Esos locos bajitos

10 May

En un deporte dominado por los centímetros, en plena carrera alcista en busca de jugadores cada vez más altos que sean capaces de moverse con plena desenvoltura, aún quedan románticos apegados a la tierra, con vértigo a las alturas. Son los “locos bajitos” que no llegan al metro ochenta.

Primer partido de las semifinales del Este en Miami, entre los Heat y unoos Bulls diezmados por las lesiones. Los de Chicago, de forma sorprendente, llegan vivos y con opciones al final del partido. Y en esos momentos es cuando se agiganta la diminuta figura (dentro de una pista de baloncesto, claro está) de Nate Robinson. El base anota las dos últimas canastas de los Bulls, que le roban el factor pista a los Heat.

La recta final de la Liga Regular y estos primeros partidos de los playoffs han servido para que el menudo jugador de los Bulls de Chicago reivindique sus cualidades baloncestísticas, que no son pocas. Y haga méritos para seguir jugando en la NBA, algo que muchos le han negado por su estatura. Porque Robinson infringe una ley no escrita de la Liga, la de los seis pies (pasado al sistema métrico decimal, un metro y ochenta y tres centímetros).

Esta es la altura mínima oficiosa (que no oficial, porque no hay ningún apartado del convenio de la NBA o de la reglamentación del juego que lo especifique) que debería tener un base para hacerse con una plaza en un equipo. Para un escolta nos iríamos al metro y noventa y tres centímetros, y un alero debería rondar los 2 metros. Se espera que los interiores superen esa altura, aunque un “center” como Dios manda debe llegar a los 7 pies (2,13).

El rey de los mates

Todas las reglas tienen sus excepciones. Y en este caso se hacen mucho más evidentes entre los bases, los pequeños en un mundo lleno de gigantes. Nate Robinson, con su 1,75 de altura, hace ya 8 temporadas que lucha contra la dictadura de los centímetros. Desde que lo eligieran los Phoenix Suns en la posición 21 del draft del 2005 para mandarlo inmediatamente a los Knicks.

En Nueva York, ciudad cosmopolita acostumbrada a romper clichés, fue donde Nate vivió sus mejores años. En especial, la temporada 2008-09, en la que promedió 17,2 puntos por partido. En su período en los Knicks ganó tres veces el concurso de mates del All Star, siendo el jugador que más veces ha ganado esta competición.

Su primera victoria, en el 2006, fue polémica. Necesitó 14 intentos para realizar el mate final. En la edición del 2009 saltó por encima de su gran rival, Dwight “Superman” Howard, ganador del concurso del año anterior. Con uniforme verde, caracterizado como “Kryptonate” (para los no comiqueros, la kriptonita es un extraño mineral verde que anula todos los poderes de Superman). Su último triunfo fue en el 2010, días antes de ser traspasado a los Celtics.

En Boston duraría poco más de un año, antes de ser transferido a los Thunder. Pero en Oklahoma City no contaban con él, y le cortaron el dia de Navidad del 2011, justo antes de iniciarse la liga. Por suerte, el Día de Reyes ya tenía un nuevo equipo, los Golden State Warriors, en los que vuelve a recuperar parte del nivel mostrado en sus primeros años en los Knicks.

Esta temporada firma con los Chicago Bulls. Su papel era dar descanso a Kirk Hinrich, a la espera de la recuperación de la estrella del equipo, Derrick Rose. Con el retorno de éste, su papel pasaría a ser marginal, equiparable al del rookie Marquis Teague. Pero entre que Rose aún no ha reaparecido, y que Hinrich ha tenido sus lesiones (principalmente en febrero y marzo, y los últimos 5 partidos de playoffs), Robinson ha gozado de más protagonismo. Y lo ha aprovechado.

Los otros “enanos”

Nate Robinson no es el único caso de jugador “bajito” en la NBA. En los Kings de Sacramento ha disputado su segunda temporada como profesional Isaiah Thomas, que mide lo mismo que el base de los Bulls. En un entorno de gente más alta, más pesada y más fuerte, estos dos bases hacen gala de sus mejores armas: su habilidad en el bote, su rapidez y su astucia. Ty Lawson, John Lucas, y el fugaz Josh Akognon completan el elenco de jugadores de esta temporada en la NBA por debajo de los seis pies, aunque estos tres si llegan al metro ochenta.

Otro jugador de corta estatura que ha pasado a la historia ha sido Spud Webb. El base de los Atlanta Hawks, de metro sesenta y ocho, venció en el concurso de mates de 1986 derrotando en la final a su compañero de equipo Dominique Wilkins. Los aficionados más veteranos de nuestro país seguramente recordarán a Keith Jennings (1,70). Tras no hacerse un hueco en la NBA, hizo carrera en Europa, jugando en la ACB en el Estudiantes (donde fue rebautizado como “Conguito”) y Real Madrid.

Estos no son los únicos casos de bajitos en la NBA. Cada cierto tiempo aparece un jugador de estas características para recordar a los aficionados que no todo en el baloncesto depende de la altura. De todos los jugadores que han participado en alguno de los miles de partidos de la historia de la liga, tan sólo 24 medían 1,75 o menos. Uno de ellos es Earl Boykins, que no ha encontrado equipo para esta temporada después de haber estado presente trece años en la competición.

Boykins, o “Lentejita” según el desaparecido Andrés Montes, es el segundo jugador más bajo en la historia de la NBA con su metro y sesenta y cinco centímetros de altura. Durante su carrera ha ido dando tumbos de un equipo a otro (ha estado en diez diferentes), siendo su periodo de mayor estabilidad (y rendimiento) las tres temporadas y media que pasó en los Denver Nuggets.

El inolvidable “Mugsy”

El honor de ser el jugador más bajito en la historia de la liga se lo lleva el entrañable Tyrone “Mugsy” Bogues, con su 1,60. A pesar de su estatura, o tal vez gracias a ella, se hizo un sitio en una competición en la que disputó catorce temporadas, entre 1987 y 2001. Pasó por cuatro equipos, aunque la mayor parte de su carrera transcurrió en los Charlotte Bobcats. Como anécdota, coincidió una temporada en los Washington Bullets con Manute Bol (2,31), en aquellos momentos el jugador más alto de la historia de la NBA.

Antes de hacerse profesional, Bogues participó en el Mundial disputado en España en 1986, proclamándose campeón con Estados Unidos. Protagonizó una jugada sorprendente, robándole un balón en alto al mismísimo Arvidas Sabonis (2,20 de altura). Ya en profesionales, le puso un tapón a Patrick Ewing en 1993. Y es que, aunque fuera pequeñito, su capacidad de salto le permitía elevarse más de un metro del suelo.

Tal vez no lo hayais visto jugar, pero es posible que su cara os sea familiar. Y es que Bogues hizo sus pinitos en el cine, aunque siempre interpretándose a si mismo. Aparece en la película “Eddie”, una historia sobre los Knicks de Nueva York protagonizada por Whoopi Gooldberg, y es también uno de los jugadores a los que unos alienígenas roban sus habilidades en “Space Jam” hasta que Michael Jordan los derrota. Ambos títulos son de 1996.

publicado en http://www.encancha.com, mayo 2013

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