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La picaresca de los pasaportes “cotonou” en Europa

29 Sep

En este artículo me apartaré de mi negociado habitual, el baloncesto de los EUA, para tratar un tema candente: los pasaportes “cotonou”. No es una posibilidad nueva, pero las malas prácticas en su uso han puesto el punto de mira sobre ellos.

Se entiende por pasaporte “cotonou” aquel perteneciente a un país no comunitario pero que da derecho a su propietario a integrarse en el marco laboral de la Unión Europea bajo las mismas disposiciones legales que los naturales de este espacio geográfico. En el caso del baloncesto, su poseedor no es considerado extracomunitario. Esto abre la puerta trasera a que los equipos puedan fichar a más jugadores extranjeros “de facto” de los que la regulación permite.

En esta supercopa de la Liga Endesa hemos asistido a un baile de este tipo de pasaportes a cual más inverosímil. El récord lo tiene el Laboral Kutxa, con tres nuevas nacionalidades bastante discutibles a cargo de tres de sus fichajes para esta temporada que acaba de empezar.

Doron Perkins, un veterano del baloncesto europeo tras haber jugado en Alemania, Bèlgica, Israel, Italia, Ucrania, Grecia, Turquia y España (también ha pasado por Japón y China), es ahora ciudadano de Costa de Marfil. El base, de 31 años y nacido en Anchorage (Alaska, Estados Unidos de Amèrica), ya recibió una oferta de nacionalización para integrarse en la selección rusa en agosto del 2009 antes de fichar por el Maccabi de Tel Aviv. En aquella ocasión la rechazó.

Ryan Gomes, de 32 años y natural de Waterbury (Connecticut, EUA), llega a Vitoria después de 8 temporadas en la NBA (Celtics, Timberwolves, Clippers y Thunder) y otra en Alemania. Antes de aterrizar en España le ha dado tiempo de conseguir la nacionalidad de Cabo Verde por gentileza de unos bisabuelos originarios de aquel país.

El más joven de los tres es el pivot Colton Iverson, de 25 años y nacido en Yankton, Dakota del Sur (EUA). Con un aspecto de irlandés de pura cepa, y tras una temporada en el Besiktas turco, jugarà este año en la Liga Endesa sin ocupar plaza de extranjero gracias a su flamante pasaporte de Guinea-Bissau.

El equipo vasco no ha sido el único que ha buscado esta vía para incrementar el número de jugadores no europeos de su plantilla. En las filas del Real Madrid el alero K.C. Rivers, de 27 años y originario de Charlotte (North Carolina, EUA), es desde ya compatriota de Colton Iverson. Podían haber sido más, pero los trámites para conseguir renacionalizar a Gustavo Ayón y Facundo Campazzo no fructiticaron. Eso provocó el descarte de Marcus Slaughter para la competición.

Ante esta avalancha de nacionalizaciones, la ACB decidió ampliar el plazo de inscripción de jugadores. Hasta poco antes del inicio de las semifinales de la Supercopa no se supo que jugadores iban a ocupar las 2 plazas de extracomunitarios de cada uno de estos dos equipos. El organismo que rige el baloncesto profesional español se convirtió de esta manera en complice de la situación, perjudicando a los otros dos participantes en el primer torneo oficial de la temporada: Barcelona y Valencia.

Los intereses gubernamentales

Este tejemaneje no es nuevo. Lo que ha llamado la atención ha sido la acumulación de casos en este momento puntual. La nacionalización de Serge Ibaka el año 2011 como español provocó de rebote la concesión al entonces ala pívot del F.C. Barcelona C. J. Wallace del pasaporte congoleño, país de origen de Ibaka. Como en los casos hasta ahora citados, este documento permite a su poseedor disputar competiciones europeas sin ocupar plaza de extracomunitario.

Volviendo al caso de Ibaka, al pivot de los Oklahoma City Thunder se le concedió la nacionalidad española por carta de naturaleza que se otorga discrecionalmente por Real Decreto en base a circunstancias excepcionales y que da lugar a un expediente para cada caso en particular. La excepcionalidad del aún congoleño que llamó la atención del Gobierno español no era otra que su buen nivel deportivo, así sin más. Pero entonces nadie en España se escandalizó.

