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Lebron James deja a los Warriors sin la gloria de una temporada histórica

21 Jun

Los Cleveland Cavaliers se han proclamado campeones de la NBA de la temporada 2015-16, superando a los Golden State Warriors en las finales por 4 victorias a 3. Lebron James y los suyos han privado a los Golden State Warriors del título que necesitaban para postularse como uno de los mejores equipos de la historia de la NBA. Stephen Curry y sus secuaces han hecho una temporada fabulosa, pero no han sabido redondearla ganando la gran final de la Liga.

El equipo de la Bahía de San Francisco empezó el curso de manera fulgurante, con 24 victorias en sus 24 primeros partidos, estableciendo una nueva mejor marca para un principio de liga regular (el anterior récord era de 15 triunfos). Y eso que su entrenador Steve Kerr estaba de baja por una operación de espalda. Luke Walton, el segundo de a bordo, cogió los mandos y la buena actuación de sus jugadores le ha permitido dar el salto a entrenador jefe de Los Angeles Lakers a partir de la siguiente temporada.

Su jugador franquicia, Stephen Curry, se convirtió en la gran sensación de la NBA, amenazando con quitarle el título de rey a Lebron James. Con una puntería asombrosa desde la línea de 3 puntos (45,4%) para un jugador que lanzaba tantas veces como él (11,2 intentos por noche), le sobraron partidos de esta primera fase de la competición para batir el récord de triples, que él mismo había establecido el curso previo. De los 286 de la temporada 2014-15 a los 402 de esta 2015-16.

Superar la marca de los Bulls

Los hombres de Steve Kerr tenían en mente, tras su gran comienzo de competición, batir un registro histórico. Los Chicago Bulls de la temporada 1995-96, con Michael Jordan al frente en la pista y Phil Jackson en el banquillo, habían ganado 72 de los 82 partidos de la Liga Regular. Una marca que parecía inalcanzable…hasta ahora. Los Warriors, tras haber ganado las finales del 2015, querían pasar a la historia. Y una forma de hacerlo era batiendo el récord de uno de los grandes equipos de todos los tiempos.

Todo estaba a su favor. Dos hombres frágiles como Curry y el pívot australiano Andrew Bogut se mantenían a salvo de lesiones serias. Sus compañeros, también. Ninguno de los jugadores importantes de la rotación del equipo ha jugado menos de 65 partidos de Liga Regular. Los astros parecían alineados con los de Oakland hasta el último partido antes del inicio de los play-off. En la última jornada, los Warriors necesitaban un triunfo en casa ante unos Memphis Grizzlies sin Marc Gasol (lesionado) para sumar su victoria número 73 y conseguir su primer objetivo de superar a los Bulls de 1995-96.

Y lo hicieron con una exhibición de Curry, autor de 46 puntos (10 de 19 en triples) en apenas 30 minutos en pista. Era la tercera vez en el curso que conseguía esta anotación, que ni mucho menos fue la más alta de la temporada. En octubre había anotado 53, y en febrero 51 en dos ocasiones. De los 79 partidos en los que participó en la fase regular, en 40 llegó a los 30 puntos o los sobrepasó (su media anotadora fue de 30,1 puntos por partido). Pero Curry no fue el único que se salió aquella noche.

La intromisión de Kobe

En una pista no muy lejana, el Staples Center de Los Angeles, Kobe Bryant ponía fin a su larga carrera en la NBA,  20 temporadas vistiendo la camiseta de los Lakers en las que ganó 5 anillos de campeón. Una leyenda viva del baloncesto que decidió despedirse a lo grande, estableciendo el tope de anotación individual de la Liga Regular 2015-16 con 60 puntos. Ningún otro jugador de la historia de la Liga había anotado tantos puntos en su último partido profesional.

La gesta de Kobe acaparó minutos de televisión, portadas en la prensa y comentarios en las redes sociales, restando a los Golden State Warriors gran parte de su merecido protagonismo. No todos los días se establece un récord de victorias de la NBA, pero es algo que puede volver a pasar. Sin embargo, por mucho que Kobe Bryant siempre haya querido superar a Michael Jordan (que se retiró tres veces), estaba clara que la estrella de los Lakers sólo viviría una última noche. Y además, gloriosa.

Y llegaron los play-offs. El rival en primera ronda fueron los Houston Rockets en lo que debía ser un paseo para los vigentes campeones de la NBA. Y de hecho lo fue (4-1), pero Curry sufrió un esguince de tobillo en el primer partido de la eliminatoria que le obligó a descansar los dos siguientes. En el cuarto volvió, pero sufrió una distensión en los ligamentos de su rodilla derecha que le dejó fuera de juego hasta el cuarto partido de la serie de segunda ronda contra los Portland Trail Blazers (4-1).

Los puntos débiles de los Warriors, al descubierto

En las finales del Oeste les tocó emparejarse contra los Oklahoma City Thunder. Su entrenador, Billy Donovan, es un debutante en la NBA pero tiene una larguísima y brillante carrera en la NCAA (dos veces campeón, y consecutivas, del March Madness, con la Florida liderada por los NBA Al Horford, Joakim Noah y Corey Brewer, y con el ahora jugador de los Warriors Marreese Speights de novato en la segunda). Donovan diseccionó a la perfección el juego de su rival y halló la manera de plantarles cara.

Russell Westbrook puso en evidencia la defensa de Curry. Una carencia que el base compensó con su anotación en ataque, algo que no ha podido hacer en las Finales frente a los Cleveland Cavaliers. Y dos pívots rocosos y batalladores como Steven Adams y Enes Kanter aprovecharon la falta de centímetros y quilos de sus contrincantes, grandes apóstoles del “small ball”, para hacerse amos de los rebotes y cerrar su pintura a las penetraciones rivales. En definitiva, los Warriors sobrevivieron a una serie que se alargó hasta su máximo de 7 partidos, pero a costa de exponer sus problemas cuando el juego se vuelve más físico.

Aún así, en esta eliminatoria Curry batió dos nuevos récords de la NBA. El primero, en posesión de Reggie Miller, de partidos seguidos de play-off anotando al menos un triple. El alero de los Indiana Pacers lo había dejado en 44. Al final de esta temporada está en 58, y puede seguir subiendo la siguiente. El segundo, el de más triples anotados en una sola eliminatoria de play-off, que ha pasado de los 28 de Ray Allen a los 32 del prodigio de unos Warriors que se convirtieron en el décimo equipo de la historia en remontar un 3 a 1 adverso en una ronda por el título.

Los Warriors empiezan las Finales con buen pie

Y llegaron las Finales, el momento esperado de la coronación, cuando la franquicia californiana debía culminar su temporada histórica con un anillo como el que ganaron los Bulls de Michael Jordan. Los dos primeros duelos contra las huestes de Lebron se resolvieron con dos palizas de campeonato. Nunca antes la diferencia conjunta de dos primeros partidos de una final de la NBA había sido tan abultada. Curry y Klay Thompson no estaban finos, pero el resto de sus compañeros sí. La segunda unidad, liderada por Andre Iguodala, Shaun Livingston y Leandro Barbosa, hizo estragos en la defensa rival. En el 2 a 0, los Warriors rompieron el duelo con Curry en el banquillo y ningún base en pista (Thompson, Barbosa, Iguodala, Harrison Barnes y Draymond Greene).

