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NBA: Los hermanos Gasol ya están de vacaciones

17 May

Chicago Bulls y Memphis Grizzlies han caído en el sexto partido de las semifinales de sus respectivas conferencias. Ha sido el último partido de la temporada NBA para Pau y Marc Gasol. Repasemos porqué los dos hermanos no han llegado más lejos en los play-offs.

Los Chicago Bulls de Pau Gasol partían a principio de temporada como uno de los dos grandes favoritos de la Conferencia Este para jugar las Finales de la NBA. El otro eran los Cleveland Cavaliers de Lebron James, Kyrie Irving y Kevin Love. Todos los pronósticos daban por hecho que ambos equipos protagonizarían una final de la Conferencia Este apasionante. Los vaticinios acertaron, pero sólo a medias. Hubo un duelo a muerte entre los dos aspirantes, pero no fue por la disputa del honor de proclamarse campeones de su conferencia.

La temporada irregular de Bulls y Cavs les condenó a un enfrentamiento prematuro en play-offs. Los de Cleveland, por ejemplo sufrieron a principios de enero una racha de 6 partidos perdidos seguidos. La ausencia por lesión de 2 semanas de Lebron les sirvió de excusa para esta sucesión de malos resultados aunque su registro en esos momentos era de 19 victorias y 20 derrotas. A partir de ese momento enderezaron el rumbo (34-9), pero no lo suficiente como para atrapar a los sorprendentes líderes del Este, los Atlanta Hawks.

El equipo del mayor de los Gasol, al contrario de su verdugo en los play-offs, empezó la temporada con un nivel más que correcto. Todo se le complicó a partir del día de Reyes. Hasta ese momento, habían ganado 25 partidos de los 35 que habían jugado. Desde del 7 de enero al 4 de febrero sólo vencieron en 4 de 14. Tras rehacerse en febrero (7-3), en marzo volvieron a flojear (8-7) lastrados por las lesiones simultáneas de Derrick Rose y Jimmy Butler. Así que quedaron terceros en su conferencia por detrás de Hawks y Cavaliers.

Las carencias de los Bulls

En la serie ante las huestes de Lebron, que podría finiquitar la época de Tom Thibodeau en el banquillo de los Bulls, se han podido ver las costuras por las que se descosía el equipo de Chicago: una interior y otra exterior. Y eso a pesar de la baja por lesión en los Cavaliers de Kevin Love y los graves problemas físicos de un Kyrie Irving muy tocado. La interior ha sido la poca producción en puntos de los hombres altos del equipo. Más allá de Pau Gasol, los pívots de Thibodeau no han sido unos anotadores fiables.

La lesión del catalán expuso las carencias de sus compañeros y la poca visión de su entrenador. Expuso las carencias porque Joakim Noah es un especialista defensivo, con buena visión de juego pero con muchas carencias de definición. Taj Gibson es un gran atleta, un buen acabador de jugadas pero con problemas en la creación de sus propias oportunidades. La poca visión del técnico, porque el mismo había desactivado la alternativa a Gasol. Nikola Mirotic hizo un excelente mes de marzo aprovechando los tiros extra por las lesiones de Rose y Butler. Cuando estos volvieron, Thibodeau se olvidó del montenegrino. Y para cuando lo necesitó de nuevo, el buen momento de Mirotic era historia.

La segunda costura del traje de los Bulls que se desgarró no fue otra que la principal, la que aguantaba toda su estructura: Derrick Rose. El base, tras su calvario con las lesiones que le han tenido casi dos temporadas en blanco, tenía ganas de demostrar que volvía a ser aquel jugador que ganó el MVP de la Liga Regular 2010-11. Con sus rodillas recuperadas, el problema ha sido que le ha faltado fondo físico. A lo largo del curso Rose ha tenido problemas para hilvanar dos partidos seguidos con buenos porcentajes en el tiro. Su secuencia de lanzamientos en los partidos “Back to back” (dos noches seguidas jugando) o en noches alternas (con un día de descanso entre medio) así lo revela. Su porcentaje de tiro esta temporada ha sido de los peores de su carrera, lastrado precisamente por esos fallos.

