Los Angeles Lakers: las causas de un batacazo épico

24 Abr

Este último curso baloncestístico será recordado durante mucho tiempo en Los Angeles (aunque sus protagonistas directos preferirían olvidarlo). Intentaré acercaros a las causas de un fracaso difícil de superar en este artículo tan largo como la lista de despropósitos de los Lakers.

La temporada 2013-14 de Los Angeles Lakers sólo puede calificarse como desastrosa. El equipo ha marcado el peor balance de victorias y derrotas en la liga regular de la historia de la franquicia desde que esta parte de la temporada consta de 82 partidos. Sus 27 victorias por 55 derrotas les dejan con un porcentaje de triunfos del 32,9%, el segundo peor de sus 66 años de historia superado sólo por el 26,4% (19-53) de la temporada 1957-58 cuando los Lakers aún jugaban en Minneapolis.

Para saber cómo ha llegado el equipo a esta situación tenemos que remontarnos al final de la temporada 2012-13. La segunda versión de los Fantastic Four acabó en decepción. Los problemas físicos de unos y otros impidieron a Kobe Bryant, Pau Gasol, Steve Nash y Dwight Howard coincidir demasiados partidos en pista. La falta de química entre Bryant y Howard fue una rémora para el grupo.

La llegada de Mike D’Antoni al banquillo para relevar tras tan sólo 5 partidos a Mike Brown no solucionó nada. Kobe Bryant, con 34 años, elevó su juego hasta niveles inauditos en su larga carrera para meter al equipo en play offs. Y lo pagó rompiéndose el tendón de Aquiles al final de la liga regular. Tras la estampida de Howard que certificó el fracaso de un proyecto a corto plazo, los Lakers tenían que decidir hacía donde iba su futuro.

Los contratos de Kobe Bryant y Pau Gasol expiraban el 1 de julio del 2014. El de Steve Nash caduca un año más tarde, pero en el verano del 2013 no estaba claro si los problemas físicos del base le iban a permitir llegar en activo hasta esa fecha. Así que se decidió hacer una reconstrucción para la temporada 2014-15, intentando aprovechar las posibilidades de un draft a priori tan talentoso como el del 2014. La temporada 2013-14 se planteaba por lo tanto como un paréntesis en que simplemente se debía cumplir el expediente sin caer en el ridículo (objetivo no superado). Y bajo esta premisa se fichó.

Unos fichajes baratos

Con Bryant y Gasol absorbiendo casi 50 millones de dólares del presupuesto para nóminas, se aligeró gastos amnistiando a Metta World Peace. Las grandes apuestas de la temporada 2013-14 fueron Chris Kaman (con un sueldo de 3,2 millones) y Nick Young (cobrando poco más de 1 millón). Kaman, un pívot veterano descontento con los minutos de que disponía en los Mavericks, fue fichado para apuntalar el juego interior mientras Gasol estuviera en el banquillo. Y Young, un escolta cuya carrera había discurrido mayoritariamente en equipos secundarios, fue contratado para liderar la anotación de la segunda unidad de los Lakers.

El resto de incorporaciones de pretemporada de la franquicia aún fueron menos ilusionantes para sus aficionados. Se recuperó a Jordan Farmar tras dos temporadas en los Nets (aún de Nueva Jersey) y otra en el Anadolu Efes turco. Y se apostó por tres jugadores que habían dado muestras de talento en la NCAA, pero que no habían explotado en la NBA: Xavier Henry, Wesley Johnson y Shawne Williams. Ninguno de los cuatro superaba el sueldo de Young. Los dos rookies de la temporada fueron Ryan Kelly y Elias Harris. Williams y Harris han sido cortados antes del final de la liga regular (Williams fue repescado temporalmente a causa de las lesiones). Y a excepción de Nick Young, que tiene la opción de prolongar su contrato, todos firmaron por una temporada.

Con este roster inicial quedaba claro que el peso del equipo lo debían llevar las estrellas supervivientes de la temporada anterior, y los recién llegados asumirían un rol muy complementario a excepción tal vez de Young. Su misión era acompañar al trío compuesto por Nash, Kobe y Pau, que eran los que marcarían las posibilidades reales del equipo. La corta duración de los contratos de la mayoría de jugadores, en lugar de subir la competitividad en pista del bloque, ha acentuado su descomposición en el tramo final de la liga regular (como veremos más adelante) ante la ausencia de las tres figuras.