Los Cavaliers venían de perder la final de la Liga 2014-15, aunque en aquella ocasión las lesiones de Kevin Love y Kyrie Irving habían dejado demasiado sólo a Lebron James. Una sombra de duda sobre el triunfo final de los Warriors el año 2015. Jugadores que la temporada pasada habían estado en pista muchos minutos como el base Mathew Dellavedova y el pívot Timofey Mozgov en esta prácticamente no han participado. Así que, con muchos más recursos que en el pasado, la franquicia de Ohio hizo sus ajustes.

En los dos primeros partidos de la serie los movimientos y cortes sin balón de los jugadores rivales les habían masacrado con canastas demasiado fáciles. Y el excesivo celo en el marcaje sobre Curry había provocado errores defensivos que también les habían costado muchos puntos. A partir del tercer partido de la serie todo eso desapareció, y ahora los que parecían estar estáticos en su ataque eran los Warriors, que debían crear sus superioridades y tiros librados a través del bote de un Curry que no estaba fino.

El entrenador de los Cavaliers, el debutante (y exjugador) Tyronn Lue, planteó un ataque con tres ejes: buscar un emparejamiento favorable para Lebron James gracias a los bloqueos directos librándole del marcaje de Iguodala, conceder libertad a Kyrie Irving para explotar las carencias defensivas de Curry o masacrar a los hombres altos contrarios tras bloqueo de un compañero, y buscar la superioridad en el poste bajo de Kevin Love ante rivales más bajos.  De los tres, sólo falló Love, que tras una temporada completa jugando como tirador en la esquina para abrir el campo a sus compañeros no se ha adaptado a su nuevo rol.

La sanción a Green, decisiva

Los de Ohio ganaron el tercer partido, el primero que jugaban en casa, con una claridad meridiana. Fue el primer gran partido en la serie de un Irving que por fin conseguía un buen porcentaje de acierto en sus lanzamientos. Pero perdieron el cuarto, lo que les dejaba con un 3 a 1 en contra en las eliminatorias, una desventaja que ningún equipo había remontado con anterioridad en unas finales. Hasta ahora. Porque de nuevo los elementos de aliaron contra el equipo de Oakland.

A lo largo de la temporada el versátil interior Draymond Green ha dejado ir discretas pataditas. En la serie contra los Thunder alcanzó en sus partes nobles a Steven Adams en dos partidos. Y todos los focos recayeron sobre él. Así que cuando en el cuarto partido contra los Cavaliers, en un rifirrafe con Lebron, le dejó ir primero una patadita desde el suelo y luego un codazo entre las piernas, la NBA lo sancionó con un partido de suspensión.

Green, además de lo que aporta en ataque, es la clave de la defensa de los Warriors cuando juegan con un quinteto pequeño. Porque cuando se producen cambios en los bloqueos, es capaz de emparejarse con cualquier rival, ya sea el base o el pívot, y contenerlo con un mínimo de garantías. Y en el quinto partido, sin Green, Kerr apostó por Bogut. El australiano había sido importante por su juego mano a mano con Curry, y en el primer cuarto del segundo duelo por su intimidación en defensa. Tras una primera mitad igualada, el pívot se lesionó la rodilla en el tercer cuarto, quedando fuera de juego para el resto de la final. En el otro bando, Lebron y Irving sentenciaron, convirtiéndose además en la primera pareja de jugadores de un equipo en superar los 40 puntos en un mismo partido de una final.

Con 3 a 2 en la última serie por el título, los Cavaliers se vinieron arriba mientras que a los Warriors les cayó el peso de un posible fracaso sobre los hombros. Los partidos se volvieron cada vez más físicos, un terreno donde los californianos no se desenvuelven bien, y para colmo de males ni Curry ni Klay Thompson conseguían igualar el rendimiento que habían ofrecido en la Liga Regular. James y Irving se hicieron dueños del juego minuto a minuto hasta llevar a los suyos a un anillo histórico tras unos partidos que han reproducido los estereotipos clásicos que ejemplificaron las finales Lakers – Pistons de finales de los 80: Oeste vistoso, Este duro y efectivo.

El tercer anillo de campeón de su carrera es además histórico para Lebron James (presente en 6 Finales consecutivas), que cumple la palabra que dio en su vuelta a Ohio de hacer campeón al equipo de su estado. Histórico porque es el primer jugador en liderar a todos los participantes en una serie de play-off en puntos (29,7), rebotes (11,3), asistencias (8,9), recuperaciones (2,6) y tapones (12,3), firmando además un triple doble en el partido decisivo (27 puntos, 11 rebotes, 11 asistencias).

Histórico también porque es el segundo en ser MVP de unas finales con dos equipos diferentes, en su caso Heat y Cavaliers. El otro en conseguirlo fue Kareem Abdul Jabbar (Bucks y Lakers). Y histórico porque rompe una larga sequia de la ciudad de Cleveland. Ningún equipo de las grandes ligas de esta ciudad había ganado un título desde que lo hicieran los Browns de la NFL el año 1964.

 

Artículo publicado en http://www.encancha.com, junio 2016

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NBA 2015-16: Cuentas pendientes y últimas oportunidades

21 Oct

Llega una nueva temporada de la NBA cargada de historias interesantes. Cada equipo, de hecho, tiene la suya. Explicarlas todas sería demasiado extenso, así que he hecho mi selección personal. No todos los equipos citados son candidatos al anillo, pero seguro que todos ellos darán mucho de que hablar.

Los Golden State Warriors se proclamaron campeones de la NBA el año 2015 sublimando el concepto de small ball que había llevado a los Miami Heat a ganar 2 anillos de campeones bajo la batuta de Lebron James. Esta temporada el equipo californiano empieza el curso como uno de los favoritos a ganar el título (en su caso a revalidarlo).

Los finalistas que cayeron ante el talento y puntería de Stephen Curry y Klay Thompson, y la polivalencia y entrega de Andre Iguodala y Draymond Greene fueron unos diezmados Cleveland Cavaliers en el primer curso tras el retorno de Lebron al que fuera su primer equipo en la liga. A lo largo del verano han lamido sus heridas y ahora aguardan ansiosos para saldar la cuenta que tienen pendiente. No es lo mismo afrontar las finales con James rodeado de fieles secundarios que arropado por primeras espadas como los lesionados Kyrie Irving, Kevin Love o Anderson Varejao.

En Ohio están convencidos que sólo la ausencia de estos jugadores claves les dejaron sin su merecido premio. La mayoría de manágers generales de la NBA les da la razón, situándoles como máximos favoritos de este año. Lebron quiere ganar un campeonato en su estado natal. Y cuando a King James se le mete algo entre ceja y ceja, no hay quien le disuada de ello. El número 1 de la NBA tiene las cosas claras, y una de ellas es que quiere que Tristan Thompson siga en su equipo.

