no está dispuesto a que la situación vuelva a repetirse en el futuro.

La privacidad de la NBA

La NBA siempre ha sido señalada como blanda a la hora de luchar contra las sustancias prohibidas que ayudan a incrementar el rendimiento deportivo de sus jugadores. El no estar sometida al escrutinio de los organismos deportivos internacionales no ayuda a disipar las sospechas. A pesar de que el proceso de recogida y análisis de muestras lo realicen actores externos, es la propia NBA la que recibe con total confidencialidad los resultados y la que decide qué hacer con ellos. Persiste la duda de si tomará alguna decisión que vaya en contra de su propio negocio.

Durante mucho tiempo se ha justificado su laxitud con el razonamiento de que los esteroides no son útiles en el baloncesto. Con un juego tan rápido y atlético como el que se hace ahora, lo interesante no es añadir peso sino rebajarlo. Esto puede ser cierto, pero a partir de un mínimo de masa corporal que te permita aguantar los contactos de tus rivales.

Además, el uso de esteroides en entrenamiento permite unas sesiones de preparación más duras y eficaces. Estas sustancias también pueden servir de ayuda para acelerar la recuperación de algunas lesiones (este parece ser el caso de Turtkoglu), algo vital en una temporada tan comprimida como la de la NBA. Y por si fuera poco tenemos la irrupción de la antes citada hormona de crecimiento.

La NBA es una organización privada, regida por unos propietarios muy celosos de su autoridad, que nació y creció al margen de cualquier federación deportiva, ya fuera nacional o internacional. Con la filosofía de que lo que es bueno para el espectáculo lo es también para el negocio. La Liga tiene un sindicato de jugadores con mucha fuerza, dispuesto a proteger las ganancias y privacidad de sus asociados. Hay poco margen para que el COI o la FIBA puedan imponer sus principios.

De hecho, es al revés. COI y FIBA están encantados con el reclamo que supone que los profesionales de la NBA participen en Campeonatos del Mundo, Continentales o Juegos Olímpicos. Ya sea por separado con sus respectivos países, o formando un superequipo bajo la bandera de los Estados Unidos. La marca “Dream Team” garantiza pabellones llenos y audiencias millonarias. Aunque haya que hacer un esfuerzo para suavizar o adecuar alguna normativa general (como el no dormir en la villa olímpica con el resto de atletas).

 

publicado en http://www.encancha.com, febrero 2013

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