La plaga de lesiones

El esquema inicial de Los Lakers se desmoronó al tiempo que lo hacía la salud de sus piezas básicas. Kobe Bryant, tras pasar por el quirófano a mediados de abril, reaparecía el 8 de diciembre ante los Raptors. El equipo no estaba entre los ocho mejores del Oeste, pero tenía a tiro los playoffs. Nueve días después, el 17 de diciembre, la estrella de la franquicia se fracturó la rodilla izquierda ante los Grizzlies en su sexto partido. Tras meses de especulaciones sobre un posible retorno a las canchas esta misma temporada, en marzo los Lakers confirmaban que Bryant no volvería a jugar hasta después del verano.

Steve Nash se había fracturado el peroné en noviembre del 2012. La lesión no curó bien dejándole un nervio pinzado, y tras jugar los 5 primeros partidos de esta temporada se resintió con dolores en el pie y la espalda. Hasta el 4 de febrero no volvió a saltar a la pista, y sólo pudo aguantar 4 enfrentamientos antes de volver a la enfermería. No jugó de nuevo hasta el 21 de marzo, para dar por concluida su temporada el 8 de abril. En total, 15 partidos disputados. Con 40 años, ha anunciado que piensa cumplir el año que le queda (no quiere renunciar a sus 9,7 millones de dólares y está en su perfecto derecho, no obligó a nadie a firmarle el contrato).

Pau Gasol ha sido el miembro del trío básico con más salud, aunque eso no quiere decir que se haya librado de lesiones de toda índole. Empezó la competición con problemas respiratorios, luego tuvo molestias en un tobillo y una muñeca, en febrero se lastimó un abductor para acabar con el vértigo que se le originó el 23 de marzo y que le impidió disputar 12 de los últimos 13 partidos de la liga regular. El catalán ha disputado 60 partidos esta temporada (no es una mala cifra), pero habría que preguntarse en que condiciones ha saltado a la pista en alguno de ellos.

Las lesiones de los jugadores principales han venido acompañadas de las del resto de compañeros. Durante una fase de la competición los Lakers se quedaron sin un base puro porque además de Nash, Steve Blake y Jordan Farmar también estaban fuera de combate. Xavier Henry ha acabado con problemas en la muñeca y la rodilla derechas que le obligaran a pasar por el quirófano este verano. Y todas ellas sumadas a los percances habituales para los profesionales de este deporte. Ningún miembro de la plantilla ha disputado los 82 partidos de la Liga regular. Wesley Johnson se ha acercado mucho (79), seguido por Jodie Meeks (77) y Jordan Hill (72). Son los tres únicos que han participado en al menos 70 encuentros.

El colmo del esperpento llegó el 6 de febrero, en un triunfo ante los Cavaliers (108-119) que rompía una racha de 7 derrotas. Los Lakers se presentaron al encuentro con tan sólo 8 jugadores disponibles, pero durante el enfrentamiento perdieron a Nick Young (pequeña fractura de la rótula izquierda) y Jordan Farmar. Al inicio del último cuarto, Chris Kaman fue eliminado por personales. Y a 3:30 del final, Robert Sacre cometía su sexta falta. Los Lakers no se quedaron con 4 jugadores en pista porque la NBA tiene una regla que permite al infractor seguir en el juego, pero castiga a su equipo con una técnica por cada personal posterior a la quinta que se le señale (acumulable con los lanzamientos de tiros libres de la falta).

 

El entrenador

Mike D’Antoni se ha llevado la peor parte de las críticas a los Lakers por su nefasta temporada. Debemos reconocer que tiene gran parte de la culpa, aunque no toda. En todo caso, su continuidad para la próxima campaña está justificadamente en el aire (algunos rumores lo situan en el baloncesto universitario de los USA). D’Antoni es un entrenador que casualmente dio con la pócima mágica del buen baloncesto en los Phoenix Suns la temporada 2004-05, pero que ha sido incapaz de repetir la receta en los Knicks y ahora en California.