Episodios como el de Ibaka no son extraños en el mundo del deporte en general. Los políticos son especialistas en sacar el máximo rédito posible de los éxitos deportivos. En atletismo, por ejemplo es una práctica habitual de los gobiernos de Qatar i Bahrein. Volviendo al baloncesto, me viene a la cabeza la nacionalización exprés de J.R. Holden por parte de Vladimir Putin para liderar la selección rusa en el Eurobasket de España del 2007. En la final de este torneo Rusia derrotó a España y su última canasta fue obra del base ruso-americano (59-60).

En el baloncesto femenino tenemos un caso muy similar al de Holden: el de Becky Hammon, que está temporada se estrenará como asistente de Popovich en los San Antonio Spurs. Nacida en Dakota del Sur, consiguió la nacionalidad rusa en el 2008 para integrarse en dicha selección. El combinado español femenino también tiene su Ibaka: Sancho Lyttle.

El pasaporte, una mercancía más

Es un fenómeno antiguo y ampliamente documentado el de conceder la nacionalidad a deportistas de élite. Algunos luego han participado con su nueva bandera en competiciones internacionales. Así a bote pronto, y centrándonos de nuevo en el baloncesto español, me vienen a la cabeza Clifford Luyk, Wayne Brabender, Juan Domingo de la Cruz, Chicho Sibilio, Chechu Biriukov, Steve Trumbo, Mike Smith, Chuck Kornegay, Brad Oleson o Nicola Mirotic.

En la mayoría de estos casos la obtención de la nacionalidad española se produjo en base a dos supuestos: su arraigo en el país después de un determinado tiempo de residencia o sus lazos familiares, fruto de unos antepasados de origen español. Una vía al alcance de cualquier persona, deportista o no. Nada que decir en su contra. Otra posibilidad sería tener un conyuge español (así lo hizo Kornegay). Esta vía funcionó hasta que se hizo público algún caso flagrante de matrimonio de conveniencia  (el más sonado el de Rashard Griffith).

Lo más escandaloso de los casos que han confluído en esta Supercopa es que no parece existir ninguna base real para la concesión de estas nacionalidades. Ni el arraigo en un país que dudo que hayan visitado, ni la existencia de lazos familiares razonablemente próximos de raíces africanas, ni mucho menos el deseo de estos jugadores de integrarse en la selección de la bandera que abrazan.

El pasaporte es en estos casos un mero producto que se compra y se vende con el fin de obtener la ventaja, saltándose las disposiciones legales que afectan al común de las personas, de no ocupar unas plazas de extranjero limitadas en número por la reglamentación de la mayoría de competiciones de ámbito europeo.

¿Clubes o empresas?

El origen de este lío nace en la especial consideración que tiene el deporte a nivel profesional. Por una parte es una empresa y, como tal, debería poder integrarse en el marco de contratación laboral genérico del entorno en el que opera. Pero por otro lado un club deportivo tiene un componente simbólico muy fuerte. Es la expresión de la “tribu” formada por sus seguidores, y debe tener elementos de identificación fáciles de distinguir para sus aficionados.

La forma más evidente de conseguirlo es con la composición de la plantilla. Una buena presencia de “chicos de la casa que sienten los colores” permite a la parroquía local creer que existen unos valores compartidos entre todos ellos. Cuando esta sintonía se quiebra, aparecen las dos palabras malditas: “mercenarios” y “peseteros”. Como si un deportista profesional no pudiera ganarse la vida de la forma que más le convenga.

La Ley Bossman, que aplicaba la libre circulación de trabajadores en Europa al ámbito deportivo, fue el primer ataque a esta concepción simbólica de los equipos. Ya nadie se extraña por una alineación de un equipo de futbol con once extranjeros. En la ACB, tras unos pasos en esa dirección, se llegó a un equilibrio sustentado en el acuerdo de los cupos entre patronal y sindicato de jugadores. Un acuerdo que puede tener los días contados tras la reclamación que hizo la Unión Europea, que lo considera ilegal, el pasado mes de abril.

