Los Warriors, campeones de la NBA en las finales de Andre Iguodala

18 Jun

Ni Lebron James ni Stephen Curry. El jugador más decisivo de la final de la NBA fue Andre Iguodala. Su defensa sobre la estrella de los Cavaliers ha sido una de las claves para que los Warriors hayan ganado estas finales.

Los Golden State Warriors, tras su variación táctica del cuarto partido, no han dejado escapar a su presa y se han impuesto en los dos siguientes, el primero en casa y el segundo en Cleveland. Lebron James ha demostrado que es el jugador de mayor rendimiento en estos momentos de la NBA, pero la falta de más apoyos de sus compañeros ha hecho vanos sus esfuerzos. Probablemente con la ayuda de los lesionados Kyrie Irving, Kevin Love y Anderson Varejao la historia hubiera sido distinta.

Pero lo indiscutible es que los Warriors han sumado el cuarto campeonato de su historia (1947, 1956, 1975 y 2015, los dos primeros cuando la franquicia residía en Filadelfia y el tercero en San Francisco). Y que la maldición de Cleveland se mantiene. Ningún equipo de la ciudad se ha proclamado campeón en una de las grandes ligas profesionales desde que los Cleveland Browns ganaron la NFL el año 1964.

La noche de Curry

En el quinto partido de las finales asistimos por fin al esperado duelo de estrellas. Lebron James había brillado prácticamente cada noche (en su actuación más floja “solo” metió 20 puntos), pero Stephen Curry no había empezado bien la serie. Sus dos primeros encuentros fueron flojos, con un mal porcentaje en los triples. En el último cuarto del tercer partido por fin vislumbramos al verdadero Curry, con 17 puntos (y 5 triples) en esos 12 minutos, aunque los Warriors perdieran. En el cuarto partido, con los californianos controlando el ritmo de juego, se volvió a ver más suelto al base. Y en el quinto, en el quinto simplemente fue él.

El MVP de la liga regular acabó el duelo con 37 puntos (7 de 13 en triples), 7 rebotes y 4 asistencias. Y los campeones del Oeste se impusieron a los del Este por 104 a 91, dejando la serie a su favor por 3 victorias a 2. Lebron James hizo otro partido monstruoso con 40 puntos, 14 rebotes y 11 asistencias, su segundo triple doble de estas finales. Pero la irrupción de Curry lo descompensó todo. Porque hasta ahora Lebron se había bastado para igualar la aportación anotadora conjunta de Curry y el otro “Splash Brother”, Klay Thompson. Con el base igualándole en anotación, los 12 puntos del otro hermano cayeron como una losa sobre los Cavaliers.

Los dos entrenadores mantuvieron la incógnita sobre sus cincos iniciales hasta el último momento. Steve Kerr perseveró en su apuesta por un equipo pequeño, con Andre Iguodala de titular en lugar de su pívot Andrew Bogut. El jugador más alto en pista de los Warriors, y pívot en funciones, fue Draymond Green: 2 metros pelados.  David Lee (2,05) estuvo 9 minutos en pista, Festus Ezeli (2,10) 3 en el inicio del último cuarto, y Bogut no jugó. David Blatt mantuvo su esquema clásico de inicio con Tristan Thompson (2,05) y Timofey Mozgov (2,15), pero el gigante se fue al banquillo tras 5 minutos de juego. Para entonces el equipo de casa había desarbolado la defensa de los de Cleveland con contraataques o rápidos cortes hacia canasta.

Prescindiendo del ruso, los de Ohio renunciaban a su segundo mejor anotador en estas finales. Lebron James, ya fuera de forma directa anotando personalmente o indirecta asistiendo a un compañero, fue responsable de 70 de los 91 puntos de su equipo. En los Warriors, Curry hizo 37 y pasó para otros 9 (5 de Iguodala, 2 de Barnes y 2 de Thompson). Draymond Green consiguió 16 puntos (además de 9 rebotes y 6 asistencias), Andre Iguodala 14 (y 8 rebotes, 7 asistencias y 3 recuperaciones) y Leandrinho Barbosa 13, además de los ya mencionados 12 de Klay Thompson. A los Cavaliers, los 19 de Tristan Thompson (y 10 rebotes) y los 14 de J.R. Smith se les quedaron cortos.

