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NBA: La Liga del Tanking

17 Abr

Una vez que ha finalizado la Liga Regular, y que 16 equipos empiezan la lucha por ganar el campeonato de la NBA, ya podemos dar por acabada otra liga, la de aquellos que, en una perversión del espíritu deportivo que la estructura de la competición permite, luchaban por ser los peores.

Los Milwaukee Bucks se han coronado con el dudoso honor de acabar la temporada como el peor equipo de la NBA, con un registro de 15 victorias y 67 derrotas, recogiendo el testigo de los Orlando Magic, últimos del año pasado.  El equipo de Milwaukee, tras una temporada 2012-13 en que se coló en los playoffs (octavos del Este) intentó una remodelación de su plantilla que no ha dado los frutos esperados y que les ha relegado a la cola de la Liga.

La gerencia de los Bucks apostó por Brandon Knight, que no había funcionado como base en los Pistons, y O.J. Mayo, que venía de redimirse como sexto hombre en los Mavericks tras un período gris en los Grizzlies. Debían ser la alternativa al dúo Monta Ellis – Brandon Jennings, dos anotadores sin química entre ellos. Mientras que Knight ha respondido como anotador, Mayo ha tenido una temporada irregular con muchos picos, tanto para lo bueno como lo malo.

La otra gran apuesta del equipo de Milwaukee fue renovar a Larry Sanders con un contrato de 4 temporadas valorado en 44 millones de dólares. Dos pasos por el quirófano han marcado la temporada del pívot. El primero por una lesión en el pulgar derecho tras una bronca en un club nocturno y el segundo por una fractura del orbital derecho causada por un codazo involuntario de James Harden. Sanders cerró el curso cumpliendo 5 partidos de sanción por dar positivo en tres test antidroga (en su caso no eran dopantes) al tiempo que reivindicaba los usos medicinales de la marihuana.

La esperanza en un año para olvidar la ha puesto el rookie Giannis Antetokounmpo. El griego, sin firmar unos números extraordinarios, si que ha brindado algunos momentos de brillantez a sus aficionados que deberá confirmar en su segundo año como profesional, algo que esta temporada ya han hecho Khris Middleton (llegado de los Pistons junto a Knight) y John Henson. El retorno de Ramon Sessions desde Charlotte (a cambio de un Gary Neal con muchos problemas físicos en la primera mitad de la temporada) mejoró al bloque tras el All Star.

El equipo de Milwaukee cerró la liga regular con un cambio de propietario. Herb Kohl, su dueño, anunció la venta del paquete mayoritario (se cree que seguirá manteniendo un porcentaje de la propiedad) a los multimillonarios Wesley Edens y Marc Lasry por 550 millones de dólares (casi 400 millones de euros). El cambio de dueños no implica ninguna posibilidad de traslado de ciudad. Como muestra de ello Kohl, que había comprado el equipo en 1985 a cambio de 18 millones de dólares (13 millones de euros), deberá ayudar con 100 millones en la construcción de un nuevo pabellón para los Bucks en Milwaukee. A la espera de la aprobación por parte de la junta de propietarios, llama la atención el alto precio de la peor franquicia de la NBA esta temporada.

El resto de sospechosos

El penúltimo equipo de la NBA han sido los 76ers de Filadelfia (19-63), capaces de encadenar una racha de 26 derrotas consecutivas deshaciéndose de sus mejores jugadores como si fueran un lastre (cuanto peor, mejor). En su caso no podemos hablar de fallos de planificación, sino de un éxito total de planteamiento tal y como ya he explicado en algún artículo anterior. Orlando Magic (23-59) , Utah Jazz y Boston Celtics (ambos con un balance de 25-57)  les siguen en esta anticlasificación.

El equipo de Florida ha conservado sus pocas piezas interesantes de la temporada anterior en que fueron últimos, pero no se ha esforzado en mejorar el bloque. Este año no tocaba. Los Celtics destrozaron su equipo a corto plazo en un cambio catastrófico con los Nets. Como contamos en su día, regalaron sus veteranas estrellas a cambio de jugadores irrelevantes y futuras opciones de draft. Una reconstrucción pura y dura. Y demasiado descarada. Un detalle que marca el diferente nivel de las dos conferencias, cuatro de los cinco peores equipos son del Este.