Las conversaciones de la renovación del contrato del ala pívot canadiense, un seguro de vida en el rebote, se alargaron mucho, casi un año, por la diferencia entre las pretensiones económicas del jugador (94 millones de dólares por 5 temporadas) y la oferta de la franquicia (80 millones). Ni la intervención de Lebron a través de las redes sociales consiguió acelerar la resolución de unas negociaciones que no llegaron a buen puerto hasta pocos días antes de empezar la liga regular: 82 millones por 5 temporadas.

Rose y sus rodillas

La gran amenaza en el camino de los Cavaliers para ganar la plaza reservada en la final de la NBA a un equipo del Este serán los Chicago Bulls, a los que eliminaron de los pasados play-offs en la semifinal de Conferencia. Los Bulls aspirarán a todo siempre y cuando Derrick Rose pueda completar una temporada libre de lesiones.

El curso baloncestístico 2011-12 del base estuvo repleto de molestias y pequeñas lesiones hasta que en el primer partido de los play-offs se dañó de gravedad los ligamentos de la rodilla izquierda. La campaña siguiente la pasó recuperándose. Reapareció la temporada 2013-14, pero sólo pudo disputar 10 partidos antes que el menisco de la otra rodilla, la derecha, le dejara fuera de combate.

Tras pasar nuevamente por el quirófano, reapareció la temporada pasada. Otra que no pudo completar. Jugó 46 partidos hasta que un desgarro en el menisco de la rodilla derecha le obligó a operarse de nuevo en febrero del 2015. Regresó a tiempo para jugar los 5 últimos encuentros de liga regular y los 12 de su equipo en play-offs, sucumbiendo ante las huestes de Lebron.

Derrick Rose necesita culminar una temporada entera para dejar atrás el fantasma de las lesiones. Y acallar las persistentes voces que le situan como un jugador en declive por sus problemas físicos. Debe dejar atrás su preocupación y miedo a romperse para centrarse en su mejor juego, olvidando de paso su ansiedad de demostrar a todos que realmente está recuperado, que vuelve a ser el de siempre.

Los Bulls necesitan de su talento y liderazgo para conducirlos hasta un título que añoran desde 1998, desde la época gloriosa de Michael Jordan. Para ganar un anillo ficharon a Pau Gasol, renovaron a Jimmy Butler, se hicieron con los derechos de Nikola Mirotic y seleccionaron en el draft del año pasado a Doug McDermott y en el de éste a Bobby Portis. Pero siempre contando con Rose.

El base ya ha dado el primer susto antes de empezar la liga regular. Rose se ha perdido la mayor parte de la pretemporada por una fractura en la cara, más concretamente en el orbital izquierdo, que le obligó a pasar una vez más por el quirófano. La mala noticia es que el jugador franquicia de los Bulls ya se ha lesionado incluso antes de empezar los partidos oficiales. La buena es que no ha sido en ninguna de sus dos rodillas.

Se agota el crédito de Phil Jackson

Los Knicks de Nueva York son una franquicia de un gran mercado televisivo, dueña de un pasado histórico con momentos de gloria, pero atrapada en un presente para olvidar. El hombre elegido por el propietario James Dolan para sacarla del pozo es Phil Jackson, aunque no como entrenador sino como responsable ejecutivo. El entrenador 6 veces campeón con los Bulls y 5 con los Lakers era jugador de los Knicks las dos temporadas que ganaron la competición, 1970 y 1973, aunque en la primera de las dos una lesión no le dejó jugar.

El curso pasado, primero de Jackson al mando y con Derek Fisher como su extensión en el banquillo, el equipo se quedó en unos míseros 17 triunfos. Un desastre, no obstante, digerible dentro de un proceso de reconstrucción. Este año no se le perdonará un balance similar. Y menos cuando Fisher ha comparado el estado de los Knicks ahora mismo con el de los Atlanta Hawks de la pasada temporada. Los Hawks cerraron la liga regular con 60 victorias. ¿Serán capaces de hacer lo mismo en Nueva York?

Para arropar a Carmelo Anthony se ha contratado al escolta Arron Afflalo, al baluarte defensivo en la zona Robin Lopez, y se le ha dado una oportunidad al fallido número 2 del draft del 2011, el ex de los Timberwolves de Minnesota Derrick Williams. En el draft se ha elegido al talentoso base Jerian Grant (su tio Horace jugó para Phil Jackson en los tres primeros títulos ganados por los Bulls) y al letón Kristaps Porzingis, procedente del Baloncesto Sevilla (la elección del letón, por cierto, fue silbada por los aficionados neoyorquinos durante la ceremonia del draft).

La gran pregunta es si el triángulo ofensivo seguirá funcionando o es otro sistema que pertenece al pasado, enterrado por el small ball. Carmelo Anthony es un jugador capaz de generar desequilibrios como primera opción de esta táctica, pero necesita compañeros que sepan desarrollarlo. José Calderón tiene asignado un rol muy claro: base veterano. Porque sus competidores en la posición o son recién llegados o encaran su segundo año en la NBA.

La última carga de los Spurs

Cada temporada los que escribimos sobre NBA decimos que puede ser la última de los Spurs de San Antonio. En esta lo diremos una vez más, y probablemente acertaremos (ya va tocando). Al menos de los Spurs tal y como los conocemos desde que hace 13 años el entrenador Greg Popovich completó su guardia pretoriana: Tim Duncan, Tony Parker y Manu Ginobili. Este verano pasado Duncan y Ginobili estuvieron a un paso de retirarse, el próximo pocos dudan que lo harán.

Y sin embargo, como el prestigitador que te engaña haciéndote creer que la bolita está en su mano derecha cuando hace rato que la tiene en la izquierda, Popovich ya tiene a punto el relevo. En un verano brillante de la gerencia de la franquicia, se ha renovado a la pieza angular del nuevo proyecto Kawhi Leonard, y a su escudero desde los triples Daniel Green.

Se ha traído al sustituto de Duncan, el ex de los Blazers LaMarcus Aldridge, el agente libre más codiciado del mercado. Y se han conseguido los servicios de un veterano de solvencia contrastada, el ala pivot David West, que no quiere retirarse sin su anillo. El grueso de la plantilla permanece, con las bajas destacadas de Tiago Splitter, un Cory Joseph que no pasó de tercer base, un Marco Belinelli a la sombra de Green y Ginobili, y el gladiador Aron Baynes.

La recta final de Kobe

Otro que puede vivir su último curso como profesional en la NBA es Kobe Bryant. El jugador franquicia de los Lakers, en su último año de contrato con el equipo de Los Angeles, ya tiene 37 años. La próxima será su temporada número 20 en la NBA. Y desde que se lesionase en el tramo final de la Liga regular del 2012-13, las lesiones no le han respetado. Tras su inicial rotura del tendón de Aquiles, sólo pudo disputar 6 partidos de la liga 2013-14 antes de caer víctima  de una fractura de rodilla. La temporada siguiente, en enero, una lesión de hombro le obligó a pasar por el quirófano. Cualquier otro se habría retirado. Pero cualquier otro no es Kobe Bryant.

