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Dellavedova y Iguodala le roban el protagonismo a Lebron y Curry en las finales de la NBA

13 Jun

Dos secundarios se han convertido en las piezas claves de las finales, más allá de las actuaciones de las estrellas. Lebron James y Stephen Curry se han visto obligados a agradecer los triunfos de sus equipos a Matthew Dellavedova y Andre Iguodala.

Las Finales de la NBA, después de dos partidos en Oakland que se resolvieron con victoria de los Golden State Warriors en el primero y de los Cleveland Cavaliers en el segundo, se desplazaron hasta Cleveland, El tercer partido, ganado por los Cavaliers con un resultado de 96 a 91, fue el primero de la serie que no se resolvió en una prórroga. Los locales consiguieron el triunfo al tiempo que uno de sus jugadores alcanzaba la categoría de héroe. Lebron James anotó 40 puntos, capturó 12 rebotes y repartió 8 asistencias en los 46 minutos que estuvo en pista, pero él no fue el héroe. James llegó hasta un total de 123 puntos en los tres primeros duelos, batiendo el récord anterior en unas finales logrado en 1967 por Rick Barry (122), casualmente jugador de los Warriors.

El hombre del partido fue Matthew Dellavedova. El base realizó una defensa asfixiante sobre Stephen Curry, al que anuló mientras tuvo piernas. Además, anotó 20 puntos ante las facilidades de la defensa rival que no le tomó en serio. Dellavedova lo dio todo en la pista, en una demostración de coraje que enardeció a sus compañeros. No hubo pelota suelta por la que no se lanzase al suelo. Tal fue su desgaste que tras el partido, con “calambres severos”, tuvo que ser trasladado en ambulancia al hospital para recibir tratamiento.

Al inicio del encuentro Lebron James se dedicó a castigar en ataque a Harrison Barnes, al que el entrenador de los Warriors Steve Kerr se empeña en mantener como titular. El alero tuvo una noche negada, y no sólo en defensa: 0 de 8 en tiros de campo. Su sustituto, Andre Iguodala, frenó mucho mejor a un Lebron que renunció a los tiros de media distancia que falló en los dos partidos previos para entrar a canasta. Aún así, tampoco tuvo un buen porcentaje: (12 de 28 en tiros de 2, 2 de 6 en triples).

Los Cavaliers volvieron a imponer su estilo de juego, con ataques largos y rápidas transiciones defensivas para dormir el partido y no dejar correr a su contrincante. En el tercer cuarto se vio por primera vez a uno de los dos equipos tambalearse en esta serie. James anotó 13 puntos en estos 10 minutos y Dellavedova 10 más ante un rival desbordado en defensa. En la pintura local, el ruso Timofey Mozgov se convirtió en un baluarte inexpugnable, cerrando su aro a los lanzamientos visitantes. Los Cavaliers consiguieron 20 puntos de ventaja frente a un contrincante al borde del KO.

En el último cuarto Kerr presentó su primer ajuste de las finales. El técnico de los Warriors puso en pista un quinteto con un sólo pivot, un David Lee inédito en los dos partidos interiores, escoltado por 4 tiradores: Stephon Curry, Klay Thompson, Andre Iguodala i Leandro Barbosa. Lee abría juego y luchaba por el rebote mientras sus compañeros fusilaban desde el exterior a unos Cavaliers que se iban quedando sin piernas a cada segundo que pasaba. Por fin apareció el Curry que ha sido elegido MVP de la liga anotando 17 de sus 27 puntos (y 5 de sus 7 triples) en estos 10 minutos finales.

Los Warriors, a tres puntos de los de casa, tuvieron 2 ataques para empatar el encuentro hasta que Dellavedova y Lebron James se combinaron para poner tierra de por medio con un alley-hoop marca de la casa. A 2:40 del final un triple de Curry dejaba a los visitantes sólo un punto abajo con Lebron exhausto, pero Dellavedova volvió a salir al rescate con un 2+1 increible. Y tras un triple de Lebron para abrir más hueco, el australiano se volvió a tirar al suelo como un poseso para capturar un balón suelto a media pìsta que Curry había perdido ante la presión del Rey James. Un mal pase de Curry permitó a la estrella de los Cavaliers anotar el 92 a 83 que los del Oeste ya no pudieron remontar.

Kerr enseña sus cartas

El entrenador de los Golden State Warriors Steve Kerr es de los que creen que el cuarto partido es el que marca el punto de inflexión en una serie al mejor de siete. En el cuarto de la semifinal del Oeste contra los Memphis Grizzlies introdujo la variante defensiva de situar a su pívot Andrew Bogut sobre el escolta Tony Allen que desquició al equipo de Marc Gasol. En el cuarto de las finales contra los Cavaliers introdujo la variación que permitió a los Warriors recuperar su estilo y su mejor juego.

El mejor defensor de Lebron James en los tres partidos previos había sido Andre Iguodala. El alero, titular en todos sus partidos en sus 10 temporadas anteriores en la NBA, había salido desde el banquillo en todos los de la presente como relevo de Harrison Barnes. El alero titular se ha mostrado incapaz de evitar que la estrella del conjunto de Cleveland le lleve al poste bajo. Pero su entrenador no quería condenarle al banquillo para hacer sitio a Iguodala. Así que el sacrificado fue el pívot Andrew Bogut.

Los Golden State Warriors presentaron un quinteto inicial con Stephen Curry de base, Klay Thompson de escolta, Iguodala como alero, Barnes en funciones de ala pívot y Draymond Greene como pívot. Small ball en estado puro, con los cinco abiertos en muchas jugadas para negar una referencia interior a sus rivales. Los Cavaliers cargaron dentro de inicio con Timofey Mozgov y Tristan Thompson, consiguiendo un parcial inicial de 7 a 0. Kerr pidió tiempo muerto. Y cuando todos creían que iba a dar por finiquitada su apuesta, el técnico la mantuvo. Su fe y valentía le permitieron empatar las finales a dos victorias gracias al triunfo en este cuarto partido de los californianos por 82 a 103.