En el Oeste los tres peores han sido Utah Jazz, Los Angeles Lakers y Sacramento Kings. El equipo del estado mormón dejó marchar a su sólida pareja interior (Paul Millsap y Al Jefferson) para apostar por la juventud: Derrick Favors y Enes Kanter en la pintura, el rookie Trey Burke en la dirección, Gordon Hayward asumiendo los galones y Alec Burks de sexto hombre. Este año en el draft conseguirán más carne joven para su guiso de futuro, tal como marca su plan estratégico.

El destino de los Kings (28-54) estaba muy claro desde que se hicieron con los servicios de Rudy Gay en diciembre. El alero es un gran anotador individual, pero no ha sido determinante para conducir a ninguno de sus equipos anteriores (Grizzlies y Raptors) a logros significativos. La primera temporada tras el cambio de dueños del equipo no puede calificarse de buena. Peor ha sido la de los Lakers, que merece un artículo aparte (lo tengo en la lista de tareas pendientes), pero cuyos fichajes de este verano no hacían concebir demasiadas buenas expectativas. Sólo citaré un dato al respecto. Con 27 victorias y 55 derrotas, los californianos han firmado el peor balance en los 66 años de historia del equipo.

Los beneficios del tanking

El premio gordo para estos equipos de la Otra Liga no es otro que el número 1 en un draft que se prevé cargadito de futuras estrellas. Un sorteo decide a los 3 primeros equipos en elegir entre los que no se han clasificado para play offs, pero no todos parten con las mismas posibilidades de ser agraciados. El peor equipo de la temporada tiene un 25% de los “boletos”, el penúltimo el 19,9%, el antepenúltimo un 15,6%, el cuarto peor un 11,9%. Los porcentajes van bajando hasta el 0,5% de la última franquicia en quedarse a las puertas de los playoffs. O sea que, puestos a perder, vale más hacerlo a lo grande.

Este año hay otro detalle del sistema de adjudicación de plazas que debe ser tenido en cuenta. Una vez sorteadas las tres primeras elecciones, las 11 siguientes se reparten entre los equipos que no resultaron premiados en la lotería en orden inverso a su clasificación. Con lo cual el último clasificado, en el caso de que la suerte le girase totalmente la espalda, acabaría eligiendo cuarto. Y el penúltimo cuarto o quinto.

Unas posiciones que en este draft tan lleno de talento (si finalmente se cumplen las previsiones y dan el salto a profesionales todas las jóvenes perlas por las que más de un equipo ha tirado descaradamente la temporada) pueden otorgar los derechos sobre un futuro jugador franquicia, a diferencia de otras temporadas en que han sido ocupadas por buenos jugadores, pero sin potencial de estrellas.

Mirando los precedentes, este último caso sería el más factible. Desde 1990, cuando se introdujo el actual sistema de probabilidades en orden inverso a la clasificación, sólo en tres ocasiones el peor equipo ha sido el primero en elegir en el draft. En 1990, los Nets eligieron a Derrick Coleman. En el 2003, los Cavaliers se hicieron con los servicios de Lebron James. Y la temporada siguiente, Dwight Howard hizo las maletas para establecerse en Orlando. Siempre es más fácil que te toque la pedrea que el gordo de Navidad.

Elegir un número 1 tampoco garantiza el éxito. Desde que en 1985 se introdujo un sistema aleatorio para decidir el orden de los equipos (los primeros años era sorteo puro y duro entre los no clasificados para play offs), sólo dos jugadores han ganado un título con el equipo que les eligió. Casualmente, lo hicieron juntos: David Robinson y Tim Duncan con los Spurs. El resto, sin han ganado anillos, lo han hecho después de una mudanza (como el antes citado Lebron James, que se fue a los Heat para ser campeón).

Negando la evidencia

A pesar de lo expuesto hasta ahora, en la NBA se empeñan en mirar para otro lado. En palabras de su flamante comisionado Adam Silver: “No creo que en la NBA haya entrenadores y jugadores, o alguna parte de estos grupos, intentando perder. Y actuaría inmediatamente si los hubiera”. El comisionado, sin embargo, no descartó hacer cambios de la reglamentación generadora de estas suspicacias en el futuro: “Tenemos un sistema en vigor que anima a los equipos a reconstruirse. Y estos están respondiendo a los incentivos que les ofrece dicho sistema. Si los incentivos no son correctos, tendremos que cambiarlos”.

El problema es que como en la Liga no se den prisa el trabajo se lo harán los aficionados. Un grupo de seguidores de la NBA lidera la primera revuelta 2.0 contra la liga profesional. Hartos de la pasividad en este tema (y supongo que también de soportar partidos infames de liga regular) han lanzado una web para recoger firmas en apoyo de una petición de reforma del draft (www.nbarrasing.com). Proponen tres soluciones. La  primera es el sistema de rueda en las posiciones del draft que ya explicamos en un artículo anterior.