En las semifinales del Este contra los Cavaliers Derrick Rose ha pretendido asumir el liderato de su equipo. Y más a partir de la lesión de Pau Gasol. Pero a diferencia de Lebron James, que anota cuando ve que su equipo más lo necesita y genera para sus compañeros (que le pregunten al cojo Irving, a Iman Shumpert o a Matthew Dellavedova), Rose acapara todo el juego sin dejar espacio libre para Butler, el tercer pilar ofensivo de los Bulls junto con Gasol. Rose empieza los partidos metiendo sus tiros. A medida que se cansa falla cada vez más, pero sigue tirando como en el quinto de la serie. O se diluye como en el sexto. Si los de dentro no meten y los de fuera se anulan entre sí, la derrota de Chicago en esta serie parecía inevitable.

Los Warriors no solo atacan

El Oeste se presentaba a principio de temporada no como un duelo al sol entre dos pistoleros sino como la pelea alocada de una cantina en día de cobro, con muchos gallitos peleándose por la dama. San Antonio Spurs y Oklahoma City Thunder (lástima de lesiones) parecían los candidatos más claros a jugar la Final de esta conferencia, con Los Angeles Clippers casi al mismo nivel y los Grizzlies y los Houston Rockets medio peldaño más abajo, con los Portland Trail Blazers aspirando a romper de una vez su habitual bajón de forma en play-offs (sin conseguirlo) y con la incógnita de los Golden State Warriors, un equipo de juego preciosista y entrenador novato (la receta típica para no llegar lejos en la lucha por el título).

Pero la sorpresa mayúscula ha sido que los Warriors han demostrado a lo largo de la Liga regular ser mucho más sólidos en defensa de lo que se les suponía. No sólo han sido el equipo de la NBA que más puntos ha metido en esta primera fase de la competición (110 de media), sino que además han sido el sexto del Oeste que menos ha encajado. Esta última estadística tiene su trampa, porque el equipo del debutante Steve Kerr juega ataques más rápidos que la mayoría de sus rivales. En sus partidos hay más puntos que en los del resto.

Si relacionamos los puntos encajados con el número de posesiones, resulta que el equipo californiano es el más eficiente en defensa de los 30 que participan en la Liga. Si relacionamos también los puntos anotados con las posesiones, resulta que los Warriors son los segundos más eficientes tan sólo con una décima menos que Los Angeles Clippers (109,8 y 109,7). Este sí que hubiera sido un duelo entre auténticos pistoleros si los Houston Rockets no lo hubiesen impedido.

Así que en la semifinal del Oeste los Grizzlies se encontraban ante un doble reto: frenar a uno de los mejores ataques de la liga y superar a la mejor defensa del campeonato. Los de Memphis empezaron la serie, además, sin su base titular Mike Conley. Y decidieron jugar a atacar. Craso error. El primer encuentro, disputado a un ritmo altísimo, se convirtió en una sucesión inacabable de 1×1 en la que los de California se llevaron la mejor parte.

El retorno de Mike Conley en el segundo partido cambió el panorama. Los Grizzlies bajaron el ritmo del juego y cargaron el peso ofensivo sobre sus mejores anotadores, los pívots Marc Gasol y Zach Randolph. Por fuera, con la reincorporación del base por fin tenían a alguien capaz de aprovechar los dobles marcajes sobre los jugadores altos. Kerr demostró su bisoñez como técnico renunciando al small ball (Harrison Barnes y Draymond Green de aleros) e intentó detener a su rival poniendo también dos hombres altos en pista. Con ello sólo consiguió ralentizar más la velocidad de su equipo. Los de Memphis ganaron dos partidos seguidos y tomaron la iniciativa.

La trampa de Steve Kerr

Pero en el cuarto partido llegó el giro inesperado que ha provocado las prontas vacaciones del mediano de los Gasol. Una innovación sugerida por el entrenador ayudante Ron Adams tras la derrota en el segundo partido, pero que los Warriors no se atrevieron a implantar hasta que se vieron contra las cuerdas perdiendo el tercero. Tony Allen es el especialista defensivo de los Grizzlies, el hombre encargado de secar a Klay Thompson. Pero el alero se comporta en ataque casi como un pívot, anotando la mayoría de sus puntos en la pintura.

Así que la idea era que lo marcase Andrew Bogut. Más que marcarlo, flotarlo descaradamente esperándolo cerca del aro por si quería penetrar pero regalándole todos los tiros exteriores que quisiera tomar. La misma táctica que el Panathinaikos utilizó en los cuartos de final de la Euroliga 2010-11 contra los bases del F. C. Barcelona Ricky Rubio y Víctor Sada, el mismo concepto: si tienes que dejar tirar a alguien, asegúrate que sea el peor tirador del equipo contrario.