La segunda via de ataque ha sido la de los pasaportes “cotonous”. La hipocresía mantenida a todos los niveles hasta ahora ha permitido llegar al abuso descarado de este mercado de compra y venta de nacionalidades, que por cierto no es estático. El centro de la trama se ha movido  desde los paises del este de Europa y los surgidos de la desintegración de Yugoslavia hasta el continente africano. Supongo que allí los trámites deben ser más ágiles, menos exigentes las contrapartidas y, sobre todo, más baratos.

El falso espejo de la NBA

¿Qué salida tiene la situación? Podríamos reflejarnos en el modelo de la NBA, la liga profesional de baloncesto más importante del mundo. Los equipos pueden fichar a quien quieran sin mirar su pasaporte. Y sin embargo, la cosa tiene su trampa. Porque en un deporte cada vez más físico los deportistas afroamericanos tienen una ventaja considerable por sus condiciones atléticas innatas. Así que lo más normal es que copen la mayoría de los puestos de trabajo disponibles.

La NBA ha pasado de ser una liga para blancos (siguiendo la política de segregación racial vigente en los Estados Unidos hasta los años 60 del pasado siglo) a una competición con mayoría de jugadores de color. Hasta los años 80 se aplicó una directiva no escrita en ningún documento (haberla plasmado negro sobre blanco hubiera supuesto una condena por discriminación racial) según la cual cada franquicia debía tener al menos un jugador blanco, aunque no jugase ni un minuto.

La no existencia de cupos raciales en la liga norteamericana ha provocado que la competición coloque a cada uno en su lugar, en función de su calidad y condiciones. En una aplicación de la famosa selección de las especies, los jugadores de raza blanca que se han merecido un contrato en la NBA lo han conseguido, y los que no han dejado su lugar a otro más capacitado, sea de la raza que sea. Pero la mayoria siguen siendo norteamericanos.

La abolición de los cupos en la ACB podría provocar una criba entre los jugadores españoles. Los mejor dotados obtendrían su contrato, y serían pagados conforme a su calidad. Otros muchos, desgraciadamente, quedarían fuera. Claro que puestos a acabar con limitaciones, también se podría abrir del todo el marco de contratación y eliminar la protección que existe en Europa para los jugadores comunitarios.

Como aspecto positivo colateral, acabaríamos con otra práctica igual de vergonzante: fichar a un jugador sabiendo que no va a saltar a la pista ni un minuto, sólo para llegar al número mínimo de pasaportes españoles exigidos (como el caso de Unai Calbarro en Baskonia). De todas maneras, aunque la eliminación de cupos parezca la solución más lógica (y fácil de aplicar), no creo que sea la más acertada.

Recuerdo que la aplicación a rajatabla de la doctrina Bossman por parte de la patronal baloncestística no pretendía una mejora cualitativa de la competición, sino un abaratamiento generalizado de los sueldos de los jugadores. Y provocó el desconcierto de muchos aficionados ante unas plantillas que pasaron a serles emocionalmente ajenas. Pienso que repetir el experimento provocaría los mismos resultados. Sería lo mismo que matar moscas a cañonazos.

Sinceramente, no se me ocurre otra solución que exigir un mayor compromiso a cambio de los pasaportes. Como la obligación de residir en el nuevo país un mínimo de días al año. O la de participar de forma ineludible en los compromisos internacionales de tu nueva selección. Pero me temo que las mafias que se lucran con este negocio, y los agentes, clubes y jugadores que se benefician no están por la labor. Así que queda aparcada. Sigamos con la hipocresia y disfrutemos del espectáculo, ya que no podemos hacer nada para cambiar la situación. ¿O tal vez si? Se aceptan sugerencias.