La segunda es repartir las elecciones premiando las victorias conseguidas por cada equipo a partir de quedar matemáticamente excluido de los play offs. Sería una especie de liga paralela entre desheredados que a diferencia de lo que ocurre ahora estarían interesados en ganar el mayor número de enfrentamientos con el objetivo de conseguir una mejor situación en el draft, revitalizando el tramo final de la Liga Regular.

La tercera opción prevista en esta iniciativa popular pasa por asignar el orden del draft tomando como referencia la clasificación antes del parón del all star. Para empezar, no tendría sentido tankear en la segunda mitad de la temporada, cuando los equipos empiezan a valorar sus posibilidades reales de acceder a la lucha por el anillo. Haría una criba entre los peores equipos que más necesitan nuevos jugadores para revitalizar su juego y aquellos que simplemente se dejan ir por si pescan algo.

Los tres sistemas propuestos tienen sus defectos. El primero permite una planificación más precisa a los equipos, pero elimina la utilidad del draft como ayuda para que los peores equipos se igualen con los mejores. El segundo sistema podría acabar premiando a los equipos que queden descartados antes de los play offs, con lo cual el tanking podría producirse en la primera mitad de la temporada y no en la segunda. Y el tercero sigue sin dar incentivos para ganar en la segunda mitad de la Liga Regular. Pero todos ellos presentan alternativas aceptables para mejorar el actual sistema. Puestos a elegir, yo me decantaría por el segundo. ¿Y vosotros?

 

Artículo publicado en http://www.encancha.com, abril 2014

NBA: Adios mangas, hola publicidad

3 Abr

Las camisetas con mangas no gustan a todos los jugadores de la NBA. Con Lebron James de portavoz, los detractores de esta prenda podrían conseguir la retirada de estas prendas. Un pequeño contratiempo para los gestores de la Liga que se centran ahora en otra batalla más importante, la introducción de publicidad en la equipación de los equipos.

Esta temporada la NBA introdujo como gran novedad las camisetas con mangas (cortas, por supuesto) para sus jugadores en algunos partidos. Una prenda de vestir ajustada, lejos de las habituales prendas de una o dos tallas más de la que nos tocaba (por aquello de la comodidad, algunos, y para disimular los michelines las mayoría) que hemos usado muchos aficionados a falta de la camiseta de tirantes “oficial”. Evidentemente, como en todo lo que la hace la liga, detrás se podía intuir un móvil económico.

Muchos aficionados ya tienen la camiseta de sus equipos, con el nombre grabado de su estrella. Para que compren otra, o cambias los colores del equipo o cambias el patronaje de la prenda. La variación de diseño ya se hizo no hace mucho, con la introducción de la gama “vintage” (incluso para equipos sin ninguna camiseta antigua que recuperar dada su reciente creación, que lo importante no era hacer un homenaje a la historia sino vender). Así que en esta ocasión se optó por el patronaje, mediante el añadido de mangas al uniforme de los jugadores.

El problema es que a no todos los principales implicados en el proceso (es decir, aquellos que tenían que lucirlas) les ha parecido bien el cambio. El deporte es un tema mental además de físico. Y más de uno, con razón o sin ella, le echó las culpas de una mala noche al nuevo diseño. Lebron James estalló tras una derrota de los Heat ante los Spurs. Tras anotar 61 puntos ante los Charlotte Bobcats (con camiseta de tirantes), en sus dos partidos siguientes (con mangas) se quedó en un global de 1 de 17 en sus lanzamientos desde fuera de la pintura.

“No es una excusa, pero no soy un gran partidario de las mangas. Cada vez que tiro, noto como si me estirasen el brazo hacia atrás. Y habitualmente no tengo mucho margen de error en mi tiro en suspensión. Definitivamente, no me gusta”, dijo la estrella de los Heat, quien señaló que la nueva camiseta afectaba especialmente a su tiro de 3 puntos. James recordó que en el partido de Navidad se quedó en 0 de 4 en triples ante los Lakers, y en el All Star su mala racha fue de 0 de 7 (y sin mucha oposición defensiva, algo que en los partidos de las estrellas es tristemente habitual en los últimos años).