Y la táctica funcionó. Allen vio el aro cuadrado mientras Bogut reforzaba la defensa de sus compañeros sobre los pívots de Memphis. Lo que Allen ganaba en defensa lo regalaba en ataque. Y las dudas se cernieron sobre el entrenador de Memphis Dave Joerger: ¿debía sentar a Allen para anular la táctica renunciando al concurso de su mejor secante defensivo o debía excluirlo de la circulación de la pelota para atacar abiertamente 4 contra 5?

Esta estratagema de los Warriors dejó además al descubierto la más grave de las carencias de los Grizzlies: su excesiva dependencia de la anotación interior ante la falta de un anotador exterior fiable más allá de Mike Conley y los breves minutos de Vince Carter. La ausencia por lesión del perro de presa de los de Joerger en el quinto partido y sus apenas 5 minutos en el sexto antes de resentirse no cambiaron el panorama. Los de Steve Kerr cerrados en su pintura, atosigando a Marc y a Randolph antes de recibir, cuando intentaban botar o girarse y cuando tiraban. Negándoles espacio hasta para respirar.

El entrenador de los Grizzlies probó a sacar a uno de los dos fuera de la pintura para amenazar desde la media distancia mientras le dejaba más espacios libres a su compañero. Sólo consiguió disminuir su capacidad para controlar el rebote ofensivo. Los Warriors pudieron correr. Si el conjunto de Oakland corre, Stephen Curry está en su salsa. Y si Curry funciona, su equipo funciona. Es como un reloj de maquinaria suiza engrasado a base de triples. El base anotó 26 canastas de 3 puntos en esta eliminatoria de las 68 de los Warriors. Entre todos los jugadores de los Grizzlies sólo sumaron 25.

Marc Gasol es agente libre este verano. En sus manos está cambiar de equipo o seguir en Memphis. Ofertas no le van a faltar siendo como es uno de los mejores cincos de la NBA. Tal vez ha llegado el momento de valorar si la progresión de los Grizzlies ha llegado hasta lo más alto o si al equipo le queda margen (y ganas) de mejora. Porque si no es así, ha llegado el momento para Marc de dar el salto al siguiente nivel, el de aquellos que luchan por ganar un anillo de campeones, el de los que no tienen miedo a asumir grandes retos, el de los que prefieren pensar en la gloria sin miedo al fracaso. El nivel de su hermano Pau.

Artículo publicado en http://www.encancha.com, mayo 2015

Anthony Bennett, una temporada para olvidar

14 Mar

Sobre un número 1 del draft recaen unas expectativas difíciles de cumplir. Una presión que no todos los elegidos soportan. Y cuando el juego y las cifras no acompañan, empieza a sonar la palabra maldita: fiasco. Es lo que le ha pasado a Anthony Bennett esta temporada.

Los Cavaliers han anunciado que Anthony Bennett, número 1 del último draft, estará al menos 3 semanas de baja a causa de una lesión de rodilla. Dado lo avanzado de la temporada en que nos hallamos, lo más probable es que si el equipo de Cleveland no se clasifica  para los play offs no fuercen el retorno de su promesa para preservar  su carrera.

A lo largo del presente curso ha surgido el debate acerca de si Bennett es el peor número 1 del draft de la historia. Por los números de su primera temporada en la NBA lo parece, con una media de 4,1 puntos y 2,9 rebotes en 13 minutos en pista y sin el impacto real en el juego de su equipo que se espera de una elección tan alta.

El canadiense ostenta la marca de ser la primera elección de un draft que más ha tardado en llegar a los 10 puntos en un partido. No lo consiguió hasta el 28 de enero ante los Pelicans (15), cuando ya había disputado 33 enfrentamientos (3 veces más que cualquier otro número 1). Lo más frecuente es conseguirlo la misma noche del debut como profesional.

Bennett sólo ha anotado en dobles figuras en 6 de sus 51 partidos (2 de forma consecutiva). No sumó su primer doble doble (en puntos y rebotes) hasta el 11 de febrero ante los Kings (19 puntos, 10 rebotes).  Una semana más tarde repetía el logro, por última vez, ante los Sixers  (10 puntos y 11 rebotes). En sus 7 primeros partidos en la NBA, su acierto en los lanzamientos de campo fue bajísimo (1 de 21 global).