Para esta temporada que empieza los Lakers le han buscado una buena escolta a su estrella de referencia, mejor que la de los años anteriores. En el draft del 2015 eligieron a D’Angelo Russell, un base con futuro de estrella. En el del curso anterior, un ala pívot con espíritu de depredador en la zona, Julius Randle. El jugador tuvo la mala suerte de lesionarse en el primer partido de la liga regular de la temporada, en su debut en partido oficial. Y ha aprovechado el tiempo que no ha podido jugar para, además de recuperarse, fortalecer su físico y pulir su juego. Ademas de los rookies, dos veteranos de garantias se han sumado también a la plantilla californiana.

Uno es el tirador Louis Williams, un cañonero que junto a Nick Young puede descargar a Kobe de responsabilidades en ataque. Y la otra es Roy Hibbert, la torre de 2,18 que tras un mal final de etapa en los Indiana Pacers busca relanzar su carrera. La franquicia ha incorporado a otro veterano, un jugador que ya pasó por los Lakers, pero en este caso aún no se sabe si es una buena o una mala noticia. Se trata del impredecible Metta World Peace, El Jugador De Baloncesto Antes Conocido Como Ron Artest. Si está centrado, será un peligro para los rivales. Si no lo está, lo será para los Lakers.

Nervios en Oklahoma

Los Thunder de Oklahoma City han ido construyendo una plantilla joven que debe dejar ya de considerarse con proyección para empezar a dar frutos. Kevin Durant y Rusell Westbrook son los líderes de uno de los equipos de la NBA que más pagará en salarios esta temporada, con Enes Kanter y Serge Ibaka devastando en la pintura mientras Steven Adams les relevará haciendo el trabajo sucio. Por fuera, DJ Augustine y Dion Waiters darán minutos de calidad mientras Durant y Westbrook descansen.

En Oklahoma empieza a haber urgencia de resultados. Desde el año 2008, que sus dos estrellas comparten vestuario, el equipo ha jugado una final de la NBA (2012, derrotados 4 a 1 por los Miami Heat de Lebron) y dos finales de la Conferencia Oeste (2011, 2014). Un buen balance para la mayoría de franquicias. Insuficiente para un Kevin Durant  al que a sus 27 años empieza a escocerle no tener aún su anillo. Un Durant que, como ya explicamos en un artículo anterior, trabajó duramente con un estadístico personal para mejorar su juego. El objetivo de esta mejora no era anotar más, sino convertirse en un jugador determinante para ganar títulos.

La franquicia no dispone de un gran mercado que complemente sus ingresos como los Lakers. Y para mantener algunas piezas debe renunciar a otras. La renovación de Ibaka les dejó sin margen para contentar a James Harden, al que traspasaron para poder obtener algo a cambio. La marcha de la barba más famosa de la liga dejó un hueco en la posición de escolta que aún no han conseguido llenar del todo. Con Reggie Jackson se volvió a repetir la historia. Sus pretensiones económicas amenazaban con lastrar las operaciones de las temporadas siguientes, y fue traspasado a cambio de Kanter. Al menos así reforzaban otro de sus puntos flacos, la posición de cinco.

Su problema es que el jugador que acaba contrato este año no es otro que Kevin Durant. A la estrella no le van a faltar ofertas, y todas por el máximo que permite el convenio. Más allá de que en Oklahoma superen al resto de franquicias en la puja, queda pendiente el tema deportivo. Durant renovará si está convencido que los Thunder pueden ser campeones de la NBA. Si no, se marchará. Y si el se va, Westbrook y Ibaka tendrán menos alicientes para renovar unos contratos que acaban el 30 de junio del 2017. Antes hemos citado el caso de los Spurs, que han mantenido a sus jugadores importantes aún sin ofrecerles el máximo y han atraído a agentes libres de peso. ¿Que diferencia hay entre ambos equipos? 5 campeonatos de la NBA.

Artículo publicado en http://www.encancha.com, octubre 2015

NBA: Marc Gasol saca tajada de la lluvia de millones del verano

15 Jul

Marc Gasol, 110 millones de dólares. Anthony Davis, 145. Damian Lillard, 120. Kevin Love, 113. Jimmy Butler, 95. Goran Dragic, 90. Son algunas de las cifras de escándalo de los contratos firmados este verano en la NBA.

Marc Gasol renovó con los Memphis Grizzlies por las siguientes cinco temporadas a cambio de una cifra global que ronda los 110 millones de dólares. Al final de la cuarta el pívot catalán se ha reservado la opción de dar por concluido el trato y volver a probar suerte en el mercado de agentes libres.

El mediano de los tres hermanos Gasol nunca barajó la opción de cambiar de equipo. Sólo mantuvo una reunión mientras estuvo en el mercado, y fue en España con el propietario de los Grizzlies, un Robert Pera tan enganchado a su trabajo que durante su breve estancia en nuestro país no se alojó en ningún hotel, sino en su avión totalmente equipado. Antes de criticar su decisión de no buscar una franquicia con más posibilidades de títulos o renombre, sería conveniente analizar la situación.

Los Grizzlies, liderados por Marc Gasol, han batido el récord de la franquicia jugando 5 temporadas seguidas los play-offs. En tres de ellas llegaron a las semifinales del Oeste y en una, el año 2013, a la final de Conferencia. El equipo de Memphis ha pasado las tres últimas temporadas de los 50 triunfos en liga regular. Lo que demuestra que en Memphis se ha trabajado bien, y están a un paso del éxito. Los fichajes del alero Matt Barnes procedente de los Clippers y del ala pívot Brandan Wright de los Phoenix Suns pueden ayudarles a darlo.

Su jugador franquicia ha culminado su año más destacado en la NBA, con 17,4 puntos, 7,8 rebotes, 3,7 asistencias y 1,62 tapones de media. Ha sido su temporada más productiva en anotación. Su buen papel durante la Liga regular le ha servido para ser titular en el All Star, y para convertirse en el primer Grizzlie de la historia en ser incluido en el primer equipo de la NBA. Y de paso, ser considerado el mejor pívot de la mejor Liga del Mundo. A sus 30 años, está en el mejor momento de su carrera.

Pero la vinculación de Marc Gasol con Memphis y su equipo va mucho más allá de lo deportivo. Durante los primeros años de la carrera de su hermano mayor Pau en la liga profesional norteamericana, la familia Gasol se instaló en la ciudad del inigualable Elvis (espero que todos sepáis quien fue, y el que no ya tiene deberes para buscar en google y youtube). Marc vivió su adolescencia en Memphis, fue al instituto en Memphis durante dos cursos, hizo amigos en Memphis. Tuvo ofertas para seguir sus estudios en universidades de los Estados Unidos, pero las rechazó.

Su ilusión era seguir los pasos de su hermano mayor destacando en la ACB. Después de 3 temporadas en el FC Barcelona con muy poca participación, en el Akasvayu Girona encontró los minutos necesarios para demostrar su verdadero potencial. Desde el 29 de octubre del 2008 ha jugado en la NBA, liga en la que ya ha suma 7 temporadas. Y todas en Memphis. Desde que es adulto, la ciudad del estado de Tennessee es el lugar en el que ha pasado más tiempo. Su hogar.

