Los Pistons, una división acorazada en Detroit

15 Nov

En los tiempos del small ball, del baloncesto con jugadores pequeños, Detroit se rebela contra el pensamiento único. En la Motor City nace la gran herejía en la iglesia del profeta Lebron James. Con un primer mandamiento claro, centímetros al poder.

En 1988 los Pistons dieron un primer aviso, plantándose en las finales de la NBA. Una inoportuna lesión de tobillo del base Isiah Thomas les privó de ganar el primer anillo de su historia ante los Lakers. El equipo de Detroit obtuvo su venganza en la temporada siguiente (privando a los Lakers de un ansiado three-peat) y repitió anillo en 1990, barriendo a los Blazers en 5 partidos.

Sus dos anillos sirvieron de epitafio a un tipo de baloncesto alegre, abierto, que premiaba a los jugadores virtuosos por delante de los físicos, y cerraron la rivalidad de los dorados 80 entre Lakers y Celtics, entre Magic Johnson y Larry Bird, que salvó a una NBA en bancarrota y posibilitó la expansión internacional de la competición.

Aquellos Pistons jugaban un baloncesto duro en defensa y sobrio en ataque, sin concesiones ni al rival ni a la galería, donde los jugadores más virtuosos eran traspasados (Adrian Dantley) o salían en la segunda unidad (James “Buda” Edwards, John Salley). A excepción de su estrella Isiah Thomas, el genio del taller mecánico, el único al que se le permitía salirse del guión. Y del maestro artillero Dumars, que era intocable.

El año 2004 consiguieron su tercer campeonato manteniendo su personalidad de equipo aguerrido en defensa, sin grandes estrellas, con un juego colectivo serio y poco dado al espectáculo. Derrotaron en las finales a un equipo con una filosofía totalmente opuesta, los Lakers de los primeros 4 Fantásticos (Shaquille O’Neal, Kobe Bryant, Karl Malone y Gary Payton). Monos azules de trabajo contra camisas de seda italianas.

La temporada siguiente volvieron a llegar a la final, para ser derrotados por otro equipo aún más efectivo y menos efectista que ellos. Los Pistons alargaron la serie hasta el séptimo partido, pero no pudieron evitar la derrota ante los San Antonio Spurs, un bloque con el glamour de un reloj de cuco y la fiabilidad de unos mecanismos suizos.

De vuelta al taller

Aquel equipo campeón fue languideciendo a medida que sus jugadores envejecían y la franquicia era incapaz de atraer estrellas o jóvenes prometedores para renovarlo. Y se quedó obsoleto. Pasó de llegar a las finales de conferencia a vivir los playoffs por televisión. Hasta el verano pasado, con la elección de Andre Drummond en el draft, y este verano, con la llegada de Josh Smith y Brandon Jennings.

Los Pistons están diseñando un prototipo que vuelve a ir contra la moda. En lugar de construir un modelo ligero, de líneas elegantes, rápido, con una aceleración que quite el aliento , en la Motor City sacan al mercado un vehículo pesado, sólido, con poco reprise pero mucho recorrido. Mientras los demás buscan deportivos, ellos construyen un tanque.

El cinco inicial del equipo de Detroit apuesta por los centímetros, alineando juntos a un Josh Smith que al fin ve realizado su sueño de jugar de 3, un Greg Monroe que recupera el juego del 4 clásico de toda la vida, anterior al ala pívot triplista, y un Andre Drummond que a poco que se descuide Dwight Howard puede arrebatarle el título oficial de Coloso de la zona. Junto a ellos, Chauncey Billups (MVP de las finales del 2004) para poner orden y rigor, y Brandon Jennings para poner el toque de fantasía en este vehículo acorazado del baloncesto.

A diferencia de los Rockets, en que Howard y Asik no comparten demasiados minutos, los Pistons buscan explotar al máximo su combinación de gigantes. Contando que la mayoría del tiempo que Billups está en pista lo hace para evitar la congestión en la zona ante la presencia de tanta maquinaria pesada, y que su media de minutos es de 22 por partido, podemos hacernos una idea del rato que convive en juego el trío interior.