Publicado en http://www.encancha.com, septiembre del 2014

La maldición de los Blazers

23 Jul

Víctor Claver ha jugado los últimos partidos de su primera temporada NBA en la liga de verano de Las Vegas. Su balance global del curso baloncestístico en los Portland Trail Blazers no puede calificarse de bueno, pero eso es algo común en muchos jugadores debutantes. La adaptación a un baloncesto mucho más físico, menos táctico y con más ritmo, con más partidos comprimidos en menos tiempo, no es fácil para todo el mundo.

El valenciano ha disputado 49 de los 82 partidos de la Liga Regular (el equipo de Portland no se clasificó para los playoffs). En 16 jugó de salida, no tanto por sus méritos sino para cubrir bajas de los habituales del cinco titular. Sus números han sido discretos: 3,8 puntos y 2,4 rebotes con 16,6 minutos de media por partido. Lo mismo que su relevancia en el juego del equipo: sacrificio atrás y poco protagonismo en ataque.

Claver no sólo ha debutado en la NBA. También lo ha hecho en la Liga de Desarrollo, la competición “menor”. Los Blazers, tras un inicio de temporada en que el rookie pasó una serie de partidos sin ni siquiera vestirse de corto por decisión técnica, lo enviaron durante una semana en diciembre a los Idaho Stampede. El valenciano jugó 4 partidos con el equipo filial en los que su estadística mejoró (9 puntos y 7 rebotes en 33,8 minutos de media por partido).

El primer español en debutar en la NBA lo hizo, precisamente, en el equipo de Portland. Fernando Martín aterrizó en el equipo de Oregon en el verano de 1986, abriendo un camino que luego han seguido otros. El pívot no tuvo demasiada suerte. Para Mike Schuler (elegido mejor entrenador de la liga justamente esa temporada) , Martín era poco más que una nota exótica, y no le dio demasiados minutos. Entre eso y las lesiones sólo jugó 146 minutos a lo largo de 24 partidos (unos 6 minutos de media). Y cuando acabó la temporada Fernando Martín regresó al Real Madrid.

Veinte años después Sergio Rodríguez cogía el relevo. El canario estuvo tres temporadas en la franquícia de Oregon. En la primera le costó entrar en la rotación, porque el entrenador Nate McMillan no estaba contento con sus capacidades defensivas. Tuvo sus noches brillantes, pero no demostró regularidad en su juego, desempeñando el papel de base suplente con unos números poco destacados. Tras una temporada a caballo entre los Sacramento Kings y los New York Knicks, volvía a la ACB española fichando por el Real Madrid.

La experiencia de Rudy Fernández

Rudy Fernández coincidió en los Blazers con Rodríguez durante la temporada 2008-09, la última del “Chacho” en Oregon. Parecía que el mallorquín iba a triunfar en el equipo. En su primera temporada batió el récord de triples en liga regular de un jugador debutante (159 anotados), y fue seleccionado para el partido de rookies contra sophomores del All Star. El fin de semana de las estrellas también participó en el concurso de mates (luciendo en su primera acción la camiseta de Fernando Martín en la NBA, un bonito gesto).

Sin embargo, en su segunda temporada una lesión de espalda le obligó a pasar por el quirófano. Su principal problema, sin embargo, no fue físico. Tras su acierto en el lanzamiento exterior del año anterior su entrenador, Nate McMillan, lo encasilló como un especialista en el triple. Rudy quedó confinado al territorio más allá de la linea de 3 puntos, limitándose a esperar que le llegase la pelota para armar el brazo y lanzar. Y eso mató su juego alegre y descarado.

Luego llegaron las declaraciones desafortunadas rebelándose contra su destino, sus agentes abriendo la boca más de la cuenta, las multas de la NBA, una tercera temporada que se le hizo muy larga, y el enturbiamiento de sus relaciones con la directiva del equipo que, a pesar de todo y para disgusto del escolta, ejecutó la opción de alargar un año más su relación contractual cuando el balear casi tenía las maletas a punto para volver a España.