Los Warriors volvieron a ser el equipo de la liga regular, corriendo, anotando y, sobre todo, jugando con alegría. En el primer cuarto consiguieron 31 puntos, cuando en los otros tres primeros cuartos de la serie habían rondado los 20. Su triunfo en el partido inaugural coincidió con un buen día en ataque de Iguodala (en defensa ya se da por descontada una buena actuación). El secante de Lebron volvió a brillar en el cuarto con 22 puntos (4 de 9 en triples).

El alero no estuvo solo. Curry parece haber dado por cerrada su crisis de tiro y se fue hasta los 22 puntos con un 4 de 7 en triples. Harrison Barnes se desquitó de su pésimo partido anterior con 14 puntos y Draymond Greene hizo un poco de todo con 17 puntos, 7 rebotes y 6 asistencias. Klay Thompson bajó el nivel respecto a sus partidos anteriores, pero eligió el mejor día para hacerlo. Con la aportación extra de sus compañeros sus puntos (9) no eran tan necesarios.

Hay que destacar que el cansancio acumulado de los Cavaliers ayudó en el éxito de la estrategia de sus contrincantes. Matthew Dellavedova ni anotó (3 de 14 en tiros de campo) ni mordió como en las noches anteriores en su defensa sobre Curry. Lebron, con la constante presión de Iguodala (Kerr procuró hacerlos coincidir en pista tanto como pudo), vio bajar sus números hasta unos terrenales 20 puntos, 12 rebotes y 8 asistencias. El hombre fuerte local lanzó 22 veces a canasta, mientras que en los duelos previos lo había hecho en 38, 35 y 34 ocasiones.

La estrella dejó la imagen de la noche en el segundo cuarto. En una entrada a canasta, tras recibir un empujoncito de Bogut, se estampó contra una cámara de televisión. La milagrosa intervención de los médicos de la franquicia de Ohio cortó de raíz la hemorragia de sus cortes en la cabeza para que pudiera seguir jugando. La NBA recibió algunas críticas por no haber aplicado el reglamento de conmociones, lo que en el peor de los casos hubieran obligado a Lebron a sentarse el resto del encuentro y ser duda para el quinto. La filosofía de la liga es que las estrellas deben estar en la pista.

Los Cavaliers parecieron en condiciones de remontar en el tercer cuarto, después de que Dellavedova conectase dos triples seguidos. Frenaron en defensa durante unos minutos la velocidad ofensiva visitante y en ataque buscaron constantemente a su gigante Timofey Mozgov para aprovechar su superioridad de centímetros. El pívot ruso consiguió la proeza de firmar más puntos que Lebron, 28, a los que sumó 10 rebotes. Tristan Thompson también hizo estragos en la pintura (12 puntos, 13 rebotes). Tras cerrar la primera parte perdiendo de 12, el equipo de David Blatt llegó a ponerse 3 puntos abajo a medio minuto del final del tercer cuarto. Tiempo suficiente para que Curry anotase un triple.

El entrenador de los Cavaliers dio descanso a Lebron James al inicio del último cuarto, pero el reposo del guerrero no duró más que un par de minutos. Su equipo se había descolgado nuevamente en el marcador. Lebron volvió, pero por primera vez en las finales Barnes consiguió detenerle en un ataque. Blattt decidió jugársela con un quinteto alto, introduciendo a James Jones como escolta. Excepto Dellavedova, el resto de jugadores en pista (Lebron, Jones, Thompson y Mozgov) superaban los dos metros.

Su experimento no funcionó. Los Warriors sufrían en la pintura, pero volaban en la transición. Perdiendo de 16 probó con un quinteto pequeño sustituyendo a Thompson y Jones por Iman Shumpert y J.R. Smith. La mala noche en el tiro de los dos exteriores (4 de 21 en tiros de campo entre ambos) condenó al fracaso este último cartucho del técnico.

Esta derrota, además de dejar la serie igualada, ha abierto las primeras fracturas en el vestuario del campeón del Este. La ESPN se hizo eco de los comentarios de algunos de sus jugadores quejosos de que Blatt no contase más con sus veteranos. El entrenador de los Cavaliers se ha basado hasta ahora en una rotación de básicamente 7 hombres (con los lesionados Kyrie Irving, Kevin Love y Anderson Varejao probablemente sería más amplia), mientras Kendrick Perkins, Mike Miller, Brendan Haywood y Shawn Marion o no han jugado o lo han hecho de forma testimonial.

La otra imagen de Lebron

Este partido nos dejó otra de las imágenes de las finales. Y el protagonista también fue Lebron James. No fue su mejor noche en relación a las cámaras de televisión. En la charla de grupo previa al inicio de este cuarto encuentro, la estrella de los Cavaliers se ajustó la vestimenta. Durante unos segundos, sus atributos (por decirlo finamente) quedaron expuestos a los millones de telespectadores que en todo el mundo seguían el encuentro. Las redes sociales fueron un hervidero de mensajes y comentarios, como siempre que le ocurre algo similar a un personaje de esta trascendencia.

Publicado en http://www.encancha.com, junio del 2015

NBA: Lebron James – Stephen Curry, la madre de todas las batallas

31 May

A partir del 4 de junio, Golden State Warriors (mejor equipo de la liga regular) y Cleveland Cavaliers (segundo mejor del Este) se disputarán el honor de ser el mejor equipo de baloncesto de la NBA. Con dos estrellas frente a frente, Lebron James contra Stephen Curry. Un éxito seguro en lo que se refiere al espectáculo…y a las audiencias de televisión.

En la sede central de la NBA los ejecutivos están radiantes, más contentos que un niño con zapatos nuevos (yo prefería un helado de chocolate, pero el dicho popular habla de zapatos). Este año tienen la final soñada, el duelo entre dos grandes estrellas de impacto mundial que casualmente nacieron en el mismo hospital, el Akron General Medical Center, aunque con 38 meses y 14 días de diferencia. Y cada una con su historia épica detrás. El duelo lo tiene todo para interesar a los espectadores, para conseguir unas audiencias de televisión de escándalo.