La lluvia de millones

Los Grizzlies le han puesto a Marc Gasol una millonada encima de la mesa. Su hermano Pau firmó una extensión de tres temporadas con los Lakers el verano del 2011 de 57 millones. Una media de 19 por temporada. Marc superará los 20 por año. Un gran contrato, sin duda, pero de ninguna manera un contrato excepcional. El pívot de los Grizzlies no podía firmar por menos de esa cantidad en este verano del 2015 si no quería arrepentirse los próximos 5 años. La entrada en vigor del nuevo contrato televisivo de la NBA a partir del verano del 2016 ha obligado a los jugadores en disposición de firmar contratos largos a exigir las cantidades máximas que permite el convenio en vigor para evitar que sus salarios queden desfasados en breve.

Anthony Davis será el jugador mejor pagado de la liga (mientras Lebron James se lo permita y a la espera del nuevo contrato de Kevin Durant del próximo verano). El pívot ha llegado a un acuerdo con su equipo, los Pelicans de Nueva Orleans, por el que ingresará 145 millones de dólares repartidos entre las próximas 5 temporadas. Damian Lillard no se queda muy atrás. Los Blazers le reconocerán su ascenso a jugador franquicia con un contrato de unos 120 millones a cobrar entre la temporada 2015-16 y la 2019-20.

Los campeones, los Golden State Warriors, mantendrán una de sus piezas claves en el estilo “small ball” que les ha llevado hasta el éxito: el ala pívot Draymond Green seguirá en California 5 años más a cambio de 85 millones. Los subcampeones, los Cavaliers, han aceptado pagarle 113 millones a Kevin Love para que luzca su camiseta las 5 siguientes temporadas. Ahora renegocian los contratos de Tristan Thompson (se habla de más de 80 millones por 5 años) y ¡Lebron James! (si, ejerció su opción de ser agente libre para conseguir un contrato máximo de 47 millones por 1 temporada fija y otra opcional).

Dwyane Wade quería que su franquicia de toda la vida, los Miami Heat, le reconocieran con un contrato largo y bien pagado el sacrificio que hizo renunciando a un sueldo mayor para facilitar la llegada de Chris Bosh y Lebron James hace 5 años. Ha conseguido una de las dos cosas, una oferta de 20 millones por una temporada. Los Heat no se fían de su salud a largo plazo, pero le agradecen sus esfuerzos en el pasado. Goran Dragic seguirá disfrutando del sol de Florida durante 5 inviernos más gracias a los 90 millones que este mismo equipo ingresará en su cuenta corriente.

Los Bulls, por su parte, compensarán la fidelidad de Jimmy Butler los siguientes cinco años de su vida con 95 millones. Otros jóvenes millonarios serán Tobias Harris (64 millones en 4 temporadas en Orlando Magic), Brandon Knight (70 por 5 en los Phoenix Suns), Kris Middleton (70 por 5 en los Milwaukee Bucks) y Reggie Jackson (80 por 5 en los Detroit Pistons). El algo más veterano Demarre Carroll (29 años en breve) firmará su primer gran contrato como profesional: 60 millones por 4 temporadas en los Toronto Raptors.

Hay dinero de sobra para todo el mundo. Un jugador que no ha estado bien en las últimas finales como Iman Shumpert se llevará 40 millones de los Cleveland Cavaliers en un contrato de 4 temporadas. Thadeus Young, un esforzado gladiador, le levantará a los Brooklyn Nets 50 millones en 4 temporadas. Otros secundarios como Al Farouq Aminu (firmará contrato de 4 años con los Portland Trail Blazers a cambio de 30 millones), Arron Afflalo (dos temporadas con los Knicks por 16 millones), Corey Brewer (seguirá 3 años más en los Rockets por 24 millones) o Jae Crowder (renueva por 5 temporadas con los Celtics a cambio de 35 millones) también harán un buen rinconcito para el día que se jubilen.

Los pívots son un caso aparte. Por cuestiones estadísticas, personas de su altura y coordinación son escasas. Y eso se paga. Los Thunder de Oklahoma City han igualado la oferta que los Blazers le hicieron al prometedor Enes Kanter: 70 millones por 4 temporadas. Brook López, un gran jugador con demasiadas lesiones, seguirá tres años más en los Brooklyn Nets por 60 millones. Su hermano gemelo Robin, un buen defensor con poca incidencia en ataque, recalará durante 4 años en Nueva York tras aceptar la oferta de 54 millones de los Knicks. Otro especialista defensivo, el veterano Tyson Chandler ha conseguido un contrato de 52 millones por 4 temporadas en los Phoenix Suns. El turco Omer Asik tampoco destaca en ataque, pero seguirá sellando la zona de los Pelicans durante 5 años más a cambio de 60 millones. Paul Millsap le ha sacado 58 millones a los Atlanta Hawks por 3 años más de esfuerzo, y Greg Monroe 50 a los Bucks por el mismo número de temporadas.

Hay Spurs para rato

Los Spurs de San Antonio se enfrentaban a un verano complicado, en el que todo su proyecto corría peligro de hundirse. De aspirantes al título podían pasar a ser un equipo en reconstrucción. Los veteranos Tim Duncan (39 años) y Manu Ginóbili (cerca de los 38 años) meditaban sobre su retirada, y los jóvenes Kawhi Leonard y Daniel Green acababan contrato. La franquicia tejana podía decir adiós a su pasado y su futuro al mismo tiempo. La brillante actuación de su gerencia lo ha evitado, para alivio de los aficionados al baloncesto.

Duncan y Ginóbili volverán, y con un regalo bajo el brazo para su equipo (además del retorno): se rebajarán el sueldo. Duncan aceptó un nuevo contrato de dos temporadas que le reportará cinco millones anuales. Ginóbili se llevará un total de 5,7 millones repartidos en las dos próximas temporadas. Los jóvenes siguieron el ejemplo de los veteranos, firmando por debajo del máximo que les permite el convenio. Leonard se llevará 90 millones por 5 años de trabajo, y Green 45 por 4.

Con este bote de dinero sobrante la franquicia de San Antonio se ha hecho con uno de los agentes libres más codiciados del mercado, el ala pívot de los Portland Trail Blazers LaMarcus Aldridge. El jugador, natural de Texas, quiere su anillo de campeón. Por eso dejó claro a los Blazers que no iba a renovar, y por eso rechazó las ofertas de Los Angeles Lakers y los Phoenix Suns. Aunque tampoco le ha hecho ninguna rebaja a su nuevo equipo: 80 millones por un contrato de 4 temporadas.

Con él llega al equipo un cuatro veterano, pero con gran capacidad de anotación desde la media distancia: David West. El interior renunció a la temporada que le quedaba en los Indiana Pacers, y por la que hubiera cobrado 12,2 millones, para ganar el mínimo para alguien de su experiencia en la liga: 1,4 millones. ¿Cuánto vale un anillo de campeón? Para West, 11 millones de dólares.