La NBA reconsidera su postura

Ante las quejas de “King” James y otros jugadores, el nuevo comisionado Adam Silver, en su primera patata caliente desde que asumió el cargo en noviembre, replicó que a pesar de la “enorme demanda” de estas prendas por parte de los aficionados, la Liga reconsideraría el tema si los jugadores no estaban cómodos con ellas. En una entrevista para Bleacher Report, el comisionado reveló que pensaba reunirse con James este verano, después de los playoffs.

“Si a los jugadores no les gustan, tendremos que probar otras cosas. No me arrepiento de haberlas introducido esta temporada. Estaba pensado como algo divertido para jugadores y aficionados. Pero si suponen un problema, cambiaremos a otras iniciativas”, dijo Silver, quien se escudó en que, de acuerdo a las estadísticas de la NBA, el impacto de las camisetas en el juego es mínimo (el porcentaje de tiro de los 13 equipos que han jugado con ellas ha sido del 45,6% respecto al 46,1% de estos mismos equipos en sus partidos con las camisetas tradicionales).

De todas maneras, la actitud de Silver en este tema es una muestra del carácter dialogante del nuevo comisionado de la NBA. El anterior, David Stern, las habría impuesto pasando por encima de la opinión de los protagonistas del espectáculo. Precisamente el ahora jubilado Stern era el principal freno a una de las innovaciones que quiere introducir la liga en materia de vestimenta. Y es que en palabras de su sucesor, la inserción de publicidad en las camisetas de los equipos es “inevitable” y ocurrirá en un plazo no superior a 5 años.

Adios Stern, hola publicidad

Stern se encontró con una Liga en bancarrota económica y con graves problemas deportivos. Y con mano de hierro recondujo ambas situaciones hasta el estado de prosperidad en que la dejó. El reto de Adam Silver es que la prosperidad económica general se traslade hasta el ámbito particular, consiguiendo que todas y cada una de las franquicias que integran la NBA tengan beneficios. Con el margen de incremento de la recaudación por entradas, publicidad global y televisión prácticamente agotado, es momento de buscar nuevos ingresos.

La temporada 2011-12, la Liga Regular no empezó hasta el día de Navidad a causa del cierre decretado por los propietarios de los equipos. En el marco de la negociación de un nuevo convenio con los jugadores, la patronal optó por el cierre ante las pérdidas que la mayoría de franquicias presentaban en sus balances. De hecho, las líneas maestras de las conversaciones las marcaron los equipos “pequeños”. Los 82 partidos que se juegan habitualmente antes de play offs se quedaron en 66. Y los jugadores vieron reducidos sus sueldos de forma proporcional.

Y una idea empezó a cuajar en la mente de los dueños de los equipos. Una forma de aumentar los ingresos. Si en el resto del mundo funciona, ¿por que no aquí? Y así, al final de la temporada del cierre patronal, en la reunión anual de la Junta de Gobernadores (para que nos entendamos, la junta de propietarios), se aprobó que los equipos pudieran lucir publicidad en sus camisetas a partir de la temporada 2013-14. Por el momento, de visibilidad reducida. Un parche cuadrado de unos 6 centímetros de lado cerca del hombro izquierdo.

David Stern se manifestó en contra de esta decisión, e intentó que los propietarios la reconsiderasen, retrasando su puesta en marcha. Pero los patronos de los equipos son como fieras que han olido sangre. En este caso, dinero. Unos 100 millones de dólares anuales (en nuestra moneda, 77 millones de euros), según algunos estudios hechos en aquellos días.

Una fuente de nuevos ingresos

Algunas de aquellas estimaciones consideraban que los Lakers podrían ingresar por el parche publicitario 4 millones de dólares por temporada (poco más de 3 millones de euros), y Knicks y Celtics unos 3 millones de dólares (2.300.000 euros). Los jugadores tampoco se quejan de la iniciativa. Al fin y al cabo, según el convenio colectivo les correspondería la mitad de este dinero (aunque está por ver como afecta a sus contratos publicitarios individuales).

En los más de 60 años de historia de la NBA, las camisetas se han mantenido “limpias”. Por no aparecer, no aparecía ni el logotipo del fabricante. La NBA será las primera de las grandes ligas profesionales norteamericanas (baloncesto, beisbol, futbol americano y hoquey hielo) en “mancillar” su uniformación con publicidad (una publicidad que también aparecerá en las miles de prendas que compran los aficionados).