Cleveland es una ciudad pequeña (a escala norteamericana), pero Lebron James es una estrella global que atrae seguidores de todo el mundo. Los Warriors no son de Los Angeles, el gran mercado televisivo del Oeste, pero están lo bastante cerca como para interesar a su público. Además, practican un juego agradecido de ver y tienen a un líder con aureola de buen chico, Stephen Curry. Y con una preciosa hija, Riley, que llena de ternura las ruedas de prensa postpartido, para tormento de los periodistas serios que esperan una respuesta a sus preguntas.

James, el fruto de la evolución en el baloncesto

James ejemplifica la versión 2.0 del rey de la NBA. Su presencia dio por cerrada la etapa de búsqueda del sucesor de Michael Jordan. Y no porque fuera él. James es un nuevo prototipo de jugador cuyas raíces no emanan del astro de los Bulls, sino de hombres como Oscar Robertson, Magic Johnson o Paul Pressey. Jugadores cuya altura y/o técnica individual les permitía transgredir las posiciones clásicas en la pista.

Oscar Robertson es el primer gran base alto de la historia (1,96). Su irrupción en los años 60 del pasado siglo supuso una revolución. En la temporada 1961-62 se convirtió en el único jugador hasta el momento capaz de cerrar la liga regular con unos promedios de triple doble: 30,8 puntos, 11,4 rebotes y 12,5 asistencias por partido.

Dos décadas más tarde Magic Johnson recogió el testigo de Robertson. El base de los Lakers, de 2,06 de altura, acabó su periplo profesional jugando de ala-pívot de forma regular, algo que había hecho durante su carrera por necesidades puntuales del equipo. Coincidió en la NBA con Paul Pressey, el primer “point-forward” o alero distribuidor del baloncesto norteamericano.

Estos tres jugadores fueron capaces de integrar en su juego las prestaciones básicas de las diversas posiciones clásicas del juego en el camino hacia el jugador completo. Una senda por la que también han transitado Dirk Nowitzki y Pau Gasol, entre otros hombres altos con buena muñeca desde el exterior y una movilidad poco común en jugadores de su talla.

Lebron James es el último paso hacia el jugador total, por delante de Kevin Durant y Paul George. La estrella de los Cleveland Cavaliers anota, rebotea, dirige, intimida, recupera balones…En definitiva, es capaz de casi todo en una pista de baloncesto. Con uno de los físicos más imponentes en una competición en la que el atleticismo ha ido adquiriendo cada vez mayor preponderancia respecto a la técnica, Lebron puede jugar de base, escolta, alero y ala-pívot. Incluso de pívot si es necesario, pero en este caso anda limitado por la desventaja de centímetros (mide 2,03) respecto a sus rivales.

La nostalgia luce la camiseta de los Warriors

Stephon Curry, por su parte, es todo lo contrario de James. Desde su 1,91 de altura y una constitución física poco musculada, parece endeble cada vez que se empareja con un rival. Pero lo compensa con una técnica exquisita. Curry es un jugador “vintage”, la reivindicación del añorado baloncesto de los 80, la demostración que para jugar a baloncesto lo mejor es saber jugar a baloncesto (aunque parezca un contrasentido), que se aprende a jugar sobre el parquet y no en el gimnasio en interminables sesiones de pesas. Debo ser un romántico, pero me emociona ver moverse a la estrella de los Warriors sobre el parquet.

Curry es la traslación al baloncesto del mejor boxeador de todos los tiempos, Muhammad Alí. El lema del más grande, como él mismo se calificaba, era “vuela como una mariposa, pica como una avispa”. Alí, más ligero que sus oponentes del peso pesado, les hipnotizaba con su juego de pies alrededor del ring pero cuando dejaba ir una de sus manos el impacto era demoledor. Lo mismo que Curry. El base de los Warriors es hábil en el bote, rápido en el quiebro, mortal con su paso atrás para coger distancia (el mismo recurso que usan los boxeadores, en su caso para dejar fuera de distancia al contrario después de pegar). Y cuando suelta la muñeca, el directo a la mandíbula suele traducirse en tres puntos para los suyos.

El hijo de Dell Curry, un buen lanzador de tres puntos que jugó 16 temporadas en la NBA después de ser elegido con el número 15 de la primera ronda por los Utah Jazz en el draft de 1986, ha heredado la muñeca de la familia. Como su hermano pequeño, Seth. Pero Stephen le ha unido un bote excelente de pelota y una gran capacidad corporal para romper la cintura a sus rivales (las carencias de su padre y su hermano). Juega haciendo honor a la premisa de los tiradores natos: el siguiente tiro entrará aunque hayas fallado todos los anteriores. En una época de atletas, él es un virtuoso.

El séquito del hijo pródigo de Ohio

El duelo de estilos entre estas dos estrellas viene acompañado de la historia de redención de James. Nacido en Akron, Ohio, fue elegido en el draft por el equipo de su estado, los Cleveland Cavaliers. Y lo llevó hasta las finales del 2007, en las que cayeron ante los Spurs de San Antonio. Su salida de los Cavs para irse a los Miami Heat fue, sin embargo, desafortunada. No por el hecho de marcharse, sino por la escenificación que la acompañó. Convirtió su decisión en un espectáculo televisivo, lo que ofendió a muchos de sus seguidores.

Cuatro temporadas después, con cuatro finales jugadas y dos ganadas, Lebron volvió a casa como el hijo pródigo. En su primera liga después del retorno, ha llevado el equipo de nuevo a la final. Y lo ha hecho a pesar de las adversidades. A pesar de la grave lesión de Kevin Love en la primera ronda de los play-offs contra los Boston Celtics. A pesar de los problemas de tobillo, cadera y rodilla de Kyrie Irving a partir de las semifinales del Este contra los Chicago Bulls. James ha vuelto para ganar, para devolver la ilusión que se llevó.

