NCAA: El caso Smart y las normas de buena conducta

13 Feb

La estrella de los Oklahoma State Cowboys Marcus Smart ha sido castigado con 3 partidos de suspensión por empujar a un aficionado en la pista de Texas Tech. El comportamiento del seguidor rival ha sido tan cuestionado como el del propio jugador.

Este pasado fin de semana el base de los Oklahoma State Marcus Smart perdió los nervios y empujó a un espectador. Con los Cowboys atravesando una mala racha y a punto de perder ante Texas Tech, el base intentó taponar la entrada de un rival en los compases finales del partido. Fruto de su impulso, fue a caer a los pies de los aficionados situados tras su canasta. Al levantarse, Smart se encaró con un maduro seguidor al que empujó.

La estrella de Oklahoma State no fue castigada con la expulsión inmediata por unos árbitros que, superados por una situación totalmente anómala en la NCAA, resolvieron el tema con una técnica. Smart, escoltado hasta el banquillo por sus compañeros, seguia fuera de si mientras el juego continuaba. Totalmente indignado, afirmaba haber sido insultado.

El jugador en un primer momento comentó en el banquillo que había oído la palabra “nigger” Aunque en inglés es sinónimo de “black” que significa negro, “nigger” es la versión despectiva mientras que “black” vendria a ser un termino más neutro. Por hacer una versión aproximada en castellano, estaríamos diferenciando entre “negro” y “negrata” (o “negro de ……”).

El incidente no llega en el mejor momento para un jugador que la temporada pasada renunció a presentarse a un draft de la NBA en la que las previsiones le daban como una de las cinco primera elecciones. El que tenía que ser un curso triunfal se le está complicando. En las últimas semanas se le ha señalado como un asiduo prácticante del flopping. Y por si este sanbenito fuera poca cosa, Oklahoma State ha empezado a encadenar derrotas (el equipo cayó del Top 25 de AP con posterioridad al partido contra Texas Tech). En la derrota contra West Virginia un Smart muy nervioso se desahogó con una silla en el banquillo.

Jeff Orr, el aficionado agredido por Smart, admitió en una disculpa pública que había insultado al jugador, pero negando cualquier matiz racista. Según su declaración, se había dirigido al base como “pedazo de mierda”. Al poco de conocerse la identidad del acérrimo seguidor de Texas Tech que viaja cada temporada miles de kilómetros para ver los partidos del equipo, aparecieron en twiter (la mejor agencia de noticias de nuestros días, y además gratuíta) mensajes de antiguos jugadores que recordaban comportamientos abusivos por parte del “Super Fan” de Texas Tech.

Desmond Mason, un ex de Oklahoma State con una larga carrera NBA (11 temporadas), no recordaba específicamente a Orr pero si los insultos raciales que recibía cada vez que visitaba la cancha de Texas Tech. John Lucas III, miembro de los Cowboys que llegaron a la Final Four en 2004, si que se acordaba del “Super Fan” y sus insultos. Y rebuscando en youtube (si la imagen existe, está allí), ha reaparecido este mate de Brian Davis (Texas A&M), de febrero de 2010. Fijaos bien en el aficionado que hay tras la canasta y sus gestos. ¿Adivinais quien es?

El jugador ha contado con la comprensión, que no justificación, de técnicos como Jim Boeheim (Syracuse), Billy Donovan (Florida), Tom Izzo (Michigan State) y John Calipari (Kentucky). El técnico de Kentucky recuerda un incidente de esta misma temporada en Arkansas, cuando un aficionado se encaró de forma amenazante con uno de sus jugadores. El Wildcat no perdió los estribos, se dio la vuelta y allí no pasó nada. Bill Self, el entrenador de Kansas, tiene su remedio para estos casos: comunicación cero con los aficionados.

La normativa NCAA es muy clara respecto a la conducta del público. Los responsables del equipo local deberán expulsar de sus instalaciones a aquellos espectadores que se excedan en su actuación. Es similar a la de la mayoría de competiciones deportivas ¿Pero donde está el límite? El típico eufemismo de “pista muy caliente” esconde en realidad comportamientos muy poco civilizados en muchos casos. Como los vividos en competición europea antaño en algunas canchas griegas. Y no todos los jugadores son capaces de reaccionar con frialdad.

En España se recuerda el incidente de Earl Williams, jugador del Maccabi de Tel Aviv. Fue en 1983, durante un partido contra el Real Madrid. Tras recibir el impacto de una moneda, subió a las gradas a “devolvérsela” al espectador que se la había arrojado. Claro que para salidas de tono sonadas, la de Metta World Peace (aún conocido en aquella época como Ron Artest), Stephen Jackson y Jermaine O’Neal el 19 de noviembre del 2004.

En un partido muy caliente en la pista de los Detroit Pistons, y tras un altercado con el local Ben Wallace, el entonces jugador de los Pacers Metta World Peace recibió el impacto de un vaso de cerveza lanzado por un aficionado. Y el alero saltó, yéndose a por él. Stephen Jackson le acompañó en su viaje al caos, mientras algunos espectadores se sumaban al alboroto. El resultado fue una tangana monumental en la que también tuvo su momento estelar Jermaine O’Neal. La NBA sancionó con dureza a los tres jugadores por estos lamentables hechos.

Metta World Peace ha sido precisamente uno de los que se ha pronunciado sobre el empujón de Smart a Jeff Orr. El ahora jugador de los Knicks cree que este incidente le servirá de lección al base de Oklahoma State, le enseñará como tratar con los aficionados rivales en pistas hostiles. Y teniendo enseñada a una de las dos partes, nos queda la otra parte del problema: ¿cómo enseñar a los seguidores más exaltados a comportarse?¿cómo explicarles que pagar una entrada no te exime de seguir las normas básicas de la civilización?¿donde se establece el límite entre animar a tu equipo e intimidar al rival, y atacar su dignidad personal?

El mero hecho de pagar una entrada nos da derecho a acceder a un recinto y presenciar un espectáculo. A animar a nuestro equipo, aplaudir las jugadas que nos gustan y silbar las que no. Y es comprensible algun estallido verbal (y como todos los estallidos, sin continuidad) de mal genio ante una decisión arbitral que no nos ha gustado, un comportamiento antideportivo de un jugador rival o un lance desfavorable del juego. Y poca cosa más. Porque pagar una entrada no debe ser nunca un salvoconducto hacia la mala educación.

La primera iniciativa en este sentido la ha tomado la Universidad de Indiana. Todos los espectadores de las primeras filas del enfrentamiento contra Penn State hallaron en sus asientos un recordatorio de normas de buena conducta, entre las cuales no levantarse con el juego en marcha, no interferir con el desarrollo del partido, no entrar en la pista ni lanzar objetos (sea hacia la pista o cualquier otro punto de la instalación) y respetar a los árbitros, técnicos, jugadores y aficionados rivales. Normas básicas de comportamiento que por desgracia cada vez olvida más gente.

artículo publicado en http://www.encancha.com, febrero 2014

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