Pero en estos dias convulsos nada es para siempre. También parecían sagrados los pabellones, algunos de ellos míticos (Boston Garden, Forum de Inglewood…), y ahora 28 de los 30 llevan el nombre de un patrocinador. Y de estos dos, Madison Square Garden es en si mismo una empresa que mueve una gran volumen de dinero con la gestión del recinto y los numerosos actos que en él se realizan (está ocupado casi todos los días del año). Así que sólo nos queda el Palace of Auburn Hill de los Detroit Pistons.

Poner en práctica esta medida no será cosa fácil. Para empezar, hay que encontrar los 30 anunciantes para las 30 camisetas de la NBA. Personalmente, creo que sería un signo de debilidad de la liga que algunos equipos lucieran publicidad y otros fuesen incapaces de encontrar empresas dispuestas a asociarse a su imagen. Y luego, comprobar que estos anunciantes no sean rivales de las marcas con las que la competición tiene firmados acuerdos globales de esponsorización. Silver me parece lo bastante hábil para superar ambos escollos.

El pequeño parche publicitario sería poco más que el caballo de Troya, una probatura en la gestión del tema. Y si funciona, el siguiente paso será aumentar la superficie publicitaria disponible. A mayor visibilidad, más dinero. En la liga profesional femenina de baloncesto, la WNBA, los equipos lucen publicidad en el frontal de sus camisetas (las pioneras fueron las Phoenix Mercury en 2009). No es descartable que los anunciantes quieran integrar su marca en el nombre de las franquicias. Tal vez veamos, de aquí a tres o cuatro temporadas, un Cola Lakers contra los Burger Bulls. Tiempo al tiempo.

 

Artículo publicado en http://www.encancha.com, abril 2014

Los retos de Adam Silver, el nuevo jefe de la NBA

6 Feb

El quinto comisionado de la historia de la NBA ha empezado el ejercicio de su cargo con la liga saneada y una posición hegemónica a nivel mundial que nadie discute. Y viene con ideas en mente acerca de los cambios necesarios para mantener su status. En este artículo analizamos algunas de estas posibles variaciones.

Adam Silver tomó las riendas de la NBA en sustitución de David Stern el 1 de febrero,  justo cuando se cumplían 30 años de la toma de posesión del que ahora se jubilaba. El saliente y el entrante son dos personalidades opuestas que, sin embargo, se han complementado muy bien durante los últimos 22 años.

Silver, un abogado licenciado en las universidades de Duke y Chicago, entró a trabajar como ayudante del comisionado de la NBA en 1992. El 2006 fue elevado a la categoría de segundo al mando de la Liga. Si Stern era un directivo a la antigua usanza, con un fuerte personalismo y un duro e hiriente sarcasmo, su sucesor es un ejecutivo moderno, de bajo perfil personal, dialogante y buscador de consensos, que se distinguió durante la negociación del último convenio colectivo.

Otra muestra de la modernidad del nuevo comisionado de la Liga es su apoyo total al uso de estadísticas avanzadas. Fruto de su afición al beisbol, Silver es un ferviente creyente en la utilidad de este tipo de analítica del juego. Partidario de abrir estos datos a todos los aficionados, se adivina su mano tras la remodelación esta temporada del apartado de estadística de la web de la NBA.

Cuando Stern se convirtió en el cuarto comisionado en la historia de la NBA, se encontró con una liga en bancarrota e infiltrada por el fantasma de las drogas. Stern limpió los vestuarios de estupefacientes y devolvió los números negros a los balances poniendo la liga en manos de las estrellas (primero, Magic Johnson y Larry Bird, luego Michael Jordan), concebidas como instrumentos de marketing para atraer público y anunciantes.

Para saber a qué retos se enfrenta Adam Silver al principio de su mandato, recurriremos a los globos sonda que ha lanzado antes de tomar posesión de forma oficial del cargo. Así sabremos los temas que Silver identifica como problemáticos.

REDUCCIÓN DE LA DURACIÓN DE LOS PARTIDOS

A la NBA parece preocuparle la duración de los partidos, que considera excesiva.  Según fuentes de varios equipos, el mismo Silver habría propuesto, de forma informal en reuniones a lo largo de las dos últimas temporadas, reducir el tiempo de juego de los partidos de 48 a 40 minutos, y las prórrogas de 5 minutos a 3.

Para acortar, ya ha limitado las presentaciones de equipos y otros rituales prepartidos, y ha establecido un mayor control sobre el cumplimiento de los tiempos muertos. A los anunciantes les gusta que la transmisión tenga una duración más o menos fija, y no debe ser demasiado larga para que los ajetreados espectadores puedan seguirla en su totalidad. Dos horas parece ser el minutaje adecuado.