El polivalente jugador no está solo en su empeño. La larga semana de descanso desde que acabaron las finales de conferencia hasta que la madrugada del 4 al 5 de junio (horario español) de inicio la Gran Final de la NBA le irá muy bien a Kyrie Irving para reponerse (que no recuperarse totalmente) de la plaga de lesiones y molestias que arrastra. El base es un auténtico jugón, un creador de juego inteligente que además posee un buen tiro. Tanto que a los Bulls fue capaz de meterle 25 puntos en el quinto partido jugando cojo. Contra los Hawks sólo jugó el primer y último encuentros de los cuatro de la serie.

Como en cualquier buen relato bíblico o historia de superación que se precie, hay un pecador arrepentido. J.R. Smith destacaba más en los Knicks por los escándalos que por su juego. El escolta apuró hasta el último trago la vida nocturna de Nueva York, y su rendimiento en la pista se resintió. En Cleveland, una ciudad mucho más modesta y tranquila, con menos distracciones, se ha centrado de nuevo en el baloncesto. Con él llegó desde Nueva York Iman Shumpert, un jugador que ha mejorado mucho sus prestaciones en los play-offs

Todo campeón tiene su lado oscuro, el malvado que se ensucia las manos para que los demás puedan lucirse. En los Spurs fue Bruce Bowen, en los Pistons y los Bulls, Dennis Rodman. En los Cavaliers ese papel corresponde a Matthew Dellavedova. El será, o intentará serlo, el secante de Curry. El base australiano ya asumió el papel de villano en las finales del Este contra los Hawks, quienes le acusaron de ser un jugador sucio. Dellavedova desquició a Al Horford, la estrella rival, quien tras un choque entre ambos en el tercer partido de la serie le lanzó un codazo que le costó la expulsión.

Los genes de Thompson y la dieta de Green

Curry, por su parte, también puede presumir de tener una buena escolta. Él no es el único del equipo cuyo progenitor cobra la pensión de la NBA. Klay Thompson, el otro integrante junto con el base de los “Splash Brothers”, es hijo del número 1 del draft de 1978 Mychal Thompson. Nacido en las islas Bahamas, fue el primer jugador no nacido en los Estados Unidos en ser elegido en la mejor posición del draft. Estuvo 13 temporadas en la liga y ya en sus años finales, como reserva de Kareem Abdul Jabbar en Los Angeles Lakers, ganó 2 anillos de campeón. Su hijo buscará ahora el primero. El padre era ala-pívot, el hijo escolta. Y muy peligroso para el rival. No sólo por su capacidad anotadora, sino por su excelente labor defensiva. Este jugador es la demostración que se puede destacar en ambos aspectos a la vez. Los días de descanso le irán muy bien para recuperarse del rodillazo en la oreja que recibió de Trevor Ariza en la final del Oeste, y que le ocasionó una conmoción.

Otra de las piezas claves de los Warriors es el ala-pívot Draymond Green. Fue un jugador clave en la posición de alero alto en la Michigan State de la NCAA que entrena Tom Izzo. Pero en la NBA las exigencias para su posición son muy diferentes. Debo confesar que yo no le veía, con su físico sobredimensionado, adaptándose a la velocidad del juego de los profesionales. Tras su año rookie, Green debió pensar lo mismo porque cuando inició su segunda pretemporada había rebajado su peso de 112,5 kilos a 104. Ahora es una de las piezas centrales de la defensa de los de Steve Kerr, y un triplista fiable presto a aprovechar las oportunidades que se generan tras los dobles marcajes sobre Curry.

Harrison Barnes es el alero titular de los Warriors. Formado en la Universidad de North Carolina, en sus años universitarios se le echaba en cara que tras bote siempre salía hacia el mismo lado para buscar su tiro, el derecho. Y a pesar de que todos sus rivales lo sabían, era imparable. En el equipo de Oakland es el cuarto hombre, y lo ha asumido sin problemas. Sobre él o Green recaerá la tarea más ingrata de la final, pero a la vez la más decisiva: frenar a Lebron James, si es que ello es posible. El as en la manga del equipo es la presencia en el banquillo de Andre Iguodala, otro excelente defensor con un físico extraordinario que ya amargó a James Harden en las finales del Oeste y que dará un respiro a sus compañeros cuando la fatiga o las personales así lo requieran.

La versión B de los Splash Brothers

Una curiosidad de la serie es que el base de los Cavaliers Kyrie Irving ha compartido vestuario con la versión mala de los “Splash Brothers” de los Warriors, los otros hermanos: Seth Curry (2014) y Mychel Thompson (2011-12). Los cuatro miembros de la hermandad nacieron en 1988 y 1990, pero con los roles cambiados. Stephen es el mayor de los Curry mientras que Klay es el menor de los Thompson. Los hermanos de las estrellas del equipo californiano no coincidieron en Cleveland, pero si lo acabaron haciendo la temporada 2013-14 en la NBDL. Y precisamente en el equipo filial del campeón del Oeste, los Santa Cruz Warriors.

Nos espera una serie a priori apasionante, en que el Rey verá como una serie de jovencitos imberbes intenta echarle del trono. La segunda de la historia en la que se enfrentan dos entrenadores debutantes en la competición, Steve Kerr y David Blatt. La primera fue en 1947, en la primera temporada de la liga. Y entonces no tuvo mérito, ya que todos los técnicos eran “rookies”. En la NBA suspiran por que la Final se decida en el último segundo del último minuto del séptimo partido. Que la tensión y la emoción se mantengan hasta el momento final. Ojalá sea así. Como aficionados nos lo merecemos.

Artículo publicado en http://www.encancha.com, mayo 2015

NBA: Los hermanos Gasol ya están de vacaciones

17 May

Chicago Bulls y Memphis Grizzlies han caído en el sexto partido de las semifinales de sus respectivas conferencias. Ha sido el último partido de la temporada NBA para Pau y Marc Gasol. Repasemos porqué los dos hermanos no han llegado más lejos en los play-offs.