 

Pero detrás de los fríos números hay siempre unos motivos. Antes de linchar a nadie, hay que escuchar sus argumentos. La estrella de la Universidad de Nevada Las Vegas (UNLV) se lesionó el hombro izquierdo en el tramo final de su única temporada NCAA. Una vez finalizada, pasó por el quirófano. Cuando se presentó a la pretemporada con los Cavaliers, había engordado 10 kilos (su peso habitual, sobre 2,03 de altura, son 108 kilos). Y por si fuera poco, le detectaron asma, alergia a los cambios de estación y apnea del sueño.

La otra justificación a su bajo rendimiento viene dada por la posición que ocupa. El natural de Ontario no es ni un alero ni un ala-pívot. Demasiado bajito para dominar en la pintura a los interiores, y demasiado lento para desbordar por velocidad a los aleros. Si dar el salto a profesionales ya es complicado para cualquiera, para los jugadores sin una posición bien definida la adaptación es mucho más difícil. O el equipo se amolda a su juego (lo que no ha pasado) o deben superar un proceso  más o menos largo de reubicación en la pista.

Tampoco han ayudado lo más mínimo las comparaciones que empezaron a establecerse desde el primer día con  Larry Johnson, “la abuelita”. El rocoso alero, número 1 del draft de 1991, también provenía de UNLV y, como Bennett, era un jugador entre dos mundos. Johnson supo explotar a la perfección su fuerza ante los aleros y su movilidad y tiro exterior ante los interiores. Los paralelismos entre los puntos de partida de ambos jugadores eran demasiado evidentes como para que no se tomase a uno como referencia del otro.

 

No he visto jugar a todos los números 1 de la historia. La lista de los que recuerdo haber visto vestidos de corto llega sin interrupciones hasta Mychal Thompson, elegido el 1978, y más allá podría incluir a Bill Walton (1974) y Kareem Abdul Jabbar (1969). Así que fijaré el límite en el mítico pívot de los Lakers  (y los Bucks) para esta comparativa con el último rey del draft.

De los 45 jugadores comprendidos entre Bennett y el gran Kareem , quince ganaron el premio al mejor rookie en su debut. A más de una veintena los podría calificar como estrellas sin que demasiados de mis lectores discrepasen de mi criterio. Muchos de ellos superaron los 20 puntos de media ya en su primera temporada profesional. Sólo 8 además del canadiense no llegaron a una media de 10 puntos por partido en su primer año NBA.

De entre estos ocho,  algunos pueden aducir en su descargo las lesiones que marcan (o marcaron) su trayectoria profesional. Casos como los de Greg Oden (draft de 2007, Blazers) y Pervis Ellison (draft de 1989, Kings).  Bennet podría acogerse en parte a esta excepción. Oden, además, con la peculiaridad que estaba llamado a ser un especialista defensivo, el “Bill Rusell” del siglo XXI. Los otros seis “rookies malditos” son Andrew Bogut (2005, Bucks), Kwame Brown (2001, Wizards), Michael Olowakandi (1998, Clippers), Kent Benson (1977, Bucks), Doug Collins (1973, 76ers) y Larue Martin (1972, Blazers).

 

El australiano Andrew Bogut ha subido sus promedios en sus siguientes campañas como profesional, consolidándose como un pívot polivalente y un buen jugador de equipo, aunque propenso a lesionarse. No ha llegado al status de estrella, pero es una pieza muy importante en los Warriors. Nadie puede discutir su gran clase técnica y su capacidad de aportar en múltiples facetas del juego.

El número 1 de Kwame Brown no tiene justificación, se mire como se mire. Michael Jordan, entonces ejecutivo de los Washington Wizards, se encaprichó de este jugador de high school, y lo eligió por delante de Tyson Chandler, Pau Gasol, Eddy Curry, Joe Johnson, Zach Randolph o Tony Parker. En sus 13 temporadas en la NBA y tras pasar por 7 equipos (Wizards, Lakers, Grizzlies, Pistons, Bobcats, Warriors y 76ers) ha ganado casi 64 millones de dólares sin demostrar nada sobre el parquet. Michael Jordan cometió un error de cálculo. Lo de los otros 6 directivos restantes que le firmaron un contrato casi podría considerarse delito.