A la Liga, además de la extensión en el tiempo de sus enfrentamientos, le inquieta el alargamiento de sus minutos finales, a la manera del baloncesto NCAA, cuando el resultado está ajustado. La NBA ya ha avanzado en este camino con una modificación de la reglamentación de las faltas intencionadas en los dos últimos minutos de partido.

Sobre este tema hay que seguir los cambios introducidos en la D-League, campo de pruebas de futura reglamentación NBA. El objetivo en esta competición es reducir los encuentros a una duración de 2 horas, lo que complace a los anunciantes. Para ello la liga de formación ha reducido el número y extensión de los tiempos muertos (decisión no viable en la NBA para no perder publicidad) y ha prohibido los tiempos muertos consecutivos. También se plantea reducir el descanso entre partes (las marcas asumen que los espectadores hacen zapping, así que esta decisión no supondría un problema).

REPLANTEAMIENTO DE LAS DIVISIONES

Mirando la clasificación de la NBA, a fecha de 27 de enero, sólo tres equipos del Oeste (y uno de ellos los Lakers) tenían peor registro que el octavo clasificado del Este. Lo cual implicaba que cuatro equipos de la Conferencia más potente se quedarían fuera de los playoffs a pesar de haber hecho más méritos que sus rivales del Este, en la que hace años que se van colando equipos en la lucha por los anillos con un balance de victorias inferior al 50%.

Este año esa diferencia es aún mucho más exagerada. Mientras que los ocho privilegiados del Oeste presentaban todos un balance ganador, sólo cinco equipos del Este tenían más triunfos que derrotas. Y gracias a que los Toronto Raptors (22-21)  había encontrado su juego tras un mal noviembre (5-9) y que los Chicago Bulls (22-21) arreglaron en enero (10-3) un pésimo diciembre (5-10).

Modificar el sistema de conferencias  supondría un cambio drástico del calendario (los equipos se enfrentan más veces durante la liga regular contra los de su misma división que contra los de la otra mitad de la NBA), pero con la mejora de los medios de transporte sería asumible.

Los aficionados agradeceríamos que en la lucha por los anillos participasen los 16 mejores equipos de la liga, sin importar de qué parte de los Estados Unidos sean. Pero como no se puede empezar la casa por el tejado, lo primero que revisarán serán las divisiones, en la próxima  reunión del Comité de Competición.

Los campeones de División ganan plaza de forma automática para los playoffs y pasan como cabezas de serie delante del resto de equipos que no lo son aunque hayan finalizado la liga regular con un peor balance de victorias y derrotas. Silver, al que no le gusta este privilegio, manifestó respecto a esta forma de agrupar los equipos que “el objetivo era fomentar rivalidades y ahora no estoy seguro que eso esté ocurriendo”.

En un primera fase lo más probable es que realineen algunos equipos para potenciar rivalidades y darle así una última oportunidad a esta forma de organizar los equipos. Pero si no obtienen los resultados esperados, podéis apostar que no les temblará el pulso para abolirlas.

HACER UN DRAFT MENOS ALEATORIO

Un repaso a las plantillas de esta temporada, y a los fichajes y movimientos efectuados por algunos equipos, revela motivaciones ocultas. Coinciden demasiadas franquicias con equipos nada competitivos. Si unimos este dato a las opiniones de los expertos en baloncesto universitario de que el draft del 2014 será de calidad excepcional, es imposible no pensar en el tanking (tirar la temporada para conseguir una mejor elección de rookies).

El problema es la mala imagen que la NBA proyecta. Los tramposos, los que hacen las cosas mal a posta, tienen premio. Hasta 1984, los dos peores equipos se jugaban a cara o cruz las dos primeras elecciones.  Precisamente hasta el año en que llegaron a la liga Olajuwon y Jordan, pocos meses después de la toma de posesión del comisionado David Stern. Aquella temporada también hubo fundadas sospechas de tanking.

Stern modificó de forma progresiva el draft hasta su forma actual, en que un sorteo entre los equipos que no juegan playoffs determina las 3 primeras opciones de elegir. Con más posibilidades para los peores equipos, pero no tantas como para ser una garantía de nada. Eso si, el equipo con menos victorias se asegura como poco ser el cuarto en escoger jugador (este año ésa será una posición excelente).