Los Chicago Bulls de Pau Gasol partían a principio de temporada como uno de los dos grandes favoritos de la Conferencia Este para jugar las Finales de la NBA. El otro eran los Cleveland Cavaliers de Lebron James, Kyrie Irving y Kevin Love. Todos los pronósticos daban por hecho que ambos equipos protagonizarían una final de la Conferencia Este apasionante. Los vaticinios acertaron, pero sólo a medias. Hubo un duelo a muerte entre los dos aspirantes, pero no fue por la disputa del honor de proclamarse campeones de su conferencia.

La temporada irregular de Bulls y Cavs les condenó a un enfrentamiento prematuro en play-offs. Los de Cleveland, por ejemplo sufrieron a principios de enero una racha de 6 partidos perdidos seguidos. La ausencia por lesión de 2 semanas de Lebron les sirvió de excusa para esta sucesión de malos resultados aunque su registro en esos momentos era de 19 victorias y 20 derrotas. A partir de ese momento enderezaron el rumbo (34-9), pero no lo suficiente como para atrapar a los sorprendentes líderes del Este, los Atlanta Hawks.

El equipo del mayor de los Gasol, al contrario de su verdugo en los play-offs, empezó la temporada con un nivel más que correcto. Todo se le complicó a partir del día de Reyes. Hasta ese momento, habían ganado 25 partidos de los 35 que habían jugado. Desde del 7 de enero al 4 de febrero sólo vencieron en 4 de 14. Tras rehacerse en febrero (7-3), en marzo volvieron a flojear (8-7) lastrados por las lesiones simultáneas de Derrick Rose y Jimmy Butler. Así que quedaron terceros en su conferencia por detrás de Hawks y Cavaliers.

Las carencias de los Bulls

En la serie ante las huestes de Lebron, que podría finiquitar la época de Tom Thibodeau en el banquillo de los Bulls, se han podido ver las costuras por las que se descosía el equipo de Chicago: una interior y otra exterior. Y eso a pesar de la baja por lesión en los Cavaliers de Kevin Love y los graves problemas físicos de un Kyrie Irving muy tocado. La interior ha sido la poca producción en puntos de los hombres altos del equipo. Más allá de Pau Gasol, los pívots de Thibodeau no han sido unos anotadores fiables.

La lesión del catalán expuso las carencias de sus compañeros y la poca visión de su entrenador. Expuso las carencias porque Joakim Noah es un especialista defensivo, con buena visión de juego pero con muchas carencias de definición. Taj Gibson es un gran atleta, un buen acabador de jugadas pero con problemas en la creación de sus propias oportunidades. La poca visión del técnico, porque el mismo había desactivado la alternativa a Gasol. Nikola Mirotic hizo un excelente mes de marzo aprovechando los tiros extra por las lesiones de Rose y Butler. Cuando estos volvieron, Thibodeau se olvidó del montenegrino. Y para cuando lo necesitó de nuevo, el buen momento de Mirotic era historia.

La segunda costura del traje de los Bulls que se desgarró no fue otra que la principal, la que aguantaba toda su estructura: Derrick Rose. El base, tras su calvario con las lesiones que le han tenido casi dos temporadas en blanco, tenía ganas de demostrar que volvía a ser aquel jugador que ganó el MVP de la Liga Regular 2010-11. Con sus rodillas recuperadas, el problema ha sido que le ha faltado fondo físico. A lo largo del curso Rose ha tenido problemas para hilvanar dos partidos seguidos con buenos porcentajes en el tiro. Su secuencia de lanzamientos en los partidos “Back to back” (dos noches seguidas jugando) o en noches alternas (con un día de descanso entre medio) así lo revela. Su porcentaje de tiro esta temporada ha sido de los peores de su carrera, lastrado precisamente por esos fallos.

En las semifinales del Este contra los Cavaliers Derrick Rose ha pretendido asumir el liderato de su equipo. Y más a partir de la lesión de Pau Gasol. Pero a diferencia de Lebron James, que anota cuando ve que su equipo más lo necesita y genera para sus compañeros (que le pregunten al cojo Irving, a Iman Shumpert o a Matthew Dellavedova), Rose acapara todo el juego sin dejar espacio libre para Butler, el tercer pilar ofensivo de los Bulls junto con Gasol. Rose empieza los partidos metiendo sus tiros. A medida que se cansa falla cada vez más, pero sigue tirando como en el quinto de la serie. O se diluye como en el sexto. Si los de dentro no meten y los de fuera se anulan entre sí, la derrota de Chicago en esta serie parecía inevitable.

Los Warriors no solo atacan

El Oeste se presentaba a principio de temporada no como un duelo al sol entre dos pistoleros sino como la pelea alocada de una cantina en día de cobro, con muchos gallitos peleándose por la dama. San Antonio Spurs y Oklahoma City Thunder (lástima de lesiones) parecían los candidatos más claros a jugar la Final de esta conferencia, con Los Angeles Clippers casi al mismo nivel y los Grizzlies y los Houston Rockets medio peldaño más abajo, con los Portland Trail Blazers aspirando a romper de una vez su habitual bajón de forma en play-offs (sin conseguirlo) y con la incógnita de los Golden State Warriors, un equipo de juego preciosista y entrenador novato (la receta típica para no llegar lejos en la lucha por el título).

Pero la sorpresa mayúscula ha sido que los Warriors han demostrado a lo largo de la Liga regular ser mucho más sólidos en defensa de lo que se les suponía. No sólo han sido el equipo de la NBA que más puntos ha metido en esta primera fase de la competición (110 de media), sino que además han sido el sexto del Oeste que menos ha encajado. Esta última estadística tiene su trampa, porque el equipo del debutante Steve Kerr juega ataques más rápidos que la mayoría de sus rivales. En sus partidos hay más puntos que en los del resto.