Con la entrada en pista precisamente de J.R. Smith por el gigante a los 5 minutos de partido, los del Este igualaron el marcador. Pasando también a modo “small ball” le acabaron de ceder el ritmo del encuentro a su rival, aunque se mantenían igualados en anotación. Smith, con 14 puntos antes del descanso, parecía por fin decidido a tener su gran noche en las finales. En Ohio es lo que esperaban de él para decantar la final a su favor, una noche tonta del tirador. Aún siguen esperando. Tras anotar su última canasta en juego en el tercer minuto del segundo cuarto, el escolta falló todos sus lanzamientos posteriores. Los primeros 24 minutos de juego acabaron con un marcador de 51 a 50. Una proyección de 100 puntos que difícilmente podrían mantener los visitantes.

En el tercer cuarto los Cavaliers se aplicaron en defensas de 2 contra 1 sobre Curry. El base, con una buena lectura de juego, se dedicó a asistir a sus compañeros. Además del MVP de la liga regular, en este período anotaron para los Warriors Greene, Iguodala, Klay Thompson, Harrison Barnes y un Barbosa que jugó unos excelentes minutos saliendo de refresco del banquillo.

Lebron James, por su parte, con una defensa que le negaba las aproximaciones a canasta, y sin demasiada energía para forzarlas, falló 5 de sus 6 intentos de canasta. Dellavedova sumó un triple. Suerte tuvo su equipo del tremendo trabajo de Tristan Thompson en la pintura. El ala pívot sumó 10 puntos en el cuarto, insuficientes para evitar que los de casa abrieran brecha (73-67), pero indispensables para evitar la rendición.

En el cuarto definitivo Blatt mantuvo 4 minutos en pista a Mozgov. Los Warriors hicieron daño con el bloqueo y continuación entre el hombre al que marcaba el ruso y Curry. Aún así, Lebron se multiplicaba en ataque.  Buscando bloqueos para quitarse de encima a Iguodala y quedarse en el cambio con Klay Thompson o Draymond Greene, la estrella de los Cavaliers fue responsable directa de los 17 primeros puntos de su equipo en este período (12 suyos y 5 tras asistencias a Iman Shumpert y Tristan Thompson).

En el bando rival Curry no estaba tan sólo gracias a la colaboración de Barnes, Greene y su “hermano” Klay. En los 5 últimos minutos la figura de los Cavaliers estaba exhausta. Andre Iguodala conectó 5 puntos seguidos y Curry remató la faena con 11 de los últimos 12 puntos de su equipo. El parcial en este tramo final del encuentro fue de 19 a 7. Blatt no pudo evitar la derrota ni recurriendo al hack-a-shaq sobre un Iguodala negado en los tiros libres (1 de 7 en estos minutos para un 2 de 11 total).

Cuando ser el mejor no es suficiente

En la rueda de prensa posterior al quinto partido, Lebron James se mostró confiado ante los periodistas de las posibilidades de su equipo para remontar la serie. “Tengo fe porque soy el mejor jugador del mundo. Así de simple”. Posiblemente sea cierto y en estos momentos no haya en todo el planeta un jugador más dotado para el baloncesto que Lebron. Pero este deporte es un juego de equipo. Y los Warriors son mejor equipo que estos mermados Cavaliers. Los de Oakland ganaron por 97 a 105 para proclamarse campeones de la NBA por 4 victorias a 2.

James estuvo en pista 47 minutos y se quedó a una asistencia del triple doble: 32 puntos (pero 13 de 33 en el tiro), 18 rebotes, 9 asistencias. Blatt se olvidó del experimento del quinto partido y volvió a darle minutos (33) a Timofey Mozgov, que acabó con 17 puntos, 12 rebotes y 4 tapones. Tristan Thompson le secundó en la pintura con 15 puntos y 13 rebotes. El naufragio estuvo en los exteriores. J.R. Smith sumó 19 puntos, pero 15 de ellos llegaron en el último cuarto con la situación muy cuesta arriba para los suyos. Entre Smith, Shumpert, Dellavedova y James Jones aportaron 33 puntos en una serie de 7 de 29 en los tiros de campo (4 de 16 en triples). Suerte de las faltas que les concedieron (15 de 21 en tiros libres). Por cierto, hablando de Smith, impresionante la forma en la que se desplaza por el pabellón antes y después de los partidos.

