NBA: El adios de David Stern

1 Feb

David Stern se jubila. Después de 30 años como comisionado de la NBA, Stern pasará el testigo a su segundo de a bordo, Adam Silver. Asumió el cargo en un momento crítico de la Liga, y ahora la deja saneada y con el futuro bien asegurado.

El 1 de febrero 1984, cuando David Stern fue nombrado comisionado de la  NBA, la competición tenia graves problemas, económicos y deportivos. En el aspecto financiero, la liga estaba casi en quiebra. En el deportivo, las drogas (y no me refiero al dopaje, más o menos consentido durante mucho tiempo) campaban a sus anchas en los vestuarios de los diferentes equipos. Un artículo de “Los Angeles Times” publicado en 1982 aseguraba que el 75% de los jugadores de entonces eran drogadictos. Probablemente exageraba el porcentaje, pero la presencia de cocaína y heroína era innegable. Y claro, esta mala fama aún hacía más difícil encontrar patrocinadores para reflotar el negocio.

Como buen especialista en marketing, Stern sabía que el producto necesitaba un buen lavado de cara para salir adelante. Limpió los vestuarios de camellos y adictos expulsándolos de la competición. Algunos acabaron jugando en Europa (Michael Ray Richardson). Especialmente sonado fue el caso de los Houston Rockets, con dos positivos de cocaína (uno era Mitchel Wiggins, cuyo hijo Andrew es uno de los candidatos a ser el número 1 del draft del 2014). Y una vez aseada la liga, tocaba promocionarla usando a sus estrellas como ganchos publicitarios.

El comisionado se encontró con una hornada de jugadores excepcionales, recien llegados a la liga. Pero la suerte puso en sus manos algo especial, que supo explotar a conciencia: la rivalidad entre Magic Johnson y Larry Bird, dos jugadores dotados de un gran carisma personal. Se podría haber decantado por Olajuwon y Ewing, pero las finales las jugaban Lakers y Celtics. No sólo era un enfrentamiento individual, sino de dos conceptos. Por Magic, la alegría y el espectáculo, el famoso showtime. Por los Celtics de Bird, el control, la sobriedad y la eficacia. Una reedición de la primera gran rivalidad de la NBA entre dos jugadores que representaban los mismos arquetipos, Wilt Chamberlain y Bill Rusell.

Los años 90 pertenecen a Michael Jordan y sus Chicago Bulls. Seis anillos en ocho años. Los más recordados son los dos últimos, ganados en unas épicas finales contra los Utah Jazz. Otra contraposición de dos ideas. El juego de bloque de los Jazz contra la genialidad individual de Jordan. No es que el equipo de Utah no tuviera individualidades (el duo Stockton-Malone, y Byron Rusell como el villano defensivo que perseguia a la estrella rival), ni que MJ jugase solo (Pippen, Kukoc, Kerr, Rodman…), pero esa era la idea que había que difundir.

En los tres títulos de los Lakers de los años 2000, 2001 y 2002, era muy difícil vender un gran duelo como gancho. Primero, porque el rival de las finales fue distinto en los tres títulos. Y segundo, porque los enemigos de verdad compartían vestuario, Shaquille O’Neal y Kobe Bryant. Una relación que se fue envenenando con los años y que acabó explotando tras la derrota en las finales del 2004.

El draft del 2003 parecía que iba a marcar el inicio de una nueva rivalidad con la llegada de Lebron James y Carmelo Anthony. Stern puso al departamento de marketing a trabajar. Pero ni los Cleveland Cavaliers de Lebron daban la talla en lo deportivo ni Carmelo Anthony en lo tocante al carisma personal de una estrella. Y mientras tanto, ganaban la liga los antipáticos Spurs de San Antonio de Tim Duncan (el jugador con más clase y menos encanto mediático de la historia) y los Lakers de Kobe Bryant (odiado y respetado por los aficionados al 50%). Y las audiencias de televisión se resentían….

El año 2007 llegó Kevin Durant a la liga. Lebron James por fin tenía un rival de su talla. Los Oklahoma City Thunder empezaron a construir un equipo campeón con Durant de estrella, y James dejó los Cavaliers para fichar por el proyecto ganador de los Miami Heat. Un proceso que culmina con los dos equipos jugándose el campeonato en las finales del 2012.

La temporada pasada la lesión de Russell Westbrook apartó al equipo de Oklahoma de una nueva final. Lebron James pudo ocupar el trono de rey que la NBA le tenía reservado tras ganar su segundo anillo. Y Kevin Durant vio su estrella palidecer. Pero fue una experiencia de la que extrajo valiosas enseñanzas que aplica esta temporada.

Con Russell Westbrook de nuevo lesionado a finales de diciembre, el jugador franquicia de los Thunder ha puesto el listón muy alto este enero en la lucha por el MVP de la Liga Regular. Ha llevado a su equipo hasta el liderato del Oeste. Tras anotar en dobles figuras en todos los encuentros que ha disputado en la presente temporada, ha pasado de los 30 puntos en sus últimos 12 partidos jugados. Contra los Warriors se fue hasta los 54. Su promedio anotador del primer mes del 2014 es de 36,6 puntos por partido.

Stern se marcha tranquilo porque sabe que se lo deja todo atado y bien atado a su sucesor, Adam Silver. Tras dos cierres patronales, ahora hay un convenio colectivo en vigor hasta el 2017, que ha contentado a los propietarios de los equipos más modestos económicamente hablando (y que fueron los más intransigentes durante las negociaciones del último acuerdo entre patronal y jugadores). Y vuelve a tener una buena rivalidad en la pista para atraer espectadores. Ha cerrado el círculo.

 

publicado en http://www.encancha.com, enero 2014

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