Michael Olowakandi nunca llegó a demostrar que los Clippers no se equivocaron al elegirlo por delante de Mike Bibby, Antawn Jamison, Vince Carter, Dirk Nowitzki o Paul Pierce. En su primera temporada sólo pudo jugar 45 partidos. Cuatro años más tarde, cuando parecía que despegaba con unos promedios decentes (sin más) para un número 1, aparecieron de nuevo las lesiones. Su juego volvió a caer para no subir nunca más. En España fue más famoso por su romance con la presentadora de televisión Paula Vázquez que por su juego.

Kent Benson, un pivot de 2,08, consiguió maquillar sus estadísticas durante los años centrales de su carrera en los Pistons. No lo suficiente como para alcanzar el nivel de Bogut, pero si lo justo para ir consiguiendo nuevos contratos. Se benefició de ser el pívot de los Hoosiers de Indiana de Bobby Knight, que ganaron el título nacional de la NCAA de 1976 (fue elegido mejor jugador del torneo) sin perder ningún partido durante toda la temporada.

Doug Collins no pasó de los 10 puntos de promedio en su primera temporada por culpa de una lesión (sólo jugó 25 partidos). En los 7 años posteriores se reveló como un escolta de gran eficacia anotadora, rondando una media de 20 puntos por partido en muchas de ellas. Una grave lesión de rodilla, que le hizo la vida imposible durante sus dos últimas temporadas en activo, le obligó a una retirada prematura, pasando a ser entrenador jefe de su equipo de siempre, los 76ers. Como universitario formó parte de la selección olímpica norteamericana que perdió la final ante la URSS de los Juegos de Munic en 1972.

 

Según los analistas del momento, LaRue Martin podría haber saltado directamente a profesional desde el instituto por sus grandes cualidades físicas y técnicas. El pivot de 2,11 prefirió pasar tres temporadas en la Universidad de Loyola. En su último año en la NCAA promedió 18,7 puntos y 17,6 rebotes, y fue capaz de parar a Bill Walton en un partido. En el draft precedió a Bob McAdoo (2) y Julius Erving (12). Pero en la NBA su rendimiento bajó totalmente. Jugó 4 temporadas con una media global de 5,3 puntos y 4,6 rebotes por partido. En 1976, con 25 años, colgó las botas. Por cierto, superó la barrera de los 10 puntos en su cuarta actuación.

Ha habido otros números 1 que no han estado a la altura de lo que se esperaba de ellos, aunque su nivel no ha rayado los mínimos de los jugadores antes citados. Como el italiano Andrea Bargnani (2006), que si bien firma una buena estadística individual, ha carecido hasta ahora del carácter necesario para liderar un proyecto ganador. O Joe Smith (1995), que tras unos buenos inicios, se fue diluyendo para acabar su periplo NBA sin pena ni gloria. El base John Lucas (1976)  tuvo altibajos en su anotación, pero lo compensó con buenas cifras en asistencias. Cuando se retiró, ya con 36 años, reconoció su adicción a la cocaína y el alcohol. En la actualidad dirige un programa de rehabilitación.

Aún es pronto para evaluar si Anthony Bennett será el peor número 1 del draft. Por suerte para el jugador, aún le queda una larga carrera por delante para enmendar este flojo primer año como profesional. Si se esfuerza, le acompaña la suerte y encuentra un entrenador (en Cleveland o cualquier otro equipo) que confíe en él, cuando dentro de unos años volvamos a hacer esta comparativa su nombre no seguirá asociado a “figuras” como Kwame Brown o LaRue Martin, en mi opinión los más grandes fiascos de mi historia del draft.

 

Publicado en http://www.encancha.com, marzo 2014

NBA: Sobreviviendo a la primera ronda

5 May

Ya ha finalizado la primera ronda de los play offs. La mayoría de cabezas de serie, excepto los Denver Nuggets, Los Angeles Clippers y los Brooklyn Nets, han superado este primer escollo de la lucha por el campeonato. Unos con mayor claridad que otros. Y alguno, además, con contratiempos inesperados en forma de lesiones.

El emparejamiento de primera ronda de playoffs entre los Oklahoma City Thunder de Kevin Durant, el equipo con mejor récord en liga regular del Oeste, y los Houston Rockets fue la serie del morbo por el enfrentamiento de James Harden, la barba más famosa de la NBA y jugador franquicia de los tejanos, contra sus excompañeros de la temporada anterior.