Si relacionamos los puntos encajados con el número de posesiones, resulta que el equipo californiano es el más eficiente en defensa de los 30 que participan en la Liga. Si relacionamos también los puntos anotados con las posesiones, resulta que los Warriors son los segundos más eficientes tan sólo con una décima menos que Los Angeles Clippers (109,8 y 109,7). Este sí que hubiera sido un duelo entre auténticos pistoleros si los Houston Rockets no lo hubiesen impedido.

Así que en la semifinal del Oeste los Grizzlies se encontraban ante un doble reto: frenar a uno de los mejores ataques de la liga y superar a la mejor defensa del campeonato. Los de Memphis empezaron la serie, además, sin su base titular Mike Conley. Y decidieron jugar a atacar. Craso error. El primer encuentro, disputado a un ritmo altísimo, se convirtió en una sucesión inacabable de 1×1 en la que los de California se llevaron la mejor parte.

El retorno de Mike Conley en el segundo partido cambió el panorama. Los Grizzlies bajaron el ritmo del juego y cargaron el peso ofensivo sobre sus mejores anotadores, los pívots Marc Gasol y Zach Randolph. Por fuera, con la reincorporación del base por fin tenían a alguien capaz de aprovechar los dobles marcajes sobre los jugadores altos. Kerr demostró su bisoñez como técnico renunciando al small ball (Harrison Barnes y Draymond Green de aleros) e intentó detener a su rival poniendo también dos hombres altos en pista. Con ello sólo consiguió ralentizar más la velocidad de su equipo. Los de Memphis ganaron dos partidos seguidos y tomaron la iniciativa.

La trampa de Steve Kerr

Pero en el cuarto partido llegó el giro inesperado que ha provocado las prontas vacaciones del mediano de los Gasol. Una innovación sugerida por el entrenador ayudante Ron Adams tras la derrota en el segundo partido, pero que los Warriors no se atrevieron a implantar hasta que se vieron contra las cuerdas perdiendo el tercero. Tony Allen es el especialista defensivo de los Grizzlies, el hombre encargado de secar a Klay Thompson. Pero el alero se comporta en ataque casi como un pívot, anotando la mayoría de sus puntos en la pintura.

Así que la idea era que lo marcase Andrew Bogut. Más que marcarlo, flotarlo descaradamente esperándolo cerca del aro por si quería penetrar pero regalándole todos los tiros exteriores que quisiera tomar. La misma táctica que el Panathinaikos utilizó en los cuartos de final de la Euroliga 2010-11 contra los bases del F. C. Barcelona Ricky Rubio y Víctor Sada, el mismo concepto: si tienes que dejar tirar a alguien, asegúrate que sea el peor tirador del equipo contrario.

Y la táctica funcionó. Allen vio el aro cuadrado mientras Bogut reforzaba la defensa de sus compañeros sobre los pívots de Memphis. Lo que Allen ganaba en defensa lo regalaba en ataque. Y las dudas se cernieron sobre el entrenador de Memphis Dave Joerger: ¿debía sentar a Allen para anular la táctica renunciando al concurso de su mejor secante defensivo o debía excluirlo de la circulación de la pelota para atacar abiertamente 4 contra 5?

Esta estratagema de los Warriors dejó además al descubierto la más grave de las carencias de los Grizzlies: su excesiva dependencia de la anotación interior ante la falta de un anotador exterior fiable más allá de Mike Conley y los breves minutos de Vince Carter. La ausencia por lesión del perro de presa de los de Joerger en el quinto partido y sus apenas 5 minutos en el sexto antes de resentirse no cambiaron el panorama. Los de Steve Kerr cerrados en su pintura, atosigando a Marc y a Randolph antes de recibir, cuando intentaban botar o girarse y cuando tiraban. Negándoles espacio hasta para respirar.

El entrenador de los Grizzlies probó a sacar a uno de los dos fuera de la pintura para amenazar desde la media distancia mientras le dejaba más espacios libres a su compañero. Sólo consiguió disminuir su capacidad para controlar el rebote ofensivo. Los Warriors pudieron correr. Si el conjunto de Oakland corre, Stephen Curry está en su salsa. Y si Curry funciona, su equipo funciona. Es como un reloj de maquinaria suiza engrasado a base de triples. El base anotó 26 canastas de 3 puntos en esta eliminatoria de las 68 de los Warriors. Entre todos los jugadores de los Grizzlies sólo sumaron 25.

Marc Gasol es agente libre este verano. En sus manos está cambiar de equipo o seguir en Memphis. Ofertas no le van a faltar siendo como es uno de los mejores cincos de la NBA. Tal vez ha llegado el momento de valorar si la progresión de los Grizzlies ha llegado hasta lo más alto o si al equipo le queda margen (y ganas) de mejora. Porque si no es así, ha llegado el momento para Marc de dar el salto al siguiente nivel, el de aquellos que luchan por ganar un anillo de campeones, el de los que no tienen miedo a asumir grandes retos, el de los que prefieren pensar en la gloria sin miedo al fracaso. El nivel de su hermano Pau.

Artículo publicado en http://www.encancha.com, mayo 2015

Los tres vértices del traspaso de Kevin Love

31 Ago

Un cambio a tres bandas entre Cavaliers, Timberwolves y Sixers ha cambiado el panorama de la liga para la próxima temporada. En este artículo analizaremos como quedan los tres equipos tras esta operación.

Tal como ya adelantamos a primeros de agosto, antes de que un servidor hiciera un parón estival, los Timberwolves de Minnesota han traspasado a Kevin Love a los Cleveland Cavaliers para formar un trío temible junto a Lebron James y el base Kyrie Irving. Según lo previsto, y tras cumplirse el mes de plazo que establece el reglamento NBA desde que un rookie firma su primer contrato profesional hasta que puede ser traspasado, el 23 de agosto se hacía pública la operación menos secreta de los últimos años. La única sorpresa fue la inclusión de los Sixers en lo que se suponía que iba a ser un canje a dos bandas.