Y ahora de nuevo coincide un cambio en el máximo dirigente de la NBA con una camada de novatos de gran talento. El enfoque del nuevo comisionado para resolver el problema es radicalmente opuesto al de Stern. Si su antecesor apostó por el azar controlado, Silver pretende establecer un patrón fijo de 30 años, alternando elecciones altas con bajas. Una secuencia como la siguiente:

1, 30, 19, 18 ,7, 6, 25, 23, 14, 11, 2 ,29, 20, 17, 8, 5, 26, 22, 15, 10, 3, 28, 21, 16, 9, 4, 27, 24, 13, 12.

Con este sistema los equipos sabrían exactamente sus opciones en el draft. Se evitarían los malos ciclos de franquicias atrapadas durante años en las elecciones medias-altas (del 20 al 30), y los golpes de fortuna exagerados, con plantillas renovadas después de encadenar varias elecciones bajas. Y sería inútil dejarse perder, puesto que tu lugar en el draft está marcado. Así que si perder no sirve, solo queda ir a ganar.

El punto oscuro de este sistema es que las futuras estrellas NBA también sabrían de antemano cual sería su destino. Y podrían decidir estar más o menos tiempo en la universidad en función de sus preferencias. La función igualadora entre conjuntos que se supone tiene el draft peligraría. Aunque sea a costa de los derechos de estos futuros trabajadores (serán millonarios, pero siguen siendo asalariados), que seguirán sin poder elegir su “primera empresa”.

Sin embargo, pasará mucho tiempo antes de que modificaciones de este tipo puedan aplicarse. Al menos, 10 temporadas, hasta que se hayan consumado todos los cambios pendientes entre las franquicias. Y quien sabe, igual para entonces ha hay otro comisionado.

ELEVAR LA EDAD DE INGRESO DE LOS JUGADORES

Adam Silver habría revelado después de tomar posesión del cargo que una de sus prioridades es elevar un año más la edad mínima de acceso a la NBA, pasándola de los 19 actuales hasta los 20. Un empeño heredado de su predecessor David Stern, a quien tampoco le gustaban los “one and done” de la NCAA.

Con el sistema actual se pone en duda el compromiso de las futuras estrellas con las Universidades que los reclutan. Y condiciona el sistema de trabajo de los equipos, que no pueden construir proyectos de crecimiento a medio plazo (en la liga universitaria no existe el largo plazo ya que la carrera de sus jugadores se limita a 4 temporadas activas).

Una opción sería volver a los viejos tiempos, y permitir la entrada de jugadores en la liga con 18 años, al salir del instituto. Así, el que fuera a la Universidad no lo haría por obligación. Pero a la NBA no le gusta esta opción. Así que su solución es elevar la edad de ingreso. Una idea a la que se oponen los jugadores. Sea cual sea la resolución del tema, no podrá abordarse hasta la negociación del siguiente convenio colectivo. El vigente no caduca hasta el 2017.

PUBLICIDAD EN LAS CAMISETAS

La Junta de Gobernadores (los propietarios, para entendernos) debe ratificar un primer acuerdo para introducir publicidad en las camisetas de los jugadores. De forma muy tímida en este primera tentativa, pero publicidad. David Stern se oponía a esta medida y pretendía hacer cambiar de decisión a los dueños de los equipos. Desconozco la postura de Silver al respecto. Tal vez a final de temporada la sepamos. Y para la siguiente, las camisetas ya no estarán tan “limpias”.

publicado en http://www.encancha.com, febrero 2014

NBA: El adios de David Stern

1 Feb

David Stern se jubila. Después de 30 años como comisionado de la NBA, Stern pasará el testigo a su segundo de a bordo, Adam Silver. Asumió el cargo en un momento crítico de la Liga, y ahora la deja saneada y con el futuro bien asegurado.

El 1 de febrero 1984, cuando David Stern fue nombrado comisionado de la  NBA, la competición tenia graves problemas, económicos y deportivos. En el aspecto financiero, la liga estaba casi en quiebra. En el deportivo, las drogas (y no me refiero al dopaje, más o menos consentido durante mucho tiempo) campaban a sus anchas en los vestuarios de los diferentes equipos. Un artículo de “Los Angeles Times” publicado en 1982 aseguraba que el 75% de los jugadores de entonces eran drogadictos. Probablemente exageraba el porcentaje, pero la presencia de cocaína y heroína era innegable. Y claro, esta mala fama aún hacía más difícil encontrar patrocinadores para reflotar el negocio.