A pesar de la renovación, Rudy no volvió a vestir la camiseta de los Blazers, ya que fue traspasado a los Mavericks antes del principio de la temporada. Los tejanos a su vez lo enviaron a los Denver Nuggets. Así que Fernández, desencantado de la mejor liga del mundo, cumplió el año de contrato que le quedaba como un profesional para volverse a la ACB como jugador del Real Madrid (en el que ya había jugado durante el cierre patronal de la NBA hasta diciembre de 2011, antes de viajar a Denver).

Otros rookies ACB en Oregon

Los Blazers también han acogido a novatos procecentes de la ACB, aunque no nacidos en España. El último caso lo tenemos en Joel Freeland, rookie junto con Claver. El pívot inglés aún ha tenido menos protagonismo que el valenciano, y también pasó por la liga de desarrollo (2 partidos). Al exjugador de Gran Canaria y Unicaja le quedan dos temporadas de contrato garantizado para intentar impresionar a su entrenador.

Freeland es una anomalia en los casos de jugadores ACB no españoles que han debutado en la NBA en los Blazers. Y no solamente porque no ha llegado al status de gran estrella del baloncesto en Europa. Es también el único de los tres que no procedía del Real Madrid.

Drazen Petrovic debutó en la NBA el año 1989, tras una temporada en el conjunto merengue (la famosa liga de Petrovic que acabó ganando el Barça). El yugoslavo, una de las grandes estrellas del momento del baloncesto FIBA junto a Arvydas Sabonis, tuvo un durísimo aterrizaje en la liga norteamericana. El entrenador Rick Adelman apenas lo utilizó. Mediada su segunda temporada, fue traspasado a los Nets, aún en New Jersey.

Chuck Daily si supo aprovechar su potencial. Petrovic volvió a promediar 20 puntos por partido. Y Adelman aprendió de la experiencia. A partir de entonces no volvió a infravalorar a los jugadores europeos. Elevó el juego de los Sacramento Kings a un nivel de espectacularidad y magia increíbles con Vlade Divac y Pedja Stojakovic en el cinco titular.

Arvydas Sabonis también acabó jugando en Portland. Como Petrovic, había vestido de blanco la temporada anterior a su debut en la NBA. El mejor pívot europeo de la historia hasta ahora (aqui os acabo de colar una opinión personal) llegó a la franquicia la campaña 1995-96, con 31 años y muy mermado de movilidad por la lesiones.

Pero seguía siendo un excelente jugador de baloncesto, medía 2,21 y la NBA ya estaba preparada para acoger jugadores europeos. Así que jugó 7 temporadas en la franquicia dando muestras de su gran clase, y dejando la incógnita de cual hubiera sido su rendimiento de haber llegado en plenitud de condiciones físicas. Hasta ahora, ha sido el único debutante ACB sin experiencia previa en la NBA que ha triunfado en los Blazers.

¿Claver en Madrid?

Aunque los precedentes de jugadores nacidos en España en los Blazers no apunten nada bueno para Claver, el alero intentará hacerse un hueco en la NBA. Fernando Martín llegó en mal momento, cuando los europeos en la liga eran una rareza. Y Rudy tuvo la mala suerte de que lo encasillaran. Tal vez el caso del valenciano tenga más similitudes con el de Sergio Rodríguez.

Ambos llegaron a los Estados Unidos siendo jugadores irregulares en la ACB, sin ser dominantes en la Liga. Hasta esta última temporada, bajo las órdenes de Pablo Laso, el base canario no ha conseguido desarrollar con regularidad su excelencia, después de haber sembrado muchas dudas sobre si su etapa en la NBA le había ayudado a crecer como jugador o por el contrario, había acabado con sus cualidades originales.

Tras años de transitar por las canchas españolas como una eterna promesa que nunca ha acabado de consolidarse, como un jugador de grandes cualidades pero sin solución de continuidad en su juego, ¿será capaz Claver de explotar finalmente en la NBA? Una cosa sí parece clara, de acuerdo con los precedentes. De seguir el camino de otros españoles que han pasado por los Blazers, cuando vuelva a Europa fichará por el Real Madrid. O al menos eso marca la estadística.

 

publicado en www.encancha.com, julio 2013

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