En el cambio de cromos entre las tres franquicias, los Wolves enviaban a Love a los Cavaliers y al base Alexey Shved junto con el alero Luc Mbah a Moute a Filadelfia, y se han hacían con los servicios de Andrew Wiggins y Anthony Bennett, los dos últimos números 1 del draft procedentes de Cleveland, y de Thaddeus Young llegado de los Sixers. El botín para este último equipo se reducía a una primera ronda para el draft del próximo año, gentileza de los Cavaliers.

Revolución en los Cavaliers

En su carta abierta a los aficionados explicando su retorno a casa, Lebron James admitía que el equipo no estaba preparado para ganar un anillo aún, y hablaba de un proceso largo en el que asumiría el papel de líder veterano contribuyendo al crecimiento del grupo. Y sin embargo, se guardaba un as en la manga. Hablaba de ayudar a Irving a convertirse en uno de los mejores bases de la NBA, de ayudar a mejorar a Tristan Thompson y Dion Waiters, y de sus ganas de volver a jugar con Anderson Varejao. Pero no decía ni una palabra de compartir pista con el que se espera que sea la futura sensación de la liga, Andrew Wiggins.

La franquicia de Cleveland sólo ha conservado 5 jugadores de su plantilla de la pasada temporada. Los cuatro citados por James y el australiano Matthew Dellavedova. Tan sólo Orlando, que ha mantenido 6 jugadores de la liga anterior, se acerca a la limpieza de unos Cavaliers que además se han preocupado de traer a algunos viejos conocidos de su retornada estrella como James Jones y Mike Miller (no descartemos la llegada también de Ray Allen). El papel de jugador veterano en busca de un anillo lo ocupará Shawn Marion, procedente de los Mavericks.

Dan Gilbert, propietario de la franquicia de Ohio, ha aplicado la táctica de “más vale pájaro en mano que ciento volando”. Después de elegir los primeros en tres de los últimos cuatro draft de la NBA, los Cavaliers se han levantado de la ruleta y ha cambiado sus fichas en la banca. A cambio de sus dos últimos números 1 (Wiggins y Bennett), y de la elección del próximo año (con la suerte que tienen igual hubieran repetido elección) han conseguido a Kevin Love. Presente por futuro. Pero lo cierto es que han sentado en Cleveland las bases de un aspirante a ganar el próximo campeonato.

James, un jugador global

Al contrato de Love con los Timberwolves aún le quedaba una temporada para extinguirse. Pero el ala pívot, cansado de las derrotas, había manifestado su intención de marcharse. El competitivo jugador no necesitaba muchos motivos para forzar su salida, harto como estaba de perder, pero el interés de Lebron James por unir fuerzas con las suyas le ayudó a precipitar su salida. En Minnesota tenían dos opciones: retener a Love un año más a desgana para luego quedarse sin nada o retirarse de la partida recogiendo las ganancias que aún les quedaban. Optaron por la segunda.

Lebron James es un jugador que está marcando época en la NBA. Desde su poderío físico indiscutible y su tremenda versatilidad ha redefinido la figura del “point forward” convirtiéndolo en un jugador capaz de ocupar todas las posiciones en la pista y dominar cualquier apartado del juego. Cuando Kobe Bryant se relamía a punto de convertirse en el heredero de Michael Jordan, James zanjó la cuestión cambiando las reglas del juego.

En los equipos dominantes que recuerdo (Lakers y Celtics de los 80, Bulls de los 90, Spurs eternos…por ahora) las estrellas jugaban y los ejecutivos fichaban. A lo más que llegaban los jugadores era a echar a sus entrenadores, todo un  clásico mundial en los deportes de equipo. Los jugadores franquicia se retiraban en el equipo que les había elegido en el draft tras pasar en él toda su carrera (a no ser que como gesto de buena voluntad se les dejase marchar en el ocaso de su carrera para no retirarse sin un anillo de campeón). Así había sido hasta Lebron.

El jugador franquicia (por segunda ocasión) de los Cavaliers ha llevado su actividad baloncestística más allá de la pista. No contento con ser protagonista de todas las acciones sobre el parquet, ha trascendido sus límites llegando hasta los despachos, invadiendo terrenos reservados hasta ahora a los que visten traje y corbata  y no pantalón corto y camiseta de tirantes.

El rey de la Liga zanjó su primera etapa en los Cavaliers para irse a los Heat de Miami. Previamente se había puesto de acuerdo con Dwayne Wade (que ya estaba en Florida) y Chris Bosh para coincidir en dicho equipo. Casualmente, los tres jugadores tenían el mismo agente (Rich Paul). Antes de dejar Miami, sugirió a los Heat que eligieran en el draft al base Shabazz Napier (y vio su deseo cumplido). Y ahora, nada más volver a Cleveland, ha removido cielo y tierra para añadir a Love a sus huestes. Esto sí que es un jugador total. No toda la culpa es suya. La adopción de una filosofía más mercantilista por parte de los propietarios tampoco ayuda a mantener a fidelidad a unos colores.

Construyendo alrededor de Wiggins

En Minnesota han asumido la marcha de Kevin Love como un hecho consumado. A principios del verano la franquicia daba por hecho que su estrella no empezaría la siguiente temporada en los Timberwolves. No han cerrado una mal traspaso, obteniendo a cambio a Wiggins y Thadeus Young. Lo de Anthony Bennett no sé si es una apuesta arriesgada o una exigencia de los Cavaliers para librarse de la elevada ficha de un jugador que no ha rendido como se esperaba.

Pero aunque el trato no haya sido malo, si lo ha sido la forma en que se ha forzado. Al menos desde el punto de vista de la franquicia. Y su propietario, Glenn Taylor, sembró dudas sobre las capacidades defensivas de su estrella saliente, destacó sus problemas de lesiones y le señaló como el vértice menos relevante del triángulo que formará junto a James y Irving. Eso sí, aclaró que ambos mantenían una buena relación. Al menos asi era hasta antes de semejante andanada verbal. Love, mucho más elegante, le sugirió que se centrase en los jugadores que acaba de conseguir.