Evidentemente, los Spurs han tenido que deshacerse de jugadores. En unos casos, para hacerse un hueco salarial (Tiago Splitter ha acabado en los Atlanta Hawks). En otros, porque no han podido (o querido) igualar las ofertas que recibieron de otros conjuntos (Marco Belinelli). Y en algunos otros, porque ya no tenían sitio en el equipo. Corey Joseph, relegado a tercer base por Patty Mills, se fue a Toronto (30 millones en 4 temporadas) para dejar su sitio al prometedor Ray McCallum procedente de los Kings de Sacramento.

En la categoría de experimento podría citarse el fichaje del gigante del Estrella Roja Boban Marjanovic (2,21) por una temporada (y unos 2 millones). Si sale bien, ya le renovarán. En primera ronda del draft eligieron a otro pívot serbio, Nikola Milutinov (2,13) del Partizan. Algo le habrán visto. Una franquicia que fue capaz de acertar eligiendo en el número 28 del draft del 2001, la última elección de primera ronda de aquel draft, a Tony Parker, tiene todos mis respetos. Fue el mismo año que los Wizards se comieron con el número 1 a Kwame Brown.

El rocambolesco fichaje de DeAndre Jordan

El pívot de Los Angeles Clippers DeAndre Jordan ha protagonizado el culebrón del mercado de agentes libres. Su equipo le puso sobre la mesa una oferta de 110 millones por 5 temporadas. Igualita a la que los Grizzlies le hicieron a Marc Gasol. Y la rechazó. Por una parte, el jugador buscaba un equipo en el que tuviera más protagonismo ofensivo (a pesar de sus limitaciones técnicas en este aspecto). Y por la otra, se comentó la existencia de una enemistad irresoluble entre el pívot y el base y estrella del equipo, Chris Paul.

Jordan, natural de Houston, aceptó en primera instancia la propuesta de los Dallas Mavericks: 80 millones por 4 años jugando más cerca de casa. Pero he aquí que los Clippers no se resignaron y enviaron una delegación encabezada por el propietario Steve Ballmer, el entrenador Doc Rivers y el ala pívot Blake Griffin a casa del pívot. Y tras una larga charla, le convencieron de que firmase.

El problema era que si bien los equipos pueden empezar a negociar con los jugadores libres de contrato el 1 de julio, no pueden oficializar sus acuerdos hasta que la NBA ha calculado el tope salarial para el siguiente año, el 9 de julio. Los Clippers habían conseguido el compromiso del jugador horas antes de que expirase la moratoria, así que decidieron atrincherarse en la casa de Jordan hasta que éste pudiera firmar legalmente, evitando una posible contraofensiva de los Mavericks.

La historia deja dos damnificados y un gran beneficiado. El primer perjudicado ha sido el propio DeAndre Jordan, que ha aumentado su imagen de “niño grande”. Su indecisión, o poca fiabilidad en los tratos, le puede pasar factura en el futuro. El segundo perjudicado ha sido el propietario de los Dallas Mavericks Mark Cuban. Propietarios, directivos y técnicos no pueden hablar de fichajes hasta que se han cerrado las operaciones. A Cuban se le soltó la lengua en una radio, y eso le ha costado 25.000 dólares de multa además de quedarse con cara de tonto dando por hecho un fichaje que no se va a realizar.

El verdadero ganador de este sainete ha sido Wesley Mathews, un buen defensor exterior que además posee buenos porcentajes en el lanzamiento triple, pero de ninguna manera una estrella en ciernes. Los Mavericks le habían ofrecido un contrato de 4 temporadas valorado en 57 millones de dólares. El escolta había colado una cláusula en las negociaciones  por la cual su nómina subía hasta los 70 millones si no se fichaba a Jordan como condición para rechazar la propuesta de los Sacramento Kings de 64 millones por  años de servicios. Una cifra exorbitada para un jugador que se rompió el tendón de Aquiles en marzo y que no es seguro que esté recuperado a tiempo para el inicio de la Liga Regular. Deron Williams también aterrizó en Dallas por 10 millones a repartir en dos años, el segundo con opción de finalización para este base al que las lesiones han castigado en exceso estas últimas temporadas.

Artículo publicado en http://www.encancha.com, julio del 2015

Los Warriors, campeones de la NBA en las finales de Andre Iguodala

18 Jun

Ni Lebron James ni Stephen Curry. El jugador más decisivo de la final de la NBA fue Andre Iguodala. Su defensa sobre la estrella de los Cavaliers ha sido una de las claves para que los Warriors hayan ganado estas finales.

Los Golden State Warriors, tras su variación táctica del cuarto partido, no han dejado escapar a su presa y se han impuesto en los dos siguientes, el primero en casa y el segundo en Cleveland. Lebron James ha demostrado que es el jugador de mayor rendimiento en estos momentos de la NBA, pero la falta de más apoyos de sus compañeros ha hecho vanos sus esfuerzos. Probablemente con la ayuda de los lesionados Kyrie Irving, Kevin Love y Anderson Varejao la historia hubiera sido distinta.

Pero lo indiscutible es que los Warriors han sumado el cuarto campeonato de su historia (1947, 1956, 1975 y 2015, los dos primeros cuando la franquicia residía en Filadelfia y el tercero en San Francisco). Y que la maldición de Cleveland se mantiene. Ningún equipo de la ciudad se ha proclamado campeón en una de las grandes ligas profesionales desde que los Cleveland Browns ganaron la NFL el año 1964.

La noche de Curry

En el quinto partido de las finales asistimos por fin al esperado duelo de estrellas. Lebron James había brillado prácticamente cada noche (en su actuación más floja “solo” metió 20 puntos), pero Stephen Curry no había empezado bien la serie. Sus dos primeros encuentros fueron flojos, con un mal porcentaje en los triples. En el último cuarto del tercer partido por fin vislumbramos al verdadero Curry, con 17 puntos (y 5 triples) en esos 12 minutos, aunque los Warriors perdieran. En el cuarto partido, con los californianos controlando el ritmo de juego, se volvió a ver más suelto al base. Y en el quinto, en el quinto simplemente fue él.

El MVP de la liga regular acabó el duelo con 37 puntos (7 de 13 en triples), 7 rebotes y 4 asistencias. Y los campeones del Oeste se impusieron a los del Este por 104 a 91, dejando la serie a su favor por 3 victorias a 2. Lebron James hizo otro partido monstruoso con 40 puntos, 14 rebotes y 11 asistencias, su segundo triple doble de estas finales. Pero la irrupción de Curry lo descompensó todo. Porque hasta ahora Lebron se había bastado para igualar la aportación anotadora conjunta de Curry y el otro “Splash Brother”, Klay Thompson. Con el base igualándole en anotación, los 12 puntos del otro hermano cayeron como una losa sobre los Cavaliers.