Por los Warriors Curry anotó 25 puntos, compensando su pobre 3 de 11 en triples con 6 rebotes, 8 asistencias y 3 recuperaciones. Andre Iguodala sumó los mismos puntos además de 5 rebotes y 5 asistencias. Draymond Green, quien se acordó de todos aquellos que le dijeron que nunca podría jugar en la NBA (como reconocí en el artículo de previa, yo tampoco lo veía muy claro), se marcó un triple doble: 16 puntos, 11 rebotes y 10 asistencias. Y saliendo del banquillo, Festus Ezeli y Shaun Livingston contribuyeron cada uno con 10 puntos más. Los Cavaliers dominaron el rebote (56 a 39), pero perdieron claramente en el balance de pérdidas/recuperaciones (16/3 por 9/11 de sus rivales).

A propósito de Ezeli, hay que reconocer que Steve Kerr es, en el fondo, un romántico. El ganador de 5 anillos como jugador (3 con los Bulls, 2 con los Spurs) y ahora uno en su temporada de debut como entrenador jefe ha destrozado el axioma de que los equipos campeones se construyen alrededor de un pívot dominante, pero no ha querido eliminar del baloncesto a los reyes de la zona. Su hombre alto jugó un total de 11 minutos muy productivos en el principio del segundo cuarto y el final del tercero.

En casa y ante su público, las huestes de Lebron empezaron mandando en el marcador, aunque fue un espejismo. Blatt puso a Mozgov a defender a Iguodala. El experimento concedió mucho espacio al alero visitante para atacar desde la media distancia, y provocó grandes desequilibrios defensivos. Los Cavaliers ganaban, pero porque los Warriors fallaban sus lanzamientos libres de marca desde el exterior. Una mala racha que no iba a durar toda la noche. Tres canastas seguidas de Curry le mostraron el camino a su equipo. Iguodala se sumó a la fiesta y las diferencias se dispararon hasta el 15 a 28 con que acabó el primer cuarto.

En los segundos 12 minutos la franquicia de Ohio consiguió trabar el juego y bajar el ritmo a pesar de que los californianos volvieron a jugar con 5 “pequeños”. Iniciaron una remontada culminada en el inicio del tercer cuarto, cuando para deleite de su parroquia los Cavaliers se avanzaban 47 a 45 de la mano del dominio en la pintura de Mozgov y Tristan Thompson. El ruso, además, fue un muro infranqueable en defensa en esta fase del partido.

Pero dos errores defensivos de los de Blatt dieron aire a sus rivales. Curry, objeto de constantes 2 contra 1 defensivos, se dedicó a buscar al compañero mejor situado. En defensa, los de Kerr cerraron su aro con ayudas sobre Mozgov o faltas contundentes para evitarle puntos fáciles. Los Cavaliers, que han tenido problemas en el lanzamiento exterior durante todas las finales, se colapsaron en ataque. Hasta el final de este tercer cuarto, sólo anotaron 4 de sus 17 tiros de campo. Con tantas facilidades, los del Oeste llegaron a tener hasta 15 puntos de margen.

El encuentro se rompió de forma definitiva en el último cuarto. Lebron James y Mozgov  sumaban en ataque y J.R. Smith parecía despertar anotando un triple. Los Cavaliers estaban a 7 puntos, de nuevo en el partido. Y entonces llegaron los 4 triples con los que el conjunto de Oakland construyó un parcial de 4 a 12. Kerr sentó a Iguodala para evitar que Blatt ordenase una lluvia de faltas sobre él. A 1:20 del final los Warriors ganaban de 12, y todos daban la final por sentenciada. Buenos, todos no. Ya con todo perdido y sin presión alguna, JR Smith consiguió tres triples más que alargaron la agonía de los suyos haciéndoles creer que aún tenían posibilidades. Tras maquillar su estadística personal  y poner a su equipo a 4 puntos faltando 33 segundos, a los Cavaliers se les acabó el acierto.

Un MVP inesperado pero lógico

Cuando empezaron las finales de la NBA, la apuesta fácil era situar como jugador más valioso a Lebron James o Stephen Curry en función de que equipo se llevase el título. La estrella de los Cavaliers ha estado a un nivel supremo en cuanto a números personales (a pesar de su mal porcentaje en el tiro), pero se ha tenido que conformar por segunda temporada consecutiva con el subcampeonato. Curry ha tenido chispazos, momentos de gran brillantez, pero sólo un partido completo a nivel de MVP, el quinto.