Como buen especialista en marketing, Stern sabía que el producto necesitaba un buen lavado de cara para salir adelante. Limpió los vestuarios de camellos y adictos expulsándolos de la competición. Algunos acabaron jugando en Europa (Michael Ray Richardson). Especialmente sonado fue el caso de los Houston Rockets, con dos positivos de cocaína (uno era Mitchel Wiggins, cuyo hijo Andrew es uno de los candidatos a ser el número 1 del draft del 2014). Y una vez aseada la liga, tocaba promocionarla usando a sus estrellas como ganchos publicitarios.

El comisionado se encontró con una hornada de jugadores excepcionales, recien llegados a la liga. Pero la suerte puso en sus manos algo especial, que supo explotar a conciencia: la rivalidad entre Magic Johnson y Larry Bird, dos jugadores dotados de un gran carisma personal. Se podría haber decantado por Olajuwon y Ewing, pero las finales las jugaban Lakers y Celtics. No sólo era un enfrentamiento individual, sino de dos conceptos. Por Magic, la alegría y el espectáculo, el famoso showtime. Por los Celtics de Bird, el control, la sobriedad y la eficacia. Una reedición de la primera gran rivalidad de la NBA entre dos jugadores que representaban los mismos arquetipos, Wilt Chamberlain y Bill Rusell.

Los años 90 pertenecen a Michael Jordan y sus Chicago Bulls. Seis anillos en ocho años. Los más recordados son los dos últimos, ganados en unas épicas finales contra los Utah Jazz. Otra contraposición de dos ideas. El juego de bloque de los Jazz contra la genialidad individual de Jordan. No es que el equipo de Utah no tuviera individualidades (el duo Stockton-Malone, y Byron Rusell como el villano defensivo que perseguia a la estrella rival), ni que MJ jugase solo (Pippen, Kukoc, Kerr, Rodman…), pero esa era la idea que había que difundir.

En los tres títulos de los Lakers de los años 2000, 2001 y 2002, era muy difícil vender un gran duelo como gancho. Primero, porque el rival de las finales fue distinto en los tres títulos. Y segundo, porque los enemigos de verdad compartían vestuario, Shaquille O’Neal y Kobe Bryant. Una relación que se fue envenenando con los años y que acabó explotando tras la derrota en las finales del 2004.

El draft del 2003 parecía que iba a marcar el inicio de una nueva rivalidad con la llegada de Lebron James y Carmelo Anthony. Stern puso al departamento de marketing a trabajar. Pero ni los Cleveland Cavaliers de Lebron daban la talla en lo deportivo ni Carmelo Anthony en lo tocante al carisma personal de una estrella. Y mientras tanto, ganaban la liga los antipáticos Spurs de San Antonio de Tim Duncan (el jugador con más clase y menos encanto mediático de la historia) y los Lakers de Kobe Bryant (odiado y respetado por los aficionados al 50%). Y las audiencias de televisión se resentían….

El año 2007 llegó Kevin Durant a la liga. Lebron James por fin tenía un rival de su talla. Los Oklahoma City Thunder empezaron a construir un equipo campeón con Durant de estrella, y James dejó los Cavaliers para fichar por el proyecto ganador de los Miami Heat. Un proceso que culmina con los dos equipos jugándose el campeonato en las finales del 2012.

La temporada pasada la lesión de Russell Westbrook apartó al equipo de Oklahoma de una nueva final. Lebron James pudo ocupar el trono de rey que la NBA le tenía reservado tras ganar su segundo anillo. Y Kevin Durant vio su estrella palidecer. Pero fue una experiencia de la que extrajo valiosas enseñanzas que aplica esta temporada.

Con Russell Westbrook de nuevo lesionado a finales de diciembre, el jugador franquicia de los Thunder ha puesto el listón muy alto este enero en la lucha por el MVP de la Liga Regular. Ha llevado a su equipo hasta el liderato del Oeste. Tras anotar en dobles figuras en todos los encuentros que ha disputado en la presente temporada, ha pasado de los 30 puntos en sus últimos 12 partidos jugados. Contra los Warriors se fue hasta los 54. Su promedio anotador del primer mes del 2014 es de 36,6 puntos por partido.

Stern se marcha tranquilo porque sabe que se lo deja todo atado y bien atado a su sucesor, Adam Silver. Tras dos cierres patronales, ahora hay un convenio colectivo en vigor hasta el 2017, que ha contentado a los propietarios de los equipos más modestos económicamente hablando (y que fueron los más intransigentes durante las negociaciones del último acuerdo entre patronal y jugadores). Y vuelve a tener una buena rivalidad en la pista para atraer espectadores. Ha cerrado el círculo.

 

publicado en http://www.encancha.com, enero 2014

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