Kevin Durant ha rendido a un nivel extraordinario con unos promedios de 32,5 puntos, 7,8 rebotes y 6 asistencias por partido. Por ponerle un pero a su actuación, su bajo porcentaje en triples, del 28,6 % e inferior al certero  41,6% que firmó en la liga regular. Los números de Harden también son buenos, aunque deslucen al compararlos con los de su rival: 26,3 puntos, 6,7 rebotes y 4,5 asistencias.

Y sin embargo, lo más trascendente de la eliminatoria fue el choque entre el base de los Thunder Russell Westbrook y el rookie (aunque fogueado convenientemente en Europa) de los Rockets Patrick Beverley en el segundo partido de la serie. Una acción que levantó polémica porque Beverley acomete sobre su rival instantes después que los árbitros hayan detenido el partido. Ambos jugadores habían convertido el enfrentamiento colectivo en algo personal, y esta jugada fue el colofón.

Westbrook se levantó con evidentes muestras de ira hacia el exjugador de Olympiakos. Se había lesionado el cartílago de su rodilla derecha. Tras pasar por el quirófano será baja hasta la siguiente temporada. Una pérdida que trastoca todos los planes trazados cuidadosamente por el equipo de Oklahoma City para ser campeones de la NBA y vengarse de la derrota en las Finales de la pasada temporada contra los Miami Heat.

Los Thunder ganaron ese partido y el posterior para ponerse 3 a 0 en la eliminatoria. Pero los Rockets fueron capaces de vencer los dos siguientes. En el sexto partido sentenciaron los de Kevin Durant, pero sin resolver la incógnita. ¿Serán capaces de superar la baja de Westbrook, a pesar del paso delante de Reggie Jackson? ¿Podrá asumir Derek Fisher la carga de trabajo extra que se le viene encima?

La mala pata de Griffin

Su rival en segunda ronda serán los Grizzlies de Marc Gasol, que han dejado fuera a Los Angeles Clippers. En un duelo muy igualado, la lesión de tobillo de Blake Griffin fue clave en el desenlace. El ala pívot pisó a su compañero Lamar Odom en un entrenamiento previo al quinto partido. Griffin disputó ese enfrentamiento, pero con signos visibles de dolor y evidentemente mermado en su juego. Y los Grizzlies se adelantaron 3 a 2, en su única victoria fuera de casa de la serie.

En el sexto partido Griffin volvió a intentarlo, pero tampoco pudo ayudar en exceso a sus compañeros. Su tobillo sólo le dio para jugar 14 minutos. Ante un equipo con tanto poder en el juego interior como el de Memphis con la pareja Gasol – Randolph, esta baja fue el factor que inclinó la eliminatoria y acabó con las aspiraciones de los mejores Clippers de la historia.

Los Warriors fuerzan su suerte

Otros que caminan sobre el filo del alambre son los Golden State Warriors. En el último cuarto del primer partido de su serie contra los Denver Nuggets el ala pívot David Lee sufría una lesión en un musculo de la cadera en una mala caída. El pronóstico inicial era que el jugador, clave por su aportación en el juego interior, no volvería a jugar en todos los playoffs.

Y sin embargo, los Warriors fueron capaces de eliminar a los Nuggets de la mano de Stephen Curry, protagonizando la gran sorpresa de la primera ronda. El base ha sido una pesadilla para todos sus defensores. En el cuarto partido de la eliminatoria anotó 22 puntos sólo en el tercer cuarto, para un total de 31. Curry ha tenido la colaboración en la pintura del pívot australiano Andrew Bogut.

 Curry y Bogut son dos jugadores tan talentosos como frágiles. Bogut, de hecho, tuvo que infiltrarse para poder saltar a la cancha en el último partido contra los de Denver. Y esa es la mala noticia para los de Oakland, que rezan cada partido para que sus dos figuras acaben enteros los 48 minutos. Especialmente Curry, cuyos tobillos son realmente de cristal.

Los Warriors se enfrentarán en segunda ronda a unos San Antonio Spurs frescos y descansados, que siguen recuperando efectivos (Boris Diaw ya está listo para jugar) tras barrer a unos Lakers demasiado huérfanos de Kobe Bryant. Sin el escolta, referente indiscutible del equipo de Los Angeles, los tejanos resolvieron el cruce en tan sólo 4 partidos. Un barrido en toda regla para Pau Gasol y sus compañeros, y que augura un verano movido como ya anticipamos en el artículo anterior (El fiasco de los Lakers).