Los dos entrenadores mantuvieron la incógnita sobre sus cincos iniciales hasta el último momento. Steve Kerr perseveró en su apuesta por un equipo pequeño, con Andre Iguodala de titular en lugar de su pívot Andrew Bogut. El jugador más alto en pista de los Warriors, y pívot en funciones, fue Draymond Green: 2 metros pelados.  David Lee (2,05) estuvo 9 minutos en pista, Festus Ezeli (2,10) 3 en el inicio del último cuarto, y Bogut no jugó. David Blatt mantuvo su esquema clásico de inicio con Tristan Thompson (2,05) y Timofey Mozgov (2,15), pero el gigante se fue al banquillo tras 5 minutos de juego. Para entonces el equipo de casa había desarbolado la defensa de los de Cleveland con contraataques o rápidos cortes hacia canasta.

Prescindiendo del ruso, los de Ohio renunciaban a su segundo mejor anotador en estas finales. Lebron James, ya fuera de forma directa anotando personalmente o indirecta asistiendo a un compañero, fue responsable de 70 de los 91 puntos de su equipo. En los Warriors, Curry hizo 37 y pasó para otros 9 (5 de Iguodala, 2 de Barnes y 2 de Thompson). Draymond Green consiguió 16 puntos (además de 9 rebotes y 6 asistencias), Andre Iguodala 14 (y 8 rebotes, 7 asistencias y 3 recuperaciones) y Leandrinho Barbosa 13, además de los ya mencionados 12 de Klay Thompson. A los Cavaliers, los 19 de Tristan Thompson (y 10 rebotes) y los 14 de J.R. Smith se les quedaron cortos.

Con la entrada en pista precisamente de J.R. Smith por el gigante a los 5 minutos de partido, los del Este igualaron el marcador. Pasando también a modo “small ball” le acabaron de ceder el ritmo del encuentro a su rival, aunque se mantenían igualados en anotación. Smith, con 14 puntos antes del descanso, parecía por fin decidido a tener su gran noche en las finales. En Ohio es lo que esperaban de él para decantar la final a su favor, una noche tonta del tirador. Aún siguen esperando. Tras anotar su última canasta en juego en el tercer minuto del segundo cuarto, el escolta falló todos sus lanzamientos posteriores. Los primeros 24 minutos de juego acabaron con un marcador de 51 a 50. Una proyección de 100 puntos que difícilmente podrían mantener los visitantes.

En el tercer cuarto los Cavaliers se aplicaron en defensas de 2 contra 1 sobre Curry. El base, con una buena lectura de juego, se dedicó a asistir a sus compañeros. Además del MVP de la liga regular, en este período anotaron para los Warriors Greene, Iguodala, Klay Thompson, Harrison Barnes y un Barbosa que jugó unos excelentes minutos saliendo de refresco del banquillo.

Lebron James, por su parte, con una defensa que le negaba las aproximaciones a canasta, y sin demasiada energía para forzarlas, falló 5 de sus 6 intentos de canasta. Dellavedova sumó un triple. Suerte tuvo su equipo del tremendo trabajo de Tristan Thompson en la pintura. El ala pívot sumó 10 puntos en el cuarto, insuficientes para evitar que los de casa abrieran brecha (73-67), pero indispensables para evitar la rendición.

En el cuarto definitivo Blatt mantuvo 4 minutos en pista a Mozgov. Los Warriors hicieron daño con el bloqueo y continuación entre el hombre al que marcaba el ruso y Curry. Aún así, Lebron se multiplicaba en ataque.  Buscando bloqueos para quitarse de encima a Iguodala y quedarse en el cambio con Klay Thompson o Draymond Greene, la estrella de los Cavaliers fue responsable directa de los 17 primeros puntos de su equipo en este período (12 suyos y 5 tras asistencias a Iman Shumpert y Tristan Thompson).

En el bando rival Curry no estaba tan sólo gracias a la colaboración de Barnes, Greene y su “hermano” Klay. En los 5 últimos minutos la figura de los Cavaliers estaba exhausta. Andre Iguodala conectó 5 puntos seguidos y Curry remató la faena con 11 de los últimos 12 puntos de su equipo. El parcial en este tramo final del encuentro fue de 19 a 7. Blatt no pudo evitar la derrota ni recurriendo al hack-a-shaq sobre un Iguodala negado en los tiros libres (1 de 7 en estos minutos para un 2 de 11 total).

Cuando ser el mejor no es suficiente

En la rueda de prensa posterior al quinto partido, Lebron James se mostró confiado ante los periodistas de las posibilidades de su equipo para remontar la serie. “Tengo fe porque soy el mejor jugador del mundo. Así de simple”. Posiblemente sea cierto y en estos momentos no haya en todo el planeta un jugador más dotado para el baloncesto que Lebron. Pero este deporte es un juego de equipo. Y los Warriors son mejor equipo que estos mermados Cavaliers. Los de Oakland ganaron por 97 a 105 para proclamarse campeones de la NBA por 4 victorias a 2.

James estuvo en pista 47 minutos y se quedó a una asistencia del triple doble: 32 puntos (pero 13 de 33 en el tiro), 18 rebotes, 9 asistencias. Blatt se olvidó del experimento del quinto partido y volvió a darle minutos (33) a Timofey Mozgov, que acabó con 17 puntos, 12 rebotes y 4 tapones. Tristan Thompson le secundó en la pintura con 15 puntos y 13 rebotes. El naufragio estuvo en los exteriores. J.R. Smith sumó 19 puntos, pero 15 de ellos llegaron en el último cuarto con la situación muy cuesta arriba para los suyos. Entre Smith, Shumpert, Dellavedova y James Jones aportaron 33 puntos en una serie de 7 de 29 en los tiros de campo (4 de 16 en triples). Suerte de las faltas que les concedieron (15 de 21 en tiros libres). Por cierto, hablando de Smith, impresionante la forma en la que se desplaza por el pabellón antes y después de los partidos.

Por los Warriors Curry anotó 25 puntos, compensando su pobre 3 de 11 en triples con 6 rebotes, 8 asistencias y 3 recuperaciones. Andre Iguodala sumó los mismos puntos además de 5 rebotes y 5 asistencias. Draymond Green, quien se acordó de todos aquellos que le dijeron que nunca podría jugar en la NBA (como reconocí en el artículo de previa, yo tampoco lo veía muy claro), se marcó un triple doble: 16 puntos, 11 rebotes y 10 asistencias. Y saliendo del banquillo, Festus Ezeli y Shaun Livingston contribuyeron cada uno con 10 puntos más. Los Cavaliers dominaron el rebote (56 a 39), pero perdieron claramente en el balance de pérdidas/recuperaciones (16/3 por 9/11 de sus rivales).

A propósito de Ezeli, hay que reconocer que Steve Kerr es, en el fondo, un romántico. El ganador de 5 anillos como jugador (3 con los Bulls, 2 con los Spurs) y ahora uno en su temporada de debut como entrenador jefe ha destrozado el axioma de que los equipos campeones se construyen alrededor de un pívot dominante, pero no ha querido eliminar del baloncesto a los reyes de la zona. Su hombre alto jugó un total de 11 minutos muy productivos en el principio del segundo cuarto y el final del tercero.