El ala pívot ha jugado seis temporadas para la franquicia de Minnesota, y en ninguna el equipo se ha clasificado para los playoffs. Love ha anotado y ha reboteado como un coloso, pero no ha conseguido llevar al equipo a la lucha por el título. Eso contemplado desde el punto de vista de los Timberwolves. Desde la óptica del jugador, el razonamiento puede ser a la inversa: se lo ha dejado todo en la pista pero en los despachos han sido incapaces de crear el bloque adecuado para aprovechar su esfuerzo. Probablemente haya sido un poco de cada cosa.

A partir de este momento los Wolves queman una etapa y empiezan otra nueva. Adiós a la era Love, asi como previamente habían cerrado su gloriosa época Garnett. Llega la hora de Andrew Wiggins (curiosamente su primer jugador franquicia que no se llama Kevin). La tarea del rookie en su primera temporada no va a ser fácil. Debe crecer en su juego a la vez que hace crecer al equipo, la asignatura pendiente de Love.

El novato se encuentra con un bloque formado por buenos jugadores (entre ellos Ricky Rubio cuyo juego en transición le va de maravilla) pero sin demasiada alma. Un grupo de buenos profesionales que pueden cumplir su cometido cada noche, pero sin un líder que les lleve a superar sus límites de comodidad. Ese es el papel que se espera de un Wiggins que paradójicamente es un jugador “invisible”, que no necesita acaparar en exceso las posesiones del equipo para ser productivo.

La plantilla de Minnesota deberá asumir un cambio de roles tras la marcha de la estrella que acaparaba de forma casi monopolística la responsabilidad ofensiva del conjunto. Deberá proteger a un novato al que se le exigirá (tal vez demasiado) desde su primer partido. Y deberán demostrar que están preparados para dar un paso adelante. Es el momento de demostrar, sin el paraguas de Love, que tienen carácter ganador. Los Timberwolves construirán sobre la base de Wiggins. Y los que quieran seguir en este equipo han de dar un paso al frente.

Los Sixers, en reconstrucción permanente

Debo confesar que la actuación de la gerencia del equipo de Filadelfia no deja de maravillarme. Son la encarnación perfecta de una de mis frases favoritas de Groucho Marx: “La humanidad, partiendo de la nada y con su solo esfuerzo, ha llegado a alcanzar las más altas cotas de miseria“. Los Sixers hace unas temporadas que han iniciado su particular camino hacia la autodestrucción, o al menos eso me parece a mí.

Todo empezó con el traspaso de Andre Iguodala junto a Moe Harkless y Nikola Vucevic en el verano del 2012, en el marco de una operación con otros tres equipos: Lakers, Magic y Nuggets. A cambio de su jugador franquicia obtuvieron a Andrew Bynum, que se pasó en blanco su único año en Filadelfia a causa de sus frágiles rodillas, y a Jason Richardson, quien ha sido baja la temporada 2013-14 por una operación de rodilla. Mientras, Iguodala ha mantenido su nivel y Harkless y Vucevic se han consolidado en Orlando.

En el draft del 2013 traspasaron a su mejor jugador de la temporada que acababa de concluir, el joven J’rue Holiday, a los Pelicans de Nueva Orleans. A cambio del base obtuvieron al pívot Nerlens Noel, un rookie procedente de la Universidad de Kentucky que en su único curso en la NCAA había brillado en defensa pero había mostrado un juego en ataque muy limitado. Y además, venía lesionado…de una de sus rodillas. Se espera que Noel, tras una temporada en blanco, pueda debutar este año.

En el mes de febrero de la temporada 2013-14 los Sixers se deshicieron de dos de sus jugadores más productivos, Evan Turner y Spencer Hawes. El primero fue a los Pacers a cambio de un Danny Granger al que cortaron de forma inmediata. El segundo a los Cavaliers a cambio de dos secundarios como Henry Sims y Earl Clark.

Y ahora han canjeado a Thadeus Young, líder en anotación, rebotes y pelotas recuperadas del equipo en esta última liga. Y lo han hecho a cambio del base Shved y el alero Mbah a Moute, dos jugadores de poca relevancia, y de una primera ronda para el siguiente draft. De hecho, ese parece haber sido uno de los propósitos tras las operaciones explicadas hasta ahora.

Los jugadores traspasados estaban en el tramo final de sus contratos y o no parecían interesados en renovar o la gerencia no quería hacerles una oferta para que continuasen. Muchos de estos de traspasos incorporaban, además de jugadores, cesión de elecciones para próximos drafts, la mayoría de segunda ronda. En Filadelfia han optado en intentar conseguir lo máximo posible a cambio de ellos antes que quedarse sin nada, pero no parece que lo hayan conseguido.

¿Cómo han cristalizado algunas de estas elecciones de draft? En el de este año gastaron la propia en elegir con el número 3 a Joel Embiid, un pívot con grandes cualidades físicas y detalles técnicos que auguran un buen futuro. Lástima que está lesionado (fractura por estrés en un pie), y lo más posible es que no debute hasta la temporada 2014-15. La fijación del equipo de Filadelfia por hacerse con jugadores lesionados parece casi enfermiza.

Con la elección de primera ronda que ganaron en el traspaso de Holiday eligieron al base Elfrid Payton, que cedieron Orlando Magic a cambio de los derechos sobre Dario Saric. Deberán esperar, pues el croata ha manifestado su intención de seguir en Europa dos temporadas más. Así que deberán vivir con sus segundas rondas, a los que no tienen obligación alguna de firmar un contrato. Los Sixers son un equipo en reconstrucción a las órdenes de un arquitecto que parece que no encuentra sus planos.

 

Artículo publicado en dos entregas en http://www.encancha.com, agosto 2014

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