La buena noticia para los Warriors es que o David Lee es Superman o los médicos del equipo unos exagerados. Porque el jugador, contra todo pronóstico, saltó a la pista en el sexto y definitivo partido contra los Nuggets. De acuerdo que no llegó a jugar ni dos minutos. Pero jugó. Se espera que vaya entrando poco a poco en la rotación en su próxima serie contra los Spurs de San Antonio, en una nueva versión de la historia del mítico Willis Reed de los Knicks.

En las finales de 1970 este pívot lideraba a los de Nueva York frente a los Lakers con actuaciones estelares. Hasta que se lesionó en el quinto partido. Los de Los Angeles apabullaron a los Knicks en el sexto partido para empatar la serie a 3. El séptimo partido se disputaba en el Madison Square Garden. Y cuando ni sus compañeros contaban con él, Reed salió a hacer el calentamiento ante la euforia del público. Fue titular y anotó las dos primeras canastas de su equipo, aunque cojeaba de forma evidente. No anotó más, ni falta que hizo. El efecto moral de su aparición fue milagroso para los suyos, y devastador para el rival.

Los Bulls luchan contra su destino

En el Este las lesiones se han quedado todas en un mismo equipo,  los Chicago Bulls. Su estrella, el base Derrick Rose, se lesionó en el primer partido de los playoffs de la temporada pasada, dinamitando las opciones de uno de los grandes aspirantes al campeonato. Aún no ha debutado esta temporada y es difícil que lo haga ahora. Joakim Noah era duda para toda la primera ronda de playoffs contra los Brooklyn Nets. Y sin embargo, no se ha perdido ni un partido, aunque  con mucho dolor y sufrimiento.

A partir del quinto enfrentamiento de la serie no pudieron contar con el base (y titular) Kirk Hinrich. Lo que les dejaba con un único director de juego de garantías, Nate Robinson, y justo después de un cuarto partido con 3 prórrogas (Robinson había conseguido 23 puntos en el último cuarto). Y para el sexto también perdieron a Luol Deng (otro titular), con meningitis.

Y aún así los Bulls llegaron vivos hasta el séptimo partido. Y no sólo eso. Fueron capaces de ganar en Brooklyn, sin Rose, Henrich ni Deng. Y con Noah de estrella y firmando una estadística de 24 puntos, 14 rebotes y 6 tapones, a pesar de su fascitis plantar y su tobillo maltrecho. El equipo ha dado una lección de coraje ante unos Nets a los cuales un proyecto campeón les ha venido demasiado grande.

En segunda ronda les esperan los temibles y sanos Miami Heat, que barrieron a los Milwaukee Bucks. Y sin apenas tiempo para lamerse las heridas. En la otra semifinal del Este los New York Knicks, que sufrieron para doblegar el orgullo de los Celtics a partir de que a Carmelo Anthony se le torciera el punto de mira, se medirán a los Indiana Pacers, que por fin volvieron a ganar un partido en Atlanta (no lo hacían desde diciembre de 2006) para eliminar a los Hawks.

En resumen, que por muy bien que hayas fichado, por muy duro que entrenes, por muy bien que juegues y por muy guapo que seas, todo eso no basta para ser campeón de la NBA. También hace falta una buena dosis de suerte. Y no sólo en un lanzamiento imposible, o en aquel tiro libre en que la pelota rebota repetidas veces en aro y tablero antes de entrar (o salirse). Especialmente necesitas los favores de la Diosa Fortuna con la salud de tus jugadores principales.

En playoff el papel de las estrellas es especialmente importante. Durante la liga regular un equipo coral, con responsabilidades repartidas y profundidad en su rotación, funciona muy bien. Pero cuando cada partido cuenta, y se acumulan las noches que pueden ser la última, es necesario alguien que asuma el liderazgo. Los Nuggets son el mejor ejemplo de este hecho. Y la baja de Gallinari no cuenta, porque no ejerce de líder.

 Las lesiones en liga regular son un contratiempo, pero en la mayoría de ocasiones tienes margen para recuperar al jugador o fichar un sustituto para paliar su baja (excepto en  casos como el de Kobe Bryant y su tendón de Aquiles). Pero en playoff, con un duelo a vida o muerte cada dos o tres días, tiempo es algo que no tienes. Cada partido de playoff supone un doble reto para los jugadores, especialmente las estrellas. Por un lado, conseguir la victoria. Y por otro, acabar los 48 minutos ileso. Porque de eso puede depender un anillo.

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