Si el italo-americano puede aducir las lesiones y la personalidad de las estrellas a sus órdenes como excusa para su fracaso en el  desarrollo de su modelo ofensivo basado en la cooperación en la pista y la circulación de balón, sólo la primera de estas razones le puede servir para ayudar a justificar el colapso defensivo de los Lakers. Con 109,2 puntos encajados de media sus hombres han sido los segundos peores defensores de la Liga, por delante únicamente de un equipo diseñado a conciencia para perder, los Sixers (109,9).

En diciembre, durante una racha de 6 derrotas, sus rivales llegaron a la centena de puntos en cinco ocasiones. Tras dos partidos de respiro el equipo volvió a las andadas a principios de año permitiendo a sus contrincantes anotarles 100 puntos o más en 16 partidos consecutivos de los que sólo ganaron 2. Esta fue su racha más larga, pero no la única (hay una de 11 y otra de 9 posteriores). Hasta llegar a unos meses de marzo y abril encajando cifras desmesuradas (el tope son los 145 de los Rockets el 8 de abril).

 

Los de D’Antoni pasaban de defender para dedicarse a atacar (promedio de 103 puntos), con lo que por lo menos los partidos eran entretenidos. La mayoría de sus jugadores (11 de 15) no tienen contrato garantizado para la siguiente temporada, y el equipo se deshizo ante la necesidad de sus jugadores de exhibirse. Como declaró Kent Bazemore, “cada vez que saltas a la pista es un casting. Probablemente haya muchos equipos mirándote”. La principal víctima de esta situación fue la defensa.

Pero el fallo capital del aún entrenador de Los Lakers ha sido no saber reconducir sus malas relaciones con Pau Gasol de la temporada 2012-13. Tal como ocurrió entonces, los reproches no se han quedado en la discreción del vestuario y han saltado a las pantallas de televisión y a las páginas de los diarios. Un error imperdonable teniendo en cuenta que el de Sant Boi era la única estrella que le quedaba más o menos sana a D’Antoni. Quizás el entrenador era consciente del interés del equipo en traspasar al ala pívot y se dedicó a tensar la cuerda, pero eso no ayudó a motivar a aquel que debía tirar del carro.

Pau Gasol se quejaba de que los sistemas ofensivos de su técnico le alejaban demasiado del aro y no le dejaban explotar sus cualidades. D’Antoni, por su parte, acusaba al catalán de no jugar duro. Gasol, en su último año de contrato, dejaba entrever que si los Lakers querían retenerle debían cambiar de entrenador. La llegada de Kent Bazemore y Marshon Brooks en la segunda mitad de la liga regular provocó el último episodio público de sus divergencias por las críticas de Pau respecto al excesivo protagonismo y minutos que D’Antoni otorgaba en su opinión a los dos recién llegados. El ala pívot creía que daba una imagen de falta de disciplina.

La gerencia

Jerry Buss convirtió a Los Lakers en una máquina de hacer dinero. Tras su muerte el 18 de febrero del 2013, se ha convertido en el campo de batalla de dos de sus herederos, sus hijos Jim y Jeannie (por cierto, la pareja de Phil Jackson). Jim ha asumido la gestión deportiva, hasta el momento sin grandes resultados. La temporada pasada, con el público del Staples Center reclamando el retorno de Phil Jackson, y con el técnico dejándose querer, fichó a Mike D’Antoni. La relación con su cuñado no es nada buena.

Sus fichajes de principio de temporada forman parte del plan de reconstrucción que tiene en mente, y que ejecutará el director general Mitch Kupchak. Por el momento, sólo 3 (Kobe, Nash y Robert Sacre) de los 15 jugadores de la plantilla tienen contrato en vigor para la próxima temporada, además de Nick Young que tiene una opción firmada de decidir si se queda o se va. Sabiendo que eran incorporaciones de corta duración, no se ha gastado mucho dinero en construir un equipo sin margen para superar los contratiempos de la competición. Y cuando éstos han  llegado, no ha sabido (o no ha querido) reforzar de forma adecuada la plantilla.