En casa y ante su público, las huestes de Lebron empezaron mandando en el marcador, aunque fue un espejismo. Blatt puso a Mozgov a defender a Iguodala. El experimento concedió mucho espacio al alero visitante para atacar desde la media distancia, y provocó grandes desequilibrios defensivos. Los Cavaliers ganaban, pero porque los Warriors fallaban sus lanzamientos libres de marca desde el exterior. Una mala racha que no iba a durar toda la noche. Tres canastas seguidas de Curry le mostraron el camino a su equipo. Iguodala se sumó a la fiesta y las diferencias se dispararon hasta el 15 a 28 con que acabó el primer cuarto.

En los segundos 12 minutos la franquicia de Ohio consiguió trabar el juego y bajar el ritmo a pesar de que los californianos volvieron a jugar con 5 “pequeños”. Iniciaron una remontada culminada en el inicio del tercer cuarto, cuando para deleite de su parroquia los Cavaliers se avanzaban 47 a 45 de la mano del dominio en la pintura de Mozgov y Tristan Thompson. El ruso, además, fue un muro infranqueable en defensa en esta fase del partido.

Pero dos errores defensivos de los de Blatt dieron aire a sus rivales. Curry, objeto de constantes 2 contra 1 defensivos, se dedicó a buscar al compañero mejor situado. En defensa, los de Kerr cerraron su aro con ayudas sobre Mozgov o faltas contundentes para evitarle puntos fáciles. Los Cavaliers, que han tenido problemas en el lanzamiento exterior durante todas las finales, se colapsaron en ataque. Hasta el final de este tercer cuarto, sólo anotaron 4 de sus 17 tiros de campo. Con tantas facilidades, los del Oeste llegaron a tener hasta 15 puntos de margen.

El encuentro se rompió de forma definitiva en el último cuarto. Lebron James y Mozgov  sumaban en ataque y J.R. Smith parecía despertar anotando un triple. Los Cavaliers estaban a 7 puntos, de nuevo en el partido. Y entonces llegaron los 4 triples con los que el conjunto de Oakland construyó un parcial de 4 a 12. Kerr sentó a Iguodala para evitar que Blatt ordenase una lluvia de faltas sobre él. A 1:20 del final los Warriors ganaban de 12, y todos daban la final por sentenciada. Buenos, todos no. Ya con todo perdido y sin presión alguna, JR Smith consiguió tres triples más que alargaron la agonía de los suyos haciéndoles creer que aún tenían posibilidades. Tras maquillar su estadística personal  y poner a su equipo a 4 puntos faltando 33 segundos, a los Cavaliers se les acabó el acierto.

Un MVP inesperado pero lógico

Cuando empezaron las finales de la NBA, la apuesta fácil era situar como jugador más valioso a Lebron James o Stephen Curry en función de que equipo se llevase el título. La estrella de los Cavaliers ha estado a un nivel supremo en cuanto a números personales (a pesar de su mal porcentaje en el tiro), pero se ha tenido que conformar por segunda temporada consecutiva con el subcampeonato. Curry ha tenido chispazos, momentos de gran brillantez, pero sólo un partido completo a nivel de MVP, el quinto.

Los 11 votantes del premio podían optar por ser rompedores, y otorgar el galardón al mejor jugador del equipo perdedor. Sólo ha pasado una vez en la historia de la NBA. Fue en 1969. Los Boston Celtics ganaron su undécimo anillo en trece temporadas a costa de Los Angeles Lakers. El MVP fue para el angelino Jerry West con unos promedios de 37,9 puntos, 4,7 rebotes y 7,4 asistencias por noche. La media de Lebron James  ha sido de 35,8 puntos, 13,3 rebotes y 8,8 asistencias, siendo el único jugador de la historia en liderar las estadísticas de unas finales en estas tres categorías. Cuatro de los periodistas y analistas con derecho de voto se decantaron por él.

Los otros siete eligieron al jugador más decisivo del equipo campeón. Y éste no fue Curry,  ni un Klay Thompson  que no ha brillado en estas finales (algo de mérito tendrá su defensor principal, Iman Shumpert). El principal responsable en la pista del triunfo de los Warriors fue Andre Iguodala, el primer MVP de unas finales que no ha sido titular en todos los partidos de la serie. Los números del alero no son tan espectaculares como los de su rival: 16,3 puntos, 5,8 rebotes y 4 asistencias por partido. Pero su contribución sí. La decisión del técnico Steve Kerr de incluirlo en el quinteto titular a partir del cuarto encuentro varió por completo el desarrollo de las finales. Su defensa sobre Lebron ha sido modélica.

Es imposible evitar que el Rey de la Liga anote, pero la labor de Iguodala fue hacerle fallar el máximo número de tiros posibles y que aunque anotase, cada canasta le supusiera un desgaste físico que a la larga le dejase sin aire. Con el jugador de los Warriors en pista, James anotó el 38,1% de sus tiros. Con Iguodala en el banquillo mejoró hasta un 44%. Por segundo año consecutivo, el MVP de la Final ha sido el defensor de Lebron (en el 2014 fue Kahwi Leonard, de los Spurs de San Antonio). Lo cual, en el fondo, no deja de ser un reconocimiento más a los méritos de la estrella de los Cavaliers.

Las finales, un éxito en televisión

Las previsiones más optimistas de la NBA respecto a las audiencias televisivas de los partidos entre los Warriors y los Cavaliers no se han quedado cortas. Las finales han superado muy claramente los registros de los últimos años. La transmisión de la ABC de los dos primeros partidos fue vista en el 12,9% de los hogares de los Estados Unidos de América. En el tercero el rating subió hasta el 13,7% mientras que en el cuarto llegó hasta el 13,9%. El quinto rompió por dos décimas la barrera de los 14 puntos (14,2%). Eso equivale a 20 millones y medio de telespectadores.

Es la mejor cifra de espectadores desde el quinto y último partido de las finales del 2004 entre los Detroit Pistons y Los Angeles Lakers. En Cleveland, el porcentaje de seguimiento de este encuentro llegó hasta el 42,5% mientras que en la más poblada zona de San Francisco la cifra fue del 33,6%. Unos índices espectaculares teniendo en cuenta que a la misma hora HBO estaba pasando el capítulo final de la quinta temporada de un exitazo como “Juego de Tronos”.

La progresión no se detuvo, y en el sexto y último partido el porcentaje de hogares en Norteamérica enganchados al baloncesto subió hasta el 15,9%, 23,3 millones de telespectadores (más casi otro millón en el canal de internet de la ESPN). En Oakland/San Francisco el seguimiento fue del 40,7% mientras que en Cleveland subió hasta el 42%. Unas cifras nunca conseguidas por la ABC, que tiene los derechos de esta competición desde el año 2003. La media de espectadores por partido de toda la serie ronda los 20 millones, una cifra no alcanzada desde la última final que ganó Michael Jordan en 1998. Aquellas finales tuvieron un rating medio del 18,9% mientras que el de este año ha sido de un 13,9%. Jordan sigue siendo mucho Jordan.

Artículo publicado en http://www.encancha.com, junio del 2015

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