 Si vemos que ninguno de los tres baja de los 30 minutos por partido, comprobaremos que durante la mayor parte de los enfrentamientos el entrenador Maurice Cheeks procura mantener siempre en activo a dos de ellos. La rotación interior la completan Charlie Villanueva y el sueco Jonas Jerebko. Muchos centímetros y kilos en la pintura. Y Kyle Singler como alero reserva.

En las jugadas ofensivas, Smith y Monroe tienden a crearse sus propios lanzamientos. Sea penetrando desde la línea de 3 como el alero, o jugando de espaldas desde 4-5 metros como el ala pívot. Drummond, por su parte, explota al máximo su talento para hacerse invisible (a pesar de su enorme humanidad) y reaparecer ante los sorprendidos defensores para aprovechar la asistencia de alguno de sus compañeros o hacerse con el rebote.

El motor no acaba de carburar

A pesar de ser un proyecto prometedor, el diseño del nuevo vehículo aún presenta problemas sin resolver. Después de 7 partidos, presentan un balance poco satisfactorio de 2 victorias y 5 derrotas. Han caído contra rivales de un status superior (Memphis Grizzlies, Indiana Pacers, Oklahoma City Thunder, Portland Trail Blazers y Golden State Warriors) y han ganado a los equipos de “su” liga (Washington Wizards, Boston Celtics).

Con su composición de jugadores, los Pistons son por fuerza un equipo poco veloz. Su ritmo en transición es pausado, para permitir a sus torres posicionarse. Y su ritmo de recuperación en defensa es lento, uno de sus puntos débiles. ¿Cómo se supera esta desventaja? Pues atacando con cabeza (para eso está Billups) y dificultando la salida rápida con balón por parte del rival yendo con confianza al rebote en ataque (el equipo de Detroit es el que más rechaces captura en el aro rival), lo cual además te concede segundas opciones de anotar.

En defensa, Drummond se convierte en el eje central para cerrar el aro ante las embestidas rivales, secundado en esta tarea por el resto de sus compañeros (aunque en rebotes totales son el 22 de 30). Los Pistons plantean una defensa con ayudas, cambios sin problemas en los bloqueos, e intentando no conceder canastas fáciles a los rivales negando pasillos y utilizando mucho las manos (son el equipo que más balones recupera esta temporada). Sufren ante enemigos rápidos y con mucha movilidad. La segunda ayuda aún no llega cuando su rival circula el balón, pero eso puede solucionarse con tiempo y trabajo.

El estilo de juego del bloque es heredero directo del que hizo campeones a los Pistons en 1989, 1990 y 2004. Un base imaginativo, un juego interior rocoso, una defensa sólida y un ataque más efectivo que efectista. Y sin embargo, le falta algo de aquellos equipos campeones: el tiro de Joe Dumars o Richard Hamilton. Al tanque le falla el cañón. Su juego ofensivo está descompensado, con poca aportación desde el lanzamiento exterior.

Porque el verdadero problema de este equipo es la falta de anotadores fiables desde el exterior que aprovechen los espacios que generan los jugadores interiores. Jennings es un gran anotador, pero no es un buen lanzador exterior. A Billups, camino de la reserva,  se le acaba la gasolina. Stuckey hasta ahora no ha sido un buen triplista. Josh Smith está a medio camino entre un cuatro con buen bote y un tres sin muñeca. Y Kyle Singler este año no encuentra su tiro.

 Los tiradores de élite son unos especialistas muy buscados en la NBA. La Motor City tendrá que rascarse el bolsillo, desprenderse de alguna de sus piezas o confiar en el draft de este año para conseguir el último engranaje en un mecanismo que con tiempo y paciencia puede llegar a ser un proyecto alternativo al small ball. Son muchos los que se pican con un deportivo, pero sólo a un chino en Tian’anmen se le ocurriría ponerse delante de las orugas de un tanque.

 

publicado en http://www.encancha.com, noviembre 2013

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