Un año más, Pau Gasol ha estado en el mercado. Y un año más ha acabado la competición en Los Angeles. Es muy difícil traspasar a un jugador con un sueldo de 19,3 millones de dólares, pero la franquicia estuvo a punto de conseguirlo. Y además, en una buena operación desde el punto de vista económico con los Cavaliers (traspaso por Bynum, que podía ser cortado a “bajo coste” aligerando el apartado salarial). El problema es que cerrar el traspaso de tu mejor jugador en activo implicaba reconocer abiertamente que los Lakers hacían tanking. La gerencia intentó nadar y guardar la ropa al pretender incluir a Dion Waiters en el intercambio, lo que dio al traste con el trueque.

En lugar de la operación anterior, la gerencia envió a Steve Blake a los Warriors a cambio de Kent Bazemore (otro que debe pasar por el quirófano este verano) y Marshon Brooks. Mientras que el segundo ha aceptado un rol totalmente secundario, Bazemore asumió muchas responsabilidades ofensivas dando pie a un episodio más de la guerra entre Gasol y D’Antoni. La otra incorporación permanente ya empezada la temporada ha sido la de Kendall Marshall. El base, por los menos, ha recuperado algunos guarismos en asistencias que no se veían en Los Angeles desde la época de Magic Johnson.

 

¿Y ahora qué?

La renovación de Kobe Bryant es el primer movimiento de futuro del equipo. Seguramente el precio sea excesivo (48,5 millones de dólares por las dos próximas temporadas para un jugador que tendrá 36 años cuando vuelva a disputar un partido oficial), pero era un paso indispensable para la reconstrucción del bloque. Kobe es el gancho para atraer estrellas a Los Angeles (tal como hizo Wade en Miami con Lebron y Bosh).

 Las figuras son egoístas y quieren ganar anillos, no pasarse unos años en blanco en un proyecto de futuro incierto. Bryant es su garantía de que vale la pena ir a Los Lakers. Además, su edad le configura como un jugador próximo a dar el relevo. El primero que llegue puede ser el siguiente referente del equipo con más glamour de la NBA. Otro aliciente es los californianos tendrán una buena elección en primera ronda del draft por su mala clasificación de este año, lo que asegura la llegada de talento “barato”.

Los Lakers se han preparado a conciencia para este verano, y tendrán mucha masa salarial libre para fichar. Por dinero no será, a pesar de ser candidatos a pagar el recargo del impuesto de lujo para equipos reincidentes (aquellos que han superado el tope salarial en cuatro de las últimas 5 temporadas). El primer nombre de su lista parecía ser Carmelo Anthony, viendo como sus esfuerzos en los Knicks son en balde. La llegada de Phil Jackson a la presidencia del equipo de Nueva York puede evitar la salida del jugador (una nueva afrenta entre cuñados).

La siguiente decisión en importancia es qué hacer con Pau Gasol y Mike D’Antoni. Conservar a los dos es imposible, así que Jim Buss tiene que decidir con cual de los dos se queda, si es que se queda con alguno. Kobe ha apoyado públicamente a Pau, pero la renovación de su contrato ha dejado muy poco margen económico a su amigo. Si hay oferta de los Lakers, la rebaja de sueldo será sustancial. Aunque tampoco se espera que las proposiciones que reciba de otras franquicias vayan a estar a la altura de su contrato aún vigente. El factor determinante del tema puede ser el jugador que llegue en la primera ronda del draft.

En todo caso, el horizonte está claro. Jim Buss ha prometido que si en tres o cuatro años el equipo no retoma el camino del éxito dejará las decisiones deportivas en manos de otro: “No sé si te puedes despedir a ti mismo si eres propietario del equipo…pero lo que quiero decir es que me iré”. Retomar el camino del éxito implica luchar por títulos. Por tanto, estamos hablando de plantarse de nuevo como mínimo en la final de la Conferencia Oeste. Su marcha en caso de fracaso no es garantía de nada. Si tiene el mismo criterio eligiendo ejecutivos para reemplazarle que entrenadores, la reconstrucción puede durar muchos años.

 

Publicado en http://www.encancha.com, abril 2014

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