Los 11 votantes del premio podían optar por ser rompedores, y otorgar el galardón al mejor jugador del equipo perdedor. Sólo ha pasado una vez en la historia de la NBA. Fue en 1969. Los Boston Celtics ganaron su undécimo anillo en trece temporadas a costa de Los Angeles Lakers. El MVP fue para el angelino Jerry West con unos promedios de 37,9 puntos, 4,7 rebotes y 7,4 asistencias por noche. La media de Lebron James  ha sido de 35,8 puntos, 13,3 rebotes y 8,8 asistencias, siendo el único jugador de la historia en liderar las estadísticas de unas finales en estas tres categorías. Cuatro de los periodistas y analistas con derecho de voto se decantaron por él.

Los otros siete eligieron al jugador más decisivo del equipo campeón. Y éste no fue Curry,  ni un Klay Thompson  que no ha brillado en estas finales (algo de mérito tendrá su defensor principal, Iman Shumpert). El principal responsable en la pista del triunfo de los Warriors fue Andre Iguodala, el primer MVP de unas finales que no ha sido titular en todos los partidos de la serie. Los números del alero no son tan espectaculares como los de su rival: 16,3 puntos, 5,8 rebotes y 4 asistencias por partido. Pero su contribución sí. La decisión del técnico Steve Kerr de incluirlo en el quinteto titular a partir del cuarto encuentro varió por completo el desarrollo de las finales. Su defensa sobre Lebron ha sido modélica.

Es imposible evitar que el Rey de la Liga anote, pero la labor de Iguodala fue hacerle fallar el máximo número de tiros posibles y que aunque anotase, cada canasta le supusiera un desgaste físico que a la larga le dejase sin aire. Con el jugador de los Warriors en pista, James anotó el 38,1% de sus tiros. Con Iguodala en el banquillo mejoró hasta un 44%. Por segundo año consecutivo, el MVP de la Final ha sido el defensor de Lebron (en el 2014 fue Kahwi Leonard, de los Spurs de San Antonio). Lo cual, en el fondo, no deja de ser un reconocimiento más a los méritos de la estrella de los Cavaliers.

Las finales, un éxito en televisión

Las previsiones más optimistas de la NBA respecto a las audiencias televisivas de los partidos entre los Warriors y los Cavaliers no se han quedado cortas. Las finales han superado muy claramente los registros de los últimos años. La transmisión de la ABC de los dos primeros partidos fue vista en el 12,9% de los hogares de los Estados Unidos de América. En el tercero el rating subió hasta el 13,7% mientras que en el cuarto llegó hasta el 13,9%. El quinto rompió por dos décimas la barrera de los 14 puntos (14,2%). Eso equivale a 20 millones y medio de telespectadores.

Es la mejor cifra de espectadores desde el quinto y último partido de las finales del 2004 entre los Detroit Pistons y Los Angeles Lakers. En Cleveland, el porcentaje de seguimiento de este encuentro llegó hasta el 42,5% mientras que en la más poblada zona de San Francisco la cifra fue del 33,6%. Unos índices espectaculares teniendo en cuenta que a la misma hora HBO estaba pasando el capítulo final de la quinta temporada de un exitazo como “Juego de Tronos”.

La progresión no se detuvo, y en el sexto y último partido el porcentaje de hogares en Norteamérica enganchados al baloncesto subió hasta el 15,9%, 23,3 millones de telespectadores (más casi otro millón en el canal de internet de la ESPN). En Oakland/San Francisco el seguimiento fue del 40,7% mientras que en Cleveland subió hasta el 42%. Unas cifras nunca conseguidas por la ABC, que tiene los derechos de esta competición desde el año 2003. La media de espectadores por partido de toda la serie ronda los 20 millones, una cifra no alcanzada desde la última final que ganó Michael Jordan en 1998. Aquellas finales tuvieron un rating medio del 18,9% mientras que el de este año ha sido de un 13,9%. Jordan sigue siendo mucho Jordan.

Artículo publicado en http://www.encancha.com, junio del 2015

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